El olor era insoportable, una mezcla repulsiva entre comida podrida, vomito y heces inundaba toda el area donde se encontraban las jaulas que encerraban a las peores aberraciones que este mundo podía ofrecer.

En este infierno llamado circo podías encontrar todo tipo e fenómeno, el aterrador hombre lobo, un chico salvaje criado por las bestias de la selva, una mujer con barba digna de un leñador e incluso un tipo que escupía fuego por la boca como un dragón.

Pero una de las atracciones más especiales se encontraba en una jaula cubierta por una lona negra para que nadie viera la monstruosidad que se escondía dentro y si te acercabas solo podrias oir débiles susurros provenir de su interior.

Pero ¿Qué se escondía bajo esa lona que era mejor no ver?

Dentro de esta jaula se encontraba unos hermanos muy "peculiares"; sus torsos estaban unidos volviéndose uno solo, compartían brazos pero aún así poseían dos pares de piernas, uno tenía una expresión sería con su boca decaída mientras que el otro siempre tenía sonrisa en su rostro, era como ver la encarnación de las máscaras de la tragedia y la comedia respectivamente.

Ellos eran las estrellas del show, cada que aparecían en escena los visitantes no podían contener su asombro y terror ante los antinaturales hermanos frente a ellos. Por eso el maestro del circo tenía que ocultarlos, no podía dejar que se arruinará la sorpresa de su espectáculo final.

—Ingo ¿falta mucho para el siguiente show? Me estoy comenzando a sentir mareado.

—Se paciente Emmet, sabes que es el maestro quien decide cuando empiece la función y no podemos hacer nada para apurarlo.

Un resoplido salió de los labios de uno de los siameses, aun si su hermano tenía razón odiaba tener que quedarse en la jaula en completa oscuridad, aunque jamás lo admitiría en voz alta a menos que quisiera enfrentarse a los castigos del "maestro" y ciertamente no estaba dispuesto a pasar por lo mismo que sufrió el enano que solía permanecer en la jaula vacía al lado de la suya.

–Odio tener que esperar aquí, no me gusta estar en la oscuridad...

El hermano de rostro serio volteó a su izquierda para ver la silueta de su gemelo. Aun estando en total oscuridad sabía que su hermano sentía una gran frustración. Tal vez lo sabía por haber vivido desde que nacieron el uno junto al otro o tal vez era porque compartian un mismo corazón.

Ingo extendió su mano y acarició la mejilla de Emmet. Podía sentir debajo de su mano la sucia y magullada piel de su hermano y si bajaba un poco más podría sentir las costuras que torcían su boca en una perpetua sonrisa.

—Yo también lo odio, demasiado, pero no tenemos otra opción, este es el único lugar en el que podemos estar.

Un sonido de resignación escapó de Emmet, era verdad lo que su hermano decía, este era el único lugar para ellos, para unos aberrantes hermanos que habían sido rechazados hasta por au propia madre, quien prefirió entregarlos al maestro del circo antes que aceptarlos como sus hijos.

Las lágrimas empezaban a arder en sus ojos, eso no era vida, permanecer enjaulados como bestias y solo salir para ser tratados como un espectáculo grotesco jamás podría llamarse así.

—¿Pero tendremos que estar siempre aquí? ¿No podríamos escapar a otro lugar donde no nos encuentren? Solo tu y yo Ingo ¿No sería eso fantástico?

Si tan solo la boca de Ingo no estuviera cosida para estar siempre decaida probable estaría sonriendo ante el esperanzador futuro que su hermano deseaba para ellos.

Pero así como era de esperanzador también era imposible.

—Ojalá fuera tan fácil Emmet, pero aun si pudiéramos huir no habría donde pudiéramos vivir, en el mundo exterior no hay un lugar para nosotros.

—¿Y acaso este lugar si lo es? -replicó Emmet con creciente coraje en su voz.

—Definitivamente no... Pero al menos aquí nos podemos refugiar de la lluvia y podemos tener aunque sea algo de alimento ¿pero más lejos del circo que tenemos? Nada, no tenemos un hogar al cual ir ni un tabajo del cual subsistir, no tenemos nada...

Emmet no sabía como responder, sabía que Ingo estaba en lo cierto, que muy seguramente no iban a sobrevivi en el mundo exterior. Pero la idea de vivir y morir en esta jaula lo aterraba aún más, no quería acabar así, quería alejarse de todo y solo ser solo su hermano y el.

Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, el no tenía ningún problema con estar unido a su hermano de por vida ¿Pero por qué tenían que vivir así solo por ser siameses? Ni siquiera pudieron tener una familia que los amará.

Emmet sintió a Ingo secar sus lágrimas que seguían derramándose antes de volver a acariciar su mejilla con ternura.

—Esta bien Emmet, aun si no hay un lugar para nosotros en este mundo eso no importa porque estaremos siempre juntos ¿No es eso suficiente?

Tal vez debería de pedir más, amaba a su hermano más que a nada en el mundo, pero también quería tener una vida digna como cualquier persona... Pero ese era un deseó imposible.

—Si... Eso es suficiente para mi, Ingo.

Eso pareció satisfacer a su hermano, pues el se inclinó lo suficiente para poder besarlo en los labios y Emmet lo acepto. Aun si nunca podrían tener una vida normal al menos Emmet podría tener la certeza de que nunca estaría solo; su querido hermano siempre estaría unido a el, vivirían y morirían junto y el estaba bien con eso.

En un mundo donde no tenían nada, al menos se tenían el uno al otro.