Capítulo 2: Ironía.

Ninguno de los dos sabía si eso podría llamarse un beso, sus labios estaban juntos, sí, pero ni él ni ella movieron un músculo. Kohaku tenía que admitir que la boca se Senku la había tomado por sorpresa, aunque no le desagradó en absoluto, sus ojos se abrieron como platos sintiendo sus mejillas arder, aquel extraño hombre que ahora había acortado la distancia con ella había complementado el pacto sin preguntarle primero, aunque ella se lo haya ofrecido antes.

Senku se separó de la rubia en un quejido llevándose las manos a la frente, un par de cicatrices oscuras se hicieron visibles desde el inicio de su cuero cabelludo hasta un poco debajo de sus ojos, el pacto estaba sellado, ella por su parte sintió un ardor a cada lado de su cadera, se removió con incomodidad.

-¿Q-Qué acaba de pasar? -Comentó con dificultad el albino.

-Quedamos marcados -Soltó un suspiro llevando sus manos a cada lado de su cadera en señal de que ella también había sufrido el dolor.

Senku ahogó un jadeo al notar su rostro en el retrovisor del auto.

-No puedo dejar que me vean estas marcas, la gente empezará a preguntar -Volteó a verla esperando una respuesta.

-Puedo esconderla, no te preocupes -Restó importancia sintiendo un leve cosquilleo en su cuerpo, su poder empezaba a aumentar.

-Bien, ya yo cumplí con la parte del trato – La miró con seriedad- Asumo que después de que logres poner orden en tu mundo podremos romper el compromiso ¿No? -Ahora que lo pensaba, debió preguntar eso antes…

-Sí, sí podemos romper el compromiso, con unos votos muy parecido a un divorcio en tu mundo –Respondió con aburrimiento.

-Bueno, entonces te quedarás conmigo mientras me enseñas todo -Sonrió ladino fijando su vista en el reloj, ya iba iba con retraso.

Kohaku lo miró con sorpresa y abrió la boca para replicar.

-Hemos hecho un pacto, Leona, necesito garantía de que cumplirás con tu parte del trato por lo que no quiero perderte de vista -Llevó sus manos al panel que tenía en frente poniendo en marcha el vehículo ignorando olímpicamente las quejas de la rubia- Además, temo que tendrás que acompañarme al cumpleaños de mi hermana en casa de mis padres, ya no tengo tiempo para llevarte a la mía.

Esa idea la verdad que le parecía muy desagradable, sobretodo por lo molesta que era su familia con respecto a su vida privada, volteó a verla, era una mujer que estaba dentro de los más altos estándares de belleza aunque su atuendo no le hacía justicia, se masajeó el puente de la nariz pensando qué pobre excusa le dará a sus padres, la verdad es que no eran personas tan fáciles de engañar.

Al llegar a la residencia Ishigami, Kohaku quedó boquiabierta, ese lugar no encajaba en el concepto de "Casa", realmente era una enorme mansión con un precioso jardín y una gran fuente en todo el centro, se sintió embriagada al sentir toda la energía vibrante del lugar, sintió un leve impulso de correr descalza por todo ese maravilloso sitio.

Senku estacionó su auto y volteó a verla, la notó muy sonrojada ¿No se sentirá bien?

-Tomemos un momento, te quedarás en el auto y me esperarás aquí – La miró fijo notando que ella estaba algo distraída, estaba empezando a arrepentirse de haber hecho ese trato.

-Está bien~ -Canturreó esbozando una sonrisa.

-Bien, ahora escóndeme estas marcas.

-"Invisibilis" -Recitó señalando sus marcas con su dedo las cuales desaparecieron de inmediato- ¿Cuánto vas a tardar? -Interrogó levantando su dedo empezando a girarlo el cual empezó a soltar algunas chispitas brillantes.

-Menos de dos horas -Respondió sin despegar su vista de su dedo.

Increíble.

-Pase lo que pase no salgas… Y no toques nada -Dijo en un tono de advertencia tomando el libro de su maletín y el arreglo de flores y salió dejando a Kohaku sola.

-Como si me fuera a quedar aquí -Rió y con un chasquido de sus dedos desapareció.

Senku entró al gran salón donde logró divisar a su familia sentada en una larga mesa mientras cenaban alegremente.

-¡Hijo, llegaste! -Chilló Byakuya con alegría corriendo a abrazarlo.

El aludido simplemente esquivó su abrazo sin reparar que un par de finos brazos lo estrechaban a su costado.

-Senku-nii, Suika creyó que no vendrías –La jovencita rubia simplemente hundió su rostro en él.

El albino le sonrió con afecto usando su mano libre para acariciar su cabeza, se agachó un poco para colocar en sus manos el pesado libro de magia, quizás se lo pediría prestado para tratar de entender un poco a la mujer que tenía en el auto.

-Feliz cumpleaños, Suika -Susurró esbozando una ligera sonrisa.

Los ojos de ella brillaron con intensidad estrechando el libro entre sus brazos diciéndole un "Gracias" cargado de emoción, tomó su mano y lo arrastró a la mesa donde lo recibieron con calurosos saludos.

La cena transcurrió con normalidad entre animadas conversaciones y risas sobre lo mucho que ha crecido Suika, los avances del proyecto de Senku, algunas anécdotas vergonzosas de los hermanos y de Lillian y como siempre (Por lo que detestaba presentarse en casa de sus padres) la molesta pregunta…

-Senku hijo, cada día que pasa me hago más viejo…

-No empieces… -Cortó anticipándose a lo que diría su padre.

-¡Pero hijo! Ya lo hemos hablado muchas veces -Chilló el Ishigami mayor con cascaditas brotando de sus ojos- ¡Quiero tener nietos y una nuera! -Siguió lloriqueando.

El aludido sólo pudo aspirar por la nariz en señal de rechazo.

-Sabes que el romance no me interesa, viejo, si quieres nietos espera por Suika o mejor aún hagan otro hijo y ya –Se llevó el dedo meñique al oído rascándose con fastidio.

Lillian sólo atinó a sonrojarse y Byakuya se cruzó de brazos refunfuñando en su asiento.

-Debo irme, tengo trabajo qué hacer -Culminó el albino en un suspiro levantándose de su lugar.

-Te acompaño -Sabía que su padre no se daría por vencido tan fácilmente, ambos hombres salieron del salón en silencio- Hijo… -Byakuya le tomó del hombro de manera fraternal- Te he estado viendo todos estos años tan enfrascado en el trabajo que te has alejado mucho, hay muchas cosas que aún no has experimentado, como tener una familia…

-Viejo…

-Senku, sólo quiero verte feliz, es mi mayor deseo…

El albino suspiró derrotado, su padre de verdad que era terco.

-Lo tomaré en cuenta… -El hombre mayor esbozó una sonrisa- Pero no prometo nada.

-Al menos lo intentarás.

-Nos vemos, viejo.

El joven se dirigió a su auto el cual al detectar el comando de voz se abrió de manera automática.

-Oye Leona, si tienes hambre podemos pasar por… - Estaba vacío.

¡Maldición, desapareció!

Maldijo por lo bajo dando un pequeño puñetazo al asiento, empezó a cuestionarse qué era lo que realmente había pasado.

¿Y si realmente fue una alucinación?

Si era así debía empezar a preocuparse, a este paso terminaría loco antes de los treinta, se rascó la cabeza con exasperación encendiendo el auto arrancando para su casa, estaba empezando a considerar buscar ayuda profesional.

. .

-¿Kohaku?

-He vuelto Ruri-nee -Sonrió la aludida entrando por la pequeña puerta de madera de estilo boscoso.

-¿Dónde estabas? –Interrogó la mayor a lo que la menor de las hermanas sólo sonrió victoriosa levantándose la falda de su vestido mostrándole sus marcas.

Ruri ahogó un grito de sorpresa.

-¡Has hecho un pacto! ¿Con quién? -Interrogó curiosa acercándose a examinar las marcas.

-Un hombre odioso que conocí hace menos de dos horas -Respondió con indiferencia.

-¡Kohaku! –La reprendió- ¡No puedes estar tomándote a la ligera un pacto! Debías hacerlo con alguien al que estuvieras segura que amarás.

-Sabes lo que opino de los romances y el amor ¡Eso no es para mi! –Respondió en un puchero cruzándose de brazos- Estoy haciendo esto para protegerte hermana, para darle fin a esta disputa sin sentido de hombres tomando mujeres a la fuerza por poder.

-Sé cuál es tu motivación Kohaku -Respondió con dulzura su hermana tomando sus hombros con suavidad- Pero aún tenemos tiempo, pudiste darte la tarea de conocer algún buen chico que te gustará y así…

-Después de que termine todo nos vamos a separar, es un hecho -Cortó la menor desviando su vista hacia un gato negro que paseaba por unos estantes.

-Kohaku -Tomó sus mejillas y la obligó a mirarla- Si te separas de él quedarán las marcas y cuando te enamores de verdad… Es posible que te rechacen sólo porque ya fuiste marcada por otro hombre… Entiende mi preocupación, hermanita…

-¡Ja! Yo nunca me voy a enamorar -Sonrió confiada tomando las manos de su hermana entre las suyas- Yo sólo lucho para ver un mundo mejor y que tú vivas feliz en él.

Ruri sólo pudo suspirar con desgano acariciando sus dedos con los suyos.

-Bueno, ¿Tienes hambre? He preparado costilla de dragón guisada, tu favorito -Sonrió al notar que los ojos de su pequeña hermana brillaban de emoción.

-¡Siii! -Chilló feliz corriendo hacia la mesa de aspecto rústico viendo un plato flotar en su dirección, ya con la cena servida Kohaku empezó a comer a dos manos.

Ruri miró el reloj de pared dándose cuenta de la hora, ya casi era el momento de ir a su cita, dio una vuelta sobre sí misma cambiando su atuendo a un vestido ceñido al cuerpo de color verde agua brillante con ligeros detalles de oro en el borde de la falda, un pequeño lazo se ató a su cintura resaltándola, su cabello largo y dorado se recogió en una trenza en forma de caracol siendo decorado con flores naturales blancas, a los lados de su rostro un par mechones que se rizaron, sus zapatos fueron sustituidos por un par de zapatillas blancas de tacón medio, sus labios cambiaron a una tonalidad rosada terminando de darle el toque a su figura angelical.

Kohaku sólo sonrió, su hermana era tan hermosa, amable y buena… Se merecía todos los sacrificios que ella pudiera hacer, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la mayor

-Estaré bien así ¿O es demasiado?

-Estás estupenda y si el idiota ese no dice nada al respecto ten por seguro que le patearé el trasero -Respondió con humor la menor mientras lamía sus dedos arrancando una risita de parte de Ruri.

-Ya debo irme, no quisiera llegar tarde.

-¡Suerte! -Le deseó con una enorme sonrisa viendo cómo en un chasquido su hermana desapareció de ahí, de inmediato su rostro cambió a uno más sombrío mirando directamente la única vela encendida de la habitación, arrugó profundamente el ceño apagándola de un manotazo.

La rubia sólo se tapó el rostro quedando en penumbra.

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Había pasado una noche fatal, sentía una punzada en la cabeza desde que llegó a su casa luego de la cena de cumpleaños de Suika, masajeó su sien con parsimonia aún sentado en la cama, su mente no había dejado de pensar en aquella extraña mujer y en la historia que le había contado.

Él había hecho un pacto con ella para iniciar una nueva investigación acerca de esa extraña tecnología, pero esa Leona había desaparecido, se esfumó sin dejar rastro, justo cuando estaba empezando a darle el beneficio de la duda.

Se levantó con pereza empezando a vestirse y solicitar a la inteligencia artificial a través de un comando de voz le informara de las últimas novedades mientras verificaba y firmaba algunos documentos que había traído consigo la noche anterior, bostezó con cansancio a pesar de que había tomado una medicación para calmar el dolor este no se iba, al contrario se intensificó haciéndole sentir débil.

Decidió irse antes de caer dormido sobre el mesón.

Recostado en el asiento del piloto sólo atinó a mantenerse con los ojos cerrados tratando de mantenerse tranquilo, aquella jaqueca empezaba a desesperarle, notó que se detenía en un semáforo y divisó un pequeño puesto de flores, sus ojos se clavaron en la cubeta de girasoles y sintió unas enormes ganas de comprarlas y de esa manera sin ningún tipo de razón para hacerlo se dirigió a la floristería comprando con rapidez el ramo de flores.

Él no era de seguir impulsos ilógicos como esos pero su molestia lo arrinconó a probar una teoría que se le había ocurrido apenas se levantó.

Ishigami Senku pegó su frente a aquellas flores amarillas sintiendo cómo la molestia en su cabeza desaparecía y los girasoles se marchitaron como si no los hubiera visto frescos hace unos minutos.

Definitivamente se estaba volviendo loco.

-Esto no tiene lógica -Rió con ironía volviendo a arrancar a su destino.

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-¿Qué pasó Kohaku-chan? ¿Ya no puedes más? -Rió un hombre de mediana edad con un bastón en las manos- Aunque me sorprende que hayas dado más pelea está vez, no habrás echo un pacto ¿O sí?

Agachada en el suelo jadeaba la rubia tomando su costado con dificultad.

-Eso no es problema tuyo -Escupió con odio levantándose de su sitio tomando su vara la cual se había hecho trizas.

-Vamos, Kohaku-chan, has el pacto conmigo, sino me veré en la obligación de ir tras tu dulce hermana –El hombre se saboreó los labios mientras de acercaba peligrosamente a ella.

-Sobre mi cadáver -Jadeó tratando de normalizar su respiración sintiéndose impotente al escuchar una sonora carcajada de parte de su rival.

-No serás un cadáver, pero sí estaré encima de ti -Su sonrisa se ensanchó al notar como la rubia arrugaba profundamente el entrecejo con marcado asco- Acéptalo princesa, si no hubiese sido por la estúpida decisión de tu padre de dejarlas a ustedes decidir con quién hacer el pacto nada de esto estaría pasando -Tomó el mentón de la rubia obligándola a mirarle- Tengo dos pactos realizados, te tomaré a ti y luego iré por tu hermana y me haré con todo el poder del Reino Mágico -Rió perverso acercándose peligrosamente a Kohaku la cual lo vio horrorizada.

Con desespero la rubia dio un manotazo tirando su cuerpo hacia atrás, llevó una de sus manos para tocar directamente la marca de su cadera y antes de que el hombre volviera a tocarla chasqueó sus dedos y desapareció.

Él sólo logró esbozar una sonrisa macabra, ya una de las princesas estaba marcada, sería una lástima que la marcara otro y así terminar de desmoronar lo que queda de la familia real, empezó a reír de manera desquiciada.

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Ya llevaban más de tres meses saliendo y a duras penas se habían logrado tomar de las manos, aunque le urgía llegar al nivel de los besos en la relación temía que él no estuviese lo suficientemente enamorado de ella para aceptarla por completo, suspiró con un cosquilleo en el estómago al recordar el momento en el que se conocieron.

Desde que los conflictos iniciaron Ruri fue obligada a huir hacia el mundo humano con el fin de esconderla de las familias ansiosas de poder de la sangre pura.

Ella junto con Turquoise y Jasper quienes la acompañaron para cuidarla estuvieron conviviendo hasta que se enteraron del atentado al Rey el cual falleció su querida madre y su padre estuvo muy malherido.

Sus dos cuidadores tuvieron que ir al mundo mágico a combatir en la lucha contra las familias que se habían revelado.

Ruri pasó dos meses sola mientras lloraba su fatal pérdida, algunos días salía a caminar usando un hechizo de despiste para no llamar la atención por su apariencia.

Y así fue como por estar tan sumergida en sus pensamientos casi fue arrollada por el auto de hombre de cabellera rebelde y ojos chocolate el cual corrió hacia ella explicándole disculpas y se ofreció a llevarla a un hospital.

-Lamento mucho lo que pasó –Se disculpó por enésima vez el hombre que lucía una bata de laboratorio mientras que por comando de voz daba las indicaciones para tomar la ruta más rápida hacia el centro médico.

Ella sonrió dulcemente sintiendo su corazón acelerarse un poco empezando a jugar con la tela de su vestido, el cual lo alisaba con algo de insistencia producto de sus nervios.

-M-Me llamo Chrome –Se presentó el hombre volteando a verlo con signos de nerviosismo.

-R-Ruri, me llamo Ruri -Susurró sintiendo sus mejillas arder, la verdad que ese hombre se le hacía muy atractivo.

-Hemos llegado, Ruri-san -Anunció de manera educada el chico que salió rápidamente del auto para ayudarla a salir.

Con nerviosismo tomó sus manos jalándole hacia él tratando de que se levantara, con la mala suerte de hacerlo con demasiada fuerza acabando ella entre sus brazos, ella alzó la cabeza asombrada quedando hipnotizada por unos minutos por esos ojos marrones.

Los colores no tardaron de adueñarse del rostro de ambos.

-¡L-Lo siento mucho! No fue mi intención usar tanta fuerza –Se rascó la cabeza mirando hacia otro lado.

Ella negó con su cabeza y ambos ingresaron al centro hospitalario.

Mientras ella era atendida Chrome no dejaba de hablar con teléfono con un tal Senku, el que no paraba de solicitarle informes, Ruri supuso que sería su jefe, qué mandón, de repente él colgó con fastidio y se acercó a ella.

-Discúlpame Ruri, pero debo ir a trabajar, podrías darme tu número de teléfono y en lo que apenas salga te llamaré – Él sacó su teléfono.

-Descuida, entiendo que tengas cosas que hacer, pero… Yo no tengo un aparatos de esos… -Desvío la mirada apenada.

-Oh, ¡No te preocupes! Voy a darte mi tarjeta de presentación y en lo que salgas puedes llamarme de algún teléfono público – Le sonrió abiertamente arrancándole un ligero rubor de sus mejillas.

-E-Está bien, gracias Chrome – Le regresó la sonrisa y está vez fue él el que se ruborizó.

Se despidieron y él salió del hospital, ella sólo pudo suspirar estrechando esa tarjeta entre sus manos.

La rubia de largos cabellos sólo pudo suspirar de nuevo abrazando con fuerza su almohada, esperaba que la siguiente cita fuera la que por fin pudiera besarle, aunque debía explicarle toda la situación primero.

Se removió con ansiedad entre las sábanas.

Hablarle a un humano, sobretodo un científico que eres una bruja no sería nada fácil.

Se quedó mirando el techo un largo rato.

. .

-Senku-chaan~ Tengo unas excelentes noticias~ - El bicolor se hacía presente en la oficina con una actitud soñadora.

-Ya suéltalo mentalista, sabes que no tengo tiempo -Respondió con aburrimiento alejando su vista de su trabajo para dirigirlo hacia el recién llegado.

-Qué cruel~ -Lloriqueó y luego se sentó en un mueble cercano- Tengo por fin respuesta de los inversionistas~

-Más te vale haber conseguido por lo menos diez meses.

-Mucho mejor que eso, Senku-chan~ -Rió por lo bajo- Han decido destinar un 50% más a la inversión inicial – El albino sonrió- Y eso no es todo~ Han cedido con respecto al tiempo del proyecto y tenemos dieciocho meses más a partir de hoy~ -Finalizó orgulloso cruzando una pierna sobre la otra recostándose sobre el sillón.

-Muy bien hecho, Mentalista –La sonrisa de Senku se ensanchaba.

-Pero~ -Volteó a mirarle y Senku sintió un leve escalofrío- A cambio tendrás constantes visitas de Ryusu-chan~ –La sonrisa del albino desapareció y a cambio hizo una mueca de fastidio.

-Si vamos a tener acá a Ryusui como un moco pudiste conseguir más tiempo, mentalista –Se levantó con desgano hacia una nevera ejecutiva sacando un par de latas de bebidas energizantes lanzándole una a su compañero.

-Es parte del plan, Senku-chan~ -Atrapó la bebida comenzando a abrirla- Cuando empiece a visitarnos constantemente lo convenceré de que necesitarás más tiempo, no sé, unos dieciocho meses más~

-Eso espero -Suspiró con cansancio empezando a beber de la lata que tenía en mano.

A decir verdad no le molestaba en absoluto que Ryusui su amigo e inversionista mayoritario fuera a visitarlo, lo que le preocupaba es que con su presencia generara algún retraso.

Con lo mujeriego que era…

Miró la lata con fingido interés, no pudo desviar sus pensamientos en esa mujer de ayer.

¿Qué me habrá hecho?

Frunció el entrecejo pensativo.

-¿Senku-chan?~ -Gen no pasó desapercibida el cambio de actitud- ¿Ocurrió algo? ¿Algo con una mujer quizás?~ -Senku movió sus manos en señal de rechazo y el bicolor sólo sonrió.

-Tonterías, si no tienes más que hacer acá puedes largarte de una vez -Respondió mirándolo con desdén.

-Qué cru…

Gen no pudo finalizar su oración, pues una luz se hizo presente en medio de la oficina dejando entrever una figura femenina que caía en seco sobre el escritorio del Ishigami.

Ambos hombres abrieron sus ojos con sorpresa y el bicolor no pudo evitar soltar un grito ahogado dejando caer su bebida al suelo al reconocer a la mujer que yacía desmayada.

-¡¿Princesa?!

-¿Princesa? ¿La conoces?

Una ligera pizca de esperanza se hizo presente en la mente de Senku, ella no era una alucinación después de todo.

A menos que sea un extraño caso de alucinación colectiva, ¿Eso era posible?

-Ugh… - La mujer abrió sus ojos débilmente.

-¿Cómo es que la conoces, Mentalista? -Interrogó Senku cruzándose de brazos y el aludido empezó a sudar frío hasta que algo hizo click en su cabeza.

-¿Cómo es que TÚ la conoces, Senku-chan?~ -Contraatacó Gen empezando a acercarse a la mujer recostada sobre el escritorio, su estado era grave- Kohaku-chan, ¿Estás bien?~ -Llamó la atención de la rubia.

-Sólo estoy herida, no es gran cosa –Se sentó con dificultad sintiendo la sangre brotar de su costado nuevamente- Unng… -Se quejó encorvándose.

Gen sacó de su chaqueta un pequeño girasol y se lo tendió.

-Esto te ayudará a por lo menos cerrar esa herida~ La guardo en caso de emergencias y aparentemente esta lo es~ -Sonrió con calma, su sentido le decía que algo estaba pasando y él no lo sabía.

-¡Ja! tan oportuno como siempre, murciélago -Sonrió tomando la flor la cual se marchitó enseguida.

-Viniendo de ti es un halago~

-Oigan, consíganse un hotel, les recuerdo que están en mi oficina -Senku se acercó con visible irritación- Leona ¿Qué te sucedió? – La miró analizando las distintas heridas visibles.

-¿Leona?

-La próxima vez que me llames así te convertiré en cucaracha -Respondió enojada pudiendo colocarse de pie- El pacto inicial no fue suficiente – Lo miró con el ceño fruncido cruzándose de brazos.

Senku entendió a medias, por la apariencia de ella era obvio que había estado en una lucha pero…

¿Qué era eso de pacto inicial? ¿El pacto era un proceso que tenía varias fases? No pudo evitar arrugar la nariz.

-¿Ustedes hicieron un pacto?~ -Gen se veía visiblemente sorprendido- ¡¿El gran científico Senku Ishigami creyendo en la magia?!~ ¡Esto es impensable!~ -Se burló abiertamente.

Esto era algo grande, algo que disfrutaría y aprovecharía hasta el fin de sus días.

-Cierra la boca, Mentalista -Rascó su oído con molestia- Estoy en un proceso de investigación para descubrir qué trucos hace, eso es todo.

-No, no es todo y lo sabes Senku-chan~ -Intervino levantando su dedo índice- Para que un pacto funcione adecuadamente debe haber amor entre la pareja, quizás por eso la princesa no aumentó tanto su poder~ -Miró fijamente a Kohaku.

-Pero… ¿Cómo es que el maldito de Genbu tiene tanto poder? -Kohaku rechazó inmediatamente la idea de enamorarse.

-No sé si tengas conocimientos de esto, Kohaku-chan~ Pero Genbu además de tener dos pactos, ha estado consumiendo algunas almas~

Kohaku se desencajó ahogando un grito de horror, Senku levantó una ceja ¿Qué tan grave era la situación? Observó a la rubia que había bajado su rostro en visible frustración, Gen sólo la miró condescendiente.

-Lo siento, Kohaku-chan~ Un pacto sin amor no puede darte el poder suficiente para hacerle frente a Genbu~ -Finalizó colocando una mano en su hombro.

-¿Amor? -Senku se sintió asqueado e intrigado.

-Sí, Senku-chan~ De donde venimos Kohaku-chan y yo hay tres fuentes de energía y dos inagotables -Levantó tres dedos- El sol, el amor y las almas~

A pesar de que la explicación le parecía estúpida podía sentir que no carecía del todo de lógica.

-Las almas son la fuente de energía más rápida dándote una cantidad de poder en poco tiempo, pero este tiene una consecuencia muy grave~ -Desvió la mirada hacia la chica la cual lucía muy seria- Quién la consuma vivirá por muchos años, pero luego será perseguido y tragado por la oscuridad.

Hizo una pausa, sabía que el albino estaba en la cúspide del escepticismo y podía notarlo en su rostro, hasta podría escucharle decir que todo eso era una pérdida de tiempo.

-La otra es la del Sol, como acabas de ver a la linda princesa recuperarse un poco, los girasoles son buenas fuentes de energía portátil pero en menor medida~ -Bajó un dedo dejando dos a la vista- Y por último el amor, el más poderoso de todos y más duradero porque va aumentando progresivamente~

-Qué cursi – Se quejó la chica con visible repulsión, Senku no podía estar más de acuerdo con ella.

-Hacer un pacto implica eso, Kohaku-hime~ -Gen entrecerró sus ojos y ella se tensó- De esta manera no podrás hacer nada si no sientes nada por Senku-chan~ Es una lástima, aunque se separen vivirás marcada toda la vida~ -Ella cerró sus ojos con pesadez, era la segunda vez que se lo decían.

-No me importa…

-¿Eh?~

-¡Que no me importa! -Estalló enojada levantando la vista hacia él mirándole con determinación- Es mi responsabilidad restablecer el orden… Yo… Yo no me daré por vencida y lo sabes.

-Sí, por eso tienes mi total apoyo, pero no es bueno relacionar ambos mundo, como consejero del Rey Kokuyo no puedo permitírtelo~ -La reprendió- Y en cuanto a Senku-chan~ -Volteó a verle- Creo que es mejor que se separen y olvides lo que sucedió~ -Levantó su mano en su dirección y Kohaku desvió la mirada.

-Nuestro pacto se rompe hoy, el murciélago tiene razón.

Él… Él iba a olvidar todo, toda esa parafernalia ilógica iba a desaparecer.

¿De verdad era mejor así?

CONTINUARÁ