.
.
Epílogo
Anochecía.
A bordo del velero, recorríamos el fiordo disfrutando de un majestuoso ocaso.
El sol besaba la línea del agua, derramando su oro en ella. En el cielo, los cobres, rosados y púrpura se desdibujaban conformando un bellísimo lienzo donde se recortaban las altas montañas y se fundía el horizonte.
Albert, al timón, resultaba más cautivador que el marco que lo recortaba. «Todo un vikingo», pensé admirada, tan hermoso y fiero como las tierras que nos rodeaban.
La proa de la embarcación trazaba una perfecta línea recta sobre la plácida superficie del agua, deslizándose con lánguida elegancia por aquel espejo calmo, que apenas se ondulaba contra los costados.
Me encaminé a la popa, aproximándome a mi vikingo. Se apartó de la rueda del timón, lo justo para ponerme frente a ella y dejarme que gobernara el velero.
Se situó tras de mí, demasiado cerca para que mi concentración tuviera ocasión de centrarse en el manejo y no en lo que aquel condenado gigante despertaba en mí con sólo un roce.
Colocó las manos sobre las mías y apoyó el mentón en mi cabeza.
—Primera lección —informó— evitar ponerte un vaporoso vestido para asistir a clases.
Frotó su cadera contra mis nalgas. Dejé escapar un gemido sorpresivo y una sonrisa vanidosa, ante el rotundo deseo que me presionó contra la rueda de madera lustrada.
—¿Suspendemos entonces la clase? —murmuré melosa.
—Te daré otra en su lugar.
Llevó las manos a mis caderas, ladeó la cabeza y besó mi cuello, dándome un suave mordisco. Me contoneé contra él. Gruñó.
—Has soltado el timón —recordé.
—Pues agárralo fuerte, ahora estoy ocupado.
Sus manos comenzaron a arrugar mi vestido, ascendiéndolo por mis piernas. Mi estómago cosquilleó y mis pezones se endurecieron en el acto.
—Te recuerdo —gemí refregándome contra su cuerpo— que no sé gobernar un velero.
—Lo estás haciendo, nena. Eso y volverme loco.
Cuando sentí sus manos acariciar la piel de mis muslos, dejé escapar un gemido.
—Albert… —jadeé.
—No sueltes el timón, nena, y yo no soltaré el mío.
Cuando apartó mi ropa interior y sus dedos se hundieron en mi sexo, húmedo y cálido, creí morir de placer. Me acarició mientras lamía mi cuello, aferrándome con firmeza la cadera, para inmovilizarme. Y esa dulce indefensión me rindió, arrancándome un orgasmo tras otro. Temblorosa y todavía inflamada de deseo, me liberó para volverme hacia él.
Extendió la mano para colocar el seguro del timón sin dejar de mirarme y sonreír lujurioso. Su mirada me encendió la sangre y prendió mi cuerpo sin tocarlo.
—Y, ahora, voy a darte la segunda lección, una que espero tardes en olvidar, aunque te aseguro que no me importará repetirla las veces que sean necesarias.
Se cernió sobre mi boca, frotando con ardoroso apremio su lengua con la mía, paladeando cada rincón de mi interior y derramando un gemido tras otro en ella.
Me arrastró a trompicones por la cubierta hasta que logramos descender al camarote sin poder separarnos.
Me lanzó sobre la cama y comenzó a desnudarse con burda urgencia. Su hosquedad acrecentó mi deseo. Me deshice del vestido siendo devorada por su turbia y hambrienta mirada, que me hizo suya incluso antes de poseerme. Se abalanzó sobre mí como una alimaña famélica, con rudeza y desesperación, con esa exigencia tan voraz y salvaje que sacudía cada fibra de mi ser.
Y a pesar de estar desbordado por su deseo, logró contenerlo para dedicarme caricias incendiarias y besos abrasadores.
En su atormentado rictus mostró una necesidad tan acuciante como la mía de sentirlo dentro.
—Albert… —supliqué anhelante.
Y, ante mi ruego, se rindió por completo. Me penetró en una profunda y ansiada embestida que me caló en el alma. Porque no sólo nuestros cuerpos se fundieron en uno solo. Nuestra alma y nuestro corazón se sellaron como mismas partes de un todo. El placer nos envolvió, alejándonos del mundo, elevándonos hasta alcanzar un clímax conjunto que derritió hasta nuestros huesos.
Abrazados y plenos, mirábamos por la claraboya un cielo estrellado, tan límpido y hermoso como lo que vibraba en nuestros corazones.
—Me encanta la navegación —musité.
Una risa sacudió su pecho; me arrebujé contra él, dejando que sus dedos se enredaran en mi cabello.
—Y a mí, ser instructor.
Besé su hombro.
Una inquietud que había estado aletargada en mí afloró de repente en busca de una respuesta.
—Necesito saber algo.
Giró la cabeza hacia mí, retiró mimoso un mechón de mi rostro y aguardó expectante.
—¿Me reencontré con mi madre?
Llenó sus pulmones de aire en una respiración profunda, y su semblante adquirió gravedad sumido en los recuerdos. Por fin una sonrisa aligeró mi ansiedad.
—Sí, amor mío, os reencontrasteis. Y, en efecto, no se parecía a ti.
—Pero era hermosa —argüí nostálgica.
—Lo era, y una gran mujer.
—¿Estaban mis hermanos con ella?
—Sí, vivían con ella, con tu ama de cría, Flora, y ese gigante de ébano.
—Ahmed.
Asintió quedo, y volvió a quedar en silencio.
—¿Fuimos felices?
—Vivimos nuestras aventuras, pero sí, lo fuimos, lo somos y lo seremos.
F. I. N
Hola a todos, ante todo mil gracias por sus comentarios y que lean conmigo esta hermosa adaptación, como vemos este es el final de la segunda novela de esta trilogía, En este segundo libro descubrimos a la auténtica Freya, una mujer fuerte, luchadora, que no se rinde ante las múltiples adversidades que aparecen en su camino, dispuesta a conseguir lo que quiere enfrentándose a todo y contra todos, hasta con el mismísimo rey. Rollo, cuando la conoce, se encapricha de ella inmediatamente y de tal manera, que no duda en hacer lo que esté en su mano para que sea suya, lo odie¡ enserio y hasta le deseaba la muerte "literal", pero mi opinión por el fue cambiando , con sus actos y lo que va demostrando, mas adelante se hace querer y lamenté mucho su muerte.
La autora, de esta maravillosa trilogía es: Lola P. Nieva, ella nos hace trasladar a la época y civilización antiguas con solo cerrar los ojos como ha sucedido con Los Tres nombres del lobo y Tras las huellas de lobo, y la tercera es El último aullido, que es el final de esta trilogia.
Todavía no la he leído, y no se si la publique ya que cuenta con 50 capítulos, y donde me imagino que los protagonistas sufrirán mucho.
Aquí les dejo la sinopsis .
SINOPSIS
El sorprendente hallazgo arqueológico de un drakkar vikingo en una de las pozas del río de La Miel, en Algeciras, empuja a Candy a dejar su tranquila vida en Tönsberg para regresar a su Toledo natal.
Convencida de que el pasado desea desvelarle un último secreto, durante la excavación comienzan a sucederse una serie de extraños accidentes, como si una inquietante maldición pesara sobre el lugar.
Una noche, un misterioso aullido arrastra a Candy a los enterrados recuerdos de su otra vida en el siglo ix. Al-Yazira, año 859. El emir Muhammad I se enfrenta a una nueva amenaza de los hombres del norte y, para combatirlos, precisa del único grupo nórdico asentado en al-Ándalus: los supervivientes de Skiringssal, bajo el mando de Albert.
De nuevo solo el amor podrá protegerlos de conspiraciones, venganzas y traiciones, así como de un obstáculo con el que no contaban: el funesto presagio de una hechicera. Juntos deberán enfrentar su destino final, liberando el último aullido de un lobo que resurgirá en ambos con más fuerza que nunca.
Voy a comenzar a leer los primeros capítulos y si decido adaptarla la continuare en el Despertar.
Un abrazo fuerte y gracias .
Aby
