EN MIS APOSENTOS
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Se escuchó un clic audible cuando me aparecí dentro de mis aposentos en Hogwarts, una hazaña que pocos pueden decir que son capaces de hacer pero no una que me importara particularmente en ese momento, en canto mis pies tocaron el suelo decidí hacer una de esas cosas estúpidas que sabes que te arrepentirás de hacer más tarde pero no te importa particularmente, me serví un vaso del whisky de fuego más fuerte que tenía el cual para ser justo no era tan fuerte y me lo bebí de un solo trago, si en definitiva me arrepentiría de esto.
Mientras el caliente líquido pasaba por mi garganta reflexione sobre lo que hice esa noche, sabía que estaba jodido o seria el esclavo de dumbledore por un buen rato, era algo que tenía que asumir si no quería pasar el resto de mis días en azkaban, señor oscuro o no la maldición asesina era imperdonable sea cual sea el caso, una de esas pequeñas reglas en el mundo mágico que siempre se respetaba sin importar la circunstancia.
Me levanté del sofá con un gemido ahogado y me dirigí a los pasillos de hogwarts, subí hasta el tercer piso, asegurandome de mantener la oclumancia metódicamente activa en todo momento, puede que supiese que iba a perder esta discusión pero eso no significaba que quería hacerlo, planeaba como mínimo conseguir algo de este intercambio de palabras, despues de todo el direcotr no cumplio su promesa…
Dije un contraseña estúpida frente a una gárgola y subió la intrincada escalera de caracol solo para quedar frente a la mente maestra del lado de la "luz" durante la gran guerra mágica, sus palabras al verme fueron simples, ni una acusación ni una pregunta solo un hecho.
-Lo mataste- Dijo en un tono casi cansado, como si decirme esas palabras en realidad le molestase y no estuviera encantado de mantenerse como un espía, como si no fuese la mente maestra detrás de todo el desastre, decidí que la mejor manera de responderlee era con una afirmación igual de cierta, una que no podía cambiar.
-No la protegiste- dije con voz seca, casi tan fría como el hielo pero tanc calidad como el verano, sin duda un efecto de la oclumancia, mientras los segundos pasaban en un tenso silencio, dumbledore se acomodó en su silla y suspiró solo para decirme.
-Tienes razón, no pude protegerla, rompí el voto mágico y ese es el motivo por el que no le diré a nadie el hecho de que lo mataste- dijo con voz cansada, como un abuelo hablando con un cobrador de deudas, era un sentimiento extraño el que surgía en mi cerebro, por lo mismo decidí usar oclumancia para reprimir, no necesitaba que algo me distrajera en ese momento, de hecho es lo último que ocupaba.
Dumbledore se paró y me dijo.
-Tengo una oferta para ti, quedate en hogwarts, se un maestro y un jefe de casa para esos pobres slytherins que sin duda querrán seguir los pasos de sus padres, se un maestro el día que harry potter llegue a hogwarts y de esta manera desde hoy hasta entonces estarás bajo mi protección, ni ser un mortifago ni haberlo matado te sacará de ella-
-¿Y después de eso?- pregunte con solo el más mínimo indicio de curiosidad.
Dumbledore movió su varita y de repente un papel cayó enfrente mio, sospechosamente mio, estaba en medio de leerlo cuando dijo.
-Este, mi chico, es un perdón mágico, se activará en el momento en el que cumplas tu condena, o mejor dicho el momento en el que harry potter deje hogwarts…-
