Capítulo 1 PATRICIA FAITH O'BRAIAN.
Eran las 6 de la mañana una carta estaba en su buró, la recamarera la dejó junto con el jugo de naranja y sus vitaminas. Se levantó como resorte y no vio el sobre porque buscó sus lentes debajo de la cama, de un manotazo durante la noche los había tirado, después de la búsqueda exitosa, se fue directo al baño y ya con el cabello mojado y bien peinado se fijó por el espejo y vio ese pequeño objeto de color marfil. Antes de ponerse el vestido decidió ver de qué se trataba, no quería perder tiempo esa mañana quería verse en el almuerzo con Annie, el lío de Candy en aquella torre en la reunión de la casa de los Andrew y su partida a New York al encuentro con Terry tenían que comentarlo. Con desgano lo abrió, encontró una carta escrita con prisa. La leyó tres veces y en todas las ocasiones decía lo mismo. La arrugó y la aventó al suelo. No era posible que Stear se haya ido sin decírselo a los ojos. -¡A la guerra! ¿Qué piensa que es la guerra? ¿Un parque de diversiones?- Se sentó en la orilla de la cama, por primera vez en su vida tenía ganas de matar a alguien y su nombre empezaba con Al y terminaba con Stear. Se sintió nulificada, como alguien más de quien querer deshacerse o de quien huir. –Directo a la muerte, ¡si ni siquiera puede controlar su automóvil! El dolor de estómago empezó a subir a su pecho, a su corazón como un aguijón.
Su mente empezó a recordar las historias que su abuelo le contaba de las guerras, de cómo la gente moría o como quedaba bajo cadáveres y eran abandonados a su suerte. Ese anciano tenía una habilidad descriptiva como ninguna, platicaba como quedaban sin alguna extremidad o con los intestinos de fuera, el hedor de la sangre fresca o de la descomposición en medio del campo de batalla después de dos o tres días. Empezó a sentir que el aire le faltaba y la cabeza a darle vueltas trató de calmarse pero todo se nubló, de pronto se vio en un vagón de tren, caminando como loca buscando a su amor, para persuadirlo de no ir a Europa, era esa clase de tren en la que nunca había viajado, empezó a ver muchachos desgarbados, desnutridos en su mayoría inmigrantes irlandeses, italianos, mexicanos, polacos… entre más caminaba no había ninguna conocida, mucho menos la del alto y bien parecido Stear Cornwall. Atrás en un sillón compartido con cuatro más en la orilla, lo vio con la cabeza a un lado y para atrás, recargada en la ventana, los lentes mal puestos y con el sueño de los justos encima, con la boca abierta y roncando, uno de sus compañeros estaba a punto de ponerle una hoja encima, entonces ella se abalanzó y como nunca se atrevió a reclamar.
-No- dijo determinante al acercarse a el- a lo lejos pudo ver su fotografía entre sus manos.
Los ojos de los muchachos se asombraron al ver a una chica ahí en bata y determinada a golpearlos en la cabeza.
-Stear, no te vayas, no me dejes- gritó al sentirse tomada de la cintura con una fuerza a la que trató de oponerse pero no fue así, fue muy rápido, el recorrido que había hecho en el tren se fue como en un segundo, la escena de Stear durmiendo se alejó, extendió sus brazos para alcanzarlo pero no pudo, volvió a sentir el dolor en el pecho y el hoyo en el estómago se hizo presente otra vez. Sintió una convulsión y la sensación de caerse en el vacío. Despertó en su cama boca arriba y con un cansancio como si hubiera corrido por muchos kilómetros. Su madre le hablaba como si fuera un susurro…
-Mi amor, Paty, Paty, Patricia Faith, ¡despierta ya!
Patricia abrió los ojos, muy cansada.
-Mi amor, ¿cómo estás?- preguntó al ver que abría los ojos.
- Mamá, mamá,- la tomó de la mano- me pasó algo raro…
-No es nada honey, fue un delirio, un sueño… estás muy alterada,- dijo al mismo tiempo que le acariciaba la cabeza- sé que esa noticia es muy pesada para ti, de verdad esperemos que Dios lo ampare, tú hija, solo ten fe en Dios primeramente y en él, aunque parezca algo despistado…
-Mamá ¿algo?, si ni sabe dónde tiene la cabeza…- dijo desesperada- siempre se le olvida algo, el otro día vino por mí , diciendo que llegó tarde porque no encontraba sus lentes, que se había quedado dormido haciendo un experimento y no los encontraba… los traía en la cabeza- dijo al soltar unas lágrimas.
-Tal vez, pero- buscó una respuesta viendo alrededor- pero si sé a quién tiene en su cabeza y es a ti mi amor….- Paty sonrió con dolor.- él fue a buscar su camino, a hacerse hombre por ti…no sé cómo explicártelo
-Creo que si entendí madre-
-Mi pequeña Patty- dijo al besarla en la frente… Yo sé que por años no te di la atención que mereces, que tu padre y yo nos habíamos encerrado en nosotros mismos por la pérdida de tu hermana Emma… la verdad nos aprovechamos de tu bondad e inteligencia y nos encerramos en nuestro dolor de padres sin darnos cuenta que tú también la perdiste y que nos necesitabas.
-Mamá eso ya pasó- contestó con lágrimas en los ojos.-Yo entiendo que… para ustedes como papás fue terrible perder a una hija, sobretodo como Emma, hermosa, talentosa, con ese largo y suave cabello rojo recuerdas como brillaba con la luz de la ventana en la casa de la abuela, frente a ese piano, podrías perderte en esas piezas que tocaba…
-que tocaban, eran increíbles juntas, a pesar de la diferencia de edades tú te ponías a su nivel tocando el violín…
- Su sonrisa era mágica cuando volteaba a verme mientras tocaba…
-como la tuya…- dijo esbozando una sonrisa.
-¿Tú crees?- contestó con un dejo de incredulidad- Papá siempre dice que me parezco a la abuela Martha y que Emma se parecía a su madre, la hermosa condesa de Wessex.
- Tú también eres hermosa Patty y muy inteligente, una combinación difícil de encontrar.- confirmó al tomarla de la mano.
-Lo dices porque eres mi madre- dijo sonrojada- además ya no tienes otra hija a quien alabar…- se calló al darse cuenta que se le fue la lengua, ya había decidido que dejaría sus celos de hermana menor, trabajó mucho en ellos en solitario por muchos años desde aquella trágica muerte.- Perdón, madre yo…
-Tienes razón, por eso no quiero verte así, si gustas podemos ir a Sears y comprar algo, podemos pasar por Annie y comer algún helado por ahí, algún pastelillo o… ya sé,- dijo animándola- encontré una repostería que tienen unas pastas que ni te imaginas…parecen que las han traído directamente de alguna cafetería de París…
-Mamá, ya no quiero recompensas de comida por favor- dijo casi en tono suplicante.- Prefiero descansar y más tarde iré al departamento de Candy. Me siento muy cansada, quiero recuperar fuerzas.
-Está bien hija, te dejo, pero vengo por ti a la hora de la comida, ¿de acuerdo?
-Sí, gracias- dijo suspirando y se volteó para a ventana oculta por la aterciopelada cortina roja y trató de cerrar los ojos, pero inmediatamente los volvió abrir, no quería que le volviera a suceder, esa fuerza que la empujó de pronto y la llevó a otro lugar, el aire le volvió a empezar a faltar de nuevo pero logró controlarlo. Después se acostó boca arriba, miró el techo por unos segundos era tan parecido al de su cuarto en el colegio. Empezó a recordar ese baile de primavera cuando se arregló sin muchas ganas porque Candy estaba castigada por su culpa y como siempre había buscado un rincón cómodo para ver como invitaban a las demás chicas a bailar. Pero llegó ese alto chico de los espejuelos dando traspiés con Candy, vestida de Julieta. Y después, la invitó a bailar, en medio de todos, ella sintió que no había nadie más. Con El Vals Segundo de Dimitri Shostakovich pudieron ver en sus ojos como eran cada uno y ese lazo que surgió entre ellos, como cuando dos piezas de un gran rompecabezas se unen sabiendo que pertenecen una a la otra.
Después esas cartas que se mandaban en su improvisado método de correo, hablando de todo y de nada, ella apoyándolo en Literatura y Filosofía, él a ella en Matemáticas y Física. Para poco a poco empezar a tener tanta confianza uno en el otro. Así Stear llegó a ser la única persona que sabía lo que ella había sentido por mucho tiempo con respecto a Emma, ni siquiera era Candy. De alguna manera se habían identificado al estar a la sombra de hermanos a los que sus padres presumían con sus amigos y familiares. Ambos se sentían el patito feo de la familia, pero con esa virtud que nadie podía negarles, su inteligencia. Su mente divagó por los pasillos del Colegio San Pablo, recordó aquellas palabras que leyó en su pequeña biblia: "La fe mueve montañas"
-Si la fe mueve montañas, por favor Stear es mucho más pequeño que eso, que regrese completo sano y salvo. -La paz empezó a llenar su corazón y descansó.
Eugenia caminó alrededor de la sala de estar y después de pensarlo mucho se decidió a tomar el auricular del teléfono de marfil con incrustaciones de oro.
-¿Madre?
-Si- Contestó Martha del otro lado de la línea.
-Creo que ya le está pasando a Patty-
-¿Qué lo detonó?
-Stear se fue a la gran guerra- contestó llorando
-Era inevitable mi amor, ten fe, ella nos tiene a nosotras.
