Es bien sabido para los humanos, incluso en la época antigua, que el océano en su inmensidad oculta muchos secretos. Pero no importa que tan abiertos de mente sean, ninguno está siquiera cerca de la punta del iceberg.
Para ellos la mitad de las criaturas y sociedades en la profundidad son un enigma, incluso el hecho de que las especies que consideran comunes y simples son todo menos eso. La realidad es que la diferencia que hay entre las conciencias de la mayoría de seres es casi nula, todos pasan por las mismas emociones y experiencias mundanas.
Una cecaelia en sus años adolescentes se estaba alejando demasiado del territorio donde vivía, sin pensar realmente en que camino estaba tomando, eso no importaba. Solo quería estar sola para gritar con todas sus fuerzas las frustraciones que no podía liberar en casa.
—¡Si no existieras yo no tendría que estar suplicando siempre por migajas de atención! —había genuina tristeza en sus palabras, pero no dejaba de ser la rabieta de una niña inmadura, una rabieta que aparentemente caía en oídos sordos.
—¡Estúpida Úrsula! ¡Te odio! ¡¿Por qué no solo desapareces?! —la tristeza fue rápidamente reemplazada por un sentimiento de rencor igual de genuino, golpeó una roca con uno de sus tentáculos en un intento por desquitarse, pero el sonido de esta al caer la hizo finalmente darse cuenta de algo. Además de ella no se escuchaba nada, absolutamente nada.
Su ira la había llevado a nadar inadvertidamente a una parte del lecho marino bastante oscura, el sol ya oculto en el exterior solo lo empeoraba. Miró a su alrededor y nada le era familiar, todo ese lugar era completamente desconocido.
Verse en esa situación la hizo repetirse mentalmente uno de las pocos consejos útiles que su madre le había dado «Estar en un lugar extraño sin nadie alrededor es mala señal».
—¿Ahora te quedas callada? —le habló de repente una voz profunda, inconfundiblemente siniestra «pero súbitamente tener compañía puede ser aún peor».
—Con todo ese ruido que hiciste puedo asegurarte que atraerás a muchos voluntarios dispuestos a... darte de su atención —solo la manera en que pronunció las últimas palabras era suficiente para dejarlo claro, sea cual fueran sus planes con ella, no saldría con vida.
—Pero ya que soy el primero en llegar, supongo que ese honor será mío —esa afirmación le heló la sangre, los segundos se hicieron eternos y a la vez efímeros. Se sentían justo como lo que eran, los momentos antes de una sentencia de muerte.
El dueño de la voz finalmente decidió dejarse ver, aún en la penumbra podía distinguirlo perfectamente, la inconfundible figura de un enorme tiburón tigre, quien se dio el tiempo de mirarla con malicia por unos instantes antes de abalanzarse sobre ella.
Su cuerpo no se movió, solo pudo quedarse paralizada. Sintió un empujón en su abdomen, asfixiante pero tolerable, no era el dolor punzante que esperaba, abrió los ojos y se encontró frente a frente con los de su verdugo. La bestia sin dudas disfrutaba del momento, se regocijaba en ser la causa de su miseria.
—Veo que ya no quieres gritar, tendremos que resolver eso —dijo mientras la lanzaba de encima de su nariz con algo de decepción. Esto no se trataba de supervivencia, no le darían una muerte rápida, este animal la iba a usar como su juguete hasta que eso lo dejara de entretener.
—Déjame advertirte que voy sacar de ti mucho más que migajas —la locura en la voz de su agresor ya era palpable, solo imaginarse todas las implicaciones de esa frase logró que el pez consiguiera lo que tanto deseaba, hacerla gritar. Pero al estar cerca de realmente atravesar su piel con sus colmillos algo cayó en sus ojos nublando su vista.
De pequeña la joven bruja descubrió que poseía una «habilidad» con la que su hermana no nació, más que una habilidad era un reflejo que se estado volviendo cada vez más inusual en su especie, la capacidad de expulsar tinta al sentir cerca una amenaza. No era algo que alguien extrañara, era una habilidad considerada inútil y primitiva, y solía ser usada por su hermana como objeto de burla, «una habilidad inútil para una bruja inútil» decía.
Pero eso ya no importaba, después de todo gracias a ese reflejo viviría... por unos segundos más. La tinta logró evitar que la mordiera pero no lo detuvo en lo absoluto, solamente lo había tomado por sorpresa.
Se acabó, era su fin. Ya había agotado todas sus opciones... ¿o tal vez no?
—Tiene que ser una broma —se dijo el tiburón a sí mismo en voz baja, su víctima había aprovechado su distracción para sacar ventaja de una manera verdaderamente fastidiosa.
La chica sujetó sus tentáculos a la espalda de su atacante y sus brazos a la aleta dorsal. El depredador al no poder alcanzarla comenzó a moverse de un lado a otro totalmente enfurecido, pero ella se aferró aún más, con toda la fuerza que tenía. Forcejearon por varios minutos, sujetarse ya se había vuelto doloroso pero eso era lo de menos, no pensaba dejar ir su única oportunidad de salvarse.
—Esto es ridículo ¡Quítateme de encima! —Le gruñó perdiendo la relativa compostura que había tenido hasta el momento. Pero la joven bruja no estaba dispuesta a ceder, ya era suficiente perder contra Úrsula, no iba a perder también contra esa cosa.
—Ni lo sueñes ¿Ya no eres tan rudo verdad? —lo desafió, dándose a sí misma el lujo de sentirse superior.
—Tarde o temprano tendrás que soltarte, y cuando eso pase te haré desear haberte dejado comer a la primera —le respondió su atacante con notable rabia en su voz.
—Si esa es mi única opción entonces te arrancaré los ojos yo misma antes de morir, y después tú serás la presa de alguien más —contraatacó con toda la intención de provocarlo, sabía muy bien que no le convenía, pero al mismo tiempo no podía evitar sentir emoción al ser capaz de causarle dificultades a algo tan peligroso.
—Dudo que tus resbalosas cosas puedan hacer eso, y aún si lo consiguieras no necesito mis ojos para encontrarte, solo harás que me den ganas de alargar más tu agonía —comenzó a hablarle de manera más calmada, pero la ira aún estaba presente.
—Parece divertido, pero tendrás que hacerlo con alguien más porque no me soltaré de aquí —seguía sin doblegarse ni un poco, le demostraría que se había metido con la presa equivocada. Si existía algo de lo que pudiera sentirse orgullosa, es que era terca como nadie.
—Si te niegas a salir de mi espalda morirás de hambre... no, ni siquiera eso, nadie se muere tan fácil. Sufrirás lentamente, hasta que estés tan débil que te sea imposible sostenerte, y entonces yo podré hacer contigo lo que me plazca.
No podía negar que eso la aterrorizó, pero al mismo tiempo estaba furiosa de que aquel animal se sintiera con el poder de decirle todas esas cosas sin tener consecuencias, de una manera muy desagradable le recordaba a su familia. Ese sentimiento la hizo olvidar su miedo por unos segundos, llevándola a cumplir su amenaza y picar uno de sus ojos con su tentáculo.
—¡Ahora en verdad voy a matarte! —Le rugió con más fuerza de la que había utilizado hasta ese momento, ninguna de sus víctimas anteriores le había inspirado algo en lo más mínimo, pero por ese molusco en su espalda no podía sentir nada más que odio —¡Vas a sufrir más que cualquier otra maldita cosa que me haya comido!
Estaba a punto de sacudirla de nuevo, pero antes de siquiera comenzar escuchó como la adolescente daba un grito y se apresuraba a sujetarse. No pudo evitar reírse ante tal escena, fue casi en contra de su voluntad, hubiera preferido por mucho conservar su furia intacta... pero es que eso era simplemente patético.
—Ya veo porque te quejabas, yo tampoco querría estar cerca de ti. Eres bastante molesta ¿Lo sabías? —se burló con algo que sabía la afectaría, se lo merecía por hacerlo pasar un mal rato.
Eso provocó un suspiro de indignación por parte de ella, sus emociones cambiaban tan rápido como la marea, en un momento estaba temblando de miedo, y al siguiente volvía a hacer la misma acción en el ojo de su agresor aún después de haber tenido una muestra de lo que eso podría provocar.
—¡Deja de hacer eso! —le ordenó enojado, pero extrañamente no con la misma intensidad que antes. No valía la pena ni siquiera gastar su enojo en alguien tan insignificante, esa niña no era más que un fastidio, un fastidio que pronto terminaría.
—¡Te lo mereces por decir eso! —le dijo con un tono que solo podría describirse como la voz de un niña malcriada.
—Apuesto a que cuando ya no existas todos serán felices —comentó con una sonrisa, explotando su debilidad, esperando que quizás con un poco de suerte ella misma decidiera lanzarse y acabar con su vida, pero la chica solo se limitó a dar un suspiro y a recostarse en la espalda del tiburón sin olvidarse de cuidar su agarre.
—Tienes razón —admitió, ni siquiera diciéndolo con tristeza o enojo, solo resignación.
—Otra vez lo estás arruinando, esto no divierte si solo me das la razón —el ambiente ya se estaba poniendo incómodo, lo que menos quería era escuchar dramas de un futuro cadáver.
—Pero es la verdad, todo es por culpa de mi hermana —siguió con las quejas desde su espalda.
—Yo nunca tuve ese problema, me comí a la mayoría de mis hermanos —increíblemente no era un intento por asustar, fue tan solo un comentario que se le vino a la mente.
—¿En serio? Qué suerte tienes, me gustaría que nosotros fuéramos así —dijo con voz sorprendentemente casual e incluso anhelante, que haría pensar que hablaban de cualquier cosa menos canibalismo entre hermanos.
—Pero espera, si fuera así entonces ella me habría comido, incluso ya es gorda ¡Nada me funciona! —se lamentó con un reclamo que aunque pudiera parecer una broma, no lo era, ella lo decía muy en serio.
—Esa reacción no es la que esperaba —escucharla había captado su interés —Hablaste de eso con la misma facilidad con la que hablarías del color de las algas, es difícil notarlo a simple vista pero tienes una mente retorcida.
—La reacción de los que conozco no habría sido muy diferente —le respondió con la misma naturalidad de la vez anterior, aunque un poco fastidiada ya que lo que el pez había dicho sonaba como una crítica.
—Y dicen que nosotros somos los malos, cualquiera esperaría más moral de seres que presumen ser tan «civilizados».
—Los tritones son los que andan con esa tontería de la moral, yo no tengo nada que ver con eso —ahora sí ese monstruo ya se estaba pasando de la línea, si había algo que no soportaba era ser comparada con un tritón.
—La moral no podría importarme menos, todos ustedes son lo mismo, presumidos que se creen mucho cuando son los más fáciles de romper —le dijo con desdén —el sabor no es gran cosa, pero sus caras antes de morir siempre son las más divertidas.
Cada cosa que decía el depredador era peor que la anterior, no hacía falta un genio para saber a que se refería con «romper». La imagen de una bestia fuera de control a punto de matarte es terrorífica, pero escuchar todas las intenciones asesinas a viva voz de alguna manera elevaba esa sensación a una nueva intensidad. Si ella no fuera la víctima en turno podría ser un espectáculo fascinante de presenciar.
Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir súbitamente otra fuerte sacudida, casi se soltaba pero por suerte para ella logró aferrarse justo a tiempo. Eso casi lograba darle un infarto ¿como demonios pudo descuidarse?
—No te distraigas, intercambiar un par de palabras contigo no cambia nada, aún voy a comerte ¡Y ya deja de sentirte tan cómoda ahí arriba!
—No me vas a derribar tan fácilmente tú... ¿Cómo te llamas? —el tiburón no esperaba esa pregunta, que demonios ni siquiera esperaba que está «charla» llegara tan lejos.
—Niña ¿para qué quieres saber eso? —pensó en callarse y dejar que el tiempo haga lo suyo, pero con pasar unos minutos con ella ya sabía que ignorarla solo la haría más insoportable.
—Para que no me sigas llamando niña, además si vamos a estar juntos hasta que uno de nosotros se rinda al menos deberíamos saber nuestros nombres.
—Hablas como si fueras a resistir mucho, olvídate de morir de hambre, simplemente duérmete y todo terminará para ti.
—Sí, lo sé, ya lo dejaste muy claro... me harás sufrir más que a cualquier otra cosa que te hayas comido —terminó la frase con algo de duda, dándose cuenta muy tarde de que no era inteligente recordárselo.
—Más que a cualquier otra maldita cosa en realidad pero buen intento, parece que tu memoria no es tan mala como todo lo demás —Volvió a atacar su frágil ego, no importaba cuantas veces lo hiciera, fastidiarla no perdía su encanto.
—¡Tonto! —insultó muy enojada dándole un puñetazo en la cabeza, pero su objetivo apenas lo sintió, especialmente con lo ocupado que estaba riéndose de ella. La respuesta infantil que acababa de darle solo confirmaba lo que él ya sabía muy bien, que provocarla era bastante entretenido, más de lo que quisiera.
Realmente no sabía como la criatura debajo de ella era capaz de dar escalofríos en un momento, y al siguiente dar ganas de golpearlo por ser tan irritante. Repentinamente notó algo, que la fuerza en su agarre había disminuido, cosa que corrigió de inmediato. No fue por sentirse cansada o algo parecido, había estado tan sumergida en esas discusiones que por momentos olvidaba lo sombría de su situación.
Comenzó a preguntarse si tal vez hablaba con ella precisamente con esa intención, como un truco para hacerla caer, si era así debía admitirse a sí misma que casi funcionaba, era muy hábil para sugestionarla y hacer que su interés fuera superior a su temor. Pero no, ya lo había descubierto y su astuta manipulación no funcionaría, desde ahora no se confiaría ni por un instante, estaba decidida a convertir esta batalla de voluntades en la primera victoria de su vida.
—¿Qué tal si para que veas que no soy tan malo acabó contigo de una sola mordida? Ni siquiera lo sentirás, todo terminará en un segundo —le propuso de manera disonantemente amable, para él sinceramente sonaba como una buena opción.
—¡Qué generoso! Me siento honrada de que me ofrezcas un trato tan especial —quería mantenerse alerta, de verdad lo quería, pero simplemente era imposible no responder con sarcasmo ante tan «halagadora» oferta.
—Deberías, puedo asegurarte que nadie ha corrido con tanta suerte después de encontrarse conmigo —le dijo con una notable expresión de «tú te lo pierdes».
—Moriré, y mi mayor éxito fue hacer que un tiburón me tenga un poco de piedad —quizás le echaba leña al fuego mencionando a la muerte pero no podía evitarlo, le era muy espontáneo hablar así con su actual acompañante.
—Lo dices como si fuera algo fácil de lograr —se sorprendió a si mismo diciendo eso, viniendo de él casi sonaba como si la estuviera animando, pero afortunadamente eso pasó desapercibido por la mujer arriba, quien tenía otra cosa en su mente.
—Antes de esto ni siquiera sabía que los tiburones pudieran hablar —admitió haciendo al otro sentirse ligeramente ofendido.
—Claro que podemos, todos lo hacen —le aclaró como si fuera algo muy obvio —pero es lógico que no lo sepas, la mayoría no habla con su comida.
—¿Y tú sí? Eres el raro del grupo entonces.
—No siempre, pero después de un tiempo se vuelve aburrido solo comérselos y ya. Hacerlo provoca muchas reacciones interesantes, no podrías ni imaginártelas, a menos que hablemos de la tuya claro —se rió al recordar lo sucedido hace tan solo unos momentos, probablemente pasaría mucho tiempo antes de que le dejara de dar gracia.
—Olvídalo quieres, déjame recordarte que aún no has podido comerme —le respondió molesta —y no quiero imaginarme lo que le hiciste a esos, no me interesa.
—Tranquila, no tendrás que imaginártelo, lo sentirás por ti misma muy pronto —dijo con toda normalidad, ni siquiera le afectaba que ella mencione que logró disuadir su ataque —Además no importa cuantos me escuchen, al final ninguno vive para contarlo.
—Tiene sentido, eso significa que quizás otros además de ti también lo hacen —continuó, ignorando completamente el mal augurio que las anteriores palabras le implicaban.
—Tal vez, yo que sé ¿acaso me ves cara de ser muy social? —le preguntó con sarcasmo.
—Realmente no he visto mucho de tu cara pero ¿sí? —el tiburón solo se confundió al escucharla, esa mujer cada vez decía cosas más raras —Quiero decir, eres un amargado, pero es fácil hablar contigo.
—Eso debe ser lo más gracioso que has dicho hasta ahora, creí que te habías dado una idea con lo que dije sobre mis hermanos, mi propia especie no es más que otra presa —ahora sí que su «prisionera» lo había dejado incrédulo —Literalmente nunca había hablado tanto en un solo día.
—¡Tampoco yo! —el tono de felicidad que escuchó arriba lo hizo rodar los ojos, quería terminar con ese tema pero solo logró exaltarla más.
—Imposible, no te has callado desde que te encontré. Si esta es tu mejor conversación las otras debieron ser horribles.
—Lo fueron, esta incluso podría calificar como buena —dijo genuinamente asombrada —No puedo creer que en toda mi vida la charla más honesta que tuve fue con... mi asesino.
Escucharlo en su propia voz hizo que la realidad cayera de nuevo sobre ella, una vez más se había refugiado en todo lo que hablaban intentando olvidar que estaba perdida aún cuando la misma criatura era abierta con sus intenciones, no perdiendo oportunidad de mencionarlo cada vez que podía.
—Me alegra que lo recuerdes —El pez al decir esto solo se dio una sacudida, no hizo falta más. La bruja se soltó fácilmente por ese movimiento que no era ni la mitad de fuerte que sus intentos anteriores, fue tan repentino que ni siquiera le dio tiempo de pensar en lo que ocurría, antes de darse cuenta ya estaba frente a él.
—¿Hacía donde has estado nadando todo este tiempo? —No podía creer que se hubiera distraído tanto y de manera tan ingenua, fue una tonta, obviamente cada palabra de ese monstruo no había sido nada más que una treta para hacerla bajar la guardia y obtener lo que quería.
—¿Importa? No habías pensado en eso hasta ahora, incluso dejaste de sujetarte con firmeza aún cuando te advertí que no lo hicieras —le dijo lentamente de manera un poco burlona, mirándola a sus ojos fijamente —Eres una niñita bastante desobediente ¿verdad?
La actitud desafiante de la chica se había desvanecido por completo, ya no tenía esa falsa seguridad que la protegía, podía sentir su respiración sobre ella, ahora en verdad estaba a su merced. La criatura solo siguió hablándole sin cambiar su tono casi susurrado.
—Nuestro encuentro fue... entretenido. Pero lamentablemente todo tiene que llegar a un final —el tiburón la había amenazado de muchas formas esa noche, pero definitivamente ninguna se sintió tan real como esa.
Nota:
Decidí escribir este fanfiction porque desde siempre me encantaron las interacciones entre esos dos. Quiero experimentar con su dinámica, y quizás cumplir un ship de la infancia en el proceso XD, tómenlo con humor. Tendrá una historia un poco diferente a la vista en la segunda película.
