Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.


Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Epílogo: Parte III

—Te ves tan hermosa. —Edward me admiró en mi vestido de novia, mirándome de la cabeza a los pies, antes de que sus labios capturaran los míos.

Agarré el nudo de su corbata, lo aflojé y después se la quité. Después de eso, mis manos se deslizaron bajo su saco, se lo quité de los hombros y lo dejé caer al piso. En cuanto eso estuvo fuera de mi camino, empecé a desabrocharle el chaleco.

Edward se rio sobre mi cuello.

—Hmm, alguien está ansiosa, ¿eh?

—Solo quiero ver lo que ya es mío —respondí juguetona, quitándole el chaleco.

Sus manos rozaron mi espalda, agarraron el cierre y lo empezaron a bajar lentamente.

—Entonces hay que igualar las condiciones, ¿no crees? —preguntó con voz seductora.

Mi vestido ya estaba completamente abierto y sentí una brisa ligera en mi espalda. Con mucho cuidado, Edward agarró los tirantes en mis hombros y me los bajó. Mi vestido cayó al piso de inmediato, dejándome solo con lencería puesta. Retrocedió un paso para verme mejor. Me salí de la tela que se había acumulado a mis pies, dándole una vista perfecta de mi sostén sin tirantes de lencería blanca con las bragas a juego y las medias color nude con encaje en la parte de arriba.

—¡Tan jodidamente hermosa! —susurró Edward con voz ronca—. Y toda mía. ¡Para siempre! —Me rodeó la cintura con el brazo, acercándome otra vez.

Entre besos lánguidos, le desabroché la camisa y le quité todo menos su bóxer negro. Poniendo las palmas en su pecho, lo empujé lentamente hacia la cama, dedicándole una mirada de admiración a lo que era mío de ahora en adelante y lo hice sentarse en el colchón. Edward me sonrió cuando me paré entre sus piernas. Apoyó ligeramente las manos en mi culo y me acercó lo suficiente para llenar de dulces besitos la piel de alrededor de mi ombligo. Mis dedos se enterraron en su cabello, mis uñas rascaban ligeramente su cuero cabelludo. La sensación lo hizo gemir sobre mi estómago conforme sus besos se convertían en lamidas y mordiditas. Luego fui yo la que hacía esos sonidos de placer. Lentamente sus manos subieron por mi espalda para desabrocharme el sostén.

—¡Mía! —gruñó Edward al estirarse para tomar un pezón en su boca, acariciándolo con su lengua.

Me concentré en sus dientes mordisqueando mi sensible botón mientras su mano pellizcaba el otro.

—¡Oooh! —exhalé al sentir un chorro de humedad entre mis piernas.

Cuando ya casi estaba lista para correrme, la boca de Edward cambió de lado y le prestó a mi otro pecho la misma atención que al primero. Al mismo tiempo, sus manos bajaron por mis costados y dos dedos se engancharon en la cintura de mis bragas. Lenta y cuidadosamente bajó la prenda de encaje, descubriendo el tatuaje de rompecabezas en forma de corazón que estaba justo debajo de mi cadera del lado derecho de mi abdomen. Igual que siempre, sus labios se curvaron en una sonrisa al posar los ojos en el símbolo de nosotros sobre mi piel. Aunque seguía escondido por su bóxer, mis ojos vagaron hacia el sitio donde Edward tenía tatuada la pieza faltante del rompecabezas.

Luego de quitarme las bragas, los dedos de Edward empezaron a trazar amorosamente el contorno de la tinta color rojo oscuro y negro.

—Te amo, nena —susurró al alzar la vista, clavando sus ojos en los míos.

—¡Te amo más que nada! —respondí con toda la convicción que sentía.

Al parecer un tanto abrumado por la emoción, se puso de pie y me besó con fuerza, puso una mano en mi cuello, la otra en la parte baja de mi espalda, sosteniéndome cerca de él. Mientras nuestras lenguas se acariciaban exigentemente, Edward nos giró hasta que sentí el colchón en la parte trasera de mis muslos.

—Recuéstate en la cama —me indicó un poco sin aliento.

Como siempre, seguí sus indicaciones y me senté en la cama, luego fui retrocediendo hasta quedar justo en medio antes de recostarme. Con una sonrisa malvada, Edward gateó sobre el colchón hasta quedar sentado de rodillas entre mis piernas abiertas. Sus habilidosos dedos me quitaron rápidamente la media del lado derecho. Manteniendo la prenda de nylon en las manos, se inclinó hacia mí y me besó los labios. No estaba segura de qué estaba haciendo hasta que sentí que me rodeaba la muñeca derecha con la media, asegurándola con un nudo. Luego me subió el brazo y ató el otro lado de la media a los barrotes de madera de la cabecera.

No me dio mucho tiempo para pensar en lo que estaba pasando cuando dejó una línea húmeda de besos al bajar por mi cuello, pasó por el centro de mi pecho y sobre mi ombligo mientras me quitaba la otra media. Igual que con la primera me la ató a la muñeca y la aseguró sobre mi cabeza.

Luego se bajó de la cama y buscó en la ropa que habíamos tirado al piso hasta que pareció encontrar lo que estaba buscando.

—Alza la cabeza —dijo con voz ronca al regresar, sosteniendo su corbata esmeralda.

Me mordí el labio, no sabía qué era lo que se venía, pero hice lo que me dijo. Pasó la venda de seda sobre mis ojos y la ató a un lado.

Se erizó la piel de todo mi cuerpo en anticipación a lo que Edward me haría.

—Recuéstate —me dijo antes de escuchar sonidos que no podía definir proviniendo de la sección donde estaba la sala en nuestra suite.

Luego la música cambió de los tonos románticos y dulces que habíamos estado escuchando toda la tarde a algo más sexy y sensual. Antes de poder imaginar todo lo que podría pasar, Edward regresó y dejó algo junto a la cama.

—Relájate. Déjame hacerte sentir bien —susurró junto a mi oído. Su cálido aliento me hizo estremecer con excitación.

No tardé mucho en sentir algo suave y delicado tocar mi muñeca izquierda. Muy lentamente, ese objeto bajó por la parte interna de mi brazo, creando una sensación maravillosamente estimulante y de cosquilleo. Sin pensarlo, empecé a gimotear con placer.

Después de que eso llegara a mi hombro, lo bajó más hasta que empezó a hacer círculos en mi pezón.

—Hmm, parece que te gusta esto —ronroneó Edward cuando mi pezón se endureció al instante.

Antes de saberlo, alejó el objeto de mi piel y empezó a rozar justo sobre mi sensible punta. No pude contener el gemido que quería salir.

—Sí, de verdad te encanta esto, ¿eh? —Se rio en voz baja.

Justo cuando me estaba poniendo muy caliente, ese objeto dejó mi piel y un poco después lo sentí sobre mi muñeca derecha. Edward repitió los mismos movimientos que había hecho en mi lado izquierdo. En minutos estaba gimiendo otra vez al sentir que provocaba tan deliciosamente mi pezón derecho.

Una vez más, justo cuando estaba a punto de volverme loca, el objeto se fue. Segundos después lo sentí en mi frente, bajando por el lado derecho de mi nariz. Cuando llegó a mi nariz, sonreí al reconocer al fin que Edward me estaba acariciando con una rosa.

—Su color se ve hermoso sobre tu piel cremosa —susurró Edward, lamiéndome el cuello.

Escuché algo salpicar e hice una mueca cuando, un momento después, me cayeron gotas de agua fría entre el valle de mis senos.

—Estás tan caliente, nena, creo que tengo que enfriarte un poco. —Se rio entre dientes mientras su lengua caliente lamía el líquido de mi piel.

Luego me sorprendí cuando algo helado tocó mi pezón y gemí en voz alta mientras arqueaba la parte superior de mi cuerpo, intentando alejarme de esa cosa congelante.

—Me encanta cuando tus pezones se ponen así de duros —escuché que decía la sexy voz de Edward mientras hacía círculos con un cubo de hielo sobre la punta de mi pecho izquierdo. Luego sentí su lengua provocar mi piel tirante. Chupó mi piel helada en su boca ardiente y ya estaba a punto de desmoronarme. Me mordió, arañó y chupó sin descanso, pero justo antes de que la espiral dentro de mí pudiera soltarse, él se fue, para empezar a congelar mi otro pezón.

Luego de estar satisfecho con la forma en que había trabajado mi otro lado, sus labios se volvieron a posar en los míos. Se acomodó sobre mí y cuando lo sentí apoyar las caderas entre mis piernas, pude sentir que ya no tenía puesto el bóxer. Jadeé al sentir su erección tocar mi necesitado clítoris.

Subió las manos y soltó las medias alrededor de mis muñecas, bajando mis manos con las suyas. Las apoyé sobre sus fuertes hombros al sentirlo posicionarse en mi entrada. Luego me quitó la venda. Al abrir los ojos, encontré la intensa mirada de Edward clavada en la mía con todo el amor en sus ojos fluyendo hacia mí.

—Quiero verla a los ojos cuando la haga mía de una vez y para siempre, señora Cullen. —Con esas palabras, se deslizó lentamente dentro de mi centro listo para él.

A pesar de que la sensación era abrumadora, ninguno apartó la mirada. Nuestros ojos estaban entrelazados cuando Edward empezó a entrar y salir de mí a un ritmo tortuosamente lento.

Ya habíamos tenido sexo probablemente unas mil veces, pero nunca había sido así. Siempre habíamos tenido una conexión increíble, incluso la primera vez cuando todavía no nos conocíamos en realidad. Pero esa noche, después de prometernos amarnos para siempre, fue como si de verdad nos hiciéramos uno mismo.

Nos aferramos el uno al otro, compartimos besos profundos y largos, mientras Edward embestía sus caderas contra mí, cada vez creaba una sensación todavía más deliciosa que la anterior. Sentía que flotaba libremente, lo único que me ataba a la tierra era Edward.

Hicimos el amor de esa forma durante un largo tiempo, nos besamos y acariciamos, la intensidad crecía con cada embestida, hasta que fue demasiado y me corrí violentamente a su alrededor, gritando su nombre mientras mis ojos no abandonaban los suyos. En cuanto me tensé alrededor de su polla, lo sentí que se corría. Golpeó contra mí erráticamente hasta que gritó mi nombre y derramó su cálida semilla dentro de mí.

En vez de tomarnos el tiempo de recuperar la respiración, Edward besó tiernamente mis labios susurrando:

—¡Te amo!

En un golpe de emoción, las lágrimas se derramaron de mis ojos y respondí entre sollozos:

—¡También te amo, muchísimo!

Pero no eran lágrimas de tristeza. Ambos nos sonreímos el uno al otro, sabiendo que acabábamos de fortalecer el lazo que habíamos formado esa misma noche.

~*~POMH~*~

—Hmmm —gemí al hundir los dientes en la fresa que Edward me estaba dando. El jugo dulce de la fruta chorreó sobre mi boca. A nuestro alrededor los chorros del jacuzzi creaban grandes cantidades de burbujas.

—Nena, sabes lo que me provocan esos ruidos, ¿cierto? Creí que estábamos aquí para tomarnos un descansito. —Edward me dedicó su sonrisa torcida, sus ojos se llenaron de lujuria.

Era increíble. Llevábamos casi veinticuatro horas casados y todo ese tiempo lo habíamos pasado entre las sábanas de seda, con excepción de cortas visitas al baño. Y el sueño no había sido parte de nuestras actividades. Así que definitivamente necesitábamos un descansito.

Edward nos había preparado un baño de burbujas con champaña y fresas. La habitación estaba iluminada con una docena de velas. Todo, desde su propuesta a la boda y la celebración después, había sido perfecto y muy nuestro. Me encantaba este tiempo que habíamos tenido a solas. Pero mañana regresaríamos a Chicago. Definitivamente estaba ansiosa por ver a la familia de Edward, no, nuestra familia. Después de todo, ahora yo ya era una Cullen, aunque nadie lo sabría por ahora. Nos quedaríamos en casa de los padres de Edward, como siempre, y conoceríamos al pequeño Henry.

Le había prometido a Alice que estaría a su disposición desde mañana hasta la boda. Suspiré al saber que probablemente mi mejor amiga tendría muchos encargos para mí.

—¿Qué pasa, nena? —preguntó Edward al escuchar mi suspiro.

Tomé la mano de mi esposo y empecé a jugar con sus dedos.

—No estoy lista para compartirte otra vez con el resto del mundo —expliqué con tristeza.

Una suave risa escapó de su garganta y me agarró la otra mano con su mano libre.

—¿Somos un poco posesivos, señora Cullen? —bromeó con ojos centelleantes.

—Tal vez un poco, sí —admití, pero en realidad no era eso—. No estoy lista para salir de aquí y ser otra vez Bella Swan, incluso si solo es por un tiempo. —Me sonrojé un poco al añadir—: Sabes, me gusta ser la señora Cullen.

—No tienes que volver a ser Bella Swan —sugirió, doblando el dedo bajo mi mentón para alzar mi cara para verlo—. Podemos simplemente decirles a todos que nos casamos y tendrán que aceptarlo. Es nuestra vida, no de ellos. —La mano de Edward me acarició la mejilla con ternura.

—Sé que podemos hacerlo, pero creo que deberíamos apegarnos al plan original de tener una segunda boda y guardarnos esto para nosotros. —Sonreí y bufé por diversión—. Alice se enojaría si le decimos que nos casamos antes que ellos. Ella tuvo que esperar ocho años a que Jasper se lo propusiera y nosotros nos casamos después de un año. Y no quiero robarle su momento. Si anunciamos nuestro matrimonio esta semana, ensombrecería su boda. Incluso si la razón es una de felicidad, quiero que Alice tenga el centro de atención solo para ella.

—Como te dije hace dos días, lo haremos como tú quieras. —La expresión de Edward se tornó traviesa y sus ojos se oscurecieron—. La ventaja es que podremos tener más de ese sexo salvaje y sucio de una pareja no casada por un tiempo más.

Me reí de su entusiasmo, luego él nadó hacia mí y empezó a besarme a profundidad.

—Eso es definitivamente algo bueno. Ven aquí, amor.

~*~POMH~*~

Estaba parada junto a la ventana en la suite de nuestra habitación. Edward acababa de darle la propina al botones que había recogido nuestro equipaje antes de acercarse a mí, me rodeó la cintura con los brazos y me jaló hacia su pecho.

—¿Lista para irnos, nena? —preguntó, dejando un beso en mi cuello.

Había estado mirando el tercer dedo de mi mano izquierda, donde los dos anillos de Edward brillaban al recibir la luz del sol.

—En realidad no —respondí con tristeza al tomar su mano izquierda con mi derecha—. Todavía tenemos que quitarnos estos antes de que alguien los vea en Chicago. —En vez de solo quitármelos, seguí mirando nuestros anillos de casados.

—¿Estás segura? No te ves muy feliz por la idea —cuestionó Edward con preocupación en la voz.

Suspiré, parpadeando para alejar las inesperadas lágrimas.

—Sí, estoy segura. No será para siempre. —Componiéndome, me quité lentamente la banda de oro del dedo, me giré para ver a Edward y se la ofrecí—. ¿Me la cuidas hasta que puedas ponerla de regreso donde corresponde? —pregunté, mirándolo con ojos húmedos.

Me sonrió amorosamente y sacudió la cabeza.

—No, quédatelo tú. Es tuyo, y quiero que puedas usarlo siempre que quieras. Estamos casados. No importa si usamos los anillos o no. Siempre serás mi esposa. —Me besó los labios con ternura antes de jalarme a un fuerte abrazo.

Nos separamos después de un momento y Edward tomó mi mano izquierda, acariciando el anillo de compromiso que seguía ahí.

—¿Te lo dejarás puesto? —Su tono era esperanzador.

Sonreí con felicidad.

—Sí. Podemos estar comprometidos. Alice puede aceptarlo. Si no, tendrá que aguantarse. Nunca me lo quitaré. Y una vez que el otro esté de regreso en su lugar, tendrán que quitármelo cuando esté muerta.

—Te amo, señora Cullen —declaró Edward dejando un beso en mis labios.

—También te amo, señor Cullen —respondí con convicción.

~*~POMH~*~

Unas horas después, entrábamos a la sala de Emmett y Rosalie donde estaban reunidos toda la familia Cullen más Alice y Jasper. Ni siquiera había terminado de cruzar la puerta cuando Alice se acercó corriendo a mí, gritando:

—¡Dios mío, Dios mío, Dios mío! ¡Te comprometiste! —Agarró mi mano y admiró el anillo incluso antes de saludarme.

No sabía cómo hacía eso. Había estado parada al otro lado de la sala, y el anillo era bastante pequeño y discreto. Pero lo vio en el minuto en que posó la mirada en mí.

—Felicidades, cariño. Estoy muy feliz por ti. —Soltó mi mano y me abrazó como loca.

Luego me soltó y prácticamente saltó sobre Edward para rodearle el cuello con los brazos, repitiendo sus palabras de felicitaciones.

De pronto nos vimos rodeados por todos los que estaban en la sala. Uno tras otro, Esme, Carlisle, Emmett, Jasper y Rosalie con el bebé Henry en sus brazos, nos abrazaron y nos desearon lo mejor.

Edward y yo solo nos sonreímos con complicidad. Por supuesto, tuvimos que contar la historia de la propuesta, y la contamos justo como había sucedido. Solo mantuvimos en secreto la segunda parte. Todos se conmovieron con la elección de Edward del lugar y los hombres le palmearon la espalda por hacer lo correcto.

Brindamos y comimos, y me alegraba estar otra vez con la familia. Por primera vez desde que conocí a los Cullen, sentí que era una de ellos. Ahora finalmente lo era, incluso si solo Edward y yo lo sabíamos.

Después de ayudar a Rosalie a limpiar la cocina, regresé a la sala y encontré a Edward parado junto a las puertas corredizas, cargando al bebé Henry en sus brazos. No podía escuchar lo que le estaba diciendo, pero quedaba claro que estaba teniendo una conversación muy seria con su pequeño sobrino. Su cara se mostraba tan animada que no pude evitar sonreír ante la imagen.

Era extraño, pero verlo con el bebé en sus brazos me hizo anhelar un bebé nuestro. No había estado segura de estar lista cuando tuvimos esa charla un mes atrás. Había aceptado y estaba emocionada, pero aun así esperaba que tuviéramos un poco más de tiempo antes de convertirnos en padres. Ahora, con Edward en ese rol paternal frente a mí, sabía que incluso si al final de los tres meses del descanso de la píldora no estaba embarazada, no querría volver a usar anticonceptivos. Quería un bebé.

Me sentí sonreír ante esa comprensión. Quería ser mamá. Anhelaba tener hijos propios. Si dependía de mí, entonces para estas fechas el próximo año sería nuestro bebé el que Edward mecería hasta dormir. Una sensación extraña de paz se posó sobre mí, como si todo estuviera en su lugar por primera vez.

Justo entonces, Edward se dio la vuelta y me encontró mirándolos soñadoramente. Me lanzó una brillante sonrisa y me hizo gesto con su cabeza para que me acercara a ellos.

~*~POMH~*~

La mañana siguiente desperté con la misma sensación de días atrás. Todos los días desde que nos habíamos casado había sentido un mareo extraño en el fondo de mi estómago. Previamente, había remitido después de una media hora de haberme levantado de la cama.

Igual que cada mañana, mi vejiga me urgía a levantarme para ir al baño. Así que me separé cautelosamente del abrazo de Edward, teniendo cuidado de no despertarlo. Me escabullí al baño e hice mis asuntos, luego fui a lavarme los dientes. En cuanto puse la pasta en mi cepillo, mi náusea se intensificó mucho y corrí a la taza para vaciar los contenidos de mi estómago. Tardé unos veinte segundos hasta que todo salió y mi respiración regresó a la normalidad.

Sacudí la cabeza, esperaba que Edward no me hubiera escuchado. Había sido la primera vez que vomitaba esta semana, podría considerarlo como algo normal. Pero el mareo de cada mañana durante las últimas tres semanas sumado a la sensibilidad intensificada de mis pechos que había sentido recientemente me hacía pensar que había otras razones para lo que me estaba pasando.

Esta vez logré lavarme los dientes sin vomitar otra vez, aunque el estómago se me retorció peligrosamente. Respiré profundo unas cuantas veces y volví a unirme a Edward en la cama.

—Hmm, ya volviste. Estaba a punto de enviar un equipo de búsqueda al baño. —Me acercó a él y acarició mi nariz con la suya—. Y ya te lavaste los dientes.

—Sí, pensé que te gustaría más así —comenté antes de que pudiera preguntarme la razón.

—Qué bien. Estamos solos en la casa. ¿Qué te parece un poco de amor mañanero? —Se puso sobre mí y de golpe me olvidé de mis náuseas.

~*~POMH~*~

Era ya la mañana del día de la boda de Alice y Jasper. Como ya era normal, me desperté con el estómago inquieto. Abrí los ojos con pánico al poder saborear ya los primeros toques de ácido en la boca. Me salí de los brazos de Edward con todo el cuidado posible, pero a la vez de la forma más rápida, luego corrí al baño a máxima velocidad, cerrando la puerta a mis espaldas. Con cada día que pasaba, tardaba un poco más vomitando. Esta vez tardé cerca de cinco minutos antes de sentirme lo suficientemente bien para levantarme. Me lavé los dientes con mi pasta nueva que no olía nada parecido a la anterior y mi estómago parecía tomarlo bien.

Al enjuagarme la boca, mi mirada cayó en la bolsita café que había puesto anoche en mi neceser. La mañana anterior, mientras Edward se bañaba, me atreví a mirar mi calendario y me sorprendió descubrir que ya habían pasado cuatro semanas desde que había dejado de tomar la píldora, y no había tenido mi periodo ni una vez. Fruncí las cejas, me sorprendía no haberlo notado antes, pero no se podía cambiar. Y con mi periodo definitivamente muy retrasado, mis vómitos y la sensibilidad de mis pechos, era hora de hacerme una prueba. Así que anoche, cuando regresaba del hotel donde sería la boda, me detuve en una farmacia.

Había escondido la bolsa de los ojos curiosos de Edward porque no quería esperanzarlo en vano. Me las había arreglado para mantener en secreto mi vómito hasta ahora, pero no estaba segura de cuánto tiempo más podría lograrlo antes de que se diera cuenta. Caminé de puntillas hacia la prueba, la abrí lentamente y me asomé sin hacer ruido para ver si Edward seguía dormido. Estaba acostado en la cama, dándome la espalda y roncando suavemente.

Cerré la puerta otra vez sin hacer ruido y le puse seguro. Con dedos temblorosos, saqué la caja azul clarito de la bolsa café y la llevé conmigo a la taza. Hice lo que decían las instrucciones en la caja. Luego tuve que esperar cuatro minutos.

~*~POMH~*~

—Bella, no puedo creer que me voy a casar en unos minutos —me dijo Alice mientras le enderezaba el velo y le acomodaba la caída por la espalda—. Ocho años y hoy es el día.

Le sonreí a su reflejo en el espejo. Se veía hermosa en su vestido de encaje corte de sirena de color marfil. Llevaba el velo pegado a la cabeza y le caía a las caderas. Había tardado meses en encontrar el vestido, pero le quedaba a la perfección.

—Será más especial porque tuviste que esperar tanto tiempo —le aseguré.

Giró unas cuantas veces para verse otra vez antes de detenerse y mirarme de frente.

—¡Y sigues tú! Haremos que tu boda sea perfecta. —Saltó a causa de la emoción; la puerta se abrió y mi esposo asomó la cabeza.

—¿La novia está lista? —preguntó, sonriéndome.

—Sí, lo está. —Alice le sonrió alegre—. Empecemos con esta fiesta.

Edward asintió, me musitó "Nos vemos luego" y se fue otra vez.

—Entonces, vayamos a convertirte en la señora Whitlock. —Le entregué el ramo a Alice y fuimos a esperar en la entrada del salón.

Todas las otras damas ya habían entrado, era mi turno para caminar por el pasillo como madrina. Se sintió muy familiar hacer ese recorrido, aunque fue muy diferente al día en que yo había caminado hacia mi esposo usando mi hermoso vestido blanco. No habíamos tenido fiesta y no habíamos tenido los cientos de invitados que estaban presentes ahora, pero igual que una semana atrás, todo lo que podía ver mientras ponía un pie frente al otro era al amor de mi vida parado entre su amigo y su hermano como padrino de Jasper. Sus ojos brillaban al verme en mi vestido morado. Seguramente estaba pensando en nuestra propia boda, igual que yo.

Al moverme hacia la izquierda para ocupar mi lugar, me musitó "Te amo" y le correspondí el gesto, sonriendo con alegría.

Luego se abrieron las puertas otra vez y Alice pudo hacer su gran entrada del brazo de su padre.

~*~POMH~*~

—¿Cuándo crees que debamos soltar nuestras noticias? ¿Quieres fingir una boda en mayo o prefieres hacerlo el próximo verano? —me preguntó Edward acariciándome la oreja mientras bailábamos más tarde esa noche. La canción no era ni rápida ni lenta, y la pista de baile estaba llena de parejas meciéndose con la música.

La novia y el novio se habían ido unos minutos atrás para tomar su vuelo a Barbados. Y me alegraba que la fiesta fuera a llegar a su fin pronto.

»Esperarán que fijemos una fecha pronto —siguió diciendo Edward mientras sus labios bajaban besando por mi cuello, erizándome toda la piel.

Me mordí el labio para esconder la sonrisa que estaba a punto de extenderse de oreja a oreja en mi rostro.

—Puede que tu sugerencia llegue demasiado tarde. Creo que tendremos que cambiar nuestros planes y contarles a todos la verdad —murmuré, apoyando la cabeza en el hombro de Edward.

—¿Qué? ¿Ya no quieres hacer una boda en grande? —Sonaba divertido.

Esperé un momento hasta que creí que ya podría decir lo siguiente sin reírme.

—Bueno, en realidad no es eso. Es que no creo que el jefe Swan vaya a reaccionar muy bien a que su primer nieto nazca fuera del matrimonio. —Me quedé callada después de decir las palabras, esperando a que comprendiera mi mensaje.

—Espera, espera, espera, espera, ¿estás diciendo…? —Edward se apartó lo suficiente para mirarme a los ojos. Alzó las cejas a modo de pregunta mientras las comisuras de su boca se alzaban con felicidad y emoción.

—Estoy embarazada. —Asentí en confirmación, sonriendo alegremente.

Me abrazó con más fuerza y me levantó del piso para girarme unas cuantas veces. Me reí en voz alta, sabía que Edward se sentía tan eufórico como yo.

—¿Desde hace cuánto lo sabes? —preguntó al volver a ponerme sobre mis pies.

—Lo empecé a sospechar el miércoles. Cuando vomité la mañana de nuestra boda, primero creí que era por nervios. Pero desde entonces he sentido náuseas todas las mañanas. Luego, desde el miércoles, he estado vomitando todos los días. Así que hoy me hice una prueba. Vamos a tener un bebé. —Edward se aferró a mí, besándome la cabeza.

—Bueno, señora Cullen, creo entonces que es algo bueno que ya estemos casados. —Empezó a girarnos otra vez hasta que me mareé—. ¿Y cuál es el plan ahora? —preguntó mientras yo intentaba recuperar el balance.

Miré hacia la mesa donde estaban sentados Sue y Charlie con Esme y Carlisle, y justo entonces Rose y Emmett se unieron a ellos.

—Pues, aparte de Alice y Jasper, todas las personas importantes están aquí. —Señalé hacia la mesa donde estaban sentados los Cullen y los Swan—. Podríamos aprovechar la oportunidad de que, por una vez, todos están en el mismo lugar, y así decírselos.

Me mordí el labio con nerviosismo, esperando la respuesta de Edward.

—¿Traes tu anillo? —preguntó con expresión seria.

Fruncí las cejas, diciendo:

—Siempre lo traigo conmigo.

—Entonces dámelo —insistió.

Metí la mano en mi sostén y saqué mi anillo de matrimonio de su escondite antes de ponerlo en la palma abierta de Edward.

Ceremoniosamente tomó mi mano izquierda y deslizó la banda de oro en el lugar donde correspondía. Se sintió tan bien poder usarlo otra vez al fin.

Luego me dio el anillo que él llevaba en su cartera y se lo puse en el dedo.

—De ahora en adelante, estos se van a quedar aquí —me dijo sonriendo mientras tomaba mi mano.

Solo susurré una palabra en respuesta.

—¡Siempre!

—¡Siempre! —aceptó con felicidad.

Compartimos un beso amoroso, respiramos profundamente, y con las manos unidas, nos dirigimos hacia nuestra familia para contarles todo, para decirle al fin al mundo que éramos marido y mujer.