Lucha libre
Babs veía tranquila el paisaje cambiante del autobús, rumbo a su instituto, Sun no había ido con ella pues ese día la llevaba su padre. Había pasado casi un mes desde que obtuvo sus poderes, y se había centrado en aprender a controlarlos, cosa que ya hacía medianamente bien. Ya sabía como pegarse o despegarse de las paredes a voluntad, además, su fuerza ya era controlable, lo que conllevaba que ya no tendría cosas rotas por accidente o, en su defecto, no mataría a nadie por error. Al llegar, bajo del vehículo junto al resto de alumnos y busco con la mirada a sus amigos, encontrándolos al otro lado del patio, dirigiéndose allí rápidamente. No obstante, antes de poder llegar fue interrumpida por Ball, quien la miró con una sonrisa engreída.
- ¿Tienes mis apuntes, empollona? El examen es pronto y tengo que hacer chuletas lo antes posible.
- Después te los daré, Ball- dijo Babs entre dientes.
- Estupendo, nos vemos después de clase.
El gran terrestre se largo junto a su grupo de amigos, siendo observado por Babs. "¿Por qué me molesto en seguir haciéndole caso? Podría darle una paliza si quisiera". Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llamada de Autumn, por lo que decidió dejarlo estar, por ahora. Por su mente paso la idea de contarles a sus amigos la verdad, pero aún no estaba muy segura, por lo que se decidió a esperar al momento adecuado. Durante el resto del día, estuvo bastante distraída, pensando en las posibilidades de sus poderes, y, más importante, que hacer con ellos.
- Ecuestria llamando a Babs- dijo la voz de Sun, sobresaltado a la Apple, quien vio que la clase estaba vacía a excepción de ella y sus amigos, quienes la miraban extrañados.- ¿Ocurre algo?
- Nada, solo estaba pensando en mis cosas.
Babs recogio sus apuntes y salió de la clase, dirigiéndose al patio para comer allí su almuerzo. El grupo se sentó en una de las mesas más alejadas, empezando a hablar de temas bastante importantes, a saber, el examen que tendrían en una semana. Autumn ya consideraba que era hora de estudiar, por lo que estaba planeando una visita a la casa de Sun para estudiar los tres allí. En lo que los dos amigos se esfrascaban en una discusión de la hora indicada para quedar, Babs se centro en Ball Thompson, quien se acerco a la mesa donde comían una pareja de amigos a la que el terrestre gustaba de molestar.
- ¡Hey, cuatro ojos! ¿Tienes mis deberes de física o qué? Los necesito ya.
- L... lo s... siento... Ball... no la tengo... no tuve tiempo...
- ¿Qué no tuviese tiempo? Sabes que esa escusa no me sirve. Lo preguntaré una sola vez más, ¿dónde están mis deberes?- cuando el pobre potro no respondió, Ball dio un potente golpe en la mesa.- Muy bien, sin deberes, prepárate para el castigo.
- ¡Déjale en paz!
Tanto los involucrados en las escena como los que estaban observando se giraron para ver a Babs Seed encarar con rabia al terrestre. Este dio una sonrisa mientras se acercaba, sacándole más altura a la yegua.
- ¿O qué, empollona?
- O te daré la paliza de tu vida.
Varios empezaron a reír sin control, incapaz de ver a una de las mayores empollonas del instituto como una amenaza, y Ball no fue la excepción.
- ¿En serio?
- No subestimes a un Apple, tenemos mucha fuerza- "especialmente cuando te pica una araña modificada genéticamente", pensó Babs con una sonrisa.
Aún riendo, Ball decidió seguirle el juego, mostrando la mejilla derecha y tocándola suavemente con su casco.
- Adelante, entonces, y más te vale golpear con fuerza, o estarás jodida.
Con una sonrisa engreída, e ignorando a sus amigos, echo el casco derecho para atrás y golpeó con fuerza, obviamente conteniéndose bastante. Ball fue lanzado hacia atrás y golpeó el suelo con un ruido sordo, observando a Babs con una mirada alucinada.
- ¿Qué pasa, Ball, dónde está tu chulería?
Sintiendo la rabia en sus venas, el terrestre se levantó y fue a por la yegua, que seguía sonriendo. Esta esquivo agilmente a un lado y dio otro golpe que lo tiro, está vez, a un árbol. Ball sacudió la cabeza y observo a Babs, decidiendo que tuvo suficiente y empezando a marcharse, pero la Apple se colocó en su camino, con una mirada engreída.
- ¿A dónde vas? Ahora te toca a ti recibir.
Con eso, le dio un derechazo en su hocico para justo después estamparlo contra la mesa, rompiéndola en el acto, con un fuerte golpe en el pecho. Justo al mismo tiempo, un profesor llegó a la escena y mandó a gritos a que todos se detuvieran. Cuando Babs volvió su mirada a Ball, lo vio con sus cascos en su hocico sangrante y gimiendo de dolor, haciendo que una pizca de culpa llegara a ella. "Me he pasado un poco...".
"... Pero se lo merecía", pensó Babs mientras esperaba fuera del despacho del director a que su tío Juice saliera de allí. Hacía un rato que el padre de Ball había salido, mirando con odio a la yegua, por lo que solo quedaba su tío. Poco después, este salió por la puerta, observando al interior.
- Muchas gracias, un vez más, lo lamento mucho. Que pase un buen día.
Al cerrar la puerta, Juice observo a Babs con esa mirada que la joven reconocía como "peligro", indicándole que le siguiera. Salieron del instituto y fueron al coche, para extrañeza de Babs.
- Aún no terminaron las clases.
- Para ti si, expulsada durante dos días. Ya verás cuando se entere tu tía.
- ¡Pero si impedi que le diera una paliza a un poni!
- A cambio de romperle el hocico y varias costillas, entra.
Con un gruñido, Babs entró en el viejo coche de su tío, aunque se hubiera comprado hacía un año (Babs tenía la teoría personal de que todo lo que tocara un anciano, por muy nuevo que fuera, pasaba a ser antiguo automáticamente), quien arrancó y se dirigió a su casa. Durante el trayecto, Juice trato de calmarse un poco antes de empezar a hablar.
- Bien, en primer lugar, estoy orgulloso de ti por proteger a alguien en apuros- Babs miro asombrada a su tío, que seguía con el ceño fruncido.- No obstante, eso se acaba ahí, pues después de ayudar al chico, y ver que ese Ball se estaba rindiendo, ¿qué haces? Romperle unos cuantos huesos.
- Se lo merecía- dijo Babs en un susurro.
- ¿Te sientes mejor por eso, eh? Porque yo no, he tenido que hablar con el padre de ese potro, algo no muy agradable, por cierto, luego con el director, quien demandó que alguien debía arreglar esa mesa. ¿Adivina quién tendrá que hacerlo?
- Tío Juice... yo...
- Ya andamos los suficientemente justos de dinero como para ahora tener que pagar una mesa escolar.
- Lo siento...
- Más te vale- Juice tomo un largo suspiro antes de volver a hablar.- Mira, dado que es tu primera vez haciendo algo de esto, y como todo empezó ayudando a alguien en apuros, no voy a castigarte. Pero comprende esto, vuelve a hacerlo... y estarás castigada un mes, ¿capitto?- al verla asentir, Juice volvió a suspirar.- Bien, como me has hecho venir al instituto, mañana tendré que hacer el turno de tarde, por lo que te toca a ti ir a buscar a tu tía de su club de lectura. Confio en ti, ¿de acuerdo?
Babs asintió con una pequeña sonrisa, pensando en lo dicho por su tío. Al llegar a casa, y tras suspirar de alivio al ver que no estaba su tía Sweet, tío y sobrina se despidieron, su tío decidiendo tomarse una siesta muy necesaria y la joven de 17 años se decidió a ir a su habitación tras beber algo de la nevera. Mientras sacaba un poco de sidra enviada por su prima en Ponyville, vio el periódico de su tío en la encimera de la cocina, en una página que mostraba la imagen de uno de esos luchadores de lucha libre. Picada por la curiosidad, se acerco, dejando la botella a un lado y leyendo atentamente.
"Aguante tres minutos en el cuadrilátero y reciba 3000 bits. Imprescindible que sean personajes pintorescos"
Era algo interesante, y compensaría lo que les obligaría a gastar y les ayudaría bastante, y el último día para poder presentarse era en dos días, y pensando en sus habilidades, supo de inmediato que podría ganar. Teniendo unos bits ahorrados de pagas anteriores, fue a una tienda cercana para comprar algo que le sirviera como traje, uno pintoresco, decidiéndose por un pasamontañas rojo que cubría su hocico, añadiendo unas gafas negras al conjunto. Junto a esto, se compró una chaqueta roja en la que había una gran araña en el pecho y unos pantalones azules, además de cuatro botas rojas para complementar.
Babs observo el gran edificio donde se celebraban los grandes combates de lucha libre, dispuesta a entrar. Ya tenía su traje improvisado puesto, con su máscara y gafas en uno de los bolsillos de la chaqueta. Suspirando, entró en el edificio, no sin antes ponerse el pasamontañas, prefería que su identidad fuera anónima, encontrándose con un gigantesco vestíbulo. Al fondo había una escalera que iba a ambos lados y por la que supuso se llegaba a las gradas del estadio, pero para llegar allí, antes se tenía que pasar delante de una serie de vitrinas en la que se podían comprar las entradas. Todo estaba vacío, y la yegua podía escuchar el alboroto de los ponis gritando y aclamando a los luchadores. Se acerco a los taquilleros, donde vio a dos terrestres hablando tranquilamente, pero se detuvieron al verla acercarse, mirándose un poco extrañados por su máscara. Uno de estos se acerco al cristal para atender a la joven.
- Hola... Vengo por lo del anuncio para los 3000 bits- dijo con un poco de inseguridad, provocado por el estudio al que era sometida por los dos.
El terrestre mostró una expresión de compresión, asintiendo y haciéndole un gesto para que esperara allí antes de desaparecer tras un lado de la sala oculto por la pared. Unos segundos después, una puerta colocada a un lado de las vitrinas se abrió y mostró al mismo poni, que le indicó que debía seguirle, cosa que Babs hizo con un poco de duda. La puerta daba a un pasillo, con un umbral a la derecha que daba a la sala donde se quedó el otro terrestre, que agarró una revista en lo que esperaba a que su compañero volviera. Se adentraron en el edificio por uno minutos, girando a la derecha en un punto y bajando por unas escaleras hasta otro pasillo, este con una estructura curva y un techo en rampa, y con eso y el ruido mucho más fuerte de los gritos de la multitud hicieron que la yegua dedujera que estaban debajo de als gradas del escenario.
Tras caminar un poco más, llegaron a unas puertas bastante grandes que daban a una sala enorme con una pequeña rampa que daba a unas cortinas cerradas, por las que se deducía que llevaban al ring. Los gritos allí eran más fuertes que nunca, haciendo que Babs se replanteara seguir con eso, pero pronto se calmo. Noto que en esa sala, a parte de los trabajadores, estaban cuatro ponis vestidos con trajes extravagantes y coloridos, mostrando que, como ella, también buscaban el premio. Su guía se acerco a un pegaso que observaba a los aspirantes, hablando con el un segundo antes de señalar a la yegua, que se quedó en su sitio. El semental la observo de arriba a abajo antes de acercarse.
- Pregunta tonta, ¿sabes pelear?
- Yo...
- ¿Has luchado en algún ring antes?
- No, pero...
- Entonces te recomiendo que te des la vuelta, chica. No me hace falta ser un experto para saber que te van a aplastar.
- Ni siquiera me ha visto pelear- dijo Babs con consternación en su voz, a lo que el pegaso negó con su cabeza.
- No me hace falta, se ve a la legua, tus patas no muestran la musculatura necesaria, y tu actitud es la de una novata. Hazme caso, vuelve por donde has venido, es lo mejor.
Le hizo un gesto al terrestre, que se mostró preparado para acompañar a Babs a la salida, pero esta no estaba dispuesta a rendirse.
- Quiero inscribirme igualmente.
El pegaso la miro de arriba a abajo antes de encogerse de hombros. Saco un portafolios y colocando un bolígrafo en su boca, dispuesto a escribir.
- Primero- dijo observando a los ojos de la joven-, ¿exime a la liga de cualquier daño que vaya a sufrir y afirma participar por voluntad propia?
- Si- contestó Babs decidida.
- Muy bien, entonces dame un nombre.
- ¿Q... qué...?
- Nombre artístico, ya si quieres decirme el real me da igual- dijo el pegaso con indiferencia.
- Esto...- después de pensarlo un rato, en el que el pegaso mostró algo de impaciencia, decidió un nombre.- La araña poni.
El pegaso le dio una mirada antes de encogerse de hombros, escribir algo en el portafolios y señalar a los otros luchadores.
- Espera a que te llamen.
Las gradas rugieron de emoción al ver a uno de los luchadores caer fuera del ring a cascos de un poni terrestre de pelaje marrón, crin negra, ojos ámbar y con un traje negro con temática de leopardo, el campeón de la liga, "Rompe Huesos".
- ¡Y otra victoria para el siempre campeón... ROMPE HUESOS!
El mencionado se subió a las cuerdas que delimitaban el cuadrilátero y grito a la multitud, dándoles el espectáculo que deseaban. El presentador, un unicornio vestido con un traje dorado y gafas de sol, sonrió a la multitud.
- ¡Y ahora, yeguas y sementales, ha llegado la hora de presentar a los ponis que aspiran a aguantar tres míseros minutos con el campeón bajo la promesa de 3000 bits! ¡¿Quién logrará el premio?!
Dicho esto, los luchadores empezaron a pasar uno a uno, y ninguno pareció aguantar mucho. Cuando el tercero ya estaba allí, el mismo pegaso que se encargo de admitir a Babs, se acerco con los dos siguientes nombres al presentador, que observaba los combates desde un lugar apartado, haciendo que este mirara con una ceja alzada el último.
- ¿La araña poni?
- Eso me dijo esa yegua.
- Joder, es una porquería, sin gancho alguno.
Despidiendo al pegaso, observo el espectáculo, esperando su turno para presentar al penúltimo aspirante y luego a la de nombre ridículo. Cuando llego el turno de esa "araña poni", el presentador subió al ring con una gran sonrisa.
- ¡Denle un fuerte aplauso a Silver Snake!- dijo señalando a la camilla donde se estaba llendo el poni mencionado.- ¡Pero esto no ha acabado, pues queda un último poni en querer desafiar al líder! ¡Denle un inmenso aplauso a la terrorífica, mortal, y asoooombrosa...! ¡SPIDER-MARE!
El telón se abrió una última vez y mostró la figura que era Babs, quien, dentro de la máscara, frunció el ceño, mirando al pegaso oculto tras la gran cortina.
- Ese no es mi nombre- dijo en un susurro.
- ¿Qué más da?- dijo con algo de irritación.- Sal ahí.
- Pero...
- ¡Qué salgas, coño!
Ante la insistencia del pegaso, Babs suspiro y avanzó, escuchando los abucheos de los fans de Rompe Huesos. El sentimiento que ella ya asociaba a su sentido arácnido sonó con fuerza en su cabeza y ella salto a un lado, viendo un vol de palomitas caer cerca, lanzada por un semental vestido con una camisa del actual campeón. Ella lo ignoro y fue al cuadrilátero, mirando de reojo al presentador que ignoro su nombre, aunque debía admitir que el suyo era mucho mejor, pero su orgullo no le permitiría aceptarlo en voz alta. El terrestre luchador la miró con una sonrisa, que aumento al ver su pequeño tamaño.
- No sabía que permitían luchar a los niños.
Babs lo ignoro y se centro en el árbitro, que hizo los avisos comunes y se apartó un poco antes de dar inicio al combate. Nada más comenzar, Rompe Huesos se abalanzó sobre ella, queriendo pegarle con todas sus fuerzas, pero la yegua salto sobre su cabeza, dando la vuelta en el aire para aterrizar con su cara hacia el, que se giro rápidamente. Volviendo a hacer su técnica, cabreando ya al campeón, que al tercer esquive ya grito de furia.
- ¡¿Se puede saber qué haces?!
- Alejarme de ti, tienes un aliento que tira para atrás, ¿no has oído de ese rebolucionario invento llamado pasta de dientes?- dijo Babs con tono burlón, en realidad estaba aterrada, pero prefería bromear a mostrar miedo. El terrestre grito de furia y volvio a abalanzarse sobre ella, que esquivo nuevamente.- Bonito traje, ¿te lo regaló tu mami?
El poni fue hacia ella, que esa vez no salto, pero si esquivo a un lado, evitando cualquier golpe. Por su mente paso una idea, no sabía si debía hacerlo, pero después de todo, esto era un espectáculo, ¿por qué no aumentar la diversión? Con un último esquive, dio un potente golpe a su adversario, que retrocedió unos pasos, para después dar una patada certera que lo mando al suelo. Al ver que no se movía, el árbitro avanzó para empezar a contar, mientras el público jadeaba de emoción y empezaba a vitorear.
- 8...9... ¡¡FUERA, FUERA!!- el árbitro se acerco a Babs y levantó su casco derecho.- ¡¡CAMPEONA!!
- ¡Yeguas y sementales, les pido un gran aplauso para nuestra nueva campeona, Spider-mare!
Con una sonrisa bajo la máscara, Babs tomó asiento y levantó ambos cascos, totalmente emocionada.
Un tiempo después, aún con el traje y la máscara, Babs se encontraba en el despacho del que dirigía todo el cotarro, un terrestre de pelaje marrón y crin canosa, quien, además, se suponía que entregaba el premio. El poni contaba una serie de billetes, extendiendo uno a la yegua, quien lo miro atentamente, esperando más, pero al no ver ningún movimiento, frunció el ceño.
- ¿Cien bits? El anuncio decía 3000.
- Pues vuelve a verlo, insecto- dijo el poni mirándola.- Decía 3000... por tres minutos, y tu lo tumbaste en menos de dos. Te llevas cien y puedes darte por un canto en los dientes.
- Necesito el dinero ya- dijo Babs desesperada.
- ¿De verdad?- dijo el terrestre, mirándola por encima de sus gafas.- Entonces ven aquí pasado mañana a las cuatro, si vuelves a ganar, tendrás más dinero.
Babs le miro detenidamente antes de suspirar y largarse de allí, cogiendo el billete y dejándolo en su bolsillo. Durante el trayecto a casa, no paro de pensar en esa opción, ¿podía trabajar como luchadora?
- Babs, ¿quedamos esta tarde para estudiar?- dijo Sun mientras el grupo de tres salía del instituto.
La aludida la miró un segundo mientras pensaba esa idea, pero el recuerdo de cierto presentador de lucha libre le vino a la mente. Si quería compensar a sus tíos por lo que había hecho, tenía que aceptar esa oferta, por lo que, con un poco de fastidio, tuvo que rechazar la idea de su mejor amiga.
- Lo siento, Sun, pero hoy no puedo, ¿quizás mañana?
Sun observo a Autunm, que se encogió de hombros.
- Por mi no hay problemas.
- Esta bien... mañana entonces- dijo la unicornio, aun con algo de duda.
Babs asintió a sus amigos y se alejo rápidamente, en dirección al autobús que la llevaría a casa, pensando en lo que tendría que hacer esa tarde. Sun la miro extrañada, despidiéndose de su amigo antes de seguir a la yegua. Cuando entro en el vehículo, la vio sentada ya en su sitio habitual, por lo que ella la imitó, sacando de sus pensamientos a la terrestre.
- Pensaba que hoy volverías con tu padre.
- Te dije antes que hoy no podía venir a recogerme- dijo Sun con una ceja alzada, recibiendo una de confusión por parte de Babs.
- ¿Cuándo me lo dijiste?
- ¿Cuándo llegamos al instituto, tal vez? ¿Se puede saber que te pasa? Últimamente estás más distraída de lo normal.
Babs pensó durante un rato antes de negar con su cabeza y mirar con una sonrisa a su amiga.
- Nada, es que... le he causado problemas de dinero a mis tíos...
- Ya... esa mesa...- contestó Sun, centrando su vista al frente.- Nos sorprendiste a todos ese día.
- No fue para tanto...
- Babs, jamás te habías enfrentado a Ball, ni siquiera un mísero insulto. Y de repente, le das una paliza. Está claro que has cambiado en algo, pero aún no se en que.
La yegua se quedó en silencio, meditando para si misma, ¿podía decirle la verdad? Por supuesto, pero no en un autobús y no mientras reunía el dinero para su tío. Lo más probable es que le impidiera hacerlo por su seguridad... o la de los que se enfrentarían a ella. Cuando llego a casa, lo primero que hizo fue comer antes de encerrarse en su laboratorio, su lugar común para cuando quería pensar sin ser molestada. Observo con atención el traje que había guardado allí, aún sopesaba la idea de trabajar permanente como luchadora. Si se decía la verdad, lo había disfrutado, la emoción de la lucha y el clamor del público cuando triunfo. Pero... ¿estaba echa para ese mundo?
Rompe Huesos cayó al suelo una vez más, sintiendo el casco de esa yegua sobre su pecho mientras instaba al público a aplaudir. Se sentía humillado, durante años había sido la estrella, el número uno y campeón imbatible, pero ahora... esa novata sólo llevaba un mes y ya estaba cayendo en el olvido.
- ¿Qué pasa, huesitos? ¿No puedes más?- dijo la yegua con una voz burlesca, sacando un grito de júbilo en el público.
- ¿Tienes que ser así?- dijo Rompe Huesos en un susurro, únicamente escuchado por la yegua sobre el.- Esto es un combate guionizado, no hace falta que me humilles así.
- Solo le doy al público lo que quiere.
Tras esto, Babs se alejo del semental caído y se giro a la multitud, sonriendo enormemente bajo la máscara. Un mes allí y había descubierto que esto le apasionaba, no tanto como la ciencia, pero casi. El presentador de ese día dio el anunció del próximo combate y ella se fue lentamente, aún sintiendo la ovación del público, su público. Camino por los pasillos y cogió el ascensor, rumbo a las oficinas de quien le instó a pelear, preparada para recibir su paga por hoy. Pese a que luchar le apasionaba, y más aún al recibir los elogios de los ponis, tratar con ese tío no tenía las mismas sensaciones. Pese a todo el dinero que había ganado gracias a ella, se negaba a darle un salario digno, y ya se estaba hartando. Salió de la cabina y camino por el pasillo hasta el pequeño despacho, donde el terrestre le mostró una gran sonrisa.
- ¡Ahí está mi luchadora favorita! Ven a recoger tu recompensa, te la has ganado.
Babs no se dejó engañar, otras veces le dijo lo mismo y siempre recibía la cantidad de siempre. Al acercarse, recibió, como esperaba, un billete de doscientos, nada más. Estuvo tentada de decir algo, pero si lo hacía, se arriesgaba a perder ese trabajo, así que, quedándose con las ganas, cogió el billete y abandono el despacho. Varias horas después, llegó a su casa, con su traje y dinero metido en sus alforjas, entrando lo más silenciosamente posible, puesto que ya eran cerca de las diez y media. No obstante, en el salón se encontró a sus tíos, esperando, que al verla, se levantaron aliviados, con su tía acercándose para abrazarla.
- Gracias a Celestia que estás bien...
- Tía Sweet, estoy bien- dijo Babs con algo de culpa.
Al observar a su tío, aún abrazada por su tía, vio que este no estaba tan contento, más que eso, parecía enfadado.
- ¿Dónde has estado?- dijo, tratando de mantenerse tranquilo.
Babs se separó de su tía, quien también esperaba una respuesta, y pensó una escusa creíble.
- Yo... estuve con Sun, en su casa. Lo siento, tendría que haber venido a decíroslo.
Sus dos tíos se miraron entre sí antes de asentir, aparentemente conformes. Babs pasó a su lado y se alejo hacia su habitación, con un rápido buenas noches.
- ¿No vas a cenar?- dijo la voz de su tía Sweet.
- No tengo hambre, pero gracias igualmente tía Sweet.
Cuando la adolescente salio de su vista, los dos terrestres se miraron entre sí antes de suspirar. En cuanto a Babs, se sentó aliviada tras la puerta de su habitación, para acto seguido quitarse las alforjas y dejarlas sobre la cama. Sacó el billete, dejando el traje allí, pues tendría que volver al día siguiente, y se acerco a su armario, sacando un tarro de cristal en el que tenía todo el dinero recaudado hasta ese día, unos mil trescientos bits. Ya era bastante, pero quería llegar a los dos mil antes de dárselo a sus tíos, obviamente a través de una carta anónima, dudaba de que sus tíos no decidieran interrogarla sobre el origen de ese dinero. Después de volver a guardarlo, se decidió a acostarse, totalmente agotada.
El día siguiente fue relativamente bien, aunque Babs noto que sus tíos estaban más callados que de costumbre, y eso la ponía de los nervios. Era un sábado, noche de pelea familiar en el cuadrilátero, y ella sería la estrella en ocho de los veinte combates de la tarde, así que tendría que irse temprano para llegar a tiempo. Sobre las cuatro, cogió sus alforjas de su habitación y se dirigió a la puerta, pasándose por la cocina para besar a su tía antes de irse.
- Voy a la biblioteca del centro a estudiar.
- ¿Tienes otro examen?- pregunto su tía con duda.
- Sip- Babs se asomo en el sofá en el que estaba su tío leyendo el periódico y le dio un gesto de despedida, deteniéndose al verle levantarse.
- Espera, que te llevo.
- Pero si voy en metro y...
- Necesito salir un poco, venga, vámonos.
Babs le dio una mirada antes de asentir y salir de casa, en cuanto a Juice, se giro para darle un gesto a su esposa antes de irse. Sweet suspiro, girándose a la cocina y siguiendo con lo suyo, deseando que nada fuera mal. Una hora después, el coche de los Apple de Manehattan se detuvo justo frente a la puerta de la gran biblioteca, por lo que la adolescente se dispuso a salir.
- Bueno, nos vemos después y...
- Espera, Babs, tengo que hablar contigo- dijo su tío mientras detenía el motor, recibiendo una mirada dudosa de su sobrina.
- ¿Por? ¿Qué he hecho ahora?
Su tío se quedó en silencio un buen rato, poniendo nerviosa a Babs, antes de que se decidiera a hablar.
- ¿Dónde estuviste ayer?
- Ya te lo dije, estuve con Sun en su...
- Ayer fui a su casa a las ocho cuando vi que no venías y me dijo que no te había visto desde que salisteis de clase.
Babs miró a su tío sorprendida antes de centrarse al frente, negándose a contestar, sacando un suspiro de su tío.
- Mira, nos preocupas, Babs.
- Te aseguro que no he estado en ningún sitio peligroso.
- Y estoy seguro de ello, pero nos sigues preocupando, has cambiado mucho. Ahora pasas mucho tiempo fuera de casa, y no precisamente con tus amigos...
- No paso mi tiempo con delincuentes- dijo Babs con un pequeño gruñido de molestia, si seguía ahí llegaría tarde y ese estúpido le daría menos dinero aún.
- No he dicho eso, se que no serás ninguna criminal, pero... Mira, estas cambiando, lo sé, pase por lo mismo a tu edad.
- No lo creo...
- Supongo que no, la yegua es tu tía, no yo- dijo Juice con una pequeña risita, algo que su sobrina no compartió, por lo que se callo.- Babs, en estos años, uno descubre el poni que será hasta que se muera, y quiero que tengas cuidado de en quien te conviertes. Recuerda, un gran poder, conlleva una gran responsabilidad.
- Tío Juice...- dijo Babs con un profundo suspiro.- Mira, se que algo ha cambiado, ya lo arreglaré, pero no me sueltes un rollo.
- No quiero soltarte un rollo, ni sermonearte, ya sé que no soy tu padre...
- ¡Pues no te comportes como tal!
Su tío la observo un tiempo antes de asentir lentamente, sacando una punzada de arrepentimiento en Babs.
- Muy bien, te estaré esperando aquí a las diez.
Babs asintió y bajo del coche, observándolo irse de allí, y en cuanto giro una esquina, se alejo de la biblioteca y fue a su verdadero destino, y durante el camino, maldijo una y otra vez, tanto a su mal genio, como a ese idiota que tenía por jefe que la tenía de los nervios.
