Guest: This is for you. I couldn't resist your puppy expression xD I hope you like it


MY HEART

NANOHA POV

Flashback

Voy camino a mi despacho cuando soy acosada por varias enfermeras que quieren invitarme a un café o, quizás, a algo más. Suspiro. Desde mi última relación, no he vuelto a salir con nadie y mucho menos he tenido algo serio. Noto a leguas cuando alguna mujer está interesada en mi cuerpo, así que no lo tengo muy difícil para llevármela a la cama. Después de eso, no la vuelvo a ver nunca más. No creo en el amor, aunque sé que, si encontrara a la persona adecuada, volvería a arriesgar mi corazón por tener una nueva oportunidad de ser completamente feliz. Cierro los ojos por un momento y, al abrirlos, te veo pasar por mi lado. Eres la chica más hermosa que jamás haya visto. Tus ojos me han hipnotizado y no puedo dejar de mirarte. Mi corazón palpita salvajemente y temo que alguien pueda escucharlo. ¿Será que tú…? Te doy mi más bonita sonrisa y me la devuelves con una de tu propia cosecha, dejándome más aturdida aún. Veo cómo te alejas y te sigo con mi mirada hasta que un doctor me interrumpe.

- Doctora Takamachi, la estaba buscando. –asiento sin mirarlo– Me gustaría que viniera conmigo y me diera su opinión sobre un caso que me ha llegado.

- … –aún sigo tu paso.

- ¿Nanoha? –lo miro cuando te pierdes por uno de los pasillos.

- Lo siento, Yuuno-kun. Vayamos a ver ese caso. –miro a las enfermeras– Lo siento chicas, pero otra vez será.

Al entrar en su despacho, me muestra unas imágenes de un escáner. Quedo impresionada. Es un caso muy peculiar y fascinante. Jamás lo había visto en una persona tan joven. Estudio el caso un poco antes de acompañarlo a ver a la paciente. Fate. Su nombre es Fate Testarossa Harlaown. Al entrar en la habitación, quedo nuevamente impactada. Eres la chica que me regaló tan preciosa sonrisa y que tiene esos ojos tan hipnotizadores, haciendo que cualquier persona pudiera perder el sentido con tan sólo mirarte unos segundos. Vuelvo a sonreír, aunque esta vez, mi pecho me duele al pensar en todo el proceso por el que tendrás que pasar para recuperarte.

- Fate, quiero presentarte a una doctora que será mi consultora. Tiene una gran experiencia. –asientes mientras exhalas, supongo ya cansada de tantas pruebas y de estar aquí.

- Hola, Fate. Soy Takamachi Nanoha, neurocirujana. –me presento para llamar tu atención. Elevas tu mirada y creo que me reconoces de inmediato por el pequeño brillo que atravesó por tus ojos en ese momento– He podido ver el caso sólo un poco por encima, pero creo que el doctor Scrya y yo podemos ayudarte. –te vuelvo a dar una de mis más bonitas sonrisas para atraer tu interés– Sólo tienes que firmar el consentimiento…

Fin Flashback

He ido a buscarte a la casa de tu madre, pero me ha dicho que saliste muy temprano. Está preocupada por ti. Me invita a pasar para hablar y esperarte, pero declino su oferta. Necesito encontrarte y verte una última vez antes de marcharme definitivamente de tu vida. Me despido de ella pidiéndole por favor que me avise cuando regreses y me marcho de allí. ¿Dónde estás, Fate? Me detengo a pensar, pero no se me ocurre ningún lugar. Varias chicas pasan por mi lado riendo mientras hablan de ropas de baño para ir a un spa junto a sus parejas. Suspiro.

Flashback

Me seco con una toalla después de haberme dado un chapuzón en el mar. No quería hacerlo para no dejarte sola, pero al final lo hice porque no podía negarte cuando me ponías esos ojitos. Jamás podría negarte nada. He tenido diversión mientras nadaba, pero habría sido mejor si tú hubieses estado conmigo. Si lo hubieras hecho, habría tenido otro tipo de diversión. Podría haberte acariciado mientras cuidaba de ti. Te miro fija y profundamente antes de sentarme a tu lado. No he dejado de hacerlo desde que salí del mar y me dirigí a ti. ¿Cómo no hacerlo si eres preciosa? Desde aquel instante en el que nuestras miradas se cruzaron, me había enamorado de ti. En aquel instante supe que tú serías la persona por la que merecía la pena arriesgar de nuevo mi corazón.

- ¿Qué te ocurre, Fate-chan? –te pregunto con una sonrisa y sin dejar de mirarte– Hoy estás más callada de lo habitual.

- Doctora, ¿cree que alguien me quiera alguna vez? –me preguntas, desviando tu mirada de la mía, y mi corazón da un vuelco.

- … –no digo nada porque no sé si es demasiado pronto para confesártelo.

- Lo siento. Es una pregunta estúpida… –dices con una débil sonrisa– Es obvio que no porque no soy una chica normal. No puedo tener una vida normal como el resto de personas de mi edad. No puedo hacer lo que ellos hacen porque mi corazón… –te interrumpo, tomando tu mano, porque no quiero que sigas diciendo esas estupideces.

- Yo te quiero, Fate-chan. –te confieso sonrojada. Ahí lo tienes, mi corazón.

- Gracias, doctora. –me dices al salir de tu estupor– Siempre ha sido muy amable… –no te lo crees– …pero ambas sabemos que lo que tienes es mucho interés en este raro caso… –niego porque eso es completamente falso.

- No, Fate-chan. –acerco tu mano a mi corazón y sé que lo sientes latir muy rápido por la expresión en tu cara– ¿Lo sientes? –asientes lentamente, sin dejar de mirar tu mano en mi pecho– Te quiero, Fate. –te repito y, esta vez, sí me miras– Me gustas mucho y me gustaría ser esa persona que te ame por siempre. Y deja de llamarme doctora. No estamos en el hospital y no hay nadie cerca. –río– Y sí, estoy muy interesada en tu caso porque no es algo que se vea todos los días, pero créeme cuando te digo que te quiero de verdad. Me gusta tu forma de ver la vida y amo tu sonrisa.

- Nanoha… –susurras mi nombre, totalmente sonrojada, y yo te sonrío ampliamente. Me encanta escuchar mi nombre saliendo de tus labios– Hagamos un trato. –me dices y te miro expectante– Demuéstrame que hablas en serio y, si me enamoro de ti en estos dos años que me quedan, aceptaré la operación, siempre y cuando tú seas quien la haga.

- Trato hecho. –vuelvo a sonreír.

Te acerco a mí, tomo tu rostro entre mis manos y te beso, tomándote por sorpresa. Te tensas y aprietas con fuerza las tirantas de mi biquini. No pude evitarlo por más tiempo. Tus labios no dejaban de llamarme. Aprovecho que abres un poco la boca para tratar de recuperar algo de aire, y profundizo el beso. Un gemido se escapa de mi garganta cuando mi lengua acaricia la tuya. Tu sabor es demasiado dulce y sé que tu boca será mi nueva adicción. No quiero parar, pero debo cuidarte. Nos separamos, jadeantes y sonrojadas.

- Bien. Lo dejaremos de momento ahí. –te digo, tratando de recuperar mi aliento– Tu corazón se está acelerando demasiado. –te tomo el pulso– Tenemos mucho tiempo por delante y para disfrutar. –te guiño un ojo mientras sonrío y tu sonrojo se incrementa.

Fin Flashback

Así comenzó todo. El trato que me ofreciste fue lo mejor que me podrías haber dado. Gracias a eso, te llevé a mi apartamento porque quería cuidarte y estar contigo para tratar de enamorarte. Tu familia estuvo de acuerdo porque soy doctora y sabían que tú estarías a salvo conmigo. Me molesté varias veces contigo porque hacías las labores hogareñas. Yo no quería que hicieras nada, solo descansar. Tu corazón era frágil y cualquier cosa podría afectarte. Desgraciadamente, trabajaba mucho y, a veces, no volvía a casa hasta pasados unos días. Sé que entristecías cuando no volvía, así que trataba de terminar lo más rápido posible para regresar a tu lado. No quería que te marcharas. Te quería conmigo. Cada vez que volvía, enorme y grata era mi sorpresa al verte sonriendo con esa hermosa sonrisa con la que me recibías. Además de una buena comida para tratar de que la tensión abandonara mi cuerpo al regresar a mi hogar. Lo que tú no sabías es que con tan sólo una sonrisa tuya, hacía desaparecer cualquier rastro de cansancio, tensión o cualquier otro aspecto negativo. Para agradecerte todo lo que hacías, me acercaba a ti y te daba un cariñoso abrazo y un beso en la mejilla. Quería ir despacio. Quería enamorarte lentamente y disfrutar de todo el proceso. Quería que sintieras todas las emociones que produce el amor. Quería que sintieras las mariposas en el estómago. Saqué de mi bolsillo el pulsador "llamada de emergencia" y lo colgué en tu cuello para que lo llevaras siempre encima. Si lo presionabas, una alarma sonaba de inmediato en el receptor que yo llevaría a mi cuello colgado en todo momento y en el de tu familia. Si la alarma sonaba durante mucho tiempo, inmediatamente enviarían una ambulancia al lugar donde tú te encontraras.

Camino despacio por las calles de la ciudad. Quizás estés en algún lugar al que fuimos juntas. Quizás fuiste al restaurante donde te llevé en nuestra primera salida. Me dirijo hacia allí. Al llegar, entro rápidamente y te busco desesperadamente por todo el local, pero me decepciono al comprobar que no estás ahí. Salgo de allí y sigo caminando.

Flashback

- Fate-chan, ¿qué te parece si salimos a dar un paseo? Tu hermano me dijo que os mudasteis hace poco y que no conoces la zona. –te pregunto con ternura– Tengamos una cita.

- ¡Sí! –exclamas muy feliz.

Te vistes rápido y, ansiosa, me esperas junto a la puerta con la cámara de fotos en mano para inmortalizar todos los lugares a los que te lleve. Salimos de nuestro apartamento, porque desde que te mudaste es de ambas, y te tomo de la mano. Te sonrojas como una quinceañera y yo no puedo evitar sonreír antes de darte un beso en la mejilla, provocando que tu sonrojo se intensifique y que tus ojos brillen con ilusión. Te llevo al acuario, al parque y a un restaurante. Te he visto disfrutar como una niña de cada lugar al que te he llevado. Estás increíblemente feliz y no dejas de repetirme que todo ha sido perfecto y que quieres tener más citas conmigo. Escuchar eso hace que mi corazón se acelere y lata a mil por hora. Ambas estamos felices. Todo va bien, hasta que ha llegado ella.

- ¿Nanoha? ¿Nanoha eres tú? –me tenso.

- Ho… Hola… Due-chan… Cuanto tiempo… –hablo nerviosa y me pongo en pie.

- ¿Qué pasó aquella noche? Pensé que dijiste que me llamarías. Te fuiste en lo más divertido.

Te excusas para ir al baño y me dejas allí a solas con esta rubia mujer que te ha mirado con superioridad. Espero a que te marches para volver a mirar a la persona que interrumpió nuestra cita y la miro con frialdad.

- No vuelvas a mirarla así. –le espeto.

- Oh, vamos, Nanoha. No dirás que esa es tu nueva conquista para esta noche, ¿verdad? No es tu estilo. No te pega nada. –sonríe de lado, provocándome.

- ¿Sabes por qué me fui aquella noche? –ella se acerca, tratando de engatusarme– Porque tú no eres ella. No puedes darme la diversión que me da ella. –sonrío al ver su turbación.

- No hablas en serio. Esa no puede darte lo que yo te doy, querida.

- Oh, claro que no, Due-chan. Ella me da mil veces más que tú. Y si, me disculpas, estamos en una cita.

- ¿Una… cita? –pregunta desconcertada.

- Sí. Ella tiene lo mejor de mí. Tú sólo te llevaste la peor parte, como todas las demás. ¿O pensabas que eras la única? Antes y después que tú, hubo muchas más. –vuelvo a sonreír al ver tu expresión– Y sí, ella lo sabe. ¿Y sabes qué? Aún así me quiere. Adiós.

Doy media vuelta y voy a buscarte al baño. Aguardo en la puerta, tratando así de calmar mi mal humor. Due quiso provocarme, pero pude lidiar con ello. Miro mi reloj de pulsera. Llevas más de diez minutos en el baño y no has salido, por lo que me decido a entrar. Al hacerlo, te encuentro mirándote al espejo y tu expresión es diferente. Has pasado de estar radiante a estar increíblemente afligida. Y todo por mi culpa.

- Fate-chan, ¿te encuentras bien? Llevas mucho tiempo aquí. Estaba preocupada. –te observo detenidamente.

- Estoy cansada. Creo que volveré a casa. –asiento antes de tomarte de la mano. Quizás la cita ha sido demasiado intensa, visitando varios lugares en un solo día.

- Bien. Vámonos. –salimos del local y te llevo a casa, donde te hago tumbarte en la cama para descansar– Descansa.

- Doctora, ¿por qué? ¿Por qué haces esto? –te miro confusa– No puedo darte lo que necesitas. Te cansarás pronto de mí. ¿Por qué simplemente no me dejas ir? –me acerco y me siento en tu cama.

- ¿Qué no puedes darme? –pregunto suavemente.

- Sexo. –trato de fingir que no me afecten tus palabras y no veas lo que provocó en mi corazón, hablando de esa manera– Mi corazón no… –te detengo poniendo dos dedos sobre tus labios porque no quiero seguir escuchándote hablar así.

- No me hace falta. Con tenerte a mi lado y verte sonreír tengo suficiente, Fate-chan. No necesito nada más.

- Lo necesitarás. –insistes.

- Te quiero. –te digo antes de besarte hasta dejarte casi sin aliento y tratando de verter mis sentimientos en ese beso.

Fin Flashback

Desde el día en que te llevé a nuestro apartamento, comencé a cambiar. Dejé de salir por ahí, de ir a bares a encontrar alguna presa fácil para llevarla a la cama y así satisfacer mis necesidades más primitivas. Dejé de hacerlo porque lo único que quería era quedarme contigo en nuestro hogar, compartir tiempo juntas. En el hospital también cambié. Siempre llegaba con una sonrisa porque no podía dejar de pensar en ti. Llenabas todos mis pensamientos. Ignoré cada coqueteo y rechacé cada invitación de las enfermeras. Estaba locamente enamorada de ti. Tú eras la única para mí. Odiaba ir a trabajar porque me gustaba quedarme en casa contigo, acurrucada entre tus brazos y hablando de todo y nada, pero era mi trabajo y no podía abandonar a mis pacientes. Creé una nueva rutina que consistía en llamarte, tras una larga operación, para preguntarte cómo estabas y para confesarte que te extrañaba. En cuanto terminaba mi trabajo, volvía a casa directamente, contigo. Tomé la costumbre de cada domingo preguntarte si ya te estabas enamorando de mí. Quería asegurarme de que iba por buen camino o si tenía que mejorar. Necesitaba que lo hicieras. No sólo por la operación para poder salvar tu vida, sino también porque te amaba y quería estar muchísimos más años a tu lado. Para siempre.

Flashback

- Fate-chan, es el día de mi pregunta semanal. –sonrío emocionada– ¿Aún no sientes como si estuvieras empezando a amarme? –te pregunto mientras te pones en pie para recoger la mesa.

- Ah… Yo… –te quedas callada.

- ¿Y bien? ¿Aún no sientes nada? –insisto.

- Etto… –te sonrojas– No estoy segura. ¿Tal vez? –te rascas la mejilla, nerviosa– Pero sí me gustas. –sonrío ampliamente y un brillo de ilusión y felicidad aparece en mis ojos.

- Aceptaré eso. Después de todo, gustar es el primer paso para amar. Eso significa que todavía tengo una oportunidad… Y eso, definitivamente, es mejor que nada. –miro tus labios fijamente y sé que te das cuenta porque he provocado que te los muerdas, agitada– Fate-chan… –pronuncio tu nombre en un ronco suspiro– Ven… –te pido, ofreciéndote mi mano– Siéntate en mi regazo. –me miras dudosa– Puedes sentarte, no va a pasar nada. –asientes, tomando mi mano y te acomodas a horcajadas sobre mis piernas– Fate-chan… –te miro sonrojada por todo lo que me haces sentir– ¿Pue… puedo besarte? –asientes muy despacio– Gracias.

Pongo una mano en tu espalda para acercarte más a mí, como si eso fuera posible, y con la otra acaricio tu mejilla dulcemente mientras acerco mi rostro al tuyo. Me detengo a apenas unos centímetros de tu boca. Mi corazón palpita velozmente, parece que quiera salirse de mi pecho. Es la primera vez que me siento nerviosa y ansiosa. Te quiero. Te quiero de todas las formas posibles. He perdido el norte. Tú eres la única persona que quiero en mi vida. Eres la única que ha conseguido revivir mi muerto corazón con tan sólo una sonrisa. Me miras con esos ojos borgoñas en los que podría perderme por toda la eternidad. Te siento temblar. Te aprieto más contra mí y, en ese momento, decides terminar con la distancia que nos separa y me besas tú por primera vez. Te respondo tranquila, pero eres tan hermosa y tu cuerpo me hace querer más, mucho más, que vuelvo el beso salvaje mientras mis manos comienzan a moverse por todo tu cuerpo, acariciándolo. Te separas para tomar algo de aire, pero no te doy opción porque vuelvo a besarte. Necesito sentirte más. Me apartas bruscamente.

- ¿Qué… qué te pasa? Usualmente no sueles besarme de manera tan agresiva… –hablas jadeante.

- Lo siento… –me disculpo– Fate-chan… yo… –mi teléfono suena– Es del hospital… Takamachi. –contesto– ¡Voy enseguida! –nos ponemos en pie– Lo siento, Fate-chan. Hay una urgencia. Tengo que irme.

- Tranquila, ve.

- Por favor, espérame. Volveré en cuanto termine. –asientes– Fate-chan… te amo. –te confieso finalmente antes de darte un suave y cariñoso beso en la mejilla y me marcho.

Tomo mi chaqueta y salgo corriendo de nuestro hogar. Mi corazón late muy deprisa. ¿Cómo te habrá sentado que me confesara de esa manera? Aún no había llegado al hospital cuando ya quería volver para estar contigo. Las horas fueron interminables. No fue hasta que pasaron dos días, que volví a casa. Entro sin ánimo y arrastrando mis pies. Estoy agotada física y emocionalmente. Traté con todas mis fuerzas salvar a mi joven paciente y fallé miserablemente. No pude hacer nada. Su estado era muy crítico. No quiero mirarte para que no me veas así, por lo que me voy directamente a la ducha. Me dejas un albornoz en el baño y te quedas allí, aguardando a que salga de la ducha. Cuando lo hago, tomas una toalla y comienzas a secarme el pelo mientras tratas de darme palabras de consuelo. Siento que te vas a alejar de mí, así que te detengo, tomando tu mano.

- No te vayas, Fate-chan. Por favor, quédate conmigo. No quiero estar sola. –te pido en un susurro.

- No me iré a ninguna parte… Me quedaré contigo porque mi corazón te pertenece ahora, Nanoha. Quiero que lo recuerdes siempre. –acercas tu rostro al mío– Eres la única con la que quiero pasar el tiempo que me queda. Te quiero. –me besas mientras nos dejamos caer en la cama.

Tus palabras me llenan el pecho de un calor desconocido. Te necesito para vivir. Te necesito para ser feliz. Te desato la bata y luego hago lo mismo con la mía. Te cubres por la vergüenza, pero te detengo y te digo que no tienes nada que temer porque eres hermosa. Te abrazo, haciendo que nuestras desnudas pieles entren en contacto por primera vez, provocándonos un jadeo. Te beso candentemente antes de morder suavemente tu oreja.

- Si empiezas a sentir que tu corazón está a punto de colapsar, avísame de inmediato, ¿entendido? –asientes.

Muy despacio, recorro tu piel con mis manos y boca. Me estoy conteniendo. Tu cuerpo es hermoso. Eres como una diosa real. Me gustaría hacerte el amor hasta que ambas cayéramos desmayadas, pero no puedo hacerlo. Tu corazón no podría resistirlo en estos momentos, pero lo hará en cuanto obtengas tu operación, así que guardo mi pasión salvaje y te beso y acaricio lentamente, disfrutando de cada recoveco. Sé que es tu primera vez, así que quiero que sea especial y bonita. Quiero que sea un recuerdo maravilloso. Te siento temblar, quizás por los nervios, pero sé que puedes aguantar. Te hago el amor y, al verte en pleno orgasmo, siento que es la cosa más maravillosa que jamás haya visto. Quiero seguir viendo esa escena por el resto de mi vida.

- Respira despacio… Exhala… Estarás bien en un momento. Sigue así, mi amor. –te beso de nuevo tras conseguir que tu respiración sea la normal– ¡Lo hiciste! –exclamo– Eres más fuerte de lo que piensas, Fate-chan. –te envuelvo entre mis brazos– Gracias. Hacía tanto tiempo que no sentía esta calidez al abrazar a alguien. –te confieso antes de quedar dormida.

Fin Flashback

Después de aquel día, estuve de licencia por dos semanas. Necesitaba descansar y quería estar contigo. Dimos paseos matutinos por el parque e hicimos el amor muchas veces. Cada vez te sentías con más confianza y acariciabas y explorabas mi cuerpo, reclamándolo tuyo. No parecíamos tener suficiente la una de la otra. Aproveché ese tiempo para hablarte de cómo me rompieron el corazón en el pasado, siendo ese el motivo por el que dejé de creer en el amor y de atarme a relaciones, hasta que llegaste tú y supe que eras la indicada. Quise dejar el trato a un lado, porque, para empezar, yo me enamoré de ti a primera vista. No me respondiste ni tampoco en ningún momento me dijiste lo que sentías por mí, pero quería creer que me amabas porque tus gestos hablaban por sí solos. Podrías mentirme con palabras, pero tu cuerpo me decía algo completamente diferente. Las semanas se pasaron volando y tuve que volver al trabajo. Salí a correr antes de ir a mi turno mientras tú te quedabas en casa duchándote. Cuando regresé, encontré tus pastillas regadas por el suelo y fruncí el ceño. Sé que odiabas tomarlas, pero no podías simplemente tirarlas. Seguí el rastro de pastillas. Algo no iba bien. Nerviosa, te llamé, pero no me contestaste. Tambaleándome, seguí caminando hasta el baño y ahí te encontré. Estabas desnuda y apenas tenías pulso. Llamé a una ambulancia y te llevaron al hospital. Habías sufrido un infarto. Salí del hospital y caminé durante horas. Sufriste el infarto y yo no estuve a tu lado. Sentía que me asfixiaba. Sentía que algo apretaba mi pecho. No podías dejarme ahora, Fate. No lo permitiría. Conseguiría como fuera que obtuvieras esa operación. Quédate conmigo, por favor. Me detuve frente a una tienda y miré el escaparate. Una idea cruzó mi mente, así que la llevé a cabo. No fue hasta el anochecer, que fui a tu habitación. Tú volteaste tu rostro para evitarme porque estabas muy molesta por no haber estado allí cuando despertaste. Coloqué un peluche en forma de lobito naranja frente a ti en forma de disculpa por haber estado ocupada cuidando de otros pacientes.

Flashback

- Te perdono, pero sólo porque Arf me lo pidió. –dices, acariciando las orejas del peluche y yo no puedo evitar sonreír por tu inocencia– ¿Qué le pasó? –señalas su pecho.

- Tuvo una cirugía de corazón. –abres los ojos como platos– Arf está aquí como apoyo para ti y te hará compañía cuando yo no esté. Sé fuerte, Fate-chan. –te doy un suave beso y me correspondes– Tu operación está cerca. Cuando ese día llegue, quiero que abraces a Arf y pongas tu oído en su corazón.

Fin Flashback

La directora de los hospitales de zona vino para llevar a cabo una inspección del trabajo que se llevaba a cabo en esa clínica. No sabía que vendría. Yo me encontraba en quirófano. Te estaba operando a ti, tratando de darte más tiempo mientras llegaba un corazón para ti. La directora me sacó de allí de inmediato porque no puedes operar a un paciente si tienes una relación de índole personal. El doctor Scrya tuvo que terminar la operación por mí. Cuando despertaste en la habitación, yo ya estaba allí y te lo conté todo. Esa mujer fue quien me hirió en el pasado, pero no dejaría que eso se interpusiera en tu próxima operación. Me quedaba contigo cada noche, en esa cama tan pequeña de hospital. No te dejaba sola. No podía hacerlo. Mi hogar era donde tú estuvieras. No quería volver al apartamento y encontrarlo vacío, sin tu presencia ni sonrisa para recibirme. Yo era feliz si estábamos en la misma habitación. Eso era lo único que me importaba. Pasó un tiempo y ya pudiste salir al jardín del hospital. Solías sentarte bajo la sombra de un árbol y cerrabas los ojos, disfrutando de la brisa mientras me esperabas para almorzar juntas. Se convirtió en tu rutina. Me detuve a observarte en silencio. Sonreí al verte tan relajada. No podías imaginar cuánto te amaba y lo feliz que me hacías. Camino hacia ti.

Flashback

- ¡Hola, Fate-chan! –te saludo alegre– Estoy agotada. Han sido más de 6 horas de cirugía. –me siento a tu lado a la sombra del árbol– ¿Qué te ocurre? ¿Estás enfadada? Lo siento, cariño, pero no he podido terminar antes. –me disculpo al ver tu rostro serio.

- Será mejor que terminemos con esto cuanto antes. –te pones en pie y yo te miro con confusión– Hicimos un trato. No quiero seguir fingiendo que te quiero. Ya firmé el consentimiento de la operación, que era lo que todos queríais. –abro los ojos como platos al escucharte decir eso– No quiero volver a verte, doctora. El juego ha sido interesante, pero hasta aquí llegó. Estoy cansada de fingir.

- ¿Qué? –digo sin aliento y mi respiración se corta– ¿De qué estás hablando, Fate-chan? –pregunto, temblando– El juego terminó hace mucho tiempo, al menos para mí. Te quiero, Fate-chan. Y tú me quieres a mí. –niegas firmemente y mi corazón se rompe.

- Yo sólo he jugado contigo para hacerte creer que podías enamorarme. Te lo agradezco, pero el juego termina aquí. Ya es bastante repetitivo. Adiós.

Fin Flashback

Te marchaste y me dejaste allí, temblando y llorando. Fuiste la segunda persona a la que le había confiado mi corazón y también me lastimaste. Me destrozó escucharte decir todas esas cosas. Dejamos de vernos. Volví a mi apartamento, a ese que compartimos por un tiempo. Ya no quedaba rastro de tu paso por allí. Era como si jamás hubieses estado allí. Ya tan sólo quedaban mis recuerdos y no sabes cuánto dolían. Te dieron el alta y volviste a casa con tu madre. Me escondí en un pasillo para verte salir. Ya no sonreías. Ya no quería ni podía estar en ese hospital. Escribí mi carta de renuncia y la entregué en dirección. La directora Bunnings no quería aceptar mi renuncia. Me amenazó con no darte un trasplante si me marchaba. Tuvimos una discusión bastante acalorada y entonces me confesó lo que habías hecho para salvar mi carrera profesional. Le di una fuerte bofetada y la denuncié por coerción, provocando que la detuvieran de inmediato. Después de eso, me marché definitivamente y comencé a hacer entrevistas en otros hospitales. Acababa de salir de una cuando me llamó el doctor Scrya informándome de que había un corazón para ti. Volví lo más rápido posible al hospital y me preparé para operarte. Era nuestro trato, ¿recuerdas? Prometí operarte si conseguía que te enamoraras de mí. Y, aunque me dijeras que no lo estabas, algo en mi interior me decía que sí lo estabas y por eso hiciste lo que hiciste.

Flashback

Veo cómo te ponen la mascarilla para anestesiarte y, antes de que cierres los ojos completamente, me acerco a la camilla. Necesito ver tus hermosos ojos por última vez. Volteas tu rostro y tratas de enfocarme, pero sé que ya no distingues a las personas y sólo ves sombras. Tomo tu mano y le doy un suave apretón.

- Te extraño, Nanoha. –susurras y mi corazón da un vuelco.

- Yo también te extraño, Fate-chan. –te digo antes de que cierres tus ojos por completo.

La operación fue todo un éxito. Ahora sólo deseaba que despertaras y no rechazaras tu nuevo corazón. Tenías mucho por lo que vivir y mucho que experimentar. Deseaba con todas mis fuerzas que fueras muy feliz y que, cuando descubrieras lo que tenía Arf en su interior, volvieras a buscarme. Esperaría por ti. Lo haría por toda una eternidad.

Fin Flashback

Continué haciendo entrevistas y, al fin, un hospital del sur, me ofreció un puesto de cirujana jefe. Tenía que mudarme. Me despido de mi mejor amiga y confidente Hayate. Ella no quiere que me vaya y quiere que hable contigo, pero no se puede forzar al destino. Ya ha pasado un mes desde que obtuviste tu alta y te estás recuperando en tu hogar, con tu familia. De repente, mis pies me llevan a la playa. Aquella donde nos besamos por primera vez. Aquella a la que fuimos tantas veces y disfrutamos de la compañía. Algunas lágrimas comienzan a caer. Los recuerdos están muy presentes y duelen. Duelen mucho. Camino por la arena hacia la zona a la que siempre íbamos. Nos gustaba porque era un lugar alejado e íntimo. Era nuestro lugar. Me detengo al ver a alguien adentrarse al agua. Estamos en pleno invierno. ¿Pero qué diablos? Me tropiezo con una ropa que hay en la arena y enseguida la reconozco. Es la chaqueta que te regalé. Mi chaqueta. Te encantaba porque decías que olía a mí. Me detengo y recojo un trozo de papel y unos anillos. Son los anillos que compré para nosotras y guardé en el interior del peluche. ¡Los encontraste! No me detengo a leer la nota y miro hacia el mar. ¡Eres tú! ¿Qué estás haciendo, Fate? Corro hacia el agua y sin pensarlo, me sumerjo y nado para llegar a ti. Mis músculos se tensan porque el agua está helada. Fate. Fate. Esto no le viene bien a tu nuevo corazón ni a ti. Dime que no estás tratando de suicidarte. No podría soportar que hicieras eso. Te veo mirar al cielo justo antes de sumergirte en el mar. Doy una última brazada y llego hasta ti. Te jalo del brazo y te hago salir a la superficie.

- ¿Qué demonios estás haciendo, Fate-chan? –abres los ojos como platos– ¿Qué pensabas hacer? –te saco del mar y te miro furiosa– ¡Fate-chan, contéstame! –te grito.

- Nanoha… –lloras– ¡Nanoha! –te lanzas a mis brazos y me besas mientras yo te sostengo con fuerza entre mis brazos. No te volveré a dejar ir nunca más.

- ¿Qué ibas a hacer, Fate-chan? –te vuelvo a preguntar– ¿Querías huir de mí para siempre? –hablo con dolor– Aún no me diste una respuesta. Supongo que hablarías con Arf…

- ¡Idiota! –exclamas enfadada– ¿Cómo se te ocurre guardarlos allí? ¿Y si no los hubiese encontrado nunca? –exclamas fuera de ti.

- Lo habrías hecho. Confío en ti. –acaricio tu rostro y vuelves a llorar– Entonces, ¿qué me dices? –me arrodillo– ¿Quieres casarte conmigo? –te enseño uno de los anillos que dejaste sobre la chaqueta.

- Sí… –susurras– ¡Sí quiero casarme contigo! –y esa respuesta es la que trae luz y felicidad a mi vida de nuevo.

Me pongo en pie y te beso ardientemente con la excusa de entrar en calor. Reímos. De camino a nuestro apartamento, te explico que salí de la ciudad porque tuve varias entrevistas de trabajo, pero que, a pesar de que un hospital me quiere contratar, me quedaré donde tú estés. Te digo que tú eres mi hogar. Sonríes mientras entramos a la ducha para entrar en calor. Lo necesitamos. No podemos permitir que te enfermes por culpa de la locura que estuviste a punto de cometer. Me estremezco ante la idea de pensar que podría haber llegado tarde y haberte perdido para siempre. Te abrazo con fuerza para que no te vayas nunca más, para que no vuelvas a hacer una estupidez así para salvar mi carrera. Te amo, Fate. Haría cualquier cosa por estar a tu lado para siempre. Te seguiría al fin del mundo y vendería mi alma al mismísimo diablo para estar contigo. Porque yo, Nanoha Takamachi, te he dado mi corazón.

FIN