Capítulo 3: Verdad.
El gran y aclamado científico Ishigami Senku había logrado con éxito su proyecto más prometedor y ambicioso: La petrificación por enlace cuántico, había funcionado de la mejor manera y ahora estaba en etapa de aprobación por parte del gobierno y toda la formalidad que conllevaba.
Se sentó en la gran cama de esa lujosa habitación de hotel, estaba exhausto, entre entrevistas y conferencias había pasado los últimos seis meses desde que él mismo a través de una rueda de prensa presentaba su más ambiciosa obra conmocionando al mundo, se quitó el chaleco y desató el nudo de su corbata dejándolos de un lado, sus ojos rubíes denotaban cansancio e impotencia.
Sí, se sentía impotente, hace ya casi dos años que Gen trató de borrarle la memoria aunque fue temporal supo que no volvería a ver a la Leona por un largo tiempo o quizás nunca, al principio no pudo evitar sentirse incómodo al tener todos esos recuerdos de golpe, pero luego…
Quiso experimentar.
Recordó que sus ojos brillaron con intensidad y su sonrisa cual psicópata se esbozó al darse cuenta que el pacto no había sido roto cuando hizo al lápiz desaparecer de su vista. Por asociación podía suponerlo, si él no estaba de acuerdo no podría romper el pacto, tal como un divorcio, la Leona seguía atada a él y sabía que él igual con ella, el tiempo pasó y no pudo evitarlo.
Se obsesionó.
Cada vez que recitaba algún verbo en latín algo sucedía "Como por arte de magia", en ese momento duró encerrado más de quince días (veintidós para ser exactos) dentro del laboratorio de su casa hasta que su familia preocupada lo fueron a visitar para sacarlo a rastras entre preguntas que él mismo se encargó de evadir con excusas elaboradas, no podía mentir que durante esos días pensó en todos los escenarios posibles con su familia, amigos e incluso si llegase a reencontrarse con esa mujer.
Decidió mantener todo en secreto, temía que si Gen o alguien más lo descubría todo se iría a la mierda, nunca mejor dicho.
-"Apparere" -Recitó dejando ver sus marcas, ya había logrado dominar por completo el Latín y la había agregado a su repertorio de idiomas.
Se recostó en la enorme y suave cama y pensó en ella como todas las noches.
¿Estará bien? O... ¿Al menos estará viva?
Sabía que la situación del lugar del que ella provenía era bastante delicada, llevó sus manos a su cabeza desordenando su cabello, esa Leona ilógica había puesto su vida de cabeza y lo peor es que lo estaba disfrutando. Había llegado a la hipótesis de que "Ese mundo" del que Gen y ella provenían era una especie de universo distante al suyo, uno donde las leyes de la física eran más que meras tonterías, así como la magia en el suyo.
Pero había un detalle.
Ellos sabían viajar entre universos, estaba seguro que el de él y el de ella no eran los únicos, si habían dos ¿Por qué no tres o mil?
Sentía que se volvería loco, tocó sus marcas con cautela había pensado mucho la razón de esas marcas, no debían ser sólo un adorno ¿Verdad?
Debían tener alguna utilidad, alguna manera de activarlas pero ¿Cómo?
Cerró sus ojos con visible dolor y estiró su mano hasta el maletín que seguía en su cama sacando un pétalo de girasol y lo tragó como una pastilla sintiendo su energía aumentar un poco, lo suficiente para mantenerse despierto y mirar el techo, llevaba ya quinientos cincuenta y tres días desde que logró recordar todo y pasar casi todo su tiempo experimentando e investigando con su propio poder, el que adquirió cuando besó a Kohaku.
Pero él quería más.
Y sin darse cuenta también la quería a ella.
La deseaba.
Pero no estaba seguro si era amor lo que estaba sintiendo o algún tipo de efecto secundario de la marca de su rostro, ellos dos a duras penas duraron un día antes de que ella por influencia de Gen decidiera separarse de su lado, apretó los puños tapándose la vista con el antebrazo.
Estaba frustrado.
Cerró sus ojos con pezadez, mañana tendría que volver a Japón a continuar con su ilógica vida.
. .
Sí, su hermana era feliz con la persona que amaba ¿Pero a qué costo?
Ya hace año y medio que todo en el reino colapsó y se hizo un completo caos, habían tomado su hogar y encarcelado al rey y ella tuvo que huir por obligación, más que todo para evitar que la tomaran y la marcaran, su padre sabía lo peligroso que era que Kohaku se quedara en el reino y la mandó junto con sus dos más leales servidores al Mundo 010, en el que odiaba estar, pues se sentía muy débil, todo era negro, no había sol, ni flores, siquiera agua.
Sobrevivía por las provisiones que Jasper traía de su propio mundo.
-¡Estoy harta! -Golpeó con fuerza la pared negra dejando en ella una grieta que dejaba a la vista columnas de ceros y unos cambiando sin cesar.
Sintió frío de repente y se abrazó a sí misma, todo ese panorama era deprimente, oscuro, tóxico.
Las únicas fuentes de luz eran halos neones que recorrían la ciudad entera, tuvo que cambiar su vestimenta por trajes especiales para sobrevivir ahí, ahora tenía un vestido con mangas rojo y un anillo con múltiples botones rodear su cintura, botines blancos y su coleta era un simple lazo negro.
Se sentía incómoda.
Quería irse de ahí, todo en su vida iba mal, perdió a su madre durante los inicios de aquella rebelión, su padre estaba encerrado y posiblemente muy herido, su hermana aunque estaba bien vivía con el constante miedo de que la encontraran en el mundo humano, ella no había sido lo suficientemente fuerte para hacer frente a todo eso y tuvo que huir, pero la cerecita del pastel era que...
Ella había permitido que un hombre la marcara.
Un hombre el cual no supo más y que de alguna manera sintió que su compañía la reconfortaba, aunque sólo pasó con él unos minutos, minutos donde no se tenía que sentir fuerte, ni mantener un status, él la trató como una humana más.
Una humana que le fastidió las flores de su querida hermana y trató de meterlo en aquel lío.
Juntó sus cejas pensativa.
No debía ser egoísta, él tenía ya sus propios problemas para que ella lo arrastrara a su desastre, además que no era bien visto relacionarse con los humanos más que todo porque les temían, aún habían hechiceros que temblaban al recordar esos tiempos oscuros donde la Iglesia trataba de darles caza.
-Senku… -Suspiró mirando el suelo mientras caminaba sin interés alguno.
Él era diferente, podía sentirlo.
Y otra cosa era que sus marcas ardían de vez en cuando, no entendía muy bien el por qué, no sabía mucho de eso, pues su padre no le había explicado mucho al respecto y a ella tampoco le importó saberlo, y ahora que tenía la oportunidad de preguntar no tenía a nadie, pues más ninguna otra persona sabía que le perteneció a alguien (Aunque fueron pocas horas) salvo su hermana Ruri y el Consejero de la corona.
Y con ninguno tenía algún tipo de contacto "Por su seguridad", más que todo para que no la rastrearan.
Estaba muy deprimida, trataba de despejar su mente caminando por ese lúgubre lugar a escondidas de Jasper y Turquoise pero no lograba animarse.
¿Pasará el resto de su miserable vida encerrada dentro de ese asqueroso mundo?
¿Morirá vieja y decrépita sin haber disfrutado las aventuras que soñaba de niña saltando entre los distintos mundos?
Una rebelde lágrima corrió por su mejilla y maldijo a su suerte.
. .
-Respóndeme -Habló en tono serio mientras se cruzaba de brazos.
-Yo… Yo no puedo contarte nada, Ruri me hizo prometerle que no diría nada -Respondió sudando frío mientras se removía incómodo en su lugar, odiaba mentir, sobretodo a quien consideraba su mejor amigo desde la secundaria.
-¡Maldición, Chrome! -Golpeó con el puño el mesón del laboratorio- Hiciste un pacto con ella, acabo de ver tu marca en el cuello -Lo señaló con el dedo de manera acusadora.
Estaba empezando a perder la paciencia.
-¡Sí hice un pacto con ella, pero no puedo decirte Senku! Además… -Algo no cuadraba en la actitud de su amigo- ¿Cómo es que sabes sobre las marcas de los pactos? -Chrome enarcó una ceja, jamás imaginó tener este tipo de discusión con el que consideraba el científico más lógico y escéptico que conocía.
El aludido cerró sus ojos masajeándose el puente de la nariz, sopesando los pros y contras de lo que haría a continuación luego los abrió pasando la palma de su mano por el frente de su rostro haciendo aparecer las suyas sin decir una palabra.
El rostro del castaño se desencajó por completo tambaleándose hacia atrás producto de la impresión.
-¡¿H-Hiciste un pacto?! -Chrome aun no cabía en la sorpresa- ¡¿TÚ?!
-Sí, ahora sí vas a decirme ¿O no? -Se rascó el oído con fastidio.
-P-P-Pero... -Tartamudeó tratando de poner sus ideas en orden.
-Chrome -Interrumpió Senku mirándole con severidad- Hiciste un supuesto "pacto" -Enfatizó levantando sus manos moviendo los dedos para marcar las comillas- con una persona que no pertenece a este universo, probablemente alguien de un universo distante que de alguna manera viajó desde allá hasta acá de manera inexplicable.
Por ahora.
Le encontraría explicación a esta situación sí o sí.
Su compañero miró el suelo con seriedad llevando su puño a su mentón pensativo, a decir verdad y aunque no se lo haya contado a Ruri él también pensaba esa posibilidad y ahora que Senku le reveló que él también estaba investigando este enorme enigma para la humanidad le hacía sentir…
Menos loco.
Ambos científicos mantuvieron el silencio por un prolongado tiempo, ambos pensando y tratando de encontrar una explicación lógica a su situación.
-¿Cómo hiciste eso?
-¿Qué?
-Eso… ¿Cómo hiciste aparecer tus marcas sin recitar la palabra en latín? -Cuestionó el mayor cruzándose de brazos.
-He estado investigando por mi cuenta -Respondió con sequedad sentándose en una silla cercana.
No iba a revelarle todo el tiempo invertido experimentando con el poder que Kohaku le concedió a través de su propio pacto.
-Yo a duras penas he podido cambiar de forma algunas cosas -Se quejó haciendo una mueca.
Senku sólo sonrió levantando su mano dejando un dedo a la vista e inmediatamente los objetos de ese laboratorio violaron la ley de la gravedad empezando a levitar lentamente.
La mandíbula de Chrome llegó al suelo.
-¡Qué malote! -La emoción lo engulló corriendo a ver los objetos que estaban flotando en su sitio ante la sonrisa arrogante del albino que luego bajó la mano dejando todo en su lugar, como debían estar.
Senku buscó algo en el bolsillo de su bata y se lo llevó a la boca, su compañero lo miró con desconfianza.
-Son pétalos de girasol -Aclaró- Hacer cosas así consumen mucha energía.
-Ya veo…
-¿Entonces?
-¿Entonces qué?
-¿Qué sabes de todo esto, Chrome?
El aludido suspiró con pesadez, sabía que no saldría de esa tan fácil.
Pidió perdón mentalmente a su novia, pero la curiosidad innata de ambos como científicos debía ser saciada.
-¿Qué quieres saber?
-Todo.
-No sé por dónde empezar, hace menos de seis meses fue que Ruri me habló del pacto -Susurró
-¿Tienen casi dos años saliendo y hasta hace seis meses es que la besas? -Se burló el albino y su amigo lo miró mal.
-¿Y tú qué? -Se sentó en una silla cercana- ¿Cómo es que llegaste a hacer el pacto? No te he visto con nadie, ¿Cómo es que las conseguiste tú? -Cuestionó.
-Hace veintidós meses conocí a una Leona que me ofreció un pacto -Soltó con cautela estudiando las expresiones del castaño.
Para hacerse más fuerte.
-Sí, Ruri me habló de eso cuando me confesó que era una bruja -Apretó sus labios- Me dijo que un pacto era una declaración de amor de ambas personas que los hacía más fuertes, en caso de los humanos les otorgaba poderes que están fuera de nuestro entendimiento -Dirigió su mirada encontrándose con los ojos rojos de su amigo que le estaba prestando su entera atención, señal de que lo que estaba diciendo le interesaba en demasía.
Senku le estaba tomando en serio, parpadeó algo perturbado, se sentía estúpido que ambos como científicos estuvieran hablando de algo como la magia, continuó.
-También me contó que existían tres fuentes de energía que…
-Eso ya lo sé -Interrumpió el albino encorvándose hacia adelante apoyando sus codos en sus rodillas juntando sus manos- ¿Te contó algo de la marca?
-Lo que me dijo fue que estas aparecen en ambas personas luego de haberse besado y que responden a las emociones y estado del otro -Senku arrugó las cejas- Básicamente te avisan sobre cómo está la otra persona.
El albino clavó sus ojos en el suelo.
-¿Arde?
-¿Qué?
-Que si te arde cuando algo le sucede a... Tu novia -Masculló el científico menor, por algún motivo la ansiedad empezó a hacer estragos en su interior.
-Sí, Ruri también mencionó que si alguno de los dos muere la marca sangra por varios días -Chrome sintió la necesidad de decir aquello último.
Senku expiró el aire que no sabía que estaba conteniendo, por algún motivo se sintió aliviado, una de las preguntas que tenía acerca de aquella mujer había sido respondida de manera indirecta.
La Leona seguía viva.
-Entonces sí tienen una utilidad… -Susurró.
-Y no es la única…
-¿Qué quieres decir? -Volteó a verle con intriga.
-También puede llevarte hasta esa persona -Senku abrió sus ojos de par en par.
-¡¿Cómo?! -Se levantó del asiento tomando al castaño por los hombros.
-E-Eso no lo sé, Ruri no me ha dicho más nada de eso -Chrome tembló en su lugar, la mirada que le estaba profiriendo su amigo era intimidante.
Él científico lo soltó con algo de brusquedad dándole la espalda.
-¿Sabes algo sobre la situación política de allá?
Chrome arrugó las cejas esta vez.
-Lo único que sé es que el conflicto es grave -Mintió con pesar, era un tema delicado para su novia.
-Toman mujeres a la fuerza para hacerse más poderosos, Chrome -Soltó Senku con frialdad volteando a verle- Cuando supe de esto habían varias familias de… Hechiceros – Se sintió ridículo con el simple hecho de mencionar esa palabra- que estaban en proceso de tomar el Reino.
Hace casi dos años, algo debió pasar durante todo este tiempo.
-El Reino ya fue tomado, el Rey fue encerrado y sus hijas… -Senku tragó duro- Sus hijas fueron enviadas a otros universos en un intento desesperado de su padre por protegerlas, se desconoce el paradero de una…
-¿Una?
-Sí, Ruri es una de esas princesas y no sabe dónde se encuentra su hermana -Respondió con pesar el castaño.
Esta vez fue Senku el que se desencajó y su amigo no entendió el motivo de su sorpresa.
Entonces la novia de Chrome es la hermana de Kohaku, pero ella no sabe de su paradero.
Era lógico después de todo, si debían huir no se irían juntas, de esa forma habría al menos una manera para que alguna de ellas pudiera rescatar el Reino, como la Leona quería.
-Chrome, preséntame a tu novia.
-¡¿Qué?! No, eso no lo haré, no sé qué estás pensando pero no te presentaré a MI Ruri -Cruzó sus brazos enojado, no podía creer que Senku fuera esa clase de persona.
-No seas idiota –Se rascó el oído sintiendo una de sus cejas temblar- Quiero saber más sobre toda esta situación y ella debe extrañar a su hermana, yo tengo la manera de conseguirla.
-¿Cómo? -Chrome se vio ligeramente incrédulo.
-Lo sabrás en lo que lleguemos allá -Respondió tajante.
Él se vio dubitativo por unos minutos, su amigo hizo un movimiento y las marcas desaparecieron otra vez, definitivamente era algo que debía saber Ruri, quizás Senku podría ayudarles a rescatar a su futuro suegro si unían fuerzas, podría ser un muy buen aliado.
Le dolía ver a su novia sufrir y llorar entre sus brazos gimoteando el nombre de su hermana y el de su padre impotente por su propia debilidad, se sentía miserable al no tener idea de qué hacer exactamente pero…
Había un atisbo de esperanza está vez para ayudar a su novia.
-De acuerdo, pero déjame al menos llamarla y explicarle.
-Bien, nos vemos en mi oficina en dos horas -Sentenció Senku saliendo del laboratorio.
Dos horas habían pasado, las dos horas más largas de su vida.
O al menos así lo sintió.
Caminaba de un lado a otro pensativo, estaba ansioso tenía que admitirlo, había tenido suerte en ver la marca de pacto en la nuca de su amigo en un descuido, porque sino… Quién sabe cuánto tiempo le habría tomado saber esa información.
Ya había hecho planes, dependiendo de lo que le dijera Ruri estaría partiendo hacia la ubicación de Kohaku más tardar en la madrugada, la verdad no quería perder tiempo, quería ver a esa Leona y comprobar por sí mismo que ella se encontraba bien, después de todo este tiempo creyendo que el amor era algo problemático acababa de comprobar que efectivamente no se equivocaba.
Esa mujer había puesto su vida de cabeza.
Él se repetía constantemente que no la amaba pero que sí sentía un gran aprecio hacia ella pues le había hecho experimentar y descubrir muchas cosas nuevas.
Bueno, también sentía atracción hacia su cuerpo porque debía admitir que era hermosa.
Demonios que era hermosa, una belleza casi irreal e irresistible, tanto que fue protagonista de todas y cada una de sus fantasías sexuales, muchas veces se preguntó como sería el sonido de sus gemidos, la sensación de su cuerpo al tacto…
La primera vez que ese tipo de pensamiento surcó su mente se sintió un completo degenerado, pero…
¿Estaba mal fantasear con alguien que te gusta?
Estuvo repitiéndose muchas veces que debía enfocarse y evitar distraerse con eso, pero el estrés del proyecto y sus propias investigaciones con respecto a los universos distantes y paralelos estaban orillándolo a sufrir un colapso, la liberación se oxitocina después de su solitario acto lo ayudaban a mantenerse cuerdo.
Y nadie mejor para pensar como esa hermosa mujer.
Pero debía admitir que masturbarse pensando en Kohaku no le hacía sentir orgulloso.
Respiró hondo por novena vez visualizando su reloj, en cualquier momento entraría Chrome por la puerta para llevarlo hacia la que probablemente tendría todas las respuestas que él necesitaba.
La puerta se abrió y con una señal su amigo y compañero científico le indicaba que era hora de irse.
El viaje les llevó a ambos al menos otras dos horas ¿Por qué demonios esa mujer vivía tan lejos? Se recostó en el asiento mirando el pequeño ramo de girasoles que solicitó hace un rato, era posible que ella lo necesitara.
Esperaba que no.
Notó como el auto de Chrome se desviaba del asfalto hacia un camino de tierra adentrándose a un bosque, desactivó el piloto automático y tomó el control yendo tras él.
Por algún motivo ese lugar le hacía sentir bien, hace tiempo atrás hubiera hecho una muy mala cara porque no tenía ningún tipo de tecnología avanzada a su disposición, pero en este momento era distinto, sintió como si tuviera un par de copas de vino encima e inmediatamente recordó el momento en que la Leona jugueteaba con su dedo en casa de sus padres.
Un nuevo descubrimiento se hacía presente:
La vegetación influía en los estados de ánimos.
Pensó a sus adentros mientras estacionaba su auto a orillas de una colina, a lo lejos vislumbró una pequeña casita de madera cubierta con enredaderas con flores, la casa estaba rodeada de una pequeña cerca blanca dándole un toque más silvestre.
Senku no pudo evitar pensar en varios videojuegos de fantasía.
Chrome lo esperaba en el inicio de un pequeño camino de tierra y piedras.
-Aquí es -Anunció empezando a caminar hacia el hogar de esa princesa siendo seguido de cerca por su amigo.
Un aroma dulce inundó los sentidos de ambos hombres, olía delicioso, Chrome se apresuró a entrar en su búsqueda y al encontrarla la envolvió en sus brazos tomándola por sorpresa mientras sostenía una bandeja de lo que presumió eran galletas, Senku quiso burlarse, su amigo estaba perdido por esa mujer, si no fuese porque estaba empezando a entender los límites de aquel extraño poder diría que ella lo había "Hechizado".
Un pequeño flash asaltó su mente, se imaginó ese momento pero siendo él con la Leona.
Se dio una bofetada mental ¿Cómo podía pensar cosas tan ilógicas? su amigo sólo estaba enamorado y ya, a diferencia de él.
Él no lo estaba, claro que no, solo le parecía atractiva, eso es todo, no había un ápice de amor hacia esa mujer recorriendo por todo su ser, en absoluto.
-¿Senku-san? -Indagó la rubia captando la atención del albino.
-Tú debes ser Ruri -Mencionó en tono serio, la verdad que el par de hermanas se parecían más de lo que creía.
Ella asintió con la cabeza y los invitó a sentarse en un cómodo y mullido sofá tomando una tetera empezando a servirles té.
-Chrome me ha contado todo -Habló ella con calma tendiéndoles su taza a cada uno- Me dijo que… Sabías la manera de encontrar a mi hermana… - Le miró con sus ojos esperanzados.
-Así es, pero antes quisiera que me respondiera algunas preguntas -Respondió mirando fijamente el contenido de su taza.
-Adelante.
-Necesito que me hables acerca de las marcas.
Ruri se notó extrañada.
-Chrome te dijo todo ¿No?
-Mencionó -Hizo una pausa desviando su vista a su amigo que le observaba expectante- Que había una manera de "Aparecer" junto a la otra persona que hizo el pacto –Con esa premisa la miró a los ojos.
Ruri en ese momento tuvo un presentimiento.
-¿Cómo es el proceso? -Preguntó finalmente.
En un principio ella no entendió la pregunta hasta que logró captar el mensaje.
-No es tan sencillo, debe haber algún tipo de conexión y dominio de la magia para lograr hacerlo, el proceso sí es más fácil, solo debes tocar tus marcas y chasquear los dedos -Explicó la rubia levantándose a buscar la cesta de galletas que ya se habían enfriado.
Senku no quedó conforme con esa respuesta ¿De verdad era tan fácil?
-Las marcas… ¿Es posible tener más de una?
Ruri tembló en su sitio, Chrome lo miró mal.
-Sí, es posible que salgan más marcas, pero es sólo si besas a varias personas, los que tienen varias marcas son…
Se quedó callada un momento mientras miraba la canastilla de galletas.
-Son consideradas prostitutas ¿No? -Finalizó el albino y ella se mordió el labio.
Si la idea de que el pacto se lleve a cabo solo entre dos personas y que estas quedarán unidas para toda la eternidad es que eran una población enteramente monógama, en lo único que pudo pensar fue en esa Leona imprudente.
Esperaba que no haya cometido la gran estupidez de hacer un pacto con otro.
-Por lo que sé hay distintas fases del pacto ¿Cuáles son?
-Pues… No diría que sean fases… -Jugó con el borde de una galleta colocando la canastilla en la mesa de centro- Pero sí van cambiando a medida que una relación avanza, se hace marca apenas ocurre el primer beso, luego se hace más grande después de la primera vez –Hizo una pausa sonrojada tomando té de su taza.
A Chrome ese gesto le pareció adorable.
-Después del alumbramiento del primer hijo se hace más tenue -Concluyó mirándolo a los ojos, Senku pudo entender la pregunta tácita impresa en sus ojos.
-Hace más de veintidós meses hice un pacto con una chica -Comenzó a decir lentamente- Dijo que me enseñaría todos sus trucos, pero al día siguiente desapareció -Prefirió omitir por ahora que había olvidado todo a causa del Consejero Real- He estado todo este tiempo investigando los principios de lo que ustedes llaman "magia" -Ella le miraba atentamente- Por lo que he descubierto tiene cierta limitación…
-Sí, todo depende de cómo se maneje y de qué tipo de energía te alimentes -Respondió Ruri dejando su taza en la mesita y se levantó- Hay que tener profundos conocimientos en Latín para poder recitar una acción.
-Eso ya no es necesario -Senku levantó su mano hacia la tetera la cual levitó y se dirigió hacia la taza de ella vertiendo parte del contenido ahí- ¿Desearías más té?
Ruri ahogó un jadeo de sorpresa.
-Había escuchado de grandes hechiceros que podían hacer casi cualquier cosa sólo con el poder de su mente… - Lo miró pasmada- De donde yo vengo son considerados una leyenda -Parpadeó- ¿Puedo ver tu marca?
Senku frunció el ceño, había venido por respuestas y sólo tenía más preguntas, obedeciendo la petición hizo aparecer las marcas de su pacto con la Leona.
La rubia abrió sus ojos de par en par al reconocer la forma de la marca
-Tú eres… -Él la miró con atención- ¡Eres el hombre con el que mi hermana hizo el pacto!
Chrome la veía incrédulo y de pronto algo hizo click.
-¡Tú estás buscando a la hermana de Ruri! – Se levantó señalando al albino.
-Diez billones de puntos para ti, Chrome – Se rió entre dientes rascando su oído con el meñique.
-Se supone que el pacto se había roto -Susurró Ruri pensativa con su mano tomando su mentón.
-El pacto sólo se puede romper si ambos están de acuerdo – Le aclaró- Ella decidió romperlo cuando Gen se lo dijo.
-¿Gen? -Chrome se vio profundamente confundido.
-¿Te refieres al Consejero de la Corona? -Ruri se notaba contrariada.
-Exactamente, no sé cuál sea el motivo ni lo que planea el mentalista pero por lo que veo la situación allí empeoró.
Ella bajó la cabeza visiblemente afectada.
Senku se levanta dando por finalizada la conversación, tenía muchísimas cosas qué hacer y sentía que estaba perdiendo el tiempo.
-La irás a buscar ¿Verdad? -Interrogó levantándose de su sitio sumamente esperanzada- Puedes decirle que la extraño mucho, por favor…
Él sólo sonrió afirmando con la cabeza y se marchó de ahí, tenía muchas cosas que pensar de camino a su casa.
. .
Había pasado las últimas horas encerrada en su habitación, no lograba detener sus sollozos, la depresión poco a poco empezaba a consumirla, toda su vida se hizo añicos en el último año y lo que le restaba a hacer era pasar sus días dentro de ese lúgubre lugar que drenaba su vitalidad constantemente.
Estuvo pensando en su madre, una mujer tan bella y valiente, fuerte y decidida, amable y dedicada, digna de ser la reina de ese lugar capaz de despertar la pasión de Kohaku por la magia más allá de la lucha, la mujer que más influyó en su vida y a la que asesinaron a sangre fría frente a sus ojos.
Dolía, dolía recordar todo eso, escuchar los desgarradores gritos de su hermana mayor mientras la tomaba del brazo obligándola a huir de la escena, para su suerte habían logrado escapar y llegar a los brazos de su padre.
Ahí había empezado todo.
La rebelión inició con la muerte de la reina.
Pensó en su padre, un hombre muy fuerte e inteligente, sobreprotector con sus hijas y un gran rey, lo vio destrozado y sangrando por la marca al enterarse de la noticia de su esposa, uno de sus pilares se había desmoronado y él no pudo hacer nada.
Entonces ella junto a Ruri decidieron tomar el control del Reino, pero al no tener un cónyuge nadie las tomó en serio por lo que Kohaku fue en busca de algún incauto para hacer un pacto…
Pero fue inútil, su poder había aumentado a duras penas.
Fue cuestión de tiempo para que tomaran el Reino y su padre desesperado las empujó lejos de ahí.
Volvió a llorar tapándose la cara con la almohada.
-Hasta que por fin te encuentro, Leona.
CONTINUARÁ
