"Ella...me recuerda demasiado a otro joven jedi que se entregó al Lado Oscuro...no debiste haberla dejado ir en libertad."

"¿Realmente cree usted que es libre? Llevará con ella los recuerdos de lo que ha hecho aquí. Por siempre."

Consigo escuchar las últimas palabras del asesino de Vader mientras me adentro en lo más profundo de la jungla. Con la gran distancia que he recorrido, con la gran cantidad de kilómetros que he cubierto debería de haber sido incapaz de haberle escuchado. Pero aún así le he oído fuerte y claro. El por qué de ello escapa a mi comprensión.

Es mentira, claro está. Sé perfectamente por qué he conseguido oírle a pesar de la distancia que nos separa el uno del otro. Ha sido la misma razón por la cual me ha sido revelado que es el asesino de Vader pretendiendo ser un Jedi.

Es por este lugar. Este planeta...me ha corrompido, aprovechándose de mi ira, de mi debilidad. Haciéndome creer que abrazando el poder que me otorgaba me permitiría gobernar cada parte y ser vivo de él. Un truco para hacerme vivir una fantasía en mi propia mente cuando en la realidad era a la inversa.

Este planeta. Este maldito y condenado planeta. Es maligno. Vil. El Lado Oscuro es poderoso en él. Te susurra cosas al oído, contándote su historia y prometiéndote poder más allá de tus sueños más remotos, alimentándose lentamente de tu alma, hasta dejar un cascarón vacío, carente de cualquier otra emoción salvo la furia. La sed de sangre.

Y ahora, justo cuando he decidido alejarme de su influencia, justo cuando más me vendrían bien su misericordia y su protección, se ha puesto en mi contra. A mis tímpanos no llega más que el murmullo de las plantas carnívoras, similar al siseo de la más perversa y retorcida de las serpientes. Le acompañan los depredadores y escalofriantes chillidos de los Acklay. No consigo verles a causa de la niebla que me envuelve, pero la Fuerza y los sonidos de sus seis afiladas garras al incrustarse sobre la misma tierra que piso mientras huyo me recuerdan que están en alguna parte de por aquí, cazándome.

Mi antiguo maestro. La Maestra Shaak Ti. El Rancor Toro. Los felucianos. Todos me han abandonado y traicionado, dejándome con la muerte a mi suerte. El planeta crea imaginarias y tenebrosas siluetas de ellos que solo yo puedo ver para rodearme y atormentarme. Reflejos inexactos y neblinosos de un espejo roto que se burlan de mí mientras me sonríen sardónicamente desde la oscuridad, recordándome a todos aquellos que alguna vez consideré mis amigos, mentores, aliados en los que podría confiar. Recordándome que nunca les volveré a ver, que esta vez ninguno me podrá salvar del incierto pero aciago destino que eventualmente conoceré.

Toda mi vida, o al menos desde que tengo uso de razón, he estado sola y asustada. Adoptada por el Consejo Jedi por mi conexión con la Fuerza siendo apenas una pequeña zabrak, se me enseñó a temprana edad que debía aprender a desapegarme de todo. A dejar ir todo lo que temía perder. Solo así encontraría conocimiento en lugar de ignorancia. Serenidad en lugar de pasión. Armonía en lugar de caos. Sería una con la Fuerza, y la Fuerza estaría conmigo.

¿Y de qué me sirve eso ahora? Solo me ha traído dolor. Desesperación. El deseo de vengar a mi orden. Una orden que probablemente no habría hecho lo mismo por mí, o por Iridonia, mi planeta natal. Y ahora, a pesar de ya estar acostumbrada...me siento más sola que nunca.

Frío. Miedo. Ira. Agresión. Sufrimiento. El Lado Oscuro es el camino fácil, el más rápido, el más seductor. Una vez caminas por el sendero que te ofrece, define eternamente tu destino, consumiendo todo lo que eras, lo que eres y lo que serás, convirtiéndote en una agente del mal. Una adicción incurable, ponzoñosa y destructiva, que ha quedado impregnado como un tumor pútrido e infecto a este planeta. A su flora. A su fauna. A mí. Utilizando mi deseo de fortalecerme, mi anhelo por destruir a Vader como combustible, tomando posesión de mi cuerpo y abriéndome los ojos ante infinitas oportunidades, abriéndome la puerta a habilidades que jamás creí posibles de aprender.

Y solo me ha vuelto más vulnerable. Incluso habiendo aprendido a utilizar el manto de la Fuerza para cubrir mis ataques, incluso siendo capaz de entablar amistad con la más fiera e indómita de todas las bestia de Felucia, el discípulo oscuro de Vader me ha derrotado. Me ha mostrado lo patética e inútil que soy.

Jedi. Sith. No son más que dos caras de una misma moneda. Se crean los unos a los otros mientras pretenden ser enemigos jurados. Arrastrando por mil y una generaciones por venir a toda la galaxia consigo con una guerra interminable, sacrificando incontables vidas para la diversión y el entretenimiento de la Fuerza. Me han quitado por mucho tiempo la posibilidad de elegir. Pero ya no más.

Siempre he estado sola. Y ahora que incluso mi plan por desafiar a Vader y al Emperador ha fallado, ya no me queda nada. Nada excepto decidir si dejaré que la Fuerza rompa mis cadenas, o si le permitiré que me construya unas nuevas para someterme a su voluntad. De una u otra forma al menos ya puedo pensar con claridad. Al menos ahora sé que puedo luchar por conseguir lo que realmente anhelo.

Entrenaré sola con todas mis fuerzas. Me volveré más fuerte que cualquier otro Jedi o Sith, manteniendo a raya su dogmática y auto-destructiva filosofía. Y cuando lo haga, sabré quién soy. Sabré cuál es mi propósito.

Me llamo Maris Brood. Y estoy por mi cuenta.