¡Hola, mis amados lectores! :) ¡Hoy es San Valentín! Así que quería traerles un ligero song-fic sobre ellos dos. Aclaro que no menciono nada sobre San Valentín aquí jaja pero es un escrito seductor y algo romántico para conmemorar el día :3

Está basado en la hermosa canción Corazón Delator de Soda Stereo, banda que amo más que a mi vida. Si gustan y no la conocen, les aconsejo leer este OS escuchando esa canción.

Este fic participa de la Dinámica de Febrero llamada Seducción en San Valentín de la hermosa página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma.

¡Espero que lo disfruten!


Corazón Delator


Un señuelo

Hay algo oculto en cada sensación...

La espesa noche posó su oscuro manto sobre cada centímetro del Sengoku, incluyendo al hanyō que allí habitaba. La luna nueva era el adorno invisible que se robaba el platino de las hebras de su cabello y desaparecía sus garras, colmillos y orejas para convertirlo, una vez más, en un simple humano. El usual mal humor que solía acompañarlo en estas precisas situaciones por sentirse demasiado expuesto e indefenso curiosamente no era la razón de su semblante afligido y pintado de desazón, tampoco de sus continuas exhalaciones pesadas ni de sus orbes negros cargados de agobio.

La vulnerabilidad que iba instalándose poco a poco en su corazón no era solamente física como producto de su condición de medio-demonio, sino que también era mental, y tenía nombre y apellido: Kagome Higurashi.

Le irritaba la manera en que esos sentimientos humanos parecían avivarse sin control, como el fuego que se encuentra con la gasolina. Había perdido la cuenta de cuántos anocheceres había vivido siendo la otra mitad de quien era, pero jamás esas emociones lo habían invadido tanto como ahora con la existencia de esa colegiala en su vida.

Ella parece sospechar

Parece descubrir en mi debilidad

Débil como se percibía a sí mismo, con la espalda recostada sobre un tronco y con la oscuridad envolviéndolo, su cabeza no dejaba de evocar a la azabache. Se había ido hacía unos tres días para ponerse al corriente con la escuela, y le rogó que no fuera a molestarla, que tenía que concentrarse mucho si quería pasar los exámenes próximos.

¿Molestar? ¿Acaso… él era una molestia para ella? La mente ansiosa le jugaba malas pasadas y de repente no podía detener la catarata de ideas erróneas que no lo dejaban descansar; que si ella se cansaría de él pronto, que cómo ella podía fijarse en alguien como él, que jamás sería suficiente… interpolándose con las fervientes ganas que tenía de verla, de tenerla cerca, de que venga a cuidarlo y sentirse, aunque sea por un instante, protegido por ella.

Los vestigios de una hoguera

Odiaba necesitarla como si su vida dependiese de ello. Odiaba recordar su aroma con exquisita exactitud cuando sabía que no estaba a su lado. Odiaba su cuerpo inquieto, deseoso de ir a buscarla contra todo pronóstico.

Oh, mi corazón se vuelve delator

Traicionándome...

—Inuyasha.

La voz femenina pronunciando su nombre llegó hasta sus oídos y su corazón dio un salto. Por unos breves segundos, creyó que había sido producto de su imaginación, ya que la presencia de la colegiala nunca podía ser una sorpresa; su aroma inconfundible la delataba cada una de las veces, pero luego recordó que su faceta humana no podía percibirla tan fácil.

Se giró para encontrarse con su silueta. La azabache venía cargando su mochila amarilla llena de cosas, como de costumbre. No le tomó muchos pasos llegar a él y sentarse a su lado. Tragó duro y solo pudo rogar que no se viera evidente lo exaltado que se sentía junto a ella.

—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió el hanyō, más curioso que otra cosa, pero su voz salió intencionalmente con un tono molesto, en un intento desesperado por disimular.

—Vi que hoy habría luna nueva. No quería dejarte solo, así que vine antes. —contestó Kagome con naturalidad.

—¡Keh! Puedo cuidarme solo. —resopló, jugando al ofendido, pero por dentro, su interior había encontrado algo de paz. Después de todo, la tenía a la par suya…

Por descuido fui víctima de todo alguna vez

La sacerdotisa no le prestó atención a la altanería del híbrido. Estaba acostumbrada a su intranquilidad en las noches sin luna, por lo que solo se dedicaría a hacerle compañía, asegurarse de que estuviera bien, o al menos eso pensó hasta que sus orbes divisaron un pequeño pero profundo corte al costado de su cuello. Este brillaba por la sangre que aún no se había secado y puso todos los sentidos de Kagome en alerta.

—¿¡Cómo te hiciste eso!? Déjame verte. —vociferó preocupada mientras se acercaba a la zona para observar mejor aquella herida—. Menos mal que traje mi kit de primeros auxilios. —comentó aliviada a la vez que buscaba en su abultada mochila los elementos que necesitaba.

Maldito y débil cuerpo humano que se lastimaba fácilmente y no se regeneraba con rapidez… ¡Ni siquiera se percató de lo que le había pasado! Pensó en negarse y evitar que Kagome se ocupara de algo tan insignificante como un tonto rasguño, porque eso lo arruinaría todo, echaría a perder todo el esfuerzo descomunal que estaba haciendo para no perder la cordura, pero cuando sintió sus suaves y cálidos dedos rozar la piel expuesta de su cuello, su ser entero se relajó y se entregó poco a poco a la serenidad que los cuidados de la colegiala le provocaban.

Ella lo puede percibir

Ya nada puede impedir en mi fragilidad

Es el curso de las cosas

La peligrosa y repentina cercanía femenina le arrebataba el aire sin descuido alguno, volviendo su respiración errática con el pasar de los segundos. Su corazón arremetía desenfrenado contra su pecho, dejándolo al borde de ser descubierto, y las gotitas de sudor sobre su frente amenazaban con caer a medida que se veía más envuelto en esa seducción inocente de la que estaba siendo víctima. Porque…

¿Cómo no sentirse seducido por ese aroma tan magnífico que, debido a los pocos centímetros que los separaban, ahora sí que podía percibir y disfrutar? ¿Cómo no sentirse seducido por la calidez de su tacto sobre él y la dulzura que desprendía hasta en las más simples acciones? Por las hebras oscuras de su largo y ondulado cabello que se paseaban con ligereza sobre él, por sus labios apretados debido a la concentración, por esos enormes y expresivos ojos chocolate en los que era imposible no perderse, como si fueran un océano de fuego.

Kagome no parecía ser consciente de todas estas cosas, y aquello era tortuoso. Si ella supiera lo que se le estaba cruzando por la mente… ¡no se atrevería a acercarse así a él! Se maldecía a sí mismo por esa barrera que en estos momentos no era capaz de alzar, su mitad demoníaca ya no estaba para resguardarlo.

—Ya está. ¿Mejor? —pronunció la azabache una vez terminado el trabajo. Le sonrió con calma, pero la curva en su rostro se desvaneció al percatarse de la determinada, seria y brillante mirada que el hanyō dejó quieta sobre ella. Sus mejillas se colorearon inmediatamente y sus extremidades se paralizaron mientras sus facciones solo reproducían su desconcierto.

Oh, mi corazón se vuelve delator

Sin premeditarlo mucho, el medio-demonio se vio a sí mismo tomando la pequeña mano de la miko para traer, en un solo y fugaz movimiento, su cuerpo hacia el suyo y eliminar definitivamente aquella tormentosa e inaguantable distancia.

Se abren mis esposas

Lo que pasara a raíz de eso, ya no lo sabía, escapaba a su control.


Si ustedes piensan que luego de eso hubo un beso, pues... es válido. Si piensan que hubo otra cosa de categoría lemon, pues también es válido. Todo pudo pasar aquí, señores. Queda a su interpretación.

Espero que hoy pasen un precioso día de San Valentín, ya sea solos, o con alguien, o con amigos, ¡como sea! Muchísimas gracias por el apoyo que recibo de ustedes siempre. LOS AMO.

Con amor, Iseul cupido.