Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


Todos le habían dicho que no era su lugar, incluso June había amenazado con dejarlo en un intento desesperado por hacerlo reaccionar, pero nada funcionó. La mañana del segundo viernes de ese mes se unió a Los Caballeros.

Shun creció en uno de los barrios más pobres de la ciudad, ahí la delincuencia mandaba en las calles, principalmente en forma de bandas. En la ciudad existían cuatro bandas principales que se peleaban constantemente por el dominio de las calles, en una guerra sin cuartel que se había extendido por años; ahora Shun tenía dieciséis y parecía que las cosas nunca cambiarían.

El grupo al que Shun se unió era una variación de un grupo más grande que operaba en el norte, la zona donde vivía. Su hermano se había unido cuando tenía doce, y con el tiempo y seis años de dedicación le dieron el título de líder de la división de bronce. Ellos se dedicaban al robo en pequeños locales y el pandillaje, además de ser la primera línea de defensa cuando otras bandas pretendían pasar por su territorio sin permiso.

Ser parte de esa pandilla se volvió el todo de Ikki, a veces Shun no lo veía por días, sólo porque su hermano estaba con su grupo, armando planes de ataque o próximos robos pequeños. Su hermano vivía para servir a la pandilla, fuera de ella solía decir que no servía para nada, esa era su vida, el peligro, la violencia, el ocasional abuso de sustancias.

Para Shun la vida era el lado correcto de la ley, vivía estudiando, tenía citas ocasionales con su novia de toda la vida, tenía amigos que bebían refresco, escuchaban música tranquila, se mareaban su veían sangre y miraban asombrados los tatuajes, pero nunca se atreverían a ponerse uno.

Esa era la vida de ambos y su versión de las cosas; y a pesar de todas las diferencias tenían un equilibrio pocas veces visto. Su amor de hermanos los mantuvo unidos, sobreviviendo a toda clase de problemas, a todos menos a la inminente y natural muerte.

Ikki falleció en medio de una pelea de pandillas interna. A veces los Caballeros chocaban entre sí; tenían ideas diferentes y como eran un grupo grande las peleas eran fenómenos difíciles de suscitar. Ese fue el momento de catarsis de Shun, el momento que cambió toda su vida, que la sentenció.

Todos le dijeron que no lo hiciera, le preguntaban los motivos, lo amenazaron con el olvido, pero Shun se mantuvo fue en su decisión. Pensaba que era su culpa; la noche de la tragedia Ikki había salido porque él se había entretenido mucho con June después del colegio. La salida de Ikki alertó a toda la facción de plata, puesto que ellos le habían prohibido a la facción de bronce salir a determinadas horas de la noche a menos que fuera por órdenes superiores o necesitaran vandalizar de nuevo ciertas zonas de la ciudad.

Lleno de culpa y remordimiento, Shun dejó su vida normal y tranquila para ingresar al mundo de Ikki, un mundo que no era suyo, al que nunca perteneció hasta ese momento. Ignoró las advertencias y ruegos, cayó profundo en la violencia de las pandillas juveniles cuyo mundo subterráneo era más profundo de lo que creía.

Los sobrevivientes de la facción de bronce se reorganizaron rápidamente, no podían perder el tiempo o serían por completo eliminados. Shiryu, el nuevo líder, no dudó en advertirle que el mundo del pandillaje no se trataba sólo de peleas externas con bandas rivales, también estaban las internas, las que habían ocasionado la pérdida del peliverde. Él, como era obvio, reconoció el hecho y continúo rogando una oportunidad, sólo necesitaba entrar, continuar el camino que su hermano había dejado a la mitad.

Ahora estaba frente al único espejo de su casa, usaba el chaleco de su hermano, la ropa era de cuero color bronce, con un enorme fénix en la espalda. Se miró por varios minutos, con su piel de porcelana, calzado limpio, sin una sola cicatriz, tatuaje o arete; era puro e inocente, ¿qué era lo que haría dentro de esa organización criminal? Su revisión fue interrumpida por el timbre, ya habían llegado por él. Era su primera noche.

El grupo sobreviviente de bronceados, cuatro en total, caminó entre las calles en silencio. Shun estaba atrás, a su lado, Seiya cargaba sobre su hombro un bate de béisbol, Hyoga y Shiryu iban al frente, discutiendo sobre su reunión con su líder, Saori Kido, mujer que había llegado para gusto de unos pocos. Estaba nervioso, en su mente resonaba la advertencia de su pelinegro líder, todos eran potenciales enemigos a excepción de esos tres chicos que lo acompañaban, que caminaban a su lado, que le protegían la espalda.

—Debemos mostrar que la facción de bronce aún existe —dijo Shiryu, su plan consistía en ir a sus territorios y pavonearse para mostrar que ellos continuaban— iremos con Saori, le diremos que asesinaremos a algunos de sus hombres.

Shun se sorprendió por las mordaces palabras. Venganza, ellos clamarían venganza. No esperaba que su primera actividad en el grupo fuera algo tan atrevido; pero, escuchar que era venganza por los hombres caídos, por Ikki, lo cambiaba todo, lo hacía asentir con decisión, aceptar esa tarea, por más difícil que fuera.

En el camino sus compañeros, sus nuevos hermanos, le explicaron cómo funcionaba su complejo sistema. Ellos se encargaban del vandalismo y pandillaje simple; los plateados eran quienes se involucraban en peleas con grupos rivales, además de encargarse de algunos asuntos ilegales, un pequeño narcomenudeo o asaltos a quienes se metían en sus territorios; los de cargo más alto, de oro, negociaba los límites de los territorios, se paseaban por las calles como ciudadanos comunes, ni siquiera estaban obligados a portar el chaleco, muchos ni siquiera sabían las identidades de toda la división de oro hasta que se encontraban con alguno que portaba su cinta dorada en el brazo izquierdo.

—Pero que su falta de actividad no te engañe —le dijo Seiya—. Una vez Aldebaran casi mata a un idiota a golpes por mirar a Shaina más tiempo del estimado.

—Como si a Shaina no le gustara toda esa atención —interrumpió Shiryu con una sonrisa al recordar ese día, los nuevos chicos casi salen corriendo al ver los dientes del sujeto en el suelo.

—Ikki habría dicho que esa clase de mujer es de la que hay que cuidarse.

Hyoga le dió un par de palmadas en el hombro a Shun, lo sabía, ellos también habían escuchado eso varias veces. No hubo tiempo para resentir la ausencia de su líder, el eco de varias risas los interrumpió. Estaban en las primeras calles de su centro de operaciones, el llamado "Santuario". Varios hombres con chalecos color plata aparecieron frente a ellos, todos rememorando un asalto del pasado.

—Vaya, vaya, vaya, creí que la facción infantil de bronce había muerto, escuché que esa fue una sangrienta noche —Jamian sonrió con burla, a su lado, Sirius miró a los chicos de arriba a abajo.

—Es una desgracia que eso no haya sucedido —murmuró el de cabello negro, sin dejar de verlos.

—Este es nuestro territorio también, no necesitamos pedirles permiso —señaló, Seiya, levantando el rostro y empujando a los de mayor rango con los hombros.

—¿Y eso? ¿Una nueva adición? —preguntó Jamian cuando Shun pasó a su lado— Un consejo niño, si eres inteligente sabrás alejarte de aquí, las cosas podrían ponerse pesadas en un parpadeo.

Shun ignoró el comentario y siguió a sus compañeros con paso firme, tratando de que sus nervios interiores no se evidenciaran. Era extraño escuchar una advertencia de ese estilo en una banda que estaba del mismo lado; pero considerando los hechos que lo llevaron allí supuso que era lo normal.

Hyoga, frente a sus amigos, sólo frunció el ceño. Las últimas semanas habían sido una locura y aunque Camus no le había dicho nada directamente, sus palabras sobre elegir un bando y andarse con cuidado resonaron en su cabeza; Camus era su modelo a seguir, siempre le informaba sobre los sucesos más importante dentro de su pequeña organización, y la muerte de Ikki más ese recibimiento era suficiente para mantenerlo alerta.

En el resto del camino Shun terminó de ser aclarado sobre las bandas rivales. Las principales se componían por el grupo de las costas, de Julián Solo, todos identificables por su vestimenta de mezclilla azul; el de los barrios del sur, a cargo de Hades, chicos vestidos de cuero negro que no dudaban en acuchillar a cualquiera que entrara en sus territorios sin permiso; y el grupo al norte, de Hilda Polaris, caracterizados por una chaqueta blanca. Fuera de ellos había algunas bandas pequeñas que comenzaban a aparecer, un grupo de chicas que ya dominaban toda una calle cerca del centro y algunos otros grupos pequeños que los amenazaban.

Era importante conocer todo eso, Shun debía saber con quienes no podían meterse, Saori había negociado paz con Hilda, y se sabía que estaba en tratos con Julián, que se había mostrado muy accesible a cambio de recuperar una pequeña playa que habían perdido años atrás. Hades y las bandas pequeñas eran un tema aparte, pero Saori creía que la presión de Solo y Polaris sería suficiente para hacer caer al pelinegro dentro de su extraña unión.

El grupo se detuvo frente a una casa con las luces prendidas, al fondo de la calle principal que abarcaban. Afuera estaban dos hombres, uno alto y fornido que abrazaba por los hombros a una chica que usaba una chaqueta demasiado grande para ella, con una banda en el brazo izquierdo color dorado; el otro hombre, pelinegro, estaba hablando con ellos y a pesar de usar una camisa sin mangas, también lucía una banda dorada en el brazo izquierdo. Los hombres dejaron su postura relajada cuando se acercaron.

—Aldebarán, Shura —saludó Shiryu, asintiendo con la cabeza, a sus espaldas sus amigos hicieron lo mismo—. Queremos ver a Saori.

—El incidente de hace tres meses —Aldebarán se recargó contra la cerca de la casa y continuó abrazando a su chica, que los miraba en silencio; Shun notó un brillo plateado debajo de la chaqueta—. Aún no les he dado su pésame, Shaka me dijo lo de Ikki y los demás.

—Las cosas han estado un poco tensas aquí, Shion está tratando de reorganizarnos, dicen que va a irse y le dejará su lugar a uno de nosotros —Shura chocó los puños con Shiryu—. ¿Ellos son todo lo que queda?

—Sí, tenemos a uno nuevo, Shun, es el hermano de Ikki.

Shun tragó saliva cuando las miradas de los mayores se posaron en él para estudiarlo, no necesitó escucharlo, ya imaginaba lo que le dirían.

—¿No deberías estar en la escuela, niño? —la voz de la mujer interrumpió el silencio.

—Tranquila, Shaina, si es el hermano de Ikki entonces no tenemos nada que dudar —Aldebarán señaló con la cabeza la edificación a sus espaldas—. Aioros está adentro.

Shun habría esperado una guarida oscura, con las ventanas rotas, caída por la falta de cuidado, con hombres armados por todos lados y el olor a podredumbre en el ambiente. En su lugar el lugar estaba decorado, pintado de blanco y tonos rosas que iban con la apariencia de la dueña del lugar. Saori Kido tenía un colgante con el símbolo que todos traían en sus chalecos o cintas, el símbolo del grupo, usaba labial rosa con brillos como June, camisa rosa debajo de una chaqueta y una falda corta blancas. Ella los recibió a todos con un abrazo, incluyéndolo a él, con quien se disculpó por Ikki.

—Hubiera podido evitarlo… pero desde que Shion me nombró líder las cosas se descontrolaron, aún más cuando comenzaron los rumores de su retirada, nos estamos cayendo a pedazos, eso lo podrían aprovechar los grupos rivales.

— Pero… la tregua con Solo y Polaris —dijo Hyoga.

—Las treguas se olvidan si de repente nos convertimos en un grupo débil —Aioros se acercó a la ventana, Aldebarán y Shura continuaban en sus posiciones.

—Saori, la facción de plata nos atacó —Shiryu cruzó los brazos—. Asesinaron a Ikki, sabemos quienes fueron, ojo por ojo.

La chica se sentó en su sofá lentamente, su rostro estaba decaído. No quería ver a sus hombres pelear inútilmente entre sí cuando tenían otros grupos rodeándolos y la oportunidad de cualquiera para tomar el centro de la ciudad y coronarse como la pandilla principal de la ciudad.

—Tienen mi permiso, ojo por ojo —dijo, provocando que Aioros volteara a verla de inmediato.

—Saori… eso podría provocar una fractura interna.

—La fractura ya está hecha, ellos no tardarán en actuar, debemos adelantarnos y cortar todo esto de tajo —Saori miró a Shiryu—. Estoy del lado de Aioros, dejaré que ustedes elijan su bando.

Shiryu endureció sus factores y miró al castaño, que estaba preparado poa cualquier cosa que le dijeran, no tenía nada que ocultar, y eso incluía la verdad detrás del asesinato de Ikki.

—Ptolemy, Dio, Misty, Moses…

—Son hombres de Deathmask y Afrodita, ellos están con Saga.

—Entonces creo que continuaremos molestándote, Saori —sentenció Seiya, obteniendo una tenue sonrisa de su líder.

—¿Quién más está en su facción? —preguntó Hyoga, nervioso ante la idea de enfrentarse a Camus.

—No sé si confiar en Shura —Aioros regresó su mirada a la ventana, frente a la que el mencionado estaba fumando y atendiendo a algunos aspirantes— Milo y Camus no se han reportado, pero estoy seguro que Camus será neutral hasta que las cosas se muestren a favor de alguien… no he visto a Shaka en dos meses, ese idiota es difícil de ubicar cuando quiere.

—Lo envíe a negociar con las bandas pequeñas, está con las Dryades —Saori suspiró—. Se unirá a quien le de una mejor posición, aún más ahora que está con ellas, si fuera una chica tal vez ya hasta habría reemplazado a Eris; Mū se fue con él hace un mes, pero él sí está de nuestro lado.

Shun estaba a un lado de Saori, tratando de recordar tantos nombres y las posiciones que tenían. La vida pandillera parecía más que rayar paredes y pelear con otros; había un sistema y reglas que todos parecían respetar más que las propias leyes establecidas por la sociedad. Era un estilo de vida, no un pasatiempo.

—Lo que me preocupa es la posición de Kanon, como hermano de Saga y miembro del grupo de Solo… las cosas se nos pueden voltear si ellos se meten…

El silencio llenó la habitación, todos entendían lo que quería explicar Aioros. Las revueltas internas eran problemáticas, Saori sabía que debía ser rápida y terminar con todo ese drama, o el Santuario tendría un nuevo líder que no descansaría hasta cortarle la cabeza a todos ellos, ya había iniciado, casi terminó con la facción de bronce, mostrando así que ya estaba a cargo de toda la facción de plata. Si otro grupo se metía entonces todos ellos perderían, ella y Saga, nadie controlaría el este y todas las muertes serían en vano.

—¿Qué hay de Shaina? Si ella está con Saga, Aldebarán no nos apoyara.

—Está bien, Aldebarán me aseguró su apoyo, también tenemos a Marín, ella y Shaina saben que bajo las órdenes de Saga serán degradadas.

Las discusiones sobre el apoyo continuaron. Shun se dedicó a mirar la habitación en silencio, entendiendo poco. Su atención pronto se detuvo en la ventana detrás de Aioros, como las cortinas estaban abiertas pudo ver a la perfección a Shaina acercarse a la puerta. La mujer entró al lugar de un portazo.

—¡Apuñalaron a Shion! —anunció— ¡Marín acaba de irse con Aldebarán, pero dice que también arrestaron a Dohko! ¡Fue en nuestros terrenos!

—¿La policía entró?

—Solo avanzaron un par de calles, Marín dijo que fue una pelea con Deathmask, intentaron arrestarlos a todos… en realidad ella no sabe mucho, vino a avisar y Aioria se quedó allá.

En ese momento Shura entró con un cuchillo grande y afilado en la mano, provocando que todos se tensaran. El pelinegro se mantuvo a un lado de Shaina, evaluando a todos los que parecían dispuestos a atacarlo en cualquier momento.

—Saga ya empezó —dijo, dándole una vuelta a su cuchillo para ofrecerle el mango a Aioros—. Sabes cómo es esto, no se detendrá hasta acabar con Saori.

—¿Y tú? —preguntó Aioros, sosteniendo el cuchillo. Sabía que el dar su arma era muestra de que Shura los apoyaba, pero la mirada del pelinegro decía otra cosa, era una probable despedida.

—Saga solo tiene a Afrodita y Deathmask; Camus y Shaka no se meterán hasta avanzado esto y Milo ya lo mandó a la mierda, tal vez en este momento también se están deshaciendo de él. Me quedaré para darles tiempo, ya que la noticia se corrió vendrán directo a acá.

—Saori, ¿tienes en mente un lugar para ocultarnos? Necesitamos organizarnos —Seiya sostuvo a la chica de los hombros, que lo miró pasmada, aún no podía creer que también perdiera a Shion.

—… Las Dryades… Mū y Shaka están con ellas.

—¿Y podemos confiar en el oxigenado?

—Por ahora —Saori asintió, con la mirada en el suelo, planeando—. Incluso si nos traiciona él tiene más decencia, nos lo dirá de frente y si eso es así estaremos cerca de los territorios de Hilda, negociaremos con ella.

Todos asintieron, obedeciendo a su líder. Justo cuando comenzaban a salir, Shun fue detenido por Saori después de que ella pidiera un tiempo a solas.

—Esto no es para ti —dijo, sin esperar ya respuesta—. Conocí a Ikki, él no querría que estuviera aquí, todavía estás a tiempo, puedes irte, Shaina puede llevarte a tu barrio, estarás a salvo…

—Mataron a mi hermano por mi culpa —la interrumpió—. No sólo por mi culpa, lo hicieron por todo esto, una pelea de pandillas, por ideales en los que cada uno cree como correctos, quiero vengarlo, no sabía cuánto hasta que Shiryu lo dijo, quiero comprender por qué murió, en qué creía, saber que… todo lo que por trabajo no fue en vano.

Saori puso una mano en su hombro y lo miró a los ojos, ignorando a Aioros diciéndole que se apresurara.

—Esto no es para ti, ¿estás seguro de que es lo que quieres?

¿Lo estaba?

Remordimiento. El remordimiento le apretó el corazón y la culpa apareció como una sombra permanente. Pero había algo más, nuevo, un sentimiento de ira por las personas que eliminaron a Ikki como si fuera un simple peón en un tablero de ajedrez que su hermano jugaba desde la niñez.

Shun se enderezó y se acomodó el chaleco de su hermano, un par de horas atrás le había parecido pesado y fuera de lugar, ahora se sentía poderoso; todo estaba en su lugar.

Ikki también clamaría venganza.

—Lo haré.

Así sentenció su vida, cambió la dirección de su camino y entró en un mundo diferente, que no le pertenecía, al que necesitaba entrar, necesitaba la expiación que le daría ayudar a terminar con esa guerra interna, a regresar todo como antes.

Esa fue una larga noche.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Aún no sé si dejarlo en un one-shot o alargarlo, porque tengo una idea de cómo, pero creo que está bastante bien así.

De todas formas, al cliente lo que pida ;)

De nuevo, y como siempre, gracias por leer!