Capítulo 25: Bienvenido
"En su vida existían pocos espacios en su inmune corazón, ciertos asientos que eran ocupados por personas realmente importantes para él. Por eso mismo no lograba comprender porque seguía preocupándose por ella, a fin de cuentas él mismo condeno a esa niña en convertirse en lo que construyeron las mentiras de su padre junto con los Windsor y Shield. Aunque ella prácticamente es una niña pagando por los pecados de su padre siendo su verdugo, uno que no dudo si quiera en tomarla como mujer, experimentar por primera vez las sensaciones de sentirse completo con otro ser humano. Llegando a su duda de su grado de humanidad, en cada carta que recibía de Gilbert inconscientemente se alegraba y que siempre su hermano menor le notificara acerca de Violet, saber que se encontraba viva, aprendiendo a hablar nuevamente, conocer el mundo de la escritura e ir poco a poco educándose como debió haber sido su vida si tan solo esta no hubiera sido cruel con ella, orillándola a abandonar quien realmente fue…Elizabeth Windsor.
- Probablemente el tamaño de mi culpa es lo que me orilla siempre venir a verla. – dijo frente a la lápida que era coronada siempre con flores blancas y últimamente con violetas por parte suya. – Se que mis acciones no pueden remediar lo que sucedió con su hija, ni que estas visitas esporádicas para usted sean un consuelo, pero la verdad…lamento estar haciéndole daño a ella.
Comenzando a adornar la lápida, leyendo claramente "Nina Windsor, amada esposa, madres, amiga y extraordinario ser humano. Siempre estarás en nuestros corazones". Cerro los ojos recordando su único encuentro con esa mujer y como por azares de la vida esa pequeña niña llego a sus manos convirtiéndola en lo que era hoy en día una mera arma, cuando los volvió abrir noto otras dos lapidas cercanas deduciendo de quienes se trataban. Una era del hermano mayor de "Violet" y la otra por deducción de Elizabeth Windsor, se agacho hasta notar como había flores de color azules combinadas con tulipanes blancos además una pequeña muñeca similar a ella.
- Aun no comprendo porque sigo haciendo esto… ella probablemente se encuentre bien en compañía de Gilbert que no sea necesario limpiar mi consciencia en seguir viniendo.
- No sabía que visitar a mis amistades sea un de tus pasatiempos querido. – de reojo el ojiverde vio a su progenitora detrás de él sosteniendo un ramo de flores similar para la familia Windsor. – Sabes en ocasiones recuerdo tu reacción al enterarte de la muerte de ellos o más bien de la pequeña Elizabeth, ¿acaso ya perdonaste todo el pasado?
¿Perdonar? ¿Acaso se podía perdonar a su progenitor y a esa mujer por todo el daño que les causo a su familia? ¿olvidar todo el dolor que provoco en sus seres amados lo que con tanto egoísmos habían provocado dos amantes frustrados por la adrenalina? Porque las acciones de Albert Bougainvillea y Sara Shield no solo hicieron esto con su familia sino que arrastro con ello a civiles inocentes ante la declaración y traición a Leiden, sangre que nunca debió de ser derramada sangre de una nación, de su hogar, del dolor de Víctor Shield, Austin Windsor, la muerte de Nina y de Benedict. Pero sobre todo el dolor de Elizabeth.
- Aunque llegue algún día a perdonar aquellos que nos hicieron daño madre, no creo que ayude mucho cuando ellos están muertos. – se levantó volteando para ver a su progenitora. – Uno podrá perdonar más nunca olvidar y eso créeme que es más doloroso.
Se encontraba harto de pensar, de cómo solucionar en esa maraña de mentiras que el mismo se sumergió en entender, porque una parte de él desea liberar a Elizabeth contándole la verdad y con ello llevarla con Austin, pero …era realista y sabía que hacer eso es alejarla de su lado, mirar como sus grandes ojos zafiro no comprenderían la situación y como ella se aferraría a Gilbert.
- En eso te equivocas querido. – la voz de su madre hizo detenerse. – Cuando decidimos perdonar de todo corazón no es por liberar a aquellos de sus penas, dolor o actos. – Amelia recordó con nostalgia a la que una vez fue su mejor amiga. – Sino para que nuestra consciencia, alma y corazón este en paz con nosotros mismos. Perdonar querido Dietfried, es darnos cuenta cuanto maduramos y que indiscutiblemente somos mejores personas que aquellos que nos hicieron daño."
Su mirada esmeralda no podía apartarla de ver la hermosa figura de Violet abrazada a él detallándola dormir y sin evitarlo sonreír al ver que últimamente la doll dormía más de lo que debería incluso aquel reloj que tenía en despertarse en cualquier mínimo ruido desapareció. Aunque el malestar de ella durante la comida fue espontaneo, más aún al ver como casi nada le apetecía y lo poco que ingirió se fue directo al inodoro.
- ¿No puedes dormir? – la joven interrumpió sus pensamientos. – Ya te dije no es nada grave, no te preocupes seguramente mi organismo aún no se acostumbra a algunas comidas o que últimamente como demasiado y en ocasiones no.
Violet se apoyó un poco más carca de él recargando su barbilla en el pecho desnudo de su esposo y sonrojándose al comprobar que todos los comentarios acerca del Almirante eran cierto: Dietfried Bougainvillea era un hombre hipnotizante, atractivo y demasiado inteligente.
- Créeme que eso no es normal. – suspiro derrotado. – Sera mejor que en cuanto lleguemos a Leiden vayas a realizarte un chequeo médico. – tocando con la yema de sus dedos las mejillas de ella. – No deseo que nada malo te suceda, eres demasiado importante para mí.
La declaración del hombre hizo que sonriera al comprender que poco a poco en su matrimonio las barreras que había leído que se construían se fueron desmoronando y más aún entender un poco más los sentimientos de las personas que ella consideraba importantes en su vida.
- Te prometo que iré con el doctor Víctor en cuanto regresemos. – entrelazo su mano con la de él. – Invitare a la señora Amelia, para que no tengas nada de qué preocuparte.
Su piel se erizo ante la mención de su medio hermano, no conocía mucho sobre Víctor pero ante el escenario con la joven Brown se dio cuenta que el joven tenía el poco temperamento heredado por su padre al grado de no importarle moler a golpes a su propio primo.
- Si te molesta que sea el joven Víctor quien sea mi doctor de cabecera podría solicitárselo a su padre, aunque dudo mucho que acepte después de única vez que tuve un chequeo médico.
Dietfried sonrió al recordar el rostro del hombre mayor al ver a Violet semidesnuda y el a punto de besarla.
- No me molesta simplemente es extraño. – besando la frente de ella. – Solo que es extraño, tener que verlo tan seguido en Leiden y más sabiendo el lazo que me une a él.
- ¿Por qué no buscas un libro de comunicación con tus familiares? – cuestiono Violet. – Seguramente vendrá algo en específico acerca de los lazos de hermanos.
Ante la afirmación de la doll sobre sus lazos sanguíneos con Víctor hicieron que ampliara sus ojos sorprendido y enternecido de que Violet bueno…siguiera de cierta forma siendo Violet.
- ¿Cómo sabes que Víctor es mi hermano? – sus ojos esmeralda se encontraron con los de ella. – Yo nunca te he dicho nada, al menos que recuerde.
- El parecido con el joven Víctor es demasiado a usted y al Mayor Gilbert, al principio me desconcertó después recordé una conversación que hace tiempo escuché de los señores Evergarden por lo que deduje que eran hermanos por el mismo padre, ¿acaso me equivoco?
La mirada esmeralda de Dietfried se oscureció un poco, llegando a la conclusión que seguramente en los pensamientos de su esposo estaban surgiendo malos pensamientos.
- Mi padre le fue infiel a mi madre durante muchos años y el fruto de esa relación termino siendo Víctor además de otro aborto hace tiempo. – miro fijamente a Violet. – Durante años había culpado a mi padre y a toda la estirpe de Sara por las desgracias que habían caído en mi casa, incluso me ensañe con seres inocentes.
A su mente vino ese casual encuentro con ella siendo Elizabeth, la forma en que había respondido a la madre de esta y como su competencia nada sana contra Austin.
- Con el tiempo cuando comenzó todo esto de nosotros. – Violet acariciaba su cabello. – Me di cuenta que no tenía nada que reprocharle a mi padre, si yo mismo me convertí en su retrato. – quería alejarse de ella, se sentía sucio de que alguien tan excepcional como Violet lo tocara, pensando que así la contaminaría, pero ella fue más precavida y aferro su cuerpo al de él. – No pude proteger a Gil, le provoque a mi madre demasiado dolor con mis acciones, use a hombres a mi cargo como meros peones para la guerra y por último tu…
Vio como cerraba sus orbes zafiro ante su toque en la mejilla sonrojada y al sentir el frio metal de lo que una vez fueron manos de carne y hueso se sintió un verdadero bastardo.
- La guerra termino, ahora nos toca seguir adelante con nuestras vidas. – vio fijamente el broche que se encontraba en su tocador. – Estoy segura que el Mayor estaría feliz de que continuara con mi vida y formara una familia.
- ¿Con su propio hermano? – fue sarcástico y rio sin ánimos.
- No. – viéndolo fijamente haciendo que ahora él se sonrojara un poco. – Sino con el hombre que amo y como describían los libros que solía leer.
- Te gusta demasiado leer, ¿no es así? – Violet asintió. – Cuando regresemos iremos a una tienda de antigüedades y compraremos los que desees, creo que volver a leer los libros del CH no debe ser muy entretenido.
Violet se incorporó un poco viéndolo sorprendida, sin siquiera tapar su desnudez siendo ya costumbre para ambos.
- ¿Como sabes que he leído todos los libros? ¿Acaso Claudia le comento?
Ante la mención del pelirrojo Dietfried volteo los ojos, puede que haya arreglado sus asuntos con él, pero no se le olvidaba que estuvo interesado en su momento de Violet.
- No en lo absoluto. – acomodo los mechones desordenados. – Me lo imagine te conozco bien y sé que en los ámbitos que te interesan siempre eres muy curiosa.
- También ¿podemos comprar un piano? – la sonrisa que adornaba a Dietfried fue desapareciendo poco a poco. – Leí un libro de partiduras y desee emplearlas con una melodía que recuerdo cada vez que sueño. Es como...como si escuchándola pudiera sentirme más cercana a alguien.
- Tu madre era una pianista. – la afirmación del hombre hizo que Violet lo viera cuestionándolo como sabia eso. – Es muy notorio deducirlo por la clase de sueños que tienes, además de que también tuviste un hermano y obviamente un padre. –"El cual no dudara en matarme al enterarse de la verdad". – Violet, ¿confías en mí?
La joven asentía regalándole una perceptible sonrisa mientras tomaba con sus manos la de él y las restregaba lentamente en su mejilla.
- Llegando a Leiden no solo iras con Víctor sino que hablaremos de lo que he se acerca de tus orígenes. – Violet sabía que aún no comprendía algunas emociones pero en los ojos de su esposo, veía melancolía y dolor, pero sobre todo miedo.
- Está bien. – acerco su rostro para darle un rápido beso. – Dietfried...te amo.
- Yo también. – miraba fijamente el rostro de Violet. – Nunca olvides que lo único sincero que tengo es esto que siento por ti, Violet.
- Eso lo sé, igual tú eres el único en mi vida.
- ¡Señora Amelia! – grito Taylor al ver en el suelo a la mujer que simplemente le sonrió al ver. – Venga conmigo necesita descansar, el doctor Shield le dijo que por sus condiciones era mejor guardar reposo.
La mirada verde de la mujer sonrió melancólica al recordar la promesa que ese joven le hizo acerca de Dietfried cuando todo explote, sabía que podía confiar en él. Que gracias al cielo Víctor Shield no heredo los malos sentimientos de sus progenitores sino los de aquel hombre que consideraba como su verdadero padre.
- Taylor cariño, no te preocupes fui por un poco de agua. – comenzando a recostarse en su cama. – He seguido las instrucciones del médico al pie de la letra, solo que a veces me aburro de solo permanecer acostada.
- Señora Amelia...- la niña quería llorar al verla en esas condiciones. – No quiero que le pase nada, usted ha sido muy buena conmigo y...
- Tranquila mi niña, esto son síntomas normales. – dijo mientras tomaba el cuerpo tembloroso de Taylor para abrazarla recostándola con ella. - Dime... ¿cómo van las cosas con tu hermana y tu sobrino? Ha sido difícil acoplarse a su nueva etapa.
La niña sabía que la mujer trataba de evadir el tema y no preocuparla, pero internamente ella se prometió que en cuanto regresará el Almirante Dietfried le diría todo sobre la enfermedad de la señora Amelia.
- Muy bien, ese niño es un pequeño travieso. – se rio al imaginarlo. – Se parece demasiado a mi hermana, aunque en ocasiones su carácter es tan serio como su esposo. Es lindo.
- Un bebe en el momento justo y adecuado siempre trae consigo alegría y amor. – cerro los ojos imaginando un nieto de su hijo con Violet. – Espero algún día presenciar el nacimiento de un nieto, aunque siento que hay cosas que Dietfried aun no logra perdonarse.
Taylor iba a cuestionarle, pero unos golpes a la puerta la interrumpieron provocando que se levantara para abrirla sorprendiéndose en encontrar detrás de esta una pareja muy peculiar.
- Buenos días, Señora Amelia. – saludo cordialmente Benedict al ver con semblante caído a la mujer.
- ¡Oh pasa Benedict querido! – saludo alegre la mujer y su mirada quedo fija en...- Tu eres la hija de Austin, ¿no es así Luxie?
La joven de cabello violeta la vio de arriba abajo notando a simple vista que la salud de esa mujer no estaba bien, sino todo lo contrario sintiendo un poco de lastima hacia ella, pero recordó que la familia Bougainvillea fueron los principales culpables de la muerte de Nina Windsor y que los hijos de este desaparecieran.
- Dígame, señorita Windsor, señora. – sabía que su tono de voz fue brusco. – No la conozco bien, ni usted a mi para estas familiaridades.
- ¡Oye! ¿Quién te crees que eres para...? – Taylor que volvió a sentarse cerca de la mujer detuvo a la niña al ver como se levantaba furiosa.
- Taylor, descuida. – sonrió dulcemente a la joven. – Descuide señorita Windsor y perdone mi osadía, no volverá a ocurrir y por mí no hay ningún problema si algún día me dices Amelia.
- Lo dudo mucho.
- Luxie. – la voz de reproche de Benedict le advirtió que estaba enojado. – Es mejor que me esperes afuera.
- Pero...- iba a debatirle, ella estaba ahí porque su padre deseaba saber que tan estrecha era la relación del rubio con los Bougainvillea. – Tú no puedes...
- La que no puede hacer lo que quiera aquí eres tú. – le reprocho. – Dijiste que me acompañarías y no serias grosera, pero en cuanto ingresamos le faltaste al respeto a la señora Amelia.
- Solo le dije que no me tuteara. – refuto ella. – En ningún momento le falte al respeto, al contrario eres tú que le está faltando el respeto pero a nuestro padre al simpatizar con esta gente. – alzo la barbilla enojada. – Aun conociendo la verdad por parte de Víctor estas aquí y...
- Yo no tengo la culpa de que tu padre haya interpuesto su trabajo antes que su familia, que sea tan ciego en no darse cuenta que tenía una serpiente como hermana y que el Albert Bougainvillea haya provocado esta estúpida guerra siendo un traidor.
Amelia veía como el ambiente se encontraba realmente tenso, con la mirada le pidió Taylor ayudarla a incorporarse, ya que no deseaba ser la causante de una disputa innecesaria.
- Deténganse por favor. – pidió. – Benedict por favor no juzgue a la joven Windsor ella está siendo leal a Austin, porque él es su padre así como el suyo. – los invito a seguirla para continuar esta conversación en la sala. – Me disculpo por lo sucedido en el pasado, y que tenga esa perspectiva de mí y mis hijos señorita.
Luxie no sentía enojo, sarcasmo o superioridad en la mujer frente a ella sino un aura buena y noble, completamente diferente a lo que se había imaginado.
- No tiene nada de que disculparse, señora Amelia. – respondió comprensivo Benedict. – Ese hombre...Víctor me dijo parte de la historia y sé que tanto usted como sus hijos fueron inocentes. Yo sé que son buenas personas, aunque el Almirante es un poco difícil.
Ante le mención de su hijo mayor Amelia rio y más al darse cuenta que la gente dejaba de temerle a Dietfried, todo gracias a los sentimientos que tenía hacia Violet.
- Venía a entregarle parte de mi inscripción de la escuela. – Amelia alzo las cejas. – Hodgins me dio un aumento de sueldo y me gane un dinero extra reparando los coches del Almirante.
- Comprendo, pero toma el dinero. – el timbre de la puerta se escuchó alertándolos que pronto dejarían de ser ellos cuatro. – Se que pronto será tu cumpleaños y toma eso como un obsequio de mi parte.
Los ojos celestes de Benedict se iluminaron de emoción y sin esperar abrazo fuertemente a Amelia agradeciéndole por todos sus actos de bondad hacia todos sus amigos y él corroborando del grande corazón de la mujer. Pero no solo era por lo monetario que apreciaba a la mujer sino que al estar cerca de ella es como sentir un poco lo que era tener una madre. Ese acto del joven hizo que en el rostro se Lux se formara un puchero y volteara hacia otro lado, pero sus ojos se agrandaron al ver en la puerta a...
- ¡VICTOR! – corrió hacia su primo para abrazarlos y es que habían transcurrido tres días desde que no sabía su paradero asustándola. - ¿Qué haces aquí?
El joven soltó poco a poco a su prima sonriendo y sintiendo como la mirada de Benedict taladraba su nuca, conociendo perfectamente el motivo.
- Vine a hacer un chequeo a la señora Amelia. – puntualizo. – Lo que me sorprende a mi es que no te encuentres tomando clases con la institutriz, ¿acaso mi tío te dio permiso de salir?
La joven rio nerviosa con clara señal de que no, pero era más importante informarle a su padre acerca de todo sobre esa familia y su relación con su "hermano".
- Digamos que...mañana tomare más clases. – rio nerviosa mientras se rascaba la nuca.
Logrando que los dos hombres del lugar rieran ante la espontaneidad de esa joven incluso Taylor oculto con su mano lo desobligada que podría ser la chica, pero en los ojos de Amelia vio como en Benedict había un brillo especial al ver a la hija adoptiva de Austin deduciendo que probablemente ella estará más unida al hombre y al joven Benedict.
- "Al llegar debo desaparecer de su vida". – pensó Luculia mientras veía fijamente el mar, ya que pronto llegarían a Leiden. – "Gilbert ira a buscarla, pero..." Él no sabe la verdad.
- ¿De qué verdad hablas, Luculia? – una voz a sus espaldas la asusto haciendo que volteara viendo sorprendida a Gilbert.
Y no era para menos, ya que la vestimenta desaliñada que siempre portaba en la aldea fue sustituida por un suéter blanco junto con unos pantalones negros y su cabello peinado hacia atrás. Se sonrojo al darse cuenta que había visto más de la cuenta al hombre.
- Son ideas mías o en todo el viaje has estado evadiéndome. – se colocó al lado de ella notando su nerviosismo. – Luculia. – coloco uno de sus desordenados mechones rojos detrás de su oreja.
- S-Solo son ideas tuyas. – se alejó un poco. – Simplemente es difícil regresar después de...- no podía terminar la oración. – Hacerme a la idea de que mi casa se sentirá más grande.
- De eso quería hablar contigo. -fijo su mirada en Luculia. – Permanecerás conmigo en mi casa a las afueras de Leiden. – vio como ella iba a refutar pero la detuvo con su mano. – Mi padrino y Víctor me comentaron que mi reaparición debe de hablarse con los altos mandos y con mi familia, además Violet...
Los pensamientos de Luculia sobre proteger a Gilbert se interrumpieron ante la mención de su amiga, sintiendo un nudo en la garganta y sus ojos comenzaban a picar con clara muestra que deseaba llorar.
- No. – dijo un poco más fuerte desconcertándolo. – Yo puedo justificar perfectamente mi ausencia, mis amigos sabían que me encontraba fuera por un trabajo, antes de saber que er..era usted.
A Gilbert le incomodo la forma en que Luculia hablaba con él, midiendo su distancia. Sin perder el tiempo la pelirroja camino rápidamente a su camarote, ya que deseaba descansar y no ver al hombre hasta la mañana en que llegarían a su hogar, pero antes que cerrara la puerta un pie la detuvo dando unos pasos hacia atrás al ver como Gilbert ingresaba a su habitación y cerraba la puerta.
- Creo que no me comprendiste, Luculia. – acercándose lentamente a ella que solo retrocedía. – No te lo puse como una opción sino te estoy diciendo que estas obligada a cumplir con la parte de tu trato en permanecer conmigo. – se detuvo al ver como el cuerpo de ella quedaba entre su cuerpo y la pared sintiendo el olor a flores que desprendía y su calor.
- Ese trato se romperá desde el momento en que ambos pisemos Leiden. – se encontraba desconcertada, ya que la mirada dulce de Gilbert le recordó un poco al Almirante Dietfried cuando miraba a Violet. – Ademas yo no soy ningún objeto de su propiedad y no pueden obligarme a permanecer a su lado hasta ese plazo, soy libre de tomar mis propias decisiones y...
- Si incumples con el acuerdo que firmaste serás acreedora de darle a mi padrino una fuerte suma de dinero. – eso lo sabía ella.
- Sueles amenazar a mucha gente, ¿no? – susurro triste. – Es triste descubrir la verdadera forma de ser del Mayor Gilbert Bougainvillea.
La soberbia e ira que inundaba en esos momentos al hombre se esfumo al ver como Luculia levanto la mirada llorando.
- Tal parece que Joseph no se equivocó al decirme que ese hombre amable no eras tu. – Gilbert arrugo el entrecejo recordando a ese sujeto y entonces llevo su mano al golpe en su mejilla, provocando una mueca en ella.
- Tampoco ese sujeto es una buena persona ¿o hubieras preferido quedarte con él?
- Pues usted y él no son muy distintos precisamente.
La forma que decía aquello era como el reclamo de un novio celoso, pero sabía que simplemente el hombre tenía miedo a la soledad, a que al descubrirse la verdad de que había sobrevivido a la guerra no fuera aceptado, pero sobre todo en perder a Violet sin conocer la verdad sobre el matrimonio de su amiga con el Almirante. Mientras que ella comenzaba a divagar, Gilbert se quedó viendo atentamente cada detalle del rostro de Luculia, notando que era cierto lo que pensaba de ella: Luculia era una mujer sumamente hermosa, desde su piel nacarada, sus grandes ojos color verde claro, su cabello rojo como algunas tonalidades del amanecer incluso podía jurar en saber el número de pecas en sus mejillas.
- Nunca te agradecí que trataras en hacerme ver mis errores acerca de la decisión que tomé de alejarme de mis seres queridos. – con su mano metálica la cual portaba un guante negro alzo la mirada de la joven al tomarla por el mentón. – Muchas gracias, Luculia eres una persona muy importante para mí y como te dije no estás sola, me tienes a mí.
Sus narices se estaban rozando y antes de lo previsto se besaron, primero lentamente como si desearan conocer poco a poco la sincronía de sus bocas y su sabor, Gilbert acerco más a Luculia a su cuerpo tomándola por la cintura ganándose un gemido por parte de esta que aprovecho para ingresar su lengua y jugar con la tímida de ella. Mientras que la joven se sentía mareada por el mar de sensaciones de estos últimos días así como las caricias que Gilbert le ofrecía, su piel se erizo al sentir como sus chamorros se topaban con la base de su cama y los besos se fueron deslizando, abarcando su cuello.
- ¿P-Porque...? – las palabras no podían salir de su boca. - ¡Gilbert!.
La joven grito un poco sorprendida al sentir como el azabache la depositaba en la cama colocándose arriba de ella posicionándose entre sus piernas.
- Shhh...solo déjate llevar Luculia. – comenzó a moverse sobre la joven que solo gemía cada vez que juntaba sus sexos. – Ambos lo necesitamos.
En esos momentos la pelirroja no razonaba su mente la traicionaba al sentir, como las amplias manos de Gilbert subían su vestido, sus mejillas estaban rojas por el pudor y la necesidad de sentir a hombre más cerca de ella mientras sentía como su ropa interior se humedecía por su excitación, sabía que a estas alturas no podría negarle nada a Gilbert. En cambio él no podía estar más expectante en estar dentro de Luculia, con sus manos sentía lo tersa y suave que era la piel de ella, lo hermosa que se veía gimiendo debajo de su cuerpo. Sabía que en cualquier momento ambos estarían desnudos disfrutando uno del otro, pero en eso unos golpes al camarote de ella los interrumpió.
- Señorita Marlborough, ¿tiene un minuto? Necesito hablar con usted. – la voz detrás de la puerta de Patrick Evergarden rompió la burbuja de pasión de los jóvenes. – Señorita Marlborough.
En un parpadeo Gilbert sintió como era empujado hasta sentir el frio suelo, levantando la mirada viendo como Luculia se incorporaba viendo rápido su aspecto en el tocador cercano y acomodando la ropa que él había desacomodado, todo ante su atenta mirada y al parecer ella lo noto, porque aparto la mirada al notarlo.
- D-Debería incorporarse y arreglarse. – sintiéndose incomoda. – N-No quiero que ellos malinterpreten la situación y...no tiene que agradecerme por ayudarlo...fue...fue porque era mi obligación estar al servicio de usted.
Las palabras dichas por Luculia lastimaron de sobremanera a Gilbert, más al darse cuenta que posiblemente el afecto de ella solo fue por mera obligación y no porque con el tiempo que compartieron a estar juntos y conocerse, Luculia sintió afecto por él. Se levanto y rápido se colocó detrás de esta poniendo sus manos a cada extremo del tocador, acerco su rostro demasiado al de ella. Donde sus acciones hicieron que ella lo mirara encontrándose con su fría mirada, la cual posiblemente erizo su piel.
- Entonces como tu servicio de permanecer a mi lado aun no terminan, iras conmigo a vivir a mi casa hasta que sea prudente. – acerco más su cuerpo. – Créeme Luculia que como amigo puedo ser muy bueno y condescendiente, pero como enemigo no me quieres conocer.
Sintió miedo de esa nueva faceta del Mayor, pero debía plantarse que era mejor así. Romper toda clase de relación para que cuando llegara el momento de su reunión con Violet no soportaría ver esos ojos llenos de amor hacia su amiga, pero... ¿Violet sentía lo mismo aun por Gilbert?
- Está bien. – respondió.
Al parecer su respuesta lo dejo conforme, porque al decir esto se alejó y caminando hacia la salida, las últimas palabras de él hicieron añicos su corazón.
- Tal parecer mi perspectiva sobre ti cuando te conocí era cierta, tú no eres esa buena persona que sueles aparentar. En eso Violet es mejor que tú.
Al abrir la puerta se encontró con la mirada sorprendida de su padrino, el cual no se imaginaba hasta qué grado estaba la relación de su ahijado con la doll. La atracción de ambos era inminente, pero... ¿Gilbert habrá olvidado a Violet por la joven Luculia? Algo muy dentro de él esperaba que si o sino el golpe de enterarse acerca del matrimonio de su hermano le dolería menos. Lentamente fue adentrándose al camarote asignado para la señorita Marlborough, notando como se encontraba a punto de llorar corroborando que no importaba que tan buen corazón tenían los hijos de Amelia siempre tendrán algo de Albert muy dentro de ellos.
- Si desea llorar puede hacerlo, señorita. – tendiéndole un pañuelo y al ver como ella levantaba la mirada noto como comenzaba a derrumbarse. – No sé qué tan cercana sea su relación con mi ahijado, pero cualquier cosa hiriente que le dijo, pido una disculpa en su nombre.
Ambos se sentaron en el living del lugar uno frente al otro.
- Mi relación con el Mayor Bougainvillea es estrictamente profesional, no hay nada fuera de eso.
El hombre sabía que mentía, pero era mejor no presionarla.
- Comprendo. – aclaro un poco su garganta. – Señorita... ¿puedo llamarla Luculia? – ella asintió. – Mi visita es para cuestionarle ¿Qué tanto sabe Gilbert sobre Violet y Dietfried?
- Él no sabe nada acerca de ellos. – sonrió triste. – En este tiempo no le intereso saber sobre ellos o al menos no conmigo. Es como si en verdad él hubiera deseado permanecer muerto para ellos.
- Ya veo. – en la mente de Patrick sinceramente no sabía cómo abordar el tema con Gilbert, pero era necesario. – señorita Luculia agradezco de antemano que aun permaneciera en este trabajo a pesar de saber quién sería su cliente. Me imagino que fue difícil para usted mentirle a sus amigos y familia, pero...le aseguro que todos estos sacrificios serán recompensados, créame que con esto que acaba de hacer usted acaba de salvarnos de una guerra.
La joven no comprendió esto último, pero por el momento no deseaba divagar más sobre el asunto. Ademas debía materializarse que a partir de hoy comenzaba su verdadera misión con respecto a su cliente: Gilbert Bougainvillea.
Miraba aburrido todo su alrededor recordándole porque odiaba la normalidad de las cosas, como la gente solía ser hipócrita entre ellos mismo ocultando su verdadero ser o sentimientos, probablemente por eso mismo se sentía bien alrededor de Violet. Esa mocosa le mostraba como la crueldad de la humanidad podía sobrepasar los límites por eso mismo siempre estuvo cerca de ella en el campo de batalla porque Violet no se contenía en matar a sangre fría no sentía remordimiento alguno excepto cuando él estaba cerca. Sus ojos avellana miraron con más intensidad como la madera se iba consumiendo por el fuego, recordando como en su última batalla fue él precisamente quien ataco al Mayor Gilbert, pero el sonido de un libro cayéndose le alerto que no estaba solo dirigiendo su mirada en esa torpe joven que siempre solía evadirlo desde que comenzó a hospedarse ahí.
- Señorita Lucia. – dijo sarcástico mirando la hermana menor de Catherine. – Que honor tener su presencia, incluso pensé que le desagrado.
Lucia miraba con duda al hombre frente a ella, recordando cuando discutió con su hermana sobre el hospedaje de Edward y lo peligroso que podría ser para ellas.
- En lo absoluto, simplemente prefiero permanecer en mis aposentos que ser testigo de cómo usted y mi hermana destruyen un matrimonio.
Alzo la mirada ofendida y es que reconocía que Edward era demasiado guapo, pero no era estúpida y hombres con ese grado de belleza y misterio significaba un peligro inminente.
- Lo dices ¿por Violet y el Almirante Dietfried? – vio como la joven asentía provocando que su sonrisa se ampliara divertido. – Que curioso que alguien dedicada a servir a nuestro señor se entrometa por cosas báñales y más tomando en cuenta que se trata de la persona que una vez amo el Mayor Gilbert su exnovio.
La joven no se sorprendió porque Edward conociera esa parte de su pasado, pero si decepcionada de que su propia hermana se encontrara divulgando su vida personal.
- Cuando se trata de algo tan sagrado como el matrimonio es de mi incumbencia, además eso que menciona paso hace mucho. – alzo la mirada orgullosa. – A diferencia de mi hermana yo no necesito excusas para no seguir con mi vida y se perder ante lo obvio.
Ahora fue el turno de sonreír de la joven ante el ceño fruncido del hombre, lo mejor era retirarse no deseaba descontrolar su itinerario hasta que regresara al convento, pero al darse la vuelta se encontró con la figura de su hermana la cual dirigió una mirada de ofensa.
- Yo diría que eres conformista hermanita. – dijo ofendida. – A diferencia de ti, yo sé que lo mío con Dietfried tenía futuro al grado que en estos momentos seria la señora de Bougainvillea sino fuera por ese mecanismo estúpido.
- Sabes que desde hace mucho tiempo perdiste contra ella. – suspiro derrotada la rubia. – Dietfried pudo haber estado contigo teniendo relaciones pero su mente y corazón iban dirigidos hacia Violet.
- ¡ESO NO ES CIERTO! – se sulfuro Catherine. – Yo sé que Dietfried me ama solo esta confundido y siente que debe proteger a esa mujer por el recuerdo de Gilbert. – ante la mención de este último Lucia aparto la mirada. -Pero eso terminará pronto, porque esa promesa de protegerla se romperá.
La sonrisa torcida de Catherine asusto a su hermana y desconcertó a Edward que las miraba desde su asiento.
- Porque esa misma persona que los obligo a unirse será la misma que regrese para separarlos. – la rubia camino lentamente hacia Edward que abrió ampliamente sus ojos ante lo que probablemente su aliada deseaba decir. – Porque mi fuente me ha notificado que Bougainvillea Gilbert se encuentra vivo y que dentro de poco Leiden será testigo del mayor milagro posible.
Sus ojos esmeralda no podían dejar de observar aquella casa donde fue feliz, pero a la vez mucho dolor ante los recuerdos de su progenitor y como este se ensañaba con su hermano.
- Ha pasado tiempo, ¿no crees? – la palmada en su espalda como las palabras consoladoras de su padrino le advirtieron que esto no era un sueño. – Se que es tarde para decirlo, pero...Bienvenido a Leiden a tu hogar Mayor Gilbert Bougainvillea.
Notas de autor: ¡Hola nuevamente! Se que ha pasado mucho tiempo desde mi ultima actualización de esta preciosa historia, pero siendo honesta no he tenido mucha inspiración al grado de frustrarme jajajaja. Aunque volvi a leerla asi como ver nuevamente el anime y ver las peliculas, donde siendo honesta no me agrado al 100% la ultima porque no le dieron la importancia que deberia a Gilbert, pero ame los momentos de Violet con Dietfried llegando a mi el shippeo de nuevo donde ella se quedo con Dietfried en el anime y en la novela con Gilbert, porque su fandom es el mas pacifico que he conocido de otros animes.
Sin mas agradezco enormemente a los nuevos lectores, cada leida, review y su tiempo en dedicarlo a la historia creeme que se los agradezco demasiado, sin mas que decir espero que este capitulo haya sido de su agrado.
Perdonen algunas faltas ortograficas, espero actualizar pronto.
The Other Destiny
