Yotsuha sentía que ese sábado estaba siendo uno de los días más agobiantes que pudiera recordar de los últimos años. Las 24 horas anteriores habían estado llena de eventos estresantes. Partiendo por la llamada de Noriko acerca de su hermana estando en un potencial peligro; el no poder contactarla, lo que la dejó por horas en una angustiante incertidumbre; luego el viaje de emergencia a Tokio, para descubrir la súbita locura de su hermana y la inesperada aparición de ese extraño chico. La suma de todos esos eventos la tenían desconcertada y nerviosa.
La noche anterior ella había sentido genuino miedo, tanto por la seguridad su hermana como por la suya. Luego tuvo una noche sin dormir bien, y para colmo tuvo un despertar aún más estresante, y eso solo era para partir aquel día sábado. Estaba muy cansada y de mañana aún tenía sueño. Su concentración era errática.
Durante el desayuno, Mitsuha le había pedido que se quedara con ella. Aceptó porque desde hacía tiempo ella quería hacer algunas cosas en Tokio, y aunque el viaje de anoche no había sido planificado, quiso aprovechar la oportunidad. Además, Mitsuha prometió contarle lo que estaba pasando, lo que la dejó en vilo.
Gracias a toda esa serie de extraños eventos que había vivido en las últimas horas, la idea de que algo raro estaba pasando con su hermana no hacía más que volver a sus pensamientos una y otra vez, distrayéndola.
Esa mañana se encaminó a una universidad de Tokio. Como alumna de último año de bachillerato, ya estaba comenzando a pensar en serio sus opciones de continuar con sus estudios universitarios. Desde hacía semanas quería averiguar si las universidades ofrecían becas deportivas, pues ella era seleccionada de fútbol de su instituto y no tenía malas calificaciones. Quería aprovechar eso como palanca.
Llegó temprano al campus. Estaba preocupada de que fueran a mirarla raro por ser demasiado joven y no pertenecer al lugar. Como era sábado, había poca gente, y además a principios de abril había muchos nuevos estudiantes iniciando su año académico que deambulaban por el lugar, por lo que ella se dio cuenta que en realidad pasaba desapercibida.
Logró encontrar abierta la oficina de admisión y pudo conversar con la encargada. Le explicó sus intereses, y ella con mucha amabilidad le explicó las alternativas disponibles, le entregó una carpeta con folletos, descripciones de varias de las carreras, las becas y beneficios. Luego la invitó a ver un video promocional en una pequeña sala lateral con cinco o seis asientos. Yotsuha accedió a verlo, y se sentó sola en la sala. El video le interesaba, pero duraba casi 45 minutos. Al poco rato se dio cuenta que, a pesar de su interés, el cansancio la hacía divagar.
Al final terminó de ver el video, agradeció a la encargada y siguió recorriendo el campus durante toda la mañana a su placer. Era una sensación genial sentirse como una adulta, caminando ahí, pero la mezcla del cansancio y la preocupación no la dejaban disfrutar el momento.
A la hora del almuerzo encontró el comedor público de estudiantes. Se sentó en una mesa alejada. La comida era buena, pero comió sin demasiado interés. Al terminar se encaminó a una pequeña arboleda con bastante pasto que había visto mientras deambulaba por el lugar. Después de una mañana más bien fresca, el día era ahora tibio. Buscó un árbol grueso como apoyo y se sentó a leer el material que le habían entregado.
Pero su concentración de nuevo flaqueó. Al final se rindió, guardó el material en su mochila y se tiró de espaldas en el césped, mirando al cielo e intentando ordenar sus ideas. Las locuras de Mitsuha y Taki no la dejaban concentrarse, así que decidió dejar de intentar evitar pensar en ellos, y mejor quiso dedicar toda su energía mental a resolver ese enigma y así quedar tranquila.
Partió estableciendo los hechos básicos. Primero: su hermana estaba loca. Había logrado mantenerse cuerda por varios años, pero ella tenía momentos de locura, y ahora estaba en uno de esos momentos.
Segundo: su hermana trajo a su departamento a un chico que estaba tan loco como ella. Y lo invitó a quedarse con ella el mismo día que lo había conocido. Eso solo confirmaba que ella estaba loca.
Pero pensó que hasta antes de eso su hermana había estado normal, y había actuado normal durante años. Se había comportado como la hermana mayor responsable de siempre, y aunque siempre era rara y evitaba meterse con chicos, en general era bastante normal ¿Qué le había pasado para cambiar tanto?
El mayor problema no era solo que de la noche a la mañana se hubiera buscado un novio loco. Las cosas que ellos le dijeron y le pidieron que hiciera no tenían ningún sentido.
Recordó que había guardado en su mochila el papel con el extraño hechizo que había escrito Mitsuha la noche anterior. Lo buscó y lo releyó varias veces.
"…la cuerda es la clave… la cuerda es de Taki y también es de Mitsuha… la cuerda los unió y recuperaron su memoria…"
¿Qué tenía que ver la cuerda trenzada kumihimo de Mitsuha con todo esto? ¿De qué memorias perdidas o recuperadas estaban hablando?
Entonces recordó algo que le había pedido Taki la noche anterior: que ella recordara cuando su hermana perdía la memoria en Itomori. Cierto. En esa época Mitsuha olvidaba todo. Pero de eso hacía muchos años ¿Cómo él podía saber eso?
No tenía sentido que su hermana le hubiera contado algo así de vergonzoso a un desconocido el primer día de conocerlo. De hecho, ella sabía que su hermana no mencionaba a nadie que ellas venían de Itomori, y menos iba a hacerlo con alguien que estaba recién conociendo. ¿Y su hermana le contó de sus problemas mentales a Taki? Eso era ridículo ¿Entonces cómo lo supo él?
Yotsuha concluyó que ese chico tenía que saberlo de alguna otra fuente. ¿O acaso ellos dos le estaban mintiendo y se conocían desde mucho antes?
Ella estaba segura de jamás haber visto a ese chico antes. Era imposible que Mitsuha y él se hubieran conocido en Itomori. Mitsuha no tenía novios, públicos ni secretos, ni cuando estaban en Itomori, ni después de eso.
Excepto…
Recordó aquella extraña vez en el año 2013, justo el día antes del festival y de que cayera el cometa. Ese día su hermana le dijo que tendría una cita con un chico en Tokio, y no fue al instituto. Se fue de Itomori temprano por la mañana, se perdió durante todo el día, y llegó esa noche llorando a casa de su abuela, despeinada, y tan deprimida que le había pedido a su abuela que le cortara el pelo. Y al día siguiente su hermana estuvo en la cumbre de la locura. Una locura genial, pues convenció a su padre de evacuar a todo el pueblo, justo antes de que el cometa cayera. Pero su hermana había actuado durante todo ese día como una enajenada, en cualquier caso. Ese día, hasta su abuela se dio cuenta de lo loca que estaba. Su abuela siempre ignoraba los raros comportamientos de Mitsuha, aunque ella la acusaba cada vez que podía, pero ese día su locura fue tan extrema e impresionó tanto a su abuela que incluso fue a ver a su padre, con quien estaba peleada y no se veía desde hacía años, solo para hablar de Mitsuha con él.
Yotsuha pensó que lo que sea que le pasó a su hermana ese día en Tokio debería ser algo clave. ¿Con quién fue esa cita de su hermana para enloquecerla así? ¿Era con Taki?
Taki. Ese chico era mayor que ella, pero se veía más joven que su hermana. Calculó que debía tener no más de 23 años. Con lo que Taki tenía que haber tenido unos 13 a 14 años cuando su hermana visitó a ese misterioso novio de Tokio. Si Mitsuha tenía 17 en ese entonces, era imposible que ellos fueran novios. No, no podía ser Taki. Su hermana tenía que haber ido a ver a alguien más.
¿Tal vez Taki era el hermano menor del novio de Mitsuha? Pero si fuera eso ¿Por qué su hermana nunca se lo había contado? ¿O por qué no se lo habían dicho anoche? Eso hubiera sido simple de creer y no requería tantos rodeos ni misterios. No tenía sentido que le hubieran ocultado algo tan pedestre. También descartó esa idea. Lo que pasaba a su hermana tenía que ser algo distinto.
Y de pronto una idea hizo clic en la mente de Yotsuha. Sus ojos se abrieron de sorpresa, y volvió a mirar el papel que tenía aún en sus manos ¡La cuerda! ¡Todo tenía que ver con la cuerda! De pronto, todo le pareció tan obvio que se enojó consigo misma por nunca haberlo pensado antes.
Cada vez que su hermana despertaba como una loca en Itomori ¡ella no usaba su cuerda! Era como si cada vez que Mitsuha no usaba su cuerda, ella se trastornaba.
Recordó que, durante sus días de locura, Mitsuha no usaba su cuerda en su cabello y salía despeinada como una enajenada, o en el mejor de los casos usaba un descuidado elástico y una cola de caballo mal hecha. Esos días se comportaba de las formas más raras. En cambio, a la mañana siguiente, cuando volvía a ser la hermana mayor modelo, ella usaba la cuerda kumihimo de su madre para amarrar su pelo en forma perfecta, y entonces actuaba normal y sensata.
Cerró sus ojos y se esforzó en recordar el día del cometa: en aquel día de su máxima locura, su hermana tampoco había usado su cuerda. Ella estaba segura, pues la vio en la tarde a la salida de su colegio sin que la estuviera usando. Pero cuando Yotsuha la volvió a ver esa noche en la oficina de su padre, Mitsuha traía la cuerda amarrada en el cabello como una diadema, y sin duda había vuelto sus cabales; su hermana estaba magullada, con las rodillas raspadas, con la ropa llena de tierra y hasta tenía golpes en la cara, pero no tenía signos de estar trastornada.
Yotsuha nunca había logrado saber dónde había ido su hermana esa tarde ni qué le pasó cuando la dejó con Tesshi y Saya en la mitad de la calle. Lo único que ahora sabía era que Mitsuha la loca le arrebató la bicicleta a Tesshi yendo a alguna parte sin su cuerda, pero volvió siendo Mitsuha la chica normal y venía con su cuerda. ¿Pero porque ella venía herida y golpeada, como si hubiera luchado con alguien?
Lo que ella sí tenía claro era que, desde esa noche, su hermana jamás se había separado de su cuerda de nuevo y jamás había perdido la cordura… hasta anoche. Y lo primero que ella había notado cuando su hermana entró al departamento era que venía con el pelo suelto y sin su cuerda. ¡Sin su cuerda! Porque su hermana se la había pasado a Taki. Le pasó a un desconocido la cuerda de la que ella jamás se separaba. Eso no tenía sentido.
Recordó de nuevo el papel con el raro mantra que le pasaron y lo releyó. La frase "La cuerda es la clave" comenzó a martillar en su mente ¿Acaso la falta de la cuerda, esa cuerda que su hermana había heredado de su madre, de alguna manera era la razón que le hacía a su hermana perder la memoria y la razón? Tenía que serlo. Anoche llegó sin su cuerda, y actuaba de nuevo como una lunática.
Yotsuha se lamentó de nunca haber pensado en eso antes. Por años intentó descubrir qué le pasaba a su hermana, y cuál era la razón de esos arrebatos de locura. Y ella sentía que la respuesta le acababa de llegar en la forma de un acertijo, escrito de puño y letra de su propia hermana loca, en uno de sus últimos y más raros episodios de su locura.
Tenía que averiguar qué había pasado con la cuerda de Mitsuha. Y si se la había dado a ese chico, tenía que hacer que él se la devolviera, para que ella recobrara la razón.
Lo bueno era que Mitsuha le había dicho que esta noche iban a cenar juntas y que ese chico loco también iba a cenar con ellas en el departamento. Era una oportunidad única.
Yotsuha decidió que tendría que hacer algo hoy mismo para recuperar esa cuerda, lo que fuera necesario y a cualquier costo, antes que su hermana se volviera loca para siempre.
§
Mitsuha y Taki fueron a dejar a sus amigos a la estación de trenes, y luego fueron caminando a un supermercado cercano al departamento de Mitsuha, a comprar los ingredientes para la cena de esa noche, una cena que se habían prometido para celebrar su reencuentro y que además compartirían con Yotsuha.
La tarde había sido intensa, pero ahora se sentían mucho más aliviados y relajados.
—…fue una conversación difícil, pero ahora estoy feliz de que sepan la verdad. Siento que me saqué un gran peso de encima —concluyó Mitsuha.
—Me siento igual —la secundó Taki—. No esperaba verlos hoy, pero fue genial poder reencontrarme con los chicos. Y tienes razón de que hacen una buena pareja.
Llegaron al supermercado, pero Mitsuha se detuvo un segundo, pensando a qué pasillos debían ir, y qué cosas necesitaban comprar. No lo había pensado antes. Decidió que dependía de los gustos del invitado principal.
—¿Qué quieres cenar hoy, Taki-kun?
—Cualquier cosa que hagas estará bien para mí. Nunca he podido probar cómo cocinas en serio. O sea, cuando yo cocinaba siendo tú no eras tú, así que no vale.
—Yo también quisiera probar lo que tú cocinas. En Itomori me metiste en problemas más de una vez por tus recetas exóticas, tanto que ahora quisiera probarlas.
—¿Cómo así?
—Porque cocinabas cosas raras, supongo que del estilo de la comida que hacían en el restaurant. Yotsuha varias veces me preguntó al día siguiente que dónde yo había aprendido a cocinar esos platos raros, y ¡yo ni siquiera sabía qué platos eran!
—Sí, eran platos del restaurant. En ese tiempo lo que sabía preparar no era la gran cosa, pero con el tiempo creo que he mejorado un poco y aprendido algunos trucos nuevos. Oye ¿y si hoy yo cocino para ustedes?
—Pero eso sería injusto. Yo te invité a mi casa a cenar, no a trabajar.
—A mí me encantaría cocinar para ti. Para ustedes. Y además te puedo enseñar algunas de esas cosas que aprendí en el restaurant.
—¿En serio? Está bien, siempre y cuando la próxima vez cocine yo.
A Taki le encantó la idea de pensar en la próxima vez. «Quiero tener muchas próximas veces contigo. Todas las que pueda», pensó.
Taki le explicó los ingredientes que necesitaba, mientras recorrían los pasillos. Mitsuha se sentía encantada de ir caminando por el supermercado al lado de Taki, mientras empujaban el carrito del supermercado. Estando con él así sentía que eran como una familia.
—Oh, casi lo olvido, me gustaría comprar algo especial para el postre —recordó Taki.
—¿Especial? Pero si me lo dices arruinarás la sorpresa.
—Oh, especial, pero no para ti, sino para Yotsuha.
—¿Eh?
—Sé que a ella le gustan los helados. Y una vez me pidió un helado de una marca que recuerdo. Me gustaría poder comprar un helado delicioso y de esa misma marca, para el postre.
—Ya veo, claro, y eso seguro facilitará las cosas con ella. Tú viste que hoy Sayaka estaba preocupada por nosotros, y por eso fue una conversación bastante difícil. Imagina entonces como puede resultar con mi hermana, que no solo está preocupada, sino que ha estado asustada y con un nivel de estrés por nosotros mil veces mayor, así que todo lo que podamos hacer para que se sienta más cómoda tiene que ayudar.
—Tú la conoces mejor que yo, y más como es ella es ahora siendo mayor. ¿Crees que nos escuche de buena gana?
—Puede hacerlo, pero a veces es muy temperamental. Hay que convencerla de que lo haga. Va a ser más duro que con los chicos.
Terminaron las compras y volvieron al departamento a eso de las cinco. Yotsuha aún no había regresado. Mientras Taki preparaba la cena, ellos charlaban mezclando temas del presente con recuerdos del pasado que habían compartido.
§
Durante la tarde Yotsuha continuó caminando sin un rumbo fijo, ensimismada en sus pensamientos respecto de las ideas que acababa de descubrir. Salió de la universidad y comenzó a caminar por las calles de Tokio, rezumando lo que había descubierto.
Se cruzó por accidente con un centro comercial. Quiso distraerse al menos por un rato del extraño descubrimiento que había hecho esa tarde. Pensó en comprar algo de ropa y libros que necesitaba para el instituto. Pero a diferencia de otras ocasiones, en un par de minutos descubrió que no se sentía de ánimo para recorrer las tiendas o dar más paseos. Decidió volver al departamento de su hermana de inmediato.
A medida que se acercaba al departamento, no podía dejar de pensar que su hermana, la cuerda trenzada de su madre y ese chico estaban conectados de alguna manera perversa. La frase "la cuerda es la clave" se repetía en su mente como un mantra.
Ya estaba oscureciendo cuando llegó afuera del departamento. Se acercó a la puerta y escuchó risas adentro. Ellos ya estaban ahí.
Abrió la puerta con sigilo y se escabulló dentro. Escuchó como Mitsuha y Taki conversaban de forma animada. El aroma a comida que flotaba en el aire le hizo desear ir de inmediato a la cocina, pero la oportunidad de descubrir más pistas la detuvo. Se quedó escuchándolos a escondidas, espiándolos en silencio.
—…bueno, tienes que agradecer que Sayaka te ayudara —decía Taki riendo—. Cada vez que me equivocaba en algo ella casi me golpeaba.
—Es tú culpa, yo te dije que tenías que cuidar la falda.
—Aunque tengo que reconocer que usar falda es muy fresco. Pero no es para nada práctico. No podía hacer casi nada sin que me metiera en problemas. Aunque ganaste muchos admiradores por esa razón, supongo.
—¡¿Eh?! Ese no era el tipo de atención que quería ganar, tonto —y ambos se rieron de buena gana.
Yotsuha escuchaba esa extraña conversación apegada al muro, junto a la puerta de entrada. Estaba perpleja. Lo que decían sonaba sin sentido, pero ¿Taki conocía a Sayaka? Entonces ellos tenían que haberse conocido después de Itomori, cuando todos ellos vinieron a Tokio…
Pero lo siguiente que escuchó llegó a la consciencia de Yotsuha como un mazazo.
—Una vez encontré la solución ideal al problema de la falda —continuó Taki—. ¿Te acuerdas cuando construimos el café de troncos con Tesshi y Saya? Yo apenas si podía cortar la madera con el serrucho por culpa de tu falda, y Saya casi me tacleó cuando puse el pie sobre el tronco, porque se… bueno, tú sabes…
—Es que no puedes hacer eso con falda, menos si estaba ahí Tesshi mirándote. ¿En qué estabas pensando?
—Bueno, supongo que en una idea genial. Llamé por teléfono a Yotsuha y le pedí que me trajera tus pantalones de gimnasia a cambio de comprarle un helado. El de esa marca que trajimos para ella. Y te juro que después que me puse tu pantalón, descubrí que usar pantalón y falda al mismo tiempo es por lejos lo más cómodo para trabajar. Cortaba los troncos el triple de rápido.
—¿Usar falda y pantalón al mismo tiempo? ¡Pero eso no es nada femenino! Menos mal que Saya nunca me contó...
Yotsuha quedó helada «¿Taki me pidió que le llevara pantalones? ¿Para cortar troncos? ¿De qué está hablando?… pero si él nunca había hablado conmigo… pero si yo a él nunca…».
Y de pronto un recuerdo se le vino de golpe, uno que le erizó todos los pelos del cuerpo.
Cuando ella aún vivía en Itomori siendo una niña de nueve años, recibió una llamada de Mitsuha. Pidiéndole que le llevara el pantalón de buzo de su instituto a cambio de un helado. Y ella se lo llevó a su hermana a una parada de buses, donde Sayaka Natori y Katsuhiko Teshigawara, compañeros de instituto de Mitsuha, estaban junto a su hermana fabricando una especie de mesa y sillas rústicos con unos troncos. Y ella se había quedado ahí con ellos, y vio con sus propios ojos cómo su hermana se puso los pantalones bajo la falda. Vio cómo su hermana cortaba los troncos. Y fue su hermana la que le compró un helado tal como le había prometido por teléfono. Ella había estado ahí acompañando a su hermana toda esa tarde, mirando cómo trabajaba. Y estaba por completo segura que estaban solo ellos cuatro: Mitsuha, Saya, Tesshi y ella. Ahí nunca estuvo Taki. Nunca vio a Taki, nunca la llamó Taki. Jamás habló con él. Pero…
Entonces una revelación la golpeó: se dio cuenta ese día del que Taki y Mitsuha hablaban, cuando ella fue a esa parada de buses en Itomori a dejarle los pantalones que le había pedido su hermana, ese era justo uno de aquellos días donde su hermana se comportaba como loca. ¡Y su hermana no estaba usando la cuerda en su cabello!
La revelación le llegó como una onda de choque: esos días en que su hermana actuaba como loca, lo olvidaba todo, y se comportaba rara… ¡Ella no era su hermana!
Taki lo acababa de confesar. Era él quien la había llamado a ella para pedirle el pantalón. Pero si ella había hablado con Mitsuha, significaba que… Mitsuha parecía ser su hermana por fuera, pero por dentro era alguien más ¡Era… algo más! Esa chica que parecía ser su hermana, sonaba como su hermana, y la trataba como su hermana ¿Era… Taki? ¿Él la estaba controlando? ¿Quién era Taki? ¡¿Qué era Taki?!
¿Pero cómo podía ser ese chico? Eso era imposible. A menos que ese chico que ahora estaba aquí con ellas no fuera un simple chico. Tal vez fuera un simple cascarón, también controlado por algo o alguien más. Y tal vez ese algo era lo que poseía y controlaba a su hermana cuando ella enloquecía en Itomori…
¡Ese algo no podía ser humano! ¡Lo que su hermana sufría tenía que ser el poder de algún tipo de ente, algún tipo de demonio capaz de controlar y posesionarse de las personas, o de las chicas jóvenes como su hermana!
La sorpresa de tal revelación hizo salir un grito de horror de la garganta de Yotsuha que apenas si pudo contener tapándose la boca.
La conversación en la cocina se interrumpió. La habían escuchado.
—¿Yotsuha? ¿Eres tú? —preguntó su hermana desde algún lugar de la cocina.
Ella miró alrededor sin saber qué hacer. Si se daban cuenta de que ella había descubierto su secreto, ella y su hermana estarían en el mayor de los peligros. Tal vez ese monstruo las atacaría, o les secuestraría su alma, o…
Tenía que hacer algo ¡Y tenía que salvar a su hermana!
Se giró hacia la puerta, la abrió haciendo ruido y se paró bajo el marco, simulando como si recién estuviera llegando.
Justo a tiempo. Mitsuha se asomó al pasillo de entrada con un paño de cocina en las manos.
—Oh, bienvenida, hermana. Te estábamos esperando. Y llegaste en buen momento, ya casi terminamos de cocinar.
—Ho-hola hermana, sí, acabo de llegar —respondió Yotsuha con nerviosismo.
—Ve a dejar tus cosas y lávate las manos, cenaremos en un par de minutos —le pidió con una sonrisa.
Mitsuha volvió a la cocina, dejando a Yotsuha temblando en el hall. Había estado cerca. Pero ahora, ¿qué hacía? No podía dejar a su hermana ahí con ese monstruo.
Caminó con lentitud, hasta asomarse a la cocina. Vio a su hermana de espaldas, lavando algunos trastos. ¡No estaba usando su cuerda! Taki entonces la vio y la saludó.
—Hola Yotsuha, bienvenida.
—Ho-hola.
—Hoy cociné algo especial para ustedes, espero que les guste.
Yotsuha lo examinó mientras él volvía a sus tareas en la cocina sin prestarle atención. Y de pronto la vio: ¡Ese demonio estaba usando la cuerda trenzada de Mitsuha como una pulsera!
Supo que era verdad que su hermana le había entregado la cuerda a ese demonio. Ese demonio estaba de alguna manera controlando de nuevo a Mitsuha, la estaba manipulando. Era la única explicación que encontró para el repentino ataque de locura que su hermana estaba teniendo desde ayer, y eso explicaba ese repentino y enfermizo amor que mostraba su hermana a esa persona, o ese ente, que no podía ser sino un total desconocido.
Pensó que su hermana a ratos parecía ser ella misma, pero ese monstruo le debía estar lavando el cerebro y controlando de alguna manera, pues lo afectuosa y cariñosa que su hermana estaba actuando con ese desconocido era algo imposible de explicar de otra manera. Esa no era de verdad su hermana en pleno uso de razón.
Caminó despacio a la habitación de invitados, escuchándolos. La pareja siguió conversando de cosas irrelevantes. Se dio cuenta que ellos habían cambiado de tema. Le estaban ocultando la verdad. Pero ahora ella sentía que lo sabía todo.
Entonces Yotsuha se dio cuenta de que este demonio había estado secuestrando y poseyendo a su hermana desde el tiempo en que ellas estaban en Itomori. Desde hacía años. Eso lo explicaba todo. Y cuando Itomori fue destruido, de alguna manera ese ente había quedado atrás. Tal vez fue porque ellas se fueron de ahí y vinieron a Tokio. Por eso ellas habían estado por más de ocho años en paz, libres de él. Mitsuha había estado mucho mejor, actuando razonable y normal.
¡Y eso explicaba por qué su hermana había llegado llena de magulladuras a la oficina de su padre en Itomori, hacía casi nueve años! La noche anterior mientras su abuela le cortaba el cabello, su hermana no tenía su cuerda ¿La había perdido? ¿Se la habían arrebatado? Y como no la tenía, no la usó al día siguiente en el peak de su locura. Pero cuando su hermana entró esa noche a la oficina de su padre, ella la traía de vuelta atada a su cabello, pero con claros signos de haber luchado con alguien. ¡Tal vez había luchado con ese mismo demonio, logró vencerlo, recuperó su cuerda y, con ella, su cordura!
Y ahora, nueve años después, esa cosa las había encontrado de nuevo, y se había acercado a Mitsuha en forma de un amistoso y apuesto chico desconocido; su hermana había caído embrujada por sus encantos y le había entregado su cuerda. Y ahora ella estaba actuando como una desquiciada de nuevo.
Yotsuha sintió que su estómago se retorció. Sintió que iba a perder a su hermana; si ese demonio ahora comenzaba a controlarla en forma permanente, la iba a perder para siempre. Ella no podía permitirlo. Decidió que tendría que separarla de ese demonio a como diera lugar, tenía que hacer que ese demonio dejara de controlarla, pero… ¿Cómo?
Tenía que ser por la cuerda. Yotsuha razonó que ese demonio le estaba quitando la cuerda a su hermana a propósito, para controlarla. Ella tenía que quitársela y devolvérsela a su hermana. La vida de su hermana dependía de ello.
Dejó sus cosas en la habitación, pero se quedó con su ropa de calle. Si tenían que escapar del departamento, era mejor estar vestida así.
Fue al baño y se mojó la cara. «Piensa, piensa, ¿cómo lo hago?», se preguntaba Yotsuha.
No tenía ningún plan ¿Tendría que arrebatarle la cuerda por la fuerza? Tembló ante la idea. Ese demonio con apariencia de chico con facilidad pesaba el doble que ella. Era un par de cabezas más alto que ella, y quién sabe qué poderes demoniacos podría tener.
Salió del baño en el momento que Mitsuha y ese demonio se estaban sentando a la mesa. Se quedaron mirándola, invitándola a sentarse.
Yotsuha miró la mesa. Taki estaba en la cabecera, en la silla del lado de la sala. Mitsuha estaba sentada a su lado, de lado de la cocina, y había un tercer puesto al otro lado de Taki, frente a su hermana, entre la mesa y la ventana. Le habían dejado ese puesto para ella. Ahí estaría al lado del monstruo y, además, estaría atrapada contra la pared. Tenía que evitarlo.
Caminó a la mesa, al puesto que le habían asignado, y apenas estuvo al alcance de los cubiertos y su vaso, los tomó y se devolvió sobre sus pasos, sentándose al lado de su hermana, del lado de la cocina.
Mitsuha y Taki se quedaron mirándola extrañados. Mitsuha solo suspiró. «Todavía debe estar nerviosa por lo de ayer», pensó. «Va a ser difícil contarle la verdad». Todo había resultado bien con Saya y Tesshi, pero sintió que con su hermana iba a ser lejos más difícil.
—Bueno, no dejemos que esto se enfríe. Gracias por preparar la cena para nosotras, Taki —agradeció en forma animada Mitsuha, intentando distender el ambiente.
Mitsuha tomó tres platos y comenzó a distribuir porciones de la comida que estaba en una fuente en la mesa.
—Eh, Taki ¿está bien si mezclamos los dos tipos de comida en un mismo plato?
—Supongo que no es un problema, pero es mejor comer las cosas frías y calientes por separado.
—Ah, ya veo ¿Entonces?
—Primero comamos la comida caliente, antes que se enfríe.
Yotsuha miró la comida con recelo. Eran unas cosas redondas, como bolitas del tamaño de un pulgar, cubiertas con una salsa roja. También había una ensalada que tenía vegetales trozados, queso, aceitunas. Estaba claro que esa no era comida normal japonesa. Taki notó su mirada.
—Esos de ahí son ñoquis. Llevan una salsa que se llama boloñesa. Es salsa de tomates, carne y especias. Es una receta italiana. Y la de ahí es una ensalada griega.
Mitsuha repartió tres porciones de "ñoquis", y le pasó un plato a Yotsuha. Ella miró la comida con dudosa atención ¿estaría embrujada? ¿Estaría envenenada?
—Eh, tú sabes usar el tenedor, ¿verdad? —le preguntó Taki, pensando que esa era la razón de su duda—. Si no te acomoda, está bien usar palillos.
—Sé cómo usar el tenedor —respondió en forma seca Yotsuha.
Ella espero a que su hermana y el chico comieran primero. Después de unos segundos, ellos seguían vivos. Supuso que al menos la comida no estaba envenenada.
Con una precaución inusual, Yotsuha probó primero la salsa, y luego una de las bolitas. Era blanda y se deshacía en forma cremosa en la boca. En realidad, era deliciosa, pero era una comida rara. No supo identificar de qué estaban hechas esas bolitas, y no quiso preguntar.
Además, ¿Qué tipo de demonio era este? ¿Uno que seduce a las chicas con comida? No podía bajar la guardia.
Ella siguió comiendo, en un estado de extrema tensión. Sentía que al menos su intento de disimular su nerviosismo estaba dando resultado.
Mitsuha y Taki comían en silencio. Yotsuha notó que parecía que querían decirle algo. A ratos ellos cruzaban miradas, y a ratos la miraban a ella con disimulo. Y solo se estaban limitando a comentarios triviales durante la cena.
Cuando terminaron los ñoquis, Mitsuha sirvió la ensalada. Yotsuha recibió su plato y tuvo la rara sensación de que había visto un plato así antes, hacía mucho tiempo. La probó, y el sabor reactivó recuerdos que llevaban dormidos por años: era el mismo sabor de las raras comidas que su hermana preparaba cuando estaba poseída por ese demonio en Itomori, en 2013. Sabía rico, pero sin duda era la misma comida maligna que solo ese ente podía preparar en esa época.
Un nudo se formó en la garganta de Yotsuha, y no pudo seguir comiendo. Si tenía alguna duda de que éste era el demonio que había estado posesionándose de su hermana desde hacía tantos años, ahora esta comida era la última prueba que necesitaba.
Tenía que actuar ahora o nunca. Su mirada volvió a la cuerda en la muñeca del Taki. Pero él se percató.
—¿Te preocupa que yo tenga esta cuerda? —preguntó Taki.
Yotsuha dio un pequeño respingo y palideció. Ese demonio se había dado cuenta ¿qué hacía ahora?
—No te preocupes —le dijo Mitsuha, pensando que su hermana actuaba así solo por un tema sentimental con la cuerda de su madre—. Sé que es de las pocas cosas que tenemos de mamá. Y de Itomori. Es muy valiosa para nosotras ¿verdad? Pero, ahora quiero que la tenga Taki.
Tragando saliva con dificultad, Yotsuha intentó preguntar con la voz más inocente posible.
—¿Me… dejarías mirarla… por favor?
—Claro.
El demonio al parecer no sospechaba de sus intenciones, porque desató la cuerda de su muñeca y se la entregó sin ningún asomo de duda.
Yotsuha la recibió en sus manos con una ola de alivio. La mitad de la tarea estaba lista, ahora necesitaba que su hermana la recuperara y la usara.
Ella confiaba en que su hermana recuperaría su memoria, y saldría del control de ese demonio si volvía a usar la cuerda. «La cuerda es la clave», pensaba ella una y otra vez. Teníe que ayudarle a recobrar la razón; así su hermana se daría cuenta qué tipo de demonio tenían frente a ellas, podrían escapar y ponerse a salvo. Pero tenía que evitar que ese demonio se los impidiera.
Tomó la cuerda con fuerza en su mano y se paró con suavidad de la mesa, de la forma más casual que pudo.
—Disculpen, necesito algo de la cocina.
Con el rabillo del ojo vio que ninguno de los dos le puso demasiada atención. Ahora era el momento.
Fue hasta a la cocina y buscó con la mirada por encima de los muebles y en el lavaplatos. No estaba a la vista. Entonces abrió en forma silenciosa la cajonera donde guardaban los cubiertos y encontró lo que buscaba: un cuchillo de cocina, grande y afilado, con una hoja de unos 30 centímetros de largo y con un grueso mango negro. Lo sacó con cuidado con la mano izquierda, sin hacer ruido, y lo escondió detrás de su espalda, llevando la cuerda en la mano derecha.
Comenzó a caminar despacio, de vuelta a la mesa, y pasó por detrás de su hermana. Cuando llegó al lado de Taki, él la miró algo extrañado. ¡Ahora!
Yotsuha movió su brazo izquierdo con violencia y puso el filo del cuchillo en el cuello a Taki.
El chico dio un grito ahogado, sorprendido al ver la cara de Yotsuha, que tenía una expresión entre terror y furia. La mirada de Yotsuha era asesina. La sensación cortante del cuchillo en su garganta y la sorpresa del ataque lo dejó congelado, con las manos en alto, sin poder moverse.
Mitsuha levantó la vista ante el movimiento inesperado de su hermana, y también quedó congelada por la sorpresa.
—¡Maldito demonio! Si haces cualquier movimiento ¡te rebano el cuello! —gritó Yotsuha—. ¡Mitsuha! ponte tu cuerda en tu pelo, rápido, por favor ¡Ahora!
Yotsuha le alargó la mano derecha poniendo la cuerda frente a Mitsuha.
—Yotsuha, ¿Qué estás haciendo? ¡Deja ese cuchillo!
—No, hermana, haz lo que te digo, te amo, acuérdate de mí, soy tu hermanita, soy yo, Yotsuha ¡Solo ponte la cuerda en el pelo y vas a estar bien! La cuerda es la clave, ¿lo recuerdas? Tú lo dijiste anoche ¡Es la clave!
—Yotsuha, yo no… —intentó protestar Taki.
—¡Cállate demonio!
Mitsuha estaba aterrada. Si Taki o ella hacían cualquier cosa que sobresaltara más a su hermana, ella podía reaccionar y matar a Taki en este mismo lugar. Tomó la cuerda de la mano de su hermana, se sacó el accesorio que estaba usando en el pelo, y con las manos temblorosas comenzó a arreglar su cabello con la cuerda.
—Está bien, Yotsuha, mírame, me estoy poniendo la cuerda, ¿ves? Pero baja ese cuchillo ¡Por favor! Bájalo…
—No hasta que estemos a salvo…
—Estoy haciendo lo que me pediste, pero por favor, hermana, deja ese cuchillo, ¡no le hagas daño a Taki!
—¿No lo entiendes? ¡Él te está controlando! Solo ponte la cuerda, Mitsuha, solo hazlo y verás de nuevo todo claro ¡tienes que recuperar tus recuerdos!
Mitsuha terminó de amarrar la cuerda en su pelo y puso sus manos al frente con las palmas abiertas, donde las viera Yotsuha.
—Ya está, ya está, ya lo hice. Por favor, déjalo ahora, hermanita, por favor no le hagas daño a Taki ¡Por favor!
—Ven conmigo, Mitsuha, tenemos que salir de aquí.
Yotsuha tomó a Mitsuha del brazo con la mano derecha, y la tiró para que se parara de la mesa en dirección a la puerta del departamento. Mitsuha no se atrevió a contradecirla, y se puso de pie moviéndose sin ofrecer resistencia.
Taki solo estaba quieto, transpirando y respirando en forma agitada, mirando con temor a la chica y al cuchillo, sin atreverse a hacer ni siquiera un sonido.
Yotsuha colocó a su hermana detrás de ella y comenzó a moverse milímetro a milímetro hacia atrás, preparándose para escapar, pero sin sacar el cuchillo del cuello de Taki.
—Mitsuha, cuando yo de diga, corre a la puerta y busca ayuda.
—Pero Yotsuha, yo estoy bien, Taki no me ha hecho nada malo, nada…
—¡Hazlo como te digo, hermana!
—Está bien, lo haré, pero júrame que no vas a hacerle daño ¡Por favor, no lo mates, Yotsuha! —la voz de Mitsuha estaba quebrandose, poniéndose a llorar.
—Hermana, ¡este es un demonio que te está controlando! Te ha estado controlando desde hace años, cuando estábamos en Itomori. Sí, lo descubrí, sé que eso se posesionaba de ti desde antes del cometa y por eso actuabas rara. Nunca fuiste tú, era esta cosa que parece un chico amable. ¡Yo los escuché cuando entré al departamento, se hacía pasar por ti e incluso me engañó a mí, y me pedía cosas! Pero te vas a poner bien, Mitsuha, ya tienes tu cuerda, vas a recuperar tus recuerdos ¡Y ahora me aseguraré que este demonio no pueda controlarte ni hacerte daño nunca más!
Taki y Mitsuha abrieron sus ojos con asombro y horror. Ellos sabían que Yotsuha desde siempre se había dado cuenta que su hermana actuaba rara. Y todo lo acontecido en las últimas 24 horas la habían llevado a sacar una conclusión que era en cierta forma tan cercana a realidad… ¡pero al mismo tiempo tan equivocada! Y eso estaba a punto de costarle la vida a Taki.
—¡No, Yotsuha, él no es un demonio! ¡es Taki! ¡Es un ser humano como nosotras! Y yo lo amo, ¡Yo lo amo! Si lo matas ¡me vas a tener que matar a mí también!
Yotsuha quedó tan desconcertada con la declaración de Mitsuha, que no pudo evitar girar su cabeza hacia atrás para mirar a su hermana por una fracción de segundo…
Taki, desesperado, aprovechó esa distracción y se dejó caer hacia la ventana, alejando su cuello del filo del cuchillo, al mismo tiempo que su mano derecha tomaba la muñeca de Yotsuha y con la izquierda intentaba arrebatarle el cuchillo por el mango.
El rápido movimiento de Taki atrapó por sorpresa a Yotsuha, quien intentó contrarrestar la acción alejando su brazo y tirando hacia atrás todo su cuerpo, pero no pudo evitar que el cuchillo saliera despedido de su mano.
Taki cayó al suelo junto con la silla de forma aparatosa, golpeándose la espalda entre el muro que estaba bajo la ventana y el suelo. El cuchillo salió volando y cayó detrás de la mesa. Por la contra reacción que hizo Yotsuha, ella se liberó del agarre de Taki, pero salió despedida hacia atrás, chocando con Mitsuha, que estaba detrás de ella. Ambas cayeron sentadas en el suelo.
Mientras caía, Yotsuha seguía pensando en salvar a su hermana.
—¡Ahora! ¡Escapa Mitsuha!, corramos…
En cuanto llegó al suelo Yotsuha quiso incorporarse de un salto, pero Mitsuha fue más rápida que ella y la abrazó con fuerza por la espalda. Yotsuha quedó con su cuerpo y brazos atrapados.
—¡No! Hermana, suéltame ¡Tenemos que escapar ahora, suéltame, escapemos! Mitsuha, corre, por favor…
Yotsuha intentó forcejear y zafarse, pero no pudo contra el fuerte abrazo que le daba su hermana. Mientras intentaba detenerla, Mitsuha luchaba por ver en qué estado estaba Taki.
—¡Taki! ¿Estás bien? ¿Taki? ¡Dime algo! —gritó Mitsuha entre sollozos, desperada intentando ver a Taki, que estaba moviéndose algo aturdido en el suelo.
Taki se puso a toser mientras se incorporaba con dificultad, apoyándose en la mesa. Hizo un gesto de "estoy bien" con el pulgar mientras que con la otra mano se tocaba la garganta, temeroso de encontrar su propia sangre. Pero su mano estaba seca. Había salido ileso, sin ningún corte, pero estaba aporreado, agitado y asustado.
—Es…cof… estoy bien…cof.
Yotsuha vio al chico incorporarse. Sentada en el suelo, le pareció un gigante. Todo había fracasado. Su propia hermana la había traicionado. La cuerda no había funcionado. Su hermana no había recuperado sus recuerdos como ella creía, y todavía estaba bajo el control del demonio. Y ese demonio ahora lo sabía todo.
«Este es el fin», pensó Yotsuha. Bajó su cabeza y cerró los ojos con fuerza. Sintió como las fuerzas de su cuerpo la abandonaron. Se puso a llorar en silencio. «Mitsuha, hermana, te fallé. Perdóname», pensó en silencio. Sabía que ahora iba a morir a manos de ese demonio. O tal vez algo peor; ya no había nada que hacer.
Pero Mitsuha la siguió abrazando, llorando al lado de ella, hablándole con la voz quebrada a su oído.
—Yotsuha, Yotsuha, perdóname, perdóname ¡debí contártelo todo antes! ¡Te lo debí haber contado en cuanto lo supe! Y estabas sufriendo sola… ¡perdóname!...
Los segundos pasaban, y la muerte no llegaba. Yotsuha levantó la cabeza con debilidad, y entre las lágrimas vio como Taki se desplomaba en una silla del comedor, intentando respirar y recuperar el aire. Taki devolvió la mirada Yotsuha, que ahora lo miraba con temor, llorando indefensa.
—Yotsuha, no vuelvas a hacer eso —le rogó Taki con una voz ronca—. Soy una persona de carne y hueso, y si me hubieras enterrado ese cuchillo, me hubieras matado. Te prometo que te lo vamos a explicar todo ahora. Todo. Pero por favor, no vuelvas a hacer eso…
Mitsuha se estaba calmando, aliviada de ver a Taki ileso, y como sentía que su hermana no estaba resistiéndose ni intentando luchar, decidió aflojar un poco su abrazo. Con voz cansada, intentó hacerla entrar en razón.
—Hermanita, ayer y hoy he sido siempre yo misma, todo el tiempo, solo yo…; perdóname si te asusté. He estado rara, pero hay razones y te voy a contar todo ahora. Te voy a soltar, pero prométeme por nuestra madre que no vas a hacer nada malo, prométeme que no vas a atacar a Taki, ni a mí, ni vas a escapar ¿Está bien? Prométeme que nos vas a escuchar, que vas a escucharlo todo, hasta que terminemos de hablar, de contártelo todo. Por favor hermanita, ¡prométemelo! ¡Por favor…!
Yotsuha había perdido toda la adrenalina de la batalla, y se rindió. Ya no tenía fuerzas para escapar, ni para luchar.
—Está… bien... está bien… lo… prometo, Mitsuha…
—Te amo, hermanita. Todo va a estar bien. Ahora todo va a estar bien…
