FanFiction: Tres matados en un mundo nuevo.
— Capítulo 0: Prólogo —
En una estancia completamente vacía, en algún lugar completamente apartado de la realidad y del espacio-tiempo, podemos encontrar en este momento cuatro entidades. Tres de esas entidades eran simples mortales, y se encontraban frente a la mismísima madre de la creación cuando uno de ellos habló:
— Oiga, Diosa, ¿podría repetir lo que nos ha dicho hace un momento, por favor? Creo que no la escuché bien. — Preguntó uno de los chicos a la hermosa dama frente a él, la cual acababa de provocar una enorme confusión en él y sus amigos...
La diosa rió.
— ¡Oh, vamos! ¿Realmente no te parece familiar esta situación? De vosotros tres tú eres el adicto a los FanFiction, después de todo. Pensé que el hecho de que muriéseis atropellados por carritos de bebés te daría una pista de lo que estaba sucediendo. — Respondió visiblemente divertida. — Bueno, en resumen: me hizo mucha gracia la forma en que moristeis, y teniendo tal cliché a nuestra disposición, ¿por qué no aprovecharlo? Os daré una nueva vida, en el mundo del anime de One Piece ni más ni menos. Seréis dados a luz en una pequeña aldea, en una isla en el mar del Oeste Azul, y os criaréis como amigos de la infancia. Lo que hagáis con vuestras vidas depende completamente de vosotros, independientemente de si decidís volveros simples campesinos, señores del crimen u otros tres lobos de mar en busca de cierto tesoro, cuando llegue el momento. Buscad simplemente diversión en esta nueva vida que os he otorgado, tanto para vosotros, como para mí. Os estaré observando, aunque claro, no intervendré en ningún momento, por lo que tendréis que valeros por vosotros mismos. — Explicó la deidad. — Ah, y casi lo olvido: no tenéis derecho a negaros... — Dijo, pícaramente, mientras jugaba con su cabello.
— ¡Oye, eso no es justo! A mí no me gusta el anime de One Piece, ¿no podemos ir a Monogatari? — Se quejó uno de los tres.
— No, ya que creo que este es el mundo más adecuado para todos vosotros. Confiad en mi palabra, no os arrepentiréis de mi elección. — Respondió la diosa pacientemente. — ¿Alguno tiene otra duda? — Preguntó.
— De hecho tengo varias. He notado un sentimiento, o más bien la falta de este... Mi pregunta es: ¿por qué no siento tristeza al saber que nunca volveré a ver a mi familia de nuevo? — Preguntó curioso, sorprendiendo a los otros dos, que aún no se habían dado cuenta.
— Es como sospechas, he inhibido los sentimientos al respecto en todos vosotros de forma temporal. Siento si suena algo insensible pero tendréis tiempo para lidiar adecuadamente con eso más tarde. Es mejor que ahora abordemos el tema que nos concierne. — Respondió solemnemente la diosa. — ¿Cuáles serían tus otras preguntas?
— Bueno, una de ellas es simple en realidad. ¿Tiene un nombre propio por casualidad, Diosa? Me resulta raro dirigirme hacia usted, una diosa, simplemente como Diosa. — Dijo tímidamente. — En cuanto a la otra, bueno... Como usted mencionó anteriormente, soy un adicto a los FanFiction, y no pude evitar preguntarme si tendríamos derecho a realizar algún tipo de... solicitud, de manera similar a como ocurre en muchos de esos FanFiction.
— En cuanto a lo primero, déjame decirte que es muy lindo de tu parte preguntarme eso. — Sonrió. — Es un fallo mío el no haberme presentado, cosa que voy a solucionar a continuación. Mi nombre es Neptune, y como ya sabéis, soy una diosa. Encantada de conoceros. En cuanto a lo segundo, sin embargo... — Continuó. — La respuesta es que no, o al menos no del tipo extravagante al que te refieres. La última vez ya fue suficiente. En realidad, vosotros ya sabéis que pasó. Tres palabras bastarán para que entendáis a lo que me refiero: Reinhard Van Astrea. — Explicó de manera bastante sarcástica. — Sin embargo, os otorgaré un pequeño regalo: la oportunidad de decidir vuestro nuevo nombre. Una vez que hagáis eso estaréis listos para ser enviados a vuestra nueva aventura. — Dijo emocionada.
— ¡Yo me quiero llamar Pussies Destroyer! — Exclamó el tercero de ellos, que hablaba por primera vez en todo este tiempo.
— Como quieras... Pero no te lo aconsejo. — Continuó. — Al nacer olvidaréis vuestros nombres y los de todas las personas que conocisteis en vuestra anterior vida, junto con el conocimiento de todos los lenguajes que conozcáis. Es una medida necesaria para que no cometáis deslices a la hora de hablar entre vosotros en un futuro. — Explicó la divinidad. — Pero no os preocupéis, ya que conservaréis todos vuestros recuerdos y seréis capaces de interpretarlos nuevamente conforme vayáis aprendiendo el nuevo lenguaje. Además, podéis tomaros todo el tiempo que necesitéis para pensar en un nombre que os agrade. Podéis escoger también los apellidos, si lo deseáis. — Tranquilizó.
El primero en decidirse por un nombre fue el "tercero", quien escogió esta vez llamarse Martin Mark en lugar de Pussies Destroyer, como sugirió anteriormente. Fue seguido de cerca, en cuánto a tiempo se refiere, por el "segundo", quien eligió en su caso llamarse Iskandar Alexander, ganándose ambos una mirada de aprobación por sus elecciones de parte de la diosa Neptune.
En ese momento, ambos se volvieron a ver a su camarada, el cual había manejado la charla por su cuenta casi en su totalidad hasta el momento.
— ¿No has pensado en un nombre todavía? — Le preguntaron simultáneamente.
— No es necesario. — Respondió este. — Ya tengo uno listo, pero, ¿por qué no le preguntan a la diosa de cuál se trata, en lugar de a mí? — Dijo sugerentemente, con una mueca de diversión plasmada en el rostro.
— Que astuto eres... — Comentó la diosa, para que seguidamente ambos comenzaran a reír de manera genuina. — Muy bien, entonces. Tu nombre será Namikaze Aizen. — Dijo. — Bueno, una vez tratado el tema importante ha llegado la hora. — Sonrió.
— ¿La hora de qué exactamente? — Preguntó Alexander confundido, mientras todos eran envueltos progresivamente en una especie de luz.
— La hora de que partáis a vuestra nueva aventura. — Respondió la divinidad, con una curiosa mezcla entre alegría y picardía en su tono de voz.
— ¡¿Qué?! ¡¿Tan pronto?! — Exclamó el trío al unísono, mientras la luz se extendía sobre ellos.
En el momento en que la luz los cubrió por completo los tres se desvanecieron sin dejar rastro, sin tiempo para siquiera poder dar las gracias a la entidad divina que les concedió una segunda vida tras haber perdido la primera tan temprano.
Neptune: De nada, mis niños. Creced sanos y salvos. Sed cautos, fuertes y felices en esta nueva vida...
