Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Payton79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Payton79, I'm just translating her amazing words.


Thank you Payton79 for giving me the chance to share your story in another language!

Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Futuretake: Feliz cumpleaños

EPOV

Al mirar por el patio tuve que admitir que Bella había hecho mucha magia aquí. En una esquina del patio estaba situada la estación de la parrilla. En un lado había puesto una mesa con la barra de ensaladas. En medio del jardín estaba una mesa larga con diez sillas más una sillita para bebé. Sonriendo ante las docenas de globos de brillantes colores, me di la vuelta para encontrar un letrero que decía "Feliz Cumpleaños" colgando sobre las puertas corredizas que llevaban a la sala.

Aunque tenía la intención de saltarme mi cumpleaños este año ya que nuestro bebé nacería unos días después, o tal vez celebrarlo saliendo a cenar solo con mi esposa, dicha esposa había insistido en hacer una fiesta en el jardín. Sería la primera fiesta de verdad que tendríamos en nuestro jardín desde que nos habíamos mudado a nuestra casa dos meses atrás.

Después de descubrir lo del embarazo, había tardado tres meses en convencer a Bella de comprar una casa donde tendríamos espacio suficiente para acomodar al bebé y tal vez a unas cuantas adiciones más a nuestra pequeña familia en el futuro. Ella insistió en que amaba nuestro apartamento y que la habitación de la oficina sería más que suficiente para el cuarto de la bebé. Pero, eventualmente, la había convencido y empezamos a buscar en bienes raíces.

Nuestra pobre agente de bienes raíces tardó unos treinta intentos fallidos hasta que nos enseñó la casa de dos pisos cerca de Puget Sound. Se veía relativamente modesta y bastante pequeña al estar situada entre las fincas más grandes que la rodeaban, pero Bella se enamoró a primera vista. En contraste a las mansiones bastante grandes y un tanto gélidas, la casa color amarillo pálido con el techo rojo tenía una cualidad muy hogareña. Después de pisar la entrada y ver el hermoso interior moderadamente rústico, yo también me vi convencido. Hicimos una oferta que era en realidad muchísimo más que el precio del mercado, pero habíamos encontrado nuestra casa y no queríamos perder tiempo regateando el precio. Tardamos una hora hasta que la agente de bienes raíces nos informó que éramos los nuevos dueños de la casa de nuestros sueños. Nos mudamos un mes después y no nos arrepentimos.

El choque de porcelana proviniendo de la ventana abierta de la cocina me trajo al presente. Alice y Jasper habían llegado temprano para ayudarnos con las preparaciones y persuadir a Bella de descansar por un rato antes de que llegaran el resto de los invitados. No sabía cómo lo había logrado, pero mi mamá y mi papá, al igual que Emmett, Rosalie y el pequeño Henry habían volado desde Chicago esta mañana. Originalmente mis padres habían planeado venir luego de que naciera la bebé, pero de alguna manera Bella los había convencido de llegar antes y quedarse una semana. Tal vez tendrían suerte y se irían siendo abuelos por segunda ocasión.

Me dirigía hacia la casa justo cuando sonó el timbre.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron Charlie y Sue en cuanto abrí la puerta. Ambos sonrieron alegres y me abrazaron uno después del otro.

La relación con mi suegro no siempre había sido tan cálida. Después de contarles a nuestras familias sobre nuestra boda, justo como esperábamos Charlie lo tomó muy mal. Durante un tiempo me permitió ver su profunda decepción, haciéndome sentir que le había robado a su niñita. Las cosas mejoraron luego de que unas semanas después anunciamos que Bella estaba embarazada. Mis padres recibieron mejor la noticia de nuestra boda secreta. Pero dada su propia historia, no habíamos esperado nada menos.

Alice fue la que casi nos hizo arrepentirnos de nuestra decisión de casarnos de la forma en que lo hicimos. Casi. Cuando les contamos después de que regresaran de su luna de miel, ella empezó a aplicarnos la ley del hielo de inmediato, manteniendo esa actuación por unas dos semanas. Totalmente desesperada, Bella le envió a su mejor amiga el ultrasonido para informarle de nuestras otras noticias, lo cual hizo que al fin Alice la llamara, sollozando y asegurándonos lo arrepentida que estaba. A partir de entonces, todos a nuestro alrededor nos habían brindado todo su apoyo.

—Me alegra que vinieran. Entren. Alice y Jasper están en la cocina, y Bella está descansando. —Guie a Sue y Charlie por la entrada y hacia la sala, enseñándoles el jardín decorado de forma tan colorida.

Mi suegro resopló al ver el paisaje.

—Parece que Bells exageró un poco con esto, ¿eh? Podrías pensar que vamos a celebrar el cumpleaños de un niño en vez del de un adulto. Esto es muy inusual.

—Oh, ¡Charlie! —Sue le palmeó el hombro—. Sé que esto no es normal en la hija que conoces, pero es parte del instinto maternal. Después de todo, la bebé podría nacer en cualquier momento.

Aunque Sue no era la madre biológica de Bella —de hecho, ni siquiera era una madre en el sentido genético— ella era la mejor mamá que Bella pudo haber deseado. Siempre la apoyaba, calmaba a Charlie cuando se molestaba o irritaba con su hija, y normalmente se ponía del lado de Bella sin importar el asunto.

Me reí un poco de su intercambio, disfrutaba de verdad de su compañía.

—Bueno, tal vez debería ir a despertar a la culpable. Pude convencerla de acostarse un ratito, pero me pidió que la despertara cuando empezaran a llegar los invitados.

Con la aprobación de mis suegros, entré a la casa y subí las escaleras hacia el primer piso, donde estaban las habitaciones. Para llegar a nuestra habitación tenía que pasar frente a la habitación de la bebé. Igual que cada vez que pasaba por la puerta con las letras de madera pintadas que deletreaban el nombre de la bebé, tuve que detenerme y asomarme rápidamente dentro.

Con ayuda de Alice, Bella había convertido la habitación junto a la nuestra en un país de las maravillas. Las paredes estaban pintadas de un color rosa clarito con hadas princesas en algunas partes. Los muebles eran blancos y muy femeninos. Mirando todas esas cosas desesperadas por ser usadas, no podía esperar más para traer a nuestra princesita a casa. Solo faltaban unos días más.

Cerré otra vez la puerta y me fui en silencio para abrir la puerta de nuestra habitación, cuidando de no asustar a Bella. Pero al final mi precaución fue innecesaria. La cama estaba vacía y tendida, y no había señales de Bella en la habitación.

Mientras seguía preguntándome a dónde podría haber ido, escuché un gemido bajo proveniente del baño adjunto.

—Nena, ¿está todo bien? —pregunté preocupado después de correr a la puerta y tocar ligeramente.

Se escuchó movimiento y un corto silencio antes de que me respondiera.

—Sí, estoy bien. —Su voz sonaba un poco tensa y parecía estar respirando con pesadez—. Sabes lo difícil que me resulta levantarme de una posición sentada.

Por supuesto, al sentarse en la taza tenía problemas para levantarse con el peso añadido y el cambio de su centro de gravedad. Visiblemente Bella solo había aumentado de peso en el vientre y ese peso era cargado en forma de un bulto frente a ella, pero aun así seguían siendo diez kilos. Y yo amaba cada uno de esos kilos.

—¿Necesitas ayuda, nena? —Sabía que no me quería en el baño con ella cuando usaba la taza, pero momentos desesperados exigen medidas desesperadas.

La puerta se abrió y mi hermosa y muy embarazada esposa se paró frente a mí.

—No, estoy bien. ¿Por qué no bajas? Escuché que llegaron mi papá y Sue. Bajaré en un minuto. —Sus palabras sonaban más relajadas de lo que la había oído hacía un momento.

—Muy bien —respondí, besándola suavemente—. Te veo en un ratito.

~*~POMH~*~

Mi familia nos acompañó poco después de que Bella bajara y tuvimos una increíble fiesta. Mi esposa de verdad había planeado todo a la perfección. Incluso el humor caprichoso del clima de Seattle había estado en su mejor comportamiento para mi cumpleaños.

Fue lindo pasar un rato con mis padres y mi hermano ya que solo nos habíamos visto una vez después de la boda el otoño pasado. Aunque el embarazo de Bella había transcurrido muy tranquilo y sin complicaciones hasta ahora, no quería someterla a mucho estrés. Y ciertamente un viaje a Chicago era un problema innecesario.

No podía creer lo mucho que había crecido mi sobrinito en los últimos meses. Claro, teníamos llamadas de Skype de forma regular, pero la imagen en la pantalla no le hacía justicia al pequeño. Si luego de nacer apenas le daba un parecido a Emmett, ahora era su viva imagen. De no saberlo mejor, diría que mi hermano se había clonado. Cuando el bebito enseñaba su sonrisa con hoyuelos, todos en la mesa quedábamos embobados.

Bella estaba tan encariñada con Henry como el resto de nosotros, pero sus expresiones tenían un toque de nostalgia y la miré acariciar su propio vientre cuando le sonreía. De vez en cuando la escuchaba respirar laboriosamente y la veía tensarse por un momento antes de relajarse de nuevo. Cada vez que sucedía le preguntaba que qué le pasaba, pero ella me sonreía con demasiado entusiasmo y me decía que la bebé le había pateado el hígado, un riñón o cualquier otro órgano. Nuestra pequeña parecía estarse moviendo mucho hoy.

Las horas pasaron y todos nuestros invitados decidieron irse muy temprano, pero solo después de asegurarse de que todo estaba limpio y recogido. Aunque Bella los había invitado a quedarse con nosotros, todos habían insistido en irse a un hotel para no estresarla mucho. Después de deprimirse por un rato, eventualmente había aceptado su decisión y les había reservado habitaciones en un hotel cercano. Incluso Sue y Charlie habían decidido quedarse en Seattle durante la noche en vez de hacer el viaje de tres horas de regreso a Forks esa misma noche.

Bella se veía muy cansada cuando finalmente nos quedamos solos, pero extrañamente no hizo intentos por subir las escaleras para preparase para la cama. Se quedó abajo, primero en el patio, luego en la cocina, pero cuando le pregunté al respecto solo me dijo que todavía no estaba cansada.

Acostumbrado a que actuara un poco raro durante los últimos meses, lo acepté y me senté en el sofá, esperando a que Bella estuviera lista para subir. Yo ya estaba casi listo para irme solo a la cama cuando la escuché jadear antes de murmurar un ferviente:

—¡Oh, mierda!

Preocupado de que le hubiera pasado algo malo, corrí a la cocina para encontrarla parada en un charco de agua, se veía un poco asustada.

—Bella, nena, ¿qué sucede? —pregunté, acercándome a su lado.

Bajó la mirada al piso, luego la subió para encontrarse con mis ojos.

—Se me acaba de romper la fuente. —Sonaba tranquila aunque se veía un poco asustada.

Antes de poder decir algo, se dobló por la mitad, aferrándose el vientre con una mano y a la encimera de la cocina en busca de apoyo. Inhaló rápidamente y lentamente fue liberando el aire entre sus labios casi cerrados, haciendo un sonidito de "Oooh".

—¿Es una contracción? —pregunté con ansiedad, aunque era obvio que sí.

Bella solo asintió ya que estaba demasiado ocupada para hablar mientras respiraba para alejar el dolor.

»¿Es la primera? —pregunté mientras le acariciaba lentamente la parte baja de la espalda en un intento por aliviar un poco su dolor, justo como habíamos aprendido en las clases prenatales que habíamos tomado.

Bella respiró unas cuantas veces más antes de que la contracción pareciera terminar.

—No, no lo es. Las empecé a sentir desde las tres de la tarde.

Me quedé boquiabierto a causa del shock.

—¿Has estado en labor de parto durante las últimas siete horas y no has dicho nada? ¿Por qué? —De pronto su comportamiento extraño de hoy tuvo sentido. Había tenido una contracción cuando subí a despertarla al igual que todas las veces que me dijo que la bebé la había pateado.

Se mordió el labio, sus enormes ojos cafés miraron los míos.

—No quería arruinar tu cumpleaños —dijo tímidamente.

No sabía si debería abrazarla por ser tan dulce o sacudirle la estupidez del cuerpo. Al final, decidí jalarla hacia mí.

—Te amo, nena, pero debiste habérmelo dicho. ¡Al carajo con la fiesta! Nuestra bebé ya viene en camino.

Antes de que pudiera decir algo más, la sentí tensarse y su respiración, una vez más, cambió de estable a respirar a través del dolor. Igual que la vez pasada, le acaricié la espalda, susurrándole al oído para calmarla. Cerca de un minuto después Bella volvió a erguirse.

»¿Cuánto tiempo pasa entre cada contracción? —pregunté, tenía la sensación de que ya estaban llegando demasiado juntas.

—Antes de que se me rompiera la fuente las sentía cada cinco minutos. Ahora parecen transcurrir más seguidas. —Aunque había estado calmada todo el día, obviamente ahora estaba preocupada.

—Iré por tu maleta. Siéntate en el sofá y espérame, ¿de acuerdo? —le dije, guiándola a la sala para ayudarla a sentarse. Me sentía extrañamente tranquilo y en control de la situación, aunque la verdad estaba aterrado por lo que venía.

No tardé más de un minuto en ir por la maleta para el hospital de Bella a nuestra habitación y bajar otra vez las escaleras.

»Vamos. Tenemos que ir al hospital. —La ayudé a levantarse del sofá y nos dirigimos al carro, pero fuimos interrumpidos por otra contracción. Si tenía razón, estaban llegando cada dos minutos y medio para este momento, ya era hora de ir al hospital.

~*~POMH~*~

Veinte minutos después y con las contracciones a poco más de un minuto de separación, ayudé a Bella a entrar al hospital y a llegar al escritorio de recepción en el ala de maternidad. Ya había llamado a la doctora Taylor, la obstetra de Bella, desde el carro y me alivió saber que ya estaba en el hospital debido a que otra de sus pacientes acababa de dar a luz. Ya que sabía que la doctora vivía al otro lado de la ciudad había temido que no llegaría a tiempo si estaba en casa.

—Hola, mi esposa va a tener un bebé. Su nombre es Isabella Cullen. La doctora Taylor ya nos está esperando —le informé a la enfermera, que se apuró a traer una silla de ruedas cuando Bella se retorció con otra contracción.

Mientras respiraba a través del dolor, sus gemidos se habían vuelto más agudos durante nuestro viaje aquí, indicando que la intensidad había incrementado. Sabía que había planeado dar a luz lo más naturalmente posible, pero verla sufrir así y sin poder hacer nada para ayudarla me hacía desear que ella cambiara de parecer y pidiera una epidural o algo así.

La enfermera llevó en silla de ruedas a Bella hacia una habitación y la ayudó a ponerse la bata de hospital. A este punto las contracciones ya estaban a un minuto de separación. Bella ya estaba en la camilla, casi me aplastaba la mano mientras intentaba aguantar el dolor.

Ambos suspiramos aliviados cuando la doctora Taylor apareció al fin.

—Escuché por ahí que piensas que las niñas grandes no lloran y se guardan el hecho de que están en labor de parto hasta que ya es innegable. No es la forma normal en que se hace, pero estás aquí y la bebé sigue adentro. Bueno, no hubo daños. Veamos qué tan dilatada estás.

Sin decir mucho más, la doctora examinó a Bella y alzó las cejas a causa de la sorpresa.

»Bella, estás completamente dilatada. Creo que es demasiado tarde para llevarte a una sala de partos. —Se paró y abrió la puerta para llamar a una enfermera, pidiéndole que le trajera también equipo médico.

Los ojos de mi esposa se dispararon hacia los míos, tenía mezclados ahí el miedo y la determinación. Me aliviaba saber que ya no tardaría mucho tiempo más, pero al mismo tiempo estaba aterrado porque ahora empezaba la parte crítica. Justo en ese momento, sentí que Bella temblaba de pies a cabeza mientras gemía peor que antes. Por primera vez desde que descubrí que estaba en labor de parto, sentí el pánico aferrándose a mí.

—¿Doctora Taylor? ¡Venga rápido! ¡Creo que pasa algo malo! —grité, girándome a ver que la doctora había salido de la habitación por un segundo.

Sin perder tiempo volvió corriendo y después de una sola mirada, preguntó:

—Bella, ¿sientes la necesidad de pujar? —No podía creer lo tranquila que sonaba esa mujer en una situación tan difícil como esta.

Bella asintió vigorosamente, apretando todavía más mi mano.

—Entonces, no te contengas. Respira profundo y luego puja hacia abajo. —Justo como indicó la doctora, Bella inhaló profundamente, luego cerró los ojos con fuerza y pude sentir el esfuerzo que hizo por pujar a nuestra bebita hacia el mundo exterior, animada por la doctora Taylor—. Sí, así, así, así. Y respira otra vez. Bien. Ahora esperaremos la próxima contracción. Solo relájate por un momento. Lo estás haciendo genial.

Bella se giró para clavar su mirada en la mía y pude ver el dolor ahí, pero al mismo tiempo, había una especie de alivio que no podía identificar. No tuve tiempo de pensarlo más cuando golpeó la siguiente contracción.

Una vez más, Bella pujó, casi aplastando todos los huesos de mi mano. Pero en vez de quejarse, me alegraba poder compartir aunque fuera una pequeña parte de su dolor.

Cuando se volvió a relajar una vez más, la doctora Taylor sonrió alegremente.

—Ya puedo ver la cabeza. Lo estás haciendo muy bien. Creo que dos contracciones más y tendrán a su bebita.

Bella sonrió una sonrisita un poco tensa, respiró unas cuantas veces más antes de prepararse para la siguiente ronda de contracciones. Estaba gimiendo y jadeando, casi me hacía llorar el verla sufrir así. Pero justo como dijo su doctora, dos contracciones después nació nuestra hija.

—Y aquí está —anunció la doctora.

Bella me sonrió con júbilo mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Me llevé su mano a los labios, besándola con adoración. No podía creer lo fuerte y valiente que había sido. Luego el pavor subió por mi espalda. Algo estaba mal. La habitación estaba demasiado en silencio.

—¿Por qué no está llorando? ¿No se supone que debe llorar? —Casi le grité a la doctora a causa del pánico.

—Cálmate, todo está bien —susurró, poniendo sobre el pecho de Bella a la bebé que estaba envuelta en una toalla rosa—. No tiene que llorar siempre y cuando esté respirando, y está respirando bien. Edward, Bella, conozcan a su hija.

Mi mirada se clavó en la carita que estaba visible entre las orillas de la tela. Aunque sabía que era casi ciega justo después de nacer, sus ojos se encontraron con los míos, ahogándome en ese tono exacto del profundo color café de los ojos de su madre. Me vi cautivado, siendo prisionero de mi hija, una mezcla perfecta de Bella y yo con su mata de cabello color bronce y sus hermosos ojos color chocolate.

Siempre había considerado que era increíblemente cursi cuando alguien se refería a un bebé como el símbolo encarnado del amor, pero eso era exactamente ella, una prueba viviente del amor que Bella y yo compartíamos.

La doctora Taylor interrumpió mi monólogo interno.

—¿Y cuál es el nombre de la pequeña belleza?

Habíamos decidido el nombre de la bebé en los primeros meses del embarazo. Así que sin pensarlo ni un momento, Bella le respondió a la doctora en un suave tono de maravilla.

—Su nombre es Caitlin Elizabeth.

—Un nombre hermoso para una bebé hermosa —dijo la doctora con una sonrisa en la voz—. Me honra anunciar que Caitlin Elizabeth Cullen nació el 20 de julio a las once cincuenta y ocho de la noche. ¡Felicidades! Lo hiciste muy bien, Bella.

Los ojos de Bella se clavaron en los míos, dedicándome una brillante sonrisa de orgullo.

—Sigue siendo tu cumpleaños. Así que, ¡feliz cumpleaños, papi! —Al decir la última palabra con tono tembloroso, una lágrima de felicidad le cayó por la mejilla.

Sentí que también mis ojos escocían y se me formó un nudo en la garganta. Abrumado por la emoción, me agaché para besar los labios de Bella, intentando transmitirle con esa acción todo lo que sentía en vez de decirlo en palabras.

Apartándome después de unos segundos, miré la cara feliz, pero exhausta, de mi esposa.

—Gracias, nena, por el mejor de regalo de cumpleaños.