Parejas principales: Yamato x Sora; Takeru x Hikari; Ken x Miyako y varias

Basado en la serie: "Digimon" ⒸAkiyoshi Hongo, Toei Animation

Los nombres y las edades de los hijos de los elegidos en las fechas señaladas en esta historia, no son oficiales.

Los padres de Yamato y Takeru se volvieron a casar, poco después de las aventuras de Digimon Tri.

Los personajes que no pertenecen a ninguna de la franquicia de Digimon, son originales míos y procedentes del fic Digimon: The New World.

Este fic es una especie de secuela, pero abarcará nuevas aventuras que estarán divididos en varios arcos, con la historia y parejas del fic mencionado con anterioridad. Los arcos pueden leerse por separado y no estarán vinculados entre sí.


DIGIMON: KAKO NO KONSEKI

by: Atori


ARCO DE ELPIDAMON · 1ª parte

MUNDO DIGIMON un lugar lleno de magia y fantasía. Un lugar donde residen monstruos digitales con la capacidad para hablar, razonar y digievolucionar, convertirse en digimon más poderosos.

Para los monstruos digitales, o abreviando, digimon, la digievolución es la forma que tienen ellos mismos para crecer. Algunos poseen la habilidad de quedarse en la forma en que digievolucionen, y otros, no tienen tanto poder como para mantenerlo.

Esa forma de crecer era lo que los seres humanos habían temido desde la convivencia entre humanos y digimon. Y por culpa de ese miedo, y para continuar siendo la especie por encima de todas, sucedió que algunos usasen a sus propios compañeros digimon para fines personales. Los usaron como objetos de experimento; para conseguir dinero; o incluso para aprovecharse de su buena fe y sus habilidades para martirizarlos./

Antes de que se decretara la convivencia entre humanos y digimon, en el mundo digimon siempre había existido la ley del más fuerte. Con digimon tan poderosos, los pequeños digimon tenían que huir para sobrevivir.

Pero desde que había aparecido el grupo de Taichi y compañía, esa idea de la ley del más fuerte se fue perdiendo. Los digimon oscuros que gobernaban y manipulaban los corazones de los digimon, se fue extinguiendo. Todo gracias a los Niños Elegidos.

Sin embargo, aunque la evolución de los digimon estuviera entrelazada con los seres humanos y con su mundo, no sería miel de rosas.

Durante un largo periodo, muchos digimon fueron víctimas del acoso de los seres humanos. Algunos de esos digimon fueron corrompidos por Homeostasis e Yggdrasill. Dos entes que se consideraban los dioses del Mundo Digimon que velaban por el equilibrio y la evolución de los digimon.

Ellos buscaban la venganza contra los seres humanos. Sin embargo, sus opiniones diferían. Yggdrasill quería que los seres humanos, los culpables de que existiese la colaboración entre el mundo humano y digital, sufrieran para que comprendieran lo que los digimon víctimas habían padecido. Homeostasis, por su parte, aún conservaba la esperanza en ellos. Y sólo a través de varios incidentes, creía que podrían entender su error.

La ley de ambos entes era absoluta y dictatorial. La batalla contra Yggdrasill el ente más cruel, se había desarrollado poco después de que la misión de Yuuta y sus amigos se cumpliera. Homeostasis se había presentado poco después, para hacerlos entrar en razón de que era un terrible error que humanos y digimon convivieran juntos. La falta de acuerdo, decretó a Homeostasis que, si los digimon seguían siendo víctimas y esclavizados, se declararía la guerra.

Una guerra que había sucedido dos años después de aquello en el mundo real.

Homeostasis había querido dar una oportunidad a los compañeros digimon de los humanos para que se pasaran a su lado, y no fueran considerados sus enemigos. Sin embargo, existieron muchos que no estuvieron de acuerdo. Su amistad inquebrantable con su compañero humano, superaba a la petición de su padre y creador.

Fue cuando se libró lo que hoy conocían como la Gran guerra de coexistencia entre digimon aliados y digimon devotos.

Aquella guerra había sido muy dura. Muchos humanos habían tenido que presenciar como sus propios compañeros digimon (los digimon devotos) se convertían en seres de la oscuridad. La luz de la evolución que Homeostasis les había imbuido, supuso un dolor muy profundo en muchos y muchos daños colaterales.

Yuuta y sus amigos se habían encargado de aquellos digimon, mientras qyue Taichi y los demás, se enfrentaron a Homeostasis.

El poder de los doce elegidos junto al de las cuatro bestias sagradas y su líder Huanglongmon no había servido para nada.

La desesperación empezaba a emerger en sus corazones. Pero entonces, sucedió un milagro que jamás olvidarían.

El poder de todos los elegidos de las distintas dimensiones con Mundo Digimon enlazado, con sus gobernantes dando también su poder, había llegado hasta Taichi y los demás, provocando que sus digimon se convirtieran en uno solo: Omnimon.

Un digimon ángel majestuoso dorado con ocho alas a la montado sobre un hermoso corcel. El poder de todos los elegidos de todas las dimensiones y el de los elegidos de su propio mundo habían provocado aquel milagro y que Omnimon derrotase a Homeostasis.

Ahora, quince años después, ninguna nueva amenaza había perpetrado en el mundo digimon ni en el mundo humano.

Todavía existían humanos que no habían aprendido la lección y usaban a sus digimon para su propio beneficio. Pero ahora, tanto Taichi como sus hijos, habían estado trabajando muy duro para detener esas torturas. Sin embargo, querer detener a la codicia humana, era como querer que el mundo real existiera una utopía.

No podían detenerse de su misión. Era algo que continuaría durante las siguientes generaciones. Pero mientras existiesen quién los quisiera detener, la balanza no volvería a inclinarse hacia la codicia humana.

Al principio, sólo eran pocos quiénes trabajan en ese proyecto, pero con el tiempo, muchos empezaron a apoyarlo desde las distintas organizaciones. Ya no eran solo ellos, ahora contaban con un gran número de apoyo.

Así como al principio, la convivencia entre humanos y digimon había sido muy dura, posteriormente, lo fue el detectar a los humanos que maltrataban a sus digimon.

Quedaba todavía mucho y, como los digimon que nacían de digihuevos, nacerían nuevos humanos que maltratarían a los digimon.

Era una misión infinita. Pero mientras existiesen quién pudiera detenerles, podrían alcanzar una coexistencia pacífica entre humanos y digimon.

Perseguir eso era una utopía. Y ellos no vivirían para siempre para continuarlo. Sólo les quedaba realizar su misión en el tiempo de vida que tenían junto a sus preciados compañeros digimon.

Sin embargo, también tenían el derecho a su merecido descanso.

Habían pasado por tantas aventuras, tantos peligros, tantas muertes de buenas personas y de digimon, que albergaban tanta experiencia como para transmitirla a la tercera generación.

Eran abuelos.

Ni ellos mismos se lo creían.

Con Taichi, todos los elegidos junto a sus respectivas parejas reunidos, contemplaban el vasto mundo digimon, rememorando todas las aventuras que habían vivido.

Respirar ese aire fresco, sentir el viento rozando sus pieles, les producía una sensación de paz y tranquilidad. Era como si volviesen a ser los niños aventureros de antaño.

Sus compañeros digimon, a su lado, tenían la misma nostalgia.

Habían luchado durante tanto tiempo. Habían crecido no solo en tamaño y color, sino en madurez. Aunque aún existían cosas que jamás cambiarían, como el hambre insaciable de Agumon o el pequeño punto de infantil de Patamon.

Taichi y los demás, tampoco es que hubieran cambiado mucho. Salvo en el aspecto físico, donde alguna arruguita o alguna cana empezaba a entreverse.

La edad nunca perdona.

Pero aunque cambiasen físicamente, sus motivaciones seguían siendo las mismas.

Además, ahora, a diferencia de hace diecisiete años, todos se habían perdonado (en lo que respetaba a Mimi) y volvían a reunirse como antaño y más a menudo. Sin embargo, si existía una fecha en la que nunca faltaban, aunque eso supusiera una falta grave en el trabajo, era el 1 de agosto. Fecha inmemorable en que todo había comenzado.

1 de agosto de 2043

El aire del Mundo Digimon tan distinto al aire que envolvía a Japón era más refrescante en aquel día de verano. Mecían los cabellos de los elegidos, que viéndolos al lado de sus respectivas parejas resultaba una escena fotogénica. Especialmente, en aquel lugar tan enternecedor como era la Ciudad del Comienzo.

Aunque estaban todos reunidos, cada pareja parecía estar en su propio mundo. Recordando los viejos tiempos, o quizás, disfrutando de ese lugar tan maravilloso y que, a casi todos, había sido el núcleo que hizo que se conocieran y se casaran.

Ver el cielo que se extendía más allá del horizonte, era como ver el futuro que sus hijos y sus nietos atravesarían, para ganar experiencia y luego, cuando ellos fueran más mayores, recordarlo con una sonrisa en la cara. Como ellos.

Tantas cosas habían atravesado, tanto como aventureros como personales.

Sus primeras aventuras digitales.

La pérdida de sus queridos compañeros digimon, de digimon aliados e incluso humanas como la de Yukio Oikawa.

Amores que terminaron en fracaso. Otros que seguían perdurando con la misma fuerza desde su inicio hasta el día de hoy.

Peleas entre amigos por celos, traumas del pasado o por haberlos abandonado.

Pérdidas de familiares como habían sido las de Kibou, Sachi o la conciencia de haber perdido a Yamato. También estaban el fallecimiento de sus padres por causa natural y propia de la vida humana.

Separaciones de parejas por diversas razones.

Desconfianza de unos con otros.

Malentendidos.

El asimilar que un digimon tenía que cumplir su deber, y no tener una vida propia y enamorarse como los seres humanos.

La pérdida de memoria de uno de ellos, y la desesperación que había ocasionado a sus seres más cercanos.

La experiencia inolvidable de haber estado encerrados por varios días, haber pasado hambre y con el corazón en un puño al descubrir que sus hijos estaban allí y enfrentándose al peligro.

Los reencuentros que habían ocurrido cuando habían sido liberados.

La constancia de todos en solucionar el problema que había derivado detrás de aquella amenaza: el maltrato del ser humano hacia los digimon y, como consecuencia, la venganza de Homeostasis e Yggdrasill.

La tristeza de los compañeros humanos al ver como sus propios digimon se habían convertido en enemigos, por culpa del lavado de cerebro de Homeostasis. Sin embargo, sus hijos habían hecho un excelente trabajo, y los habían salvado a todos.

La única pérdida, habían sido Agumon y los demás, hasta que años después, volvieron a reencontrarse.

Tantas experiencias reunidas. (N/A: Que aquí termina el resumen de Digimon: The New World)

Tantas emociones juntas, que, aunque habían pasado por muchísimas cosas buenas, no les gustaría volver a experimentar.

Ya estaban demasiado mayores para ello.

Ahora, sólo tenían que encaminarse hacia el mañana.

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En aquel lugar tan especial y mágico para los digimon, para niños y para cualquiera con bondad en su corazón, una hermosa canción salía de los labios de una rubia adolescente, acompañada de la melodía de un violín que un digimon de tipo ángel tocaba.

A su alrededor, estaban los hijos más pequeños de los Ichijouji y de los Yagami y, junto a sus propios digimon, y otros de distintas etapas evolutivas, predominando más los de tipo younenki, contemplaban embelesados aquella dulce canción cantada por Hinode y tocada por Elpidamon.

Ambos formaban un dúo musical perfecto, como si tuviesen una conexión especial que hacía que la voz de la adolescente y el instrumento que tocaba el digimon, compaginasen a la perfección.

La voz de aquella adolescente era igual de angelical que su digimon, Nairmon, cuando digievolucionaba al siguiente nivel.

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Ishida Hinode, hija de Ishida Takeru (N/A: En el fic Digimon: The New World los padres de Takeru y Yamato se volvieron a casar, poco después de las aventuras de Tri) e Ishida Hikari. Estudiante de segundo año de la escuela Tsukishima. Integrante del club de coros.

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Aquella hermosa canción envolvía a sus padres y a sus amigos, que se encontraban algo alejados de ellos para tener su propia intimidad, pero sintiendo aquella música que los relajaba y los hacía enamorarse aún más de sus parejas.

El panorama que se visualizaba de ellos, parecía la de un picnic, pero estando cada pareja en su propio mundo, indicaba que aquello no era un simple día de picnic para compartirlo juntos.

Sin embargo, la canción y la ocasión, habían convertido aquel momento en algo más personal e íntimo.

Ryu y Kaori se encontraban en medio de los digimon pequeños contemplando aquella maravillosa canción, ignorando el sentimiento de felicidad romántica que existía entre sus padres.

Cuando la canción hubo terminado, todos los digimon gritaron emocionados, clamando la bonita voz de Hinode y lo bien que Elpidamon había tocado.

Sin embargo, a Hinode le importaba más la opinión de cierta persona en particular.

—¿Qué te ha parecido, Ryukun? ¿Te gustó?

El chico que aplaudía sonriente afirmó, añadiendo lo bonita que era su voz, como si fuera la primera vez que la escuchaba. Eso emocionó mucho a la rubia. Todo lo contrario a la hija de Taichi.

—Oye, Ryukun —dijo Kaori acercándose a él—, ¿quieres probar las galletas que he preparado? Las hice especialmente para ti.

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Yagami Kaori, hija de Yagami Taichi y Yagami Meiko. Estudiante de primer año de la escuela de Tsukishima. Integrante del club de economía doméstica.

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—Gracias, Kaorichan —cogiendo aquella bolsita llena de pequeñas galletas tan bonitas y bien decoradas, y comiéndolas con deleite.

Una sonrisilla se le dibujó en la cara de Kaori, mirando de reojo con algo de malicia a su prima, demostrando su triunfo sobre ella.

Hinode apretó los puños rabiosa.

Su prima Kaori y ella estaban enamoradas del mismo chico. Y ambas competían por saber quién lo conquistaría primero.

Hinode, habiendo heredado la belleza propia de los Ishida, pelo rubio y ojos azules, tenía algo más de ventaja. Pero su prima, con su larga melena negra y sus ojos rojo oscuro, tampoco es que fuera del montón. Aunque, claro, no destacaba tanto como ella. Pero tenía un carácter que Hinode no poseía, y era que no tenía miedo a nada y una personalidad excesivamente animada y espontánea.

—Me alegra mucho escuchar eso de ti, Ryukun —comentó ella con una amplia sonrisa— ¿Y has pensado en lo que te dije el otro día sobre salir juntos?

—¡Uff! —soplando con fuerza, como si le pesase lo que le iba a decir—. Es que últimamente ando muy liado con los estudios y el club. Así que, no podría darte el tiempo que te mereces —contestando con una pequeña sonrisa.

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Ichijouji Ryu, hijo de Ichijouji Ken e Ichijouji Miyako. Estudiante de segundo año de la academia privada Tamachi. Presidente del club de informática y de ajedrez.

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—¡Ya lo has oído, Kaori! —comentó molesta, tapando con su cuerpo a Ryu para que no siguiera en el radio visual de su prima— ¿Cuándo lo vas a dejar en paz de una vez? ¿No te das cuenta de que no tiene tiempo para salir con chicas?

—¡Sí, claro! —respondió sarcástica— ¿Acaso no fuiste la última vez a su casa, para que te explicara algo que, supuestamente, no sabías? —añadiendo con retintín.

—¡No era "supuestamente"! ¡Es cierto que no entendía! —defendiéndose, aunque su nerviosismo, la delataba—. ¡Además, que no estuvimos solo charlando, sino que también estuvimos estudiando! —fingiendo toda la sinceridad posible.

—¡Cuéntale ese cuento chino a otra! ¿Vas a decirme que no fuiste para aprovecharte de la situación, en vez de pedirle ayuda a tus hermanos o a tus primos que los tienes más cerca?

—¡Ja! —mofándose— ¡Fue a hablar la que se escapa entre clases, para llevarle a Ryukun el almuerzo hasta Tamachi! —teniendo la ventaja en sus manos, la aprovechó al máximo— ¡No creo que al tío Taichi le haga mucha gracia saber que su hijita llega tarde a clases porque usa a Momoplotomon para ir hasta Tamachi!

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Momoplotmon, forma seichouki del digimon de Kaori. Su apariencia es como la de Plotmon, con la diferencia de que es de color del durazno. Tiene la habilidad para digievolucionar hasta el nivel kazentai, siendo sus digievoluciones muy parecidas a las de Meikuumon.

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Fue el turno de que Kaori apretara los puños, irritada de que su prima fuera capaz de chivarse a su padres de las salidas que hacía a la hora del almuerzo.

Frunciendo el ceño, decidió que, si su prima iba a jugar sucio, ella también lo haría.

—¡Yo tampoco creo que al tío Takeru le guste saber que su querida hijita, baje las notas a propósito, para que Ryukun la enseñe!

En medio de esa batalla, donde los digimon que la veían se reían ya acostumbrados a sus peleas, Momoplotomon meneaba la cabeza, clamando paciencia. Parecía ser más sensata en comparación con su compañera humana, donde se sentía cansada de la discusión infantil que mantenía con su prima por un chico. Un chico, que, cabía destacar, no ponía orden entre sus dos amigas, sino que sonreía feliz mientras comía las galletas y las compartía con los digimon. El digimon de Ryu, Kaikomon, no había aceptado las galletas que su compañero le había ofrecido, sino que miraba con cierta severidad a su compañero.

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Kaikomon, forma seichouki del digimon de Ryu. Como su nombre indica, tiene forma de un gusano de seda. Es de color blanco y sus ojos son rojos, por lo que, involuntariamente, asusta a la gente que lo ve por primera vez. Puede digievolucionar hasta el nivel kazentai, donde se transforma en un insecto grande con una especie de vagón de tren sobre su lomo, que lo convierte en uno de los digimon más veloces que existen.

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—Ryu, ¿no piensas detenerlas? —le preguntó su digimon, aunque sabía muy bien la respuesta.

—¿Por qué? Si es muy divertido.

Una de las características de Ryu es que disfrutaba mucho el tener a Hinode y a Kaori desviviéndose por él. En ese aspecto, era bastante arrogante y presuntuoso.

Por otro lado, Elpidamon observaba a las dos chicas discutir y meterse pullas, y al chico, todo despreocupado de la situación.

En esas situaciones, solo podía sonreír nervioso. Por propia experiencia, sabía que inmiscuirse era una terrible decisión.

Guardando el violín en su maletín, varios digimon se acercaron hacia él para felicitarlo. Gesto que Elpidamon agradeció con suma sinceridad. Entre aquellos digimon, habían algunos que pertenecían al centro de rehabilitación para digimon que llevaban Isaki y Kazumi.

—Oye, Elpidamon, ¿es cierto que no tienes compañero humano? —le había preguntado un digimon de tipo osezno llamado Bearmon.

La pregunta del digimon estaba cargada de algo de intriga y curiosidad.

—Lo tuve, pero murió hace mucho tiempo —contestando con algo que no era mentira.

—Pero, ahora vives con una familia humana que tienen compañeros digimon, ¿es que tan fácil te has olvidado de tu compañero humano?

Elpidamon quedó callado ante su pregunta.

Aquel Bearmon había sido abandonado por su propio compañero humano, cuando había digievolucionado. La razón de su abandono, es que, para su compañero humano, tener que convivir con un digimon bastante grande y algo regordete, le resultaba una carga muy pesada. Y sin más, lo había llevado a un lugar desierto, dejándolo ahí tirado. Su compañero humano había esperado que Bearmon se muriera de hambre, antes de que lo encontrase el servicio de protección de digimon. Pero no había tenido mucha suerte y el humano había sido acusado con una multa de miles de yenes y una pena de cinco años en prisión. Todo gracias a que una pareja que estaban de viaje y se habían perdido, que lograron encontrar a Bearmon y reportado a la protección de digimon y a la unidad que llevaba los asuntos de abusos de humanos contra digimon.

Al ser el último que había llegado a la protectora que llevaban Isaki y Kazumi, tenía el trauma muy reciente. Por lo que pensar en que Elpidamon pudiera haberse olvidado de su compañero humano tan fácilmente e irse con otros, le hacía recordar su propia experiencia. Aunque había sido abandonado, un lado de él, no dejaba de pensar en regresar con su compañero humano. Le habían dicho que padecía el síndrome del digimon abusado, aunque Bearmon no sabía lo que significaba eso exactamente.

—Por supuesto que nunca la he olvidado —le había contestado Elpidamon con una media sonrisa. Su yelmo no permitía ver la tristeza que existía en sus ojos—. Siempre está a mi lado, y sé que querría que fuese feliz.

—Pero… —Bearmon seguía desconfiado. Estaba tan cerrado de mente, que necesitaba muchísima rehabilitación para que pudiera tener una nueva vida como digimon o como compañero digimon de otra persona que no podía tener digimon, como eran las personas que habían nacido antes del año dos mil.

—Además —continuó—, ella hubiera deseado que me quedase con esas personas —mirando a Takeru y a Hikari, donde atrás había quedado todas las cosas por las que había sufrido—. Sobre todo, cuando habían perdido a Patamon y a Tailmon.

Las palabras melancólicas hicieron reflexionar un poco a Bearmon. Aquel digimon ángel del que tanto había oído hablar, aunque hablase del corazón, se le notaba muy triste en sus palabras. Era como si su compañera humana estuviera al mismo nivel que la familia humana con la que vivía.

Nairmon que había echado la oreja en la conversación, no pudo evitar intervenir y pedir a Bearmon y a los digimon que estaban a su lado a que animasen a su compañera humana en su discusión, que seguía manteniendo con Kaori. Pues las dos chicas no se habían dado cuenta de que los pequeños digimon habían creado dos bandos, donde unos apoyaban a Hinode, mientras que otros apoyaban a Kaori. Y luego estaba el tercer grupo, pasándoselo mejor con Ryu, porque compartía con ellos las galletas que Kaori le había hecho.

—¿Estás bien? —preguntó Nairmon a Elpidamon con preocupación, observando que nadie les prestase atención.

—Por supuesto, no te preocupes —acariciando la cabecita de ese digimon.

El digimon recibió la caricia, sin embargo, parecía no estar conforme con algo.

—¿No sería mejor que dijeras de una vez la verdad?

Cuando Nairmon había conocido por primera vez a Elpidamon, había tenido como una sensación extraña con él, como algo familiar y conocido. Esa sensación la sintió más fuerte durante el combate contra Dunkelmon y Lichtmon. Y su poder tan similar al suyo, empezó a inspirarla en algo que no podía ser cierto.

Pero cuando se había activado el poder de los cuatro digielegidos legendarios, Nairmon no había tenido ninguna duda de que aquel digimon estaba relacionado con la familia de su compañera humana y la suya propia, aunque no sabía el cómo y el porqué.

Por eso mismo, le había consultado a Aiyomon, quien parecía conocer algo más sobre aquel extraño digimon, que parecía el mismo hijo de sus padres digimon cuando eran Angemon y Angewomon. Nairmon había estado observando qué tanto Aiyomon como su compañera humana, parecían saber el gran misterio que envolvía a Elpidamon.

Para su mente infantil, saber que, antes de que Isaki naciera, Hinode había tenido una hermana con su compañero digimon y que habían muerto por culpa de digimon oscuros, había resultado muy impactante. De todas formas, Aiyomon no había profundizado mucho en sobre cómo habían muerto, contándole lo mismo que le habían contado los padres de Hinode y sus padres digimon.

Tras la muerte de sus padres Patamon y Tailmon, Elpidamon había decidido vivir con Takeru y Hikari para ayudarles a sobrellevar el dolor.

Al principio, Nairmon no sabía muy bien por qué, pero con el paso del tiempo, su vínculo con Elpidamon se había ido profundizando y junto a Hinode, habían descubierto la gran verdad que solo sabían Aiyomon, Kabumon y sus respectivos compañeros humanos.

A pesar de que habían pasado muchísimos años viviendo juntos, Elpidamon nunca había confesado la verdad de su origen.

Nairmon no sabía muy bien el porqué, pero Elpidamon siempre le daba la misma respuesta.

—Así está bien.

Nairmon frunció el cejo sin comprender esa cabezonería que tenía Elpidamon. Pero tuvo que abandonar la conversación que tenía con Elpidamon ya que la discusión entre su compañera humana y Kaori se iba calentando y regresó al lado de Hinode para evitar que hiciera alguna tontería. Pues no era la primera vez que Kaori y su compañera se agarraban a golpes.

Elpidamon se quedó viendo con cierta melancolía como su hermana humana y su hermana digimon, pese a los encontronazos con su prima Kaori, tenía una vida mejor que él. Luego, giró la cabeza para observar cómo sus padres por fin habían alcanzado la felicidad. Habían pasado por tantas cosas trágicas, en las que Elpidamon siempre había sido testigo, que se aliviaba de que tuvieran el mismo final feliz que en las historias que escribía su padre Takeru.

Durante muchos años, Elpidamon había observado cómo la tragedia golpeaba a sus padres una y otra vez. No quería verlos sufrir de nuevo. Ya suficiente había tenido con verlos desolados tras la muerte de Patamon y Tailmon.

Revelarles quién era realmente, supondría un desorden en sus vidas y alterar más sus corazones. Por esa razón nunca les había confesado la verdad. Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir.

Elpidamon siempre había visto en primera fila lo mal que sus padres lo habían pasado, tras su muerte. Todavía lo recordaba. Sus recuerdos eran tan claros como el agua, así como dolorosos y turbios.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Este es un fic que sigue la misma trama que en Digimon: The New World. Y como hay cosas que me hubiera gustado escribir en el anterior fic, pues por eso lo hago en este nuevo. Porque la historia de The New World abarcaba tanto el "Nuevo Mundo" en el que los hijos de los elegidos se enfrentaron a los peligros, como al Nuevo mundo que sucede en el mundo humano y digital con la convivencia mutua y sus consecuencias.

Como dije más arriba (y en el último capítulo de Digimon: The New World), este fic irá por arcos. De momento tengo tres o cuatro arcos en mente. Y pueden leerse de forma independiente.

Cada vez que finalice un arco, configuraré el estado del fic a "Complete". Y cuando comience un nuevo arco, quitaré la pestaña que selecciona "Complete".

Cada arco puede durar varios capítulos. No habrá un número determinado.

Empiezo por el arco del origen de Elpidamon, porque mientras escribía el final, me di cuenta de que no expliqué su origen. Espero que os guste.

Un saludo para todos.

'Atori'