Picadura

El sol se levantó e iluminó el mundo poco a poco, entrando a través de las cortinas de la habitación de una joven yegua, tapada por una manta. El despertador comenzó a sonar, y el casco tembloroso de la chica salió de su refugio y apago la máquina, levantándose poco después con un bostezo. Era una poni terrestre de pelaje marrón claro con una crin en dos tonos de rosa, ojos verdes, tres pecas en cada una de sus mejillas y una cutie mark consistente en un engranaje, símbolo de su pasión por la ciencia. Era Babs Seed, prima de Appleblom y Applejack. Con un bostezo, salió de la cama con pereza, preparándose para el día.

- ¡Babs! ¡Baja a desayunar o llegarás tarde!- grito la voz de su tía Sweet.

Y es que desde la muerte de su hermana, quien había sido su única tutora legal, a sus 10 años, se había quedado a vivir con su tía Sweet y su tío Juice Apple, ambos terrestres, ella de pelaje rojizo suave, con una cutie mark de un frasco de mermelada de manzana, él de pelaje anaranjado y un manzano de cutie mark, los dos con una crin ya canosa. Aún con algo de sueño, Babs bajo las escaleras hasta la cocina, donde vio a su tía preparando los platos y su tío leyendo un periódico, este último levantando la vista con una sonrisa.

- Hola, chica, ¿qué tal has dormido?

- Como siempre, no me puedo quejar- dijo mientras se sentaba en la mesa, dando un ligero bostezo.

- Alguien se acostó tarde- comentó su tío Juice con picardia.

- Estaba estudiando, tengo un examen el próximo mes- dijo la joven mientras se servía una tostada de la bandeja colocada en el centro de la mesa por su tía y la untaba en mermelada de manzana.

- Te he dicho que no debes estudiar tanto si aún te falta un mes- dijo Sweet.- Acabarás tan cansada el día del tu examen que no podrás ni mantener tus ojos abiertos.

- ¿Nuestra Babs?- dijo Juice con una risa.- Aprobará ese examen incluso durmiendo, ¿no es así, chica?

Babs sonrió a su tío mientras comía, asintiendo enérgicamente. Poco después de terminar su comida, agarró sus alforjas y salió de la casa, caminado por las apacibles calles de su barrio, uno de los más tranquilos de la ciudad. Tras unos pocos minutos, llegó a la parada de autobuses, sentándose a esperar al vehículo escolar. Hacia ya cuatro años que estos y los coches impulsados por energía mágica estaban sustituyendo a los carruajes, que se quedaron obsoletos en poco tiempo. Ahora uno tenía que irse a pequeños pueblos como Ponyville o Appleloosa para poder ver a estos carros como el único medio de transporte. Babs miró calle abajo y sonrió al ver a una de sus grandes amigas avanzar hacia ella, saludando efusivamente.

- ¡Hey, Babs! ¿Qué tal la mañana?

- Ahí vamos, como siempre. ¿Y la tuya, Sun?

Sun Stacy, amiga de la infancia de Babs, una yegua unicornio de pelaje anaranjado, que coincidía con el tono del atardecer, crin dorada igual a los rayos del sol, con unos ojos azules y una cutie mark consistente en un microscopio, signo de que, al igual que su amiga, le apasionaba la ciencia, en especial la bioquímica, se sentó a su lado con un suspiro.

- Ajetreada, mi padre tuvo que marcharse temprano por una reunión en comisaría y mi madre necesito ayuda para hacer el desayuno y asegurarse de que ese pequeño desastre que tengo como hermano estuviera listo a tiempo.

- Dime que no provocó ningún desastre- dijo la terrestre entre risas.

- Na, ya consideramos normal tener que colocar su cama en su sitio otra vez- contesto la unicornio con una carcajada.

En ese momento, el autobús amarillo de la escuela se detuvo frente a ellas, quienes subieron listas para un nuevo día de escuela. Durante el trayecto de veinte minutos se dedicaron a repasar los detalles que sospechaban entrarían en su próximo examen, ignorando los comentarios del grupo de populares que se sentaban al fondo del vehículo. Cuando llegaron, lo primero que hicieron al entrar en la plaza donde los alumnos esperaban a que empezaran las clases, fue buscar a su amigo Autumn Osborn, encontrándolo en una de las mesas frente a su bloc de dibujo. Era un unicornio verde suave con una crin rojo castaño, ojos azules y una cutie mark consistente en un pincel sobre un lienzo en blanco.

- ¡Autumn!- dijo Babs con alegría mientras se acercaba.

El aludido levantó la vista y sonrió al ver a su amiga terrestre, a la que conoció hacia dos años y ya eran muy cercanos. Cerró su bloc de dibujo cuando llegaron a su altura, sonriendo a las dos.

- ¿Qué tal están las empollonas de la clase?

- Ja, ja- dijo Sun con sarcasmo.- Estudiar con tiempo no tiene nada de malo.

- Ya, pero es que si seguís así, vais a acabar demasiado agotadas como para siquiera manteneros en pie.

Las dos yeguas se miraron entre sí, viendo las ojeras en sus ojos.

- Tal vez debamos relajarnos un poco...- comenzó Sun.

- Pero no dejaremos de estudiar- termino Babs con una sonrisa.- Cosa que tú deberías hacer, no querrás suspender otra vez ciencias.

- Ya estudiaré... llegado el momento.

Unos cuantos minutos después, sonó la sirena que marcaba el inicio de las clases, a las que fueron rápidamente. La primera que tenían era la favorita de ambas yeguas, ciencias, asignatura de la que tenían ese examen que se estaban preparando tanto. El profesor en cuestión, un pegaso, colocó sus papeles en la mesa, dirigiéndose al grupo poco después.

- Bien, clase, antes de empezar, ¿a quien le falta pagar los 3 bits para la excursión de mañana?

- ¿Y si quiero pagar para no ir?- dijo una voz al fondo, ganando varias risas de sus compañeros más cercanos.

El responsable no era otro que la estrella del equipo de buckball del instituto, deporte que se había vuelto increíblemente famoso en esos años, Ball Thompson, un terrestre de pelaje amarillo, crin rubia, ojos azules y una cutie mark con un balón. El profesor frunció el ceño mientras lo observaba, nada contento con su actitud.

- Le recuerdo, señor Thompson, que está excursión es obligatoria para aprobar esta materia. Y le sugiero que se lo tome en serio, los equipos profesionales de buckball lo rechazarán si suspende demasiadas asignaturas.

Eso fue bastante para borrar la sonrisa en el rostro de Ball, satisfaciendo al profesor que se dispuso a continuar con la clase. Un tiempo después, Babs caminaba junto a sus amigos a su siguiente clase, hasta que su camino se vio truncado por Thompson, quien miró divertido a la terrestre.

- Hola, empollona.

- ¿Qué quieres, Ball?- dijo Sun desafiante.

- Nada, solo voy a decirle a mi buena amiga Babs que me gustaría mucho que mañana me prestara las notas que vaya a tomar.

- ¿Y por qué no te las haces tú?- dijo Babs con un suspiro.

- Porque yo estaré muy ocupado, listilla- dijo el gran terrestre divertido mientras le daba un pequeño empujón.- Y más te vale darme esas notas.

Con esas palabras, el matón se alejo con un silbido alegre, dejando al trío de amigos mirándolo con odio.

- ¿No pensarás hacerlo, verdad?

- ¿Y qué hago, Sun? Esto es muy distinto a los insultos que recibía de pequeña, aquí, es obedecer o recibir una paliza.

- No se si se atrevería a eso.

- Oye, al menos no soy el foco principal, solo soy la que le da los apuntes.

- Aún así no está bien...

- Lo sé, pero podría ser peor.

Con esas palabras, Babs avanzó para dirigirse a su siguiente clase, detrás, Sun y Autumn se miraron antes de suspirar y seguirla.


El laboratorio de Lizard Connors, una de las eminencias más importantes en la biología y genética, era el más famoso en Manehattan. Babs observo el edificio sonriente, encantada de estar en el lugar de trabajo de uno de sus héroes. El grupo entró en la estancia, encontrándose con un vestíbulo bastante grande donde esperaba una de las científicas, quien sería la encargada de guiarles por el laboratorio.

- Bien, todos juntos, por favor, no os separeís.

Guió a los adolescentes al laboratorio, entrando en una sala bastante grande con varias mesas donde se podían ver a los científicos trabajar. En una esquina había un aparato gigantesco que tanto Sun como Babs reconocieron como el modelo más nuevo de microscopio electrónico, capaz de procesar y estudiar varias decenas de muestras distintas. Al fondo habían más puertas que llevaban a los despachos y salas más especializadas en otros estudios. Durante la siguiente media hora, los estudiantes pudieron ver el funcionamiento de la estancia en la que estaban, donde los científicos estudiaban y trabajaban en las muestras más sencillas.

Tras esto, pronto fueron guiados hacia las salas más importantes de todas, entrando en un pasillo bastante largo y pasando por una puerta en la que se podía leer "estudios genéticos". Allí, varias de las yeguas y potros más sensibles sintieron un escalofrío, pues se toparon con una sala llena hasta arriba de varias jaulas donde habían dos clases de animales, reptiles y, las que provocaban el sentimiento de incomodidad, arañas. Un poni terrestre de pelaje marrón, crin castaño, ojos azules y una cutie mark consistente en una espiral de ADN, apartó su vista de un ejemplar en específico, un lagarto, y observo al grupo con una sonrisa.

- Hola a todos, encantado de veros- dijo mientras se acercaba, y los estudiantes pudieron ver bien su pata derecha delantera, antes oculta, dándose cuenta de que era en realidad una rueda fijada al muñón que era el resto de su brazo con una abrazadera de metal.- Soy Lizard Connors, jefe científico de estos laboratorios, es un placer teneros aquí, donde trabajamos por un futuro mejor, un mundo donde las enfermedades más agudas, como el parkinson, enfermedad que obliga a los que la sufren a ver como su cuerpo los traiciona, puedan curarse, al igual que mi mal- dijo observando su prótesis.- ¿Alguien sabe cómo?

Ningún poni en el grupo dijo nada, y el científico parecía un poco decepcionado, pero entonces, un casco se alzó sobre los demás. Cuando los adolescentes se apartaron, Lizard vio a una terrestre que tenía una gran sonrisa, Babs.

- Cruce entre especies... Cogiendo el ejemplo del parkinson, la enfermedad se origina por la falta de dopamina en el cerebro, pero el pez cebra puede regenerar cualquier célula. Si de alguna forma pudiera dar esa habilidad a un poni... la enfermedad se iría por si sola.

- Eso o se convierte en pez- dijo un pegaso con una risa, contagiando a todos.

Una vez se callaron todas las risas, Lizard Connors observo a Babs con una sonrisa amable.

- Has acertado, joven. ¿Cómo se llama?

- Babs Seed, señor.

- Interesante... Tienes futuro, puede que en un futuro te llame para trabajar conmigo, las grandes mentes deben estar juntos- dijo el terrestre, sacando una sonrisa emocionada en Babs y un toque amistoso de Sun.- En fin, les dejo con la eficaz señorita Heart, que disfruten el resto de la visita- comento observando a la guía del grupo.

Tras despedirse, Lizard se alejo para ir a su despacho, no sin llevarse el ejemplar que estudiaba con él. En cuanto se huvo ido, la llamada Heart los guió hacia una sección de la sala donde habían tres jaulas distintas con tres arañas.

- Bien, atentos, porque este es el trabajo más importante en este laboratorio.

- ¿Y tiene que ser con arañas?- dijo Autumn, no muy fan de esos insectos, siendo apoyado por varios compañeros.

- Con arañas y reptiles, aunque nos centramos más en estos últimos. Las arañas fueron elegidas para las primeras pruebas antes de pasar a un organismo más complejo.

- ¿Qué pruebas?- pregunto una joven.

- En un momento llegaré a eso. Acercaos, por favor- dijo mientras se acercaba a la primera jaula, donde se podía ver a una araña en el borde de una rama de árbol, y para asombro de los estudiantes, está salto a una planta bastante más alta.- Os presento a la saltadora, capaz de saltar grandes distancias, para ella, claro, para atrapar a su presa- la guía paso a la segunda, donde había una araña llevando en su tela a un bulto envuelto, que parecía bastante más grande que ella.- A esta la llaman el "Hércules" de las arañas, capaz de levantar 170 veces su propio peso- la última jaula mostraba a una araña situada en el centro de una telaraña.- Y está es, en mi opinión, la más impresionante, una araña con una agilidad fuera de lo común, con una velocidad neuronal tan grande que los investigadores creen que esta rozando la precognición, es decir, pueden sentir el peligro. Es una especie de sentido arácnido.

- Me recuerda a alguien- susurro Babs a sus amigos con una pequeña risita, recordando a cierta poni rosada con un "sentido Pinkie".

La guía los llevo hasta unas 15 jaulas mucho más pequeñas, tanto como un cubo de rubik, en la que habían mas arañas, una por cada jaula.

- Las pruebas que mencione antes consistían en poder pasar la información genética de estas tres arañas a estas 15 súper arañas modificadas genéticamente. Todo para, como dijo vuestra compañera, poder lograr el cruce entre especies

Babs se acerco un poco para observar mejor a las arañas, frunciendo el ceño al notar algo importante.

- Sólo hay 14.

- ¿Cómo?

- Falta una.

La guía observo detenidamente las jaulas y observo que, efectivamente, sólo habían 14 jaulas ocupadas.

- Ummm, los investigadores estaran trabajando con ella. En fin, como os decía...

Mientras la científica seguía su explicación, por encima de sus cabezas, sin que nadie se percatara, había una telaraña hecha entre una de las vigas de la sala y el mismo techo, con una araña en la misma. El pequeño artrópodo se colgó de su tela y descendió lentamente hacia el suelo, empezando a caminar con velocidad. Justo cuando los ponis empezaron a moverse, se consiguió subir a la pata de uno de estos, siguiendo su camino por encima del lomo, bajando por el hombro y llegando a la articulación del casco. En ese momento, la araña mordió la piel expuesta de su víctima quien dio un pequeño quejido al tiempo que golpeaba la zona con su otro casco, haciendo caer al pequeño animal, que se arrastró debajo de una las mesas.

- ¿Estas bien, Babs?- dijo Sun preocupada.

- Si...- contestó la terrestre observando a la araña desaparecer debajo de la mesa y después a la pequeña herida.- No fue nada importante.

Decidiendo hacer caso a su amiga, Sun y Autumn continuaron la visita, y la joven Apple pronto olvido lo sucedido. Mucho más tarde ese día, tras ser llevadas en el coche del padre de la unicornio, Babs entró en su casa, mucho más cansada de lo que debería estar.

- Hey, chica, ¿qué tal la excursión?- dijo Juice Apple con una sonrisa.

- Bien- contestó Babs correspondiendo la sonrisa, tratando de ignorar la incomodidad cada vez mayor.- Era mejor de lo que esperaba.

- Supongo que si, a juzgar por todo lo que decías. Por Celestia, casi me vuelvo loco escuchándote- dijo el afable terrestre con una risa, recibiendo un golpe por parte de su esposa.

- No hables así- Sweet Apple apartó la vista de su marido y se centro en su sobrina, sonriendo cálidamente.- ¿Quieres comer algo?

- Si, por favor, estoy hambrienta.

Casi corriendo, Babs se acerco a la cocina, salivando al ver la comida hecha por su tía. Nada más tener el plato frente a ella, empezo a comer a gran velocidad, sin siquiera preguntarse porque tenía tanta hambre. Sus tíos se miraron entre ellos antes de encogerse de hombros, los Apple eran conocidos por su apetito, no era nada fuera de lo común. Tras repetir tres veces la comida, la joven se decidió a subir a su cuarto, sintiéndose realmente cansada. En el camino, noto que su cuerpo parecía calentarse a grandes temperaturas, y el sudor que cubría cada centímetro de su piel y hacia brillar su pelaje era una prueba de ello. Cuando llegó a su cuarto, se estaba empezando a sentir bastante mareada, aparte de cansada, por lo que se dispuso a dormir todo el tiempo que pudiera, incluso si tenía que ser todo el fin de semana.

- ¿Estas bien, cariño?- dijo la distante voz de su tía Sweet.

Babs giro su cabeza y vio la figura borrosa de su tía, tratando de sonreír.

- Si... tía Sweet... solo estoy cansada...

Entro en su cuarto ignorando la mirada de Sweet, cerrando tras de sí y tambaleándose a la cama, perdiendo el equilibrio a tres pasos de la misma y cayendo sobre sus patas temblorosas. Babs decidió rendirse al cansancio y cerrar sus ojos, cayendo rápidamente en un sueño profundo, ajena a los cambios que empezaban a surgir en su cuerpo.


El sonido de una alarma irrumpió en sus oídos, estridente, molesto y doloroso, por lo que se levantó con dificultad y se dispuso a apagar el horrible ruido. Golpeó con fuerza el botón que detendría el despertador y volvió a derrumbarse en el suelo, dispuesta a seguir durmiendo. Sin embargo, unos toques rápidos y contundentes en su puerta la sorprendieron sobremanera, pegando un salto enorme.

- ¿Babs? ¿Te sientes mejor, chica?- dijo la voz de su tío Juice.

- S... si, tío Juice- contestó Babs con un bostezo, al fin despierta, y dándose cuenta de que estaba agachada, en el techo. Asustada, cayó al suelo, alarmando a su tío.

- ¿Pasa algo?

- N... no... s...solo me caí de la cama.

- Esta bien... Te esperamos abajo para desayunar.

- Si, tío Juice.

Cuando se aseguró de que su tío se hubiera ido, Babs miró al techo para luego observar sus cascos, aún sin saber qué había pasado. Al mirar a su mesilla de noche, se topo con otra sorpresa, el despertador estaba destrozado, y la madera debajo de el tenía una clara marca de un casco. Babs no sabía lo que pasaba, pero si sabía que debía librarse de esa cosa, por lo que agarró el destrozado reloj y lo llevo a su cubo de basura, decidiendo tirarla al contenedor después. No obstante, el inservible aparato se negó a abandonar su casco, por mucho que ella lo sacudiera, esa cosa no iba a marcharse.

- ¿Se puede saber qué pasa hoy?- dijo con frustración.

Después de muchos intentos, el maldito despertador acepto su destino, y Babs se dispuso a ir a desayunar. Cuando fue a salir, agarrando el pomo de la puerta, este se desprendió sin esfuerzo alguno, quedándose pegado al casco de la yegua, que lo observo detenidamente.

- ¿Ocurre algo?- dijo la voz de su tía Sweet desde la puerta.

- Yo... no tengo hambre- comento Babs tras saltar un poco del susto y apartarse de la puerta.

- ¿Cómo qué no?- dijo la anciana mientras entraba a la habitación, notando enseguida el pomo roto.- Sabía que debíamos arreglar esta puerta.

- Exactamente, eso... Voy al sótano- dijo Babs rápidamente mientras se colaba al aldo de su tía, aun con el pomo en el casco, bajando las escaleras.

- ¿Sin desayunar?

- ¡Tengo algo importante que hacer!

Con un saludo rápido a su tío y sin dejar hablar a ninguno de los dos, fue a la puerta del sótano y cerró, echando el pestillo, solo por si acaso, y bajo. Ser amante de la ciencia había hecho que sintiera curiosidad por hacer sus propios experimentos, algo en lo que Twilight Sparkle, princesa de la amistad y madre de una de sus mejores amigas, estuvo encantada de fomentar. Era por esa razón que tenía un pequeño laboratorio allí abajo en el que de vez en cuando hacía algún experimento, ya sea sola o con Sun y Autumn. Ese día, sin embargo, estaba para una cosa muy distinta, en primer lugar, se quedó sentada mientras se apoyaba en la mesa, con sus ojos cerrados y masajeándose la sien, después de haber logrado tirar el maldito pomo.

- Vale, no nos volvamos locos. Vamos a recapitular, primero, mi fuerza parece ser muchísimo mayor, y segundo, ahora tengo la extraña habilidad de pegarme a las paredes... ¿Cuál puede ser una explicación lógica?

Babs abrió sus ojos y se quedó pensando un buen rato, sin llegar a una conclusión aparente. Dio un suspiro y estampó su cara en la mesa, dando la vuelta un poco para ver la pared, en la que pudo ver un pequeño animal. Curiosa, se levantó y se acerco, viendo que era una araña, colgando de una tela y que se servía de esta para volver a su telaraña. Como un clic, la yegua se miró la picadura que se hizo el día anterior, aún un poco hinchada, pero que parecía que no iba a dar más problemas. Una picadura hecha por un insecto normal, eso, o...

- La araña que faltaba...- dijo recordando las 15 jaulas, una de estas vacía.

Observando la pared y luego su casco, colocó este último en el cemento del edificio, poco después puso el otro. Tratando de calmarse, respiro profundamente antes de colocar las otras patas y, para su sorpresa, quedarse anclada a la pared. Con la emoción subiendo por su sistema, empezó a escalar, llegando en poco tiempo al techo, totalmente pegada. Definitivamente, esa araña había cumplido sus propósitos.