Summary: Un embarazo no planeado, hace estallar la furia de Edward. Escapa de casa para aclarar sus ideas, cuando vuelve a casa sus ideas han cambiado.

Nuestro enanito

Hoy hacia un año que vivíamos juntos, nuestro romance fue muy rápido, pero no me pude resistir a ella. Fue amor a primera vista. Al principio estaba reticente a vivir conmigo, ella compartía piso con una amiga y mi sueldo me permitía mantener un piso de dos habitaciones. Pero al final lo conseguí y ahora dormimos todos los días abrazados.

Lleva ya un rato largo en el baño, no creo que se esté duchando porque no oigo correr el agua. Si no sale en cinco minutos iré a ver qué ocurre, porque lleva unos días descompuesta. Vomitando por las mañanas, comiendo poco…

Sigo trabajando en mi ordenador, soy informático y en este momento estoy actualizando a distancia el software de una empresa, apenas quedan dos segundos, cuando Bella sale del baño con una sonrisa del baño. Me deja más tranquilo porque eso quiere decir que está bien.

— ¿Todo bien? — pregunto de todos modos.

—Si consideras del todo bien que dentro de unos meses seremos tres.

— ¿Perdón? —Exclamo, enfadado — un niño no entra en mis planes en este momento.

—Edward esto no es algo que se planee

—Joder Bella me dijiste que te estabas tomando la píldora.

—La píldora no es cien por cien efectiva, ni siquiera los preservativos

—Llevamos un año viviendo juntos y ahora vas a meter un bebé. —De reojo veo que la actualización ya se ha completado, así que poniéndome de pie me dirijo a la puerta —Necesito aire, necesito pensar.

—Edward por favor, tenemos que hablar.

— Bella en este momento no puedo hablar.

Salgo disparado cogiendo las llaves del coche, desde la puerta oigo sus sollozos, me duele oírla llorar, pero me siento traicionado. Mi mejor amigo James, puso pájaros en mi cabeza cuando Bella vino a vivir a mi casa, dijo que la había metido en mi casa, y ahora que estaba se quedaría embarazada para que no la pudiera echar, eso le pasó a él con Victoria hace dos años, y ahora tiene que vivir con sus padres, porque ella se quedó con la casa y con el crio. Entiendo que Bella no lo hizo por eso, ella no me pidió un niño, pero necesito pensar. Conduzco fuera de la ciudad, lo más lejos que puedo, a mi mente vienen recuerdos.

Es de noche y hace calor, acabo de salir de una empresa donde les he instalado un antivirus, necesito comer y beber antes de llegar a casa porque no he comido nada desde esta mañana. Veo un bar de carretera abierto, no hay coches en el aparcamiento por lo que deduzco que debe estar a punto de cerrar, pero espero que al menos me den algo de cenar, aunque sea una bolsa de patatas.

Al entrar solo está la camarera. La chica más bella que he visto. Su pelo largo y castaño cogido en una cola de caballo que le despeja la cara, donde unos grandes ojos castaños me miran con cansancio, pero en su boca aparece una sonrisa enorme.

Me siento en una mesa y ella enseguida se acerca a mí con el menú en la mano. Me alegro porque mis tripas crujen.

Buenas noches — dice con su voz angelical — ¿qué desea tomar?

Una cerveza para beber y —me quedo callado un momento mientras observo el menú — el sándwich número 3.

En seguida lo traigo.

La chica no ha dejado de sonreír, me ha estado rehuyendo la mirada, cada vez que la sorprendía mirándome. Cuando pago termino pago y me marcho. Creo que he encontrado mi lugar favorito en el mundo.

Desde ese día he vuelto dos o tres veces ella he probado distintos platos del menú. Hoy voy dispuesto a pedirle el número, ella no es la que cocina, pero mi estómago no está hecho a prueba de comida de bar de carretera.

Hola —digo sentándome en la barra.

¿No te sientas en las mesas?

No, hoy no vengo como cliente.

¿Entonces?

Quería pedirte tu número de teléfono, me gustaste desde el momento que entré aquí.

No sé cómo te llamas, a lo mejor eres un psicópata.

Tienes razón —carraspeo —hola me llamo Edward ¿y tú?

Encantada Edward, yo me llamo Isabella, bueno mis amigos me llaman Bella.

Isabella es muy bonito, pero más bonito es Bella. — Digo guiñándole un ojo — ¿ahora que ya nos conocemos, puedo ser merecedor de tu numero? Que sepas que si he venido aquí todas estas noches, ha sido por ti.

Bella entre risas, anota en un papel que luego me doy cuenta que es uno de esos papeles donde se anotan los pedidos, su número de teléfono. Me despido de ella y me marcho. Nada más salir, le mando un mensaje, quiero asegurarme que me ha dado su número.

"Hoy le pido a la luna que me alargue esta noche y que alumbre con fuerza este sentimiento y bailen los corazones, aunque entiendo que tú serás siempre ese sueño que quizás nunca podé alcanzar" Edward.

Luego la miro, observo que coge el móvil, sonríe y observa el aparcamiento. Me marcho, no ha respondido, pero tampoco lo esperaba. Al día siguiente, al mediodía le escribo para invitarla a comer. Ella acepta, lo que me pone muy feliz.

A partir de ese día, salimos más, nos sirve para conocernos. Ella trabaja siempre de noche en ese bar de carretera mientras que por las mañanas estudia a distancia. Vive con una amiga, no está pagando alquiler, pero con el sueldo que cobra, paga la mitad de los gastos de luz, agua, gas, internet… Y me quejo yo de la mierda de trabajo que tengo y eso que no tuve que trabajar para pagarme los estudios.

Hoy nos hemos besado por primera vez, llevamos dos meses, con la tontería de conocernos, ella no tiene padres, los míos están encantados con ella. Conocerlos fue un error, la invité a cenar a casa y mis padres se presentaron por sorpresa. Por supuesto en ese momento solo era una amiga, pero mi madre días más tarde me dijo que si Bella era una amiga, ella era monja y virgen, necesité atropellar a cien gatos, para que maullaran y olvidarme de las palabras de mi madre, obviamente no lo hice, pero sí hice terapia de choque para olvidar lo que había dicho mi madre.

Cuando la dejo en el trabajo, a las cinco de la tarde con la promesa de buscarla a la salida, entrando a esa hora entiendo que esté cansada cuando sale. Le mando otro mensaje. A pesar que nos hemos besado aun no somos pareja.

"Hoy le pido a mis sueños, que te quiten la ropa, que conviertan en besos todos mis intentos de morderte la boca, aunque entiendo que tú siempre tienes la última palabra en esto del amor" Edward.

"¿Me estás pidiendo salir a través de SMS? Eres un cobarde" Bella

"Cuando salgas hablamos bonita" Edward

Me marcho dejándola trabajar, no sé quién es su jefe, pero no quiero que la reprendan por mi culpa. Espero que pronto pueda cambiar de trabajo. Por suerte no le queda mucho para terminar los estudios y pronto podrá dejar ese condenado restaurante, que está acabando con su salud.

Bella no quiero pasar por tu vida como las modas, no te asustes no te estoy hablando de bodas —le digo riendo cuando la veo poner cara de horror —quiero ser tu guerra todas las noches y tu tregua cada mañana.

Edward ¿Qué estás queriendo decirme?

A ver, sé que oficialmente no somos pareja, aunque por cómo nos comportamos lo parecemos…

Nos desvaríes —me interrumpe.

Está bien ¿Quieres salir conmigo? —digo nada más vuelvo en mí.

¿Para preguntarme eso necesitabas desvariar?

Quería ser romántico, no rompas el momento —digo fingiendo enojo — por favor responde.

Bien, sí quiero salir contigo.

Uf, pensaba que ibas a enviarme al demonio —susurro aliviado — y ahora, sé que es un poco precipitado pero…

¿Qué?

Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos, tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos, quiero ser la escoba que en tu vida barra la tristeza quiero tu incertidumbre y sobre todo tu certeza.

Les saco las llaves de mi casa, mientras que ella trabajaba he ido a hacer una copia de las llaves

Quiero que vengas a vivir conmigo, sé que llevamos poco tiempo, pero te quiero desde el momento que te vi en tu trabajo. Siento que no puedo vivir sin ti.

En ese momento algo en mi cabeza hace clic, doy media vuelta, ni siquiera sé el tiempo que llevo conduciendo, ni donde estoy, ni el tiempo que tardaré en llegar a casa, espero que Bella siga allí y aun quiera saber algo de mí, si me manda a la mierda me lo tendré merecido.

No he tardado mucho, una hora más o menos, pero me ha parecido una eternidad, al entrar me encuentro a Bella sentada en el sofá con los ojos llorosos y acurrucada, me siento a su lado con cuidado. Tengo miedo que me lance un zarpazo o que me mande a la mierda, que me lo tendría merecido.

Se encoge ante mi toque, me asusta y me preocupa porque no le he hecho daño. Al menos físicamente. Joder, debería darme cabezazos contra la pared. He dañado lo que más quiero.

—Bella cariño —digo despacio —necesitamos hablar.

—Ahora yo no quiero hablar

—Lo entiendo, pero después de pensarlo mucho — con mucho cuidado coloco la mano en su vientre, donde descansa nuestro enanito — aquí descansa nuestro enanito, fruto de nuestro amor.

—No lo parecía antes.

—Lo siento, no estaba pensando coherentemente. —La acomodo en mi regazo —. Soy tu astronauta el primer hombre que pisó tu luna, clavando una bandera de locura para pintar tu vida de color, de pasión, de sabor, de emoción y ternura.

La oigo reír apoyada en mi hombro, eso me hace feliz. Mientras pienso que ahora tendremos que habituar la casa para vivir con un bebé, pero de momento quiero disfrutar de Bella y del tiempo que queda hasta que mi enanito llegué.

—Sepa usted que yo ya no tengo cura sin tu amor — digo antes de cerrar la puerta de nuestra habitación.