¡Hola!

No sabéis las ganas que tenía de hacer este reto. En serio. Años pensando en hacer alguno y al final nada.

Desearía poder haber empezado con un NaLu Week, pero ya que para ese quedan unos cuantos meses, lo hago con el Shicca.

No os voy a mentir, es el primer día y solo tengo escrito los tres primeros XD Pero bueno. Lo completaré. Tengo fe nwn

Espero que os guste muchísimos chicos

¡Nos leemos abajo!


▹Día 1 - Realeza

— * — * — * —

❝ En el pasado, había personas que nacían dentro de la realeza. Hoy en día, la verdadera realeza está en los actos de cada uno ❞

— * — * — * —

— Cásate conmigo, Rebecca. — formuló el pelinegro con una gran sonrisa.

El gato maulló, y la joven, estática en el lugar, no pudo hacer más que balbucear palabras incomprensibles.

Minutos atrás ya se había asombrado al ver que sus ropajes eran los que una persona de alto rango usaría a diario. Quizás eran incluso un poco más elegantes. Y tenía sentido teniendo en cuenta que él formaba parte de ese grupo, pero cada vez que la visitaba lo hacía con trajes que estaban a la altura del pueblo. Nada escandaloso como en ese momento. Por no hablar de la repentina propuesta.

— ¿Es posible eso...? — preguntó ella agachando la cabeza. — ¿El que tú y yo...?

No era posible, ¿verdad?

— ¿Estemos juntos? — terminó la frase. — Es lo que yo deseo, y creo que tú también, ¿no es cierto?

Sus mejillas adquirieron un leve tono rojizo. Estaba en lo cierto, por lo que un tanto avergonzada, asintió levemente.

— Aun así... desear y poder, son dos cosas muy diferentes. — agregó.

— Podemos. — alegó.

— Pero... ¿Por qué yo...?

El chico ladeó la cabeza a un lado sin entender.

— Creo recordar habértelo dicho hace años. "Estaremos juntos siempre", ¿recuerdas?

— Fue hace mucho. Éramos niños.

— Y aun siendo niño, sabía lo que quería. — carcajeó dando un paso hacía ella. — A ti junto a mí.

Ella se sorprendió momentáneamente, para finalmente relajar su cuerpo y sonreír con dulzura.

— Si eso es lo que te preocupa, permaneceré a tu lado. No es necesario el matrimonio.

Con una de sus manos agarró el dobladillo de la falda larga que portaba, y con la palma de la otra posada sobre su pecho, hizo una pequeña reverencia, y promesa.

— Yo, Rebecca Bluegarden, juro ante los dioses, y sobre todo ante usted mi príncipe, permanecer a su lado hasta que algún día decida lo contrario.

Shiki parpadeó.

Llevaban 10 años juntos. Habían jugado a la par, contado historias, pescado en el rio, vivieron aventuras imaginarias y no tan imaginarias en aquella pequeña cabaña, y aun a día de hoy, la joven ojiazul seguía sintiéndose algo insegura por la diferencia de clases.

Ella pensaba que era algo fugaz, pasajero, mientras que él deseaba que aquello durara toda la eternidad y más.

Con una pequeña sonrisa en el rostro, el joven suspiró y negó repetidas veces con la cabeza.

Sabía que diría algo como eso. Era típico de ella.

— Para siempre. — comentó él.

— ¿Para siempre? — repitió irguiendo de nuevo su cuerpo.

— Permanece a mi lado para siempre. — pidió, o quizás ordenó.

Podía hacer eso, ¿no? Era el príncipe al fin y al cabo...

— Entonces, que así sea.

— Entonces cásate conmigo.

— Shiki. — pronunció su nombre con dulzura. — No me iré de tu lado si no quieres, así que no es necesario el matrimonio.

Si él le pedía que se quedara a su lado lo haría sin importar nada. No necesitaba ir tan lejos para asegurarse de que lo cumpliera.

— Lo es si quiero formar una familia junto a ti.

La muchacha era alguien bastante tranquila y serena la mayor parte del tiempo. Siempre sonreía, y hablaba sin timidez alguna hacia aquellos que consideraba importantes, aun si eran personas de la realeza, pero había veces en las que el pelinegro decía o comentaba alguna cosa que la descolocaba completamente, justo como ahora.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, y un extraño calor inundó su cuerpo.

— ¿C-Cómo...?

— Rebecca...

— ¿Shiki? ¿Q-Qué haces?

El chico se había arrodillado ante ella, cosa que jamás había visto hacer, y con una mano en su pecho, y la otra frente a ella, habló:

— Yo, Shiki Grandbell, príncipe y heredero del trono de Granbell, os pido a vos, Rebecca Bluegarden, que me concedáis el honor de convertirme en vuestro esposo.

Humo comenzó a salirle a través del rostro a causa de la vergüenza de la situación, una vergüenza que al mismo tiempo, creía alegrar su corazón.

— L-Levantate. — pidió agachándose a su altura. — No eres tú quien tiene que hacer eso. ¿Honor? Debería decirlo yo.

Siempre había sido un niño travieso, y eso Rebecca, lo había vivido. Le encantaba molestarla, y hacer que perdiera la compostura con él. Adoraba verla cambiar el rostro a causa de sus palabras.

"Eres un poco rara", y ella se enfadaba.

"Aunque también eres muy bonita", y ella se sonrojaba.

"Pero a veces un poco aburrida", y ella le gritaba.

Siempre tan perfecta con todo el mundo, tan correcta, tan tranquila, y en cuanto él abría la boca, ella cambiaba mostrando su verdadero ser. Y eso lo conseguía él. Por eso adoraba molestarla, al igual que ahora. Ella no podía más con sus nervios, y él no iba a detenerse.

Quería más.

Él sonrió, y ella se percató. Esa sonrisa era demasiado juguetona.

— Prometo amarte. — pronunció tomando su mano. Ella se sobresaltó. — Prometo protegerte y cuidarte... — Ahogó una risa al ver como la joven intentaba taparse el rostro, claramente rojo, con la otra mano. — Y prometo respetarte hasta que los dioses o la muerte nos separen.

Pasaron unos largos segundos donde la muchacha analizaba lo dicho por su amigo.

— Shiki... Yo... ¿Me estas pidiendo matrimonio enserio?

Y ahora si que no pudo aguantarse la risa. ¿A esas alturas preguntaba eso?

— Desde la niñez. — contestó con seguridad.

— Pero... Solo soy una simple campesina, no soy nadie, no merezco estar a tu lado... — susurró con pena.

— Pero quieres... ¿no es cierto? — Ella alzó la cabeza para sin saberlo, comenzar a perderse en su azabache mirada. — Me amas tanto como yo a ti. Lo puedo notar.

— Shiki...

— Desde aquel día en el que nos conocimos, mi corazón no ha dejado de latir ni un solo momento por ti. No importa el título o la riqueza que lleves sobre tus hombros, importa la gran amabilidad y humanidad que posees en tu corazón. — Posó su mano sobre la cálida mejilla de la ojiazul, y con el pulgar limpió las lágrimas que habían comenzado a descender por su rostro. — Es a ti a quien quiero, es a ti a quien elijo, es a ti a quien le doy mi corazón y con ello la capacidad de hacer con él lo que quieras. Dañarlo si lo deseas.

— Jamás haría eso. — contestó colocando su mano sobre la de él.

— Porque me quieres.

— Porque me importas.

— Porque somos el uno para el otro.

— Porque deseo permanecer a tu lado.

— Para siempre.

— Para siempre.

Ambos juntaron sus frentes y tras conseguir relajarse, Rebecca rio contagiando de inmediato al muchacho.

Quizás eran muy jóvenes para entenderlo del todo, pero algo dentro de ellos les indicaba que ese era el camino correcto, que ese era su destino, su futuro... Sin importar los nombres, los apellidos, los rangos, las clases, nada. Tan siquiera si ella era una humilde campesina, y él un travieso próximo rey.

— * — * — * —


¡Estoy chillando de emoción!

¿Qué os ha parecido? Nada muy complicado, pero ciertamente entretenido, ¿no?

Que ganas tengo de publicar los siguientes. Fufu

No tengo mucho que decir la verdad, así que nos leemos mañana en el próximo capítulo