Ovillos de lana

.

De: Midorima

Aries tiene el lugar más alto el día de hoy.
Géminis, por el contrario, tiene el más bajo. Debe ser una señal de que, lamentablemente, te corresponde.

— ¡¿Eh?! ¡¿Cómo que "lamentablemente"?!

Los transeúntes que caminaban a su lado se alejaron con miradas cautelosas y de advertencia ante su repentina exclamación, en otra circunstancia, Aomine podría haberse sentido avergonzado, pero ahora mismo lo único a lo que prestaba atención era al teléfono en su mano que sostenía con más fuerza de la necesaria.

De: Midorima

Tu objeto de la suerte es un ovillo de lana.
Considerando tu facilidad para arruinar las cosas, te aconsejaría llevarlo.

Aomine meditó por unos segundos arrojar su teléfono al suelo, pero con un profundo suspiro, desistió, finalmente guardándolo y siguiendo su camino; la casa de Kise no estaba lejos, no podía distraerse con tonterías, no importa cuánto lo quisiera.

Temía que cualquier distracción acabará con la valentía momentánea que sentía y que tanto le había costado reunir.

Era ridículo, todo esto. Sentía sus mejillas calentarse solo pensando en lo que estaba a punto de hacer, y una parte de él no dejaba de gritarle para darse la vuelta y alejarse lo más rápido posible, tal y como un maldito cobarde, Kagami había dicho divertido cuando lo comentó, como si le tuviera miedo a Kise.

Kise.

¿Qué miedo le podía tener él a Kise? Lo único que sentía por el rubio eran ganas de protegerlo, de abrazarlo, de decirle cosas bonitas hasta que se avergonzara lo suficiente para no saber cómo responder, de besarlo y-

Okay.

Se había necesitado de las burlas de Bakagami, la mirada indiferente pero sabelotodo de Tetsu, y las para nada disimuladas risas de Satsuki para que finalmente Aomine admitiera que sí, tenía sentimientos más que amistosos por Kise. Había sido necesario el doble de eso, un reto del estúpido de Bakagami, una sonrisa alentadora de Tetsu, y los ánimos siempre entusiastas pero vergonzosos de Satsuki para que Aomine decidiera hacer algo al respeto.

Aomine odia a los tres, porque lo que esperaba fuera un secreto entre ellos cuatro al menos hasta que Kise aceptara ser su pareja (porque por supuesto que lo haría, no importa lo que dijera esa pequeña voz en el fondo de su mente demasiado insegura), había terminado siendo asunto de toda la puta Generación de los Milagros.

Akashi lo había llamado, para su eterno terror, dando sus bendiciones pero advirtiéndole de las consecuencias de lastimar al rubio (y qué carajos, desde cuándo Akashi y Kise eran así de cercanos); y por otro lado Midorima no dejaba de mándale mensajes de buena suerte a la vez que lo insultaba, mientras que Murasakibara parecía pensar que la mejor manera de conquistar a Kise era a través de su estómago, si los mensajes de las diferentes tiendas que se especializaban en los dulces favoritos del rubio significaban algo.

Aomine los odia a todos, pero a pesar de ello, no puede evitar sentir cierta tranquilidad en tener la bendición de su antiguo capitán, y quizás no ahora, sin embargo sabe que más adelante le dará uso a los mensajes de Murasakibara, además de que, pese a lo vergonzoso que es, definitivamente ha comprado ovillos de lana.

(Compró dos. Al principio solo había sido uno, amarillo porque por supuesto que sería amarillo, pero ese ovillo se veía pequeño, solitario, verlo así lo fastidiaba. Así que pensó "a la mierda", y compró uno más en azul.

Se veían bien juntos.

Eso debería duplicar su suerte, ¿verdad?)

Finalmente, luego de vueltas y paradas injustificadas, la casa de Ryōta está justo enfrente suyo. Aomine siente las piernas temblar, su corazón acelerarse, y joder, está sonrojado; esto no se ve como una buena idea, probablemente debería dar la vuelta y alejarse lo más rápido posible, qué estaba pensando, él no puede confesarse, quizás si se apresura y vuelve ahora Kagami estaría dispuesto jugar un rato y podría distraerse y-

Golpea la puerta, porque él no es un cobarde y no tiene miedo de Kise.

También Midorima dijo que hoy es su día de suerte, y compró dos malditos ovillos de lana que no servirán otro día, y quizás él no cree demasiado en esas tonterías, pero desperdiciar su suerte se siente como algo estúpido que hacer.

Cuando la puerta comienza a abrirse, más rápido de lo que le gustaría, Aomine no está preparado. No tiene ni idea de lo qué dirá, nunca ha sido bueno con las palabras, y se supone que debe ser romántico, ¿verdad? Debería haber planeado esto mejor.

— ¿Eeeeh? ¿Aominecchi? — Kise aparece del otro lado de la puerta, sorprendido pero con una enorme sonrisa al verlo y maldita sea, Daiki no puede evitar molestarse porque Kise, el imbécil, luce increíble como siempre, y esa sonrisa le está haciendo cosas raras, lo que es completamente injusto. — ¡Aominecchi! ¿Cómo estás? ¡Qué sorpresa que hayas venido! Pasa, pasa.

Sería fácil, piensa, caer en una charla ociosa y sin sentido. Podría pasar al hogar de Kise, olvidarse de cualquier confesión, arrojarse con su amigo en el sillón de la sala y jugar videojuegos toda la tarde, podrían ver una película, burlarse uno del otro y pedir una pizza pero Aomine no puede evitar pensar que ese sería el camino del cobarde.

Toma el brazo de Kise, evitando que se adentre a la casa. Siente sus mejillas calentarse ante la mirada curiosa del modelo.

Quiere acabar con esto, quiere besar al idiota y y, a la mierda. Demasiada palabrería es innecesaria, es mejor ser directo.

— Te amo, idiota.

Quizás no sea la mejor manera de confesarse, pero hey, al menos el rostro de Kise se ve asombroso todo sonrojado.

.

.

.

[Fin]


¿Debería seguir publicando en español para este fandom? Probablemente no, pero maldita sea, quiero contenido en mi idioma.

Este no es mi mejor trabajo, pero realmente quería escribir algo para el aokise day, ¡Espero que alguien pueda disfrutarlo!