Te levantas en tu cama del hotel.
A través de las cortinas de color granate situadas en dirección al gran mar, la luz del sol entra. Despertándote.
Hoy es algo más temprano de lo usual y la luz que entra es menos.
Tras asearte y darte una ducha rápida, bajas a la planta baja del hotel.
Como ya es costumbre vas en dirección a la cafetería del hotel, pero claro, el horario seguido es el mismo y aún no han abierto.
En estas horas de la mañana algún comercio de comida debe estar abierto... en una circunstancia normal, probablemente. Pero siendo hoy uno de los últimos días antes del festival de gracias, muchas tiendas deben de estar sin abrir por lo que te comentaron tus compañeros ayer.
Miras el reloj que se encuentra en la entrada del hotel y te das cuenta que ya va tocando ponerse en marcha o llegarás tarde. Con algo de hambre, te pones de camino a la Escuela Mon-Mon.
Andando por el arcén de la carretera que lleva a las afueras de Ciudad Hauoli, acabas en los caminos de tierra que llevan a la cuesta que sube hasta la entrada de la Escuela Mon-Mon.
El camino está lleno de varios otros estudiantes y sus Mon-Mons, algunos de los que empiezas a reconocer caras y voces. Entre la multitud ves a algunos de tus compañeros de clase y te unos con ellos en el ascenso diario hasta la escuela.
Te reúnes con el resto de tus compañeros de clase en la extensión de terreno a la entrada de la escuela. En esta, todos los estudiantes se encuentran el día de hoy, formando una multitud. El director aparece y se sube a una plataforma de madera en pobre estado que parece ser usada para momentos como estos. En su mano tiene un micrófono por el que habla.
"Hola, hola. Probando."
"Como se llama un x que ? un y...? ¡Un xy!"
Una sola risa se escucha por el micrófono.
"Um, no parece funcionar..."
"Hola..."
A la segunda parece que sí que está convencido que funciona y empieza a dar una charla.
"Alola, mis queridos estudiantes."
"Hoy iremos a ayudar con los últimos retoques del festival de gracias. Quiero que todos vayáis en grupos sin separaros y sigáis las instrucciones de los profesores tal y como..."
Después de un rato de consejos de seguridad. "¿Porque él x cruzó la carretera...?"
Siguiendo las instrucciones de los profesores los estudiantes ordenados por grupos empiezan a salir fuera de los terrenos de la escuela. Te das cuenta que tampoco hay tantos estudiantes en la escuela Mon-Mon como un esperaría, pero sigue siendo un número lo suficientemente algo como para tener que tomar ciertas precauciones en una excursión.
Muchos ya saben dónde está el lugar, viviendo toda la vida aquí, el festival que se celebra parece ser una celebración anual a la que va todo el mundo de la isla, e incluso gente de las cercanas. El lugar donde sucede parece ser un pequeño pueblo en las montañas, de nombre Pueblo Lil'li.
Siguiendo caminos de tierra sin asfaltar, los grupos de estudiantes suben las cuestas en dirección a las montañas de la isla Mele-Mele. Los profesores se encuentran delante y a los lados de la pequeña procesión, echando un vistazo por si acaso. As oído que es poco común que algún Mon-Mon salvaje ataque gente en Alola, y muchos de los estudiantes han pasado la mayoría de edad y tiene un Mon-Mon propio, pero aun así los profesores llevan cuidado en el caso de que algo pueda suceder.
Por los caminos no todo es jungla y bosque, varios edificios construido y usados se encuentran al lado de los caminos, como por ejemplo varias granjas donde crecen coloridas frutas.
Conforma que subís, en ocasiones pasáis por caminos cerca de precipicios, donde viejas vallas de madera tratadas por el exterior protegen de decenas de metros de caída a la profunda selva que se encuentra en la distancia, pero cada vez más cercana.
Acercándose más a las montañas, el color verde empieza a aumentar en cantidad y la jungla a acercarse, pero el camino de tierra sigue igual de marcado en el suelo.
Cercano a la cumbre y después de cerca de una hora de paseo por los caminos, llegáis al lugar. Recibidos por dos grandes tótems de madera y unas escaleras.
El lugar a primera vista es un pequeño pueblo con solo varias casas, construidas y decoradas de manera tradicional. Según tienes entendido no mucha gente vive ya aquí, pero en el lejano pasado fue el lugar de vida principal de Mele-Mele. La gente lo ha cambiado por cercanía a Ciudad Hauoli y las comodidades de vida moderna, te comentó Kaki cuando preguntaste.
Al llegar al lugar, los profesores os empiezan a separar y dar varias indicaciones para donde ir para ayudar. Sea preparar alimento, mover cosas de algún lado para otro, ayudar a colocar el sistema de luces eléctricas, limpiar el lugar... etc.
Antes de que te des cuenta tus compañeros de clase han sido enviados a hacer varias tareas, y te has quedado solo. Un profesor que no conoces te manda al centro del pueblo, donde te dices que ayudes a aplanar noseque cosa.
Siguiendo las tablas de madera del suelo y subiendo las escaleras excavadas en la roca, llegas a lo que parece el lugar al que te han mandado sin mucho problema.
Una gran plaza de tierra y polvo, en el centro se encuentra una extensa plataforma de madera que se eleva del suelo varios centímetros, está pintada con gran variedad de colores, formando símbolos que reconoces como tradicionales de Alola. El símbolo del rayo es el que más se parece repetir.
En el lugar, hay un chico.
"¡Alola! ¿Te han mandado a ayudar arreglar la plaza?" Un chico de tu edad, cuya cara reconoces de haber visto por la Escuela, te saluda.
"Sí, eso me han dicho."
El chico entonces te mira.
"Oh, tú eres en nuevo del que he oído hablar. ¿El de Kanto, verdad?"
"Sí, supongo." Acabas de descubrir una desconocida popularidad.
"Hau." Se presenta el chico ofreciéndote la mano.
"Elio." Te presentas de vuelta, cogiendo su ofrecimiento. El chico toma tu mano fuerte.
Debe de tener la misma edad de tu, o no ser mucho más mayor. Tiene un largo pelo oscuro que recoge con una coleta y una tez marrón. Su complexión es delgada. Vestido con unos pantalones cortos y una camiseta holgada, lleva una mochila a su espalda.
"Oye." Dice sin soltarte la mano.
"En Kanto, hay Mon-Mons muy fuertes, ¿verdad?"
"Sí, supongo..."
"Tengamos una batalla Mon-Mon." Su mano te apriete más fuerte.
"Oh, lo siento, yo..."
"Venga, porfa."
"No puedo, no tengo."
Su mano te suelta.
"¿Oh, enserio?" Su expresión es tristona. "Yo creía que en Kanto todos teníais uno después de la mayoría de edad. Y mira que he sabido presentarme antes de pedir un combate..."
"Suele ser lo normal, lo siento..." Oh, este chaval es de ese tipo que está obsesionado con los combates Mon-Mon. Varios de tu pueblo eran igual, que cojones, es el deporte mundial, pero algunos lo llevan a demasiado según sabes por experiencia, mejor estar alejado.
Pero el chico se comporta mejor de lo que esperas.
Su cara se convierte en una sonrisa tonta. "Perdona, hombre. A veces me emociono demasiado. No me lo tengas en cuenta. No tienes que pedir perdón por nada, cada uno es libre de ir a su rollo, no te ates, no te ates. Si necesitas algo dame un toque, me caes bien."
"Oh, gracias..." Tienes tus dudas sobre el chaval, pero su sonrisa tonta te quita esas dudas cada segundo que la miras.
"Bueno, vamos al trabajo o nos van a echar la bronca."
Acto seguido Hau te explica exactamente lo que tenéis que hacer. Y te tiras un buen rato aplanado la tierra cercana a la plataforma de madera por algún motivo que no acabas de entender del todo.
ㅤ
Y mientas que descanso un momento, la veo.
Una figura, blanca y dorada, adentrándose en la selva. Una sensación de deja-vú te da. Es normal, pues es la misma persona.
"Oye, Hau. ¿A dónde va esa camino?"
"A las ruinas del templo de Tapu-Koko. Pero el puente está hecho un desastre así que no te recomiendo ir de turismo."
Antes de que Hau termine con una risita, ya te has adentrado en la selva.
ㅤ
Sigo el camino que se encontraba cerca de la plaza del pueblo, uno que se adentra en la profunda selva, subiendo la montaña aún más.
El camino atraviesa verde, pero este desaparece después de un par de pasos.
Me encuentro un camino que sube la montaña. Marcado con decayentes escalones y postes de apoyo de madera que suben la empinada cuesta.
Miras a los dos lados, pero no la ves.
¿Otra vez?
Es una sensación rara, cada vez que la ves. Una parte de tí...
¿Estás acaso soñando...?
"¡Aaaaaaaaaaaaah!"
Un grito me saca de mi pensamiento. No, definitivamente es real. Quizás no entiendes este sentimiento aún del todo. Pero el grito que has oído es real. Y reconozco esa voz. Es la voz de tu nueva compañera de clase que aún te mira desde lejos y no te habla demasiado. Es la voz de Lillie.
Empiezas a subir la cuesta a toda velocidad.
Al final de esta está Lillie.
"Alola Lillie... ¿Qué tal?" Eso ha sido más fácil de lo que pensabas.
"¡¿Elio?!"
Viendo la cara de Lillie sorprendida bajo los rayos de sol te golpea algo que es tan real como el suelo que estás bajo tus pies. Ah, claro.
Yo también me sorprendería si alguien me siguiera a lo profundo de la selva. Quizás tiene algo que hacer, el baño quizás estaba ocupado, o cualquier otra tontería que no se te puede pasar por la cabeza. De nuevo, te encuentras preguntándote el motivo, mientras que a la vez buscas alguna excusa. Pero esta no es necesaria.
"Elio." La voz de Lillie pronuncia tu nombre solemnemente. Te das cuenta que posee una pizca de terror.
"No nos conocemos mucho, pero necesito pedirte un favor."
"Oh, claro." Respondes sin pensar un segundo.
"Necesito que lo salves, por favor."
El no entender te lleva a mirar a tu alrededor y comprender la situación.
Delante de vosotros, hay una cascada. Una gigantesca cascada de agua como nunca has visto, cae desde lo alto de la montaña. Debe ser lo que forma el río que acaba en la escuela. Sobre este barranco se encuentra un puente, un alargado puente de cuerda y madera no en mucho mejor estado que las maderas del camino. Parece el típico que sale en manga y en la tele. Ese puente peligroso que se puede partir en cualquier momento. Parece que se usa para llegar al otro lado del barranco, donde puedes ver las entradas a una ruinas, probablemente esas de las que has oido hablar, donde supuestamente el guardián de la isla reside, o algo.
Vale, pero céntrate.
En el puente hay algo, una bandana de Gordimones, Mon-Mons de tipo Volador y Metal. Parecer dar vueltas, sobre otro Mon-Mon. De vez en cuando se bajan para darle picotazos. Has visto esta imagen en Kanto, los Gordimones son crueles Mon-Mon que rodean y pican sus presas hasta la muerte. Te fijas en el otro Mon-Mon, pero no logras reconocerlo.
Con las palabras de Lillie y esta visión, está claro lo que te pide.
"¿Es tuyo?"
"No, exactamente... pero debo protegerlo. Es muy importante."
"Ya veo..."
Empiezas a andar por el puente tambaleante.
A cada paso, el puente tiembla.
Tiembla de un lado para otro, y el sonido de la cascada cayendo metros en el aire hasta un rápido río lleno de piedras metros debajo llena tus oídos, solo interrumpido por las fuertes ráfagas de viento y el sonido de los gritos de los Gordimones.
Dando paso tras paso hacia adelante, el puente se tambalea y todo tu cuerpo baila sobre el vacío junto con él.
Tragas saliva.
Miras arriba, al sol.
¿Qué brillas más, el sol o el cabello de Lillie?
Paso tras paso, avanzas. El puente tiembla, tu corazón late. Paso, tras paso, tras paso. Quizás el sol brilla más. Pero en este momento solo puedes pensar el Lillie. Finalmente llegas a la bandada de Gordimones.
¿Y ahora qué?
De perdidos al río. Bueno, es una metáfora.
Te lanzas contra la bandada, haciéndolos apartarse por la sorpresa, echas tu cuerpo sobre el Mon-Mon de Lillie y lo proteges con tu cuerpo.
Los picotazos no tardan en llegar.
Notas los picos de metal de los Gordimones, clavándose en tu piel.
Miras al Mon-Mon debajo tuya.
"Hola pequeñito, ¿tienes alguna idead de como salgo de esta?"
Definitivamente que Mon-Mon tan extraño, no es que seas un experto en el tema precisamente. Pero no te suena para nada. Y en sí es extraño. Su piel... tan oscura como el cielo nocturno, parece brillar como las estrellas.
Una ráfaga de viento especialmente fuerte sacude el puente. Puedes empezar a notar como la sangre de tu espalda empieza a gotear a chorros y cae al suelo. "Cualquier cosa, estaría bien, ¿sabes? Tienes preocupada a Lillie."
Miras a los ojos de la criatura y esta mira a los tuyos. Sabes que un Mon-Mon es capaz de entender hasta cierto punto idioma humano, pero la mirada con que te mira parece que al contrario, eres tu quien lo entiende.
"¡Mog!" Dice.
Y te encuentras volando en el aire.
El puente ha desaparecido, evaporado ante tus ojos, y la gravedad está haciendo su trabajo.
Repito, era una metáfora.
ㅤ
En el aire, algo de agarra. Y volando te deja con poca suavidad sobre la tierra la lado de Lillie.
Antes de que desaparezca puedes ver unos colores y formas familiares.
"¡Cosmog!"
Lillie corre a tus brazos... a recuperar su bicho.
El susodicho bicho hace sonidos de alegría mientras que Lillie lo estruja en su pecho. Quien fuera un Mon-Mon.
"Te he dicho que no vayas tu solo cientos de veces, es peligroso si no te puedes defender. Todo esto ha pasado porque te has salido por tu cuenta porque te apetecía ir a ver las ruinas."
"Mog, mog..."
"Eso no me parece una excusa, señorito."
Te levantas y te empiezas a quitar el polvo de la ropa.
"Piensa lo que podría haber pasado a Elio si no hubiese pasado... bueno, ¡lo que sea que haya pasado!"
"Oh, Elio. Es verdad."
Por fin recuerda tu presencia.
"Madre mía, estás lleno de heridas. Espera un momento que te cure un poco." De su bolsa saca algo de agua oxigenada y unos algodones. "Venga, quítate la camiseta que te cure, rápido." Hace tal y como dices. Te quitas la camiseta y te sientas en el suelo. "Esto está pensado para curar heridas de Mon-Mon así que quizás escuece un poco más de lo normal.
Ahora eres tú el que grita.
Lillie te va poniendo el agua oxigenada y algún tipo de unguento sobre las heridas. Notas su mano sobre tu espalda.
"Gracias, Elio
Piensas en decir alguna frase chula, pero finalmente solo asientes e silencio con un. "De nada."
ㅤ
Despues de un rato y una espalda dolorida, parece que todas tus heridas se han cuidado gracias a Lillie.
"Tengo que pedirte otro favor."
El Mo-Mo entra en la bolsa de Lillie.
"Por favor, no le cuentes a nadie lo que ha pasado. Solo el Profesor Kukui y un par de personas más conocen de la existencia de Cosmog, y es mejor para todos que siga siendo así.
No acabas de entender.
"No puedo, explicar. Por seguridad. Lo siento."
"Usa la excusa que quieras. Es el segundo favor que te pido y el primero lleva un precio muy grande ya, pero por favor..." La voz de Lillie tiembla.
"Está bien." Respondo. "Tampoco me tienes que devolver nada."
"Bueno, una sonrisa estaría bien."
En la cara de Lillie, una sonrisa aparece.
Debe de ser tan brillante como el sol.
