Pasaron diez minutos en que Taki solo se quedó sentado en una silla del comedor, en silencio, mirando a las chicas. Mitsuha seguía sentada en el suelo, entre la mesa de comedor y la sala, en el mismo lugar donde había caído junto a su hermana. Estaba apoyando su espalda en la parte trasera del sillón. Entre sus brazos y piernas estaba Yotsuha, con sus ojos cerrados, sus brazos caídos sobre sus piernas y apoyada en el pecho de Mitsuha.

Mitsuha le acariciaba el cabello, cantando con suavidad una de las tonadas que ellas usaban en el santuario Miyamizu, cuando hacían las danzas rituales.

Taki pensó que esa sería una escena tierna y relajante, si no fuera porque hacía pocos minutos atrás Yotsuha casi le había cercenado el cuello porque ella creía que él era un demonio.

Mitsuha levantó la vista hacia él.

—Creo que es hora de que le contemos todo.

Yotsuha se sobresaltó. Mitsuha siguió acariciándole el cabello por un rato, hasta que se relajó de nuevo.

—Yotsuha, vamos a la sala ¿te parece? Vamos a hablar.

Ella asintió en forma débil.

Las muchachas se pararon con dificultad. Taki tuvo el impulso de pararse a ayudarlas, pero recordó que la frágil tranquilidad de Yotsuha podía romperse si él se le acercaba. No se acercaría a ellas hasta que Yotsuha lo comprendiera todo.

Las chicas se acomodaron en el sofá. Mitsuha abrazó a su hermana, y ella se quedó apoyada en su hombro, con la vista perdida.

—Yotsuha, quiero que Taki también pueda hablar con nosotras, ¿está bien si se sienta en el sillón de enfrente?

Yotsuha solo movió los ojos, mirando a Taki que seguía sentado en el comedor. Por un segundo negó con la cabeza, se detuvo, dudó y luego asintió, aunque sin demasiada convicción.

Mitsuha le hizo una seña con los ojos a Taki para que se acercara. Él lo hizo con la mayor calma y suavidad posible. Cuando se sentó, Yotsuha volvió a apoyarse en el hombro de su hermana.

Mitsuha respiró profundo, y comenzó a hablar con suavidad.

—Todo esto que ha pasado comenzó hace muchos años. Ni Taki ni yo sabemos la razón exacta. Él es una persona normal, igual que yo. Bueno, somos normales excepto por esto que nos pasó. ¿Recuerdas a quién honrábamos en el santuario de Miyamizu?

—Sí, a Musubi —la chica frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver eso con ellos? ¿Y con Taki?

—Cierto, Musubi. Ese era el nombre que toda la gente usaba, el que la gente recordaba. Nuestro dios es Shitori-no-kami Takehazuchi-no-Mikoto. Es el dios de los tejidos, del tiempo y de los vínculos. Por eso nosotras, las Miyamizu, nuestra madre, nuestra abuela, y nuestros ancestros, por cientos de años tejíamos nuestras cuerdas kumihimo, en honor a él.

Taki se acomodó atento. Había cosas que nunca había entendido y era primera vez que las escuchaba.

—Pero el santuario Miyamizu no honraba al dios de los tejidos por casualidad. Ahora entiendo parte de las leyendas de la familia. Itomori no era un lago común. El cometa que cayó en 2013 también había caído 1200 años antes. El santuario era una forma de recordar que nuestro dios había ayudado a la familia Miyamizu y a la gente de Itomori. Pero todo ese conocimiento se perdió con el gran incendio de Mayugorô. Nadie recordaba eso, ni nuestra abuela, ni mamá. Nadie lo sabía. Yo ahora lo entiendo, porque vivimos de nuevo la caída del cometa.

Yotsuha se giró y se quedó mirando a su hermana a la cara. ¿Qué tenían que ver los dioses y cometas con todo esto? Cada vez estaba más confundida.

—Además, nosotras las Miyamizu teníamos… tenemos un poder que yo desconocía. Mi abuela lo sabía y nunca nos lo dijo. Ella lo tuvo. Nuestra madre también lo tuvo. Yo lo tengo, y tal vez tú también, Yotsuha.

—¿Un… poder?

—Es una… capacidad única. Por alguna razón las mujeres Miyamizu, cuando somos jóvenes, podemos vivir las vidas de otras personas, de otros lugares, y tal vez de otros tiempos, como si fuera un sueño. No tenemos control sobre eso, solo ocurre. Y mientras vivimos un día de la vida de otra persona en su cuerpo, esa otra persona vive nuestro día en nuestro cuerpo, también como si fuera un sueño para ella. Un intercambio de vidas, de alma. Y como se vive como un sueño, esas experiencias duran un tiempo, pero al final tanto nosotras como la persona con quien cambiamos de cuerpo, terminamos olvidando la experiencia. Tal vez todo eso ocurría porque éramos sacerdotisas de Shitori-no-kami. Es lo único que se me ocurre.

Yotsuha se irguió, con los ojos muy abiertos y la cara desencajada. Miró a su hermana, luego miró a Taki, y luego de nuevo a su hermana.

—Eso… eso… quiere de decir que tú, que él… que ustedes…

—Sí, Yotsuha. A mí me pasó con Taki. Como un mes antes de que cayera el cometa, él y yo comenzamos a vivir dos a tres días de la semana siendo el otro. Despertábamos en el cuerpo del otro, y duraba hasta que nos dormíamos. Mientras yo vivía su día siendo Taki en Tokio, él vivía mi día siendo yo en Itomori.

Yotsuha estaba boquiabierta. Lo que su hermana le estaba diciendo de pronto parecía tan claro, tan obvio, que no entendía como nunca pudo siquiera sospecharlo.

—Entonces…. entonces… ¿él… Taki… no es… un demonio? —los ojos de Yotsuha comenzaron a llenarse de lágrimas.

—No, él es un chico de carne y hueso. Es tan humano como tú o como yo, Yotsuha.

—Y yo… y yo… casi lo… yo iba… ¡perdón! ¡No lo sabía! ¡perdón…! —Yotsuha llevó sus manos a la boca, y copiosas lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. La sensación de culpabilidad la abrumó.

Mitsuha volvió a abrazar a su hermana, que enterró su cara en el pecho de su hermana.

—Lo sé hermanita. Lograste intuir muchas cosas, más de las que jamás me imaginé. Pero no era lo que pensabas. Y estoy feliz que… que no haya pasado nada grave. Todos estamos bien ¿verdad?

Mitsuha comenzó de nuevo a acariciar el pelo de su hermana, hasta que comenzó a tranquilizarse de nuevo.

Yotsuha se secó las últimas lágrimas con la mano, cabizbaja. Comenzó a comprender por qué su hermana había actuado tan raro todo ese tiempo. ¡Había un chico dentro de su cuerpo! Por eso este chico, Taki, no tenía idea de nada, de dónde estaba nada en su casa, ni de dónde ir, ni cómo comportarse como una chica o…

Una imagen nítida se formó en sus recuerdos. Yotsuha se puso roja, luego levantó una mano temblorosa hacia Taki y… lo acusó.

—Entonces… todas esas mañanas… cuando mi hermana se ponía rara… eras tú… eras tú y… ¿tú eras el que le toqueteaba los pechos?

—Agh —se quejó Taki, «¿Por qué siempre tienen que recordar eso?», pensó—. Es que, es que… ¡Lo siento, no lo podía evitar!

—¿Todas las mañanas? —Mitsuha miró a Taki con los ojos entrecerrados.

—Sí, eh, no, este… ¡Por favor, soy un chico, no podía evitarlo, es…!

Yotsuha, aún con el dedo levantado apuntando a Taki, estalló de risa. Toda la tensión acumulada la hizo reír a carcajadas, doblándose, afirmándose el estómago.

—Ja, ja, ja, ja, Taki, él te… ja, ja….

Al final Mitsuha y Taki terminaron contagiándose de la risa.

Cuando se calmaron un poco. Mitsuha miró severa a Taki.

—Me dijiste que había sido solo una vez.

—Y tú le dijiste a tu hermana que soy de carne y hueso ¿verdad? Pero ahora… nosotros somos… —Taki se detuvo. Miró a Yotsuha, y no supo si era conveniente darle ahora esa noticia. Miró a Mitsuha, quien en sus ojos mostraba que comprendió lo que él quería decir, aunque luego bajó la vista y se sonrojó. Claro ahora… sería diferente.

—Bueno, bueno, además de esos groseros errores de Taki —continuó Mitsuha, levantando la cara e intentando recuperar el temple—, tengo que reconocer que Taki logró, más o menos, vivir como yo. Pero al día siguiente, cuando yo despertaba de nuevo siendo yo misma, yo no sabía qué era lo que él había hecho durante mi día, y la verdad que era siempre una sorpresa lo que todos me contaban que "yo" había hecho el día antes.

—Y Mitsuha vivía mi vida esos días en Tokio —se defendió Taki—. Ella iba a mi instituto, tomaba apuntes en mis cuadernos, se juntaba con mis amigos, iba a trabajar al restaurant donde yo hacía turnos, se gastaba "mi" dinero en pasteles y en café, y hacía cosas a mis espaldas de las que me enteraba también después ¿verdad Mitsuha?

—Bueno, tenía que tener algún beneficio del trabajo duro que hacía por ti…

Yotsuha los miraba conversar, y de pronto la naturaleza de sus conversaciones comenzó a tener todo el sentido del mundo.

—¿Y esto lo sabe mi abuela? ¿O Tesshi y Saya? —preguntó Yotsuha.

—Hace un rato estuvimos con Tesshi y Saya, acá en el departamento y se los contamos. Ellos no lo sabían. Ahora tú eres la tercera persona en este mundo que lo sabe, y mi abuela… en realidad ella no lo sabe. Tal vez se lo contemos más adelante, pero nadie más lo puede saber, es un secreto entre nosotros ¿ok?

—¿Pero porqué nunca me lo contaste antes, Mitsuha? Te hubiera creído. Cuando tenía nueve años incluso me hubiera sido mucho más fácil creerles que… ahora.

—Es que… ¡era difícil! Al principio pensaba que todo eran sueños, muy reales, pero solo sueños. Después de que todos alrededor nuestro nos contaban las cosas raras que hacíamos, en especial tú y Saya, es que nos dimos cuenta de lo que pasaba era real, y no un simple sueño.

—¿Y cuándo eso pasaba, se hablaban entre ustedes? Porque siempre parecías enojada… con él.

—Eh, yo le dejaba mensajes en el teléfono a Taki. Pero no me hacía demasiado caso.

—Y yo le dejaba a tu hermana notas en su cuaderno.

—¿Y por qué mejor no se llamaban?

Taki y Mitsuha se miraron, y sus rostros se entristecieron. Yotsuha lo notó.

—Lo intentamos, y no funcionaba —respondió Taki—. La intenté llamar más de una vez, pero su número… ya no existía.

—Y… yo también lo hice, y tu número ¿todavía no tenías ese número?

—No, ese número lo obtuve recién en 2015, no lo tenía en 2013.

Un silencio se hizo en la sala. Yotsuha los miraba sin entender. «¿Cómo que no existía, que todavía…?», pensó primero confundida.

—…pero… pero si ustedes dijeron que se dejaban notas en su teléfono y todo eso, ¡claro que podían llamarse!

—Yotsuha, si hasta ahora has entendido esto y nos crees, tal vez lo que te vamos a decir sea un poco más fácil de asimilar, pero esto es lo más extraño de todo. Y tal vez lo más importante —Taki, miró el suelo, buscando las palabras que decir.

—¿Más difícil que… lo que ya me han dicho?

—Sí. Resulta, que cuando Mitsuha tenía 17 años y cambiaba de cuerpo conmigo, yo también tenía 17 años. Y no sé por qué, pero lo hacíamos en las mismas fechas del calendario. Pero ella estaba en el Itomori de 2013 con 17 años, y yo estaba en el Tokio de 2016 con 17 años. Estábamos teniendo esos cambios de cuerpo con tres años de diferencia. Yo estaba viviendo tres años en el futuro de Mitsuha. Y nunca nos dimos cuenta.

Yotsuha se quedó de una pieza. El cambiar de cuerpos lo podía imaginar, pero ¿cómo que vivían en tiempos diferentes?

—Espera, tres… pero… ¿cómo no se dieron cuenta de eso?

—Ninguno de los dos se dio cuenta. Supongo que todo era tan como un sueño, y era tan difícil lidiar con todos los detalles que significaba vivir la vida del otro, que ninguno de los dos puso atención a la fecha, al año de cada uno.

—Y por eso… los teléfonos...

—Sí, mi número de 2016 no existía todavía. Por eso, en 2013 yo tenía otro teléfono, y otro número —explicó Taki.

—Oh… y ¡el número de mi hermana había cambiado en 2016! Ahora lo entiendo… —afirmó Yotsuha, sintiéndose satisfecha de por fin haber hecho una deducción correcta.

—No, no era… no era solo eso.

—Taki, espera por favor —lo detuvo Mitsuha, intuyendo hacia a donde iba él—. Déjame explicar esto a mí.

Mitsuha miró a su hermana. Era difícil explicarlo, pero sentía que tenía que decírselo ella. Ella sentía que esto era lo más chocante de toda la historia.

—Yotsuha, recuerdas cuándo cayó el cometa ¿verdad?

—Sí, en 2013, en octubre.

—Y entiendes que Taki, el Taki con el cual yo estaba intercambiando de cuerpo, estaba viviendo nuestros intercambios en octubre de 2016 ¿verdad?

—Eh, sí, creo que entiendo eso, aunque tienes razón, es difícil de creer.

—Pues, para él en 2016, Itomori ya no existía. Había sido destruida por ese cometa tres años antes.

—Eh… bueno, tendría que ser así…, espera, pero nosotras ya estábamos en Tokio en 2016, ¿por qué no cambiaban de cuerpo en la misma época, o sea, ambos en 2013 ¿O a ambos en 2016?

—Yotsuha… nosotras ya no podíamos… porque todas nosotras, tú, abuela Hitoha, yo… habíamos… muerto en 2013. Por culpa del cometa. Ya no… no existíamos en 2016.

Yotsuha quedó en blanco. Miró a ambos, una y otra vez. Mitsuha y Taki estaban cabizbajos, como rumiando recuerdos demasiado dolorosos para poder ser compartidos.

—Her-hermana, no, eso no es posible. ¡No es posible! Acuérdate que nadie murió, todos se salvaron, tú misma estuviste todo el día diciendo que nos fuéramos del pueblo, gritándole a todo el mundo que se fueran, andabas como loca por…

De pronto, la revelación final cayó ante los ojos de Yotsuha. Ese día, ese fatídico día, ese fue el día en que más raro se comportó la Mitsuha de esa época. Como siempre, la sorprendió tocándose los pechos en forma enfermiza al despertar, pero lloraba como si se le hubiera muerto alguien, y cuando su hermana, o quién ella pensaba que era su hermana, la vio, corrió hacia ella como si hubiera visto a un fantasma, intentando abrazarla. Y esa loca, esa loca, no era su hermana, era… era Taki.

Entonces… el fantasma al que Taki veía, y las personas por las que él lloraba ¿eran su hermana y ella misma?

Yotsuha saltó del sofá y se puso de pie, con un dedo apuntando tembloroso a Taki.

—E… ese día, el día del festival, el… el día que cayó el cometa, ese día… mi hermana… no… Mitsuha eras… ¿tú? ¿Ese día eras tú?

Taki la miró con una sonrisa de alivio. Al fin ella lo estaba entendiendo.

—Sí, esa mañana, cuando tú huiste despavorida de la pieza de tu hermana, era yo. Yo fui el que les avisó que el cometa iba a caer esa noche. Yo cambié de cuerpo ese día por última vez con tu hermana, desde el futuro, desde 2016, para intentar salvarla. Para intentar salvarlos a todos de morir por el cometa como… ya lo habían hecho.

Yotsuha se volvió a sentar, desencajada. La explicación de demonios secuestra-chicas que había imaginado era magistral, pero simple. Lo que estaba escuchando ahora superaba sus más alocadas fantasías.

—Yo… no… entiendo, si tú venías del futuro, y nosotras estábamos… si ya… no estábamos… entonces, ahora… ¿cómo?

Yotsuha levanto sus manos frente a ella, mirándolas como si en cualquier segundo fuera a quedar convertida en un esqueleto. Miró a su hermana con la boca abierta, y la cara desencajada. Mitsuha imaginaba lo que ella estaba pensando y sintiendo.

—Es difícil de entender, Yotsuha. Yo misma aún lo estoy asimilando.

—Además, ni tú ni tu hermana recuerdan esto. Porque ustedes… no estaban… en un momento no estuvieron vivas en mi 2016. Yo viví hasta 2016 en un mundo donde ustedes se habían ido. Visité Itomori en ese 2016, después que se interrumpieron sin previo aviso los intercambios de cuerpo con tu hermana. Yo no sabía que Mitsuha era del pasado. Yo pensaba que ella estaba viva, pero estaba preocupado porque le hubiera pasado algo, que se hubiera enfermado o algo así. Como nuestros intercambios eran como un sueño, no recordaba el nombre del pueblo. Lo único que tenía eran recuerdos vagos, y dibujos que hice, que eran de algún lugar cerca de Gifu. Viajé a la zona y me costó muchísimo dar con el lugar. Una pareja de cocineros de un restaurant que eran de Itomori reconoció los dibujos y me llevaron allá. Solo entonces supe que algo andaba muy mal. Y supe que ella… que ustedes, habían muerto… tres años antes.

Taki miraba el suelo. Esos recuerdos de esa realidad paralela, que no estaban en la línea de tiempo actual, seguían siendo reales para él. El dolor del recuerdo se reflejaba en su cara.

—Después de ver con mis propios ojos la destrucción en Itomori, fui a una biblioteca a investigar… y encontré un grueso libro negro con los nombres de todas las víctimas del cometa Tiamat de 2013. Estuve buscando página por página. Había cientos de nombres de muertos y desaparecidos. Más de 500 personas. Hasta que las encontré. Todas ustedes… estaban muertas.

Yotsuha miraba perpleja a su hermana. Llevó las manos frente a su cara, y comenzó a frotarlas. Ella estaba viva, podía verse, podía sentirse ¿Cómo podía estar muerta? ¿Acaso todos estos años que había vivido después del cometa eran un sueño?

Mitsuha recordó su propia confusión y dolor cuando comprendió que había muerto, estando en la cima de la montaña. Abrazó a su hermana, quien seguía mirando sus manos mientras la frotaba, sin comprender.

—¿Pero… cómo? Pero… si… nosotras estamos… vivas… ¿verdad? Mitsuha ¿Estamos vivas? ¿Estamos… de verdad estamos…

—Sí, Yotsuha, sí, ahora estamos vivas.

—Pero… ¿cómo?

—Porque Taki hizo un gran sacrificio. Después de lo que nos contó, fue al templo del dios de la montaña. Tomó de mi kushikami sake, el que había quedado ahí en 2013, y Shitori-no-kami le permitió volver por última vez al pasado para cambiarlo, para salvarnos.

—De hecho, yo llevé ese kushikami sake al templo de la montaña contigo, Yotsuha. Yo fui quien llevaba a abuela Hitoha en mi espalda, bueno, con el cuerpo de Mitsuha.

—¿Qué tú hiciste qué? —Mitsuha estaba asombrada. Nunca había sabido de eso. Se imaginó a ella misma llevando a cuestas a la abuela, y le pareció ridículo, es que eso no lo haría jamás… una chica.

—Bueno, tú sabes que tu cuerpo era mucho más débil que el mío, me costó mucho acostumbrarme a él, pero de alguna manera lo logré. Al menos tu abuela agradeció la ayuda —replicó Taki con una sonrisa.

El chico se quedó de nuevo en silencio, hundiéndose en sus recuerdos. Luego miró de nuevo a Yotsuha y continuó.

—Recuerdo ese día, cuando fui junto a tu abuela y contigo, Yotsuha. Ella nos dijo algo, que no creo que le hayas puesto atención. Cuando llegamos al templo de la montaña, ella nos dijo: "este es el inframundo, para entrar aquí, deben dejar la mitad de ustedes en este lugar, algo valioso". Entendí que esa mitad eran sus sake kushikami. El tuyo y el de tu hermana. Y en 2016, yo estaba desesperado, yo quería…; No, yo necesitaba volver a ver a Mitsuha, y recordé su sake. Si quedaba algo de ella en el universo, era su mitad, era ese sake que estaba en el templo de la montaña. Así que subí y lo encontré. Y supe que todo había sido real, que no era mi imaginación, ni una locura, ni un sueño. Y bebí el sake kushikami de tu hermana. Caí inconsciente y, de alguna manera, Musubi me permitió volver a ser ella por última vez. Me permitió volver a vivir ese día del festival, para advertirles a ustedes que el cometa que iba a caer esa noche, que ustedes se tenían que ir de ahí, y así podría salvarlas.

Yotsuha se quedó mirando a Taki, boquiabierta.

—Ese día tú… fuiste tú… ¿tú nos salvaste?

—Fui yo quien les dijo a Tesshi y Sayaka lo que pasaría. Se lo dije a la abuela también. Y a ti, a todos a quienes pude, pero nadie me creía. Tú no me creíste. Aunque tu abuela sí me creyó, pero… creo que sirvió de mucho, supongo.

Yotsuha recordó ese día, y entonces todo tuvo sentido.

—Ella sí te creyó —habló Yotsuha, con la vista en el suelo, recordando ese momento—. Esa tarde, a pesar que llevaba años sin hablar con papá, y aunque supongo que ellos se odiaban, ella me llevó a la oficina de papá, y le fue a pedir que, si tú ibas, si Mitsuha iba, que por favor te escuchara, que por favor te creyera. Ella repitió lo que tú le habías dicho, que el cometa iba a caer. Ella creía… en ti. Pero parece que tú ya habías ido donde papá más temprano, y él no te había creído, dijo que estabas loca, y que abuela estaba también loca, y no la escuchaba.

—Cierto, fui temprano en la tarde a ver a tu padre para pedirle ayuda, justo antes de que me encontrara contigo y, es verdad, no me creyó. No solo no me creyó, intentó llamar a un hospital siquiátrico para que me encerraran o algo. Me enfurecí tanto que lo tomé del cuello, y él se dio cuenta que… que yo no era Mitsuha. Tuve que escapar de ahí. Por eso cuando te vi más tarde, cuando venías saliendo de tu colegio, me sentía deprimido, derrotado y desesperado ¿Lo recuerdas?

—Entonces por eso papá me miraba con temor cuando volví a su oficina esa noche —pensó en voz alta Mitsuha—. Sentí por un segundo que pensaba que no era yo. Pero, de alguna forma, me reconoció.

Yotsuha asintió boquiabierta. Los hechos de ese día, todas las cosas raras que nunca entendió, y los misterios de ese día comenzaron a disiparse. Ella misma especuló por mucho tiempo qué era lo que había pasado ese día, sin entenderlo del todo. La prensa entera de Japón planteaba extrañas teorías conspirativas. Resulta que sí había una conspiración ¡La de Taki y su hermana intentando salvar a todos!

—A media tarde parecía que nada iba a funcionar. Por eso estaba tan deprimido cuando te vi, Yotsuha, y justo nos encontramos con Tesshi y Saya a la salida de tu colegio.

Yotsuha miraba a Taki boquiabierta.

—Pero los amigos de Mitsuha sí me creyeron. Y me ayudaron. La ayudaron a ella. Ellos de verdad te querían, y aún te quieren, Mitsuha. Así que fue con ellos que ideamos el plan para salvarlos a todos. Fue Tesshi quien tuvo la idea de volar la subestación eléctrica de Itomori con los explosivos de construcción de la empresa de su padre. El plan era producir un apagón para que hubiera una emergencia real, y que entonces Sayaka secuestrara las frecuencias de la radio de emergencia para ordenar la evacuación de todos hacia el instituto Itomori, donde yo sabía que todos estarían seguros. Porque conocía lo que ocurriría desde 2016.

—¿Fueron… todo eso lo hicieron… ustedes? —de pronto, todos esos extraños eventos de ese día se veían con una claridad meridiana para Yotsuha.

—Era lo que estábamos intentando, porque nadie más me escuchaba —Taki, bajo la vista, recordando la amargura de ese momento, cuando la angustia de no poder cambiar el destino lo abrumaba—. Yotsuha, esto último que acabas de escuchar no lo puedes contar a nadie, bajo ninguna circunstancia. Es un secreto. Nuestro secreto ¿lo entiendes, Yotsuha? La seguridad de Tesshi, Saya y de tu hermana dependen de que nadie jamás se entere.

—Claro, lo entiendo. Jamás se lo diré a nadie —Yotsuha se quedó pensativa, recordando ese día—. Pero… recuerdo que espantaste hasta a mis amigos de la escuela con tus gritos, y justo llegó Saya y Tesshi. Y dijiste algo rarísimo, que alguien más estaba en la montaña, y le quitaste la bicicleta a Tesshi y te fuiste… y no volví a ver…te hasta que entraste a la oficina de papá.

—Yo me fui en la bicicleta de Tesshi a la montaña, al templo del dios. Me di cuenta que mi cuerpo, mi cuerpo de Taki estaba allá, bueno… en 2016, Mitsuha tenía que estar en ese momento en mi cuerpo, y necesitaba su ayuda, necesitaba hablar con ella, ¡necesitaba verla! Yo había fracasado en convencer a la gente, fracasé con su padre, y pensé que ella sí podría hacerlo, ella sí podía convencerlos a todos. Mitsuha los conocía a todos ustedes, y ella sí habría convencido a tu padre, o incluso a ti, Yotsuha.

—Taki, yo no creo que hubiera logrado convencer a papá tampoco. No fue tu culpa. Yo ni siquiera hablaba con él —ella intentó levantarle el ánimo. Podía imaginar la frustración que él sintió.

—Tal vez hubiera sido igual. No lo sé. Pero el hecho es que fui a la montaña. Logré llegar a tiempo. Justo en el ocaso, en el kataware doki, Mitsuha y yo de alguna manera misteriosa nos encontramos. Y cada uno volvió a su propio cuerpo y logramos vernos a pesar de estar separados en el tiempo y el espacio ¡Pudimos vernos y hablar! Y después cada uno volvió a su propio tiempo. Tu hermana volvió a ser ella misma y volvió con ustedes para completar el plan. La que bajó de la montaña y entró a la oficina de tu padre era tu hermana.

—¿Por eso tú… Mitsuha, venías llena de arañazos y barro?

—Sí, esa noche tuve que correr montaña abajo a oscuras. Me tropecé y caí varias veces —aclaró Mitsuha.

—Yo creí que… tú habías… luchado contra Taki, para recuperar tu cuerda —Yotsuha se sintió avergonzada. Ahora se daba cuenta cuán equivocada había estado.

Mitsuha y Taki se miraron en silencio. Taki pudo imaginar todo el temor acumulado de Yotsuha, y cómo los hechos tan fuera de lo común la habían llevado a semejante conclusión.

—Creo… entenderte, Yotsuha. No te culpes por eso. Yo también ya había tropezado y caído en el cuerpo de tu hermana cuando iba hacia la montaña. De hecho, perdí la bicicleta de Tesshi en un barranco y también casi caigo en él; lo siento, Mitsuha, hubiera… te hubiera herido. Pero era una situación desesperada.

—Lo sé, pero no pasó nada. Está bien.

Taki dejó escapar un suspiro de alivio al pensar en todos los peligros que habían sorteado ese día. Le sonrió a Mitsuha, agradecido por su comprensión.

—Y después de que me encontré en la montaña con tu hermana, ella también corrió muchos riesgos esa noche, y fue gracias a todo su esfuerzo y el de sus amigos, que todos pudieron salvarse esa noche. Tu hermana, Tesshi y Saya son los verdaderos héroes, porque ellos lo hicieron todo. Y sus amigos lo hicieron por ella, no por mí. Ellos no sabían que yo era un chico de Tokio. No sabían que yo estaba ahí, dentro de ella. Y por eso ustedes están vivas aquí ahora. Porque ella y sus amigos, tuvieron éxito donde yo no lo tuve.

Mitsuha sonreía con la vista puesta en Taki, recordando aquellos momentos épicos de desesperación y esperanza.

—Pero —continuó Taki— los dioses fueron crueles con nosotros. Con Mitsuha y conmigo. El precio que tuvimos que pagar, por salvarlos a todos fue… que… olvidamos todo lo que habíamos vivido. Todos nuestros intercambios, nuestras experiencias, nuestros nombres, los recuerdos compartidos, y… que nos queríamos.

Taki sintió lágrimas que querían escapar de sus ojos al recordar ese momento.

—En ese momento cuando estábamos en la montaña, durante el crepúsculo, en el kataware-doki, tú Mitsuha desapareciste en un pestañeo. No pudiste escribir nada en mi mano. Y yo me quedé solo en la montaña. Intenté recordarte, recordar tu nombre, y sentí como tus recuerdos iban siendo desgarrados de mi memoria, hasta… olvidarte. Incluso intenté yo mismo escribir tu nombre, y no pude. Grité, lloré, pero no pude recordar. Tú… todo… se había ido.

—Y yo también lo olvidé todo —continuó Mitsuha—. Esa noche mientras corría entre la gente en el festival de Itomori, gritándoles que evacuaran, de pronto olvidé tu nombre. Y olvidé mis experiencias en Tokio. Olvidé que eras tú el que me estabas ayudando a salvarnos… también sentí ese desgarro en mí, y el dolor de olvidar lo que más me importaba. Solo sabía que existías, que alguien existía, que había alguien muy importante para mí. Todo lo demás lo olvidé por más de ocho años, pero… en mi corazón mis sentimientos por ti se mantuvieron, sin saber quién eras. Todos estos años yo quería encontrarte, sin saber quién eras. Tú eres mi héroe —dijo Mitsuha, con los ojos humedecidos—. Eras mi héroe, pero te había perdido…

Mitsuha levantó su mano derecha, con la palma frente a su cara, mirándola, en ese gesto que había repetido casi como un reflejo por años, cuando despertaba en las mañanas, llorando sin saber por qué, y mirando su mano intentando ver algo sin saber qué era.

—Pero tú, Taki, cuando nos vimos en la montaña, tú sí pudiste escribir en mi mano ¿Por qué no escribiste tu nombre?

—Yo intuía que íbamos a olvidarnos. Había estado pasando por eso desde que se interrumpieron nuestros intercambios, y también cuando llegué a buscarte a Itomori, a ratos tu nombre y tu recuerdo iban y volvían, como el recuerdo de un sueño. También me lo dijo tu abuela esa mañana cuando volví a ser tú. Esos sueños de los intercambios se olvidaban con el tiempo, incluso de forma abrupta. Algo me decía que, si lograba salvarte, eso nos iba a pasar. Y si ponía mi nombre sin que recordaras quién era yo, no serviría de nada, y eso suponiendo que mi nombre no desapareciera de tu mano, como sabes que también podía pasar; entonces escribí lo único que podía decirte, algo que yo quería que supieras, algo que quería decirte con desesperación, y que quería que recordaras si sobrevivías, lo más profundo que yo sentía...

Una lágrima comenzó a deslizarse por la mejilla de Mitsuha.

—Que me amabas.

—Sí. Era lo que quería decirte.

—No sabes cuánto sufrí por eso. Miraba mi mano y sabía que alguien lo había escrito. Que había alguien que me amaba, y que yo amaba a esa persona, pero no podía recordar quién era. No podía recordar que eras tú.

Taki intentó calmar sus propias emociones. Sentía que sí seguían hablando, iba a terminar llorando de nuevo. Respiró profundo, y miró de nuevo a Yotsuha.

—Y así fue que nosotros nos olvidamos, Yotsuha. Nunca pudimos recordarnos. Tu hermana me olvidó desde octubre del año 2013. Yo la olvidé desde octubre del año 2016. Y estuvimos todos estos años buscándonos, buscando a alguien que queríamos, sin saber quién era. Estos años fueron amargos, frustrantes. Hasta ayer. Ayer vi a tu hermana en el tren, y ella también me vio, y algo en nosotros reconoció al otro. O sea, sabíamos que nos conocíamos de alguna manera. Que éramos esa persona a quién buscábamos. Pero tampoco podíamos recordar porqué…

—Porque nuestros recuerdos estaban bloqueados. Hasta que logramos recordar que ambos habíamos tenido la cuerda de mi madre.

Mitsuha se desató el pelo y puso la cuerda a la vista de todos.

—Justo el día antes del festival, viajé a Tokio ¿te acuerdas, Yotsuha? Te dije que iba a una cita. En realidad, iba a buscar a Taki. Quería verlo. Quería conocerlo en persona. Y lo encontré, pero él no me conocía. Porque al Taki de 2013 todavía le faltaban tres años para intercambiar cuerpos conmigo y así saber quién era yo. Pero yo no me di cuenta de eso, y como él me ignoró, pensé que me odiaba, o que… quería a otra chica. Pero, algo me hizo sentir… que él… que él era importante, y en una corazonada, le di la cuerda de mamá. Esta cuerda.

—…y yo tuve esa cuerda por tres años. No sabía por qué, pero sentía que era muy valiosa. Era mi cuerda de la suerte. Hasta que se la devolví en 2016 a tu hermana, cuando nos encontramos en lo alto de la montaña durante el kataware-doki, justo antes de salvar a la gente de Itomori.

—Y esta cuerda fue la que ayer en la noche nos ayudó a recuperar la memoria. Nuestra memoria juntos… de haber vivido vidas intercambiadas, de salvar a Itomori y… de amarnos.

Un silencio se hizo en la habitación. Taki y Mitsuha habían removido todos sus recuerdos y todos sus sentimientos para explicarle a Yotsuha la verdad de su relación, y eso les hizo comprender el valor de cada uno, y el sacrificio que cada uno de ellos habían hecho por el otro. Ellos se miraron, y el sentimiento de gratitud y amor por el otro se sentía en el aire.

Yotsuha los miró, y como un desgarro sintió que era una estúpida. Había sido una niña estúpida. De pronto, el poema-hechizo que la noche anterior que le había entregado su hermana cobró sentido. Ese papel era la historia, casi textual, de su relación. Una declaración poderosa si podías conocer el contexto de los recuerdos de ellos. Y si ellos se habían olvidado antes, ahora ella podía entender su miedo y su desesperación de la sola posibilidad de volver a olvidarse. A olvidar que ellos se amaban. Entendió la desesperación de su hermana… y la de Taki.

Y ella, recién, ella había estado a punto de matar al verdadero amor de Mitsuha, al verdadero héroe que las había salvado a todas ellas, a su familia, y a todos los habitantes del pueblo.

Ella había pensado primero que Taki Tachibana era un depravado, luego que era un desquiciado, y al final que era un demonio, y por eso estuvo a segundos de degollarlo. Y resultaba que él era alguien importante…; no, no solo era una persona importante. Él era un héroe. Un héroe para la familia Miyamizu. Y para todo Itomori. Y nadie, salvo cinco personas, lo sabían.

Entonces entendió lo que desde el primer momento le había dicho su hermana: que Taki era una persona muy importante para ella. Su hermana tenía razón.

Yotsuha se sentía horrible. Se puso de pie, y por un segundo miró a su hermana, y luego a Taki. Se sintió mareada, y cayó de rodillas entre ellos, con las manos en el suelo y la cabeza agachada, sin ser capaz de mirarlos. Cerró los ojos mientras grandes lágrimas comenzaron a brotar, entre sollozos.

—Yo fui… yo… soy… muy estúpida. Hoy casi… casi te maté, Taki. No sabía quién eras. No podía… imaginar quién eras, y no podía imaginar quién eras… para mi… hermana. Pensé que… eras un monstruo, pero… el monstruo… en realidad… el monstruo era yo. Por favor… perdónenme ¡Por favor perdónenme! ¡Por favor…!

Mitsuha bajó al lado de su hermana, le tomó la mano, le ayudo a enderezar su cuerpo y la abrazó.

Yotsuha, sintió como el calor del abrazo de Mitsuha la consolaba. Pero sentía que no podía mirarla. Cerró los ojos mientras seguía sollozando con suavidad. Y de pronto, sintió un segundo cuerpo, delgado y más fuerte, que las abrazó a ambas. Abrió los ojos, y vio que Taki las abrazaba con cariño.

—Yotsuha, yo sé que no soy nadie para decirte esto, pero el poco tiempo que viví contigo, tú fuiste mi hermana, mi hermanita pequeña. Y te quiero mucho. No eres un monstruo. Eres la mejor hermana que Mitsuha podría tener. Eres valiente y estás dispuesta a todo para protegerla. Eres la mejor hermana que ella podría tener jamás.

—Y tú eres mi hermana y te amo, te amo —agregó Mitsuha, apretando su frente en la cabeza de Yotsuha—. No podría tener otra hermana mejor que tú, nunca lo olvides. Por favor nunca lo olvides. Y te perdono, te lo perdono todo.

Los tres se quedaron en silencio abrazándose con sus ojos cerrados, intentando mostrar su amor mutuo. Yotsuha seguía sollozando, pero ahora la culpa, la incertidumbre el miedo que había sentido comenzaron a irse de su corazón.

Mientras ellos se mantenían en ese abrazo catártico, sin que ellos se percataran, una tenue y traslucida figura de una bella mujer joven apareció a su lado.

La mujer, delgada y de largo pelo negro, los observaba sonriendo, vistiendo una blanca chaqueta kosode de amplias mangas y un pantalón rojo hakama. El traje tradicional de las sacerdotisas Miko de la familia Miyamizu.

La mujer bajó hacia los tres y los envolvió en un inmaterial abrazo, irradiando una tenue luz a su alrededor.

Los chicos sintieron como un suave calor los envolvió. Era una sensación extraña, pero tan acogedora, que solo pudieron quedarse quietos con sus ojos cerrados, disfrutando ese momento. Se sentían plenos, como que todo lo que alguna vez había faltado ahora estaba ahí. Todo el dolor, el miedo y la angustia que habían sentido y acumulado desde hacía tantos años se desvanecían, arrastrados por esa calidez.

Ellos no lo sabían, pero lo que sentían era el inefable calor del amor materno.

La mujer se separó con suavidad de ellos y los observó con ese amor que solo una madre puede entregar. Una voz inaudible para el oído humano, pero que llegaba directo a sus corazones, surgió de sus finos labios.

—Bien hecho, mis amores. Yo ahora cuidaré que nadie ni nada pueda arrebatar vuestros recuerdos y el amor que se profesan. Nadie ni nada los podrá hacer olvidar, nunca más.

Futaba Miyamizu cerró los ojos, juntó sus manos frente a su pecho en posición de oración, y comenzó a recitar una plegaria sintoísta, mientras su figura se iba disolviendo en forma gradual hasta desaparecer.

Ahora, todo encajaba en su lugar. Después de una larga separación en el tiempo y el espacio. Mitsuha y Taki reencontraron ese futuro esquivo que por tanto tiempo les fue arrebatado, el futuro donde ellos podrían caminar juntos.

Con la protección de Futaba y de Shitori-no-kami, sus sentimientos y sus recuerdos ahora estaban a salvo. Su futuro ahora solo dependía de ellos mismos.


Comentarios finales del autor

Gracias, estimado lector, por llegar al final de esta historia.

Como este es el primer fanfic que he hecho, agradeceré si puede dejar en los review sus impresiones, ideas, comentarios y sugerencias de cosas que podrían mejorarse en la historia.

Espero que la historia haya respondido satisfactoriamente algunas de las preguntas abiertas que deja la película "Your Name". Los personajes principales, Mitsuha y Taki, ahora tienen el camino por delante pavimentado para fortalecer su relación, alcanzar el matrimonio y transformarse en una familia, como se sabe que lo harán, de acuerdo a Makoto Shinkai en el cameo (canónico) de los personajes en la película "Weathering with you".

Este fanfiction fue escrito tratando de ser lo más fiel posible a la película original, a su novela ligera, al manga oficial de la película, y en especial a la novela ligera adicional "Your name. Another Side: Earthbound", de Makoto Shinkai (autor original) and Arata Kanoh (autor). Varias de las ideas, detalles y acción de este fanfic vienen o fueron inspiradas por esta última fuente.

Después de leer varios fanfic de "Your Name", he encontrado que muchas de esas otras historias están maravillosamente escritas y son muy emotivas, pero sentía que de alguna manera relatan el encuentro de la pareja y la recuperación de su memoria (si es que lo hacen) de una manera algo trivial y simple: ellos se ven el uno al otro y recuperan la memoria al instante; en otras historias ellos casi no reaccionan demasiado por recordarse, mostrando un amistoso, pero vacío "¡Genial! Por fin nos vemos de nuevo ¿Tengamos una cita y vamos por un café?".

Siento que esas aproximaciones más bien simplistas a la pregunta "¿Recuperaron su memoria?" no están en línea con el compromiso y las fuertes emociones que los personajes enfrentan durante la película, y tal facilidad no hace honor al tono de suspenso y thriller de la película Kimi no Na wa, donde los personales necesitan traspirar y sufrir para alcanzar sus objetivos.

Así que, en este fanfic, quise que ellos tuvieran que trabajar y esforzarse para recuperar su memoria. Quería que se maravillaran al recordar y comprender todo lo que habían vivido, y que se cuestionaran todo lo que tuvieron que pasar, en especial la lucha contra el destino que los mantuvo separados por tantos años. Quise que tuvieran que esforzarse de verdad por estar juntos, y que pudieran obtener un final feliz juntos luego de pelear por él.

También quise hacer un buen uso de la naturaleza paranormal que es el trasfondo de la historia de Your Name. La novela ligera adicional "Your name. Another Side: Earthbound" hace un gran salto en esa dimensión, de una manera maravillosa, en mi humilde opinión, por lo que también quise honrar esa faceta en el argumento de esta historia. Espero que hayan disfrutado el eje de "la cuerda es la clave" que guía la historia.

Espero que Ud., estimado lector, haya notado estas cosas durante su lectura, y que las haya disfrutado tanto como yo disfruté escribiéndolas.

Febrero de 2022