Al Aire
Notas: Fanfic inspirado y basado en la canción 'Al Aire' de Morat.
Advertencia: Boys Love. Mucho OoC. Puede que algunas malas palabras. En serio, mucho Ooc, apenas estoy volviendo a leerme el manga, y había olvidado un poco la personalidad del Grimmjow. Mucha camaradería y fluff (?).
Disclamer: todos los personajes son propiedad de Tite Kubo.
Grimmjow gruñó por lo bajo. El viejo radio destartalado de Starrk soltaba un ruido amortiguado por el teléfono en altavoz frente a él, el típico sonido de una llamada tratando de conectarse hacía un eco ensordecedor en sus oídos. Nnoitra y Nelliel habían dejado de reírse en el momento en el que el otro había colocado el teléfono en medio del círculo que formaban con sus amigos y había activado el altavoz sin pensarlo –casi– dos veces. Harribel, en cambio, había prestado atención desde el momento en que había cogido el móvil y empezado a marcar.
Grimmjow volvió a gruñir. Con un carajo, que hasta Ulquiorra y Starrk parecían interesados, en comparación con minutos antes donde ignoraban con maestría al escandaloso trío habitual.
– ¿Seguro que está es la estación correcta? – prácticamente ladro al más alto del grupo, después de al menos diez segundos de silencio y nada que cogían su llamada.
Nnoitra espabilo de repente, siendo consciente de la mirada del otro hombre, dejando su cerveza a medio terminar a un lado y encogiéndose de hombros – Bueno, eso fue lo que dijo Hirako.
Grimmjow asintió, con las cejas cada vez más juntas sobre el puente de su nariz. ¿Qué tanto podían demorarse en coger su puta llamada? Lo peor – sinceramente, y sobrepasando el hecho de que había caído en la provocación y apuesta de sus amigos – era que tenía el radio justo a su lado, y podía escuchar perfectamente como su llamada sonaba con insistencia en la cabina del programa – al igual que, quizás, muchas otras –, mientras el locutor – Grimm creía que se llamaba Ukitake, pero no había estado prestando atención – seguía preguntando a los controles que llamada seguía ahora.
Apretó los dientes, sintiendo como sus – inusualmente – largos caninos rozaban entre sí con frustración. La paciencia no era una cualidad con la que hubiera sido bendecido, y si tenía que volver a llamar después de haber hecho semejante ridículo delante de los demás juraba que…
– ¡Y aquí esta nuestro fiel oyente! ¡Estás al aire en Soul Society! ¿Cuál es tu canción? 1 – el aire se le quedó atorado en los pulmones. Sintió como una gota de sudor resbalaba por su barbilla gracias al calor infernal que hacía en el viejo garaje de Starrk, y un temblor incipiente en la mano que afianzaba, hasta casi romper, su botella de cerveza negra; pero para eso último no tenía una buena excusa –. ¿Aló?
Si reacciono no fue gracias al segundo llamado del locutor. No. Espabilo, presa de un ataque de tos que acudió a él gracias al puñetazo que, muy amablemente, Nell había lanzado a su estómago. Escucho como su voz, en bruscas exhalaciones, hacía eco a través de las bocinas y siendo coreado por las carcajadas estridentes de Nnoitra. Afilo los ojos en dirección a la menor del grupo, que le veía con el ceño fruncido y un puchero coronando sus labios. ¿Qué carajos? ¡Él es el que debería estar molesto, joder!
– ¿Estas bien?
– Sí, sí – pudo soltar al fin, con el aire aun entrando con dificultad en su sistema y sintiendo la lengua pastosa del alcohol y el golpe, y solo tal vez, de los nervios –. Yo, eh, no llame para pedir ninguna canción.
– De acuerdo… ¿Quieres enviar un mensaje o algún saludo?
La risa de Nnoitra se hizo aún más estridente. Podía ver como Harribel y Nell parecían estarse conteniendo, si es que la tirantez que observaba en sus sonrisas significaban algo, y gracias a los dioses – en los que no creía, pero si esto funcionaba, tal vez empezaría a hacerlo – que ni Ulquiorra ni Starrk habían cambiado su expresión de indiferencia.
– Sí, quiero mandar un mensaje – tomo un trago en un intento de pasar con disimulo el nudo que obstinadamente se había instalado en el fondo de su garganta. Cuando el líquido pudo bajar con tranquilidad, fulmino con la mirada a sus amigos antes de carraspear –. Me llamo Grimmjow y… hay una persona que sé que le gusta escuchar este programa mientras trabaja, y no tengo otra opción más que esta. Él probablemente este escuchando justo ahora, y yo de frente no podría hacer esto.
– ¡Oh dios mío! – chillo del otro lado de la línea, y en sus bocinas, el locutor Ukitake como si fuera una adolescente enterándose del último chisme de la temporada –. ¿Esto es lo que creo que es? ¿Te estás declarando justo en este momento? ¿Es una declaración de amor?
De acuerdo. En ese preciso instante, quiso colgar la llamada y volver a beber su cerveza como si nada hubiera pasado. Pero ya lo hecho, hecho estaba. Se encontraba hasta el fondo y el pensamiento de sus amigos tocándole las narices en el instante en que se hiciera para atrás hería mucho más a su magullado orgullo que la humillación que sentía en ese momento. Con una mierda, si no fuera víctima de medusa cada vez que veía a quien esperaba que le estuviera escuchando, no estaría allí.
No, de hecho, si no fuera tan fácil provocarle, no estaría en esa situación. Pero ese era un tema para pensar más tarde.
– Sí – gruñó –. Sé que él probablemente no lo habrá notado, es decir, no nos vemos mucho, pero… quiero que sepa que me enamoré. Que si iba a las fiestas de Inoue era solo para poder verlo y hablar un poco con él – podía sentir como la sangre comenzaba a presionarse en sus mejillas. Se restregó con molestia el rostro –. Espero que escuche esto antes de cambie de estación o algo. Espero que recuerdes mi voz de estúpido enamorado, Kurosaki. Estoy haciendo el ridículo al aire en estos momentos solo para pedir un minuto a tu lado – en la radio, Ukitake volvió a chillar emocionado. En el garaje, Nell se lanzó hacia él, prendándose de su brazo, embargada al parecer de la misma emoción que había sufrido el locutor, y… eso fue suficiente para él –. Y si no está escuchando hoy, entonces llamaré mañana.
Colgó el teléfono con brusquedad, y de un golpe apago el viejo armatoste de Starrk, ignorando sus quejas al maltratar a la reliquia. Sus mejillas se sentían condenadamente calientes en el silencio sepulcral que se había instalado ahora en el círculo de amigos, hasta que, claro, Nnoitra había vuelto a sucumbir a un ataque de risa, con carcajadas más estruendosas que las anteriores, que le estaban haciendo a Grimmjow sentir la sangre hervir. Más de la que la tenía al menos.
– ¡Nnoi, deja de reírte! – le espeto Nell, aun guindada de su brazo –. ¡Grimm fue muy valiente al hacerlo!
– Ciertamente – secundo Harribel.
– Se requirió agallas, sí – continuo Starrk.
– Impresionante – concluyo Ulquiorra.
– Con un demonio, cállense – ladro en voz baja el afectado.
– ¡No puedo creer que realmente lo hiciste, carajo! – grito Nnoitra entre sus carcajadas –. ¡Si Kurosaki no llegó a escucharlo sería verdaderamente vergonzoso! No, espera… ¡Lo sería aún más!
En la frente de Grimmjow, una vena comenzó a hincharse. Sí el largirucho con sonrisa de piano no se callaba, Jaegerjaquez le tumbaría algunas teclas a puñetazos.
– ¡Cállate! Incluso si Ichigo no escucho fue muy valiente… ¡y Grimm dijo que volvería a llamar mañana!
Oh no. Había dicho eso en el calor del momento y porque a su jodido cerebro no se le había ocurrido mejor manera de huir, ni de coña volvía a repetir este circo. Ni mañana, ni nunca.
– ¡Oh eso fue lo mejor! – Grimmjow podía sentir como la delgada cuerda que ataba su cordura se deshilachaba un poco más. Estaba realmente a nada de lanzar a Nell de su brazo y abalanzarse contra el más alto, realmente a nada… – Kurosaki recuerda mi voz de enamorado, bebé, estoy desesperado.
Bien, suficiente.
Fue consciente apenas del chillido de la mujer cuando la aparto con brusquedad de su brazo, y apenas registro el sonido amortiguado que hizo la garganta de Nnoitra antes de que su grande mano se cerrara en torno a ella. Cerro su mano libre en un puño, decidido a borrar la molesta sonrisa del otro. Pudo captar por el filo de su ojo el como Ulquiorra y Starrk se ponían de pie y se lanzaban hacia él para detenerlo. ¿Quién llegaría primero, su puño a la cara del infeliz que tenía sujeto, o sus amigos a detenerlo? Who Knows…
No paso ni lo uno ni lo otro, sin embargo. La melodía del celular de Nell corto el aire y la tensión de la habitación con una estridente canción de alguna idol de voz excesivamente aguda. Tal vez, si ninguno hubiera estado extremadamente ebrio desde hace más de una hora, aquello no les hubiera frenado. Starrk y Ulquiorra se quedaron de pie, Grimm soltó del cuello a su presa, y Nnoitra se mantuvo erguido en sus codos, temeroso de moverse, pero sin querer admitirlo. Los cuatro observaron hacia Nelliel, quien junto Harribel sacaba montones de objetos de su pequeña mochila en búsqueda de su móvil. Grimmjow afilo los ojos en su dirección. Nell solía colocarle un tono diferente a cada persona, y estaba seguro de haber escuchado esa canción antes…
– ¡Es Ichigo! – exclamo la joven con una sonrisa cuando al fin tuvo el aparato entre sus dedos, mostrando el nombre que rezaba la pantalla a todos. La palidez invadió de golpe el rostro de Grimmjow, y fue consciente de como todos clavaban sus ojos en él. Nell contesto segundos antes de que la canción llegará a su final –. ¡Ichigo! ¡Que gusto me da que llames! ¿Qué sucede? Oh… – los demás ocupantes de la habitación se acercaron a la muchacha, cerrando un círculo aún más apretado que el que habían formado temprano, mientras ella solo seguía repitiendo 'Mmm' y 'Aja' con inusitada –para ella– seriedad. De improvisto, Nell alejo el teléfono de su rostro y casi lo clava en el de los ojos azules, con una enorme sonrisa estirando sus mejillas –. Para ti.
El otro observo el móvil como si fuera un aparato completamente desconocido para él –. ¿Qué? – grazno. Nell puso los ojos en blanco.
– Que tomes la llamada, tonto.
Esta vez fue Grimmjow quien puso los ojos en blanco, le arrebato el móvil y lo llevo hasta sus oídos, sintiendo como estos se calentaban de los nervios.
– … ¿Kurosaki?
– Hey – un ligero escalofrío le recorrió la espalda –. Oye, si Shinji te dijo algo sobre eso… bueno… no era realmente a eso a lo que me refería con que quería "un gran gesto".
– ¿Qué? – soltó, más confundido que otra cosa.
– ¿Ah? ¿Shinji no te dijo…? Olvídalo – Grimmjow sonrió mientras escuchaba al otro murmurar algo y aclararse la garganta varias veces. Oh bien, parecía no ser el único que estaba nervioso –. Yo, eh, escuche tu voz en la radio, digo, asumí que eras tú. Es que, bueno tu nombre no es precisamente el más normal, aunque no estoy seguro si conoces a otro Kurosaki, digo, es un nombre bastante común después de todo y…
Grimmjow río, interrumpiendo lo que el adolescente al otro lado de la línea estaba llevando como un monologo. Alzó los ojos y pudo observar a sus amigos mirando fijo a su rostro con sonrisas que le estaban poniendo de los nervios, más aún quería decir. Con un carajo, si hasta Ulquiorra había levantado levemente la comisura de sus labios. Eso era una sonrisa, ¿verdad? Se puso de pie, alejándose hasta el rincón que conectaba el garaje con el interior de la casa, específicamente con la cocina, donde podía ver al viejo Barragan fumando a través de la ventanilla, mientras comenzaba a intercambiar palabras con el otro en voz baja.
Nell intento pararse de su lugar y avanzar hasta él, lista para reñirle sobre algo completamente infantil como que ella también quería saber de qué conversaban – aunque fuera obvio – y con más interés aún al ver la sonrisa de Grimmjow elevarse a cada segundo, sin embargo, y frustrando sus planes, Nnoitra y Harribel colocaron cada uno una mano en sus hombros, jalando de ella hacia abajo y obligándola a permanecer en su sitio, aun en contra de sus protestas y pucheros. Starrk soltó un resoplido que pretendía ser una risa en su dirección y siguió bebiendo de su cerveza. Nell tomo el cojín más cercano y lo lanzó a la somnolienta cara, dando en el blanco.
Cuando el hombre mayor estaba ya a punto de devolverle el ataque, Grimmjow volvió a su lugar en el círculo, portando una sonrisa que podía rivalizar con el gato de Alicia le lanzó el móvil a la adolescente y tomó su cerveza olvidada, que ahora estaba caliente. Le dio un trago, sintiendo el amargo sabor lamer con delicadeza su garganta. Cuatro pares de ojos se clavaron en él, sonrío más.
– ¿Qué? – Nnoitra le golpeo en la nuca a la vez que ponía los ojos en blanco.
– '¿Qué?' Nada imbécil, dinos que paso.
Oh, esa sonrisa se amplió mucho más ante sus ojos expectantes.
– Tengo una cita.
El chillido de Nell era predecible, que se volviera a prender del brazo de Grimmjow también lo era. Nnoitra río sin malicia esta vez, estirando la mano para chocar los cinco. Starrk y Harribel resoplaron una risa antes de beber de sus cervezas, y Ulquiorra solo asintió con la cabeza.
– Larga vida al rey, supongo – comento Nnoitra antes de tomar su cerveza y chocarla de nuevo con Grimmjow, quien soltó una corta carcajada ante lo dicho.
1: Realmente no escucho radio, así que no recuerdo, ni tengo idea, de cómo es que hacen entrar las llamadas durante los programas. Este fue mi mejor intento.
Un review no le hace daño nadie, por favor, y gracias.
Esto es todo, amigos.
