Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.
Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 33: Un nuevo comienzo
Me desperté acostada de lado con una almohada en los brazos mientras Edward depositaba besos ligeros por mi cuello y espalda. Sentí que mis labios se alzaban en una sonrisa de satisfacción y no pude contener el gemido de felicidad. Dos días antes no hubiera creído que esto volvería a suceder. Despertar en los brazos de Edward de esta manera era un sueño vuelto realidad.
—Buenos días, nena. ¿Dormiste bien? —ronroneó, subiendo a besos desde la parte baja de mi espalda.
Suspiré al abrir los ojos para ver que la luz del día ya iluminaba la habitación.
—Como muerta. ¿Qué hora es? ¿Llevas mucho despierto?
Me reí cuando, en respuesta, Edward apoyó su erección matutina contra mi culo.
—Son las nueve de la mañana. Llevo despierto un buen rato y empiezo a sentirme incómodo. Supuse que podrías estar dispuesta a ayudarme a sentirme cómodo otra vez. —Sus caderas se movían sobre mi trasero mientras me mordisqueaba el lóbulo.
—Me encantaría, pero me temo que primero tengo que usar el baño. —Aunque de verdad quería quedarme justo donde estaba, tenía necesidades humanas.
Edward gimió con decepción cuando me levanté de la cama y volteé a verlo, mordiéndome el labio con timidez al comprender que estaba parada en su habitación, completamente desnuda, sin tener ni idea de dónde estaba el baño.
Se rio entre dientes al notar mi predicamento.
—¿Qué gano yo si te enseño el camino? —Alzó una ceja juguetona.
—Hmm, déjame pensarlo. —Me golpeteé el labio con el índice en reflexión. Alcé las cejas sugerentemente cuando se me ocurrió una idea—. Podrías enseñarme cómo funciona la regadera.
Edward sonrió retadoramente al señalar la puerta y responder:
—Trato. Mi baño está por esa puerta.
—Genial. Acompáñame dentro de cinco minutos. —Me di la vuelta y salí corriendo de la habitación.
Después de atender mis necesidades, me paré en el lavamanos, mirando mi reflejo en el espejo. Al principio no reconocí a la mujer que me miraba. Estaba radiante, con ojos brillantes y labios rojos ligeramente hinchados. Sonreí para mí al comprender que fue Edward el que me hacía verme así de feliz.
Mis ojos vagaron hacia la delicada cadena de oro que me rodeaba el cuello y el relicario que colgaba de ahí, fue entonces cuando se abrió la puerta y entró Edward. Se detuvo detrás de mí, apoyando su frente desnudo contra mi espalda desnuda, su erección seguía muy prominente. Me rodeó la cintura con los brazos mientras sus ojos se encontraban con los míos en el espejo. Subí la mano y toqué el relicario de oro que me había dado.
—¿Cómo lo hiciste? —pregunté maravillada.
Sus ojos no abandonaron los míos.
—¿Cómo hice qué?
Me giré para verlo bien a los ojos.
—El relicario. ¿Cómo lo encontraste?
Sonrió un poco mientras su dedo acariciaba el oro y las gemas.
—Llamé a Sue justo después de Acción de Gracias y ella me mandó una foto. Contacté a todas las tiendas de antigüedades en Seattle y Chicago, y se las envié. Prometieron usar sus contactos para intentar encontrar lo que buscaba. —Su rostro se tornó serio al continuar—. Un comerciante me llamó el jueves después de la fiesta de Alice, me dijo que había encontrado un relicario idéntico al que yo quería. Un hombre de Inglaterra lo contactó después de que hizo la solicitud para comprarlo en un foro en línea. No tuve que pensarlo dos veces y pedí que me lo enviaran con urgencia a Seattle ese mismo día. —Frunció las cejas y un rayo de dolor cruzó su cara.
»Al negarte a hablar conmigo, supe que la única manera de dártelo era dándoselo a Sue y Charlie. Estaba avergonzado y tenía miedo de que tu papá me disparara al enterarse de que había roto la promesa que le hice. Pero más que nada, quería que tuvieras el relicario. Incluso si nunca me volvías a dirigir la palabra, quería que lo tuvieras.
Alcé la mano y acuné su mejilla con mi palma.
—Gracias. Nadie me ha dado algo tan especial como esto. Me hizo darme cuenta de lo mucho que me amas y que no podía soportar estar separada de ti por más tiempo. Compré el vuelo justo después de que dejé de llorar. —Una solitaria lágrima cayó por mi cara y la limpió con el dedo pulgar.
Edward me acercó a él y, besando mi frente, susurró:
—Te amo, nena. Haría cualquier cosa por ti.
Nos quedamos ahí parados durante un largo momento, abrazándonos, hasta que Edward empezó a reírse.
—Nena, lamento tener que decir esto, pero apestamos. Ven, vamos a ducharnos.
Rompió el hechizo con sus palabras y, riéndonos, nos metimos a la ducha donde hice mi mejor esfuerzo por ayudar a Edward con su condición.
~*~POMH~*~
Cerca de una hora después, recién bañados y satisfechos de momento, salimos de la habitación de Edward. Habíamos tenido sexo en la ducha —dos veces— y fue grandioso. Ya que mi maleta estaba en casa de Emmett, y la ropa que había usado la noche anterior estaba esparcida por toda la casa, Edward me había prestado una pantalonera, una vieja camiseta de la universidad y calcetines.
—¿Qué pensarán tus padres cuando me vean así? —Sentí que mis mejillas se tornaban de un brillante rojo al pensar en su mamá y su papá llegando a una casa que estaba regada con ropa y lencería de mujer. Me avergonzaba lo que ellos podrían pensar de mí. ¿Me verían como una zorra? ¿Una puta que se había autoinvitado a su casa para follarse a su hijo? ¿Alguien sin moral ni una crianza adecuada? No querrían que alguien así estuviera con Edward.
—Pensarán que anoche hiciste muy feliz a su hijo; sin mencionar esta mañana. Ven. No muerden. —Me agarró la mano y me arrastró detrás de él para bajar las escaleras, cruzamos la enorme sala con el piano de cola y entramos a una impresionante cocina.
Una delgada mujer con cabello color caramelo que llevaba puesto un pantalón negro de vestir y una blusa de seda verde estaba inclinada sobre la estufa. En un lado de la cocina había una enorme mesa donde estaba sentado un hombre rubio leyendo el periódico mientras bebía café. Ambos se giraron a vernos cuando cruzamos la entrada.
Temía encontrar rechazo o molestia en sus caras, pero al ver a Edward sosteniéndome contra su costado con su brazo en mi cintura, ambos sonrieron con una expresión de amor y aceptación.
—Buenos días. ¿Pasaron una buena noche? —nos saludó el hombre atractivo con una sonrisa conocedora.
—Carlisle, compórtate —lo reprendió la mujer, pegándole juguetonamente en el hombro con la mano al acercarse para ponerse de pie detrás de su esposo.
—Bella, ellos son mis padres, Esme y el doctor Carlisle Cullen. Mamá, papá, esta es mi Bella.
Las palabras de Edward hicieron que mi corazón se saltara un latido. Escucharlo llamarme su Bella se sintió tan increíblemente bien. Después de un segundo, recordé dónde estaba y lo que estaba pasando. Intenté sonreírles a los padres de Edward, pero en vez de eso, mi nerviosismo hizo que las comisuras de mi boca se retorcieran de manera incómoda.
—Doctor y señora Cullen, lamento mucho haber llegado aquí sin avisar… —Antes de poder terminar mi oración, la mamá de Edward cruzó los metros que había entre nosotros y me jaló a un abrazo.
—Ni lo menciones, querida. Estamos felices de tenerte aquí. Cualquiera que haga que nuestro melancólico hijo sonría como el gato de Cheshire es más que bienvenido en nuestra casa. Oh, y dime Esme, cariño. —Me soltó y agarró mis manos mientras sus ojos cafés oscuro brillaban al verme.
Tragué antes de poder responder.
—Gracias, señora… Esme. No sé qué decir.
El doctor Cullen se paró junto a su esposa con el brazo izquierdo rodeándole la cintura, ofreciéndome su mano derecha.
—Soy Carlisle. Gusto en conocerte al fin. Nos alegra tanto que vinieras y sacaras a Edward de su depresión. —Dijo las palabras con tono bromista, pero sus ojos me mostraban lo preocupados que habían estado por el humor reciente de su hijo.
Le di un apretón de manos y noté que aligeró su expresión.
—Igual es un gusto conocerlos. Tienen una casa maravillosa.
Antes de poder decir más, una estruendosa risa sonó detrás de nosotros.
—Conociéndolos, estoy seguro de que no has visto mucho aparte de la habitación de Ed. —Emmett golpeó el hombro de Edward cuando pasó junto a nosotros para entrar a la cocina—. Buenos días, hermano, Bella. Y feliz Año Nuevo. Tuvieron una noche difícil, ¿eh? —Se rio entre dientes al saludar a sus padres, deseándoles también un feliz Año Nuevo—. Oh y, Bella, traje tu maleta. Parece que la necesitas. —Sonrió con diversión mientras sus ojos me escaneaban de pies a cabeza, reconociendo la ropa de su hermano.
—Umm, gracias. Tal vez debería ir a…
Me vi interrumpida por el grito enojado de una mujer.
—¡Emmett McCarty Cullen! ¿No puedes esperar a que me ponga unos zapatos antes de salir corriendo? —Una rubia alta y hermosa con unos ojos azules furiosamente brillantes entró a la cocina y se detuvo justo frente a Emmett, mirándolo enojada.
—Lo siento, bebé. Tenía que traerle su equipaje a Bella. Mira a la pobrecita, está usando la fea ropa vieja de Eddie. —Me señaló y la amazona rubia se giró para verme.
—Entonces, tú eres la cautivadora mujer que al fin logró hacer que Edward se sacara la cabeza del culo. No entiendo por qué lo perdonaste después de que fue tan idiota contigo, pero me alegra que lo hicieras. —Su mirada severa se convirtió en una sonrisa fraternal—. Soy Rosalie, por cierto, o Rose. Gusto en conocerte. —Me capturó en un inesperado abrazo y ese gesto hizo que al fin me relajara.
—Ahora que todos están aquí, siéntense y desayunaremos juntos. —Esme nos hizo un gesto para sentarnos en la mesa.
Me quedé parada un poco insegura viendo a Carlisle, Emmett y Rosalie ocupar sus lugares. Edward también empezó a moverse hacia la mesa, jalándome la mano para hacerme seguirlo.
—¿Puedo ayudarte con algo, Esme? —pregunté, me incomodaba dejarla servirnos mientras todos nos sentábamos a esperar.
—Oh, no, querida. Solo siéntate. Carlisle pondrá la mesa. —Alzó la ceja mirando a su esposo, que reticentemente se levantó para sacar platos y cubiertos de los gabinetes de la cocina.
Unos minutos después la mesa ya estaba lista. No podía creer la variedad de comida que había preparado la mamá de Edward. Había panqués, wafles, huevos revueltos, pan tostado e incluso omeletes.
—Vaya, Esme. Todo se ve muy bien, pero no creo que nos podamos comer todo. —Suspiré, mirando a todos alrededor de la mesa llenar sus platos de comida.
Emmett se rio con malicia mientras construía una montaña de huevos revueltos frente a él.
—Estoy seguro de que ustedes crearon apetito suficiente anoche. —Sus ojos brillaban con maldad hasta que Rosalie le golpeó el brazo para callarlo.
—No sé nada de anoche —declaró Carlisle, riéndose un poco—. Pero puedo decirles que el agua del baño de Edward estuvo corriendo por mucho tiempo esta mañana. Y cada vez que pasaba junto a su puerta, escuchaba ruidos muy raros viniendo de adentro. —Le esbozó una sonrisa torcida a su hijo más joven, retándolo a hacer comentarios al respecto.
Sentí que mis mejillas se tornaban de un brillante rojo. Bajé la mirada a la comida frente a mí mientras esperaba a que Edward dijera algo.
—Pues, papá, si recuerdo correctamente, tú nos enseñaste que un caballero no tiene memoria, ¿cierto? —Tomó mi mano y se la llevó a los labios para besar amorosamente mi palma.
—¿Quieres saber qué pasó anoche, papá? Vine aquí poco después de haber enviado a Bella para acá. Solo para asegurarme de que todo estuviera bien, por supuesto. —Emmett intentó sonar inocente, pero ya lo conocía mejor que eso—. Me preocupé al no poder encontrar a nadie aquí, y ver que había ropa tirada por toda la sala. Así que seguí el caminito de prendas hacia las escaleras. En el rellano casi me quebré el cuello al tropezarme con los botones que estaban en el piso. Luego escuché esos ruidos, sabes, gemidos ruidosos y demás. Pensé que alguien estaba sufriendo, quería entrar a ver. —Me guiñó un ojo, y como si alguien nos hubiera hecho una señal silenciosa, Edward y yo nos lanzamos sobre la mesa y cada uno le dio un puñetazo en un hombro.
Eso hizo que toda la mesa se soltara riendo y Emmett gimoteara con dolor fingido.
—Vaya, Edward, tienes a una mujer enérgica. Ese fue un puñetazo muy fuerte. Deberías esforzarte por mantenerte en su gracia.
Edward me miró profundamente a los ojos al responder:
—Te prometo que lo haré.
~*~POMH~*~
El resto de la comida fue agradable y cómodo. El ambiente era alegre y feliz mientras todos contaban historias de la fiesta de la noche anterior. La familia de Edward parecía aceptarme como parte de su círculo sin ninguna dificultad.
El tiempo pasó volando y antes de saberlo, ya teníamos que alistarnos para salir hacia nuestro vuelo de regreso a Seattle. De alguna manera, Edward se las había arreglado para reservarme un asiento en el avión que él tomaría esa noche de regreso a casa.
Ya con unos jeans cómodos, un suéter y mis Chucks para viajar, me entristeció despedirme de los padres de Edward después de pasar solo un día con ellos. Se habían portado tan cálidos y hospitalarios, y de verdad esperaba poder pasar más tiempo con ellos pronto.
Estábamos a punto de ponernos los abrigos e irnos cuando sonó el timbre. Carlisle fue a abrir la puerta mientras juntábamos nuestras cosas, estábamos seguros de que el taxi ya había llegado. Un segundo después, Alice entró a toda prisa a la habitación, me agarró y me pegó a ella.
—Bella, cariño, estaba tan preocupada. Te llamé al celular al menos cien veces, pero se iba directo al buzón de voz. Cuando llamé a tu casa la llamada se fue directo a la contestadora. Pensé que estabas enferma o muerta o algo. —Mi mejor amiga hablaba a una milla por minuto mientras yo luchaba por respirar—. Me alegra tanto que estés aquí y que te hayas reconciliado con Edward. Es grandioso. Yo también necesito decirte algo. —Se apartó y me puso la mano izquierda en la cara. Mis ojos necesitaron de un momento para ajustarse y enfocarse en el anillo de diamantes de su dedo anular—. Jazzy me pidió matrimonio anoche. Nos vamos a casar, ¡sí!
Esta vez fue mi turno de jalarla a mis brazos.
—¡Felicidades! Estoy muy feliz por ti.
La solté y me acerqué a abrazar a su prometido, que había entrado a la casa detrás de ella.
—Jazz, felicidades también para ti. Vaya, ya era hora.
Se rio entre dientes, diciéndome:
—Eso fue justo lo que dijo Ali después de gritar "sí" como mil veces.
—Ya esperaba algo como esto cuando no llegaste a la fiesta de anoche —declaró Rose mientras abrazaba a su hermano para felicitarlo—. ¿Y a dónde se fueron?
Claro que Alice no le dio oportunidad a Jasper de responder la pregunta.
—Todo fue maravilloso. Me llevó a un restaurante en la costa con vistas al lago. Teníamos toda una habitación para nosotros solos. Había preordenado toda mi comida favorita. Sonaba mi música favorita y bailamos mucho. Luego cuando sirvieron el postre, los platos estaban cubiertos con esas tapas de acero. Al levantar la mía, ahí había una caja de satín azul en vez del pastel de chocolate que había esperado. Alcé la vista y Jazzy estaba apoyado en una rodilla, pidiéndome que me casara con él.
Alice pasó sus brazos por la cintura de Jasper y se pegó a su lado mientras todas las mujeres de la habitación suspirábamos por la romántica propuesta. Los hombres miraban a Jasper con diversas expresiones. Emmett asentía con aprobación, Carlisle sonreía cálidamente y Edward los veía a los dos con un brillo anhelante en los ojos.
Esme sirvió ocho copas de champaña y brindamos por el futuro, por el de todos, antes de tener que irnos eventualmente al aeropuerto.
~*~POMH~*~
—No te he contado sobre mi propósito de Año Nuevo —me susurró Edward al oído, sus labios rozaron ligeramente mi oreja.
Estábamos en el vuelo de camino a casa, acurrucándonos lo más que podíamos en los estrechos asientos con gente a nuestro alrededor.
—Hmm, suena interesante. ¿Qué quieres hacer este año? —musité las palabras, deleitándome con los besos de mariposa que Edward dejaba sobre mi clavícula.
—Planeo hacer investigación científica. Voy a explorar cada centímetro de tu cuerpo, conocerte como el dorso de mi mano. —Dejó que su lengua subiera sobre mi piel sensible hasta llegar a mi oreja, prendiéndole fuego a mi piel—. Quiero memorizar la forma en que te estremeces cuando hago esto… —chupó la piel de detrás de mi lóbulo, riéndose ligeramente cuando un estremecimiento bajó por mi espalda—… la forma en que gimes cuando te muerdo el lóbulo… —sin importar lo mucho que quería hacerle saber que se equivocaba, no pude contener los sonidos de excitación—… y quiero ver como pones los ojos en blanco cada vez que te hago correrte. Y planeo hacerlo muy seguido. —Su cálido aliento en mi piel y la promesa de sus palabras casi me hicieron tener un orgasmo en ese momento—. Solo espera hasta que te meta en mi cama. Me aseguraré de que nunca más quieras irte de ahí. —Edward detuvo sus actividades cuando el capitán anunció que pronto dejaríamos la altitud de vuelo para empezar el descenso hacia SeaTac. Me sonrió, tomando mi mano en la suya.
Fue entonces cuando lo recordé.
—Um, tengo un pequeño detalle para ti —le dije a Edward, mordiéndome el labio inferior.
—¿Tienes algo para mí? ¿Qué es? —preguntó con ojos brillantes a causa de la anticipación.
Alcé mi bolsa del suelo, la puse en mi regazo y saqué el regalo con forma rectangular. No había tenido oportunidad de dárselo antes ya que había dejado mi bolsa en la sala de sus padres durante la noche.
Se lo entregué a Edward, insegura.
—No es tan especial como lo que tú me diste, pero yo misma lo hice —expliqué.
—Todos los regalos de tu parte son especiales, nena. —Me besó tiernamente los labios, luego empezó a abrirlo.
Un minuto después veía el collage enmarcado que había hecho con fotos de nosotros. Había trabajado en ello la semana que Edward pasó en New Orleans. En el centro estaba una foto de nosotros mirándonos amorosamente a los ojos. Alice la había tomado con su celular una de las noches que salimos todos juntos. En las orillas había pequeñas tomas de nosotros besándonos o mirándonos durante nuestra sesión de fotos sexys.
—Es grandioso —dijo Edward, sonriéndome con alegría.
Le correspondí la sonrisa.
—Es solo una miniatura. El marco real era demasiado grande para traerlo conmigo.
—¡Vaya! Entonces tengo uno para mi escritorio del trabajo y otro para colgarlo en casa. Gracias, nena. Me encanta. —Me rodeó con los brazos y me acercó para besarme profundamente.
Antes de que pudiera convertirse en un beso apasionado, nos separamos. Edward miró otra vez su regalo y frunció las cejas al notar el sobre en la parte de atrás del marco de metal. Asentí, animándolo a abrirlo. Después de levantar la solapa del sobre, sacó un pedazo de papel y lo analizó.
—¿Qué es eso? —preguntó, girándolo.
Las comisuras de mi boca se alzaron al mirar mi diseño. Era un corazoncito rojo. Pero no era solo un corazón: era un rompecabezas al que le faltaba la pieza del centro.
—El grabado en el relicario y tu carta lo inspiraron. Es el diseño de un tatuaje que quiero hacerme. Esta soy yo. —Moví el dedo sobre el contorno del corazón—. Solo que no estoy completa sin ti —expliqué, señalando el sitio vacío en la parte de en medio.
—¿Yo soy la pieza que falta? —Se rio ligeramente—. Entonces yo me tatuaré eso. Y estamos completos cuando estamos juntos.
Edward tocó mis labios con los suyos, pero se apartó, mirándome con curiosidad.
—¿Y dónde te lo quieres hacer? —preguntó intrigado.
—En un lugar donde solo tú puedas verlo —le dije de forma misteriosa, sonriendo para mí.
—Puedes enseñármelo más tarde, en mi cama, durante horas —declaró y me guiñó.
Apoyé la cabeza en el respaldo, sonriendo para mí. Sí, tendríamos mucho tiempo después, toda una vida si de mí dependía.
Era difícil creer lo mucho que había cambiado mi vida en tan solo unos meses, desde la noche en que conocí a un desconocido de ojos verdes en una esquina durante una fiesta. Edward la había cambiado completamente y a mí en el camino. Con una increíble paciencia, amor y comprensión, él me había demostrado que podía abrirme y amar otra vez.
Por primera vez en la vida, me sentía a salvo y esperaba con ansias el futuro. No podía esperar para explorar todas las nuevas posibilidades que ofrecía una vida con Edward. No temía nada que el destino pudiera interponer en nuestro camino porque, a partir de ahora, no estaría sola. Enfrentaríamos juntos todo lo que la vida nos deparara: lo bueno, lo malo y lo inesperado. Y no podía esperar para empezar.
