Dentro del avión comercial que va desde el aeropuerto de ciudad Azafrán en Kanto, hasta una de las islas de Alola, una canción suena.
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No hay sentido en quedarse quieto esperando que algo cambie.
Con el sol, la luna, los Mon-Mon y esas chicas; ¡empecemos una gran aventura!
(¡Mira, aunque duela un poco, es interesante!)
¡Aiaia!
Nunca para de ser sorprendente y refrescante.
Aquí, allí, en todos los lugares. ¡No puedo parar!
Vamos, vamos, vamos. ¡Aún queda mucho por ver!
¡Aiaia!
Las ardiente batallas, los complejos puzzles, los misteriosos enigmas. Decido compartirlos contigo.
¡Es tiempo de descubrirlo todo! (¡Y atraparlos a todos!)
¡Arde con calor, sol!
¡Hazme vivir con todas mis fuerzas!
¡Ilumínanos con sabiduría, luna!
¡Haznos cumplir todos nuestros sueños!
¡Con todo tu corazón y ser...! ¡Con la voz más alta que puedas..!
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¡Alola!
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Un par de días antes de hacer las maletas y subir al avión, hubo que preparar unas cuantas cosas.
Para ello hicimos una video-llamada con una persona que trabaja al lugar donde voy a ir. Como no tenemos algo cercano a tal tecnología cerca de casa, fuimos a uno de los ordenadores del centro mon-mon del pueblo grande a varios kilómetros.
En este, hablamos con un hombre.
Su nombre era Kukui.
Su piel estaba quemada como la de los niños pequeños y llevaba una raída bata y ropa de deporte. Este hombre al parecer era un Profesor.
"¡Buenos días! ¡Buenos noches!" Se presentó en una voz llena de energía.
"He estado hablando con el director de la escuela y todo parece estar en orden, solo queda que me deis unos cuantos datos personales y en cuanto llegues a la isla podrás iniciar tu periodo de prueba en nuestra escuela."
"Estoy seguro que te va a encantar."
"Alola es un archipiélago formado por cuatro islas principales. Una región completamente alejada del resto del mundo y con unas costumbre diferentes a lo que estás acostumbrado. Además, está lleno de Mon-Mons de todo tipo que llegaron en el pasado a nado o traídos por los vientos."
"Estoy seguro que es un buen lugar para volver a empezar."
"Los Mon-Mon viven con nosotros y nosotros con ellos, una relación simbiótica. Y oh, hablando de esto."
En el desordenado escritorio del profesor, una forma apareció.
"Oh, Perroca. Ahora, estoy ocupado jugamos luego, ¿vale?"
El Mon-Mon, un cuadrípedo de pequeño tamaño y colores que probablemente lo hacían de tipo Roca, hizo un ruido y bajó del escritorio.
"Ja, jaja. Perdón por eso."
"Mi laboratorio suele estar lleno de Mon-Mons."
"Pero bueno, volviendo a lo nuestro."
"¿Me puedes dar tus datos?
Introduces tu nombre.
"Oh, tu nombre es Elio?"
"Ok, y ahora me está llegando el resto de datos por el escáner...déjame comprobar un momento... sí, todo bien."
El hombre puso una gran sonrisa.
"Todo bien, primo."
"Todo preparado para iniciar tu nueva vida en Alola."
"¡Solo faltas tú!"
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Después de no pocas horas de viaje, el avión aterrizó en su destino.
El aeropuerto, uno más grande que el de Ciudad Azafrán, se nota que está preparado para recibir gran cantidad de turistas.
"Bienvenidos a MeleMele." Decían los megáfonos del aeropuerto.
El tal Kukui ha venido a recogernos.
"¡Alola! ¡Bienvenidos!" Tan animado como parecía al otro lado de la pantalla, lo que me sorprendió fue su altura. Debería medir entre los 1,80 y los 2,00 metros.
Después de una acalorada bienvenida, en la que no faltaron fuertes apretones de manos, coge nuestras maletas y nos lleva a la puerta del aeropuerto donde un transporte nos esperaba. Este, no era un coche de metal, sino un carro tirado por Mons-Mons. Más concretamente por Taurus, una especie cuadrípeda de gran tamaño que encuentra por todo el mundo y que es usado por los humanos en gran cantidad de cosas.
"Se dice que los ancestros de los Taurus de Alola nadaron desde algún lado a las islas... aunque lo más probable es que fueran traídos en barco. Si te fijas han evolucionado con una melena mucho menos densa que los que se encuentran en Kanto." Oh, por supuesto. Este sonriente hombre es un Profesor.
En el viaje al hotel el hombre va dando datos sobre Alola, y sobre los Mon-Mon que nos encontramos por el camino. La conversación es mayormente con mi madre, pues yo no acabo de tener muchas ganas de hablar.
Finalmente llegamos al hotel y las maletas son llevadas a nuestras habitaciones por los Mon-Mon humanoides que trabajan allí.
"Aún quedan un par de días para que empiece el curso. Así que tómenlos para disfrutar de unas vacaciones en familia."
"Muchas gracias por todo, Profesor Kukui." Dice mi madre.
Las palabras finales del Profesor son para mí. "Nos vemos en un par de días, Elio."
Me encuentro asintiendo con la cabeza.
La actitud de este hombre es pegadiza...
Con una sonrisa, se despide.
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¿Cuándo fue la última vez que estuvimos de vacaciones?
Era tan pequeño que no me acuerdo casi.
Así que entiendo que mi madre esté entusiasmada.
El hotel es uno medianamente lujoso en una zona turística popular, con varios como este levantándose en las cercanías. Dos habitaciones, una pegada a la otra; las dos de gran tamaño con una cama doble y baño propio, con una televisión incluida y lo que parece ser una consola de videojuegos, no entiendo del tema, pero de pinta antigua por su incapacidad de enseñar más de unos pocos colores. Con todo esto venía un pase de comida con un desayuno, comida, cena y selección de aperitivos a todas horas del día. También se podía elegir de las varias actividades que el hotel ofrecía.
Pero esto no va de quedarse encerrado, así que eres medio-arrastrado, medio-interesado a dar una vuelta por la ciudad de la isla Mele-Mele, de nombre Ciudad Hauoli.
Te ríes recordando a aquel cómico que oíste un día en la radio comentar de lo absurdo que es que parte del nombre de la ciudad sea Ciudad.
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Los primero que te encuentras al salir del hotel es una playa de blancas arenas y transparentes aguas calmadas. Con turistas ocupando gran parte de su superficie con toallas de playa.
Y esos que se supone que estamos en temporada baja...
Rodeando la playa un paseo marítimo se encuentra, cubierto por la sombra de las palmeras, gente anda por este. Algunos puestos de madera se encuentran, y otras tiendas más simples en mantas sobre el suelo con un vendedor autóctono atrayendo con voces a los turistas.
Uno podría que este lugar lleno de gente es ruidoso.
Pero, no.
El sonido de las olas y el viento lo cubren.
Hoy, el día de exploración es uno libre. Tu madre te dice que vayas por tu cuenta y que vuelvas antes de cierta hora.
Bueno, pues.
Das un paseo por las calles de la isla Mele-Mele.
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Cerca de los varios hoteles donde los turistas como tú se aloja, se encuentra un edificio difícil de no ver; una oficina de turismo.
Atravesando su puerta automática, entras.
Está lleno de pantallas con videos promocionales de todo Alola, y varios panfletos que uno puede llevarse gratuitamente con información de la región.
Aparte hay una gran tienda de suvenires, de los cuales reconoces varios como los que venden varios vendedores en el paseo marítimo. También parece haber un tipo de lotería, pero está cerrada.
Solo con echar un vistazo sientes que has aprendido algo más sobre Alola.
Pese a que la playa está a rebosar de turistas, esto no quita que te den ganas de tumbarte en una de esas hamacas, o en esa tumbona que se encuentra entre dos palmeras. El agua parece tener una buena temperatura.
Y no puedes impedir que tus ojos se vayan a los coloridos bikinis.
Una chiringuito de madera algo gastada por la cercanía al mar sirve bebidas a la gente. Una chica con una edad parecida a la tuya parece trabajar en ella. Te das cuenta que las amables sonrisas parecen ser costumbre en este lugar.
Decides que tienes que venir un día a pasar el rato en la playa.
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Parece haber una popular tienda de ropa cerca. Tras los cristales de su escaparate ves una gran variedad de ropa, mayormente camisas de flores que todo turista relaciona con Alola, pero también alguna ropa curiosa que parece ser tradicional de la isla.
Y una adecuada oferta de descuento en gorras.
Te das cuenta que con el sol que hace debería llevar alguna.
Cerca también parece haber una peluquería y otras tiendas de belleza personal, pero no tienes tiempo, dinero o interés.
Eso, sí. La de la gorra deberías en algún punto.
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La siguiente localización se encuentra en el distrito comercial.
Entre las tiendas de una planta, un gran edificio de varias plantas. Un gigante centro comercial.
Probablemente es un lugar lleno de tiendas, pero ahora está cerrado.
En la gran puerta de entrada pone que solo abren un par de días a la semana.
Como se nota que es final de temporada de turismo...
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Andando por las calles de la pequeña ciudad te acabas encontrando una cola de gente, esta cola parece estar a la espera de entrar en una pequeña tienda. Tanto turista como nativos se encuentran en la cola. El cartel de la tienda se encuentra tanto en el idioma internacional como en el antiguo idioma de Alola, probablemente la comida es una tradicional del lugar. Su nombre es "Malasadas."
Sientes algo de interés, pero no tienes tiempo o dinero para probar.
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Te das cuenta mirando un reloj que se encuentra en medio de una plaza que la hora con la que has quedado con tu madre se acerca, así que vuelves a la entrada del hotel. Cuando llegas ella ya está allí esperando.
Te cuenta sobre varias cosas que has visto y ha hecho y tú dices también alguna cosa. Al parecer ha oído de un nativo sobre un mercado de fruta y otras comidas que se hace cerca del límite de la ciudad así que dice que vayáis allí.
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Ciudad Hauoli es al parecer la ciudad más grande de Alola, pero comparada con las grandes ciudades de Kanto, se queda algo pequeña. Es mayormente una ciudad para turistas, te das cuenta, formada por su playa y paseo marítimo y una extensa zona comercial que los nativos también utilizan, al parecer también hay un puerto, para cruceros y otros tipos de barcos, pero no es un lugar al que hayas ido. Siendo la época que es según el Profesor Kukui, una donde los turistas empiezan a desaparecer, perfecto para el inicio de las clases, varias tiendas están cerrando temporalmente y las que no están llenas de la gente que queda.
Con todo esto aun así para alguien como tú, acostumbrado en vivir en un pueblo tan pequeño y no ir a las ciudades de normal, sigue siendo una experiencia destacable. Aún más si le sumas la siembre presente brisa marina y el sonido de las olas, que abrazan las calles de Ciudad Hauoli.
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Dando un paseo tu madre y tu llegáis a lo que debe ser el mercado ese del que le han hablado.
Puestos y puestos se encuentran a los dos lados de una calle y gente compra y vende productos. La gran mayoría nativos, casi ni un turista a la vista. Es un lugar algo lejano a la zona de hoteles, lo piensas.
En los puestos se venden gran cantidad de frutas, algunas que has visto y probado, otras que has visto en libros y otras cuyo nombre es uno que siquiera puedes pronunciar.
Pero en el mercado no solo hay fruta, también hay carne y pescado.
Con una visión tan extraña, te das cuenta de las diferencias de este lugar con Kanto.
Es carne de animal y de pescados normales, pero venderla tan abiertamente es algo extraño. No es que la gente no coma de ello en Kanto, en todo el mundo se hace, pues es bueno y necesario para la salud y el crecimiento de la gente. Aún así estando el tema tan presente el tema de los derechos de los Mon-Mon y si su consumo es algo ético, la gente suele mirar a los productos que proceden incluso de animales normales y no Mon-Mon con algo de recelo. En Alola no parece ser el caso.
Mientras que tu madre charla con alguno de los amigables nativos, observas sin interés la multitud de gente. Entonces, ves algo extraño. O más bien, a alguien.
Te fijas bien, es una chica.
Pero algo único hay en ella, algo que la hace destacar en la multitud de gente.
Su piel blanca como la porcelana de una cara muñeca, su vestido blanco y pomposo, movido dulcemente por el viento, sus cabellos dorados que parecen valer más que cualquier oro de gran pureza. Su gran sombrero, que como una corona reposa en su cabeza, dándole una distinción especial.
Esta no es la imagen de un reina, sino de una princesa.
Una forma quasi infantil, una flor que aún no ha florecido.
¿Es acaso una turista, no perteneciente a este lugar?
No, no es eso.
Incluso aunque entre las pieles que han sido trabajadas por el gran astro del cielo, sus tez que parece de la misma manera tocada pero por la luna, no se encuentra fuera de lugar. Es más, se nota más propia de este que gente como tú.
¿Entonces que es, que es lo que notas extraño?
¿Es acaso la misma existencia de la chica, su belleza?
Te fijas de nuevo en la chica.
Su expresión no es normal, es una preocupada.
Sus ojos miran de un lado al otro en nervioso y sus pasos son tan rápidos como furtivos.
La chica se mueve rápido y empieza a desaparecer de tu vista.
Sin tener tiempo a pensar la sigo.
Y antes de que me dé cuenta... estoy perdido en la selva.
Parece ser que siguiendo un rayo de luna en medio del día, me he perdido. ¿Cómo puede ser que la jungla esté tan al lado de le ciudad?
¿El asfalto acaba simplemente y empieza la salvaje jungla...?
¡Pensaba que sería un parque o algo!
Sea lo que sea no hay rastro de la chica, o de civilización alguna.
"¡!"
Varios sonidos suenan, sonidos de bestias, de Mon-Mons salvajes.
Estoy muerto.
¿Estoy muerto, verdad?
Miras de un lado para otro, intentando encontrar entre los árboles de la jungla la visión de algún edificio de la ciudad, pero la maleza es tan densa que no consigues ver nada.
Definitivamente, estás perdido.
Definitivamente, estoy perdido.
Como respuesta a mi desesperación, algo se mueve entre la maleza. Una forma de gran tamaño aparece y se pone a dos patas. Su color no es un proveniente de la naturaleza. Es blanco y rosa. Es un Mon-Mon.
Levantando sus brazos como si tuviese la intención de darme un abrazo, se empieza a acercar lentamente hacia mí.
Su nombre es Vesligroso. Lo recuerdo de uno de los panfletos de la oficina de turismo.
Pongo un pie detrás de mí y me empiezo a girar lentamente hacia atrás.
Recuerdo el resto del panfleto, titulado: Los animales más peligrosos de Alola.
Paso tras paso, el Vesligroso se acerca. Parece tener una sonrisa en su rostro.
Cuando estoy justamente lo suficiente girado, tomo aliento, tenso mis músculos... y corro.
Corro con todas mis fuerzas. Sin mirar atrás.
Intento esquivar ramas y setos, pero no puedo impedir que me golpeen haciéndome varios cortes. También parte de mi ropa se atasca y mi velocidad hace que se desgarre.
Da igual, como si acabo desnudo o con todo el cuerpo lleno de heridas.
Sigue siendo mejor que la muerte segura.
Si ese extraño oso rosa me da su abrazo, este es uno mortal.
Corro, y corro.
Pues pese a que no miro detrás, puedo oír como este me persigue.
Su gran tamaño hace que sus pasos resuenen, ramas se parten a su paso y animales huyen de su marcha.
Unos pasos que cada vez oigo más cerca. La bestia emite ningún sonido, simplemente avanza, PUM PUM PUM, acercándose, PUMPUMPUMPUM.
No soy capaz de huír de un Mon-Mon.
Si mi velocidad no es suficiente, mi aliento empieza a entrecortarse.
PUMPUMPUMPUMPUMPUMPUMPUM
Y lo inevitable pasa.
Al tropezarme intento cubrir mi cabeza de la caída con mis brazos, pero algo pasa y noto un fuerte dolor en la cabeza. Sumado a mi falta de aire, parece que pierdo el aliento durante unos segundos.
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Cuando me despierto, está a escasos metros míos.
Y de nuevo, lentamente. Avanza hacia mí. Con sus brazos levantados.
Un abrazo mortal.
Un estúpido pensamiento se me pasa por la cabeza como último... me gustaría no haber muerto virgen. Je. Solo me puedo reír. Pero pensándolo bien, quizás es puro instinto. Encontrar una chica que me acepte y formar un familia. Eso habría estado bien.
De repente, el bosque tiembla.
Y algo hace que el Vesligroso salga volando por los aires.
Delante de mí se encuentra un Mon-Mon que mis ojos nunca han visto, ni por ellos mismos ni en un libro. Su figura hace frente al Vesligroso.
Abandonando su abrazo, zarpas de metal aparecen en sus no tan mullidas pezuñas. El otro Mon-Mon también parece prepararse para el combate.
Un combate entre Mon-Mons salvaje.
Sea lo que sea esta visión solo me mesmeriza durante unos instantes.
Sea el Mon-Mon que me ha salvado suerte o otra cosa no es importante.
Me levanto dolorido y vuelvo a correr con todas mis fuerzas sin mirar atrás, dejando los ruidos de una iniciada pela en medio de la jungla.
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Después de un par de minutos mis pies tocan asfalto.
Mi madre, siendo solo un rato no tan largo el que he pasado perdido, no estaba tan preocupada, viendo el estado de mi ropa y las heridas, la actitud es otra. Sin sentido de preocuparla doy alguna excusa y decido olvidarme de la situación.
