Boruto agonizaba, su respiración lenta y apaciguada como las últimas cenizas de una fogata que se niegan a apagarse eran el único consuelo y al mismo tiempo la causa de sufrimiento de los presentes.

Ni siquiera los mejores ninja médico podían curarlo.

El joven rubio abandonaba el plano terrenal con cada exhalación que llegaba.

En el sofá, su madre lloraba, Naruto la sostenía contra el pecho buscando darle consuelo.

Sakura iba de un lado del hospital al otro buscando algún medicamento y analizando el tipo de veneno, lo que sea para ayudar al pequeño Uzumaki que yacia en agonía y con cada nuevo fracaso el tiempo se le agotaba, igual la paciencia.

La más joven de los Uchiha, Sarada, tenía la mano de su compañero entre las suyas, llorando y orando a todas las deidades que conocía porque le dieran más tiempo a ese joven revoltoso que ahora lucía pálido y demacrado.

Toda la aldea entera rezaba en su casa o incluso arrodillada fuera del hospital sabiendo la más reciente noticia:

Uzumaki Hyuga Boruto había sido envenenado.

Nadie sabía cómo ni con que pero la conmoción fue igual para todo mundo, esperando un milagro para el hijo mayor del Hokage.

Y este ocurrió.

En una ventisca que cortaba todo a su paso el antídoto llegó.

Ahí en la ventana del hospital y sin importar que fuera el 4 piso, Mitsuki aterrizó.

Su mirada estaba pérdida, el brillo estaba oculto, sus iris parecían destilar odio y oscuridad.

Su impecable kimono de color blanco-azul era un recuerdo, ahora estaba rasgado, completamente roto y salpicado de sangre.

Tanta sangre que sus facciones también tenían pecas rojizas y su cabello mechones oscuros y húmedos.

De la ventana salto al piso y con una voz sin emoción extendió el brazo mostrando un pequeño frasco de cristal oscuro pero lleno de un líquido, el líquido que Boruto necesitaba.

—E conseguido el antídoto.

Naruto no tardó en transportarse a dónde Sakura y regresar a la habitación con ella.

5 minutos después el antídoto comenzó a surtir su efecto, Boruto comenzó a mejorar.

Todos los presentes suspiraron de alivió tras la buena noticia.

Mitsuki sonrió para si mismo, su sol estaba a salvo, entonces él se desmayo.

Naruto fue el primero en socorrerlo, abriendo su ropa encontró un sin fin de heridas en la blanca piel del gennin.

Ahora era él el que agonizaba.

Y justo cuando Sakura iba a pedir una camilla una segunda presencia cruzo la ventana.

El Sanín serpiente había llegado.

Naruto se alejo del cuerpo herido dejándole acercarse a su hijo.

—Mi precioso hijo se enfrentó a quien envenenó al jovén Boruto, obviamente ganó el encuentro y con un poco de mi ayuda obligamos al tipo a revelar la sustancia que uso, después de eso hacer el antídoto fue fácil para mí.

El ninja serpiente cargo el cuerpo de su pequeña creación dispuesto a llevarlo al laboratorio de regreso para su curación.

—Esto les será recompesado... A ambos, lo prometo –. Hablo Naruto. —Enseguida mandaré a encarcelar al maldito que atento contra Boruto también.

Orochimaru río.

—Yo nunca dije que Mitsuki lo hubiera dejado con vida.

La habitación se llenó de una atmósfera tensa e incómoda.

—Entiendo. Mitsuki se desangra, ve a curarlo –. Ordenó Naruto.

—Como ordené lord Hokage —. Y en un parpadeo las serpientes habían desaparecido del lugar.

—Ni una palabra de esto, yo me haré cargo de todo y nadie aquí vio a Orochimaru. Hinata está noche no podré ir a cenar, lo siento —. Y tras eso el hokage también desapareció de escena.

Cuando Boruto volvió en sí lo primero que vio fue la oscura melena de su compañera dormida a su lado y para su sorpresa, le gustó.