Sasuke.

El día en el que Sasuke decidió que ya estaba cansado, fue porque incluso sus piernas resentían todos aquellos años que había pasado huyendo de ella. Aquel día soleado llegó con la certeza de que la fatiga que venía cada vez que se aproximaba a aquella menuda muchacha, poco tenía que ver con falta de salud, como se había querido convencer durante todo el tiempo que llevaban viajando, sino que los motivos encontraban su origen en la luz que emanaba de aquellos ojos aguamarina. Si bien la incandescencia que veía en ellos no era tan molesta como la de Naruto, había llegado al punto en el que se había filtrado por toda la oscuridad que había opacado su corazón a lo largo de su vida. Estaba perdido. Nunca había tenido tanta luz dentro de sí.

Esa mañana había discutido con Sakura, y el silencioso desasosiego que le siguió a lo largo del día luego de escuchar que ella había sugerido volver a Konoha, ya se estaba tornando lo suficientemente molesto como para que incluso sus piernas estuviesen más temblorosas de lo normal. La muchacha creía que él estaba cansado de ella, debido a que su irritabilidad estaba siendo tan evidente que había tocado su vínculo con su compañera de viaje, pero él era incapaz de explicar las verdaderas razones por las que se encontraba con ese humor más molesto de lo normal. Estaba enojado con él mismo porque se dio cuenta de que había llegado al punto en el que su corazón había desbordado la razón, y lo había hecho de tal modo que supo que nunca, nunca podría sacar a Sakura de su vida, porque se había enamorado de ella. Cuando la vio herida en su última misión supo que prefería cortar él mismo su única mano en vez de perderla, y con ese sentimiento llegó la inminente necesidad de acercarse a ella por lo que le quedaba de vida. Sin embargo, no sabía cómo explicarle que nunca podría cansarse de su compañía, ni que se había alejado de ella en los últimos días porque era sumamente difícil asumir que su amor era tan real como el vínculo que habían compartido desde que eran niños. Llevaba días sintiendo miedo al rechazo de Sakura, pero también sentía miedo de tomarla entre sus brazos y dañarla por eso, porque era un Uchiha y eso significaba estar maldito. La amaba, maldita sea. Y era un imbécil por haber pasado tantos años queriendo alejarla, siendo que ella se había inmiscuido dentro de su ser incluso antes de abandonar la aldea por primera vez.

- No te entiendo, Sasuke – la escuchó decir, y lo siguiente le hirió más que cualquier puñalada que pudo haber recibido en batalla – pero siento que sobro en tu vida y debería respetar eso.

No es así, quiso decir, pero las palabras murieron antes que pudieran escapar de su boca, porque el miedo de aceptar esa realidad lo estaba haciendo trastabillar en todas las creencias que habían dirigido su vida. La soledad a la que estaba acostumbrado, la oscuridad, el dolor, todo estaba en manos de Sakura y eso le hacía sentir pavor de la posibilidad de dañar su luz.

- Quizá no debí haber venido en primer lugar – dijo esto con el entrecejo fruncido y la mirada fija en un punto detrás del cuerpo de Sasuke - quizá debiese simplemente volver a Konoha.

Dicho esto, volteó en dirección al campamento y Sasuke asumió que iría a hacer su equipaje para volver a la aldea. Se sintió mareado por la falta de oxígeno, pues quiso ir corriendo tras de ella, pero el miedo encadenó sus pies al suelo mientras veía cómo su cabello rosado se alejaba cada vez más de él.

No quería perderla.

No podía perderla.

Pero esta vez era ella quien no quería estar a su lado.

Afinó sus sentidos para percibir el conocido chakra de su compañera, y se dio cuenta que se había puesto en movimiento. Sintió ira, porque mantenerla alejada de él significaba que ella podría tener una vida feliz algún día, pero eso implicaba que él mismo se condenaría al sufrimiento de perderla, pero intentó convencerse de que sería lo mejor para Sakura.

- Si no está aquí, no le puedo hacer daño – se decía – si está en la aldea, Naruto y Kakashi la protegerán, e incluso podrían presentarle a alguien.

La imagen de Sakura con otra persona le pareció vomitiva, pues con ello vio asociado el hecho de que implicaría que eventualmente podrían formar una familia. No quería verla con otro hombre, ni menos teniendo hijos de otro hombre. Nuevamente se sintió un imbécil porque con ello vino la absurda idea de Sakura portando la cresta Uchiha en su espalda, para luego imaginarla con un bebé de cabello negro en sus brazos y demonios que deseaba que fuera así. Quería alcanzarla, tocarla, abrazarla, embriagarse de su olor, su sabor y sus sonidos y jamás dejarla ir nuevamente, pero temía que todo eso significase la condena para Sakura.

Se sentó en la escasa vegetación del lugar, derrotado, y con el puño apretado sobre su frente intentó alejar todo aquel caos de su corazón, pero la certeza de que el chakra de Sakura se hacía cada vez más imperceptible no lo dejaba concentrarse en nada, ni siquiera cuando intentó entrenar para despejarse. Sabía que la perdería para siempre si no iba tras de ella, e imaginó qué le diría Naruto si es que hacía eso. Se dio cuenta de que ni siquiera podría volver a Konoha si permitía que se fuera, porque la visión de Sakura sin él en su vida podría herirlo hasta tal punto que lo envenenaría para siempre.

No.

Mordió su dedo e invocó a Garuda, el halcón legendario que solía acompañarlo desde hace su adolescencia. Mientras se elevaba para ir en su búsqueda – pues en ese punto le llevaba al menos cinco horas de ventaja - intentaba decidir qué haría una vez llegara al lugar donde estaba: ¿le hablaría? ¿qué le diría? ¿qué podría decir él, con su incapacidad habitual para expresar emociones que no tengan que ver con odio o venganza, y así convencer a Sakura de quedarse a su lado? ¿cómo podría hacerle ver que si había intentado alejarla fue por querer protegerla por sobre todo? ¿cómo le podría explicar que su vida era más importante que la suya? Imaginó que ella estaría lo suficientemente afectada como para no querer escuchar lo que tendría que decir, y temió tuviese la voluntad como para haber decidido expulsarlo de su vida para siempre, después de la forma en la que él había actuado durante todos esos días. Le había hecho creer que estaba cansado de su presencia, y no podía ser que ella actuase de otra manera si no era rechazando su contacto. Se sintió abrumado, y se repetía una y otra vez cuán idiota había sido por no haberse dado cuenta antes de que estuviese a punto de perder a quien le daba sentido a su vida. Qué no haría por tenerla. Incluso luchar si era necesario.

Una vez la vio desde lo alto, pudo captar el sobresalto en su espalda cuando pronunció lo que diría a continuación:

- Sakura – dijo, luego de respirar profundo para esconder la ansiedad en su voz – tenemos que hablar.


Sakura.

- Sakura – cuando escuchó la voz de Sasuke, la sorpresa fue tal que supuso él se había dado cuenta del movimiento involuntario de los músculos de su espalda. Idiota, soy tan obvia. – tenemos que hablar.

Saboreó durante unos segundos la profundidad de la voz del hombre al que amaba, pero al que había decidido dejar para siempre. Ni siquiera tenían algún tipo de vínculo sentimental, simplemente llevaban algunos meses viajando – meses en los que supuso, secretamente, que podría llegar a despertar algún sentimiento en el Uchiha -, pero aquel día se había dado cuenta de que la convivencia era imposible, dado que todo en Sasuke le hacía entender de que ya no quería su presencia a su lado. Al percatarse de ello supo que cualquier vana ilusión que había tenido era simplemente eso, una ilusión que se había deshecho en la fría realidad de que su sueño era imposible. Lo suyo era un amor unilateral que nunca sería devuelto, pues en todo ese tiempo no había visto ningún indicio de que Sasuke la viera como algo más que su antigua compañera de equipo, y no podía permitirse forzar tener algún tipo de relación con él dado que no la amaba, y nunca lo haría. Qué boba. Antes de voltearse secó la lágrima que había rodado por su mejilla, e intentó manejar la ansiedad que le pesaba en el estómago.

- No lo creo, Sasuke – giró sus pies lo suficientemente despacio como para pensar que se estaba demorando demasiado en encararlo – no creo que haya algo de qué hablar.

Vio como los ojos del Uchiha se entornaron, y supuso que la estaba estudiando a pesar de los metros de distancia que los separaban. Le vio suspirar y escuchó lo que dijo a continuación.

- En realidad, sí.

- Vuelvo a Konoha – al pronunciar estas palabras, intentó parecer lo suficientemente firme como para no provocar lástima en él – fue una buena experiencia haber viajado contigo durante estos meses, y creo que cumplí mi propósito de poderte acompañar alguna vez. – el llanto amenazaba con salir contra su voluntad, pero intentó dibujar una sonrisa en sus labios para no dejar en evidencia el torrente de dolor que la estaba aprisionando por dentro – pero creo que llegó el momento de volver a la aldea.

- Sakura...

- Prefiero no hablar, Sasuke – levantó la mano a la altura de su cadera, en gesto de distancia entre los dos – dejémoslo así.

Sentía que la sangre se le helaba en las venas al observar el rostro de Sasuke bajo su cabello negro, cuyo movimiento rebelde por la brisa del atardecer se veía tan hipnotizante como siempre. Lo amaba, lo amaba tanto que nunca le había dolido tanto una decisión como la que estaba tomando ahora. Lo amaba tanto que no lo forzaría a tenerla a su lado si él no lo quería, pues solo deseaba su bienestar, a pesar de que significara que eso le desharía el corazón en el proceso. Estaba renunciando al amor de su vida pues solo deseaba verlo feliz, por lo que sonrió para enmascarar el vacío que se le estaba abriendo en el pecho al oírle hablar:

- Pelea conmigo, Sakura – le sorprendió la media sonrisa que se dibujó en la cara de Sasuke y, por sobre todo, le confundió la expresión que se dibujaba en su rostro – si ganas puedes irte sin oírme, pero si pierdes me tendrás que escuchar.

¿Por qué le diría algo así?

- ¿De qué hablas, Sasuke? – el desasosiego se volvió pesado en su pecho, considerando que le dolía sobremanera dejarlo, como para que además él se burlara de la situación.

- Lo que oíste – vio la serenidad en el rostro despejado del Uchiha, y odió pensar qué podía ser lo que él quería obtener de aquello – quiero que pelees conmigo.

Presionó su puño al imaginar qué quería decir Sasuke con eso. Si pretendía ganar la batalla con ella para explicarle los motivos de por qué debía volver a Konoha y mantenerse alejada de él, se había equivocado. No era el tipo de mujer que permitía que se burlaran de sus sentimientos, incluso aunque se tratara de Sasuke.

- ¿Qué pretendes, Sasuke? – el enojo le hizo derramar lágrimas mientras observaba enojada el rostro sorprendido del Uchiha - ¿Acaso viniste solo para burlarte de mí?

- ¿Burlarme? – por un segundo le pareció que lucía confundido - ¿por qué crees que querría burlarme?

- ¿Acaso no es eso lo que pretendes al afirmar que me podrías ganar?

- ¿Eso te parece que hice? – la media sonrisa se pronunció en el rostro marmóreo del Uchiha, luego de unos segundos de sorpresa.

Acto seguido, con su única mano hizo los sellos para invocar una gran bola de fuego, que envió a toda velocidad en dirección a Sakura. Al menos tiene la decencia de atacar en serio, pensó con molestia mientras saltaba a toda velocidad hacia atrás para huir del ataque. Una vez llegó al punto de escape, corrió a toda velocidad en dirección al Uchiha mientras sorteaba las pequeñas bolas de fuego que le enviaba, y cuando se situó en el punto justo que buscaba, lanzó un shuriken en hacia el cuerpo de Sasuke, que él pudo evadir sin problemas. Con rapidez abandonó el lugar e hizo lo mismo desde cinco puntos distintos, de los cuales ninguno acertó su cuerpo.

- ¿A qué juegas, Sakura? – preguntó Sasuke con evidente curiosidad, sin activar el sharingan aún – tu puntería suele ser mejor que esto.

La muchacha hizo como que no escuchó la voz del pelinegro, e invocó una gran cúpula de tierra que comenzó a cubrir el cuerpo del hombre: mientras mantenía el sello activo, vio cómo Sasuke quiso saltar para huir de la prisión que se cerraba sobre él, pero se vio imposibilitado de hacerlo al darse cuenta de que los shuriken que había lanzado traían consigo un invisible hilo de chakra que habían limitado su movimiento. Le vio sonreír al darse cuenta de la treta, y antes de poder hacer algo, Sasuke había invocado un rayo que cortó los hilos que le habían atrapado segundos antes. Sakura sintió la adrenalina y saltó en dirección al bosque que los rodeaba, donde se escondió detrás de un árbol mientras esperaba que se acercara el Uchiha. Limitó su chakra al mínimo para hacerlo imperceptible hasta que, de pronto, el frío comenzó a envolver su cuerpo, junto con una espesa niebla que rodeaba el lugar. Comprendió lo que había hecho Sasuke: al no poder sentir su chakra, usó un jutsu similar al de Ocultación en la Niebla, con la ligera diferencia de que este traía consigo un frío similar al de la nieve. Su plan era simple: se escondería lo suficiente como para poder hacerse del factor sorpresa, y le atacaría con rapidez desde varios puntos usando clones de sombra, y para evitar que Sasuke pudiese identificarlos con rapidez gracias a su sharingan, ella previamente los imbuiría de su chakra para que le diera al menos dos segundos de ventaja en lo que él demoraba determinar cuál era real, y así poder tener la oportunidad de acercarse lo suficiente como para hacerle algo de daño con un Okasho. Cerró los ojos para sentir la presencia de su compañero y, cuando lo hizo, además del frío, percibió algo distinto a lo que esperaba. ¿Por qué la niebla traía consigo el aroma de Sasuke? Distinguió el leve olor a pino que solía asociar con él, y el estómago se apretó en respuesta, como un reflejo natural que tenía frente a cualquier cosa que estuviera asociada con él. Cuando se dio cuenta de que sus sentidos estaban embotados producto del olor que se percibía en el ambiente, tuvo el recuerdo de aquellos cuentos de vampiros que solía leer cuando pequeña, e hizo memoria de que, en la fantasía, estos seres suelen usar este tipo de estímulos para atraer a sus víctimas, por lo que el pensamiento que vino a continuación le llegó de golpe: Sasuke la estaba cazando.

Se sintió mareada al sentirse como una presa, pues no era difícil de saber que él sabía el poder que tenía sobre ella y, por ende, se favorecía con ello. Bastaba que se aproximara un poco más de lo habitual para que le temblaran las piernas, y el más leve roce la hacía sobresaltar. Él estaba usando eso en ventaja, y demonios que no me importaría si se acercara por detrás y quisiera morder mi cuello. Se dio cuenta de que, además del temor de la situación, había otro sentimiento subyacente que trató de esconder: la adrenalina de saberse cazada por Sasuke. Fue por ese motivo que cargó su puño con chakra, y con un fuerte golpe abrió un cráter en el suelo, de modo que pudo eliminar la niebla a su alrededor, y con ello el temblor en sus piernas. No se podía permitir distraer por los efectos que ese hombre provocaba en su cuerpo, por lo que debía concentrarse en la batalla.

Una vez identificó el lugar desde donde Sasuke se encontraba, comenzó a contraatacar de acuerdo con el plan que tenía en mente: separó cuatro clones imbuidos en chakra que se aproximaron al pelinegro, que cedieron con facilidad una vez él utilizó un jutsu de agua para eliminarlos. Mierda. Repitió lo mismo dos veces, enviando clones en oleadas, de los cuales solo uno logró rozar el costado del hombre hasta hacerlo trastabillar. Es mi oportunidad. Vio la forma en la que él se sostenía el lugar golpeado, e intuyó que la fuerza del puño debió haber provocado un daño real en el cuerpo del muchacho, por lo que la culpabilidad emergió desde su estómago y le hizo disminuir la fuerza con la que estaba dirigiendo su puño. No se arrepintió de esto sino hasta que vio los ojos de Sasuke mirar en dirección a los suyos, después de lo cual observó cómo la figura que tenía frente a ella se disolvía en una voluta de humo negro, tras lo cual el ambiente de a poco se fue oscureciendo. Genjutsu.

- ¡Liberar! – gritó intentando liberarse del efecto de la ilusión.

- No es un genjutsu normal – se estremeció al sentir la voz de Sasuke detrás de ella, más cerca de lo que imaginaba que estaría.

- ¿Por qué haces esto, Sasuke? – cuestionó con enojo.

- Porque de otro modo no me ibas a escuchar.

Apretó los ojos en un intento de controlar el temblor que amenazaba nuevamente con hacerse notorio, mientras presionaba las palmas de sus manos con las uñas para intentar mantener el control. Sintió un leve movimiento a sus espaldas que hizo que los vellos se erizaran, a la vez que intentaba adelantarse a las intenciones de Sasuke para comprender qué estaba pasando ahí.

- Sakura… - la voz sonó profunda a través del susurro que emanó a sus espaldas, generando una presión en el vientre que llegaba a doler.

Lo siguiente que percibió fue suficiente para desarmar la coraza que había intentado construir desde que abandonó el campamento. Pudo sentir que Sasuke tomaba suavemente unos mechones rosas mientras estaba de pie detrás de ella, despejando aquella parte del cuello que lo unía con su propia espalda. Identificó cómo el dedo índice del pelinegro dibujaba una suave línea en la piel que terminó cuando apoyó la mano completa, apenas tocándola, de modo que la escena de los cuentos de vampiros se hacía más y más real. Estaba profundamente mareada e intensamente paralizada, casi sin poder mover un solo músculo por la impresión que le causaba ser tocada por Sasuke de ese modo, que era lo más cerca que había estado en todos esos meses. De pronto, sin previo aviso, sintió que el muchacho cargaba sus dedos con suavidad mientras aproximaba su rostro al cabello de Sakura, apoyando su frente en la parte trasera de su cabeza, con la nariz tan cerca que podía sentir el leve aire que emanaba de él al respirar. Si Sasuke la hubiese mordido en ese momento para beber su sangre, no habría hecho más que ladear su rostro para darle mayor espacio en su cuello, y que él se pudiese saciar a voluntad, solo que nada de eso ocurrió realmente.

- Si te pidiera que no vuelvas a Konoha - Sakura sintió que la voz de Sasuke sonaba cansada, como si apenas hubiese terminado una batalla mucho más grande de lo que realmente fue - ¿te quedarías?

No supo qué responder. Estaba tan impresionada por lo que acababa de oír que fue como si se hubiese olvidado de hablar, pues era lo que realmente había esperado desde que era una niña. Intentó formular una respuesta coherente, pero ningún pensamiento se lograba asentar en su mente con suficiente fuerza como para dar una respuesta en ese momento, aunque todo de ella bullía en su interior queriendo gritar que sí, que se bastaba una palabra de Sasuke para que ella se quedara. Sin embargo, un hilo de conciencia se logró afirmar en su cerebro, y se dio cuenta de la situación en la que estaba.

- ¿No te parece que esto es bastante conveniente en una batalla, considerando que caí bajo tu genjutsu? - si bien intentó parecer firme, la impresión aún se traslucía en sus palabras.

La reacción de Sasuke fue algo que no esperaba, pues en lugar de decir cualquier cosa, pudo oírlo sonreír con su nariz apegada a su propio cabello.

- ¿Que acaso no te has dado cuenta de que ya no estás en la ilusión?

Se sorprendió al oír esas palabras, y no fue sino hasta que inspeccionó la situación que se dio cuenta de que sin duda el Sasuke detrás de ella era el real. Las rodillas se sintieron débiles, pues no cabía duda de que eso ya no se trataba de un genjutsu, sino que el Uchiha de carne y hueso estaba apoyando su rostro en la parte posterior de su cabeza mientras sostenía su única mano en su hombro. Sintió el calor emanar desde su vientre hasta terminar sonrojando sus mejillas, completamente vulnerable al tacto del hombre. Incapaz de responder, tomó la mano de Sasuke entre sus dedos y volteó con lentitud, sin saber qué esperar al enfrentar su rostro que no se movía de su posición, quedando a escasos centímetros del suyo.

- Quédate - susurró el pelinegro, mientras veía los ojos desiguales del muchacho que la observaban.

Nunca esperó que Sasuke pudiese hacer algo como eso. Por primera vez sentía que había una posibilidad, una escasa posibilidad de que su sueño por fin pudiera llegar a hacerse realidad.

- ¿Por qué? - preguntó con un hilo de voz, incapaz de formular la pregunta como realmente la quería hacer.

Luego de unos segundos de silencio, la voz de Sasuke pronunció las palabras que nunca pensó que podría oír.

- Porque no quiero que te vayas - los ojos del muchacho cambiaron de objetivo, y dejaron de observar sus ojos aguamarina y se posicionaron en su boca - nunca.