Hola a todo el mundo, hoy traigo un crossover entre Swat Kats y Gorillaz, dedicado a las víctimas de atentados, centrándose en el ataque del 11 de marzo de 2004. También hacen su aparición los protagonistas del cuento El lamento del océano, de la ilustradora valenciana Victoria Francés.

Sé que afrontamos tiempos duros, debemos intentar ser fuertes y no rendirnos. En el episodio del atentado recomiendo oír la canción Esta madrugada del dúo Amaral. Otros temas vinculados son Jueves de La Oreja de Van Gogh, Ecos de Luz Casal, Magerit de Marcos Vidal, Nadie sabe a donde va de Ricardo Arjona, Trenes de la muerte de Cruza en rojo y Un viaje a ningún lugar, interpretada por Many Black.

De antemano, les pido disculpas si no ha quedado interesante. ¡Nos vemos!

Una promesa de amistad.

La pintora suspiró, tomada de la mano de su esposo. ¡Vaya que le tomó de sorpresa la idea de que sus obras serían exhibidas en una galería en el extranjero! Sus ojos brillaron y notó que le ahogaba la emoción.

-Estoy tan orgulloso de ti -Hayedo besó los nudillos de Cyber.

Se abrazaron y se dirigieron a un fotógrafo y su novia. Él terminaba de firmar algunas ediciones de su última publicación, que reunía paisajes de diversos países de Europa.

-¡Ha sido todo un éxito! -dijo Murdoc mientras Paula lo besaba en la mejilla.

-Es bueno promover la cultura -añadió un músico, quien venía acompañado de su mejor amigo.

-Russ tiene razón -asintió Del, ofreciendo amable a los presentes unas botellas de agua mineral.

Se habían conocido en el avión que trasladaba a los participantes de una exposición celebrada en Madrid y congeniaron al punto. Caminaron hacia el hotel, charlando muy alegres. Los esperaba en la entrada una pareja que pasaba en España su luna de miel.

-¡Felicidades a todos! -Miho, apodada Noodle, les entregó unos ramos de rosas sin espinas.

-Gracias, amiga, son hermosas -Pau la observó conmovida.

-Tenemos que celebrar -propuso Stuart, conocido como 2D.

Eran profesores de música, amigos desde la universidad. Después de la titulación, iniciaron un romance y cerca del campus donde sus vidas se cruzaron, él le había propuesto matrimonio.

Fueron a una cafetería que quedaba a pocas calles de distancia. Ya estaban a punto de entrar cuando…

-¡Las carteras!

Cuatro chicos que tomaron asiento junto al ventanal se pusieron de pie al advertir que unos asaltantes rodeaban a los extranjeros y quitaban las pertenencias a las damas.

-Ni se les ocurra intentar algo -uno de ellos, portando un cuchillo, amenazaba a los hombres.

-¡Déjenlos en paz!

Los dos muchachos mostraron sus credenciales de policía y lograron detenerlos.

-¿Os encontráis bien? -una camarera se ocupó de las damas.

-Sí, gracias a ellos -dijo Cyber, algo pálida.

El cajero telefoneó a la comisaría más próxima. Los testigos prestaron declaración y vitorearon a ambos vigilantes.

-Habéis sido muy valientes -dijo el cajero cuando se reunieron en una mesa larga.

-Estamos de vacaciones con nuestras cónyuges y no podíamos quedarnos de brazos cruzados -las contemplaron con ternura.

-Yo soy Sirena y él es Zachary -dijo la moza, intercambió una sonrisa tímida con su compañero y casualmente repararon en que llevaban anillos de compromiso.

-Yo me llamo Calico, pueden decirme Callie, encantada de conocerles -dijo una de las muchachas.

-Mi nombre es Felina, un placer -agregó la otra joven.

-Nuestro amigo es Chance, yo soy Jake -espero que nos llevemos bien -añadió uno de los carabineros.

Al cabo de un rato, los catorce chicos parecían amigos de toda la vida.

-¿Os gustaría que Zach y yo les hagamos un tour por España? -ofreció Sirena.

-No queremos ser una molestia -contestó Russell, humilde.

Los demás declinaron con gentileza la invitación, sin embargo insistieron con dulzura hasta que los convencieron.

En los días sucesivos, fueron explorando otros rincones: Cuenca, Toledo, Segovia, Alcalá, Soria… Visitaron el Parque del Retiro, el Monumento a Cervantes, la Mezquita de Córdoba, el Templo de la Sagrada Familia, La Alhambra, la Casa Batlló, el Palacio Real, el Mercado Central de Valencia y la Glorieta de Murcia.

Un día de marzo, se pusieron de acuerdo para reunirse en una estación. Tenían planeado ir a San Sebastián para un paseo de despedida. Cyber, Hayedo, Murdoc, Paula, Del, Russ, Noodle y 2D volverían a Essex, Inglaterra. Chance, Felina, Callie y Jake debían retornar a Estados Unidos.

-Nos volveremos a ver -afirmó Hayedo en la estación de Atocha.

-¿Es una promesa? -preguntó Sire (así le decían con cariño). Un nudo le oprimió la garganta. A su lado, Zachary trataba de mostrarse fuerte, pero se secó sigiloso una lágrima.

-Sí, una promesa de amistad -dijo Cyber intentando mostrarse risueña.

Extendieron solemnes los brazos y sus manos se unieron en el centro.

-¡Que cajas tan pesadas! -se quejó un hombre.

-¿Le ayudamos, señor? -preguntó Jake, seguido de Chance, Del y Russ.

-¡Que buena disposición! -exclamó con gratitud.

-¡Ay, no, se me rompió la bolsa! -gimió una anciana. Unas frutas y verduras cayeron al piso.

-Venga, señora, le conseguiremos otra bolsa -ofreció Felina mientras ella, Callie, Cy, Noodle y Paula recogían los alimentos.

-¡Aw, que bondadosas! La juventud no ha perdido la virtud, verso.

-Tranquilo, mi niño, ya vamos a llegar a casa -una madre acariciaba a su bebé en un coche y miraba con expresión de cansancio unas maletas.

-Nosotros llevaremos el coche -se ofreció Zachary, de pie a unos metros de Hayedo. Sirena tomó al niño con movimientos gráciles y Stuart y Murdoc cargaron las maletas.

-¡Gracias, gracias, benditos seáis!

Fuera de la estación, se congregaron mirando un reloj en un edificio.

-Tal vez podemos ir a buscar un bus -sugirió Muds señalando una parada.

De pronto, una explosión se sintió. Cayeron de rodillas y los caballeros protegieron con sus cuerpos a las damiselas. Observaron, atónitos, que una multitud salía del metro, despavorida. Una columna de humo se alzaba hacia el cielo.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Cy, reparando en que sus piernas temblaban. Hayedo le pasó un brazo por los hombros. Todos escucharon gritos de auxilio, sollozos, voces confundidas. Pensaron al unísono: "Nosotros pudimos haber estado ahí".

Aunque tuvieron la opción de marcharse, una fuerza extraña les incitó a aproximarse a la estación. Se les heló la sangre en las venas. Unos vagones destrozados, gente herida, los servicios llegando a brindar socorro. Sirena lloraba en silencio, Zach oprimió su mano con afecto y apretó el otro puño con rabia, angustia e impotencia.

-¡Deberían irse! -aconsejó un bombero.

-Nada de eso, señor, nos quedamos dijo Paula, con un ceño de resolución.

En las horas que siguieron, ofrecieron consuelo a los familiares y amigos de las víctimas, compraron refrigerios, donaron sangre, por propia iniciativa visitaron casas buscando cooperación en útiles de higiene personal y ropa.

Por boca de otros voluntarios, supieron posteriormente que hubo diez estallidos casi simultáneos, entre las 7:36 horas y las 7:40 horas. Fue creada la Oficina de Atención a las Víctimas. Se constituyó la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo. Participaron en unas protestas pacíficas y decidieron que más adelante iban a asistir juntos a los memoriales.

La promesa fue cumplida. Cada año se reencontraban. Murdoc, Russ y Cy donaron parte de sus ganancias a los cercanos de los fallecidos. En la escuela donde trabajaban, Noodle y Stuart pidieron un minuto de silencio a funcionarios y estudiantes antes de dedicar un breve concierto de música clásica. Durante meses, Sirena y Zachary colocaron un lienzo de luto en la entrada de su negocio. Chance y Jake pidieron que la bandera de su país estuviera a media asta en el cuartel, como muestra de respeto, y nadie se opuso.

Por un instante, al sentir la fragancia de los ramilletes, creyeron que estaban en el campo. Ya había pasado un largo tiempo, no obstante los recuerdos se grabaron en las mentes y en los corazones de aquellas criaturas que suavizaron un poco las penas con su sentido de solidaridad.

Encendieron unas velas, rezaron y anotaron mensajes de condolencias. Sus dedos se apoyaron en la estructura cilíndrica construida con ladrillos de vidrio. Cerraron los ojos, los abrieron y entonces se dieron cuenta de que 193 personas les sonreían.

Nunca contarían a nadie este acontecimiento. Les devolvieron las sonrisas, emocionados, y salieron al exterior. El sol los iluminaba de manera espléndida.

Fin.