Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.


Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 29: Completamente sola

En cuanto entré en mi carro, se abrieron las compuertas y no pude seguir conteniendo mis lágrimas. Aun así me esforcé por no llorar. Sin importar cuántas ganas tuviera de dejar salir las emociones, necesitaba alejarme de casa de Alice y Jasper, y más importante aun, de cierto hombre que se encontraba dentro.

Después de un intento en vano de limpiarme las lágrimas que seguían cayendo por mis mejillas, giré la llave en la ignición, aceleré el motor y me fui lo más rápido que pude. En realidad, no podía ver muy bien a través de la bruma en mis ojos y me sentí aliviada cuando llegué a mi edificio sin chocar con nadie.

Cuando finalmente cerré a mis espaldas la puerta de mi apartamento, me sentía un poco más tranquila, pero al mismo tiempo más sola que nunca antes. Sin encender la luz, avancé a trompicones al sofá y me hundí ahí, doblé las rodillas y me las abracé al pecho.

Ahora que estaba sola y en mi casa, la realidad de lo que había pasado barrió sobre mí como una ola. Había planeado hablar con Edward esa noche, decirle que lo amaba y quería estar con él, ponerme en esa posición, vulnerable e insegura. Pero en vez de darme la oportunidad para hacerlo, él empezó a atacarme, a acusarme de engañarlo e insultarme. Él era la única persona en el mundo al que le había contado sobre que me sentía fácil y zorra. Había confiado en él con todo lo que tenía, mi cuerpo, mi corazón y mi alma. Y él había traicionado esa confianza de la manera más cruel de todas. Nadie aparte de él tenía el conocimiento y el poder para pegarme donde dolía de verdad.

Con él, por primera vez en mi vida adulta, había obtenido una sensación de seguridad y protección. Me había abierto a él, lo había dejado entrar en mi vida como a nadie más antes de él, ni siquiera a Jacob. Y esta noche él me había destruido.

No sabía cuánto tiempo llevaba sentada ahí como la imagen de la miseria, meciéndome de adelante hacia atrás al ritmo de mis violentos sollozos, pero eventualmente un golpe fuerte en mi puerta me sobresaltó.

—Bella, por favor, abre la puerta. Necesito hablar contigo. —Las palabras salieron entre pesadas respiraciones.

¿Qué quería ahora? ¿No me había lastimado lo suficiente ya? No podía soportar ver que me mirara de la forma en que lo había hecho en casa de Alice ni siquiera por un segundo más. Quería gritarle, decirle que me dejara en paz de una puta vez. Pero no podía. Estaba paralizada, incapaz de moverme o decir algo más.

»Bella, nena, por favor. Me equivoqué, lo siento mucho. Escúchame, por favor. —Los golpes que acompañaban a sus palabras sonaron más fuerte esta vez, mientras que su voz se tornaba más suplicante.

Escucharlo decirme "nena" fue como echarle sal a la herida. Ese apodo de cariño era algo que solo me decía cuando estábamos a solas y en su mayoría en la intimidad. Escucharlo decirlo ahora solo me recordaba el hecho de que nunca más volveríamos a estar juntos de esa forma otra vez.

Dijo que se había equivocado. Por supuesto que sí. Yo no era culpable de nada de lo que me acusaba. Jacob me había besado, pero yo no había hecho nada para animarlo. Incluso lo empujé porque amaba a Edward y ni siquiera podía imaginarme besando o tocando a alguien más. Pero él había saltado a conclusiones sin hablar conmigo primero. Eso revelaba de verdad lo que opinaba de mí.

¿Por qué debería escucharlo? Quedaba claro que él había dicho lo que pensaba y no había nada más que añadir. Creía que yo era una fácil y había terminado conmigo. No necesitaba más explicaciones.

Saber que él estaba tan cerca, y, sin embargo, tan completamente fuera de mi alcancé me provocó una nueva ronda de lágrimas.

—Bella, por favor, déjame entrar. Necesito explicártelo. Cometí un error. Lo jodí. Por favor, nena, dame la oportunidad de arreglar esto. —Seguía tocando, pero le faltaba la determinación que tenía antes. Se estaba frustrando o cansando.

¿Por qué debería darle una oportunidad? No había forma en que él pudiera arreglar esto. En el segundo en que la palabra "fácil" salió de su boca —una palabra que era clave para mis miedos y arrepentimientos más privados— ya era demasiado tarde. Nunca podría retractarse. Estaría para siempre ahí.

»Nena, lo siento mucho, mucho. —El tono de su voz comprobaba que su angustia era genuina. Los golpes a la puerta llegaban ya en un ritmo más lento y constante, aunque empezaban a debilitarse.

De verdad estaba arrepentido. Le creía sin duda alguna. Pero el que dijera esas horribles palabras me dejó en claro que, al menos por un momento, las había creído. Y eso fue suficiente.

La subyacente desesperación en su voz me hizo sentir lástima por él. Lo amaba y me dolía saber que él estaba sufriendo. Sin pensarlo conscientemente, me levanté del sofá y mis pies me llevaron a la puerta. Era como si una fuerza magnética me jalara hacia él, para estar lo más cerca posible de él durante lo que bien podría ser la última vez en mi vida.

»Bella, no puedo vivir sin ti. Necesito arreglar esto. Por favor, habla conmigo. —Casi se ahogó al decir las palabras y apoyé la frente sobre la suave madera. Alcé la mano y puse la palma sobre la puerta como si estuviera acariciando su cara en un gesto de consuelo.

Mientras ahogaba los sonidos que crecían en mi garganta, escuché una tela raspar sobre la superficie de la puerta. Sus siguientes palabras sonaron de más abajo, así que asumí que ya debía estar sentado sobre el piso.

»Nena, no iré a ninguna parte hasta que hables conmigo. No puedo irme antes de explicarte y disculparme. Bella, por favor, no renuncies a mí. A nosotros.

Sí, había existido un nosotros. Aunque intenté negarlo con todas mis fuerzas, habíamos estado juntos —como pareja— mucho antes de lo que había sido capaz de admitírmelo. Había sido muy natural estar cerca de Edward, ser feliz cuando él estaba cerca y extrañarlo cuando no. Por primera vez en mi vida, había experimentado cómo se sentía estar en una relación. Pero todo había terminado en menos de dos minutos.

Intentando no hacer ningún ruido que llamara su atención a mi presencia tan cerca de él, me deslicé contra la puerta y me senté en el piso con la espalda apoyada ahí.

Al estar sentada ahí, en la oscuridad, pude sentir su presencia. Estábamos compartiendo este momento de desamor el uno con el otro, ninguno de los dos podía hacer que se fuera el dolor. Quería estar con él —sentir sus caricias, sus besos— pero no podía perdonar y olvidar así como así.

Get up, get up, stay on the scene like a sexmachine…

Edward había cambiado su estrategia, y yo había olvidado poner mi celular en vibrador. Escuchar la conocida melodía hizo que se me aguaran los ojos otra vez. Me llegó a la mente el recuerdo de esa primera tarde en mi estudio. Después del gran sexo que habíamos tenido esa noche, yo lo había premiado con esa canción especial como su tono personal.

Si mi silencio lo había hecho preguntarse si siquiera me encontraba en casa, el sonido de mi celular debió asegurarle que definitivamente estaba adentro y a una distancia donde podía escucharlo.

—Bella, no me iré. Me quedaré justo aquí hasta que hables conmigo. No puedo perderte. —Parecía haber ganado una nueva determinación porque su voz sonó más firme y llena de confianza.

Se me escapó un sollozo de la garganta al escuchar sus palabras. Él no quería perderme, sin embargo, me había lastimado deliberadamente. Y no me había lastimado con algo al azar, no, había elegido una forma infalible para hacerlo a profundidad.

~*~POMH~*~

Después de sollozar en voz baja durante horas, debí haberme quedado dormida en algún punto de la noche porque me sorprendí al despertarme con la voz de Edward.

—Bella, ya me voy. Llámame, por favor. Necesito hablar contigo. Dame una oportunidad más, por favor.

Por la dirección de donde provenía su voz, supe que debía estar de pie. Alcé la cabeza lentamente de mis brazos y me acerqué más las rodillas dobladas al pecho. Sentía los ojos hinchados y secos a causa de la cantidad de lágrimas que había derramado. La luz del sol que se filtraba a través de la ventana casi me cegaba.

Podía sentir que Edward todavía no se había ido. Todavía podía sentir su presencia afuera del apartamento. Todos mis instintos me empujaban a ponerme de pie, abrir la puerta y rodearlo con mis brazos para rogarle que no se fuera. Pero no podía. Sentía que un peso invisible me empujaba hacia el suelo, manteniéndome ahí.

Cuando escuché que se desvanecían sus pasos, sentí una presión en el pecho y no podía respirar. Estaba al borde de un ataque de pánico. Para no hiperventilar, puse la cabeza entre las rodillas e intenté respirar lentamente. En ese momento me di cuenta de que estaba completamente sola.

~*~POMH~*~

A partir de ese momento, el tiempo dejó de importar. Los minutos se sentían como días mientras que, al mismo tiempo, las horas pasaban como segundos. Me movía por mi apartamento en un estupor, alternando entre sentir entumecimiento y dolor físico a causa de mi pérdida.

Después de años de huirle a la intimidad emocional, finalmente había dejado que alguien volviera a entrar a mi corazón. Había confiado en Edward y él me había fallado. No podía dejar de comparar lo que sentía con lo que sentí cuando Jacob me echó de su apartamento hacía tantos años.

En ambas ocasiones había estado enamorada de hombres que habían traicionado mi confianza. Sin embargo, había grandes diferencias.

Había amado a Jacob por mucho tiempo. Fue un amor de admiración que creció lentamente, la clase de amor que solo sentías por alguien a quien conocías de mucho tiempo. Con Edward, fue un amor devorador y apasionado a primera vista, un amor que, luego de sentirlo, no podías vivir sin él.

Otra diferencia muy importante era que Jacob nunca me había prometido nada. Nuestras noches juntos solo habían sucedido, sin compromisos ni grandes declaraciones antes del acto. Edward me había prometido que nunca me lastimaría. La noche que le conté sobre Jacob y mi miedo a confiar de nuevo en un hombre me prometió que nunca traicionaría la confianza que le tenía. Y eso fue lo que más me dolió. Había hecho exactamente eso.

No comía y difícilmente podía dormir. El silencio en mi apartamento era como un tamborileo doloroso en mis oídos. En cierto punto intenté recostarme en mi cama, pero el aroma de Edward seguía en las almohadas. En un intento frenético por deshacerme de todo lo que me recordaba a él y el dolor que me había causado, arranqué las sábanas de la cama y aventé las almohadas al piso. Mis ojos vieron unas tijeras en la cómoda. Las agarré y apuñalé su almohada como una loca hasta que llovieron plumas a mi alrededor, cubriendo el piso de blanco. Una vez más las lágrimas se derramaban por mi cara.

Me sentí exhausta cuando ya no tuve lágrimas por derramar. Me subí a la cama, me hice bolita sobre el colchón desnudo y miré el espacio vacío de Edward en el lado de la cama. Él solo había estado aquí unas cuantas veces, pero era su lado. El vacío que emanaba de ese espacio solo amenazaba con absorberme. Así que me di la vuelta, intentando olvidar que él había estado ahí en algún momento.

Apenas podía mantenerme despierta y, sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, veía su cara. A veces él me sonreía, a veces se reía, pero cada vez, después de un rato, me miraba enojado con ojos rojos, gritándome insultos. Las palabras que llenaban mi cabeza eran incluso peor que imágenes: ¡Tal vez de verdad eres una fácil!

Cada vez que llegaba al punto donde lo escuchaba decirlo, mis ojos se abrían de golpe y me encontraba jadeando en busca de aire.

En algún momento durante lo que creía era el domingo, desconecté mi teléfono ya que no dejaba de sonar. Mi celular ya llevaba mucho tiempo apagado. No quería hablar con nadie. Solo me quedaba ahí sentada o acostada, esperando a que se fuera el dolor.

~*~POMH~*~

—Bella, cariño. Dios mío.

Me puse un brazo sobre los ojos para tapar la luz que Alice dejó entrar a la habitación cuando abrió las persianas.

—Alice, ¿qué estás haciendo aquí? —Mi voz sonaba ronca por falta de uso.

—Vine a buscarte. —Se paró en medio de la habitación, asimilando el caos. Las sábanas que había quitado de la cama seguían en una pila sobre el piso y había plumas por todas partes—. Estaba preocupada. Apenas nos enteramos de lo que pasó hoy que Edward llegó a trabajar, se veía de mierda. Jasper me llamó y después de pasar por tu llave extra a casa, vine directo aquí. —Se sentó junto a mí en la cama, apartándome mi despeinado y enredado cabello de la cara—. Entonces, ¿no puedes perdonarlo? —Su voz sonaba suave, tenía las cejas alzadas y la frente arrugada a causa de la preocupación.

Negué con la cabeza mientras lágrimas nuevas caían de mis ojos. Se sentía más definitivo decirle a alguien más que solo reconocerlo ante mí misma.

»Oh, cielo. Lo siento mucho —susurró al recostarse junto a mí en la cama, me rodeó con sus brazos y me dejó llorar en su cuello.

No intentó sonsacarme más información, ni intentó hacerme sentir mejor recitando frases estúpidas. Ni siquiera intentó convencerme de perdonar a Edward ni nada así. Solo me abrazó, me dejó desahogarme con ella y escuchó lo que yo estaba dispuesta a compartir.

Luego de calmarme al fin, me hizo darme una ducha mientras ella recogía la habitación e insistió en que comiera de la pizza que había pedido. Alice incluso se ofreció a quedarse y hacerme compañía, pero me negué.

—Está bien, Alice. Llevo tres años viviendo sola. Soy una chica grande —le aseguré mientras ella recogía sus cosas para irse.

—No tienes que hacerlo. Puedes venir a quedarte con nosotros unos días si quieres. —Me miraba con ojos tristes y llenos de simpatía.

No pude evitar recordar la noche que Edward y yo nos conocimos en su casa. Los recuerdos que tenía su habitación de invitados eran tan poderosos como los que estaban en mi habitación. Así que esa no era una opción. Además, quería estar sola.

—No, gracias, pero ¿podrías hacerme un favor? O mejor que sea Jazz. Antes de desconectar el teléfono, Edward intentó llamarme varias veces. ¿Crees que Jasper pueda decirle que me deje en paz? —No podía lidiar con sus llamadas. No quería hablar con él, no podía soportar escuchar su voz, y no quería vivir con el miedo de que él pudiera estar esperándome en mi estudio o en alguna otra parte.

—Por supuesto, cariño. Espero que te sientas mejor pronto. Y si necesitas hablar con alguien, puedes llamarme siempre que me necesites, incluso si es a mitad de la noche. —Alzando las cejas con preocupación, esperó a que aceptara su oferta.

—Lo sé. Gracias, Alice. —Se despidió con un abrazo y salió reticentemente de mi apartamento.

Después de cerrar la puerta tras de ella, me giré para ver el lugar que siempre me había hecho sentir segura. No había cambiado nada aquí, pero en mi vida todo era diferente.

¿Qué iba a hacer ahora?