Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.
Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 31: Entrega de correo
Durante los siguientes días hice todo lo que podía para mantenerme ocupada y distraerme de mi pesar por Edward. Le había mentido a mi padre y a Sue al decirles que tenía que trabajar. No había sesiones agendadas entre Navidad y Año Nuevo. La mayoría de las compañías ni siquiera estaban trabajando en ese tiempo.
Tampoco tenía a nadie con quien pasar el tiempo. Alice y Jasper estaban en Chicago con la familia de él. Incluso mi asistente se había tomado vacaciones para visitar a su familia en Portland.
El primer día limpié todo mi estudio. Al día siguiente reorganicé los archivos de mi computadora. Cuando terminé con todo eso, empecé a pensar en un proyecto que siempre había querido realizar. Desde que me había convertido en fotógrafa, siempre había querido hacer un álbum que ilustrara los maravillosos paisajes de Washington. Lo pensé durante mucho tiempo e incluso empecé a planear algunos de los sitios que quería fotografiar.
Decidí que mi propósito de Año Nuevo sería convertir mi idea en algo concreto.
Pasaron los días, y aunque todo estaba muy calmado, de pronto me encontré preguntándome qué hacer para Nochevieja, para la cual solo faltaba un día.
Ninguno de mis amigos cercanos estaba en la ciudad, pero de todas formas no tenía ganas de celebrar. Estaba ansiosa por dejar atrás este jodido año y empezar de cero en 2013. Sin tener opciones y poco dispuesta a salir por mi cuenta, decidí cuidar mi corazón roto con comida mexicana y algunas películas. Sumándole una botella de tequila ya tenía la mejor forma de hacer la transición del 2012 al 2013.
Tal vez tendré suerte y me quedaré dormida en el sofá antes de la medianoche.
Sonriendo ante esa idea, me sobresalté cuando escuché un repentino golpe en mi puerta. Era raro que llegara gente inesperada a mi puerta. Fruncí un poco el ceño al abrir la puerta para encontrar a un repartidor sosteniendo un sobre que se había enviado con urgencia de un día a otro en su mano. Sin decir mucho, firmé el recibido y regresé a mi lugar en el sofá.
No tenía remitente, lo cual era raro. Pero sentía curiosidad, así que lo abrí de inmediato.
Dentro del sobre estándar había uno más pequeño y cuadrado hecho con un papel grueso suave. En la parte de enfrente tenía mi nombre, escrito en un garabato pequeño y desigual, la caligrafía típica de un hombre. No había indicación de quién me había enviado esa carta.
Intrigada por el misterioso sobre, lo abrí con cuidado, temerosa de romper el papel caro.
Dentro había una tarjeta impresa de aspecto profesional que parecía ser una invitación. No entendía lo que significaba, pero al escanear la tarjeta mis ojos captaron los nombres de Emmett y Rosalie Cullen. Un poco más abajo estaba impresa la palabra Nochevieja en negritas.
Después de analizar toda la tarjeta me sorprendí al haber recibido una invitación para la fiesta de Nochevieja en casa de Emmett y Rosalie. Había escuchado a Alice hablar de eso, me había dicho que celebraría con la hermana de Jasper, su esposo y amigos. La letra en el sobre era inconfundiblemente la de un hombre. ¿Por qué Emmett Cullen me invitaría a su fiesta? ¿Edward no le había contado a su hermano que ya no nos hablábamos? ¿Y cómo había conseguido Emmett mi dirección?
Al girar el sobre se cayó un pedazo de papel doblado. Confundida, pero definitivamente curiosa, lo desdoblé y encontré una carta escrita a mano.
Querida Bella,
Puedo imaginar que lo último que esperabas encontrar cuando abriste el correo era una carta de mi parte. Ya que sé que últimamente no aceptas ninguna llamada aparte de las de Alice, supuse que esta sería la única manera de ponerme en contacto contigo.
Supe lo que pasó entre Edward y tú, y te puedo asegurar que lo reprendí severamente por lo que te hizo. Entiendo tu reacción, y normalmente no interferiría en los asuntos de otros de esta manera. Pero tengo que decirte que nunca he visto a mi hermano verse como está justo ahora. Se ve derrotado y roto. Nunca ha sufrido así, ni siquiera después de encontrar a Tanya en la cama con aquel cabrón. Cuando regresó hoy del aeropuerto diciendo que no habías venido, no pude soportarlo más. Él ya no es nada más que un cascarón vacío, se la pasa sentado mirando la pared o bebiendo hasta entumecerse. Ni siquiera sale de la casa.
Bella, mi hermano te ama como nunca ha amado a nadie más en su vida. Te pido, por favor, que lo medites profundamente e intentes encontrar en ti el poder perdonar a Edward. Él no puede vivir sin ti. Si lo amas como él te ama —y por lo que vi en Seattle, así es— espero que aceptes mi invitación y celebres Año Nuevo con nosotros.
De verdad espero verte pronto y así volver a ver al hermano que conozco.
Emmett.
Miré boquiabierta el papel que tenía en las manos, mis ojos escaneaban furiosamente la hoja para asegurarme de no haber imaginado lo que estaba viendo. Todo lo que podía pensar era guau.
No había imaginado que Edward estaría sufriendo así. Aunque él había pasado toda una noche en el pasillo frente a mi puerta, esperándome para dejarlo entrar. Y había manejado seis horas solo para entregar un regalo de Navidad para mí.
¿A qué se refería Emmett al decir que Edward le dijo que yo no había ido? ¿Por qué debería haber ido a Chicago? ¿Y por qué Edward sabría en cuál vuelo estaría?
Entendí que no encontraría las respuestas en la carta de Emmett. Pero tal vez existía una manera de aclarar un poco todo este misterio.
Fui a mi habitación y me agaché frente a la cómoda para abrir el cajón de abajo. Tuve que rebuscar entre mis pijamas para sacar la bolsa roja de regalo que había escondido ahí. Luego la miré durante un buen rato, mis emociones luchaban para encontrar la resolución de tocarla. Cuando finalmente tomé la decisión, saqué con cuidado la bolsa del cajón sin molestarme en volver a guardar la ropa y me acerqué a mi cama para sentarme ahí.
Por primera vez desde que la había traído a casa me atreví a mirar dentro de la bolsa. Encontré un regalo envuelto en papel verde y dorado, y un sobre. Saqué ambos artículos y los puse sobre las cobijas frente a mí.
Sentía las manos sudorosas y luché por mantener regular mi respiración. No me sentía lista para esto, pero algo me dijo que tenía que descubrir qué era lo que Edward había considerado lo suficientemente importante como para hacer un viaje de seis horas para asegurase de que me lo quedara.
Con manos temblorosas, abrí el regalo primero. Luego de quitarle la envoltura, tomé en mis manos una cajita negra. Era cuadrada, de unos cinco centímetros de ancho. No tenía nombre ni nada más por fuera.
Conteniendo el aliento, abrí lentamente la tapa y jadeé cuando vi lo que Edward me había comprado. En medio de la almohadilla de seda negra estaba un amuleto de oro de forma elíptica decorado de esmeraldas y perlas. No había notado que mis ojos se llenaban de lágrimas antes de que la primera gota cayera por mi mejilla al ver el relicario de mi abuela.
Estaba consciente de que a lo mejor no era exactamente el mismo que había usado mi abuela, pero ciertamente era el mismo modelo. Con dedos inseguros, saqué la preciosa pieza de joyería, rozándolo con la punta de mi dedo índice sobre las perlas incrustadas antes de tocar las esmeraldas, cuyo color me recordaba dolorosamente a los hermosos ojos de Edward. De repente, vi esos ojos ante mí, ojos que pertenecían a un hombre que se había encargado de buscar una reliquia que significaba tanto para mí, pero que se había perdido antes de poder recibirla. Mi corazón casi explotaba por el amor que sentía por él, luchando con la sensación de pérdida que había experimentado durante las últimas semanas.
Ahora mis lágrimas caían libremente mientras giraba con cuidado el medallón para verlo desde todos los ángulos. Me sorprendí al encontrar que tenía un mensaje grabado en la parte de atrás.
Eres el rompecabezas de mi corazón.
Las palabras sonaban maravillosas, pero no entendía del todo su significado. Con dedos que no parecían ser los míos, abrí torpemente el relicario para ver si tenía algo dentro. Se me escapó otro jadeo de la garganta cuando mis ojos se posaron en la foto que Edward había puesto en uno de los dos lados. Era una fotografía de nosotros dos mirándonos en la cocina en Forks. El fondo de la foto me permitió adivinar que la tomaron mientras lavábamos los trastes en Acción de Gracias. Sue debió tomarla. Pero todo eso no importaba. Lo que me sorprendió fue la mirada en nuestras caras. Quedaba claro que no éramos conscientes de que nos estaban fotografiando. Nuestros ojos estaban entrelazados de una manera tierna y amorosa. Nadie me había mirado así.
No podía descifrar lo que estaba sintiendo en ese momento. Había demasiadas emociones corriendo a través de mí. Luego de unos minutos de lágrimas silenciosas, mi mirada se posó en el sobre que había estado dentro de la bolsa de regalo.
Puse lentamente el relicario dentro de la caja y agarré el sobre, abriéndolo con mucho cuidado. En cuanto lo abrí, capté un vistazo de la caligrafía ancha y elegante de Edward. Respiré tres veces antes de sacar la hoja doblada y cayó otro pedazo de papel en la cama. Sosteniendo en una mano lo que parecía ser una carta, tomé el papel que había caído con la otra y lo escaneé. Parecía ser un boleto de avión a Chicago, fechado para el 29 de diciembre, anoche.
Solté el boleto y empecé a desdoblar la carta.
Mi amada Bella,
No estoy seguro de si alguna vez leerás esto, y si es que lo lees, cuándo será. Prometo que, después de esta carta, respetaré tu deseo de dejarte en paz. Pero tenía que intentar comunicarme contigo una última vez.
Las palabras no son suficientes para decirte lo mucho que lamento el error que cometí. Debí haber tenido más fe en ti como para creer que regresarías con él y despreciarías todo lo que había pasado entre nosotros de un momento a otro. Me arrepiento de lo que te dije más que de cualquier otra cosa en toda mi vida. Lo peor es que no creí ni por un segundo lo que te dije. Solo lo dije para lastimarte, igual que creí que tú me habías lastimado.
No puedes imaginar lo que sentí al verlos besarse. Fue como si me arrancaran el corazón del pecho. Estaba seguro de que te había perdido incluso antes de tener la oportunidad de mostrarte lo mucho que significas para mí.
Entiendo si nunca más quieres volver a verme porque traicioné cruelmente la confianza que tenías en mí. Pero sin importar qué pueda pasar entre nosotros en el futuro, quiero que tengas el relicario que tardé semanas en encontrar. A lo mejor no es exactamente el mismo que le robaron a tu abuela, pero es lo más cercano que pude conseguir. Sé lo mucho que significa para ti, y debería ser tuyo. Si nunca más quieres volver a tener nada conmigo, solo tira la foto, pero por favor guarda el relicario. Te pertenece a ti.
Si, a pesar de todo, encuentras en tu corazón que puedes perdonarme, entonces ven a pasar Nochevieja conmigo. Me atreví a comprarte un boleto de avión hacia Chicago para el 29 de diciembre.
Desde la primera vez que posé la mirada en ti supe que eres la pieza que le falta al rompecabezas de mi corazón. Cuando estoy contigo, me siento completo. Sin ti, estaré incompleto para siempre.
Sin importar cuál pueda ser tu decisión, siempre te amaré.
Tuyo,
Edward.
Me sequé las lágrimas que caían por mi cara antes de que las gotas pudieran caer sobre la carta que tenía en las manos. Había muchos pensamientos corriendo por mi mente. No tenía duda de que él había traicionado la confianza que le tenía; que me había lastimado a propósito. Incluso lo había admitido en su carta. Pero también había escrito que me amaba. Dios mío, ¡de verdad me amaba! Y sin importar cuánto había estado luchando contra ello en las últimas semanas, yo también lo amaba.
Mi corazón dolió por él al imaginar lo que debió sentir al verme en brazos de Jacob. No era para nada lo que parecía, pero él no tenía forma de saberlo. Las suposiciones que hizo se basaron en lo que yo le había contado de mí hacía tantas semanas. ¿Podía culparlo por sentirse inseguro porque yo fui demasiado cobarde como para decirle lo que sentía por él? No debí haber esperado tanto para hablar con él sobre mis sentimientos.
Si no estaba segura antes, el que él se hiciera cargo de buscar el relicario de mi abuela era la última prueba que necesitaba para saber que su amor por mí era real. Había sido paciente conmigo, comprensivo de la razón por la que no estaba lista para tener un compromiso. Nunca me presionó, sino que estuvo a mi lado, esperando sin quejarse para que yo viera lo que todos los demás habían visto desde siempre, que estaba loca y apasionadamente enamorada de él, probablemente desde el momento en que nos conocimos, y ese sentimiento era mutuo.
Comencé a sollozar incontrolablemente al imaginar a Edward en el aeropuerto de Chicago, esperándome a que cruzara por las puertas. Con cada persona que salía su corazón debió haberse hundido un poco más para luego darse cuenta de que no iba a llegar. ¿Cuánto tiempo habrá esperado antes de perder la esperanza?
Dejé la carta sobre la cama y tomé otra vez el relicario en mi mano, mirando las gemas que se asemejaban tan sorprendentemente al color de los ojos únicos de Edward. Me lo llevé al pecho, justo sobre mi corazón que de repente dolía por el hombre que amaba, sintiendo su dolor al igual que el mío. No me importaba lo que me había dicho aquella noche. No podía vivir sin él. Lo necesitaba como al aire para respirar.
De un momento a otro, supe exactamente lo que tenía que hacer.
