¡Hola!
¡Wii! Día 2 del Shicca Week. Que emoción.
Sin duda creo que este es uno de mis temas favoritos. Luz y oscuridad. ¡Me encanta!
Espero que os guste mínimamente un poquito uwu
¡Nos leemos abajo!
▹Día 2 - Luz / Oscuridad◃
— * — * — * —
❝ Y de repente llega alguien con mucha luz, y no le importa la oscuridad que hay en ti. Se queda ahí, sentado a tu lado y alumbrándote ❞
— * — * — * —
El primer sentimiento que tuvo Rebecca al verlo fue: miedo. Puro miedo, y no a causa del tétrico rostro que mostraba. Estaba herido, y completamente ido.
— Shiki… Es suficiente…
— Los humanos… deben morir… — soltó, y al mismo tiempo su pie golpeó con fuerza el cuerpo del hombre que estaba frente a él.
— Sé cómo te sientes, Shiki. Entiendo que estés enfadado.
El muchacho alzó la vista, y durante unos segundos Rebecca pudo notar como en sus ojos había un deje de tristeza.
— ¿Enfadado? Es mucho más que eso, Rebecca.
No supo por qué, pero oírle pronunciar su nombre de esa manera, la hizo estremecer.
— Ese hombre pagará por lo que ha hecho, te lo aseguro. — pronunció dando un paso adelante. — Así que por favor, Shiki, suéltalo.
— A-Ayuda… — exclamó el hombre.
— ¿Ayuda? — repitió el pelinegro ignorando a su compañera. — ¿Pides ayuda? ¿Tú? Eres un desgraciado… — comentó golpeándolo de nuevo.
— Shiki, detente. Detente.
— ¿Acaso no te rogaron ellos? — preguntó el muchacho sintiendo su sangre hervir. — ¡¿No fue eso lo que ellos dijeron?! ¡¿No pidieron ayuda?! ¡¿Y qué demonios hiciste tú?!
— Lo siento… Lo siento… — repetía el hombre llorando. — Lo siento… Por favor…
— ¡Los asesinaste!
— Shiki, basta.
— ¡Los mataste uno a uno sin una pizca de piedad!
— Y-Yo…
— ¡Shiki!
La sangre de aquel hombre había comenzado a brotar, y las heridas del pelinegro se habían abierto de nuevo tiñendo el suelo de rojo.
— ¡Te reías mientras veías como se iban apagando! ¡Te divertías viéndolos sufrir!
— L-Lo siento…
— ¡Tú…!
— ¡Basta!
Rebecca activó su Ether Gear, y con rapidez, corrió hacia ellos separando a tiempo al hombre de Shiki.
Sin darse cuenta, el muchacho había activado su Overdrive dispuesto a terminar con la vida de aquella persona, y eso la alertó.
— Merece morir, Rebecca. — habló dirigiendo su vista hacia el hombre que se ocultaba tras ella. — Los humanos… ¡Todos merecen morir!
La nombrada sintió su corazón encogerse de dolor tras escuchar esas palabras en boca de su amigo. No podía creer que aquél que buscaba tener una amistad con todo el mundo, humanos o no, quisiera exterminarlos.
— Eso no es cierto, Shiki. No lo crees de verdad. — aseguró aun cuando su rostro mostraba lástima.
— ¡Mira lo que les están haciendo a los robots! ¡Los matan! ¡Los utilizan! — gritó. — ¡¿No lo ves?!
— Claro que sí, claro que lo veo. — Y giro su vista hacia un lado observando la gran cantidad de robots y androides destrozados que había en aquel lugar. — Pero volverte como él no resolverá nada.
— Me estoy vengando. — habló.
Rebecca pudo notar como su tono de voz había disminuido. No le quedaban casi fuerzas.
— Estás haciendo lo que él le hacía a las maquinas. ¿No lo ves? — El ansia que tenía el muchacho de torturar y asesinar a ese hombre lo estaba corrompiendo, y Rebecca no podía permitirlo. — No te pongas a su altura, Shiki… Por favor…
— ¡Merece morir!
— ¡Lo sé! — gritó ella al borde de las lágrimas sorprendiéndolo. — Lo sé bien, pero…
— ¿Te estás apiadando de él? — la interrumpió.
— ¡No! ¡Claro que no!
— ¿Intentas salvarlo?
— ¡No! ¡Cumplirá con su condena como cualquier otra persona!
— No será suficiente. Merece un castigo mayor.
— ¿La muerte?
— Así es.
La idea de ver a su amigo ensangrentado, de pies a cabeza, por una sangre que no era suya, hizo que a la muchacha se le retorciera el estómago.
Vio como Shiki caminaba decidido hacía ella, y no pudo hacer más que morderse el labio de impotencia. ¿Qué más podía hacer? Estaba cegado…
— Shiki…
De repente, sintió un repentino dolor recorrerle el cuerpo, y giró su vista hacia atrás.
¿Qué?
— ¡Rebecca! — gritó Shiki.
Aquel hombre, aquel que había asesinado a esas máquinas, y que había estado llorando y temblando de miedo tras ella, había sacado de quien sabe dónde una navaja incrustándosela en la espalda baja cuando Shiki desvió por un momento su vista de él.
— No pienso morir… — habló el hombre. Rebecca gritó al sentir como el arma se había hundido más en ella. — ¡Y no me atrapareis!
Sacó el puñal con rapidez y volvió a clavársela a la joven ante la atónita mirada del pelinegro.
— R-Rebecca…
El hombre sacó el arma y comenzó a correr hacia la salida creyendo que podría distraerlos. Estaba convencido de que aquel loco que intentaba matarlo iría a atender a la chica. Por lo que se veía parecían muy unidos, y si eran amigos la ayudaría. No había duda de que podría escapar a tiempo.
Giró la cabeza hacía atrás para maldecirlos una última vez, y su sorpresa llegó al ver a la muchacha desplomada en el suelo, completamente sola.
— ¿A dónde crees que vas?
Sintió algo golpear su cuerpo con fuerza mandándolo a volar unos metros atrás.
— T-Tú… — Quiso insultar al muchacho frente a él, pero tras ver su rostro lo único que pudo hacer fue temblar. — N-No…
— ¿No? — repitió Shiki. Iba avanzando despacio hacía él, y cada paso que daba, dejaba su marca en el suelo. Gravedad. — Había una mínima posibilidad de no romperte los huesos, y dejarte vivir. Una muy pequeña.
— L-Lo siento… ¡De verdad lo siento!
— Podías haberte salvado de morir. — Y su puño golpeó con fuerza al hombre haciéndole brotar sangre. — Pero ahora…
— P-Por favor… No…
— Las has herido… Has herido a Rebecca…
Iba a matarlo. No había vuelta atrás.
— N-No…
— Has perdido la oportunidad.
Golpeó de nuevo su rostro sin parar. Un golpe más fuerte que el otro. Sus manos completamente teñidas de rojo, y sus labios curvados hacia arriba en una tétrica sonrisa. Estaba haciéndolo sufrir. Estaba haciéndolo sufrir y le encantaba. Estaba obteniendo su venganza. Por las maquinas, por Rebecca…
Ya no lo escuchaba hablar. Ya no se quejaba. ¿Muerto? Lo dudaba, pero lo iba a estar.
Alzó su puño, y concentró gran parte de gravedad en él, dispuesto a golpear al hombre una última vez.
— Se ha terminado, bastardo.
Y justo antes de poder tocar su rostro, Rebecca saltó sobre él lanzándolo al suelo y deteniendo así su ataque.
— D-Detente, Shiki… — pronunció sobre él aferrándose a su camiseta.
— ¡Rebecca! ¿Qué haces?
— D-Detenerte…
La escuchó toser, y al posar su vista sobre ella vio como de su boca salía sangre.
— Mierda, Rebecca… Debiste dejar que me ocupara yo.
— L-Lo hubieras matado… — contestó a duras penas.
— ¡Se lo merece!
— Sí, se lo merece… — confirmó.
— ¡Entonces dejame hacerlo!
Notó como el agarré de la ojiazul se hacía más fuerte a pesar de estar perdiéndola.
— No puedo hacerlo… No puedo dejar que ensucies más tus manos, Shiki.
— ¿Qué…?
Rebecca alzó la cabeza, y el corazón de Shiki dejó de latir. Estaba llorando. Su rostro estaba herido, manchado de sangre y las lágrimas no dejaban de brotar, y aun así, sus labios estaban curvados en una sonrisa.
— Tus manos están hechas para ayudar, Shiki. Para salvar, para pelar por el bien… No para matar…
— Rebecca… — Notó como la sangre de su herida brotaba aún más y el miedo lo invadió. — ¡Mierda! ¡Hay que llevarte a la nave!
— Estoy bien… — pronunció ella queriendo incorporarse.
— ¡¿Bien?! ¡Estás sangrando! — la oyó reír y la rabia volvió a él. — No debiste ayudarlo… ¡No debiste salvarlo! — regañó ayudándola a ponerse en pie.
— No quería salvarlo…
— ¡Lo hiciste! ¡Maldita sea…!
— Shiki, no quería salvarlo… — repitió con dulzura. Lo vio chasquear la lengua y sonrió. Alzó el brazo para posar la mano sobre su rostro, y así obligarlo a verla. — Quería salvarte a ti… — declaró.
El muchacho no lo entendió.
— ¿A mí? ¡Pero si estaba bien! ¡No necesitaba tu…! — Notó con sorpresa como la ojiazul perdía la fuerza y por ende el equilibrio. — ¡Rebecca! — gritó su nombre al verla caer.
Con rapidez la atrajo a él rodeándola por la cintura para seguidamente cargarla en sus brazos. Su temperatura corporal estaba disminuyendo… Mierda…
— S-Shiki… Yo…
— ¡No hables! — la interrumpió comenzando a correr hacia la nave. — ¡Hay que curarte lo antes posible!
— Shiki… — lo intentó de nuevo. — Yo no quería salvarlo…
— Eso no es lo importante ahora, Rebecca.
La joven observó el miedo reflejado en el rostro de su compañero.
— No quería salvarlo… — repitió. — Quería salvarte a ti…
— Yo no corría peligro, Rebecca. — contestó frunciendo el ceño.
— Lo hacías… La rabia, la venganza… La oscuridad estaba consumiéndote… — declaró. — Y no podía permitirlo…
— ¿De qué estás hablando?
Era cierto que quería matar a ese desgraciado, hacerle sufrir, pero no por ello iba a caer en el lado oscuro. ¿No es cierto…?
— Eres luz, Shiki. — aseguró, y el nombrado agachó la cabeza para verla. Tenía una gran sonrisa en el rostro, y las mejillas levemente teñidas de rojo, y no por las manchas de sangre. — Eres completamente luz…
— Rebecca… — La escuchó reír y no pudo hacer más que suspirar y seguidamente sonreír con sutileza. — Creo que te equivocas.
La joven ladeó la cabeza a un lado y a punto estuvo de replicarle que sí lo era, pero sus palabras la detuvieron.
— Shiki…
— Tú eres la luz, Rebecca. — habló. — Eres quien logra mantenerme a flote, quien consigue que la rabia en mi disminuya, quien me aleja de la oscuridad, quien provoca paz en mi corazón… — Agachó la cabeza, y fijando su mirada en la de ella, sonrió esta vez de verdad. — Tú, Rebecca, eres luz. Una potente y brillante luz.
Su sorpresa era notable, pero lejos de querer negarlo y discutir sobre si era así o no, Rebecca se limitó a asentir con vergüenza y dejar que el ánimo que el pelinegro había perdido volviera a él una vez más.
Quizás tenía un poco de razón. Y es que por él, podría llegar a ser cualquier cosa. Y si la oscuridad terminaba por consumirlo, ella sería la luz que lo guiara de vuelta a casa.
— * — * — * —
Obviamente tenía que escribir sobre Shiki cayendo en la oscuridad, y Rebecca salvándolo de ella. No había más opciones jajaja
¿Qué os ha parecido? ¿Bien?
El siguiente es un poco más complicado: Fashion (Moda), por lo que me está costando un poco encontrar como enlazarlo con Shiki y Rebecca, pero haré lo que pueda.
¡Nos leemos mañana en el próximo capítulo!
