Las espumosas olas acaricia suavemente la costa de la isla Mele-Mele.

Con los consecuentes días la cantidad de gente que te encuentras por los pasillos del hotel ha disminuido, y de la misma manera la gente que reposa en la playa.

Así que se decide pasar un día de playa.

Echas una gastada toalla de playa sobre la blanca arena y vistes un bañador algo apretado que te recuerda a pasados tiempo de tu infancia en las playas de Kanto. En tus recuerdos, los idealizados de un niño, incluso hay diferencias con aquellas playas y esta. Es posible por visión tan diferente que da el mar de Alola.

Exceptuando tomar el sol, y observar las olas desaparecer en la arena no hay mucho más, y no tiene intención de quemar tu piel hasta parecer un nativo, así que decides dar un paseo. Tampoco te quiere tirar todo el día viendo el bikini de tu madre. Urhg.

Pero tristemente, ese parece ser uno de los pocos bikinis que vas a ver hoy.

Menos turistas significan menos gente, y dudo que los locales de una isla tengan mucho interés en pasar el día dando vueltas por la playa. Incluso el chiringuito que vistes el otro día tiene el toldo bajado y nadie ni nada se encuentra en su interior, excepto algún Mon-Mon salvaje de pequeño tamaño que ha dedicado hacer el lugar su casa temporal.

Así que andas por la arena, algo sediento.

A cierta hora, pero, tu madre a hablado con la gente de actividades del hotel para preparar cierta cosa.

Una pasarela flotando que entra hacia el mar, con el nombre del hotel gravada en una valla de entrada y en una tienda de plástico al final de esta. Una amable chica vestida con un bañador de una pieza con el nombre del hotel y un chaleco flotador te saluda amablemente.

"Que suerte han tenido, este será el último día de la temporada que operamos el servicio."

La chica te da a ti y a tu madre un chaleco flotante igual y os lleva al interior de la tienda de plástico que se encuentra cubriendo un trozo de agua.

"Rón-Rón, Rón-Rón." Dice la criatura que se encuentra dentro, también se encuentra en Kanto así que la reconoces, pese a que lleva un aparatero alrededor de su cuerpo.

Tu madre es la primera que sale.

Y después la chica te prepara a ti.

"Muy bien, agárrate con fuerza. Tiburrón puede acelerar muy rápido si está sumergido los suficiente, pero eso es parte de la gracia."

"Y cómo eres un chico joven, te he montado en el más fiero que tenemos."

"Oh, ya ve..."

Antes de que puedas acabar la frase, el Mon-Mon conocido por ser uno de los más rápidos de tipo Agua, sale a toda velocidad en dirección al océano.

¡...!

Agarras todo lo fuerte que puedes el palo que sale de la silla de montar. La aceleración inicial dura alrededor de medio minuto y después el Tiburrón baja a una velocidad de nado normal.

"¡Rón-Rón, Rón-Rón!"

"Sí, eres muy rápido, lo he entendido." Le dices al orgulloso Mon-Mon mientras que calmas la fuerza de sujeción de tus manos.

Mirando atrás la tienda del hotel ha quedado atrás.

Mirando a tu alrededor, azul.

Y dentro de este, cientos de colores.

Tras la traslucida agua cientos de formas se encuentran, formando un arcoíris de color. Esta es una de las diferencias principales con las playas de Kanto.

Los Mon-Mons de tipo agua de Alola, llenos de color nadan por el mar a poco metro de mis piernas. Y únicas formaciones de corales, que extensamente se alargan por toda la costa. Formas y colores, formando un único prisma submarino alumbrado por los rayos del sol.

Esta bella visión se convierte en unos segundos en colores borrosos.

De nuevo, el Tiburrón ha acelerado.

"¡Rón-Rón, Rón-Rón! ¡Rón-Rón, Rón-Rón!"

Cuando se vuelve a calmar, miras alrededor tuya y te das cuenta de que no sabes dónde estás.

Parece haber tierra cerca, así que al menos no ha ido a toda velocidad mar a dentro. Pero lo único que ves en esa lejana tierra es selva y ni una pequeña pizca de gris o de civilización.

...al menos en medio del océano y sobre un Tiburrón estoy seguro... ¿Verdad?

Intentas hacer un mapa mental sobre cómo has llegado aquí, pero la gran velocidad del Tiburrón y el haber entrado más de una vez completamente bajo el agua ha hecho que hayas perdido completamente la orientación.

"Y ahora qué hago..."

"Rón-Rón, Rón-Rón."

"Oye, sé que entiendes hasta cierto punto lo que digo, ¿no puedes llevarme de vuelta a la playa de donde hemos salido?"

Tiburrón empieza a acelerar de nuevo. "¡Rón-Rón, Rón-Rón!"

"¡No!, ¡No!, ¡Para un poco!"

Por suerte, parece hacerte caso y para a los pocos segundos.

"Ah..."

"¿Rón-Rón?"

"No, no más. Por favor."

Sin ideas, apoyas tu cabeza sobre Tiburrón.

"¡Oi...!"

"¡Oi!"

Una voz te hace levantar la cabeza. Acercándose a ti montada sobre un Laplace, una chica con una caña de pescar.

"Lo que pensaba, un extranjero."

"¿Oye, estás bien?" La chica te pregunta.

"Bueno..." Respondes. "Algo perdido..."

Desde más cerca y con una mirada al Tiburrón, la chica parece entender la situación.

Te extiende una mano.

"Agárrate. Si no estás encima no va a volver a coger velocidad."

"Venga."

Agarras la mano de la chica y haciendo fuerza, pegas un salto y subes a la montura del Laplace junto a ella.

"¿Me puedes pasar la bolsa llena de bayas?" Dice, señalando a un montón de bolsas que se encuentra en un rincón de la montura. "No, esa no. Esa es mi ropa de cambio, la otra. Sí, esa."

Le das la bolsa a la chica y esta saca una baya que le ofrece al Tiburrón. Rón-Rón, expresa este agradecido.

"En el hotel les dan de comer comidas energizarte, así que a veces se emociona demasiado y hacen que se pierdan algunos turistas, no se lo tengas en cuenta, no lo hace a malas. Le he dado una baya que lo calmará un poco."

"Oh, tiene sentido... ¿Pero no es como malo?"

"No suele haber problemas y pueden vivir tranquilos y con suficiente comida todo el año, no está tan mal si lo ves así."

La chica se sienta tranquila en la montura a tu lado y los dos esperáis que la baya haga efecto. Te fijas en la chica.

Probablemente debe de tener una edad cercana a la tuya, pese a que es algo baja. Su piel es más blanca que la de los nativos, pero su forma de hablar y su ropa, en especial su largo pantalón azul y blanco es adornado con motivos tradicionales de Alola que representan el mar. Debajo de este puede verse un bañador azul oscuro de una pieza asomarse.

Su pelo es corto, y parece mantener su peinado con una diadema de madera que recorre su frente. Su cara es algo pecosa.

No entiendes mucho de pesca, pero su caña es simple, extremadamente, un trozo de madera con un hilo del que cuelga una simple forma de metal. Para poder pescar con una caña así la chica debe de tener experiencia.

De tanto, mirarla la chica te devuelve la mirada.

"Oh, perdón. No me he presentado."

"Soy Suiren."

Tú también te presentas.

"Encantada Elio, ¿Te está gustando el mar de Alola?"

Recordando la visión de hace unos minutos notas como aparece una sonrisa en tu cara. "Sí, supongo. Es muy diferente al de Kanto."

"Eso suele decir la gente, sí."

"Bueno, tienes suerte en haberte encontrado con la campeona bimundial de carreras de Tiburrón. Si no fuera porque te he visto y llevo mis bayas para Mon-Mon, habrías estado dando vueltas a toda velocidad hasta que el Tiburrón se cansase y te hubiera encontrado el personal del hotel."

"Ya veo... muchas gracias."

¿Bicampeona mundial...?

Decides seguirle un poco el juego.

"¡Oh, es un honor conocer a una campeona mundial de algo!"

"Bimundial." Dice Suiren con una amplia sonrisa que casi no cabe en su cara.

"¿Y en que categoría de las carreras? Mi madre conoce un poco, así que si no es mucha molestia me gustaría un autógrafo."

"Ah bueno... ¿en las cuarenta millas...?"

"¿Cuarenta millas?"

"No sabía que esa categoría existía."

"¿Ah, no?" La sonrisa de Suiren empieza a menguar.

"Tú me lo dirás, Bicampeona mundial."

"Jeje, me has pillado, ¿Verdad?"

"Claramente. No tienes pinta de tener muchos más años que yo."

"Que sepas que suele funcionar... alguna vez."

"¿Sueles engañar a la gente?"

"Broma, broma. Son bromas."

"A los niños pequeños les encanta."

"Pero tú al menos me has dado una reacción, normalmente la gente emite algún sonido y no saca el tema de vuelta. Todos son unos aburridos. Parece que solo los niños pequeñossonríen de verdad."

"Eso es porque saben que es mentira."

"¿Tu crees? Jaja."

Después de un rato el Tiburrón está claramente mucho más calmado, así que me monto de vuelta a él.

"¿Sabes cómo volver, verdad?"

"Rón-Rón."

Me despido de la chica.

"Gracias."

"De nada, disfruta de tus vacaciones en Alola."

El Tiburrón coge velocidad en alguna dirección y la imagen de la sonriente chica sobre el Laplace se pierde entre las olas lejanas.

Sin problemas vuelves al hotel y todo continúa normal.