— ¡Ino! — Su hermano le seguía el paso por la escalera hacia el segundo piso. Sostenía su teléfono con fuerza, poniendo sus nudillos blancos.

Ino se tapó los oídos con las manos y al llegar a la segunda planta aceleró el paso hasta llegar a su habitación. Cerró los ojos con fuerza y cerró la puerta de un golpe. No alcanzó a poner el seguro porque Deidara abrió la puerta. Del susto ella retrocedió.

— ¡¿tienes idea de lo que acabas de hacer?! — tenía los ojos muy abiertos y su rostro rojo era decorado con venas en la frente.

— ¡no fue mi intención! — respondió asustada. Retrocedió unos pasos, pero al no ver para atrás acabó chocando con su cama y cayendo sobre esta. Las tablas chillaron al amortiguar su caida. Al contrario de su familiar, ella estaba mas pálida que de costumbre.

Deidara rio con cinismo — ¡¿no fue tu intención?! ¡Konan terminó conmigo por tu culpa!

— ¡ella ya tiene novio, se llama Yahiko! — Trató de defenderse. Se mordió la lengua al verlo caminar hacia ella y se arrepintió de haber hablado.

— ¡Yahiko es su ex! ¡tarada! — El rubio soltó una sonora exhalación. Miró el suelo y agarró sus cabellos. La agresividad con la que hablaba fue remplazada por tristes jadeos — Konan me gustaba desde hace mucho...

Ino miró a otro lado. Chasqueó la lengua. Entre frustrada y enojada habló — ella no te merece...

— eso... ¡eso a ti no te incumbe! — soltó sus cabellos. La tristeza se fue tan rápido como llegó. Volvió a dar paso a los gritos y la miró con ganas de matarla — ¡no tenias porque llamarla zorra!

— ¡es lo que es! ¡salía con los dos a la vez! — apretó las cobijas azules bajo ella. Quería gritarle y pegarle por ser tan estúpido, por no creerle; pero se contuvo. De tanto morder su lengua, le empezó a doler. Pasó a morder su mejilla.

— ¡él era su ex!

— ¡¿el ex con el que todavía se besa?! ¡no me hagas reír! ¡fue el propio Yahiko quien me dijo todo!

— ¡Yahiko es un ardido, Konan lo dejó porque la engañó!

— ¡él no la engañó y todavía siguen juntos!

— ¡cállate! — levantó la mano e inmediatamente se detuvo. Ambos quedaron impactados.

Las lagrimas que Ino retenía salieron como cascadas — ¿i...ibas a... pegarme?

Los gritos y los jadeos se callaron de golpe. Pareció que ambos dejaron de respirar. Se vieron a los ojos, las lagrimas de Deidara también se escaparon.

— idiota... — Ino susurró. Su rostro blanco se tiñó de rojo y el de Deidara palideció — ...¡idiota!

Incapaz de contener sus impulsos le tiró lo primero que encontró. La almohada blanca aporreó a su familiar y lo hizo retroceder.

— ¡¿ibas a pegarme por haberte dicho la verdad?! ¡estúpido! — una segunda almohada fue esquivada por su hermano.

— no... fu-fue un impulso... — puso sus manos frente a él, tratando de atrapar los muñecos que ahora le aventaba.

— ¡Largo! ¡no quiero verte!

— Ino, cálmate... — pidió. Avanzó un paso a ella pero se detuvo en cuanto la vio con el cable del portátil en la mano.

— largo... — jadeó, antes de que su voz se quebrara por completo — ¡lárgate! — elevó el cable más arriba de su cabeza, amenazando con golpearlo con el sino se iba.

— baja eso, Ino...

— no... — movió el cable, pero no se atrevió a tirárselo o a bajarlo de la altura en la que lo tenia.

— Ino... — avanzó un paso.

— que no... — como pudo, se paró en su cama e intentó verse amenazante, pero estaba tan dolida que le fue casi imposible — te odio, vete ya...

— lo siento...

— ¡lárgate maldito cuernudo!...

— e-esta bien, me iré... pero h-hablemos después ¿si?...

Deidara, cansado y asustado, retrocedió a paso lento y sin darle la espalda, hasta salir de la habitación. Inmediatamente quedó sola, bajó de la cama y cerró la puerta con llave — te odio, te odio... — apoyó su frente contra la entrada y se permitió mostrar su dolor.

Algo se deslizó bajo la puerta y golpeó sus dedos. Chasqueó la lengua al ver su celular en el suelo. Su hermano se lo había devuelto.

Lo apretó con ira y aguantó las ganas de estrellarlo contra la pared.

— ni siquiera con los pantallazos de las conversaciones me creyó...

Con parsimonia caminó de regreso a la colchoneta. La tablas volvieron a llorar cuando se sentó. Limpió sus lagrimas con su antebrazo y se quedó perdida viendo a la nada.

— Deidara... idiota — lo insultó por milésima vez. Su rostro sin expresión — te odio... te odio...

Se acostó y miró el techo, tratando calmarse mientras masajeaba sus cienes. Pasaron los minutos, estaba logrando obtener algo de paz cuando su madre los llamó a los dos.

— ¡Niños! ¡¿por que hay jugo en el tapete?! ¡¿por que no acabaron de comer?! — gritó desde la escalera. Ambos hermanos se asustaron, tenían que darle una explicación.

...

— entonces... — la mujer rubia sostenía el puente de su nariz, estaba encorvada hacia adelante, apoyando el codo sobre sus piernas cruzadas — Ino... descubriste que Konan engañaba a Deidara y quisiste exponerla frente a él. Lo hiciste justo cuando salí a hacer unas vueltas ¿verdad? — la chica de dieciséis asintió viendo al suelo — Yo los deje en el comedor almorzando y tu aprovechaste que había salido y le mostraste las supuestas conversaciones que tuviste con el otro chico ¿correcto? — Ino volvió a asentir — y ella lo negó todo...

— Konan no hizo nada... — Intervino Deidara.

— Deidara, Ino acaba de mostrarme los pantallazos — miró a su hijo con reproche. Se cruzó de brazos.

— las fotos son reales, sé que Ino jamás editaría algo así... — miró a su hermana con brevedad. Ella permanecía ida, sin expresión alguna, mientras a él le brotaba la evidente culpabilidad — pero no creo en lo que dijo Yahiko. Konan decía que él era muy celoso. Incluso después de que terminaron él la sigue buscando...

Su hermana rio sin gracia — tu chica es buena mintiendo...

— ella no es una mentirosa...

— yo sé que lo que Yahiko dijo es verdad, pero no es mi problema. No soy yo la que modela los cuernos por toda la escuela...

— ¡Ino! — su madre la reprendió. Deidara dejó de lado el sentimiento de culpa y se llenó de cólera. Hubo un silenció. Ambos hermanos, sentados junto al otro en el sofá de la sala, apretaban los puños, queriendo aguantar las ganas de pelear. La madre volvió a hablar — después de que Konan lo negara todo, la llamaste zorra — El rostro de Ino se tensó — ella se enojó, y te aventó el jugo encima...

La muchacha no respondió. Ya fuera por vergüenza o bronca.

La señora suspiró — era la primera vez que Konan venia a la casa. Escuche mucho tiempo a mi hijo hablar de ella y cuando finalmente la conozco pasa esto... — volvió a agarrar el puente de su nariz — seré franca... le creo a Ino.

Los hermanos tuvieron reacciones opuestas. Ino sonrió victoriosa y Deidara apretó más los puños — ¡pero mamá...

Lo interrumpe — A esa niña no la conozco, pero si conozco a mi hija y ella seria incapaz de hacer algo que pudiera lastimarte — bajó la mano. Miró al rubio directo a los ojos — y tu, como su gemelo deberías saber eso.

Deidara cayó, incapaz de contradecir a su madre.

— pídele una disculpa a tu hermana — ordenó. Él quiso negarse pero no fue capaz de decirle que no a su madre.

— lo siento... — infló uno de sus cachetes. Por el rabillo del ojos vio como Ino hizo un puchero mientras se cruzaba de brazos y miraba a otro lado.

Segundos de silencio. De nuevo, su madre fue la primera en hablar — bueno, ya lo que fue, fue... — se levantó del sillón y con tranquilidad caminó a la cocina — Deidara, esa muchacha no volverá a poner un pie en esta casa y te pido por favor, que no te vuelvas a acercar a ella.

El ojiazul mordió su labio, derrotado. La rubia a su lado, se acercó a su oído y le susurró: "y eso que no le dije que por poco y me golpeas".

Antes de que él pudiera reaccionar, ella se marchó por las escaleras de regreso a su habitación. Sus mechones rubios, más blancos que los de su hermano, se movieron en zig zag con cada paso que dio. Al final perdió de vista su cuerpo al cruzar al pasillo.

El chico mordió su labio con más fuerza. Debía hablar con Konan y pedirle una aclaración. Se rehusaba a dejarla ir, ella era su primera novia y la persona por la que se interesó desde que la vio por primera vez.

No renunciaría a ella con facilidad.

Ino ingresó a su habitación y cerró la puerta. El desorden de muñecos y cojines en el suelo la disgustaron, pero no estaba de animo para recogerlos.

Prefirió hacer acrobacias para evitar pisarlos. Llegó a su cama sin haber espichado algo de su tiradero.

Soltó un suspiro cuando se acostó y después de tantas emociones en un día, se sintió tranquila.

Hasta que su teléfono vibró. Miró la pantalla.

— un mensaje de Yahiko... — se dijo en voz alta. Colocó el patrón de desbloqueo e ingresó a WhatsApp.

Aguantó una risa al leer el mensaje: "Konan me llamó, me dijo que era un desgraciado. Amenazó con llamar a la policía por acosador y difamador." Ino no lo hizo esperar por su respuesta.

"jajaja maldita loca. Pero siendo honesta, no creo que vaya a la policía. Es muy cobarde para hacer eso".

Apenas envió el texto, el visto se marcó. Se apresuró a mandar otro mensaje.

"No me siento mal por ella. Ella se lo buscó".

Yahiko tampoco la hizo esperar.

"es cierto. Ella no debió dejarme en primer lugar. Maldita zorra".

"Y ella no debió meterse con mi hermano en segundo lugar" contestó Ino, No dejó que él respondiera porque inmediatamente le envió un audio.

— ¿Quién diablos se cree que es? Piensa que se ve muy bonita con su... cabelló morado y maquillaje extravagante, y se cree muy refinada por hacer tontearías con papel... a Deidara ni siquiera le gusta el origami. — mandó el audio. Al segundo siguiente grabó otro — de hecho, la muy zorra me aventó jugo encima cuando les mostré el chat. Por suerte logre quitarme a tiempo. Sin embargo... Deidara se enojó conmigo. Peleamos muy fuerte... Lo bueno es que tuvo que pedirme perdón, mi madre lo obligó...

Se sentó y esperó a que Yahiko le contestara. Dejó el teléfono a un lado y abrazó una almohada. Introdujo su cara en esta.

— me siento mal... Konan me da igual, pero Dei... no me gusta que este enojado conmigo... — alzó la cabeza. Desde su distancia divisó una vieja fotografía pegada a la pared, rodeada de posters de celebridades e imágenes con sus amigos. Su gemelo y ella con siete años, se estaban abrazando. Él la sujetaba de los hombros y ella lo agarraba de la cintura, ambos disfrazados de príncipe y princesa, sonriendo a la cámara.

Sonrió con nostalgia. Pensar que desde hace tanto le gusta su hermano...

«Mi hermano... » una sonrisa amarga se presentó. La presión en su pecho la hizo estremecer. Se sentía culpable, tanto por los sentimientos hacia su gemelo como hacia el espectáculo que acababa de montar.

— no, Konan me da igual, quien me importa es Deidara... — trató de convencerse a si misma, pero el dolor en su pecho no le permitió hacerlo — es que... no quiero que este con nadie más...

El nudo en la garganta no le permitió seguir hablando. Apretó la almohada con fuerza.

— arme este show con ayuda del ex de Konan, necesitaba alejarla de mi chico... — fue como una bofetada a su conciencia. Él no es su chico, es su hermano y Konan es su novia. Deidara no merecía que le arrebataran a la persona que siempre le gustó y la muchacha no merecía ser acosada por su ex novio.

Sin embargo...

— no, ya es tarde. Ya los separe — se dijo. Soltó la almohada y se puso de pie. Evitando pisar algún objeto del suelo se encaminó al armario — esto me duele porque nunca había hecho nada así, pero es necesario. No dejare que me arrebaten al amor de mi vida...

Escuchó las notificaciones del celular. Decidió ignorarlo, ahora estaba ocupada en otra cosa.

— él no es mío y sufro por eso... pero tampoco quiero dárselo a alguien más... — dio unos pasos más hasta quedar frente al closet. Abrió las puertas cafés y se acurrucó a buscar algo entre unas cajas. Sacó varias, de distintos tamaños y colores. En unas tenia zapatos, en otras viejos libros, pero había una en especial, la más grande y simple de todas. Se encontraba al fondo, debajo de las demás cajas; las largas batas y gabardinas de Ino también ayudaron a ocultarla. Después de un minuto de búsqueda, finalmente la encontró.

Antes de abrirla, regresó rápidamente a la puerta y le colocó seguro. A paso igual de rápido, fue a su escritorio y encendió el portátil. Mordió su labio, ansiosa por lo que estaba a punto de hacer. Se dirigió a YouTube y colocó el volumen al máximo. Reprodujo la primera canción que vio.

Les maudits mots d'amour.

Inhaló, contuvo el aire y exhaló con temblores. Se puso de pie y ya dándole igual lo que podía dañar, pateó y tiró los muñecos y cojines de regreso a la cama o debajo de esta.

Después de tener el suelo despejado, llevó la caja al centro de la habitación. Su cuerpo temblaba. Sin querer esperar más, la destapó e introdujo sus manos. Con cuidado sacó una escultura de arcilla y la depositó en el suelo.

Suspiró, avergonzada y a la vez emocionada por lo que haría.

No era la primera vez que lo hacía, claro que no, pero siempre sentía vergüenza de tener que recurrir a esto para satisfacerse.

Jadeando, estiró su mano hasta reposarla en la mejilla de la escultura. Deslizó sus dedos hasta llegar al mentón. Ino se puso en cuatro y estiró el cuello para llegar a los labios de su obra, sin pensarlo un segundo más, cerró los ojos y le dio un beso.

Se tambaleó debido a los nervios. Le dio una segunda probada, ahora abriendo más la boca. Detestó el tacto frio, pero bastó con levantar los parpados y apreciar el rostro de Deidara para que continuara. Esparció picos por toda la figura de los labios, lentos y delicados, apenas tocando la arcilla.

— idiota... — lo miró a los ojos, principalmente al derecho, el izquierdo era cubierto por el mechón de cabello que solía usar el Deidara real — mira que hacerme llegar a esto... — su voz era triste. Hablaba casi susurrando — y todo porque soy tu estúpida hermana... esta es la única forma en la que te pudo tener...

Sus mejillas se encendieron. Comenzaba a sentir calor.

«Si cierro los ojos e ignoro el frio y el olor de la arcilla... puedo imaginar con más facilidad al Deidara de verdad ».

Tomó la liga café que sostenía su cabello en una coleta alta y la retiró, permitiendo que mechones rubios, casi blancos, cayeran hasta sus caderas.

Volvió a agacharse, dejando su trasero levantado y sus senos rosando el piso. Besó su cuello y con las manos acarició sus cabellos de arcilla.

Comenzó a respirar más fuerte. Agradecía de haber puesto la música.

— cariño... estas lleno de labial — se rio. Se separó de la escultura para observarla completa.

Ya la había besado en muchas ocasiones, por lo que tenia besos marcados en varias partes. Algunos con labial rojo, café, fucsia, morado... ahora también rosado. Se veía desgastada, con algunos rasguños y pequeñas pelusas adheridas.

Dejando de lado la suciedad, la escultura se veía muy real. Era una replica bien hecha del rostro, cabello, cuello y hombros de su chico. No estaba pintada, tenia los colores típicos de la porcelana.

Llevaba años yendo a talleres de artes. Sabia dibujar y pintar muy bien, también sabia hacer esculturas muy realistas...

Estaba orgullosa de sus capacidades, pero se avergonzaba de usarlas para esto...

Dejó de lado la pena y continuó besando la estatua. Sus ojos, su nariz, su frente, su mentón, sus orejas... todo lo besó. Cuando sintió que tenía deseos de llegar a otro nivel volvió a detenerse.

— no... — había hecho esto tantas veces, pero pese a eso... el impulso de buscar a su hermano estaba haciéndose más fuerte cada día.

Es consiente de que hacer este tipo de cosas alimenta su obsesión, es consiente de que esta enferma y muy mal de la cabeza, sin embargo, lleva años saliendo con varias personas, tanto chicos como chicas y jamás pudo dejar de pensar en su familiar. Consideró buscar ayuda de un psicólogo pero tendría que ser pagado por su madre, no podía decirle a su mamá que le pagara terapia para olvidarse del enamoramiento con su hermano.

Temía que su familia la odiara por eso...

Trató por sus medios enamorarse de otras personas o de "calmar" sus deseos con una escultura, pero nada funciona...

Y ahora que el amor de Deidara ha sido correspondido, es cuando más desesperada, más impulsiva y más enferma se siente.

¡Arruinó la relación de su hermano y fomentó un daño mental a su novia! ¡Colocó a su familia contra la pobre muchacha que solamente quería superar su relación toxica y continuar con su vida! ¡espantó a la primera novia de su hermano solo por celos! ¡se comportó como una maldita enferma!...

— ¡enferma! — cubrió su rostro con sus manos. Quiso contener las lagrimas — enferma...

Hipó unos instantes — ¿Cómo te va a gustar tu gemelo? enferma...

Toda su vida han sido choques emocionales y batallas mentales contra si misma. Esta coqueteando con alguien y piensa en Deidara, esta besando a su pareja y piensa en Deidara, esta durmiendo y piensa en Deidara, esta comiendo y piensa en Deidara ¡esta haciendo el amor con su pareja y piensa en Deidara!

Quiso vomitar.

— demasiadas emociones... — acarició su abdomen en circulos, como si con eso calmara las nauseas...

Pensó en declararse, tuvo muchas oportunidades para hacerlo, pero siempre se negó, y es que eso era lo mejor. Sabia lo asquerosa que era su situación, ella lo amaba pero no quería que se alejara de ella y declarándole su amor era lo único que conseguiría.

Esta perdida, desesperada, aterrada, asqueada. Esta enferma y lo sabe, quiere solucionar su problema pero no sabe como.

— maldición... — su voz se quebró. Miró la figura frente a ella — te quiero tanto... tanto que me duele y me arrepiento diariamente.

Tenía deseos casi incontrolables de correr hacía su familiar, besarlo y decirle que lo quería. Decirle que estaba enferma y que por favor no la odiara por eso, que la ayudara a buscar ayuda. Que intentó por años olvidarse de él y que jamás lo logró.

— no pido que me quieras, solo pido que no me odies... ni que me tengas miedo — lagrimas cayeron. Queriendo acabar con el momento de una vez, se propuso a terminar su encuentro con la escultura.

«Uno más y me despediré... »

Besó sus labios. Estaba tan inmersa en sus pensamientos que llegó a sentir que era el Deidara real. Su cuerpo se estremeció.

«Uno más, solo uno más... »

Inclinó su cabeza de medio lado y volvió a besar sus labios. Fríos, secos, prácticamente muertos...

— Deidara... — gimió. Lagrimas rodaban por sus mejillas y caían de su mentón al suelo — no sabes cuanto te quiero...

«Uno más, será el ultimo... »

Pasó su lengua, esperando que él abriera su boca y la recibiera. No pasó.

«Uno más, ahora si es el ultimo... » Se prometió a si misma.

— Deidara... — Ino lo tomó de las mejillas y repartió besos por todo su rostro. — te quiero, te quiero...

Con la respiración agitada y el rostro pintado en rojo, lentamente se paró. Miró la estatua de su hermano una ultima vez y con fuerza de voluntad la guardó en la caja.

— si él viera esto me odiaría toda la vida — mordió su labio. Con celeridad regresó la caja al armario y acomodo sus cosas — él me odiaría, sería lo más lógico... — sus manos temblaron, dejó caer una caja con libros y estos se esparcieron por el piso. Sin dejar de temblar los guardó de vuelta — me odiaría... me odiaría...

El llanto la abrazó, su cuerpo colapsó en pesares y temblores.

— me odiaría, talvez tanto como me odio yo...

Escondió su rostro entre sus palmas y se permitió quebrarse casi por completo. La música silenciaria su llanto y estaba frente al armario, lejos de la puerta, no había posibilidades de que alguien la escuchara.

— Deidara... — se abrazó a si misma, intentando consolarse — Deidara...

...

La cena transcurrió en silencio, únicamente llenado por el golpetear de los cubiertos contra los platos. Nadie se miró, se tocó o se dirigió el mínimo gesto. Todos estaban dispuestos a ignorarse.

Nadie agradeció por la comida, ni siquiera se dieron las buenas noches. Tomaron rumbo a sus habitaciones, excepto Ino, porque era su turno de lavar la losa. Al finalizar, se dirigía a su habitación para dormir. Su pieza estaba al fondo del segundo piso, seguido de la de su hermano. Pretendía llegar rápido, no le gustaba la oscuridad del pasillo. Se tranquilizó cuando vio la luz del televisor salir bajo la puerta de Deidara. Disminuyó sus pasos.

— por favor no llores, no es tu culpa... — Deidara hablaba por teléfono, Ino se detuvo para escuchar la conversación. Algo en su interior le decía con quien estaba hablando. Tuvo miedo, miedo a que solucionara su pelea con su novia y a que la descubriera escuchando.

Puso sus palmas contra la entrada y pegó la oreja. Palideció cuando escuchó con claridad como su hermano lloraba con Konan.

— no odies a Ino, ella solo quería protegerme. Yahiko la engañó, lo sé... — los gemelos tragaron saliva al mismo tiempo. Ambos asustados por distintas razones. Él porque no quería perder a su novia y no quería que odiara a su hermana; y ella porque no quería que arreglaran su conflicto y no quería perder al amor de su vida.

Enterró sus uñas en la puerta — maldición... — susurró apenas audible.

— sé que primero debió hablar conmigo en privado pero... — quedó en silencio, esperando que Konan terminara de hablar. Fue un minuto de tortura para Ino, quien ya tenía sus manos pintadas en la puerta por el sudor. Mordió su lengua para no gritar, Deidara se rio un momento — gracias, de verdad gracias por entenderla... — él lloraba, pero ahora lo hacía de felicidad. Lo que Ino más temió sucedió al final — si... hablare con mi familia y les aclarare todo. L-luego te acompañare a poner la denuncia a Yahiko por acoso...

Quiso correr y golpear lo que se encontrara. Su plan había fallado.

Les causó daño, se sentía mal por eso, pero ella solo quería impedir que le arrebataran su amor.

«En la guerra y en el amor todo se vale... » Se dijo, queriendo convencerse de que había jugado limpio y así tratando de quitarse el peso de la espalda.

Se dijo que era injusto, ella había durado años escondiendo sus sentimientos e intentando olvidarse de él, pero nunca logró nada. Y ahora que llegaba una muchacha y le quitaba lo que había atesorado con pesar toda su vida... la llenó de coraje.

Una parte de ella sabía que por mucho que se repitiera que estaba enamorada y que estaba dolida por no ser correspondida; que quería proteger a su hermano porque Konan no le daba buenas vibras o que pese a que jugó sucio lo hizo por el bien de su familiar, nada de eso era justificable. Actuó por celos, por impulsiva, por enferma.

Fue ella quien hizo trato con Yahiko para tener una conversación por chat, donde él acusaba a Konan de serle infiel con Deidara y donde ella prometía desenmascararla y proteger a su hermano. Esto se hizo con el plan de tomar pantallazos y mostrar las capturas el mismo día en que Konan visitaría la casa por primera vez, así ellos pelearían y romperían.

Era consiente de que estaba enferma y que era una persona terrible, pero quería hacerse creer que estaba enamorada y que toda acción para "proteger" a su amado, esa justificable.

De nuevo batallaba consigo misma.

Se tapó la boca con una mano, con el propósito de que no escuchara su fuerte respirar.

— si... yo también te amo.

Por tercera vez en el día se rompió a llorar. Saber que amaba a otra era doloroso, pero escuchar de sus labios la confirmación se sintió como una apuñalada en su pecho.

No quería escuchar más. Los comentarios que siguieron eran pidiéndose perdón y reafirmando cuanto se querían y lo agradecidos que estaban de tenerse.

Escuchó lo que debía escuchar y se retiró de la puerta. Con pena caminó cabizbaja, Entró a su recamara y cuando la soledad la acompañó, se mordió los nudillos para reprimir un grito.

La noche y el silencio reinaban en la casa, si ponía música a alto volumen podrían entrar a regañarla y verla en ese estado. No era conveniente que nadie la encontrara así.

El rojo pintó su rostro y sus ojos bañados en sangre derramaron su pesar. Retiró la mano de su boca y presenció sus dientes marcados en los nudillos.

Su anatomía se sacudía y hacía bailar el vestido morado que había llevado desde la mañana.

— maldición... — se puso en cuclillas, escondió su rostro entre las piernas y el pecho — si tan solo... hubiera nacido en otra familia — ya no sentía ira, o por lo menos no hacia Konan. Se detestaba a si misma, detestaba haber nacido del mismo vientre que él, detestaba pensarlo de formas vulgares, detestaba ser desgraciada para que no se fuera de su lado.

Pero luego recordó los abrazos que compartieron desde su niñez, recordó las sonrisas que le dedicó, recordó el tiempo que le dio, recordó el amor que le ofreció...

También pensó en su madre, en lo maravillosa que era por confiar en ella, en lo fuerte que fue por sacar a dos hijos adelante, en el terrible temperamento que tenía y el que ellos habían heredado...

Se retractó de lo que dijo. No deseaba haber nacido en otra familia, este era el lugar donde quería estar...

— si tan solo... no fuera tan enferma...

...

Duró una hora dando vueltas en la cama, se acomodó en varias posiciones procurando dormir. Nada le sirvió.

Agotada, se puso sus pantuflas rosadas y fue por una vaso de agua. Pasó frente al cuarto de Deidara, el televisor seguía prendido y la luz salía bajo la puerta. El vestido de pijama blanco bailaba con su cabello en cada paso, Las pantuflas sonaban al pisar. No le importó que la escuchara, esta vez no iba a espiarlo, iba a buscar algo de comer.

Pasó sin importarle el chillido de sus pisadas y se encaminó a la cocina. Iba con la idea de beber un vaso con agua, pero en cuanto vio el empaque de galletas en la alacena, se antojó de comerlas con leche.

Rompió el empaque y sacó varias galletas con chispas de chocolate. Se sirvió la leche e introdujo el postre en el liquido para llenarlo de el. Lo masticó con lentitud, pero cuando sintió el nudo en la garganta masticó más rápido, queriendo deshacerse de él. Por mucho que se llenó la boca de comida, nada fue capaz de retener su llanto.

La razón por la que no podía dormir era obvia. No dejaba de pensar en su querido.

Su amado es su mayor desdicha. La persona que más la ha hecho reír, es también quien más la ha hecho llorar.

Pensó que comiendo distraería sus pensamientos, pero parece que nada puede ayudarla.

Ni novios, ni novias, ni comida, ni sueño, ni arcilla...

Nada puede sacarle su obsesión por su hermano.

¿Algún día podrá estar tranquila? ¿podrá ser feliz cuando Deidara tenga una novia? ¿podrá verlo con sus amigas sin morirse de celos? ¿podrá verlo a la cara sin querer besarlo?

Tocó sus labios con la punta de los dedos. Apretó el vaso con la otra mano.

Siempre había querido besarlo, era el anhelo de su vida. Creó la escultura de arcilla para saciar sus deseos y no perder la cabeza, pero ni siquiera eso sirvió.

— nada sirve... — cerró los ojos con calma, las lagrima se detuvieron un momento. Le dolían los parpados, estaban hinchados. Sus lloriqueos duraron casi todo el día. — a veces pienso que lo único capaz de ayudarme seria declararme...

Su corazón se aceleró, abrió los ojos de par en par. Se rio sin gracia.

— ¿declararme y que me odie para siempre?...

Negó con la cabeza. Era una locura.

Perdió el apetito. Guardó las galletas en la alacena y la leche en la nevera. Limpió sus lagrimas y subió por las escaleras.

«Él es lindo... inteligente, atento, cariñoso, aunque tiene un temperamento explosivo... Tiene muchas ocurrencias, es bastante creativo. Siempre me sorprende con sus detalles... »

Sonrió con ternura.

«Sus cabellos rubios, más amarillos que mi cabellera, caen en cascada por su espalda; casi tan largos como los míos. Sus ojitos azules, también mas oscuros que los míos, se ven cafés cuando hay poca iluminación. Su piel bronceada, llena de tatuajes que mamá desconoce, es bellísima a la luz del sol... Deidara es como un sol... »

— entiendo porque le gusta a Konan...

Su sonrisa se hizo más pequeña.

«Ella es bonita. Tiene presencia y mucha elegancia. Sus chistes son graciosos, tiene la capacidad de simpatizar con cualquiera... Según Yahiko, obtuvo el segundo puesto en su salón, así que debe ser muy inteligente. Deidara me ha mostrado las figuras de papel que le regala, así que también es detallista... »

La sonrisa desapareció por completo. Fue remplazada por un puchero.

«El tinte morado le queda bien con su pelo corto, sus ojos cafes son tan claros que casi parecen naranjas... Se maquilla muy bonito, el delineado le sale bien... incluso su pirsin bajo el labio es lindo...Ella es linda y agradable... »

Se abrazó por los hombros. Detuvo su caminar al llegar al segundo piso.

— entiendo porque le gusta a Deidara...

Sonrió derrotada. Ella había perdido. Trató de separarlos por celos pero en el fondo, agradece no haberlo logrado. Ya no quiere tratar de engañarse. No es buena persona, ni siquiera buena hermana... armar un espectáculo y dañar gravemente a dos personas que lo único que han hecho es tratarla bien.

— ingrata... — se aborreció. Aborreció lo que sentía por su gemelo y aborreció el show que montó — maldita enferma... deberías morirte.

Dejó los brazos a sus costados y se esforzó por no volver a llorar.

Sus susurros sonaron entre cortados — ingrata, enferma y llorona...

Hubiera seguido insultándose, pero se armo de la poca dignidad que le quedaba y se aguantó las lagrimas y los insultos. Caminó por el pasillo hacia su habitación.

Algo llamó su atención.

Ya no habían luces que salieran del cuarto de Deidara, posiblemente estaba dormido.

«¿Se acostó a dormir mientras estaba en la cocina? »

La idea de declararse volvió a su mente, negó con la cabeza cuando se paró frente a su puerta.

« De todas formas esta durmiendo. No puedo hacerlo. »

Quedó pensativa y una nueva idea surgió...

«¿y si aprovechó que esta dormido y me declaro? talvez así podría estar tranquila, sabiendo que le dije mis sentimientos... »

En su mente no era tan mala idea. Sabía desde niña que su hermano tenía facilidad para dormirse rápido y caer en un profundo sueño. Difícilmente algo lo despertaría. Cuando eran más jóvenes dormían en la misma habitación y a veces por la noche a Ino le entraban ganas de ir al baño, pero no le gustaba ir sola, por lo que intentaba despertar a su hermano para que la acompañara. A veces ni siquiera sacudiéndolo de los hombros lograba despertarlo.

Rio con nostalgia. Eran buenos tiempos.

Apenas puso la mano en la perilla una pregunta le vino a la mente.

«¿y si se despertaba? »

Quiso convencerse de que era imposible, sabía que en ocasiones ni jalándole el cabello se despertaba. Pero prefirió tener un plan por si acaso.

«Si el sonido de mi voz lo despierta, diré que quería hablar con él sobre Konan. Diré que quería pedir perdón a los dos. Que Yahiko me engañó y que caí en su mentira por protegerlo...»

Era una excusa creíble, además que la mayoría de cosas que diría eran verdad. Ella si se arrepentía de lo que había hecho.

Sin pensarlo más, giró la perilla y empujó la entrada. Agradeció que la puerta no hizo sonido al ser abierta. Cerró un poco los ojos para ver mejor en la oscuridad.

— ¿Deidara? — lo llamó en susurro, al no recibir respuesta subió más la voz — Deidara — de nuevo nada. Puso un pie en la habitación y cerró la puerta sin hacer ruido. Las cortinas estaban cerradas y apenas permitían que pasara luz. Pudo divisar que no habían objetos en el suelo, solo ropa. — Deidara.— volvió a llamarlo. Se acercó a la cama y se inclinó hacia adelante.

Trató de ver si se hacía el dormido para molestarla o porque pretendía ignorarla. Necesitaba que estuviera profundamente en sus sueños para lo que iba a hacer.

Decidió correr el riesgo y hablar más fuerte. Debía parecer que de verdad quería hablar con él.

— si estas fingiendo dormir me voy a enojar. Necesito hablar contigo — habló aparentando disgusto.

Decidió correr otro riesgo.

Con la mano izquierda lo tomó del hombro y con la derecha pasó su cabello tras la oreja, debía ver bien lo que estaba haciendo. Lo sacudió con fuerza leve.

— oyeeee... — no reaccionó. Le aplicó más fuerza al moverlo — ¡no finjas que duermes!

Nada pasó. Quiso tomar un ultimó riesgo, uno que le demostraría al cien porciento que estaba en un profundo sueño.

Metió su dedo índice a la boca y lo lubricó, después lo introdujo en la oreja de Deidara y lo movió en circulos.

Deidara no habría soportado eso si estuviera fingiendo, si estuviera despierto le hubiera dado un manotazo y la amenazaría con la almohada.

Sonrió al comprobar que no despertaría. Le sacó el dedo y lo limpió con la cobija.

— Dios... de verdad tienes el sueño pesado — la ternura se presentó en sus facciones. Posicionó su mano izquierda en la mejilla de su amado, con el dedo pulgar lo consintió — hay cosas que nunca cambian...

Se acurrucó junto a la cama. En la oscuridad trató de ver su rostro.

— apenas y puedo verte...pero de todas formas, disfruto sentir que eres mío, por lo menos una vez en la vida... — habló muy bajo, siendo precavida por si llegaba a despertar.

Con su mano libre acarició los cabellos de su chico.

— tu cabello es suave... — con sus dedos fue enrollándolo — de hecho, tu pelo es lo que más resalta en la oscuridad. Que interesante...

Rio bajo. Buscó sus parpados, quería imaginar que el estaba despierto y la escuchaba.

— todo en ti es muy llamativo... Tus cabellos, tus ojitos, tu piel... eres muy brillante. En cambio yo apenas y tengo color, mi pelo rubio es casi blanco, mis ojos muy claros y mi piel casi gris... soy como un fantasma...

Su sonrisa se torció un momento. No le gustaba como se veía. Siempre tenia complejos por su aspecto, por eso usaba ropa llamativa, trataba de resaltar de alguna manera.

Pero cada vez que se deprimía, él estaba ahí... diciéndole que era linda, que antes sus ojos no era un fantasma, era una luna.

De nuevo quiso llorar, y de nuevo se contuvo.

— y tu eres un sol... basta con tu presencia para iluminar mi vida. — dejó sus cabellos y con ambas manos le consintió las mejillas. Sonrió, aguantando el nudo en la garganta — tus ojos... tus ojitos son como el cielo, brillan con intensidad cuando hablas de lo que te gusta... — se concentró en las caricias, disfrutó el contacto suave con su piel — tu piel es muy cálida...

Por más que se esforzó en retenerlas sus lagrimas salieron, aun así no dejó de sonreír.

— todo tu eres un sol, eres un cielo, eres calor... eres luz, eres primavera... eres todo el amor de este mundo...

El calor en su pecho y el aleteó de las mariposas en su vientre la estaban tentando a robarle un beso.

— ¿sabes?... no, no sabes, porque nunca te lo dije... pero hice una escultura de ti. Se ve muy real...

Se inclinó hacía su rostro.

— sucede que... te quiero tanto... tanto que me obsesioné y quise sentir que eras mío — su voz era casi inaudible. Se detuvo a centímetros de su rostro, volvió a mandar sus mechones tras su oreja para que no cayeran en el rostro de Deidara — ...Hice esa escultura para desahogar mis ganas de besarte... lo sé, que enfermo... sé que doy asco.

Sus labios temblaron cuando rozaron los de él — lo siento... siento quererte como te quiero... siento haberle hecho eso a Konan, siento haber puesto a mamá en contra de ustedes, siento haberte hecho llorar... Perdón por todo... de verdad perdón.

Parpadeó lento. Lo miró a los ojos — y perdón por lo que estoy a punto de hacer... pero estoy cansada de los besos de arcilla...

Sin contenerse más le dio un beso. Su boca temblaba, al igual que toda su anatomía. No separó los labios, solo los estiró y disfrutó del calor de la boca contraía.

Se sintió derretir. Nunca sintió su cuerpo tan caliente ni su cabeza tan ligera.

Con lentitud se separó unos milímetros, sus labios se quedaron pegados por la leve saliva. Se despegaron de a poco mientras ella tomaba pocos centímetros de distancia de su rostro. Cuando ya no lo estaba besando, sintió el impulso de repetirlo.

— te quiero... — volvió a besarlo, esta vez abriendo más los labios. Le dio un tercer beso — te quiero...

Sintió que el peso de su espalda se retiraba. Años y años aguantándose sus deseos... después de tanta espera, al fin puede tener lo que desea.

— te quiero...

«Cuarto beso... »

Contaba los besos que le daba. Quería besarlo lo más que pudiera, porque a partir de este día ha decidido alejarse de él.

«Sexto beso... »

Decidió apoyarlo, decidió que no importaba que tan infeliz fuera ella, apoyaría a su hermano en su relación y le desearía la mejor de las felicidades.

«Ocho... »

También decidió deshacerse de esa estatua. Hoy había cumplido su sueño, ya no usaría esa escultura como consuelo.

«Diez... »

No más besos de arcilla. Su máxima felicidad esta entre los labios que esta besando. Tirará esa escultura. Ya no más besos de arcilla, nunca más...

«Once... solo uno más y hasta nunca... »

Cumplió su sueño de probar la boca de Deidara y eso era suficiente para dejarlo ir. Su amor no es correspondido, ni siquiera es sabido... es un secreto que nunca nadie sabrá.

«Doce... adiós... »

— ¿Ino?... — el aliento de Deidara inundó las fosas de Ino.

Ella rápidamente se apartó. Cayó en su trasero contra el suelo, Deidara se sentó en la cama y la miró con los ojos bien abiertos.

Ambos con las bocas abiertas y sintiendo el calor del beso con la saliva de Ino. Él cubrió sus labios y ella lo vio con terror, incapaz de dar una explicación.

A veces por mucho que guardes un secreto, tarde o temprano sale a la luz...

Hola a todos! esta es mi primera publicación en Fanfiction, me siento extraña pues no se bien como funciona la plataforma a la hora de escribir jajaja. Bueno, esta no es una historia de amor, sino mas bien sobre obsesión y parafilias. No pretendo romantizar nada de lo que sucedió aquí, mi única intención es entretener.

Además de ser mi primera publicación en esta plataforma... también será la primera dedicatoria que daré.

Las personas cercanas a mi sabrán que adoro el Deiino pero que lamentablemente casi no encuentro contenido sobre eso, pero hay dos personas que me han dado material con el que ponerme como fan, dos personas muy talentosas que me sirvieron como inspiración para crear este one shot.

Anecola es una artista digital que publica sus obras en la bellísima plataforma de Tumblr, sigo su arte Deiino desde hace un tiempo y me tiene enamorada. DeGlace es el autor de mi fanfic Deiino favorito, Flash Point, y aunque lleve inactivo en sus plataformas los últimos años, su historia me ha llenado de diversas emociones que llenan mi corazón de felicidad. Estas dos sorprendentes personas me sirvieron como impulsor para crear mi primer fanfic Deiino, así que muchas gracias a los dos. Les dedico esta historia tan bizarra y de corazón, gracias por su arte.