Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.
Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 28: Horriblemente mal
EPOV
No podía sacarme esa imagen de la cabeza, la imagen de Bella en brazos de Jacob, besándolo. No había dormido nada después de regresar de mi misión fallida la noche anterior.
El jueves en la noche tuve que trabajar tarde para cumplir con una fecha de entrega. Extrañaba a Bella con locura ya que me había negado a verla con Jacob cerca. Cuando ella fue a mi oficina el miércoles en la mañana, básicamente pidiéndome permiso para salir en una cita con él, me sentí tan amargado que dejé que me dominara mi temperamento y antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, le dije que fuera. Poco después ya me estaba arrepintiendo de mis estúpidas palabras. Me reprendí por eso, hasta que en algún momento el jueves en la noche comprendí de golpe que Bella ni siquiera sabía que estaba enamorado de ella. Nunca se lo había dicho.
Me apresuré para terminar mi trabajo y manejé a su apartamento, estaba determinado a esperar hasta que ella regresara. Finalmente pondría mi corazón a sus pies.
No estaba en absoluto preparado para lo que estaba a punto de ver. Cuando giré en la esquina del elevador, me encontré de golpe con la imagen de Jacob sosteniendo a mi Bella en sus brazos, besándola apasionadamente, ambos tenían los ojos cerrados. Y de pronto, vi que ella no era mi Bella y nunca lo sería. Ella se había enamorado de él otra vez. Me había estado engañando todo este tiempo pensando que ella llegaría a ver que yo de verdad la amaba y que ella me amaba también.
No pude soportar verlos por demasiado tiempo, me di la vuelta y prácticamente salí huyendo de ahí. No recordaba cómo había llegado a casa, y en realidad no recordaba lo que había estado haciendo el último día además de hundirme en mi miseria.
Cerca de veinticuatro horas después, me encontraba sentado en la barra de la sala de Jazz, sosteniendo mi quinto whisky en diez minutos. Las decoraciones de Navidad que estaban en toda la casa parecían burlarse de mí. La época más maravillosa del año, sí como no. No podía recordar una época peor, ni siquiera con lo que hizo Tanya.
Vine porque le prometí a mi amigo que vendría, y sabía que necesitaba hablar con Bella. Por suerte, todavía no la había visto. Así que tendría la oportunidad de tomarme unos cuantos tragos más antes de que se alzara el momento de la verdad.
Me pasé la mano sobre la incipiente barba de un día que tenía en la cara, contemplando mi pérdida. Después de Tanya, había estado seguro de que nunca más volvería a encontrarme en esta posición, que no le permitiría a alguien que jugara conmigo. Sin embargo, estaba en esa misma situación. En retrospectiva, sabía que nunca había amado a Tanya. En algún momento me importó, me gustó, pero nunca sentí ni una pizca del amor que sentía por Bella. Con la traición de Tanya, fue más que nada mi ego el que resultó gravemente herido, mientras que ahora había perdido a la mujer que muy probablemente era el amor de mi vida. Pero, oye, ella no te ama, así que supéralo, Cullen. ¡Sigue adelante!
—Hola, guapo —dijo Bella coquetamente; apareció de repente a mi lado con la sonrisa más inocente en los labios.
¿Qué carajos? ¿Me estaba jodiendo? Por la comisura del ojo noté que Jacob cruzaba la habitación, nos miraba de forma muy infeliz. Ella había acudido a mí en vez de saludarlo a él primero. Bien, parecía que no estaban juntos. Entonces debió haber sido otra aventura de una noche. La historia debió repetirse por segunda ocasión. Pero me negaba a ser su tapete, de nadie, nunca más.
De pronto, tuve una experiencia extracorporal. Me miré gritándole, disparando bala tras bala, insulto tras insulto, mientras ella se quedaba ahí parada, obviamente incapaz de entender la situación. ¿Por qué no decía nada? Se quedó ahí parada, aceptando todo lo que yo le lanzaba con una cara llena de horror, sus hermosos ojos cafés abiertos a causa del shock. ¿Cuál era su problema? ¿Que la había atrapado? De verdad tenía que pensar que yo era estúpido.
Me escuché diciendo las palabras de forma alta y clara, diseñadas para golpear su punto más sensible.
—¡Tal vez de verdad eres una fácil!
Hice una ligera mueca cuando salieron las palabras, pero no podía retractarme, y tampoco quería hacerlo. Ella había tomado su decisión, ahora tenía que aceptar las consecuencias. Había roto nuestro trato y tenía que vivir con las consecuencias. Quería lastimarla tanto como me había lastimado a mí.
Me miró a los ojos una vez más, con una expresión rota y llena de dolor en la cara, antes de darse la vuelta y, de forma lenta pero determinada y con la cabeza en alto, salir de la habitación y de la casa.
No podía permitirme que me importara. Ella se había causado esto. No fui yo el que se folló a alguien más sin terminar primero con nuestro trato, o incluso peor, el que acudió a ella sonriendo como si nada hubiera pasado.
Me terminé el resto de mi bebida de un trago, haciéndole una seña al barman para que me rellenara el vaso, cuando noté que alguien se acercaba desde mi lado izquierdo.
—Te equivocas —dijo una voz quedita, audiblemente teñida de enojo y derrota.
Le di otro trago grande a mi vaso recién rellenado sin mirar a Jacob.
—¿De qué hablas? —¿Quién era él para venir y hablarme así? ¿No acababa de dejarla por tercera vez luego de aprovecharse de lo que ella sentía por él? Casi sentía lástima por ella, solo que no en realidad.
—Te equivocas con lo que le dijiste. —Fruncí las cejas con confusión, pero no iba a decir nada—. Dijiste que nos viste besándonos. —Resopló una vez—. Bueno, no debiste vernos por mucho tiempo. —Seguía sonando extrañamente calmado.
—¿Qué? ¿Debí haberme quedado para verlos haciéndolo? No, gracias. No necesitaba torturarme más. —Vacié mi vaso otra vez, determinado a ahogar mis penas.
—Si te hubieras quedado, habrías visto que ella me empujó a los cinco segundos de empezar el beso. Ni siquiera me correspondió el beso. —Se sentó junto a mí, pidiendo dos shots de vodka.
Sentí que mi cara se descomponía. Me empezó a cosquillear la piel y mi corazón se aceleró cuando entendí que tal vez había cometido un horrible error.
—Le dije que la amaba, y lo único que ella me dijo es que había alguien más. —Se tomó un shot—. Ella te ama a ti, no a mí. Llegué demasiado tarde. Arruiné mi oportunidad con ella. Puede que tú todavía tengas una oportunidad. Por mucho que me duela, solo quiero verla feliz.
Alice se había acercado y sentado a mi otro lado.
—Ella te iba a decir que te ama, esta noche. —Sonaba tensa, casi incapaz de contener su enojo.
¡Dios mío! ¿Qué había hecho? De repente, sentía que mis pulmones no estaban obteniendo aire suficiente mientras que mi pecho se contraía. Mis estúpidas inseguridades, resultado de la artimaña que Tanya me había hecho, me habían controlado y me hicieron actuar precipitadamente, me hicieron juzgar a la mujer que amaba sin siquiera darle la oportunidad de defenderse.
Me sentía paralizado y con náuseas, estaba luchando contra la urgencia de vomitar.
—Tengo que hablar con ella —dije ahogado antes de ponerme de pie y salir a trompicones de la casa.
~*~POMH~*~
Sabía que no debería estar manejando con la cantidad de whisky que había tomado, pero necesitaba llegar al apartamento de Bella lo más pronto posible.
Al llegar a su edificio no podía recordar como lo había hecho. Todo era una bruma. No estaba seguro de si me había pasado varios semáforos rojos o si había violado el límite de velocidad. Estacioné mi carro al otro lado de la calle, ni siquiera me interesó ponerle seguro, y corrí hacia su edificio. Al entrar noté que ambos elevadores estaban en alguno de los pisos superiores. Deliberé durante un segundo, luego decidí que era demasiado impaciente para esperar en el lobby. En vez de esperar, subí corriendo los cuatro pisos de escaleras que llevaban al piso de Bella.
Me dolían los pulmones por subir corriendo. Sin detenerme, tropecé por el pasillo hasta que llegué a su puerta. No se veía luz por el espacio debajo de la puerta y no escuchaba ningún ruido proveniente de adentro.
—Bella, por favor, abre la puerta. Necesito hablar contigo —dije con voz ahogada, todavía sin aliento, mientras tocaba su puerta.
No pasó nada, nada de ruido, ni se abrió la puerta.
»Bella, nena, por favor. Me equivoqué, lo siento mucho. Escúchame, por favor. —Lo volví a intentar, tocando con más fuerza.
Esperé durante lo que pareció una eternidad sin escuchar ni el más ligero ruido de adentro. Tal vez no estaba ahí. Pero ¿dónde más podría estar? Ella no iría a ningún otro lado aparte de su santuario para intentar digerir lo que yo le había dicho.
¡Oh, carajo! Le había dicho que era una fácil. Eso era lo peor que pude haber dicho. Y ni por un segundo creí que fuera verdad. Sin embargo, lo dije con la única intención de lastimarla. Sentí que se me aceleraba el pulso y mi respiración se tornaba más irregular con cada segundo que pasaba mientras el pánico empezaba a apoderarse de mí. ¿Y si nunca me volvía a dirigir la palabra?
—Bella, por favor, déjame entrar. Necesito explicártelo. Cometí un error. Lo jodí. Por favor, nena, dame la oportunidad de arreglar esto. —Mis golpes en su puerta se volvieron más débiles mientras lentamente comprendía que tal vez había destruido lo mejor que me había pasado en la vida.
»Nena, lo siento mucho, mucho. —Seguía sin escuchar ruido alguno de su apartamento, pero de alguna manera sentía su presencia, y estaba seguro de que ella se encontraba adentro, demasiado herida o enojada para siquiera mandarme al carajo.
Golpeé mi puño contra la puerta con un ritmo estable, pero gradualmente más lento.
»Bella, no puedo vivir sin ti. Necesito arreglar esto. Por favor, habla conmigo. —Mi voz sonaba débil y ahogada, dejé caer la cabeza y mi frente se apoyó en la madera. La desesperación empezaba a sentirse como un peso muy grande en mis hombros que me empujaba hacia el piso. Me di la vuelta, apoyé la espalda en la puerta y me permití deslizarme hasta que me encontré sentado en el suelo con las rodillas dobladas contra el pecho.
»Nena, no iré a ninguna parte hasta que hables conmigo. No puedo irme antes de explicarte y disculparme. Bella, por favor, no renuncies a mí. A nosotros.
Mis últimas palabras me recordaron otra vez lo que estaba en juego. Desde Acción de Gracias habíamos desarrollado al fin una especie de relación de verdad. Bella había dejado de recordarme constantemente que solo éramos amigos. La noche antes de Acción de Gracias, cuando la sorprendí en su habitación de la infancia, ella se abrió a mí de una manera en que nunca lo había hecho con alguien más. Aunque sus revelaciones me habían entristecido mucho, me sentí entusiasmado al saber que ella confiaba en mí e intenté decirle —con cuidado y sutilmente— que la amaba y quería estar con ella. Desde esa noche, ella parecía ya no seguir objetando a que nosotros fuéramos una pareja. A pesar de que no habíamos hablado de eso, había habido un cambio en la forma en que actuábamos entre nosotros.
Finalmente me había invitado a su cama solo para abrazarla durante la noche en vez de tener sexo y dejar que me quedara solo por conveniencia. Me permitió sostener su mano en First Beach y en la cena con Alice y Jasper. Habíamos ido a hacer compras de Navidad juntos, nos abrazábamos, besábamos y reíamos mucho. Todo el mundo podía ver que estábamos enamorados.
Mientras estaba en Nueva Orleans, la extrañé con locura. Quería, no, necesitaba hablar con ella de todo, pero había decidido esperar a que ella acudiera a mí, temeroso de asustarla si la presionaba demasiado pronto. Quería hacerlo en cuanto estuviera de regreso.
Y luego estaba el asunto de Jacob. No podía creer que él estuviera ahí en el bar con Bella, Alice y Jasper. Dolió mucho cuando le preguntó a Bella si yo era su novio, y ella respondió que solo éramos amigos. Pensándolo racionalmente, tenía que admitir que ella no pudo responder de forma diferente. Después de todo, no éramos oficialmente una pareja. Aunque, en ese momento, eso solo me hizo sentir incómodo y reforzó la distancia entre nosotros.
Aunque Bella parecía algo reservada, los cuatro se portaban de forma muy familiar entre ellos, igual que usualmente nos portábamos nosotros. Sentía que él había ocupado mi lugar. De pronto, ya no estaba tan seguro de que Bella me quisiera de verdad. ¿Y si ella lo quería a él otra vez? Después de todo, él había sido su primer amor, su primer amante. Sin importar lo que hubiera pasado entre ellos después, eso todavía significaba algo. Tal vez todavía había sentimientos entre ellos.
Me sentí toda la noche como el mal tercio, así que me fui a casa temprano, estaba demasiado confundido por el repentino cambio de nuestra situación para llevarme a Bella a casa conmigo, aunque aun así no había nada que quisiera más que hacerle el amor, abrazarla toda la noche, decirle al fin que ella era mi todo. Simplemente no podía y no quería que se perdiera de pasar tiempo con su amigo, si es que eso era él.
El resto de la semana todo pareció ponerse en nuestra contra. Ambos tuvimos mucho trabajo por hacer y la única tarde que pudimos haber pasado juntos habría sido otra noche con Jacob cerca. Decidí no ir porque no podía soportar verlos juntos.
Así que, cuando los vi besándose, me sentí muy seguro de que habían regresado, o al menos, de que terminarían juntos en la cama. No sería la primera vez. Supe que Jacob estaba enamorado de Bella la primera vez que lo vi. Así que pensé que tal vez estaban juntos de verdad en esta ocasión. En fin, no importaba si estaban enamorados, si solo se acostarían por los viejos tiempos o si él la abandonaba otra vez, Bella y yo ya habíamos terminado. O eso fue lo que pensé. Estaba seguro de que la había perdido, o al menos que ella había roto nuestro trato. Después de lo que pasé con Tanya, no estaba dispuesto a dejar que alguien más me volviera a engañar.
¿Cómo podría saber que el beso había sido unilateral? ¿Que no había pasado nada más? Mi viejo miedo se había asomado y exageré por completo. Debí haberle dado la oportunidad de defenderse, de explicar lo que había pasado. Pero en vez de eso seguí golpeándola aun sabiendo que ella ya estaba tirada en el suelo.
Entendiendo que ella no iba a abrir la puerta, me saqué el celular del bolsillo.
Bella, nena, lo siento mucho. No fue en serio lo que dije. Fui un estúpido y estaba dolido. Ahora sé lo que pasó y lo siento muchísimo. Habla conmigo, por favor – E
Segundos después de enviar el mensaje escuché el leve sonido de Sexmachine proviniendo de su apartamento. Así que sí estaba en casa después de todo, y debió haber escuchado cada palabra que dije.
—Bella, no me iré. Me quedaré justo aquí hasta que hables conmigo. No puedo perderte. —No estaba seguro, pero creía haber escuchado un silencioso sollozo, y eso me rompió el corazón. Solo podía imaginar lo que ella debía estar sintiendo. Me había aprovechado de sus inseguridades y la había lastimado con un conocimiento que solo yo tenía. Ella había confiado en mí contra su mejor juicio y yo había traicionado esa confianza de la peor manera posible.
~*~POMH~*~
El tiempo pasó lentamente. Aunque me dolía todo el cuerpo por la pose incómoda en la que había estado durante horas, no me moví. De vez en cuando le aseguraba otra vez lo arrepentido que estaba y que necesitaba que me escuchara, pero aparte del sollozo ocasional que creía escuchar, no recibía señales de vida desde adentro del apartamento.
No estaba seguro de qué hora era y cuánto tiempo llevaba sentado con la espalda apoyada en la puerta de Bella, pero eventualmente la gente empezó a pasar frente a mí de forma esporádica, siempre mirándome con sospecha. Después de un rato había más gente cruzando el pasillo. Comprendí que debía ser de mañana y que me había quedado ahí sentado toda la noche esperando que Bella me dejara entrar. Se me hundió el corazón al saber que si ella no me había dejado entrar para este momento, ciertamente no me abriría la puerta en el futuro cercano.
Me puse de pie, estiré mis músculos tensos y puse la mano sobre su puerta.
—Bella, ya me voy. Llámame, por favor. Necesito hablar contigo. Dame una oportunidad más, por favor.
Durante un momento muy largo me quedé ahí parado, esperando contra toda esperanza que ella saliera ahora que le había dicho que ya me iba, pero no fue así.
Inhalando una dolorosa respiración, me di la vuelta y me fui, dejando a la mujer que amaba sin saber si alguna vez volvería a hablar con ella.
