Finalmente, el gran día había llegado. Tras semanas de estresantes idas y vueltas, Hinata Tachibana por fin podría contraer matrimonio con el hombre que siempre admiró y amó.

«¿Cuándo tuve un impulso tan estúpido como este?» se cuestionaba Draken mentalmente mientras escuchaba a Takemichi hablando sobre lo difícil que fue escoger un traje que le gustara.

—Oye, Draken... —Lo llamó con un deje de preocupación. Él lo conocía lo suficiente como para darse cuenta que no se sentía bien al ver su sonrisa forzada. —Si tienes algún problema, sabes que puedes contar conmigo. —Llevó una mano hacia su hombro y le sonrió.

Draken estaba completamente abatido. Ver la sonrisa de Takemichi ante una situación que obviamente era una farsa, lo exasperaba.

—Lo sé, pero no quiero opacar tu felicidad con asuntos ajenos, ¿entiendes? —espetó en voz baja. Fijó su mirada en el fino saco negro que lucía su amigo y sonrió. —Hoy es un gran día.

Mientras esperaban la llegada de la novia, Takemichi se había reunido con sus amigos Draken, Chifuyu, Mitsuya y Emma en las afueras del registro civil.

—Takemichi, tú enfócate en lo que pasará hoy, ¿si? —Emma se acercó hasta él y lo abrazó. Hanagaki rodeó su espalda con sumo cuidado y la sobó lentamente. —Con saber que serás feliz con la persona indicada nosotros también lo somos.

El aludido soltó a la joven Sano y suspiró. Estaba feliz por contar con su compañía, apoyo y amistad. Sin embargo, había una idea que lo estaba incomodando.

—Oigan... —Su tono de voz había cambiado drásticamente, utilizando apenas un susurro. —¿Él lo sabe? —inquirió con un deje de preocupación y dolor.

Draken y Emma se miraron disimuladamente, Mitsuya cruzó sus brazos y resopló.

Todos estaban al tanto de los sentimientos que tanto Mikey como Takemichi sentían el uno por el otro. Sin embargo, las circunstancias los llevó hasta ese escenario donde Hanagaki estaba a punto de contraer matrimonio con su primera novia, la única mujer que tuvo el placer de conocer.

—A esta altura, supongo que debe saberlo. —respondió Takashi mientras observaba la llegada de los invitados al lugar. —¿Sigues pensando en él, aún cuando estás a punto de casarte con Hinata? —Su pregunta distaba de ser capciosa.

Takemichi desvió la mirada para evitar los ojos inquisidores de sus amigos. No obstante, Draken y Emma vieron perfectamente cómo sus orbes se cargaron de lágrimas que contuvo al instante. Hanagaki respiró profundo y cerró sus ojos.

—Sólo preguntaba por curiosidad... —Aunque quisiera mentir, nadie le creía. —Sólo deseo que se encuentre bien.

A pesar de que sus amigos apoyaban sus decisiones, el hecho es que sentían un profundo dolor por él, ya que conocían el secreto de quien sería su esposa algunos minutos más tarde; pero acordaron no hablar al respecto debido al estúpido plan de Mikey.

»—Regresemos adentro. Ella estará por llegar en breve. —sugirió y se adelantó, escapando del pasado y de los recuerdos del hombre que había robado su corazón tiempo atrás.

Porque así era el destino. Debía asumir que todo cambiaría después del sí.

[...]

Sin embargo, lo que todo parecía ser perfecto en la vida de Hinata Tachibana, francamente no lo era.

—¡¡No!! ¿¿Por qué tuvo que pasar esto ahora?? —gritaba con desesperación mientras intentaba comprender lo que estaba pasando delante de ellos.

La novia se encontraba dentro del automóvil que la llevaría hasta el registro civil, pero en una de las calles que acortaba su camino se encontraron con un extraño embotellamiento. Llevaban más de media hora esperando que alguien les diera una explicación y que comenzaran a movilizarse, mas era prácticamente imposible.

—No veo a ningún oficial de seguridad vial, señorita. —espetó el conductor, preocupado por lo que estaba ocurriendo y por cuán nerviosa estaba su pasajera.

—¡¡Bajaré aquí y me iré caminando!! —exclamó y quitó el seguro de la puerta.

—¿¿Estás demente?? ¡¡Son casi tres kilómetros de aquí hasta el registro civil!! —Su hermano Naoto, quien se encontraba sentado junto a ella, trataba de encontrar una solución al gran percance que tenían.

—¡¡Hoy me caso!! ¿¿Comprendes lo que pasa, Naoto?? —expresó en un tono rígido, claramente molesta.

La mirada de su hermana era preocupante, desesperada... Ella haría lo imposible por hacerlo.

—Lo sé, pero... —Las dudas abrumaron al menor de los Tachibana, quien masajeaba su entrecejo para hallar una solución. —¡Está bien! Pero vayamos con cuidado. Esos tacones no son precisamente para caminar tanto.

Ambos abrieron las puertas al mismo tiempo. Hinata sacó varios billetes del escote de su vestido y salió hacia la vereda. Caminaba con temor, desconfianza y molestia, pero no dejaría que su incomodidad le ganara. Naoto fue tras ella, disculpándose con el conductor del automóvil y corrió hasta alcanzarla. Ambos dejaron atrás el embotellamiento y tomaron una de las calles interiores que estaban en obra para evitar más problemas.

Lo que los hermanos Tachibana no imaginaban era que la razón del atraso se debía a que alguien se había encargado de cerrar la avenida y las demás calles para atrasar el viaje en automóvil de alguien que estuviera en apuros.

—Está listo el primer paso. Ahora todo depende de ti. —Hablaba un hombre de cabello largo y negro en su celular. Estaba vestido como oficial de seguridad vial e intentaba mantener la calma en los conductores. —El siguiente movimiento es tuyo, Mikey.

Porque aquel percance estaba dentro del malévolo plan de Mikey, quien colgó el teléfono apenas supo que el primer paso había resultado como lo supuso.

[...]

10 minutos antes del horario pactado...

Faltaban diez minutos para que la prórroga se acabara y todo sería en vano. Hinata caminaba con dificultad, sus pies estaban levemente inflamados ante la falta de costumbre de usar tacones y su vestido ya se había manchado apenas en la parte inferior debido al roce con el suelo.

Estaba agitada y sudaba frío. Su hermano corría detrás suyo con la intención de alcanzarla, pero no lo conseguía porque estaba buscando que su mejor amigo atendiera su celular.

Sumida en la vergüenza y en la molestia por llegar tarde, el brazo de Hinata sintió un ligero tirón que la devolvió a la realidad.

—¡¡Espera!! Mi amigo dijo que nos llevará, no te precipites... —exclamó Naoto entre jadeos, tratando de recuperar el aliento tras la veloz caminata.

Al oír que había hallado una pronta solución, Hinata esbozó una mueca de sonrisa. Llevó una mano a su pecho y desvió la mirada.

»—¿Te encuentras bien? —Naoto sujetó los hombros de su hermana y los masajeó sutilmente.

Ella dejó caer su cabeza hacia el lado derecho y soltó un pesado suspiro.

—Creo que si. Sólo quiero llegar cuanto antes, o lo perderé de nuevo... —murmuró y se refugió en los brazos del menor.

Confundido, Naoto abrazó con sutileza a Hinata y miró al suelo. En su pecho sintió la sensación de que algo estaba incomodándolo, al punto de ahogarlo en miles de preguntas que necesitaba externalizar.

—Oye, Hina...—susurró y tragó saliva antes de proceder a la cuestión que daba vueltas en su cabeza. —¿Aún piensas que es buena idea que te cases con Takemichi?

La pregunta no pudo haber sido más directa, más indiscreta y más dolorosa. Ella sabía que, desde el momento uno, la idea de contraer matrimonio con Hanagaki era una locura. Sin embargo, ella lo amaba y el casamiento era una prueba de fuego ante los pensamientos tradicionales de su familia que exigía un papel para considerarla una mujer completa, con un sueño planificado al lado de un esposo y futuros hijos.

Cuando estuvo a punto de responder, un automóvil se detuvo frente a ellos. La bocina alertó su llegada y los hermanos Tachibana voltearon de inmediato para ver de quién se trataba. Para sorpresa de ambos, su calvario resultaba aún más bizarro.

—¡Oye! —Bajó la ventanilla del acompañante y gritaba hacia ellos. —¿Necesitan ayuda? ¡Puedo alcanzarlos!

Naoto miró a su hermana con desconcierto y notó las lágrimas que se habían acumulado en las cuencas de sus ojos. Se percató del grito ahogado de su corazón y esperó a que ella diera la última palabra.

—¡Te lo agradezco, Mikey! Estamos esperando a alguien más... —respondió y esbozó una sonrisa forzosa.

—Creo que ese vestido se arruinará con la suciedad de la calle, ¿no has pensado en eso? —Hinata bajó la vista y notó el polvo que se iba acumulando en la tela. —¿A dónde te diriges con un vestido tan bonito?

Aquella batalla silenciosa era suficiente para que Hinata comprendiera que Mikey intentaba acorralarla.

—Takemichi y yo nos casaremos, ¿okey? —Hastiada ante tanta hipocresía, Tachibana levantó apenas su vestido para evitar arrastrarlo y comenzó a caminar. Segundos después, se detuvo y giró su cabeza para decir algo más. —No estás invitado, así que vete por favor. —Cerró sus manos y apretó su mandíbula.

Naoto, quien se encontraba cerca de Hinata pero podía ver las expresiones de Mikey, prefirió no involucrarse. Lo que notó es que Sano soltó un pesado suspiro y procedió a continuar manejando. Una vez que el automóvil se alejó lo suficiente, Tachibana llevó una mano hacia su rostro y gritó. Fue tan agudo que Naoto asumió que la rabia la consumió por completo.

Se acercó hasta ella, tomó su mano y le sonrió con amargura, pues le dolía el estado anímico de su hermana en —supuestamente—el día más feliz de su vida.

—No es justo, ¿entiendes? —espetaba entre dientes.

Mientras ella intentaba hablar, otro vehículo se detuvo frente a ellos. Esta vez sí se trataba del amigo de Naoto, un joven oficial que trabajaba con él y conocía a la familia Tachibana desde hacía tiempo.

—Hina, sube. Él está esperándote...

La joven miró al cielo y secó las lágrimas que humectaron sus mejillas. Agradecía mentalmente que su maquillaje fuese a prueba de agua para evitar llegar aún peor. Sacudió su vestido y lo levantó nuevamente para que no siguiera ensuciándose.

Se dirigió al automóvil y su hermano le abrió la puerta del asiento trasero. Esperó a que ella se ubicara y cerró. Seguidamente, Naoto se sentó en el asiento del acompañante y palmeó el hombro de su compañero.

Hinata, con la vista perdida en la calle, recordaba la mirada de Mikey al preguntarle por su vestido.

«Sé que aún sigues interesado en Takemichi, pero lamento decirte que él me eligió a mí para llevarme al altar, Mikey.»

—Gracias por venir, pero... ¿Podrías ir lo más rápido posible? Ya estoy llegando muy tarde. —pidió la novia al conductor. El joven asintió y aceleró.

Porque aún no había dado ese último paso para convertirse en la señora Hanagaki...

[...]

15 minutos más tarde del horario pactado...

Los invitados estaban alterados, ansiosos y desconcertados, pues Hinata no era una mujer impuntual y mucho menos dejaría plantado a Takemichi el mismo día de su boda. Estaban reunidos en pequeños grupos en los cuales murmuraban muchas cosas, incluso barajaban la idea de que ella al final se había arrepentido de llegar a ese día.

Emma, quien estaba a unos metros de esas personas, respiró profundo para serenarse. Aquella confesión de Chifuyu era bastante inverosímil viniendo de las acciones de Hinata, pero las pruebas eran suficientes para creerle.

—¿Creen que vendrá o lo abandonará? —cuchicheaban algunos curiosos que se habían acercado al ver que el casamiento se estaba atrasando más de lo normal.

—Para mí que se arrepintió...

Emma, encolerizada con la situación, apretó sus puños y caminó en dirección a la dos personas que estaban hablando a las espaldas de los futuros esposos.

—¿¡Por qué mejor no se preocupan en Hina y no se preguntan si está bien!? —inquirió con rabia. —Ustedes hablan porque el aire es gratis, ¿¡no!?

Las personas se mostraban impactada ante la actitud de la joven. Se miraron entre ellos y se alejaron de la chica. Inmediatamente, Draken apareció detrás suyo y la rodeó con sus brazos, capturando su cuerpo en un sentido abrazo.

Al notar la calidez del cuerpo de su novio, Emma dejó caer su rostro hacia el antebrazo de Ryuguji y cerró sus ojos para buscar la serenidad que había perdido en ese momento.

—Mikey lo está logrando, ¿no? —murmuró en su oído, mirando hacia ambos lados de la calle. —Ella se atrasó más de la cuenta.

—Esto salió de las manos de mi hermano. Algo más pasó. —aseguró Emma y volvió a abrir sus ojos. —¿Será que...?

—Probablemente. —Ella y él se entendían perfectamente, pues las palabras sobraban en su relación cuando la comprensión los rebasaba.

Emma giró su cuerpo y dirigió su mirada hacia el rostro de Draken. Él era demasiado comprensivo, amoroso y respetuoso con ella. Además, su gran capacidad intuitiva le permitía caminar un paso por delante de ella cuando estaba pensando en algo.

—Volvamos con Takemichi. Él debe estar muy preocupado y sospechará de nosotros si Mikey se salió con la suya...

Ken no esperó una respuesta de la joven Sano, sino que simplemente la tomó de la mano y enlazó sus dedos para dirigirse hasta un nervioso Hanagaki que no paraba de mirar el reloj de su muñeca.

Cuando se detuvieron frente a él, notaron que estaba comenzando a llorar de desesperación.

—¿Estará bien? ¿Por qué no responde mis llamados? —Takemichi sujetó a Draken de las mangas de su saco y respiraba con dificultad.

—¡Ya vendrá! —Intentaba calmarlo pero la realidad era que ni él estaba seguro de lo que Mikey tenía en mente.

¿Y si él la hubiera interceptado, amordazado y encerrado en algún lado? ¿Y si la hubiera engañado con llevarla a algún lado y la encerró en algún lado? ¿Y si robó el celular de Takemichi, la citó y luego la encerró en algún lado?

Tras varios minutos de incertidumbre, de presión por parte del juez que esperaba unirlos en matrimonio pese a haber extendido la espera, la novia finalmente se presentó en el registro civil.

Un automóvil de había detenido en la entrada del lugar y el primero en bajar fue su hermano. Luego, se dirigió hasta la puerta trasera y extendió su mano para sujetar la de Hina. Ella se aferró a él y bajó del vehículo. Acomodó su vestido y esbozó su mejor sonrisa.

Los presentes se sorprendieron al verla y abrieron paso para ella. Chifuyu miró a Takemichi con nostalgia al ver que las lágrimas de Hanagaki por fin habían escapado de su interior y bajó su rostro al sentir que aquel secreto jamás llegaría hasta él, viviendo engañado por mucho tiempo mientras creía en una ilusión.

Fuera de ello, Hinata sentía su corazón latiendo tan fuerte como la primera vez que lo conoció y su sonrisa se extendió con elegancia en su fino rostro colmado de preocupación desmedida.

Los aplausos no se hicieron esperar y mientras los hermanos Tachibana se iban acercando hasta la entrada del registro civil, Takemichi se percató de la llegada de un automóvil que conocía a la perfección. Uno que no había cambiado en absoluto y se mantenía tan pulcro como de costumbre. Su mirada se había desviado en dirección a su conductor y las lágrimas se volvieron más abundantes. Hina se percató de la actitud de Hanagaki y volteó sutilmente para ver qué era aquello que lo tenía tan angustiado, encontrándose con la verdad en medio de todo.

Humectó sus labios y sostuvo su sonrisa hasta que llegó a Takemichi, quien la sujetó de la mano para ingresar juntos al registro civil. Detrás de ellos, Naoto y Emma eran los testigos de ella; mientras que Chifuyu y Draken eran los de él.

Mikey observaba en la lejanía cómo el amor de su vida estaba a punto de contraer matrimonio y notaba cómo la tristeza desvanecía el malévolo plan que había trazado días antes, perdiendo las fuerzas de llevarlo a cabo.

Cerró sus ojos por un instante hasta que escuchó el incesante golpeteo de la ventanilla. Sobresaltado, abrió sus ojos y se encontró con Baji al otro lado, llevando en sus manos el uniforme de seguridad vial que había utilizado minutos antes. Mikey bajó el vidrio y recibió un cachetazo que lo exaltó.

—¿¡Estás diciéndome que hice el ridículo sólo para que tú sigas escondido en tu estúpido auto!? ¿¡Qué hay del magnífico plan!? —Baji se mostraba impaciente ante la actitud indiferente de Mikey.

—Ella se veía muy linda. Debo asumir y aceptar que él prefirió dejarme atrás y ya... —murmuró y se apoyó sobre el volante. —Quise ensuciar su ropa pero no pude hacerlo, ¿sabes? Me sentí un miserable al intentar retrasarla, molestarla y hacerle pasar un mal rato por celos...

Mikey sonaba demasiado sincero. De hecho, nadie lo había escuchado tan franco y eso se debía al gran amor que sentía por Takemichi.

Enfadado por todo el tiempo perdido, Baji metió la mano por la ventanilla y quitó el seguro. Luego, abrió la puerta y lo arrastró hacia fuera del vehículo, arrojándolo al suelo.

—¡¡Dime algo!! ¿¡A dónde carajo has olvidado todo lo que nos has dicho ese día!? ¿¡Por qué mierda me encargué de un trabajo tedioso sólo para darte gusto!? —gritaba y las personas que estaban en la vereda de enfrente volteaban a ver de qué se trataba el escándalo.

—¡¡Entiende que fui demasiado impulsivo!! Él... —Gruñó y golpeó el suelo con sus puños.

Baji lo sujetó de su ropa y lo levantó con todas sus fuerzas, elevándolo a una altura del suelo.

—¡¡Tú entrarás y harás lo que tanto presumiste que harías!! ¡¡Y yo te apoyaré!! ¿¿¡¡Está claro!!?? —Lo soltó y escupió hacia un costado. Baji dio media vuelta y miró a las personas que estaban viéndolo. —¿¡Qué tanto ven!? ¿Jamás vieron a un hombre enamorado que está a punto de cometer una locura? ¡¡Malditos hipócritas!! —gritó y refunfuñó.

Mikey respiró profundo y dirigió su vista en dirección al registro civil. Llevó una mano hacia su pecho y frunció el ceño.

«Takemichi no se casará con una mujer infiel.» pensó y cruzó la calle sin siquiera mirar.

Baji, preocupado, corrió tras su amigo en medio de los bocinazos e insultos de los conductores que debieron frenar de golpe ante la aparición repentina de Mikey.

A paso firme, Sano fue adentrándose al edificio, esquivando a los guardias de seguridad que le impedían el paso por obvias razones. Sin embargo, él no estaba solo. Baji se encargaba de reducirlos a golpes, aún cuando se arriesgaba a ser arrestado, él estaba dispuesto a todo para que Mikey demuestre realmente quién era.

Keisuke sacó su celular y corrió tras Mikey.

—¡¡Es el momento!! ¡¡Ahora o nunca!! —advirtió al detenerse frente a una de las puertas que se encontraba cerrada por la ceremonia.

Manjiro respiró profundo, frunció el ceño y pateó la puerta con la intención de abrirla. Pero fue en vano.

Una, dos y tres veces más lo hizo. No tuvo resultado favorable.

Desconcertado, Baji se acercó y giró el picaporte, abriendo la puerta que los separaba. El chirrido alertó a todos los presentes, quienes no dudaron en girarse para ver de dónde provenían los golpes o porqué la puerta se había abierto.

—¡¡Yo me opongo!! —Fue lo primero que gritó al poner un pie dentro de aquella enorme habitación. Mikey se adelantó hasta quedar a escasos metros de los novios y reafirmó su idea. —¡¡Me opongo rotundamente a que te cases, Takemitchi!!

Detrás de él, Chifuyu festejaba discretamente con sus manos que Mikey haya entrado en el preciso momento en el que el juez de paz había mencionado la dichosa frase. A su lado, Baji le guiñó para indicarle que el plan seguía su curso tal como estaba planeado.

Por otra parte, Ken y Emma habían acordado actuar con indiferencia por si las cosas salían mal, pues necesitaban aliados para trazar un nuevo plan si algo salía mal.

Al otro lado, el juez estaba hastiado y resopló al ver que su trabajo no terminaba más. Había esperado bastante a la novia y ya había excedido el tiempo de la ceremonia. Rogaba que nadie se interpusiera y así poder retirarse de una vez, pero todo se complicó cuando Mikey intentó derribar la puerta y falló.

Hinata, encolerizada, frunció su rostro y sus tiernas facciones se deformaron en una que llegó a darle miedo incluso a su propio hermano. Formó puños y se acercó deliberadamente hasta Mikey. Le dio un cachetazo y soltó un grito agudo para desquitar su rabia.

—¿¡Qué ganas viniendo a molestarnos!? ¿¡Por qué tienes que seguir siendo la sombra!? —reclamaba Hina, angustiada y con lágrimas que desbordaron de sus ojos.

Mikey, con el rostro fijo hacia el lado contrario del que recibió el cachetazo, comenzó a reír. Luego, miró fijamente a la novia y negó con la cabeza.

—¿Q-qué haces aquí, Mikey? ¿Cómo supiste...? —Takemichi tenía la voz entrecortada. No podía creer que él llegara en el momento menos pensado.

Escuchar su voz lo estremeció. Sintió cómo su piel se erizó al mirarlo a los ojos y comprobar que el hombre que tanto amaba estaba al otro lado, esperando por alejarse por completo de él.

—¡¡He venido por ti!! —Esquivó a Hinata y se acercó hasta Takemichi. —¡¡Sé que lo nuestro pudo haber sido mejor si no hubiera sido un imbécil, pero mi amor por ti sigue tan vivo como el primer día!! ¡¡No creas que permitiré que deseches tu vida así como así!!

—¡¡Tú ya lo has dejado atrás!! ¡¡Él me eligió a mí!! —exclamaba Hinata con desesperación. —¡¡Vete, Mikey!!

—¡¡No lo haré!! ¡¡Y mucho menos si tú te burlas del amor que él pudo darte!! —Sujetó la muñeca de Takemichi y lo arrastró con él.

De pronto, Hanagaki se detuvo y obligó a Sano a voltear a verlo.

—¿De qué hablas...? Hina jamás... —Su voz se apagaba por la angustia que se acumulaba en su garganta.

Mikey, con una firme determinación, llevó sus manos hasta las mejillas de Takemichi y sonrió.

—Ella te ha estado engañando. Y todos aquí lo saben... —murmuró. —Todos, excepto el idiota de su hermano. —Señaló a Naoto y éste se mostró desconcertado ante la situación.

—¿¡De qué hablas!? —inquirió la acusada, nerviosa ante las palabras de Mikey. —¡¡Y-yo jamás...!! —Cuando quiso abalanzarse contra Sano, trastabilló y fue él quién la sujetó del antebrazo para evitar su caída.

Hina, ofendida y humillada desde que salió de su casa, rompió en llanto. Takemichi no podía verla en esa situación y se acercó hasta ella para abrazarla. Sin embargo, sus ojos estaban colmados de decepción y tristeza al oír de la boca de Mikey una calumnia tan grave.

—Hina... —Hanagaki la rodeó con sus brazos y susurró. —¿Es cierto lo que dice? No me mientas, por favor. —Sus palabras eran veneno en sus oídos.

Hina estaba aferrada al traje de Takemichi y dejó caer sus brazos al escucharlo. Estaba resignada y ya no había escapatoria.

—Perdóname... —respondió y escondió su rostro en la curvatura de su hombro. —No pude... Quería sentirme amada...

Takemichi, al confirmar la traición de su futura esposa, depositó un beso en su cabeza y la soltó. Hina lo miró a los ojos y él secó las lágrimas de su rostro.

—Gracias por ser honesta en el día de nuestra boda. —espetó con un deje de sarcasmo.

Sin perder ni un solo minuto más, Mikey volvió a tomar la mano de Takemichi y corrieron lejos de aquella horrible celda en la que estaba a punto de firmar su sentencia de muerte.

Todos, excepto Naoto y Hina, estaban felices por el heroico acto de su amigo.

Por otra parte, Mikey corría a una gran velocidad y sentía un ligero peso al arrastrar a Takemichi. Por esa razón, se detuvo y corroboró su estado.

—¡¡Oye, oye!! ¡¡Espera un poco!! —exclamó Takemichi, sosteniéndose de sus rodillas para recuperar el aliento. —¡¡Estoy-

De pronto, sintió como Sano lo había cargado hasta su hombro y corrió con él a cuestas, olvidando que prácticamente era mucho más alto y pesado que él. Ambos salieron del registro civil y las personas que se encontraban afuera murmuraban y criticaban al novio por permitir que alguien más se lo llevara.

—¡¡Aléjense de él o se las verán conmigo!! —amenazó Baji con una botella rota en mano mientras le cuidaba la espalda a su amigo. —¡¡Malditos moralistas de mierda!!

Keisuke se aseguró de que Mikey y Takemichi subieran al automóvil para salir corriendo del lugar y cerciorarse de que nadie los siguiera.

Como un peligroso pandillero, Baji montó su motocicleta y cortó la calle para que los invitados perdieran el rastro de su amigo.

—¡¡Ellos merecen ser felices y ustedes no se interpondrán!!

El clima desconcertó a los presentes, recibiendo a una novia que, aparentemente, había sido abandonada por Takemichi. Lo que nadie sabía era la razón por la cual él se había retirado.

Lo primero que hicieron todos fueron agolparse para preguntarle a Hina lo que había pasado, pero Naoto se encargó de alejarlos para darle un respiro.

Chifuyu, Emma y Draken estaban cuchicheando y Matsuno se mensajeaba con Baji para alertarle todo lo que sucedía en el interior de la ceremonia fallida.

—Ustedes sabían, ¿verdad? —inquirió con resignación y su mirada perdida en el cielo. —Estaban al tanto de que Mikey sabía dónde nos casaríamos...

—Lo siento mucho, Hina —Draken tomó la palabra. —. Tú sabes que Mikey es mi mejor amigo y también mi cuñado, no podía ocultarle la verdad.

—Y fui yo quien te vio... —Chifuyu se responsabilizó de sus actos. —Fue una noche, tú salías del mismo hotel alojamiento al que había ido y estabas con otro muchacho —Desvió la mirada hacia Naoto y frunció el ceño. —. Ahora sé que lo conociste a través de tu hermano. Parecen amigos...

—Basta, Chifuyu —Emma se acercó hasta su amiga y la abrazó. —. Lo siento mucho, yo te aprecio demasiado pero cuando supe que engañabas a Take, no pude negarme ante la idea de ver feliz a mi hermano.

Hina bajó la mirada y cerró sus ojos. Ya había perdido la última oportunidad de ser feliz con Takemichi, pero también estaba cansada de mentirse a sí misma cuando Hanagaki jamás había olvidado a su antiguo amor.

A lo mejor no fue la manera adecuada, pero el destino supo ubicarla nuevamente en la tierra.

—Soy una tonta... —lamentó y se alejó corriendo del lugar.

Porque el amor que creía ver en Takemichi era una idealización del suyo. La realidad la abrumó al mostrarle que su corazón siempre le perteneció al hombre que irrumpió su boda para arrebatarle el velo que cubría sus ojos y le mostró que ellos jamás debieron haber roto su relación.

[...]

Algunas horas después...

Mikey manejaba en silencio, con la vista fija en la ruta. Había puesto algo de música en una radio que apenas podía sintonizar. Takemichi se encontraba sentado a su lado, observándolo de soslayo y esperando que él hablara primero sobre lo sucedido.

Las yemas de sus dedos golpeaban sus rodillas y los dedos de sus pies estaban inquietos.

El vehículo ingresó a una de las enormes chacras que conformaban el tranquilo pueblo. El campo era extenso, colmado de grandes árboles que tenían copas que estaban cuidadosamente cortadas, un pequeño jardín de rosas rojas cubierto para evitar que el clima las dañara y su hogar ubicada al final de toda la maravillosa vista natural.

Mikey detuvo la marcha y se bajó en silencio. En todo el camino no había soltado ni una sola palabra, ni un suspiro ni una mirada...

Takemichi lo siguió y ambos se detuvieron frente a las rosas.

Fue en ese momento cuando Sano volteó a verlo a los ojos y sonrió. De manera genuina, Hanagaki también lo hizo y se emocionó al estar nuevamente con él.

—Todo este tiempo me culpé por dejarte ir, no supe valorarte y mis propias inseguridades te alejaron hacia una persona que te daba lo que yo no... —confesó Mikey, con una mano en su pecho. —Pero cuando me enteré que ella estaba engañándote, supe que era mi última oportunidad para demostrarte que nunca te olvidé y que mi amor por ti sigue intacto.

El viento sopló con fuerza y llenó sus rostros de hojas, desviando por un segundo la mirada hacia el otro. Cuando se detuvo, sus orbes volvieron a encontrarse.

En ese instante, Mikey no soportaba la lejanía y el amor estaba asfixiándolo. Sin pensarlo más, asaltó los labios del hombre que estaba delante de él y sujetó sus mejillas para secar sus lágrimas.

Un beso que al principio era amargo pero luego fue endulzándose al punto de empalagarlos, colmado de amor y deseo, de perdón y resignación...

Un reencuentro apasionado tras un tiempo separados por el miedo al compromiso de Mikey, una inseguridad que desgastó su relación y llevó a Takemichi a regresar con su antiguo amor, Hinata Tachibana.

Hanagaki rodeó la espalda de Mikey con sus brazos y lo apegó más a él, demostrándole que su cuerpo aún respondía a sus estímulos tal como en el pasado. Sus lenguas barrieron los rastros de la traición que Hina pudo dejar en Takemichi y tatuó sus claras intenciones de volver a sembrar el amor que dejó en suspenso dentro de su ser. Sus alientos se acortaban, sus cuerpos suplicaban una tregua para respirar, mas era imposible soltarse.

Hasta que lo hicieron y sus corazones buscaban la serenidad luego de aquella fuerte ola de amor teñido de lascivia que fue entregado en aquel beso.

—Te amo tanto... —murmuró Mikey, esbozando una tierna sonrisa mientras sus mejillas se ruborizaban. —No podía permitir que te casaras con alguien que te haría infeliz, mucho menos que te casaras con alguien que no fuera yo...

Takemichi, atónito, tapó su rostro por pena. Sin embargo, lo observaba a través de sus dedos y sentía cómo su rostro ardía por las palabras de Mikey.

»—Takemitchi... —Sujetó sus manos y las apartó de su rostro. —¿Me permites enamorarte una vez más? —Sus ojos se posaron en los temblorosos labios de Hanagaki. Humectó los suyos y agregó: —Me encantaría que, en un futuro, tu cuerpo luzca un traje tan elegante como el que tienes ahora para llevarme al altar y que luego lo desgarre para consumar nuestro matrimonio...

Mikey sabía cómo acorralar a Takemichi con palabras seductoras.

—N-ni siquiera deberías preguntarlo... —respondió en un tono tímido, atrayendo aún más a Mikey. —T-te llevaré a dónde tú quieras, cuando tú quieras...

Y una vez más, Mikey besó los labios del hombre que tanto amaba. Sin embargo, a diferencia del anterior, dejó en claro que sus palabras no eran en vano y su amor no volvería a ser a medias. Mikey daría todo de sí para no equivocarse otra vez y sufrir por perderlo.

Suplicantes de placer, los labios de Sano quemaban los de Hanagaki y lo instaba a ir más allá de lo planeado.

—Oye... —Takemichi se separó apenas de él y susurró, humectando sus labios. —Si sigues así, acabaremos mal...

—No sé si mal, pero podremos acabar como gustes... —respondió en un tono seductor y se lanzó hacia él, cayendo ambos al suelo.

Porque así lo había decidido: definitivamente, Takemichi NO se casaría con una mujer infiel.

No mientras él existiera y su amor siguiera intacto como la primera vez.

Y aunque Hanagaki intentara buscar el amor en otras personas, jamás volvería a experimentarlo como con Mikey, su primer gran amor. Ningún beso sabría tan delicioso, dulce y tibio como los suyos; ninguna caricia se sentiría tan arrolladora como su propio ser; ninguna palabra sería tan fuerte como para acorralarlo tal como sabía hacerlo él.

Y Takemichi lo sabía perfectamente. Él NO se casaría e intuía en el fondo de su alma que Mikey interrumpiría de algún modo, al menos estaba aferrado a esa idea y así se cumplió. Ambos huyendo del qué dirán, de sus miedos, de los prejuicios y de todos.

Al final de cuentas, que Hinata le haya sido infiel fue el detonante que necesitaba Mikey para volver a luchar por el amor.

« Algún día les devolveré el favor por ayudar a robarme el novio de una boda. Sonaba muy cliché, pero tiene mucho sentido cuando la persona que se casará es la que tu corazón eligió para siempre. Te amo, Takemitchi.»

Fin.