Japón era un país experto en apropiarse de las festividades europeas y hacerlas propias, y el día de San Valentín, no había sido para dejarlo atrás.
Habían cambiado la decoración navideña por la romántica nada más empezar el nuevo año. Las pastelerías no habían tardado en anunciar los diversos chocolates que ofrecían para la ocasión y cada tienda a la que entrabas, estaba llena de decoración en forma de corazones y chocolates por todos lados; era incuso difícil caminar por las calles centrales sin encontrarte algún tipo de publicidad acompañada de una frase cursi o musica romántica a casi cada paso que dabas.
Y Edogawa, en la central de policía, tampoco se había podido escapar.
"Lo he hecho para ti." Le dijo una de las secretarias a la vez que le entregaba una pequeña caja del mismo color rojo que sus mejillas.
"Gracias." La aceptó con una sonrisa amable antes de que ella desapareciese casi corriendo por la vergüenza.
No había habido ni un año que hubiese recibido menos de una docena de chocolates. No quería sonar como un desagradecido, le alegraba ser apreciado por todas esas niñas y con el tiempo todas estas mujeres, pero el amor que ellas sentían hacia él, nunca era recíproco para el detective.
Abrió uno de los cajones de su despacho y lo dejó junto a los otros cinco que ya había recibido. Si tuviese que comerse todo ese chocolate ese mismo día, acabaría completamente empachado.
Alzó la mirada al sentirse observado y notó como la mayoría de sus compañeros le asesinaban con la mirada. Conan era demasiado popular entre las chicas de la central y era inevitable ver lo celosos que se ponían todos sus compañeros.
"¡Conan! ¿Ya has ido a almorzar?" Preguntó Ayumi asomándose por su puerta con una sonrisa.
"Aún no, estoy comprobando unos artículos para un caso." Explicó antes de volver a clavar su mirada en el ordenador.
"Tómate un descanso entonces, hemos quedado para desayunar todos juntos." Dijo entrando en su despacho apoyando las manos en sus caderas.
Conan la miró y sonrió levemente al ver que su autoridad natural sólo crecía con los años. No le apetecía mucho socializar, pero acabo cediendo. "Está bien, pero sólo media hora."
Era imposible decirle que no, llevaban pocos años trabajando en la central, pero había visto lo rápido que Ayumi había puesto a raya al personal. Teniendo a Sato y a Yumi como mentoras, no le extrañaba.
"¡Chicos! ¡Conan también viene!" Exclamó Ayumi cuando les vio.
Se encontraron con Genta y Mitsuhiko justo antes de cruzar las puertas giratorias que conducían al exterior.
"No perdamos el tiempo." Comentó Genta buscando la cafetería con la mirada. "En una hora tenemos que volver al distrito de Chiba."
"Nos da tiempo de tomar un café antes de irnos." Contestó Ayumi tranquila.
Conan sonrió mientras contemplaba lo mucho que habían crecido, ya no eran niños ni adolescentes, eran todos unos adultos.
No imaginaba que una chica tan dulce como Ayumi acabase trabajando para el departamento de narcóticos, pero lo más sorprendente, era el buen equipo que hacía con Genta.
"Llevábamos semanas sin coincidir." Añadió el delgado igual de tranquilo que ella. "Sienta bien poder hacer una pause con todo el trabajo que no deja de entrar."
Mitsuhiko tampoco se había quedado atrás, había destacado desde el primer día en el departamento de informática, y ahora, estaba entre los mejores de la ciudad.
Conan se limitó a asentir mientras les seguía hacia el interior del establecimiento y se sentaba en la mesa.
"Estás muy serio." Comentó Mitsuhiko que se había sentado a su lado.
"¿Este año no has recibido todos esos chocolates?" Preguntó Genta metiéndose con él.
Él negó. "No es eso, no me pasa nada."
"Chicos, ¿Qué vais a tomar?" Preguntó la camarera salvándole de sus futuras preguntas.
"Yo quiero un número cinco grande y un café con leche." Se apresuró Genta sin querer malgastar su tiempo para comer.
Conan se permitió relajarse un poco mientras pedían. Esa semana había estado llena de trabajo, pero se había muerto del aburrimiento en la central. Había estado acostumbrado a cierta compañía, y con su ausencia, se le había quedado el toc de mirar detrás de él cada poco pensando que la encontrará ahí.
"El chocolate caliente de aquí, está buenísimo." Comentó Ayumi saboreando su taza con los ojos cerrados.
Mitsuhiko bajó rápido la mirada al sonrojarse por ella y sopló de su té antes de beber. El amor que tenía por Ayumi, solo había crecido con los años
"Me hacía ilusión que nos encontraremos para San Valentín." Comentó emocionada a la vez que dejaba una caja sobre la mesa. "He hecho dulces para vosotros, mis tres chicos favoritos."
Mitsuhiko y Genta no pudieron evitar sonrojarse con fuerza y ponerse nerviosos con la dulzura de Ayumi. Conan sin embargo se veía tranquilo y se limitó a sonreírle amablemente como agradecimiento, ya tenían veintitrés años, pero sus chocolatinas no habían faltado ni un solo año desde que se conocían.
"Cada año te sale más perfecto." Le alagó Genta justo antes de devorar el suyo.
"Tienes razón. Sabe a frutos del bosque." Comentó Mitsuhiko ilusionado.
"Gracias por el detalle." Dijo Conan haciendo un esfuerzo para probar un pequeño trozo.
Aprovecharon los siguientes minutos para ponerse al corriente mientras acababan sus bebidas.
"Debería volver a la central. Yo invito." Comentó dejando unos billetes sobre la cuenta.
"¿Ya te vas?" Comentó Ayumi en desacuerdo.
"Sí, ha pasado más de media hora y he dejado el trabajo a medias." Se excusó antes de alzar una mano para despedirse y salir de la cafetería para caminar de nuevo a la central.
La campanera sonó cuando salió por la puerta y puso sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones mientras resguardaba la barbilla bajo la bufanda de su cuello. Estaban en Febrero, pero no podía olvidar que seguían en invierno.
"¿Llego tarde?" Escuchó que le preguntaban mientras se alejaba de la cafetería.
Conan se paró justo antes de chocar con alguien y abrió los ojos cuando alzó la mirada. "Haibara."
Ella le sonrió y alzó una ceja al ver que caminaba solo. "¿Te marchas ya?"
"He dejado el trabajo a medias cuando Ayumi me ha pasado a buscar, no quería tardar en volver a la central para acabarlo." Dijo aún sorprendido. "Pensaba que no volverías hasta la semana que viene."
"Sapporo es un lugar muy agradable y bonito en invierno, por no decir que tienen un buen equipo en el laboratorio y he acabado el trabajo antes de lo que esperaba." Explicó con una media sonrisa. "¿Es que me has echado de menos?"
"¿Casi como unas vacaciones entonces, no? Nosotros, hemos tenido mucho trabajo en Tokio a diferencia de ti." Se excusó para no responderle a la vez que apartaba la mirada para no sonrojarse.
"No me hubiese despertado todos los días a las seis de la mañana si hubiese ido por vacaciones." Contestó rodando los ojos antes de señalar hacia el interior. "¿Aún están dentro?" Preguntó refiriéndose a los demás. .
"Sí." Contestó haciéndose a un lado.
"Debería entrar a saludarles, Ayumi no deja de enviarme mensajes preguntándome cuando llego."
Edogawa le frenó por la muñeca antes de que pudiese abrir la puerta.
"¿Qué pasa?" Preguntó al ver que él no decía nada.
Su mirada flaqueaba y su boca se abría y cerraba sin emitir palabra, pero su muñeca la agarraba sin soltarle.
"¿Quieres venir a cenar esta noche?" Le preguntó ella al ver que él no se decidía a hablar.
Conan se dio cuenta de lo firme que era su agarre así que la soltó a la vez que asentía. "Claro, luego nos vemos. Debería volver a la central." Se despidió con una sonrisa antes de que ella desapareciese al interior de la cafetería.
Después de ese grato reencuentro, la tarde pasó mucho más lenta mientras esperaba impaciente a que llegase la hora de cenar. Se centró en acabar el trabajo lo más rápido posible y recogió todas las chocolatinas en cuanto el reloj marcó la hora en punto para salir y dirigirse a paso ligero al metro.
Recostó la cabeza hacia atrás mientras esperaba que llegase su parada. Estaba cansado y llegada esa hora de la tarde, se moría de hambre. Estaba acostumbrado a toda esa multitud, pero ese día en concreto, era pesado hacerse paso entre las parejas hasta llegar a la puerta del metro. Estaba a favor del amor y bla bla bla, pero todo eso era demasiado empalagoso para él.
Se había cansado de las historias de príncipes y princesas después del mal desenlace de su relación con Ran. Las cosas no habían ido tan bien después de acabar con la organización y quedarse atrapado en ese cuerpo rejuvenecido para siempre.
No había sido fácil aceptarlo, pero después de todos esos años, había dejado de pensar que se trataba de un castigo y se había mentalizado en que también podía tratarse de otra oportunidad en la vida para intentar hacer las cosas mejor. La vida de Conan era algo distinta, así que esperaba que eso significase que había aprendido de sus errores.
Caminó más ligero cuando salió de la zona céntrica, se paró por el primer supermercado que encontró y compró una botella de vino antes de dirigirse al portal del profesor.
"¿El profesor no está?" Preguntó cuando se descalzó y entró al salón. "Pensaba que cenaríamos los tres juntos."
"Fusae quería hacerle una sorpresa, así que la ayudé para que el profesor no sospechara. Sabía que acabarías viniendo a cenar." Explicó ella antes de entrar a la cocina.
Cogió el abridor que había sobre la mesa y abrió la botella para servir las dos copas antes de sentarse en la mesa soltando un suspiro.
"¿Día largo?" Preguntó dejando los platos sobre la mesa.
"Algo así." Contestó ofreciéndole una de las copas.
Haibara le dio un buen sorbo a su copa, disfrutando de ese agradable vinito antes de dar el primer bocado. "Tampoco parece que haya sido un mal día." Comentó señalándole los chocolates que había dejado al lado de su maletín.
"Ha sido un buen día." Contestó clavando su mirada en ella. "Pero el chocolate no es importante para mí."
"Vamos, Edogawa, no intentes sonar tan humilde, ¿Por qué los sigues aceptándolo entonces?" Le preguntó rodando los ojos mientras soplaba la comida.
"No quiero ser desagradable...todas esas chocolatinas están hechas con cariño y no soy capaz de tirarlas a la basura sin más, lo mínimo que puedo hacer, es aceptarlas." Le explicó entre bocado y bocado.
"Espero que este año no se las acabes dando al profesor como el año pasado." Le comentó medio riendo. "Me enteraré aunque lo hagas a escondidas. Te lo prohíbo. El año que viene deberías replantearte aceptar solo un par o tres para no acabar pillando un empache." Le propuso rellenando su copa para beber.
Conan bajó la mirada riendo levemente antes de darle un vistazo rápido a los chocolates que alcanzaba a ver desde ahí. "Tienes razón...pero no has pensado en otra posibilidad."
Haibara alzó una ceja mientras bebía de su copa.
"Puede que el motivo por el que los sigo aceptando, es porque aún no he recibido el chocolate de la persona que quiero recibirlo." Explicó esta vez sin vacilarle con la mirada.
Ella se quedó congelada un par de segundos aún con la copa apoyada en los labios. Los japoneses solían cenar con cerveza, sake o refresco, pero a ella le gustaba servirse esa copa dulce y amarga a final del día. No era de las personas que bebían vino por beberlo, a ella le gustaba saborear y disfrutar de cada gota de esa bebida oscura, daba igual si estaba en el cuerpo de Shiho, en el de Ai o en otro completamente distinto.
Y esa misma costumbre, se había hecho también común en Conan con el paso del tiempo.
La pelirroja dejó su copa vacía sobre la mesa y se levantó para recoger los platos vacíos.
"Vaya, ¿alguna afortunada en mente?" Preguntó dirigiéndose a la cocina para poner los platos en el lavavajillas.
"Pues...la verdad es que sí." Respondió rellenando la copa a la vez que ella volvía. "Pero no sé si ella me ve de esa manera, y tampoco creo que sea una persona de regalar chocolates."
Conan alzó una mano para acercarle su copa sin dejar de sonreírle.
La liga juvenil de detectives no se había separado nunca, pero era más que obvio que la relación que tenían Conan y Ai, era algo completamente distinto a la del resto. Los cinco se habían vuelto bastante cercanos con el tiempo, pero ellos dos, tenían un vínculo que creció en el instituto y se hizo mucho más fuerte en la universidad. Hasta el punto de acompañarla y recogerla cada día para volver juntos a casa aún sin ir a la misma universidad, aunque tuviese que dar una vuelta descomunal y no le viniese de paso. Y la cosa no había cambiado mucho cuando ambos empezaron a trabajar en el cuerpo de policía, ya que aunque tuviesen horarios distintos, él irrumpía su apartamento la mayoría de noches con un tinto en la mano o los documentos de un nuevo caso bajo la axila.
"Espera que esto es nuevo, ¿La chica de tus sueños no tiene interés en ti?" Bromeó queriendo meterse con él. Pero Haibara se sorprendió aún más cuando su seriedad se esfumó con una fuerte risa. "¿De qué te ríes?"
"Solo pensaba..." Contestó negando con una sonrisa en la cara, haciendo que ella alzase una ceja aún medio confusa. "...A veces creo que se burla de mí y hay otras en las que creo que ella no es capaz de ver lo especial que es para mis ojos."
No sé trataban como amigos, pero ninguno de los dos había hecho movimiento para cambiar nada entre ellos. Ella le dejaba dormir en su sofá cuando le ponía la excusa de que se había echo muy tarde para volver y él le traía el café a su laboratorio todas las mañanas.
Conan se quedó mirándola con toda la atención del mundo. Le gustaba verla así de tranquila, con esa mirada felina, las mejillas algo sonrojadas por el vino y esa sonrisa burlona en la cara. Cualquier otra chica le hubiese apartado rápido la mirada y sonrojado con fuerza, pero ella nunca lo hacía. Ella le desafiaba. Le desafiante y le ganaba la mayoría de asaltos. Pero él se había dispuesto a ganar la batalla que libraban en ese momento, así que se acercó sin dejarse tiempo para pensárselo y le cogió de la barbilla para sellar sus labios con los suyos.
Ai se quedó paralizada unos segundos y Conan empezó a separarse y a maldecirse interiormente mientras pensaba rápido que decir para arreglar el estropicio que acababa de hacer, pero ella le cogió del cuello de su camisa antes que sus labios se separasen por completo y lo acercó a ella todo lo que pudo.
Se había preguntado como era besar sus labios demasiadas veces, pero la realidad siempre superaba la imaginación.
Se separaron brevemente y él apoyó su frente en la suya sin dejar de mirarle a los ojos mientras dejaban que sus respiraciones se calmaran. Ninguno de los dos dijo nada el siguiente par de minutos. Él estaba seguro que el color de sus ojos había cambiado, su pupila se había contraído y el Jade de su iris brillaba resplandeciente.
"Creo que esa chica lo sabía, pero creo que se ha negado a aceptarlo después de creer que su amor no podía ser correspondido durante tantos años." Dijo ella separándose de su frente mientras acariciaba sus manos.
"Entonces...¿Crees que podría tener una oportunidad con ella?" Le preguntó siguiendo la sintonía de la conversación, notando como su corazón no se calmaba, entrelazando sus dedos con los suyos. "¿Crees que me dejaría quererla?"
Ai sonrió y se mordió el labio. "Puede que sí." Respiró lentamente mientras le miraba con el corazón abierto. "Creo que ella no tiene ningún corazón de chocolate que ofrecerte, pero puede ofrecerte el suyo."
"A la mierda todo el chocolate del mundo. Yo me quedo contigo" Confesó ensanchando su sonrisa antes de volver a inclinarse y sellar esas palabras con sus labios.
