Cerca de las once de la mañana, Sayaka esperaba a su amiga afuera de una tienda con grandes vitrinas. Dos vestidos de novia, blancos, amplios y glamorosos, atraían la vista desde el escaparate. Sayaka los miraba, pensando que eran preciosos, como si fueran de princesas, pero ella no se veía usándolos. Como ella no era tan alta, pensaba que se vería casi perdida en unos vestidos así de amplios. De verdad necesita que su amiga le ayudara a hacer una buena elección.
De pronto, por el reflejo de la vitrina, vio a Mitsuha acercarse.
—Hola Sayaka ¡disculpa el atraso! ¿Me esperas hace mucho rato?
—Hola Mitsuha, no te preocupes, llegué hace poco también. Y tenemos hora con la asesora a las once y cuarto, así que estamos a tiempo.
—Ah, genial, entonces podríamos entrar a la tienda y mirar qué vestidos tienen. Me dijiste que también tenían algunos como para mí ¿verdad?
—Claro, tiene vestidos de gala o formales que son preciosos, sé que te van a gustar. Entremos.
En la tienda fueron recibidas por una vendedora. Sayaka preguntó por la ejecutiva con quien tenían la cita. Aún estaba ocupada con otra clienta. Siguieron mirando vestidos mientras esperaban.
—Mira este, ¿te gusta? —preguntó Sayaka, con los ojos brillantes, frente a un vestido de un tono rojo, escotado y ajustado—. Creo que haría juego con tu…
Sayaka en forma inconsciente miró el peinado de su amiga, que estaba de espaldas a ella, y se sorprendió de ver que llevaba un accesorio azul para tomar su pelo, diferente de la cuerda trenzada que ella había usado toda la vida. Era primera vez que la veía sin su cuerda.
—¿Eh? ¿Ya no usas tu listón rojo?
—Ah, eso… —Mitsuha se volvió, como algo avergonzada—. Creo que podemos buscar cualquier otro color, ya que no estoy usando mi cuerda…
—¿En serio? Por fin estás modernizando tu estilo.
—¿Eh? ¿Cómo que por fin?
—Creo que es bueno que te abras a probar nuevas cosas, supongo, y dejar atrás el pasado.
Mitsuha miró el suelo y sonrió para sí misma, como considerando esa sugerencia, pero el pasado la acababa de encontrar ayer y no podía estar más feliz por ello.
Sayaka de pronto sintió que algo diferente le pasaba a su amiga. Estaba muy animada hoy, más que de costumbre. Estaba sin su cuerda y riéndose sola. Nada de eso era habitual en ella desde hacía mucho tiempo. ¿Habría algo que Mitsuha no le había contado? Solían conversar a menudo por teléfono y los últimos meses se habían visto varias veces. Pero Mitsuha no le había comentado de nada novedoso, bueno o malo, que le estuviera pasando.
—Oye, ¿estás bien?
Mitsuha dio un respingo, como si hubiera sido sorprendida por una profesora haciendo algo malo.
—Oh, sí, sí, estoy bien, Saya. ¡Mira! ese vestido de ahí también me gusta mucho...
Mitsuha pasó a su lado, algo sonrojada. Sayaka no pudo dejar de sentir que su amiga estaba intentando cambiar el tema y distraer su atención.
En ese momento apareció la vendedora que estaban esperando, una mujer de unos 50 años, vestida de forma elegante. La mujer les dio una amable sonrisa al verlas.
—Buenos días. Qué bueno verla de nuevo, señorita Natori. Y usted debe ser la señorita Miyamizu ¿verdad? Soy Aiko Nakamura, voy a ser su anfitriona para la elección de sus vestidos.
Mitsuha respiró aliviada por el buen timing de la aparición de la vendedora.
—Muchas gracias por recibirnos, Aiko-san. Mitsuha y yo estamos muy contentas de que nos ayude.
—Sí, muchas gracias, Aiko-san. Un placer conocerla.
—Tengo listos los tres vestidos que habíamos apartado la vez anterior que vino, señorita Natori. Si quiere, pase a cambiarse, para que su amiga pueda juzgar y darle su opinión, tal como usted me pidió. Vengan por acá.
—Gracias. Mitsuha, aún no decido si usar un vestido occidental, uno tradicional japonés o uno sintoísta, así que elegí el que más me gustó de cada tipo. Y por eso necesito que me ayudes a elegir el que me quede mejor.
—¿Y Tesshi te dijo cuál tipo le gusta?
—Créeme que él usará lo que sea que yo elija. Es demasiado práctico como para preocuparse de cosas tan mundanas como el estilo de traje para su propio matrimonio.
Entraron a una sala que tenía una especie de plataforma redonda central, rodeada de espejos en varias direcciones. Aiko le entregó un vestido a Sayaka, quien fue a cambiarse a un vestidor que estaba en una puerta lateral. Cuando volvió, Sayaka lucía un vestido de novia blanco de tipo occidental, con los hombros descubiertos y la espalda abierta, ajustado en el cuerpo, y con amplio tul y gaza en las piernas. Luego se probó un kimono tradicional Uchikake de tonos dorados, y por último un blanco vestido shiro-muku sintoísta.
Mitsuha se emocionó de ver a su amiga con ellos. Pensaba que se veía hermosa con todos, pero le gustó en especial el último, con su amplio sombrero blanco. Le recordaba las novias que vio cuando era niña en su hogar, en el santuario de Itomori.
—Pienso que deberías elegir el shiro-muku, Saya.
—A mí me gusta también —concordó Sayaka sin poder dejar de mirarse en el espejo—. Pero siento que el primero, el europeo, es más moderno, no sé, más exótico.
—¿Qué tipo de ideas tienen sus padres o su familia, señorita Natori? —preguntó la vendedora mientras la observaba con los ojos entrecerrados, con una mirada de experta—. Si a su familia le gustan las cosas tradicionales, apuesto que les emocionará verla con este último vestido. Supongo que por eso lo eligió ¿Verdad?
—Sí, eso es verdad —Saya comenzó a posar desde la plataforma mirándose en los espejos—. Además, con lo alto que es Tesshi, seguro lucirá como todo un samurái con el traje sintoísta, creo que eso le gustará.
—De seguro parecerá un samurái desempleado si es que no se afeita —bromeó con algo de picardía Mitsuha.
—¡No! Si no se afeita te aseguro que me divorcio ese mismo día, ja, ja.
—Bueno, el shiro-muku con su sombrero blanco hará que compense la diferencia de altura con su prometido, en especial para las fotografías. Comparto la opinión de la señorita Miyamizu. Se ve muy bella en este vestido —aprobó la señora Aiko.
—Está bien. Elegiré este.
Después de discutir algunos pequeños ajustes y de tomar algunas medidas para que el sastre pudiera hacerlos, Sayaka fue a cambiarse de ropa. Mitsuha se quedó sola en la sala, esperándola.
La sala tenía algunos maniquíes sin cabeza con varios vestidos de novia. Mitsuha fue mirándolos uno a uno, hasta que se detuvo frente a un gran vestido blanco occidental de tipo de gala. Se paró detrás de él, con su cara asomándose sobre el vestido. Se dio cuenta que podía ver su reflejo en los espejos de la sala como si ella lo vistiera.
Mitsuha intentó recordar cuando ella había vivido siendo Taki, vistiendo el uniforme formal negro del restaurant, con camisa blanca, chaqueta negra y corbatín. Con ese recuerdo, ahora ella pudo imaginar a Taki vistiendo un smoking negro, estando parado al lado de ella, mientras ella se veía en el espejo usando ese vestido. La imagen que veía en su imaginación la emocionaba. Entonces recordó lo que Taki le había dicho hacía unas horas delante de Noriko-san: que él quería estar con ella el resto de su vida. Un calor comenzó a surgir en su pecho. Cerró los ojos sonriendo. Cuánto le gustaría vivir esa escena que estaba imaginando…
—Mitsuha…. ¿Mitsuha?
Abrió los ojos y se dio cuenta que Sayaka estaba parada al lado suyo desde hacía algún rato, mirándola entre extrañada y divertida. Había estado tan concentrada que no la había escuchado acercarse.
—Oye, estabas en la luna ¿Te gusta mucho ese vestido? —le preguntó curiosa a Mitsuha.
—Oh, sí, es precioso, de verdad me gusta.
—Pero me dijiste que te gustaba el shiro-muku que ya vimos ¿Piensas que debería probarme este?
—No, yo no lo estaba pensando para ti…
—Entonces, en quién estás…
Sayaka entrecerró los ojos un segundo, y luego los abrió sorprendida.
—Ah, te gustaría usarlo… ¡a ti!, digamos, ¿en tú propia boda?
Mitsuha se sintió por completo pillada por Sayaka. En ocasiones ella casi podía leerle los pensamientos. Y de pronto le pareció un poco infantil estar fantaseando con Taki. Se sonrojó y no pudo mirar a Sayaka de vuelta.
—Yo… bueno… Sí, me gustaría…
—Genial, ya tienes la mitad del problema resuelto, digo, ¡ya elegiste el vestido! Créeme que elegir uno que te guste es algo difícil. Ahora te falta la otra mitad, la más importante, encontrar un chico dispuesto y disponible, ja, ja.
—Bueno, tal vez… ya lo encontré.
—… ¿Qué?
La cara de Sayaka pasó de estar sonriendo, a estar boquiabierta por la sorpresa, y luego a reír de nuevo dando palmadas y saltando como una chiquilla.
—¿En… serio? ¿Pero por qué no me contaste? ¿Quién es? ¿Lo conozco?
—Este…, no, no lo conoces.
—Pero cuando te llamé el martes me dijiste que ibas a ir sola al matrimonio ¿Por qué no me contaste que estabas saliendo con alguien?
—Ah, este… es que lo conocí ayer.
Sayaka quedó desconcertada, intentando entender lo que acababa de decirle su amiga. Había un tono de confusión en su voz.
—Me estás diciendo que… ¿ayer viernes?
—Eh…. sí.
—O sea, conociste a alguien ayer y ya estás… pensando… considerando… —Sayaka miró al vestido y luego a Mitsuha como si algo en el universo andaba mal—. ¿Conociste a alguien ayer y ya piensas en casarte con esa persona?
—Bueno, no por ahora, claro, pero… yo…
—Amiga ¿estás segura que estás… bien? —Sayaka casi se forzó a no agregar "de la cabeza" para no ofender a su amiga—. ¿De verdad lo conociste ayer viernes? ¿Pasó algo importante entre tú y él?
—No sabría cómo explicarlo, pero… es como… si a él lo conociera desde hace mucho tiempo —intentó salir del paso Mitsuha, pues era lo más cercano que se podía decir en forma razonable para explicar su relación con Taki.
La señora Aiko regresó desde la trastienda llevando un gran paquete con el vestido shiro-muku de Sayaka, listo para enviar al sastre.
—Señorita Miyamizu, disculpe la espera. ¿Quiere que veamos ahora un vestido para usted, como me pidió la señorita Natori?
Sayaka miró a Mitsuha, y antes de que ella pudiera responder, tomó la palabra.
—Aiko-san, disculpe que haga un cambio de última hora, pero surgió algo urgente que debo conversar con Mitsuha… ¿le importaría si agendamos otra hora, tal vez la próxima semana, solo para ver el vestido de ella?
—Por supuesto, no hay problema. Pero confirmamos entonces el vestido shiro-muku para usted ¿verdad?
—Sí, claro. Ahora estoy cien por ciento segura. Por favor avíseme cuando estén hechos los ajustes.
—Si vienen de nuevo juntas la próxima semana, el viernes o el sábado, usted podría hacer la prueba final de su vestido, y también vemos el vestido de la señorita Miyamizu, ¿les parece?
—Perfecto, la llamaré en la semana para coordinar, Aiko-san, muchas gracias.
Mitsuha y Sayaka se despidieron de la señora Aiko, y caminaron a la salida. En realidad, más bien Mitsuha fue arrastrada a la salida por Sayaka, quien la tomó del brazo y dio rápidas zancadas al exterior. «En qué me estoy metiendo ahora», pensó Mitsuha, mirando a su amiga que iba caminando en silencio al lado de ella.
§
Taki llegó a su departamento a media mañana y encontró a su padre sentado en el comedor leyendo el diario.
—Hola papá. Buenos días, ya volví.
—Hola hijo, que bien que hayas regresado temprano. Estaba preparando una taza de té. Acompáñame y conversemos.
—Está bien.
Taki llevó buscó un par de tazas en la cocina y las llevó a la mesa y se sentó. Un minuto después su papá trajo una tetera con té recién preparado, sentándose al lado de su hijo.
—Bueno… ahora te veo más tranquilo que anoche. ¿Salió todo bien? Por favor cuéntame qué pasó o, mejor dicho, qué está pasando.
—Sí, mira… anoche de verdad era, uhm, una emergencia, por decirlo así. Conocí a una chica y nos juntamos a la salida de su trabajo. Es alguien muy especial, creo que ella y yo sentimos algo, indescriptible. Creo que la mejor forma de llamarlo es "amor a primera vista".
A Taki no se le ocurrió una mejor manera de explicar lo que pasaba. Sin duda que lo de ellos no era primera vista, dado que él y Mitsuha habían pasado por todo un proceso para llegar a conocerse, pero la sensación que sintieron cuando se vieron en el tren no podía describirse de otra manera.
—Vaya, eso es, inesperado en ti. ¿Y es algo mutuo?
—Sí, ambos sentimos lo mismo.
—Entonces me alegro por ti, o debería decir por ustedes, pero ¿quién es? ¿Cómo la conociste?
—Se llama Mitsuha Miyamizu. Es una ejecutiva brillante que trabaja cerca de acá, en una empresa de Shinjuku. La conocí... bueno… ayer en la mañana, en el tren, cuando yo iba camino a la biblioteca.
—¿Ayer? Ya veo a qué te refieres con "a primera vista" —su padre tomó un sorbo de té, mirando la tasa, pensando en la situación por un segundo—. Pero entonces, si la conociste recién ¿por qué tuviste que ir a verla con tanta urgencia anoche?
—La verdad, es que necesitábamos, eh, aclarar algo juntos en su trabajo, hoy a primera hora. Hubo un malentendido por la forma en que nos conocimos.
—Pero conocer a alguien en el tren no es un delito.
—Ah, es que… cuando nos conocimos ayer, ella llegó muy tarde a su trabajo y…, también hubo un malentendido entre nosotros, entonces Mitsuha llegó a su trabajo nerviosa, y su jefa estaba muy preocupada por ella.
—Mm, ¿Qué tipo de malentendido?
—Bueno, es que… cuando la conocí en la mañana, yo tuve un impulso algo infantil, digamos un reflejo, y la tomé del brazo, sin malas intenciones, pero al principio ella lo malinterpretó. Ayer en la tarde, después de su trabajo nos volvimos a ver y lo aclaramos. Pero como llegó tarde y estaba nerviosa, ella le comentó ese… incidente de la mañana a su jefatura, y se lo tomaron a mal. Por eso decidimos que lo mejor era que hoy yo fuera con ella a su trabajo, desde su departamento… muy temprano… juntos —Taki se dio cuenta que esa explicación no sonaba del todo convincente para su papá, pero era cierta, en su mayor parte.
Después de pensar unos segundos en silencio, el padre de Taki se rindió de entender esa extraña explicación y se limitó a dar un suspiro.
—¿Y resolvieron ese malentendido en el trabajo de ella?
—Sí, al final todo salió bien. Quedó todo aclarado. Y para celebrar que todo se arregló, Mitsuha me invitó esta noche a cenar a su departamento. Ah, anoche también conocí a su hermana.
—Ya veo. ¿Su hermana es mayor?
—No, es menor que ella. Se llama Yotsuha y va a cumplir dieciocho. Aún está en el instituto, pero no vive en Tokio, está de visita. Y, bueno… Mitsuha tiene veinticinco.
—Mitsuha. Yotsuha. Interesantes nombres…
El papá de Taki se sentía sorprendido por su hijo. Sabía que Taki era un chico de buena apariencia, pero algo retraído y tímido con las mujeres. Imaginaba que había compartido con amigas y compañeras de la universidad, pero no había tenido ninguna relación seria que él conociera, hasta ahora. Y de pronto el chico parecía estar en la estratósfera con una chica que… acababa de conocer el día antes y que además era mayor que él. Le alegraba ver ese brillo en los ojos de su hijo que hacía mucho no veía, pero como padre le preocupaba que Taki pudiera estar yendo demasiado rápido en sus emociones, y que pudiera terminar con el corazón roto.
—Entonces, supongo que esa chica es soltera ¿Planeas iniciar algún tipo de relación con esa chica, Mitsuha?
—Sí, no tiene ningún compromiso. Y supongo que sí, aunque no lo he hablado con ella aún.
—Pues si logran concretarlo, felicitaciones, hijo, pero ¿no es un poco… repentino? Dime la verdad. Los dos somos hombres, Taki. Y aunque sea tu padre yo no soy quién para juzgarte. Ya eres mayor de edad, y no me voy a enojar si es que ya estabas saliendo con ella desde antes y no me habías contado nada ¿De verdad la conociste recién ayer?
Taki se sintió algo culpable de estar omitiendo gran parte de la historia entre Mitsuha y él. Tal vez, solo tal vez, podrían contárselo a su familia algún día. Pero era demasiado increíble, supuso. Era mejor presentar las cosas como si fueran… normales.
—Digamos que… fue… amor a primera vista, papá. En serio. Es primera vez que nos vemos… en Tokio —Taki sintió que, al menos eso era casi cierto.
—Ya veo, ya veo.
Su padre recordó como él había conocido a la madre de Taki. Una sonrisa con algo de melancolía llenó su cara
—Cuando conocí a tu madre, puedo decir que algo así nos pasó también. Había algo en ella que me atrajo, y supe de inmediato que de verdad quería estar con ella. Y por fortuna ella también sintió lo mismo. Pero pasamos un buen tiempo saliendo y conociéndonos. No digo que lo tuyo con esa muchacha sea equivocado, pero intenta no apresurar demasiado las cosas, por el bien de ambos.
—Sí, lo sé, papá ¿Sabes? Me gustaría que la conozcas. Y apuesto que ella estará feliz de conocerte también. Sé que te va a agradar.
—Bueno, espero conocerla entonces.
Mientras terminaban el té continuaron conversando de otros temas más hogareños. Su padre no pudo dejar de notar que Taki estaba mucho más animado de lo que lo había visto en años. Al menos le gustaba el cambio de actitud de su hijo.
Cuando terminaron el té, Taki llevó las tazas a la cocina y las lavó, mientras su papá volvía a leer el diario. Después fue a su habitación, y se tiró sobre su cama. Pensó en Mitsuha ¿cómo le estaría yendo con Sayaka?
Descansó un rato, y luego se incorporó y fue a su escritorio. Encendió su computadora y abrió los archivos de un proyecto en que estaba trabajando. Estaba preparando un dossier de presentación de su trabajo como arquitecto. Comenzó a revisar lo que llevaba hecho, y los textos que había redactado hasta ese momento. Entonces se dio cuenta de algo: el tono de los textos eran todos bastante pesimistas, siempre buscando capturar el pasado, congelarlo para el futuro, en caso que desaparecieran. Nunca lo había notado. Los volvió a leer, y comenzó a cambiar la redacción. Una hora después, el mensaje era en principio el mismo, pero al leerlos ahora sintió que hablaban de como proyectar las obras arquitectónicas del presente en el futuro, de una forma mucho más optimista.
Le gustó el nuevo enfoque del texto, y guardo el archivo. Entonces recordó cómo le iba siempre en las entrevistas de trabajo: él usaba ese mismo tono pesimista del texto original cuando sus entrevistadores le preguntaban qué lo motivaba en sus diseños de arquitectura. Y se dio cuenta de que tal vez esa era la razón por la cual no lograba encontrar trabajo.
Pero ahora veía las cosas diferentes. Volvió a pensar en Mitsuha. Y se dio cuenta de cuál era la razón de su cambio de perspectiva. Hasta antes de ayer, de forma ciega y sin saber la razón, él buscaba preservar el pasado. Recuperar y preservar una historia de un mundo desaparecido, la historia de Itomori. Pero ahora entendía que lo que él de verdad buscaba era reencontrar su propia historia del pasado con ella, con Mitsuha. Ahora que la había encontrado, a ella y a sus propios recuerdos del pasado, él podía mirar sus recuerdos de frente. Sin duda añoraba esas experiencias, y seguiría sintiendo nostalgia por Itomori, pero al mismo tiempo, sentía que ahora quería proyectarse hacia el futuro. Quería proyectarse con ella. Su futuro era ella, y con ella. Eso deseaba pensar. Y esa sola razón le hacía ver el mundo de otra manera.
Deseaba escuchar su voz.
Tomó su teléfono, y buscó el contacto de Mitsuha, pero dudo. ¿La debería llamar? Hacía apenas unas horas que no estaban juntos, pero ya sentía deseos de saber cómo estaba. Podía enviarle un mensaje, pero seguro no lo vería si estaba de shopping con su amiga. Se mantuvo debatiendo consigo mismo qué hacer por largos minutos.
§
Sayaka y Mitsuha caminaron en silencio desde la tienda de vestidos. Sayaka iba callada, y Mitsuha prefirió no interrumpir sus pensamientos.
Al poco andar se toparon con un café con varias mesas al aire libre bajo algunos toldos.
—¿Quieres un café, Mitsuha?
—Claro, entremos.
Un mesero les entregó un par de menús. Ordenaron cafés y un trozo grande de pastel para compartir. En cuanto se fue, Sayaka se quedó mirando fijo a Mitsuha, con una mirada que casi la atemorizó.
—Amiga, ¿Qué te está pasando? Yo sé que siempre has sido reacia a tener citas o buscar pareja. Con Tesshi… bueno, siempre comentamos que parecía que no estabas interesada en nada de eso, y… ¿ahora de pronto estás saliendo con alguien y pensando en casarte? Dime la verdad, no puede ser que conozcas a alguien desde ayer y ya estés así, pensando en el matrimonio.
—No, en serio, Saya, de verdad conocí a Taki… o sea, nos encontramos ayer, no te estoy mintiendo.
—Taki… Taki… ¿Y en este instante ustedes son…?
—Supongo… que… amigos —Mitsuha recordó las sinceras palabras que Taki le había dicho hacía apenas un rato atrás delante de Noriko-san. Sentía que ellos eran… mucho más que amigos, pero aún no habían formalizado nada.
—Pero, ¿estás considerando comprometerte con él? ¿Casarte con él? Mitsuha, vi cómo estabas mirando ese vestido, no me mientas.
Mitsuha no sabía cómo convencer a su amiga que todo era normal. Miró hacia el lado, mordiéndose el labio. No se sentía con la fuerza suficiente para sostener su mirada ni para responder. Eso hizo sospechar más aún a Sayaka.
—A ver, Mitsuha. Desde siempre hablamos de todo. Yo siempre te he contado mis planes y mis secretos. Eres mi mejor amiga. Y tú siempre me cuentas tus cosas. Pero nunca me habías mencionado que estuvieras con nadie ni que te interesara nadie. Nunca. Y de pronto estás con ideas de comprometerte con alguien. Esa no es la Mitsuha que yo conozco.
—Pero, no es eso…
—Y no te creo que estés así por alguien que conociste recién ayer. No te lo puedo creer. ¿Estás en una relación prohibida con alguien? ¿Es un hombre casado? ¿O tienes un amante secreto? ¿O…?
A Sayaka de pronto se le vino una idea que podía explicar ese repentino interés, si es que no llamarlo el repentino apuro, de su amiga por el matrimonio. Se puso pálida.
—…Mitsuha, espera. No me digas… tú no estarás… ¿¡Estás embarazada!?
Mitsuha quedó boquiabierta con la pregunta de su amiga. Por un segundo no supo ni cómo reaccionar. Un segundo después se tapó la cara con las manos en un torbellino de sentimientos. Se sintió avergonzada por el solo hecho que Sayaka estuviera pensando eso de ella, por otro lado ¡era ridículo! Y desde su vientre sintió subir carcajadas que explotaron sin que las pudiera contener.
—Ja, ja, ja, yo… ja, ja. Yo no… ¿cómo? Ja, ja ¿cómo se te ocurrió… eso…? Ja, ja…
Sayaka quedó en blanco viendo como su amiga se reía sin poder contenerse, tomándose la barriga y doblándose sobre la mesa. Ahora sí que estaba en un estado de perplejidad absoluta, sin saber si unirse a su risa, o preocuparse por lo que sea que le estaba pasando a su amiga.
Mitsuha se logró tranquilizar, aunque todavía haciendo hipos de risa, cuando el mesero les trajo los cafés y el trozo de pastel que habían ordenado, mirándolas con una actitud entre curiosidad y risa por la escena de un minuto atrás, que había hecho asomarse hasta a la gente de la cocina.
Sayaka comenzó a comer su lado del pastel algo ofendida por la reacción de Mitsuha, y ella se dio cuenta.
—Perdón, Saya, no quería burlarme de ti. Es solo que… me sorprendiste con tu pregunta. Además, estos últimos días… han sido muy especiales en un sentido que ni te imaginas, así que al menos te puedo decir que en este instante yo no soy la misma de siempre.
Sayaka suspiró, dio un sorbo a su café capuchino, saboreándolo con los ojos cerrados, y recuperó el temple.
—Está bien. Discúlpame a mí también, no debería haberte preguntado algo así a boca de jarro. Y asumo por tu reacción que la respuesta es "no". Menos mal en todo caso, pero entonces ¿Qué te pasa, Mitsuha? Me acabas de decir que no eres la de siempre. Y creo que se te nota. O sea, te veo muy feliz y eso me alegra mucho, pero ¿de verdad estás bien? ¿No estarás tomando decisiones demasiado… apresuradas?
—Sé que se ve algo apresurado… pero…
—¡Es que es apresurado! Nunca te he visto en pareja con nadie, y acuérdate que incluso un par de veces te presenté a unos amigos de Tesshi de la universidad ¿te acuerdas? Eran buenos chicos, incluso eran bastante guapos, pero tú ni siquiera los tomaste en cuenta.
—Es que… ellos no eran la persona que yo buscaba.
—¿Y a quien buscas entonces? Está bien, eso da lo mismo, pero mi punto es que tú no tienes mucha experiencia… con chicos. Y hoy, te juro que cuando te vi mirando ese vestido, me alegré, pero me preocupa que estés tomando malas decisiones.
—Eh, bueno, tú tampoco tienes tanta experiencia con chicos, Saya, o sea ¿has salido con alguien más además de Tesshi?
—¡Claro que nunca he salido con nadie más! Pero no puedes comparar eso. Nosotros con Tesshi nos conocemos desde hace años. ¡No desde ayer!
Mitsuha tomó su café en silencio. Sabía que no había forma de ganar este debate con su amiga. No había ningún argumento razonable para convencerla. Y para peor, la verdad de su relación con Taki estaba más allá de cualquier cosa razonable que pudiera explicarle en forma simple y creíble.
—Bueno, es que Taki, mi amigo, es…
El teléfono móvil de Mitsuha comenzó a sonar, interrumpiéndola. Lo sacó de su bolso y vio que justo era él llamándola. Sus ojos mostraron una felicidad que medio segundo después intentó disimular, pero Sayaka la estaba observando y se dio cuenta. Mitsuha suspiró, y decidió jugarse una apuesta.
—¿Ese es tu amigo?
—Sí, es Taki ¿Te molesta si contesto?
—No tengo ningún problema, si quieres contesta aquí mismo —sugirió Sayaka, mirando el pastel y sacando con lentitud un trozo, pero poniendo toda su atención en la conversación Mitsuha.
—Hola Taki… no hay problema, sí estoy feliz de que me hayas llamado… todo está bien, sí… bueno estábamos justo hablando de ti… sí… sí, estoy con ella. Espera, voy a ponerte en altavoz, para que la saludes.
Sayaka miró algo extrañada a su amiga. No conocía a ese amigo, y le extraño la familiaridad con la que su amiga la estaba poniendo en contacto con él.
Mitsuha activó el altavoz y dejó el teléfono entre ellas.
—Bueno, como te dije, estoy con Sayaka. Ella está preocupada por mí, de hecho, ella piensa que ando rara, o que estoy embarazada y…
—¿Qué? —respondió con inquietud Taki en el teléfono—. ¿Cómo qué…? Pero si nosotros ayer no…
—¡Taki, estás en el altavoz! —lo interrumpió alarmada Mitsuha, antes de que él dijera algo que se pudiera malentender aún más—. Era una broma de Sayaka ¿ok? Y ella te-está-escuchando.
—Oh… —el teléfono se quedó en silencio por varios segundos. Taki se dio cuenta que casi había dicho cosas de más—. Eh… ¿Hola? ¿Sayaka?
—Hola, ¿tú eres Taki?
—Sí, un placer… escucharte. Mitsuha me contó de ti, y que se iban a juntar hoy. Ah, felicitaciones por tu compromiso con Tesshi… con Teshigawara.
Sayaka levantó las cejas y miró extrañada a Mitsuha ¿Ellos se conocieron ayer y ella ya le había contado todo acerca de ella?
—Eh… gracias Taki. Espero que Mitsuha me cuente más de ti, porque parece que tú sabes más que mí que yo de ti. Y ella ahora me va a contar todo, ¿verdad Mitsuha?
—Mitsuha ¿le estás contando… las cosas… a ella? —interpeló Taki, con un tono que no dejó de ocultar un dejo de preocupación.
—Oh, no, Taki, solo le contaba a Saya que nos conocimos ayer viernes, y parece que… no me cree demasiado ¿Saben? Podríamos almorzar los tres, para conversar y presentarlos ¿Tienen tiempo ahora?
—Oh, yo ya estoy aquí, y creo que vale la pena quedarme a este almuerzo —afirmó Sayaka. Estaba demasiado preocupada y curiosa como para dejar eso para otra ocasión.
—¿Y tú, Taki?
—La verdad aún no había comenzado a cocinar y no tenía ningún plan para el almuerzo, aunque tendré que avisar a papá que tendrá que cocinar él… así que claro, puedo ¿Dónde están?
—Cerca de la estación Shinbashi, en Ginza. Podemos buscar algún restaurant cerca.
—¿Shinbashi? Sí, lo conozco. ¿A qué hora nos juntamos?
—Si quieres ven de inmediato, ya se acerca la hora de almuerzo, y aprovechamos el tiempo para conversar.
—Podría estar por allá en menos de una hora.
—Ok, nosotras vamos a buscar algún restaurant tranquilo para charlar. Te envío la dirección del lugar cuando lo encontremos. Te esperamos.
—Ok, nos vemos.
Mitsuha cortó la llamada. Sonrió a su amiga, que ahora mostraba más curiosidad que preocupación.
—Bueno, te presentaré a Taki, para que estés tranquila.
—¿Tienes alguna foto de él?
—Oh… la verdad… no. —recordó que Taki tenía una imagen de un arco tori como avatar en su programa de mensajería.
—Como sea, terminemos el pastel, y busquemos algo cerca y… —Sayaka se detuvo, y de pronto, pensó que la situación era todavía demasiado rara y podía ser mejor tener una segunda opinión—. ¿Te molesta si le pido a Tesshi que nos acompañe en el almuerzo?
—Eso sería genial. Además, sería la primera vez que saldríamos los cuatro… en pareja.
—Si lo pones así, parece que va a ser una cita memorable. Nuestra primera cita juntas, Mitsuha.
Sayaka tomó su teléfono, y llamó a Tesshi.
—Hola amor… sí… aún estoy con Mitsuha. Sí… Oye, ¿puedes venir a almorzar con nosotras?... Todavía estamos en Ginza, pero no sabemos aún dónde ir… ¿En serio?... Genial…
Mientras Sayaka conversaba con Tesshi, Mitsuha terminó su lado del pastel y su café, y llamó al camarero para pagar.
—…ok, nos vemos allá. ¡Te amo! —Sayaka cortó la llamada y miró lo que le quedaba de pastel—. Uf, ¡creo que comimos el postre antes del almuerzo! Tesshi me dijo que hay una trattoria cerca de aquí, a unas tres cuadras. Unos compañeros de su trabajo se la recomendaron, y es el tipo de comida que a ti te gusta, Mitsuha. Va a encontrarnos allá ¿te parece?
—Genial, además a Taki le encanta esa comida también.
—Ya veo, entonces es el lugar ideal. Avísale a tu amigo…
Mientras Mitsuha le enviaba un mensaje a Taki, Sayaka le envió un mensaje a Tesshi: "Mitsuha dice que conoció a un chico ayer, y está muy rara. Él va a venir al almuerzo y nos lo quiere presentar. SOS, ayúdame, no sé qué pensar. Apúrate en venir".
§
Tesshi cortó el teléfono y se estiró en forma remolona en su silla. Estaba en la pequeña oficina hogareña de su departamento de soltero. Recién había terminado de revisar las propuestas en las que estaba trabajando. Estaba satisfecho, ahora podía darse el lujo de ir a almorzar con las chicas.
Le gustaba que Saya se juntara con Mitsuha. Además, hacía varias semanas que él tampoco la veía. Se alegró de poder reunirse los tres como en los viejos tiempos...
Se estaba parando de su silla cuando le llegó un mensaje de Sayaka. Lo leyó de inmediato. «¿SOS? De qué está hablando Sayaka», pensó extrañado.
En todos estos años Mitsuha y ellos siempre habían sido cercanos. Sabía que ella, después de Itomori, había quedado con algún tipo de trauma. Al menos, a esa conclusión habían llegado con Saya: Mitsuha había perdido la memoria de muchos eventos que habían acontecido antes y durante la caída del cometa. Parecía que ella había olvidado a personas que conocía, pues se quejó muchas veces de no recordar a alguien importante, pero ellos nunca supieron a quién se refería en realidad. Y esas pérdidas de memoria parecían haberla marcado. Después de ese día siempre andaba más ensimismada, triste y melancólica. Por semanas la vieron así, hasta que con el tiempo había vuelto a algún grado de normalidad. Si bien ella nunca había sido tan extrovertida, después de Itomori la veían mucho más retraída.
Sayaka y él habían intentado muchas veces que ella conociera o saliera con nuevas personas y amigos, para cambiar de aires, desestresarse y así dejar el pasado atrás, pero lo que él sabía era que ella siempre rechazaba las invitaciones, o bien las que aceptaba no habían resultado en nada. Y ahora tenía un mensaje de SOS de Saya. ¿Sería eso lo que tenía preocupada a Saya? ¿Qué conoció a alguien?
Tesshi se rio de la idea. Esa era una buena noticia. Las mujeres se complicaban la vida más de lo necesario. Bien por Mitsuha si conoció a alguien, pero…
Volvió a leer el mensaje. "conoció a un chico… y está muy rara". ¿Rara? ¿A qué se referiría Saya?
De pronto recordó las últimas semanas que ellos pasaron en Itomori cuando, en efecto, Mitsuha había estado muy, pero muy, rara. En esa época lo olvidaba todo, desde su propio nombre, el de Sayaka o el suyo, a pesar de que se habían criado juntos; no recordaba como volver a su propia casa, ni donde tenía sus zapatos en el instituto. Y lo peor era que en esos días su personalidad era del todo diferente de la Mitsuha habitual. Actuaba mucho más extrovertida y más desfachatada. Pasó de intentar pasar desapercibida a llamar la atención de todo el mundo. Incluso chicos de otras clases del instituto comenzaron a preguntarle a él por la chica para invitarla salir. Aunque no todo era malo. Él aplaudió cuando un día ella enfrentó al grupo que siempre la molestaba en clases. Lo que le parecía más extraño de todo el asunto era que, así como actuaba de rara un día, al día siguiente ella volvía a ser la misma chica normal y tímida de siempre, y para colmo esos días normales no recordaba nada de lo que había hecho en su día raro anterior. Como si fueran dos personas diferentes. Sí, ella había estado muy rara en esa época.
Miró por la ventana, recordando esos días. En esa época él decía que Mitsuha estaba poseída por un zorro, pues esos días andaba despeinada y desordenada. Al poco tiempo podía adivinar si era uno de esos días con solo mirarle el pelo. Ni él ni Saya nunca supieron por qué le pasó eso a ella ¿Le estaría pasando de nuevo lo mismo?
Para él, Mitsuha era como una verdadera hermana. Ella había estado con él y Saya desde que tenía memoria y, aunque en esa época ella fue rara, fue gracias a su amiga y sus rarezas que ellos y sus familias pudieron sobrevivir y salir con vida de Itomori.
No sabía qué había visto Saya en Mitsuha hoy, pero si Saya estaba preocupada por su amiga, él la iba a apoyar e iba a hacer lo posible por ayudarla también. Fue a prepararse para salir.
Su departamento estaba a menos de veinte minutos de Ginza, así que llegó afuera del restaurant italiano que les había sugerido a las chicas poco después de que ellas habían llegado.
—¡Tesshi, que bueno que llegaste amor!
—Hola, mi pequeña. No me iba a perder una invitación así por nada. Hola Mitsuha, ¿cómo estás?
—Muy bien, Tesshi, gracias. Espero que no te hayamos interrumpido por esto.
—No te preocupes, en realidad me ayudaron, necesitaba una distracción y descanso. ¿Entramos?
Mitsuha miró la hora en su teléfono. Debían faltar un buen rato para que llegara Taki, así que era mejor esperarlo adentro.
—Podemos pedir algo de beber mientras esperamos a mi amigo.
—¿Invitaste a alguien? —preguntó Tesshi, simulando que no sabía nada. El mensaje de Sayaka era bastante corto, así que aprovechó la oportunidad para entender mejor la situación—. ¿Es un compañero de trabajo?
—No, es un… amigo nuevo. Quiero que lo conozcan. Saya está muy interesada en conocerlo también.
El restaurant era bastante grande. Tenía unas 30 mesas, en un amplio salón. La mayoría de las mesas estaban ocupadas. Pidieron una mesa para cuatro, y el mesero que los recibió los condujo al fondo del local, a una mesa con forma de semicírculo que estaba contra el muro del fondo del local, rodeada por un sofá en forma de "D" alrededor del lado curvo de la mesa. Sayaka se sentó en el centro, al lado de Tesshi, y Mitsuha en el otro extremo.
Mitsuha estaba muy animada. Pidió al mesero que les llevara una botella de vino y cuatro copas, y le indicó que ordenarían los platos cuando llegara la cuarta persona. El mesero asintió, y en poco rato trajo el vino y las copas, más una pequeña bandeja de cortesía para compartir con trozos de pan crujiente, aderezado con aceite de oliva y especias.
Mientras brindaban por la reunión, Tesshi quiso seguir el juego para averiguar qué estaba ocurriendo.
—Bueno, y entonces ¿quién es tu amigo? ¿De dónde lo conoces? —continuó Tesshi.
—Se llama Taki. Es arquitecto y lo conocí en el tren, camino al trabajo.
—¿En serio? Vaya, no imaginé que eras de las chicas que hacían amistades en la calle.
—Oye, ¿a qué te refieres?
—A nada en particular, es que no imaginaba que ese fuera tu estilo, Mitsuha. No le veo nada malo ¿Y desde cuándo están saliendo?
—Bueno, supongo que estamos saliendo… de verdad, digamos que… lo conocí ayer, pero me agrada mucho, y sé que les va a agradar a ustedes también.
—¿Ayer? Bueno, debe caerte muy bien ese chico, entonces. Espero que llegue pronto. Además, en mi trabajo siempre estoy lidiando con arquitectos, así que puede que tengamos bastante que conversar, ja, ja.
—Oye, Tesshi, por favor no te vayas a poner a hablar de trabajo hoy. Es sábado ¿recuerdas? —le reclamó Sayaka.
—Ok, ok, yo solo decía… como sea, entonces es solo un amigo para ti, Mitsuha —intentó concluir Tesshi, pensando que, si ese era el caso, su prometida se tranquilizaría al ver que en realidad nada malo pasaba.
—Bueno, no lo sé… nos estamos conociendo, y tal vez podamos iniciar algo más serio.
—¿Tanto como para comprometerte y casarte con él? —atacó Sayaka algo impaciente, pues notaba que Mitsuha estaba intentando bajarle el perfil al tema.
—¿Casarse con él? —retrucó Tesshi confundido—. ¿De qué están hablando?
Mitsuha se dio cuenta que Sayaka estaba empecinada en entender cuál era su relación con Taki. Ella no podía olvidar lo que había visto en la tienda de vestidos de novia. Y sabía que cuando a Saya se le atravesaba una idea, era difícil hacerle pensar en cualquier otra cosa. Intentó enfriar el tema mientras Taki llegaba.
—Por favor Saya, no es que eso sea algo que yo quiera hacer ahora ¿ya? Tranquila… Eh, chicos, ¿me disculpan? Necesito ir al baño, vuelvo en seguida.
En cuanto Mitsuha se fue, Tesshi le habló en susurros a Sayaka.
—Bueno, ¿Entonces esa es la emergencia? Mitsuha se ve bastante bien y contenta. Y no la noto rara. O sea, no veo que esté perdiendo la memoria como antes, e incluso está bien peinada como siempre.
—¿Peinada? No es eso… pero ¿te das cuenta que conoció a alguien hace apenas un día atrás?
—Claro ¿Y?
—Es que… si la hubieras visto mientras estábamos viendo los vestidos. Ella me confesó que había conocido a alguien y que estaba considerando la idea de casarse con él… ¡y lo conoció recién ayer! ¿No te parece preocupante?
—Eh… bueno, sí, suena apresurado, pero... ustedes las mujeres a veces son algo impulsivas… ¿no es algo normal?
—¡Pero estamos hablando de Mitsuha! Tú sabes que nunca quedó bien después de Itomori, y siempre evita relacionarse con chicos. Yo hablé con ella este martes, y seguía tan solitaria como siempre, y ¿hoy está pensando en casarse? Tesshi, nosotras las mujeres tenemos un sexto sentido y te juro que algo raro le pasa. Si hubieras visto lo que yo vi lo entenderías ¡Estoy muy preocupada por ella!
Tesshi volvió a pensar en los raros cambios de ánimo de la Mitsuha de Itomori ¿sería este un episodio de esa clase? Hasta ahora sentía que Sayaka estaba exagerando, pero igual decidió poner atención a los detalles, aunque él siempre estaba abierto a ideas sorprendentes.
—¿Y qué tal si en realidad descubrió su alma gemela? ¿O lo conocía de una vida anterior o de un universo paralelo…?
—Tesshi, no comiences con esas cosas. Ya no estamos en el instituto.
—Ok, ok. Yo solo decía…
Se quedaron en silencio, cada uno pensando en la situación y bebiendo de sus copas de vino. Entonces Sayaka miró hacia la entrada del restaurant, que quedaba justo al frente de donde estaba ella sentada, y notó a un chico joven, alto y delgado, vistiendo una chaqueta verde, camisa clara y pantalones oscuros, que miraba con cuidado por todas las mesas, buscando a alguien. Como había mucha gente, debía llevar un rato en eso. Por unos segundos Sayaka dejó de prestarle atención, pero cuando lo miró de nuevo se dio cuenta que ese chico se había quedado viendo directo hacia ella. Pudo ver como su cara se iluminó como si él la hubiera reconocido, pero ella no tenía idea de quién era él.
El chico iba a avanzar hacia ellos, cuando al parecer se dio cuenta que ella estaba acompañada por Tesshi, y de pronto el chico se envaró. Cambió su mirada hacia otra parte, aparentando como si no los hubiera visto.
—Tesshi, mira hacia la entrada. Llegó un chico y está mirando hacia nosotros.
—¿Lo conoces?
—Para nada, no sé quién es, pero se me quedó mirando como si me conociera. Eso fue raro.
Tesshi se giró un poco, intentando disimular. Vio al chico, que también parecía estar disimulando no verlos, pero se notaba que los estaba mirando de reojo.
—Tampoco lo conozco. Se ve un poco joven para ser el amigo de Mitsuha. Como sea ¿Por qué nos está mirando?
—No lo sé.
Justo en eso Mitsuha venía de vuelta del baño mirando hacia la mesa donde estaban sus amigos. Sayaka, que seguía mirando hacían la entrada, vio como la cara del chico se iluminó al ver a Mitsuha. Entonces sí, tenía que ser él.
Mitsuha llegó casi al lado de la mesa y cuando vio que Sayaka estaba mirando hacia la entrada, siguió su mirada y vio a Taki parado en la entrada. Lo saludó con la mano y ambos caminaron a encontrarse.
—¿Viste? ¡Sí era él! —susurró Sayaka.
Tesshi no aguantó la curiosidad y giró el cuerpo completo para ver qué pasaba. A unos metros de ellos, Mitsuha abrazó al chico por varios segundos, luego se separaron tomados de las manos mientras cruzaban algunas palabras, sonriendo. Luego Mitsuha lo trajo a la mesa tomados de la mano.
A Tesshi y Sayaka ese movimiento los dejó por completo sorprendidos. Ellos jamás habían visto a Mitsuha emparejada con nadie, y aún menos actuando en forma tan cariñosa o dando muestras de afecto tan explícitas, pasando por alto incluso los tabúes japoneses respecto de las demostraciones de afecto en público. Y era claro que ella no lo trataba como a alguien que acababa de conocer ayer; Tesshi, con algo de remordimiento, tuvo que reconocer que Sayaka tenía razón: eso era muy extraño en Mitsuha.
—Chicos, les presento a Taki Tachibana. Taki, él es Katsuhiko Teshigawara, pero le decimos Tesshi, y ella es Sayaka Natori.
—Hola Taki —saludó la pareja.
—Es un gusto conocerlos, Sayaka, Tesshi.
—Ven, Taki, siéntate a mi lado —sugirió Mitsuha, que se sentó primero en el sofá, acercándose a Sayaka, dejándole el espacio de la punta del sofá a Taki, frente a Tesshi.
—¿Saben, chicos? Taki tenía un trabajo a tiempo parcial cuando estaba en bachillerato, en un restaurant como este, también de comida italiana, así que nos puede ayudar a elegir unos buenos platos ¿verdad Taki?
—Oh, sí, de eso hace años, pero aprendí bastante. Y la comida italiana es deliciosa ¿ustedes la han probado?
—Pocas veces, pero Mitsuha nos invitó hace un tiempo a un restaurant así, en Shinjuku.
—¿En Shinjuku? —Taki se quedó mirando a Mitsuha sorprendido.
—Sí. Descubrí el restaurant "Il Giardino Delle Parole" cuando estaba en la universidad.
—¿En serio?
—Así es, nunca supe porque me atraía tanto —Mitsuha miró a Taki con una mirada de complicidad.
—Ese fue al que nos invitaste ¿Qué tiene de especial ese restaurant? —preguntó Sayaka.
—Oh, es que justo yo trabajé ahí —explicó Taki, algo azorado—. Claro, antes de que Mitsuha… lo descubriera… Qué chico el mundo, ¿verdad?
Taki miró a la chica con alegría «¡Ella en su interior me buscaba también desde entonces!», pensó con felicidad.
—Bueno, revisemos la carta ¿Qué te parece el menú? ¿nos recomiendas algo en especial, Taki? —preguntó Mitsuha.
—Veo que ya pidieron un vino. Siendo así, lo mejor sería pedir pastas —Taki tomó la carta, y la inspeccionó con calma—. Miren, hay una degustación de seis estilos de pastas diferentes para compartir, vienen con diferentes salsas. Podríamos pedir eso.
—A mí me parece bien —respondió Tesshi.
—Sí, suena delicioso probar cosas nuevas —concordó Sayaka.
Llamaron al garzón y ordenaron los platos que sugirió Taki. Entonces Mitsuha hizo un brindis.
—Sayaka, Tesshi, ustedes no saben lo feliz que estoy de poder verlos, y de tener también a Taki acá con nosotros, y que podamos estar juntos los cuatro. Esto es como… un sueño. Un sueño feliz. Espero que puedan conocerse bien y que todos podamos ser buenos amigos. ¡Kampai!
—¡Kampai!
Después de un generoso sorbo de vino, Sayaka se animó a seguir averiguando más de Taki.
—Bueno, entonces sería bueno conocer más de ti, Taki ¿Cómo conociste a Mitsuha?
—Ah, bueno —miró a Mitsuha algo nervioso ¿cuánto ya les había contado ella? No la quería contradecir—. Pues, la conocí en el tren.
—¿En serio? ¿Y qué te llamó la atención de ella?
—En realidad, creo que fue algo mutuo —Taki miró a Mitsuha—. En cuanto la vi tuve la sensación de que me estaba reencontrando con alguien a quien buscaba con ansia hacía ya mucho tiempo.
—Y yo sentí lo mismo —Mitsuha se sentía feliz de decir la verdad, y sin embargo hacerlo sonar tan normal y romántico. Mitsuha tomó la mano de Taki—. De hecho, contra más hablamos, más siento como si nos conociéramos desde hace años ¿no es curioso?
Tesshi y Sayaka se miraron un segundo.
—¿Ustedes no se conocerán de vidas pasadas? —preguntó Tesshi, con una mirada de misterio.
—Tesshi, no comiences con tus cosas raras. Sabes que esas cosas son cuentos chinos.
—Oh, saben, nunca pensé que diría algo así, pero lo que dice Tesshi tiene bastante sentido —dijo Taki sonriendo. En realidad, esa podía ser una explicación bastante buena e inocua para explicar en forma pública su relación con Mitsuha.
—Eh, ¿en serio? ¿También crees en esas cosas? —Sayaka se sintió en jaque. Ese tipo de explicaciones paranormales no le gustaban, y Tesshi les estaba ayudando a evadir el tema—. Entonces ¿están planeando salir juntos?
Taki miró a Mitsuha, dubitativo. Aunque él sentía que la respuesta era sí, en realidad nunca lo habían conversado.
—Supongo que sí, ¿verdad Mitsuha?
—Claro que sí —confirmó Mitsuha con una amplia sonrisa.
—O sea que… ¿ni siquiera saben si están saliendo o no?
—Este, bueno, nos conocimos ayer, así que nos estamos… conociendo, supongo —respondió Taki en forma algo avergonzada, frotándose la nuca con la mano.
El interrogatorio de Sayaka estaba poniendo cada vez más nervioso a Taki. Así que intentó sacarse la atención de encima. Y además él de verdad quería saber más de sus antiguos amigos. Intentó matar dos pájaros de un tiro.
—Bueno, y ustedes se conocen desde hace años ¿verdad? —les planteó lanzando la carnada, aunque él sabía a la perfección cuál era la respuesta.
—Oh, bueno, con Mitsuha y Tesshi somos amigos desde siempre, desde que íbamos al jardín de infantes.
—Ya veo, entonces deben ser muy buenos amigos. Oh, y supe que se van a casar pronto ¡Felicitaciones!
—Cierto, lo haremos este verano. Ah, Tesshi, Mitsuha me ayudó a decidir cuál vestido usar. Usaré un vestido blanco tradicional sintoísta.
—¿Eh? Pero entonces tendré que disfrazarme a la antigua usanza… ¿Qué no dijiste que querías algo moderno, Saya?
—Lo pensé, pero ese vestido es precioso, y… me trae recuerdos… de… de…
—¿De Itomori? —afirmó Taki en forma casi inconsciente. Sayaka y Tesshi se lo quedaron mirando. Se dio cuenta de que fue un error mostrar que sabía tanto.
—¿Tú sabes de dónde venimos? —preguntó Tesshi con un dejo de preocupación.
—Oh, este… sí, Mitsuha me contó eso… lo de su pueblo, de Itomori, del cometa y de todo eso. Bueno, lamento que les haya pasado esa tragedia.
Sayaka miró a Mitsuha con incredulidad.
—¿En serio le contaste? Recuerdo que me dijiste que ya no le contabas a nadie acerca de… nuestro pueblo.
—Sí, eso es cierto, pero con él fue… diferente.
—No es tan raro, supongo —agregó Taki, intentando alivianar el ambiente—. Yo siempre he vivido en Tokio, pero Itomori me llama mucho la atención, por años lo investigué, miraba fotografías, diarios, reportajes, tanto que siento como si lo hubiera conocido en persona. Así que estoy contento de al fin conocer a alguien que vivió ahí. Bueno, a Mitsuha y ahora a ustedes. Y el que ustedes hayan salido a salvo de ahí fue algo muy afortunado ¿verdad?
De pronto Sayaka y Tesshi se pusieron tensos. Ambos, sin saberlo, pensaron lo mismo ¿Cuánto le había contado Mitsuha a este chico desconocido acerca de Itomori, acerca del cometa y, en especial, acerca de lo que pasó y lo que ellos hicieron ese fatídico día? El fantasma de ser descubiertos, o apuntados como criminales se les apareció de golpe en su consciencia. Tesshi le habló a Mitsuha con un tono algo bajo y con un tinte reproche.
—¿Qué cosas les has contado de Itomori a tu amigo?... Tú sabes que… hay cosas que… es mejor no recordar ¿verdad?
—Eh, bueno, yo… —Mitsuha se sintió complicada, pues la verdad era que Taki y ella habían estado hablando de todo eso, a niveles que sus amigos jamás podrían siquiera imaginar. Y de todas formas Taki en la práctica lo sabía todo, y de hecho sabía algunas cosas incluso mejor que ella.
El chico percibió la preocupación de la pareja e intento esquivar el escollo.
—Oh, bueno, sí, Mitsuha me comentó que ustedes venían de allá, y de cómo era su vida ahí. Pero ella no me ha contado mucho del… accidente. No quiero traerle a ella, ni a ustedes, malos recuerdos. Casi todo lo que sé es lo que he leído o lo que he visto en televisión.
Taki les dijo eso como una excusa para tranquilizarlos, pero era una total mentira. Sintió su estómago retorcerse de culpa por tener que mentirles así, en especial a ellos.
—Ah, entiendo —Tesshi se reclinó hacia atrás en la butaca sin poder disimular el alivio que sentía.
—Eso es cierto, le he contado a Taki cómo era nuestra vida… que es bastante diferente a la vida en Tokio. Las cosas que yo hacía, como era mi casa, como era la vida en el santuario Miyamizu, y esas cosas.
—Y ¿ustedes extrañan su vida allá? —preguntó Taki, intentando cambiar el tema.
La pareja se quedó en silencio por unos segundos, mientras miraban sus copas. Sayaka se decidió a responder. Eso era algo en lo que ellos intentaban no pensar demasiado.
—La verdad, en cierta forma sí. La vida en Itomori era demasiado tranquila. Nunca imaginé lo grande que era Tokio, ni cuanto movimiento tiene. Tokio es divertido, muy interesante. Pero a veces es también muy ruidoso, y por ello a veces extraño la tranquilidad que teníamos allá. En especial… duele que… tuvimos que dejar esa tranquilidad de improviso, sin que fuera algo que elegimos. Y, como dicen, uno suele apreciar las cosas que tiene solo cuando las pierde.
Tesshi se acercó un poco a Sayaka, y ella se apoyó en su hombro. Taki se sintió culpable de haberles tocado esa fibra. Miró a Mitsuha, y ella también estaba algo cabizbaja. Es cierto que incluso él, ahora que había recuperado los recuerdos de sus días en Itomori como Mitsuha, sentía añoranza por Itomori. Pero la melancolía que él sentía, con la experiencia de apenas un mes de recuerdos, no podía compararse con la que ellos debían sentir, al haber vivido toda su infancia y juventud ahí.
—Creo que no debí haberles preguntado eso. Les pido que me perdonen.
Justo en ese instante llegó el garzón con los platos que habían ordenado. Eso distendió el ambiente, y pudieron centrar su atención en la comida, que se veía y olía apetitosa.
Taki ordenó otra botella de vino, y aprovechó su experiencia y conocimientos para explicarles qué eran cada uno de los platos, sus diferencias, los ingredientes que llevaban y la mejor forma de comerlos. Los tres estaban asombrados de cuánto sabía Taki del tema culinario. Eso también les levantó el ánimo, y les ayudo a disfrutar cada platillo al máximo. Él se sintió aliviado cuando vio que el ánimo de todos mejoró.
Durante el almuerzo, Sayaka puso mucha atención a Taki. Se veía serio, educado, era simpático y era agradable tratar con él. Además, tenía que reconocer que era bastante apuesto. Podía entender que Mitsuha se sintiera atraída por ese chico. Aunque la magnitud de tan rápida atracción aún era una incógnita para ella, comenzó a considerar que tal vez sus aprensiones eran exageradas.
Después de terminar los platos, Taki les sugirió que pidieran dos postres clásicos italianos: tiramisú y panna cotta. Pidieron dos de cada uno, y los compartieron entre las parejas.
—Vaya, este almuerzo ha sido estupendo —afirmó Tesshi, bastante más relajado por el opíparo almuerzo y la generosa dosis de vino.
—Sí, me ha gustado mucho, no conocía este restaurant, y la verdad es que la comida es muy buena —concordó Taki.
—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó Sayaka.
Taki miró un segundo a Mitsuha, luego a sus amigos. Había algo que lo estaba atormentando.
—Tengo una idea, pero primero paguemos la cuenta, y conversémoslo afuera.
Mitsuha miró algo extrañada a Taki, sin imaginar que estaba pensando.
Pagaron la cuenta y salieron del local. Adelante iba Sayaka y Tesshi. Detrás, Taki tomó la mano de Mitsuha, y cuando estaban afuera, la llevó hacia un lado y la abrazó, lo que sorprendió a la chica un poco. Él acercó su cara a su oído y le habló en voz muy baja.
—Mitsuha, estoy feliz de ver de nuevo a Saya y a Tesshi, pero siento que… todo este rato, les hemos estado mintiendo. Las cosas no son para nada como se las hemos contado.
—Sí, lo sé, y yo también me siento incómoda —reconoció Mitsuha—. ¿Crees que deberíamos… contarles?
—En todos estos años, ¿ustedes tres han guardado siempre el secreto de lo que hicieron ese día, lo de la subestación eléctrica, y del secuestro de la trasmisión de emergencia?
—Sí, hasta donde sé nunca se lo hemos contado a nadie.
—¿Y crees que ellos podrían guardar también… nuestro secreto?
—Taki, la razón de que estamos vivos hoy es gracias a ellos. Les debo la vida. Confío en ellos tanto como confió en ti.
—Entiendo. Y por eso me duele ocultarles la verdad. Quiero que se los contemos.
—Pero ¿Ahora mismo, aquí?
—Tal vez podríamos ir a tu departamento. Sería más privado y tranquilo.
—Sí, buena idea. Yotsuha dijo que volverá tarde, así que estaremos solos. Veamos si ellos pueden.
Tesshi y Sayaka estaban conversando a unos metros de ellos. Se volvieron a Mitsuha cuando se les acercó.
—Tesshi, Sayaka, ¿tienen algo que hacer ahora?
Sayaka miró a Tesshi un segundo, y ambos dijeron que no.
—Bien. Me gustaría que fuéramos a mi departamento, así aprovecho de invitarles un café, y… necesitamos conversar. Hay algo que Taki y yo necesitamos decirles. En especial a ustedes.
Sayaka, que se estaba sintiendo algo más relajada respecto de Mitsuha y Taki, de pronto sintió que sus nervios se tensaron de nuevo. En forma inconsciente apretó la mano de Tesshi.
Por otra parte, Tesshi tenía la sensación de que había algo importante que Mitsuha y ese chico les estaban ocultando, así que lo que fuera que ellos iban a revelarles era algo que deseaba escuchar.
—¿Es…? ¿Les pasa algo… malo? —preguntó Sayaka, con voz preocupada.
—Eh, no es malo, para nada, pero es algo… complicado. No creo que sea conveniente conversarlo en la calle, ni en ningún lugar público. Por eso, mejor vayamos a mi departamento.
—Ok, estamos de acuerdo —respondió Tesshi.
Los cuatro se pusieron en camino a la estación de trenes. Mitsuha se acercó a Sayaka y comenzó a platicarle respecto de los vestidos que había visto esa mañana. Eso relajó a su amiga, y por un rato el ambiente de distendió. Tesshi y Taki iban caminando detrás de las chicas, y se pusieron a charlar temas de trabajo. Taki supo que Tesshi era constructor civil, y que trabajaba en una empresa de consultoría y construcción de caminos y vialidad. Como él era arquitecto, tenían varios puntos en común, así que se fueron charlando en forma amistosa de sus experiencias laborales.
Ya en el tren, siguieron separados en dos grupos de chicos y chicas. Mitsuha a ratos miraba a Taki, y cruzaban miradas. El estar los cuatro juntos era algo en cierta forma raro, pero también se sentía como algo mágico. Ella se sentía feliz que Taki se estuviera llevando bien con Tesshi y Sayaka. «Por fin estamos todos juntos» pensó Mitsuha. «Espero que ellos nos crean y se tomen bien la verdad», deseó de todo corazón.
