Ese sábado, temprano por la mañana, en un pequeño departamento en Ginza, Tokio, a Sayaka Natori la despertó un pequeño escalofrío. Abrió con suavidad los ojos, y vio que su prometido, Katsuhiko Teshigawara, dormía en forma plácida frente a ella. Él había arrastrado todas las frazadas. «Tesshi, siempre haces lo mismo», pensó la chica. Tomó las cobijas y tiró de ellas con cuidado hacia su lado. El chico reaccionó acomodándose un poco, pero siguió durmiendo sin darse cuenta.
Sayaka lo observó un rato, comenzando a adormilarse de nuevo. Sentía que era maravilloso poder despertar y poder verlo desde la primera hora de la mañana.
Se giró y quedó mirando el techo. La habitación de Tesshi era muy pequeña. Necesitaban encontrar una casa o departamento para poder estar más cómodos. De todas formas, las últimas semanas en que habían estado juntos compartiendo el departamento de Tesshi eran como un sueño para ella. Sayaka recordó que estar así con él era su máximo deseo desde ese día de 2013.
Cerró los ojos, y recuerdos de ese extraño día vinieron a su memoria. Hoy, con la distancia, se sentía afortunada de estar viva. Si no fuera por su amiga Mitsuha, tal vez ella, ni Tesshi, ni nadie del pueblo estaría vivo. Y los recuerdos comenzaron a fluir como en una ensoñación.
§
Sayaka podía resumir ese día de octubre de 2013 con solo una palabra: miedo. Lo comenzó a sentir cuando supo del extraño plan que Tesshi y Mitsuha habían ideado. Ella siempre creyó que todo era algún tipo broma, pero la determinación y convicción de Mitsuha eran tan intensas que convencieron por completo a Tesshi. Y ella no pudo negarse. Se sintió casi forzada a seguirles la corriente y unirse al plan. Sin embargo, creía que al último minuto le dirían que todo estaba bien, que nada iba a pasar, y todo eso quedaría como una alocada broma juvenil.
Cuando sus amigos de verdad volaron con explosivos la subestación eléctrica de Itomori y la luz se fue de todo el pueblo, ella comprendió que ya nada era una broma. El miedo que se había acumulado en ella durante casi todo el día la abrumó. Sola desde la sala del radio club del Instituto Itomori, donde cursaba el último año de bachillerato, encendió el micrófono y comenzó a transmitir el mensaje de evacuación que habían planeado y que ella había practicado toda la tarde.
Se sorprendió al escuchar un eco lejano de su propia voz sonando por los altoparlantes de emergencia de todo el pueblo. Notó que su voz sonaba muy parecida a la de su hermana, que de hecho trabajaba en el ayuntamiento como locutora oficial. Eso le dio algo más de seguridad. Supo que la gente del pueblo iba a creerles, y que ese extraño plan podía funcionar.
Pero lo que pasó después fue algo que jamás imaginó. Aunque Mitsuha les había dicho con exactitud lo que iba a suceder, el vivirlo fue una experiencia al límite.
El miedo pasó a pánico cuando tres profesores del instituto entraron de forma brusca a la sala de audio. Uno de ellos le gritó mientras cortaba la transmisión. La profesora Yukino intentó mediar y calmar los ánimos, pero el profesor Sasaki y el entrenador Murakami estaban enfadados como jamás ella los había visto. Al final terminó llorando mientras los tres la escoltaban por los pasillos del Instituto. En ese instante, solo podía pensar que iba a terminar en la cárcel; si no era por la transmisión ilegal que acaba de hacer, iría como cómplice de Tesshi y Mitsuha que acababan de cometer un atentado explosivo. Sintió que el futuro de ella y sus amigos estaba acabado.
Para colmo, cuando el ayuntamiento tomó el control del sistema de altoparlantes de emergencia, anunció que en realidad no había emergencia y ordenó que todos se quedaran en dónde estaban. Sayaka se dio cuenta que el plan había fracasado. «Arruinamos nuestras vidas por nada», pensó. Más lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
Pero entonces, mientras salían al patio del Instituto, la imagen del cometa Tiamat sobrecogió a toda la comitiva. Los profesores y ella se quedaron parados mirando ese espectáculo único, ayudados por la completa oscuridad que había causado el apagón.
Sayaka, entre lágrimas comenzó a mirar el cielo cuando, con un diabólico brillo rojo, un fragmento del cometa se separó, tal como había dicho Mitsuha que ocurriría. Su estómago se apretó de miedo.
Lo que sucedió después a ratos lo sentía confuso en sus recuerdos. Los profesores quedaron primero asombrados, sin entender que estaba pasando. Pero ella sí lo sabía, y comenzó a gritarles que eso iba a caer en Itomori, que iba a destruir Itomori, que tenían que hacer algo. En un arranque de desesperación ella agarró al profesor Sasaki por su chaqueta, gritándole mientras ella apuntaba al cielo. El profesor no reaccionó ni siquiera para separarse de ella. Solo miraba embobado al cielo, sin saber qué hacer. Los tres profesores estaban petrificados; no sabían si dar crédito a lo que les decía Sayaka o si creerle a su sentido común que les decía que eso era solo el desvarío de una chiquilla de instituto.
Justo en ese momento un grupo de unos veinte habitantes de Itomori premunidos de linternas llegaron al patio del instituto. Era probable que fuera gente que vivía más cerca del Instituto y que habían obedecido la transmisión de Sayaka, y que ya estaban demasiado cerca cuando el ayuntamiento dio la contra orden, así que completaron su camino. Se acercaron al grupo de profesores a preguntar quién estaba a cargo y qué estaba pasando. Todos estaban confundidos por los mensajes contradictorios que habían escuchado. Los dos profesores hombres no sabían que hacer, y se pusieron a conversar con la gente, dejando a Sayaka a cargo de la profesora Yukino. Pero cuando otros grupos de personas comenzaron a llegar, Yukino la dejó sola con un escueto «por favor no te muevas de aquí, Natori», y fue a atender a los recién llegados.
En poco rato había por lo menos unas cincuenta personas en el patio del instituto intentando entender qué era lo que pasaba, discutiendo entre ellos y también mirando cada vez más preocupados al cielo.
Y de pronto, como un milagro, los altoparlantes de todo Itomori volvieron a revivir. La voz de su hermana, transmitiendo desde el ayuntamiento, volvió a dar instrucciones para que todos los distritos que Sayaka había mencionado la primera vez, e incluso algunos más cercanos al instituto, debían evacuar de inmediato, con punto de reunión en el instituto Itomori.
Los profesores casi por reflejo buscaron con la mirada a Sayaka, temiendo que la chica hubiera vuelto a hurtadillas a la sala de transmisión, pero se dieron cuenta que ella estaba en la mitad del patio, tiritando, sin moverse.
Sayaka primero se alegró, y luego se dio cuenta. ¿Mitsuha había logrado convencer a su padre? Un alivio comenzó a recorrer su espalda, pero…
Ella estaba ya a salvo, pero su familia ¿habría escuchado los mensajes? ¿Dónde estaban sus padres? ¿Y Tesshi y Mitsuha?
Las estrellas fugaces comenzaban a multiplicarse en el cielo, acercándose en dirección donde estaban ellos. Una clara y larga lengua roja comenzó a crecer en brillo entre medio de las estrellas fugaces, dejando una brillante estela en el cielo, cada vez más vertical. Eso de verdad se estaba acercando a ellos ¡De verdad estaba pasando!
Eran ya las ocho veinte, y el mensaje de evacuación oficial había estado siendo repetido por casi veinte minutos sin interrupción. La gente comenzó a llegar en grandes cantidades al patio. Otros profesores y el personal del instituto comenzaron a llegar junto con la gente y se unieron a los esfuerzos de los primeros profesores para organizar a las personas que llegaban.
De pronto la transmisión del ayuntamiento se interrumpió por unos diez segundos y, en forma inédita, la voz del propio alcalde de Itomori, el padre de Mitsuha, sonó en los altoparlantes.
—"A todos los habitantes de Itomori, les habla el alcalde Toshiki Miyamizu. Todas las prefecturas que ya han sido mencionadas deben abandonar de inmediato sus hogares o el lugar en que se encuentren y deben dirigirse ahora mismo y a toda velocidad al Instituto Itomori. Lo repito, diríjanse de inmediato al punto de evacuación en el Instituto Itomori. Esta es una orden perentoria. En este momento todo el personal de ayuntamiento comenzará a evacuar también hacia ese lugar. No habrá más transmisiones de advertencia por vía radial. Por favor, les pido a todos que escuchen este mensaje y obedezcan de inmediato. Reúnanse en el Instituto Itomori. Esta es la última orden oficial que recibirán por este medio, y es el fin de la transmisión... Que dios los proteja".
Un ruido como un clic sonó y nunca más nadie habló. Segundos después los altavoces comenzaron a transmitir un lúgubre y oscilante sonido de sirena de advertencia de ataque de misiles, una y otra vez. Algunos que lo reconocieron comenzaron a especular cuál era la causa de la emergencia, lo que solo aumentó la confusión en el patio.
Unos minutos después el patio ya tenía por lo menos medio millar de personas reunidas que hervían de comentarios y preocupación, en un murmullo que se sobreponía al sonido interminable de la sirena de emergencia. Cada vez más gente apuntaba al cielo mirando con mayor temor las luces que se seguían acercando a toda velocidad.
Sayaka, que aún estaba sola entre la gente, comenzó buscar a su familia. Después de moverse largo rato entre la gente logró dar con su mamá. Se abrazaron y comenzaron a llorar. Su madre la intentó tranquilizar, y le contó que su padre estaba bien, la habían estado buscando también entre el gentío. Un minuto después su padre se les unió. Supo que su hermana se había comunicado con sus padres desde el ayuntamiento, pero aún no llegaba nadie de allá, así que tenían que venir en camino.
Pero en todo el tiempo no vio señales de las familias de Mitsuha ni de la de Tesshi, ni los encontró a ellos.
Sayaka sabía que ellos habían ido al santuario Miyamizu, en la orilla opuesta del lago, donde Mitsuha había predicho que el cometa caería. Ese lugar debía estar atestado de visitantes por el festival. Si Mitsuha logró convencer a su padre, entonces tenía que haber ido con Tesshi al ayuntamiento ¿Estarían ellos ya en camino hacia el instituto?
Intentó llamarlos, pero las líneas de teléfono estaban saturadas, y no pudo contactarlos. Sayaka estaba cada vez más nerviosa. Se acercó a la reja que estaba al borde del patio y que daba hacia el lago, intentando ver hacia el camino inferior. Quería ver si sus amigos estaban llegando, pero no lograba distinguirlos, aunque veía la silueta de muchas personas caminando en dirección al instituto, muchos usando linternas o sus celulares para iluminar el camino. Notaba también como la gente se detenía para mirar el cielo, cada vez más alarmados.
Y de pronto, rayos luminosos comenzaron a cruzar las nubes. Como un increíble espectáculo pirotécnico, estelas doradas de pequeños meteoritos comenzaron a caer en el lado opuesto del lago Itomori, a la vista de todos, produciendo violentos flashes al llegar al suelo. La gente comenzó a gritar. Sayaka escuchaba a sus espaldas como muchos niños pequeños comenzaban a llorar de miedo.
Hasta que una luz roja, potente, creció e iluminó el cielo. Segundos después, a las 20:42, el fragmento del cometa Tiamat bajó como un bólido y se enterró con una velocidad aterradora en donde debía estar el santuario Miyamizu.
Una fracción de segundo después, una luz potentísima los cegó a todos. Sayaka solo pudo reaccionar tapándose la cara con los brazos. Apenas unos segundos después, una onda de choque supersónica arrasó con todos los que estaban de pie en el patio, lanzándolos al suelo.
Sayaka sintió como volaba por el aire, y cayó de espalda entre otras personas, rodando por el suelo, mientras un ruido ensordecedor del sonido de destrucción los envolvió. Ella comenzó a gritar de miedo y dolor, acurrucándose, tapándose los oídos con las manos.
A los pocos segundos una lluvia de escombros de diversos tamaños comenzó a llover sobre el patio. La gente comenzó a correr despavorida buscando refugio dentro del gimnasio y los edificios del instituto Algunos cayeron heridos, golpeados por los escombros.
Sayaka logró ponerse de pie y corrió hasta uno de los pabellones del Instituto. Estaba magullada y golpeada. Llorando de miedo logró refugiarse dentro del instituto, sintiendo como pisaba sobre vidrios que habían sido reventados por la explosión. Entró a una sala, cuya puerta había sido arrancada y se acurrucó en el suelo, llorando, hasta que logró calmarse. Unos minutos después se animó a salir para ver a sus padres. Los encontró en el gimnasio. Estaban también algo golpeados por la onda de choque, pero no estaban heridos. Les preguntó si habían visto a sus amigos. Lo negaron.
Sus amigos no habían llegado.
La siguiente media hora fue un pandemonio. Siguió llegando gente al patio, algunos heridos y contusos, que de seguro habían sido sorprendidos por el impacto en el camino. Se escuchaba el llanto de niños y mujeres, personas llamando a gritos a sus familias, intentando ubicarlos entre el gentío; gente pidiendo ayuda para atender a heridos o contusos. Y más y más gente llegando al Instituto. A esa cacofonía se agregó el ruido de helicópteros sobrevolando la zona e iluminando con potentes reflectores. La gente gritaba y hacía señales a los helicópteros, pidiéndoles auxilio.
Un miedo abrumador la sobrecogió. Se acercó de nuevo a la reja que daba al lago. Ahora estaba doblada y arrancada en varios puntos, como si hubiera sido empujada por un viento huracanado. Al fondo del lago pudo ver el dantesco espectáculo de fuego e incandescencia, como si todo el otro extremo del lago fuera una gran caldera volcánica que humeaba. Ceniza estaba comenzando a caer sobre ellos. ¿Y si sus amigos no habían alcanzado a escapar, si sus amigos… no habían logrado salir a tiempo del lugar del impacto?
Eso significaba que nunca más los vería de nuevo.
Sayaka se llevó las manos al pecho. Sintió que le costaba respirar. Pensó en Mitsuha, en todo el esfuerzo que hizo por salvarlos a todos. Eso no era justo, pero…
Pensó en Tesshi. Katsuhiko Teshigawara. El chico con el que ella había compartido durante cada año de su vida, el chico con quien discutía y peleaba cada día desde que estaban en el jardín de infantes, pero que siempre era la primera persona con que se encontraba cada mañana al ir al instituto, y que era la última persona en veía antes de volver a casa. La idea de que él estuviera muerto la abrumó. No, no podía ser. No quería que fuera así. Ella sintió que necesitaba estar cerca suyo de nuevo. Tesshi era una parte de su vida que nunca pensó en perder, nunca había pensado que pudieran estar separados. Jamás pensó en perderlo así.
Casi como un zombi se acercó a la entrada del instituto. Más y más gente seguía llegando, de zonas cada vez más alejadas al instituto y más cercanas al punto de impacto. Grandes reflectores estaban siendo instalados por los militares de las fuerzas de paz que habían aterrizado sus helicópteros en las cercanías. Algunos usaban cascos de cruz roja, atendiendo a gente que llegaba en shock, algunos cubiertos de tierra y polvo, algunos venían heridos, siendo llevados entre varias personas.
Sus amigos no venían entre la gente.
Entonces, un carro de bomberos con sirenas y algunas luces aún funcionando comenzó a acercarse a la entrada con lentitud, abriéndose paso entre la gente de a pie. El carro venía con los vidrios destrozados y la carrocería abollada en todas partes, como si hubiera sido chocado por innumerables de impactos de rocas. Se detuvo cerca de la entrada, y comenzó a bajar gente de él. Reconoció al alcalde Miyamizu. Corrió hacia ellos. Vio a Mitsuha y Yotsuha ayudando a su abuela a bajar del carro. Su corazón de desbocó de alegría. Corrió donde la chica y saltó a abrazarla.
—¡Mitsuha! ¡Mitsuha! Lo lograste, lo lograron, ¡están vivas!
—¡Saya! Gracias, gracias, gracias… lo hicimos ¡Lo logramos!
Sayaka se separó de su amiga y miró hacia el carro de bomberos ansiosa, donde aún bajaban personas. Vio bajar a su hermana, conmocionada pero ilesa. Se abrazaron llorando. Le contó a su hermana que sus padres estaban bien, y le indicó dónde estaban, y su hermana fue a buscarlos. Saya volvió a mirar al interior del carro. Las últimas personas que venían en él bajaron. Tesshi no estaba.
La angustia volvió a ella, se volvió hacia Mitsuha con la cara desencajada.
—Tesshi… él estaba contigo ¿verdad? ¿El viene en camino? ¿Está bien?
—Él… ¿Cómo? ¿No está contigo? —la cara de Mitsuha mostró como la preocupación la invadía.
—¡Pero si ustedes estaban juntos!
—Yo… yo lo dejé en el festival para ir al ayuntamiento, él se quedó pidiéndole a la gente que evacuara, que…
Mitsuha levantó la vista, hacia donde estaba el santuario de Miyamizu, y solo logró ver humo que se levantaba como una columna gigantesca, iluminada roja por incendios en la base de la columna y la incandescencia de roca fundida como un pozo de lava.
—Él…. él… estaba… ahí.
Las dos chicas se quedaron mirando el lugar del impacto, con sus caras desencajadas. Mitsuha miró a su abuela, que estaba apoyada contra el carro de bomberos, a un par de metros de ella. Continuaba abrazando a Yotsuha, que estaba llorando en silencio, escondida entre sus brazos. Su abuela solo miraba impávida hacia el horizonte, donde toda su vida, su casa, su santuario, era ahora solo humo y piedra incandescente.
—Abuela, abuela, tengo… tengo que ir a buscar a Tesshi, ¡tengo que encontrarlo!
—¿Qué? Pero, Mitsuha, tenemos que quedarnos acá…
—Necesito buscar a Tesshi, no me alejaré mucho.
—Mitsuha, esta es tu misión, ¿verdad?
—¿Qué?
Su abuela la miró con ternura, le acarició la cara como a la niña pequeña que ella aún veía en Mitsuha. Pero también vio que ya era una mujer, más fuerte de lo que ella misma podía imaginar.
—Ve, ve. Ten cuidado. Los dioses están contigo, completa lo que comenzaste.
Mitsuha abrazó a su abuela y a su hermana un segundo, y se volvió a la salida. Sayaka se puso a su lado.
—Mitsuha, yo… yo voy contigo. Tengo que encontrarlo.
Las dos comenzaron a caminar a la entrada del instituto, mirando a la gente que continuaba llegando en grupos de diferente tamaño. Varios venían heridos o quejándose de dolor, muchos llorando, otros caminaban con la vista perdida, con sus caras en completo shock. Mitsuha y Sayaka conocían a muchos de ellos, y los comenzaron a interrogar preguntando por Tesshi. Otros les preguntaban a ellas por personas conocidas. Casi todas las respuestas eran negativas.
Mientras avanzaban en forma lenta, alejándose del Instituto, la gente mostraba señales de venir de más cerca del punto de impacto. Venían más cubiertos de tierra y polvo, y se notaba que la fuerza del impacto y la onda de choque los había herido mucho más. Algunos ni siquiera respondieron a las chicas, y de los pocos que lo hacían, nadie sabía de Tesshi. Ninguno venía desde donde estaba el festival.
Avanzaron con lentitud entre el flujo de gente otros veinte minutos. Cuando llegaron a una bifurcación donde el camino se dividía en ambas direcciones en torno del lago, decidieron quedarse ahí. Si se separaban, nunca sabrían si la otra había encontrado a Tesshi. Tampoco sabían de qué dirección podía venir él. Mientras la gente seguía pasando, ellas gritaban su nombre.
Pasó un rato más y el flujo de personas se comenzó a reducir. De pronto vieron a personas vestidas con yukatas. ¡Venían del festival! Las chicas corrieron hacia ellos. Se acercaron a un hombre que Mitsuha reconoció como el dueño de uno de los puestos de comida.
—¿Ustedes vienen del festival? ¿Están bien?
—Sí, estamos bien… espera. Tú eres la hija del alcalde Miyamizu ¿Tú no estabas allá? Creo que te vi hace un rato.
—Sí, sí, sí, estuve ahí, pero me fui antes. Yo estaba con un muchacho alto ¿lo han visto?
—¿Te refieres al hijo de Teshigawara? Claro, lo vi contigo allá.
Sayaka estalló de los nervios. Casi le gritó al hombre.
—¿Y él está bien?
—No lo sé. Lo vi pasar varias veces gritando que evacuáramos. Y luego con el segundo llamado del ayuntamiento nosotros comenzamos a caminar hacia acá, pero parece que él se quedó allá convenciendo a otras personas.
—¿Se… quedó? —Sayaka cayó de rodillas al pavimento.
—Tranquila, chica, debe haber venido también, tal vez se vino con los últimos grupos de personas, supongo… que… —el hombre miró hacia atrás, hacia donde había estado el festival, pero la voz se le atoró. Quedó en silencio por largo rato—. No vayan hacia allá, el camino está lleno de escombros y es peligroso acercarse. Si él está bien, va a llegar aquí, tengan… esperanza y mucho cuidado. Adiós.
Las dos chicas se quedaron en silencio. Mitsuha se agachó y abrazó a Sayaka, que estaba mirando a la gente que seguía pasando alrededor de ellas, subiendo hacia el instituto.
Durante otros diez minutos ellas solo se quedaron sentadas a un costado del camino, mirando a la gente. No se sentían con ánimo de preguntar a nadie más.
De pronto, a lo lejos, vieron acercarse a un grupo que vestía trajes de trabajo gris, el uniforme de la constructora de la familia Teshigawara. Dos trabajadores traían al padre de Tesshi entre ellos, quien venía caminando con dificultad, abrazando a sus hombres. Traía una pierna entablillada de manera improvisada. Las chicas se pusieron de pie, expectantes.
Detrás de ellos, cabizbajo, venía Tesshi. Sayaka comenzó a correr hacia él.
—¿Tesshi? ¡TESSHI!
El chico levantó la vista y las miró asombrado. Sayaka llegó corriendo donde él y lo abrazó, pero Tesshi gritó de dolor cuando ella lo hizo. Sayaka lo soltó alarmada.
—¿Estás bien? ¿Qué te pasa? ¿Estás herido?
—Sí, estoy bien, o sea, estoy vivo ¡Estamos vivos!
Mitsuha llegó al lado de ellos, y comenzó a mirarlo preocupada.
—Estoy bien, pero cuando eso… cayó, intentamos protegernos detrás de un auto, pero el auto se apretó contra el muro y le rompió la pierna a papá, yo por suerte no alcancé a ponerme detrás o me hubiera reventado. Pero la fuerza me azotó contra un muro, y algo me golpeó…
Tesshi se abrió la chaqueta. La polera blanca tenía una gran mancha roja de sangre al costado izquierdo del chico. Las chicas gritaron de nervios.
—Tranquilas, está bien, los chicos me revisaron y es solo un corte superficial, aunque parece que sangré… bastante. Y creo que me rompí algunas costillas.
—Katsuhiko, tenemos que seguir, tenemos que encontrar a tu madre —los interrumpió el padre de Tesshi.
—¿Ustedes la vieron en el instituto? —preguntó Tesshi.
—No la he visto —respondió Sayaka.
—Yo tampoco, apenas llegué vine a buscarte —agregó Mitsuha.
—Papá, los alcanzaré en unos minutos, sigan ustedes sin mí.
—Pero no te quedes atrás demasiado tiempo, hijo. Ustedes, chicas, cuídenlo por mí, y vayan pronto al instituto, por favor.
Los tres hombres siguieron avanzando con dificultad, y dejaron a los chicos atrás.
Sayaka miró a Tesshi, y se puso a llorar. Con cuidado se acercó a él, y apoyó su cabeza en su brazo derecho, mirando al suelo.
—Yo… pensé… que habías… muerto —se quejó Sayaka, mientras sollozaba, apretando su cara contra su hombro—. No quiero sentir esto nunca más, ¡NO QUIERO ESTAR SEPARADA DE TI ASÍ, NUNCA MÁS!
A Tesshi se le comenzaron a llenar los ojos de lágrimas. Abrazó a la chica con su brazo derecho y la atrajo a su cuerpo, mientras que con su mano izquierda comenzó a acariciarle el cabello.
—Yo estaba feliz de saber que tú estarías bien, Saya. No sabía si yo lo iba a lograr. Pero sabía que tú estabas a salvo en el Instituto. Y tampoco quiero volver a estar lejos de ti. No imaginas cuánto deseaba volver a estar de nuevo contigo. Cuando caí herido y pensé que iba a morir, lo que más me dolía era que no te iba a volver a ver de nuevo. Quiero estar contigo, Saya, pero más que solo como amigos. Te quiero, y te prometo que jamás volveré a separarme de ti.
—Y yo tampoco quiero estar sin ti de nuevo, Tesshi. Te quiero, ¡Te quiero! Y prometo que voy a estar contigo, voy a estar contigo por siempre.
Mitsuha los miraba con alegría, siempre había pensado que, con todo y sus peleas, ellos se querían, y el que ahora pudieran reconocer sus sentimientos era un pequeño oasis en medio de la tragedia.
Después de un largo rato. Tesshi levantó la cabeza y miró a Mitsuha.
—Me alegra que tú también estés viva Mitsuha. Todos estamos vivos ahora gracias a lo que nos dijiste esta mañana. Pero… pero… ¿Cómo supiste que esto iba a pasar? En la subestación me dijiste que lo habías visto ¿Cómo lo viste? ¿Dónde?
Mitsuha abrió la boca para intentar responder, pero… de pronto su mente quedó en blanco. Sabía que alguien se lo había dicho. Pero una oscura bruma pesaba en su memoria. Sintió como un dolor sordo le invadió el pecho. Bajó la mirada, intentando forzar sus recuerdos, sin poder lograrlo.
—Yo… no… lo… sé. No puedo… recordar. ¡No puedo recordarlo!
Sayaka se separó de Tesshi, y ambos la miraron confundidos. Vieron que Mitsuha de pronto comenzó a mirar su mano, y se quedó observándola pálida. Gruesas lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Mitsuha, y cayó de rodillas gimiendo por un dolor desconocido, repitiendo «¿Quién eres? ¿Quién eres?» entre sollozos.
—¿La familia de Mitsuha está bien? —preguntó preocupado Tesshi a Sayaka, en un susurro.
—Sí, las vi en la escuela. Su abuela y su hermana llegaron bien, junto con ella. Y también estaba su padre con ellas, a salvo.
—¿Y tu familia?
—También están bien. Llegaron al instituto temprano. Y mi hermana llegó junto con Mitsuha.
—Que alivio…
Sayaka volvió a abrazarse al brazo de Tesshi y apoyó su cabeza en su hombro. Después de todo el miedo y tensión acumuladas durante el día y en especial en las últimas horas, el poder estar de nuevo con Tesshi era una mescla entre alivio y un desahogo emocional. Tesshi acariciaba la cara de Sayaka con su mano izquierda, y apoyó su cabeza en la de ella. Se sentía cansado y muy adolorido, pero estaba feliz de que ambos estuvieran vivos, y ahora juntos.
Pero Mitsuha seguía sollozando, mirando el suelo. Tesshi no pudo aguantar seguir viéndola así. Volvió a preguntarle a Sayaka en un susurro.
—¿Por quién está llorando Mitsuha?
—No lo sé.
—¿Entonces qué le sucede?
Tesshi se separó de Sayaka y con algo de dificultad ayudó a pararse a su amiga. Los tres fueron a la orilla del camino y se sentaron a descansar. Sayaka se acomodó junto a Tesshi, apoyándose en él.
Después de un largo rato Mitsuha se calmó, aunque ellos no lograron comprender el motivo de su dolor. Tesshi pensó que era mejor distraer a Mitsuha haciéndola pensar en algo diferente, así que él se dedicó a poner al corriente a las chicas con lo que él había hecho mientras no habían estado juntos.
Las chicas entonces supieron que Tesshi había evacuado desde el lugar del festival unos cinco minutos antes que el ayuntamiento diera su último mensaje de boca del alcalde Miyamisu. El padre de Tesshi, leal al alcalde, se había quedado con Tesshi ayudando a convencer a las últimas personas que aún dudaban de abandonar el recinto del festival. Se alejaron caminando cuanto pudieron en dirección al instituto. Después del impacto, con su padre y él heridos, los dos trabajadores de la empresa estuvieron largos minutos buscando un palo o madera adecuados para entablillar la pierna de su padre. También les tomó tiempo revisarlo a él, porque había quedado tendido en el suelo por el dolor del golpe. Por fortuna parecía que lo suyo no era grave. El grupo continuó su camino con dificultad, uniéndose a otras personas que aparecían en el camino o entre los escombros de las casas, derribadas por la fuerza de la onda de choque del impacto.
Mitsuha se recompuso escuchando el relato de Tesshi, y entonces les relató que ella había ido al ayuntamiento después de separarse de Tesshi. Al llegar su padre la había tratado en forma dura, con un brusco "¿Tú de nuevo?", pero de alguna forma misteriosa a los pocos segundos de verla su padre había aceptado la noticia de que el cometa caería, antes de que Mitsuha pudiera decir nada. Ella no podía explicar por qué su padre había cambiado de opinión de forma tan abrupta.
Tesshi y Sayaka se la quedaron mirando extrañados.
—Mitsuha, pero tú fuiste en la tarde a hablar con él y le dijiste todo, pero nos contaste que él no te había creído ¿no lo recuerdas? —la interrogó Tesshi, preocupado por su amiga.
—Yo… no puedo recordarlo.
—¿Perdiste la memoria? ¿Te sientes bien? —lo secundó Sayaka.
—Sí, creo que estoy bien.
—¿Qué más recuerdas de esta tarde?
—Yo… recuerdo que estaba corriendo por la montaña, y me encontré contigo, Tesshi, en la subestación.
—¿Y antes de eso?
—¿Antes? Pues… yo… yo estaba…
La cara en blanco de Mitsuha los sorprendió.
—yo… no lo sé. No lo recuerdo.
Sayaka la miró con cuidado, y acercó su cara a la de ella, mirándola con preocupación.
—Mitsuha, creo que te debes haber golpeado la cabeza, de hecho, tienes la cara hinchada, será mejor que te revisen.
—Creo que… lo haré. ¡Pero todo lo último si lo recuerdo!
Mitsuha siguió contándoles que no sabía por qué, pero su abuela y Yotsuha estaban en la oficina de su padre, y su presencia ahí había sido providencial. Después que ella llegó, su padre las había dejado a las tres en su oficina con un escueto "Quédense aquí, sé que es lo que hay que hacer". Y apenas dos minutos después, la orden oficial de evacuación del ayuntamiento había comenzado a sonar por todo el pueblo. Cuando escucharon a su padre dar el último mensaje, las tres salieron de su oficina, y vieron que todo el mundo estaba evacuando. Su padre las encontró en el pasillo, y las llevó hasta un carro de transporte de bomberos que estaba llegando al estacionamiento del ayuntamiento, así que las tres pudieron ponerse a salvo juntas. Llenaron el carro y habían comenzado a viajar hacia el instituto a toda velocidad cuando el gran resplandor del impacto los sorprendió a medio camino. La onda de choque alcanzó al carro y sintieron como el camión completo fue arrastrado por la fuerza del impacto mientras fuertes sonidos de golpes sonaban por toda la carrocería. Por poco el carro no había volcado. Tuvieron que detenerse por largos minutos mientras los bomberos atendían a la gente que había quedado contusa dentro del carro, y también mientras revisaban que el vehículo aún estuviera operativo. El carro de bomberos estaba muy dañado, pero pudo seguir avanzando a duras penas entre restos de automóviles, árboles, casas descuajadas y todo tipo de escombros que habían quedado regados por todo el camino, y que luego de un interminable viaje lograron llegar al instituto.
Al final, el plan para salvar a la gente del pueblo había funcionado, y mucha gente de todo Itomori se había salvado.
Sayaka les rogó a Tesshi y a Mitsuha que no volvieran a hablar de nuevo de todo lo que habían hecho esa tarde. Ella de verdad temía que pudieran enviarlos a la cárcel como criminales si se descubría todo su plan, y todo lo que hicieron. Tesshi y Mitsuha estuvieron de acuerdo.
Los tres comenzaron a caminar de regreso al instituto. Sayaka fue abrazada todo el camino a Tesshi, ayudándolo a caminar. El sentir que había estado a punto de perderlo había sido tan duro para ella, que ahora sentía que caminar al lado de él era como un milagro, uno que ella no dejaría que terminara mientras ella pudiera estar con él. Más aún ahora que se habían confesado sus sentimientos y sus intenciones de unir sus vidas.
A ratos paraban para descansar. Tesshi jadeaba y le faltaba el aire. Mientras esperaban, miraban la destrucción que el cometa había dejado. Los tres sabían que sus casas sin duda estaban destruidas, si es que no habían desaparecido por completo. La mitad de Itomori se había desintegrado, y el resto era de seguro inhabitable. Comenzaban a entender que Itomori había muerto. Solo veían el humo enrojecido por las llamas de los incendios de los bosques cercanos, y mucho vapor de agua y humo que emanaba de la zona directa de impacto, que fulguraba roja como una braza maligna.
Después de un lento viaje los tres llegaron al instituto. Los rescatistas y los equipos de las fuerzas de autodefensa que llegaron en los helicópteros estaban organizando a los sobrevivientes. Los heridos estaban siendo trasladados en helicópteros a hospitales de ciudades cercanas. Tesshi encontró a su padre en una camilla de un improvisado hospital de campaña, donde estaba acompañado de su madre. A él lo llevaron a una camilla cercana mientras un médico y una enfermera examinaban las heridas en su tórax.
Las chicas fueron arrastradas casi a la fuerza afuera del hospital de campaña por otros rescatistas, y luego un profesor del instituto las encontró y las llevó en contra de la voluntad al gimnasio, donde se reencontraron con sus familias.
Ya cerca del amanecer todos ellos y sus familias fueron evacuados de Itomori en helicóptero, hacia la ciudad cercana de Hida-Furukawa. Nunca más volvieron a Itomori, el lugar que las vio crecer.
Las semanas siguientes fueron duras. Sus familias y todos sus amigos estuvieron viviendo en diferentes albergues. A ella y a sus amigos les asignaron un instituto. Sayaka, Tesshi y Mitsuha consiguieron que fueran asignados a la misma clase, y así terminaron el bachillerato. Pudieron postular a becas y ayuda del gobierno para sobrevivientes de la tragedia de Itomori, y así pudieron continuar sus estudios en Tokio.
Todo ese tiempo, Sayaka y Tesshi estuvieron uno al lado del otro. Nunca más se separaron. Desde entonces estaban juntos, buscando construir un nuevo futuro. Uno juntos, tal como se lo habían prometido esa noche. Y lo estaban logrando. Después de muchos años, se habían comprometido para el matrimonio.
§
La luz de la mañana se hizo más intensa y se colaba por las cortinas de la habitación. Sayaka abrió los ojos, y miró a Tesshi. Recordó esa promesa que se hicieron esa fatídica noche, de no volver a separarse nunca más. Pronto cumplirían esa promesa en el altar. Faltaba muy poco para su matrimonio, en julio de 2022, cuando ella pasaría a ser la señora Sayaka Teshigawara. Ella cerró los ojos y sintió que quería gritar de felicidad.
Miró la hora en un reloj en la pared. Aún era temprano. Este iba a ser un gran día. Esa mañana de sábado había quedado de reunirse con Mitsuha para que le ayudara a elegir su vestido de novia. Al mismo tiempo ella quería ayudar a Mitsuha a elegir un vestido bello para su papel como dama de honor en su matrimonio. La habían elegido porque Mitsuha era como una hermana para ellos, y nunca podrían olvidar que fue gracias a su amiga que ella, Tesshi y todas sus familias estuvieran hoy vivos.
