Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.
Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 30: Triste Navidad
—¿Ya tomaste una decisión sobre la fiesta de Navidad de la compañía mañana? —me preguntó Alice durante nuestra llamada diaria el jueves. Ella insistía en hablar conmigo al menos una vez al día. A veces parecía que se estaba asegurando de que no hiciera nada estúpido. Por otro lado, era el único contacto humano que tenía recientemente, aparte de las conversaciones profesionales con mi asistente y las ocasionales llamadas de mis clientes, y agradecía que mi mejor amiga se preocupara así por mí.
Durante toda la semana había estado pasando los días sin estar presente, intentando vivir mis rutinas normales sin sentir nada. Todos los días me obligaba a levantarme en la mañana, a darme una ducha, comer al menos un poquito e ir a trabajar. En las tardes me dedicaba a ver películas de acción sin sentido que normalmente no vería solo para asegurarme de que no había nada que pudiera recordarme a Edward. Aunque la peor parte era cruzar la puerta.
Durante los primeros días, cada vez que salía del apartamento, volteaba constantemente a mis espaldas para asegurarme de que Edward no estuviera agachado en algún lugar para confrontarme. Pero él parecía estar acatando mi deseo de dejarme en paz, lo cual agradecía.
—No creo que pueda ir. —Sabía que no podría evitarlo para siempre, pero era demasiado pronto para estar siquiera en la misma habitación que él.
—Pero tienes que estar ahí, trabajaste duro por la compañía en el último año y perteneces a ese lugar —insistió.
—Edward… —Tuve que pausar para tragar antes de poder continuar. Era la primera vez que decía su nombre en una semana y dolía—. Él también estará ahí. No creo que pueda verlo aún. —A lo largo de los últimos años había llegado a disfrutar los eventos que la agencia organizaba para sus empleados. Había una carne asada anual durante el verano que era igual de agradable que la fiesta de Navidad. Aunque Jasper era mi único amigo cercano en la compañía, disfrutaba de pasar tiempo con muchos de mis compañeros de trabajo. Por mucho que no pudiera soportar ver a Edward, en realidad no quería perderme el evento.
—Te prometo que te dejará en paz. Jazz y yo estaremos a tu lado durante todo el tiempo si eso quieres. Vamos, no puedes echarte para atrás así. Si no vas, yo tampoco iré. Es nuestra última oportunidad para vernos antes de que Jazz y yo nos vayamos a Chicago para Navidad. —Esa era la Alice que conocía. No aceptaría un no como respuesta. Y tenía razón. Había olvidado completamente que ellos se irían pasado mañana para pasar las festividades con la familia de Jasper.
Sabía que no me la quitaría de encima hasta que aceptara ir.
—De acuerdo, iré. Pero no me quedaré mucho tiempo.
—Genial. Pasaremos por ti a las siete. —Podía escuchar su sonrisa a través del teléfono.
Envidiaba a Alice por estar tan animada por algo tan insignificante. Nada podía hacerme sonreír en estos días.
En fin, tenía que detenerla ahí, me sentía desesperada por tener una ruta de escape si el asunto resultaba ser demasiado.
—No, los veré ahí. Quiero poder irme cuando quiera si siento la necesidad.
Suspiró, pero cedió.
—Bien. Tengo que colgarte. Nos hablamos luego, cariño.
—Buenas noches, Alice. Te llamaré mañana.
Ahora que ya había terminado con la llamada de la tarde para ver cómo estaba, me encontré enfrentando el mismo problema que tenía todas las noches. Estaba sola en mi apartamento vacío y, aunque él no había estado aquí muchas veces, en todas partes donde volteaba veía a Edward. Incluso después de una semana seguía batallando para quedarme dormida en la cama que una vez había olido a él, y cuando finalmente me abría camino hacia la tierra de los sueños, me despertaba poco después, bañada en sudor y con las últimas palabras que Edward me dijo en la fiesta resonando en mis oídos. ¡Tal vez de verdad eres una fácil!
Y aun así, aunque él me había lastimado tan profundamente, lo extrañaba con locura. Me dolía el corazón con su ausencia. El vacío que él había dejado atrás parecía chuparme. Anhelaba no solo sus gentiles caricias, sino su tranquilizadora calidez y la forma en que él me hacía sentir segura.
Sin importar cuánto extrañara nuestra cercanía, eso era algo del pasado. Él había mostrado su verdadera forma de ser y nunca podría borrarlo. Me gustara o no, nunca volveríamos a ser un nosotros y tenía que aprender a vivir con eso.
Así que, igual que las noches anteriores, encendí la televisión e intenté matar tiempo hasta que comenzara la inevitable lucha por unas cuantas horas de sueño.
Me esperaba otra noche larga y dolorosa.
~*~POMH~*~
Estaba vestida, con el cabello y maquillaje terminado, y lista para ir a la fiesta de Navidad. Durante todo el día me había negado a pensar en lo que podría pasar ahí. Había pasado exactamente una semana desde la fiesta en casa de Alice y Jasper. Una semana desde la última vez que había visto a Edward. Siete días de extrañarlo, odiarlo y sentir dolor por sus insultos estaban detrás de mí. ¿Cuántos días más me esperaban antes de eventualmente poder seguir adelante?
Intenté alejar esos pensamientos al subirme a mi carro. Respiré profundo tres veces antes de encender el motor y arrancar.
Al llegar al restaurante decidí estacionarme en el estacionamiento subterráneo del edificio. No tardé mucho en encontrar un sitio vacío a mi izquierda. Cuando estaba a punto de meterme, los faros de mi carro pasaron sobre la placa del Volvo plateado que estaba estacionado a la derecha. Al instante sentí que alguien me había pateado en el estómago al reconocer ese carro tan familiar.
Mis manos se tensaron con fuerza en el volante mientras se me aceleraba la respiración. Imágenes del tiempo que pasé en el vehículo frente a mí inundaron mi mente, la tarde que le conté todo sobre mi desastrosa experiencia con el único hombre al que había amado antes, el emocionante viaje a casa desde el cine después de ver Skyfall, el viaje a Forks para pasar Acción de Gracias con mi familia, las muchas veces que nos habíamos despedido frente a mi edificio.
Las lágrimas empezaron a derramarse de mis ojos conforme las abrumadoras imágenes asaltaban mi cerebro. Me empezó a doler el pecho por el esfuerzo que requería para llenar mis pulmones de aire. Cerré los ojos y apoyé la frente en el volante, intentando controlar mis erráticos sollozos.
No tenía idea de cuánto tiempo me quedé ahí sentada o cuántos carros me pitaron, molestos debido a que mi carro les bloqueaba en parte el camino.
Una vez que mi ataque de pánico empezó a aplacarse lentamente, mi teléfono sonó con el tono de Alice y eso pareció ser la señal para realizar mi escapada. Levanté la cabeza y pisé el acelerador, dejando el lugar donde sabía que Edward esperaba a solo unos pies de distancia.
Si me desmoronaba así con tan solo ver su carro, ¿cómo iba a lidiar con verlo en persona? Todavía no me encontraba en un estado donde me sentía lo suficientemente fuerte para exponerme a esa clase de estrés.
Alice llamó otra vez justo cuando cerraba la puerta de mi apartamento. Buscando a tientas para sacar el celular de mi bolsa, me acerqué a mi sofá, me quité los zapatos y me senté con las rodillas pegadas al pecho.
—Alice, lo siento. No puedo hacerlo. —Me estremecí y una ronda nueva de lágrimas se derramaron por mi cara.
—Bella, cariño, ¿dónde estás? ¿Qué pasó? —Sonaba preocupada.
Estaba sollozando una vez más, lamentaba molestar otra vez a mi amiga con mi corazón roto.
—Ya estoy en casa. Fui allá. Estaba a punto de estacionarme cuando reconocí su carro en el espacio de al lado. No puedo verlo. No ahora, tal vez nunca.
—Aguanta. Voy para allá. —Antes de poder objetar, ella me colgó.
~*~POMH~*~
Aunque le insistí en que debería regresar a pasar la noche con Jasper, se quedó hasta entrada la medianoche para hacerme compañía y distraerme de mi dolor. Luego nos despedimos, le deseé un buen viaje y una feliz Navidad. Sabía que la mía no sería así.
~*~POMH~*~
—Hola, cariño. Es grandioso que al fin hayas llegado. —Sue me abrazó en cuanto entré a la casa, todavía quitándome la nieve del abrigo de invierno.
Había salido de Seattle cerca del mediodía para llegar a Forks a tiempo de celebrar Nochebuena con mi familia. Hoy había tardado mucho más que el viaje usual de tres horas porque, en cuanto salí de la ciudad, había empezado a nevar fuertemente. No solo no tenía la oportunidad de acelerar, sino que la mayoría de los carros en la autopista iban muy lento.
—Hola, Sue. Me alegra mucho estar aquí. El viaje fue un infierno. —La casa olía a canela y naranjas como siempre en esta época del año. La familiaridad era reconfortante y hacía que valiera la pena venir a casa.
—Entonces es algo bueno que tengas dos días para recuperarte antes de tener que regresar —dijo sonriendo mientras me quitaba el abrigo.
No estaba tan segura de que fuera buena idea quedarme aquí dos noches. De hecho, estaba temiendo los siguientes dos días. Charlie y Sue eran la única familia que tenía, y quería pasar Navidad con ellos, pero temía lo que me haría estar en su casa.
La última vez que había venido, había traído a Edward y habíamos pasado dos días y dos noches muy felices aquí. De hecho, ese había sido el comienzo de lo que creí pensar que podría ser una relación de verdad. Cuánto me había equivocado.
Me alegraba que Charlie, que bajaba las escaleras, me sacara de mi monólogo interno.
—Hola, papá —lo saludé y esperaba haber sonado animada.
Me rodeó con sus brazos por un largo momento.
—Hola, Bells. —La forma en que me abrazó era muy inusual para él y no podía quitarme la sensación de que había algo más detrás del gesto.
Escuché a Sue carraspear en voz baja y Charlie se apartó.
—Es bueno tenerte aquí otra vez —declaró, metiéndose torpemente las manos a los bolsillos—. ¿Tienes algo en el carro que tenga que bajar?
—Sí, hay dos maletas en la cajuela.
—Iré por ellas —dijo antes de poder replicar—. Tú sube y descansa. Ahora vuelvo.
~*~POMH~*~
Unas horas más tarde, después de haber cenado, nos movimos a la sala para sentarnos en el sofá frente al árbol de Navidad. Igual que cada año estaba lleno de decoraciones que eran reliquias de mis abuelos o decoraciones que yo misma había hecho de niña.
Las botas de Navidad que habían sido parte de las festividades desde que tenía memoria colgaban de la repisa de la chimenea. Todo era muy acogedor y conocido, pero no podía relajarme. Extrañamente, ni Charlie ni Sue habían mencionado el nombre de Edward desde mi llegada. Normalmente, cuando hablábamos por teléfono, no tardaban ni siquiera un minuto antes de preguntar por él. Casi parecía que sabían que era mejor no hablar de él. Solo no podía entender cómo lo sabrían.
—Pues empecemos a abrir los regalos —sugirió Sue cuando nos encontramos cómodamente sentados.
Desde que tenía quince años había sido una tradición en nuestra familia abrir los regalos en Nochebuena en vez de durante la mañana de Navidad.
Charlie se puso de pie y se acercó al árbol, agarró un regalo pequeño envuelto con papel verde y rojo del piso y se lo entregó a Sue.
—Querida, esto es para ti. Feliz Navidad. —Le besó la mejilla y se sentó en el brazo del sofá a su lado.
Sin más, Sue abrió el regalo y reveló una caja de plástico negra con el nombre de una joyería. En cuanto lo vio, sonrió con felicidad antes de levantar la tapa. Dentro de la caja había un delicado reloj dorado con correa de piel negra. Su sonrisa creció al verlo.
Alzó los brazos y le rodeó el cuello con ellos, jalándolo hacia ella.
—Oh, Charlie, muchísimas gracias.
—Dijiste que necesitabas un reloj nuevo. Así que pensé que sería bueno, ya sabes, darte uno. —Se veía un poco incómodo por la muestra de gratitud, pero al mismo tiempo se veía presumido al haberle dado algo que de verdad le gustaba.
—Es un reloj muy bonito. —Lo sacó y se lo puso en la muñeca, girando el brazo para admirarlo con la luz reflejándose en el cristal—. Gracias.
Luego Sue le entregó su regalo a Charlie, el cual resultó ser una caña de pescar nueva. Esa cosa parecía ser el modelo más reciente y mi papá estaba eufórico.
Les di a ambos mis regalos envueltos y los abrieron al mismo tiempo. Sentí una pequeña punzada ante el recuerdo del día que hice mis compras de Navidad con Edward. Pero forcé una sonrisa en mi cara cuando me agradecieron por la chaqueta y los guantes.
—Esto es para ti, cariño. Esperamos que te guste. —Sue me entregó una caja plana y cuadrada, de unos treinta centímetros de ancho.
Abrí lentamente el papel desde la orilla y descubrí un álbum de fotos de mi fotógrafo favorito de paisajes. Desde hacía tiempo que quería ese libro, pero era muy caro.
—Muchas gracias. ¿Cómo supieron que quería esto? —Me estiré para abrazar a Sue, luego me acerqué a mi papá, que seguía en el brazo del sofá, para abrazarlo también.
—Nos lo dijo un pajarito —admitió Sue, sonriéndome.
Luego su mirada se movió de mi cara al árbol de Navidad, posándose en una pequeña bolsa de regalo que seguía ahí abajo. Había notado el regalo y me había preguntado qué era cuando puse mis regalos abajo del árbol hacía rato. La sonrisa de Sue se convirtió en un pequeño ceño antes de mirar a Charlie con las cejas fruncidas y los labios formando una tensa línea.
Mi papá se paró de nuevo y se agachó para recoger la bolsita, luego se la entregó a Sue. Después de respirar profundamente, se giró hacia mí.
—Bella, cariño, hay algo más para ti. —La miré confundida. Ya me habían dado mi regalo y no era usual para ellos darme más de una cosa. Mis padres parecían ansiosos por ese regalo.
Señalé el libro en mi regazo.
—Pero ya tengo aquí mi regalo.
—No es de nuestra parte, cariño. Es de Edward —dijo Sue con cuidado, al parecer esperando mi reacción.
Inhalé de golpe, luchando contra las lágrimas que empezaron a acumularse ante el sonido de su nombre.
»Antes de que digas algo, solo escúchame —continuó—. Vino el día que tenía que irse a Chicago, manejó hasta acá solo para dejar aquí esto para ti. Me dijo que había cometido un grave error y que te había lastimado mucho. Dijo que tenías todo el derecho de sentirte molesta y que entendería si nunca más le volvías a hablar. —Dejó de hablar, sonriendo con tristeza cuando vio las lágrimas que amenazaban con derramarse—. Dijo que, sin importar lo que pasara entre ustedes, quería que tuvieras esto. —Me ofreció la bolsa, pero estaba paralizada, incapaz de tomarla—. Quería que te lo diéramos porque temía que lo pudieras tirar si solo lo dejaba en tu puerta o te lo enviaba por correo.
Mis lágrimas caían ya libremente y mi papá me entregó un pañuelo. No me molesté en limpiarme la cara porque estaba segura de que me faltaba mucho para terminar de llorar esta noche.
»Bella, incluso si no lo quieres ahora, deberías quedártelo. Puedes abrirlo después, tal vez mucho después. Pero es un regalo muy especial. Te arrepentirías si lo tiraras. —Su voz sonaba suave y llena de simpatía, tenía las cejas alzadas con preocupación mientras su mano se apoyaba en la mía en un gesto tranquilizante.
—¿Cómo sabes qué es? —logré preguntar cuando al fin registré sus palabras.
—Me pidió ayuda hace unas semanas. Se esforzó mucho en esto. —Miró a Charlie como si esperara alguna certeza por parte de él, antes de girar sus ojos hacia mí—. No te voy a dar ningún consejo. No sé qué pasó, y no te pido que nos lo digas. Solo te ruego que pienses en aceptarlo y si no estás lista para abrirlo ahora, llévatelo a casa contigo. Algún día podrías sentirte feliz de tenerlo. —Al ver que no tomaba la bolsa que me ofrecía, la dejó en medio de la mesita de centro y me rodeó con sus brazos, acariciándome el cabello mientras yo lloraba en su hombro.
Aunque Charlie nunca había sido alguien de arrebatos emocionales, se quedó sentado donde estaba, palmeándome la cabeza para darme todo el confort que podía ofrecerme.
~*~POMH~*~
Luego de calmarme un poco, abrimos una botella de vino y vimos ¡Qué bello es vivir! en televisión antes de dar por terminada la noche.
Durante los últimos ocho años, cada vez que había estado en su casa, había temido entrar a mi habitación, temerosa de que de los recuerdos de mi horrible primera vez con Jacob me deprimirían. La ansiedad que sentí durante los últimos años no era nada comparada con el asfixiante miedo que sentí cuando me paré en el pasillo del piso de arriba, con la mano en el pomo, intentando calmarme lo suficiente para poder entrar.
Hacía cuatro semanas Edward había estado ahí adentro conmigo. En una noche apasionada y amorosa, él había logrado eliminar los malos recuerdos que habían estado residiendo en mi habitación y los había reemplazado con recuerdos de amor y seguridad. Ahora esos sentimientos ya no existían, era más difícil que nunca poder entrar.
Determinada a no preocupar más a Charlie y Sue si subían y me encontraban parada afuera de la habitación, intentando respirar con calma, cerré los ojos y abrí la puerta. Sin parpadear, entré, cerré la puerta a mis espaldas y apoyé la espalda en la fría madera.
Después de unos minutos, abrí los ojos, me acosté en mi cama y dejé que los recuerdos me aplastaran. Lloré en silencio durante lo que parecieron ser horas. Lloré por la niña que había sido decepcionada tan cruelmente después de confiar en su viejo amigo. Llore por la joven mujer que se había entregado a docenas de hombres intentando olvidar el dolor y recuperar su autoestima. Lloré por la mujer que había batallado para darle una segunda oportunidad al amor, solo para resultar herida otra vez. Dejé que todas las emociones se abrieran paso a través de mí, intentando sacar todo de mi sistema.
Poco después de medianoche ya no me quedaban más lágrimas este día y me sumí en un sueño inquieto.
~*~POMH~*~
Pasé el día siguiente cocinando con Sue, comiendo con ella y Charlie, y dando un paseo con ellos a través de las calles nevadas en mi pequeño pueblo. Me resultó conocido y en cierta manera reconfortante. Me deleité en la sensación de tener a mi alrededor a las personas que más se preocupaban por mí. Aun así no podía quitarme el miedo de otra noche como la anterior. Así que cuando se hizo de tarde, tomé la decisión de regresar a Seattle en vez de quedarme una noche más.
Sue me miró con preocupación en los ojos cuando estábamos parados en el pasillo.
—¿Estás segura de que quieres regresar esta noche? Te ves cansada, cariño.
—Sí, estoy segura. Necesito estar sola por un rato. Y tengo que trabajar mañana. —Intenté sonar sincera, pero sabía que no lo había conseguido.
Charlie me ayudó a ponerme el abrigo antes de rodearme con sus fuertes brazos.
—Cuídate, niña. Y regresa pronto. Te quiero.
—Lo intentaré, papá. También te quiero. A ambos. —Alcé la vista para encontrar a Sue parada detrás de Charlie, jugueteando nerviosamente con la bolsa de regalo roja que había intentado olvidar con todas mis fuerzas.
Charlie me soltó cuando ella se aclaró la garganta.
—Cariño, deberías llevarte esto contigo. Haz lo que quieras con ello, pero, por favor, no lo tires. —Sus ojos, bien abiertos, me lo suplicaban.
Respiré una vez, agarré la bolsa, abracé a mi madrastra y salí rápidamente de la casa.
