«Si mi amado se marcha y olvida mi amor, mi corazón se detiene.
Miro los dulces y perfumes como si fueran sal. Los licores
tan dulces en mi boca saben cómo la hiel...»
— Fragmento de una antigua melodía egipcia entonada por Peter Pringle.
—¿Estas realmente segura, ma belle? —lo amo demasiado para ser verdad. El oasis egipcio era testigo de mi pecado, tan similar al mito de pandora y este caos fulminaría nuestros mundos. Almas que no merecían ningún tipo de redención.
Alastor sonrío galante.
—Solo gocemos el momento—embelesados escudriñamos suavemente los rincones más inhóspitos de nuestra piel, besándonos, cediendo nuestros sentimientos por única vez.
—Ah~, cariño, realmente extrañare todo esto— sus manos se aferraron a mis muñecas, viendo su mirar castaño no pude evitar ensimismarme demasiado en su ser completo. Sentí ser por un instante su presa, aprisionándome con intensidad y sin hostilidad. Dulce y embriagante. —Eres demasiado hermosa, Charlotte. Realmente maldigo al destino por no permitirme gozar más de ti— la eterna sonrisa nunca desapareció de sus labios, anhelante y deseoso fue deslizándose hasta el centro de todo placer femenino.
—Al...
—Eres la encarnación del oasis de Isis—la gloria de los antiguos faraones reencarnó en este cielo de estrellas, cubriendo las orillas del Nilo con majestuosidad.
...
Mayo de 1929, El Cairo, Egipto.
Hotel Marriott Mena House.
La familia Magne, un poderoso imperio dentro de las cadenas hoteleras más influyentes de Francia descendería del Citroën C4. Lucius Ferdinand Magne (1) poseía bajo su yugo gran influencia y misma con la cual llegaría a gobernar prontamente el mercado. Aquella sonrisa eterna poseía tintes gentiles que ocultaban tras de sí a un negociador bravío e imponente, quien, junto a la mujer de su vida, Lilith, constituían uno de los matrimonios más acaudalados de toda Europa. Lilith descendía de cuna noble, por supuesto, dama cuya inteligencia siempre es notable y dotada con un encanto de alcurnia. Y su única hija, Charlotte Mignonette Magne (2), con autentica dulzura que acapara demasiada luz y atenciones provenientes de algunos caballeros; sin embargo, a quien difícilmente se le podría engañar.
El sonido alegre de la darbuka y el violín les recibió con calidez mientras bailarinas danzaban exóticas al ritmo de la melodía. Los aplausos acompañaron apacibles aquella bienvenida tradicional, crótalos a juego resonaban al compás de la algarabía. Charlotte vio con suma curiosidad los faldellines que lucían majestuosas ambas mujeres. Acompañando el ritmo aplaudió encantada (3).
—¡Estimado Lucius! —canturreó carismático un hombre que suponía ella debería ser el encargado del hotel.
—Vaya espectáculo, Khalil— no se trataba de un encargado, sino del dueño mismo. —. Que recibimiento, lo agradezco verdaderamente— expresó el también conocido Lucifer de los negocios.
Lilith alentó a su hija pequeña a acercarse para dejar de curiosear unos minutos.
—¿Quiénes son las dos hermosas damas que te hacen compañía en esta ocasión, Lucius? —cuestionó Khalil con galantería.
—Sé cuidadoso, mi grato amigo. Mi amada esposa e hija son lo más preciado que existe en mí vida— en seguida aquel rostro de su socio enrojeció con vergüenza por su falta de pudor. Lucius no dejo de sonreír, al contrario, sus labios se ensancharon más demostrando cierta vileza y enojo. Sigiloso, el mayor tomo delicado la mano de Lilith saludándole cortésmente al igual que a la primogénita de los Magne sin permitirles presentarse a causa de su nerviosismo precautorio.
—Es un placer conocer a tan distinguida familia— desde luego habría que tener cuidado y poseer cierta reserva.
—Elocuentes modales—amedrento al hombrecillo un poco más.
—Querido—Lilith reposo relajada su brazo sobre el de su amado esposo otorgándole tranquilidad al incómodo momento. —Lilith, el placer es nuestro. Le presento a nuestra querida hija, Charlotte— su mirar afilado y elegante no perdió de vista al temeroso empresario. Charlie por el contrario esbozó una sutil sonrisa dadas las circunstancias inesperadas. Todo el hecho era meramente inefable.
Cada privilegio y atención brindada no azoraba a la querida y esperada familia, al contrario, mucho color y música del estilo egipcio podría compararse a algún carnaval de Nueva Orleans.
Un recordatorio muy al estilo de la antigüedad para Lilith.
Cordialmente fueron invitados a un festín, donde no faltarían platillos típicos de la región y la exquisitez de la decoración con remanencias árabes y turcas. El hospedaje fue al fin un descanso para la joven rubia, el respiro que tanto anhelaba. Ya tendría tiempo para recorrer el esplendoroso jardín del hotel cuya vista era única al reflejar la magnificencia de las míticas pirámides que observo en su niñez dentro de los libros de historia universal.
Despojándose del vestido color crema lo sustituyó por la bata de seda carmín.
Cada ventanal existente en su habitación tenía como paisaje las esculturales construcciones egipcias. Lilith por fortuna le dio aviso del tiempo que tendrían para reposar unos momentos ante de acudir al evento social.
...
El clima caluroso le parecía extenuante, se deshizo del corbatín y del saco tratando de refrescarse más vio que fue en vano, pobre del conductor quien debía portar un uniforme obligatorio. Alastor río dentro de sí al imaginar el suplicio de su prójimo.
A su costado portaba el preciado maletín que ocultaba todos sus instrumentos de estudio y la carpeta que contenía sus más novedosas investigaciones acerca del proceso de momificación que muy pronto podría publicar. Si no es que intentaría llevarlo a cabo en su natal norteamérica, vivir la práctica de sus ensayos en algunas especies animales como los ciervos, incluyendo a sus últimos sujetos de prueba: un violador y su cómplice. Interesante, pensó al recordar cada el extenuante procedimiento, excelsa obra creo en dos semanas. Extasiado rememoro los agonizantes rostros durante la preparación adecuada, momificar a seres humanos era el gozar por completo las vivencias descritas en papiros desgastados
—¿A qué lugar, caballero? —Alastor esbozó impaciente su sonrisa de encanto.
—Al Marriott House— se concentró en la única melodía que recordaba al momento, sus dedos vitoreaban al ritmo de "You're never fully dressed without a smile". Oh, ya pronto podría descubrir las entrañas de las reliquias que dejaron atrás los ingeniosos egipcios hace miles de años. La pirámide de Keops era un gran monumento para el descanso de una sola persona, el respeto a la muerte y sus cultos profanos captaron su atención desde la universidad.
Enigmático lugar, pero con una temperatura digna del mismísimo averno.
El auto atravesó el lujoso umbral que tanto le describió su profesor años atrás, el portal de mármol era un monolito construido por expertos artesanos y escultores. Vaya la suerte del tipo quién fuese dueño de un lugar como ese.
Finalmente, al aparcar, espero paciente la llegada del personal. La puerta del coche fue abierta por el paje encargado de recibir su equipaje ligero más prefirió desistir. Habiéndose colocado su corbatín casi instantáneamente descendió sin olvidar el saco. Toda infraestructura del hotel era majestuosa por sí misma, elegante, digna de toda destacable elite. Un lujo que jamás se arrepentiría de haber solventado durante una ardua planificación de viaje.
Grandiosas esfinges se alzaban al lado de cada puerta, el lugar se encontraba repleto de decoraciones como si fuesen a recibir a algún político o miembro de la realeza. Los toques eran delicados y a su vez exuberantes. Sentía satisfacción plena. Camino rumbo a la recepción.
—Bienvenido señor, mi nombre es Niffty— la atenta señorita le recibió.
—Alastor Winlock— tal señor era demasiado alto ante la joven recepcionista. —, un gusto querida— por fortuna Niffty pudo comprender sin dificultad su idioma. Confirmó su recepción para que pudiese entregarle la llave de su habitación para partir a su descanso después del agotador viaje. La de cabellos rojos cual cereza entusiasmada sonreiría, pues esa fue la quinta vez que conocía a un americano de gran carisma.
Recorriendo los pasillos del hotel se dio cuenta de muchos detalles de la obra, poseía ciertos cuadros que llamaron su atención. Cuando atravesó su recinto quedo aletargado unos segundos por lo amplia que era, tres habitaciones dignas para realizar trabajos de campo.
Cuidadoso, camino por la sala observando los detalles de la porcelana delicada que reposaba en las mesitas contiguas a los sillones. Se olvidaba de algo importante, el paisaje, muchas lenguas que conoció contaron lo cual hechizantes eran los horizontes vespertinos del Marriott. Cierto, embelesador y glorioso para sus ojos que contemplaban la belleza de una maravilla universal a través de sus anteojos. «Suficiente sorpresa para gusto personal» se dijo yendo a la recamara a acompasarse con una ducha relajante.
[...]
Charlotte lucía un vestido de moda cuya tela vaporosa le hacía verse como un ser etéreo, existente en la creatividad humana de algún artista occidental. La tonalidad vino tinto sugerida por los estilistas fue el eureka de la tarde, suspiro nerviosa, el recogido que ostentaba era liviano y sin parafernalia alguna. La gargantilla de satín negro circundaba el terso cuello, está al frente portaba un camafeo con la insignia familiar: una manzana siendo devorada por una serpiente, haciendo alusión a la tentación de Eva por el fruto prohibido (4). El amor era la manzana que de forma constante era saboreada por los voraces colmillos apasionados de cada persona perteneciente a los Magne, su maldición y la perdición, pues muchos de ellos perdían bienes, fortuna e inclusive la vida misma al entregar su corazón al ser que tanto anhelaban.
Pasión, entrega y deber.
—Cariño— mamá, se dijo así misma.
Cuando paso a ver lo esplendida que luciría su hija quedo atónita, viendo su radiante esencia destellar como mil luceros por encima del alba.
—Luces altiva la presencia de nuestro apellido— adulo sincera Lilith.
A pesar de negarse como tantas veces anteriores a portar la fina joyería personificaba el alma descendida del empíreo, un ángel que albergaba un cuerpo mortal.
—...Mamá.
—Querida, los invitados se encuentran ya en la recepción— su padre irrumpió al tocar la puerta con suavidad.
—Un segundo—Lilith tomo su estola colocándosela a su preciada hija. —. La ostentaras mejor que yo en esta noche— Charlotte reconocía la blanca prenda preferida de su amada madre, un regalo de juventud que contaba la historia de amor de sus padres.
—Yo no— sin permitirle terminar la frase tomo del brazo a Charlie para salir de la sala rumbo al evento.
Lucius espero ansioso por ambas damas que formaban parte de existir. Su amada esposa permitiendo destellar su belleza radiante y la traviesa hija suya cuyo rostro aniñado había heredado de él sus sonrosadas mejillas, tan grácil y digna de su sangre.
Cortés como el caballero que era ofreció a cada una un brazo a lo cual ambas rieron congraciadas ante el gesto. La familia entre diversión por rememorar vivencias del pasado fue rumbo al evento organizado en su honor.
...
El Hotel Marriott Mena House tiene el placer de invitarle a la fiesta de gala que comenzará a las 10 de la noche con una cena en honor a la estimada familia Magne.
Entretanto y en espera de contarlo entre los asistentes le saluda atentamente.
—Khalil Hassan (5).
"Al servicio de su preferencia."
...
El joven egiptólogo leyó la invitación que le entregaron. Hace no muchas horas que llegó al hotel y ya se encontraba considerado para una celebración. No es que le desagradaran los eventos de la alta sociedad, pero vaya que nunca le interesaron. Intrigado por la cultura egipcia podría suponer que dicha gala contendría al menos uno que otro referente, se ajustó sus anteojos y dejando la invitación en el cómodo sillón que ocupo fue a buscar uno de sus mejores trajes para la ocasión.
Después de escoger las prendas adecuadas se dispuso a prepararse.
—El milenario sitio de los dioses merece para esta noche la elegancia— decía él al ajustarse el chaleco de su traje, un café demasiado sobrio y discreto para la velada.
Prevenido con un abrigo oscuro dado el posible clima fresco salió del recinto personal en dirección a donde le habrían convocado.
Al cruzar los portones de madera tallada reconoció que el lugar era demasiado amplio, toda mujer luciendo elegante al igual que sus acompañantes. Por un segundo le pareció entretenido el ver la variedad de invitados, desde militares hasta los más sofisticados. No era de extrañarle pues en su vida como estudiante tuvo que relacionarse con influyentes círculos interesados en la arqueología y exploración de reliquias antiguas. Sus distinguidas amistades circundaban temas semejantes a los que le conciernen a él.
Entregó su abrigo y dando un breve respiro se internó en los amplios campos de la gala.
—Alastor — reconocería esa voz femenina con gran facilidad.
Con intriga se volvió a la persona que le habría llamado.
—Que grata sorpresa, mi estimada— dedicándole un beso cordial a la enguantada mano de Rosie fue el cómo le recibía.
—Siempre tan cortés, querido—dijo denotando ligero asombro. —. No esperaba coincidir contigo en este lado del mundo— Rosie es considerada como una prestigiosa conocedora en la industria de la moda, dadas sus más recientes i awnnovaciones que pronto incursionarían en la evolución del estilo francés, británico e incluso el americano.
—De igual manera, este encuentro me ha parecido demasiado inesperado.
—¿Y qué causa tan importante te traería a Egipto? —cuestionaría ella curiosa por saber el motivo por el cual se hallaba en El Cairo.
—Nada especial— esbozó sonriente. —. Tan solo el pasado de estas ruinas. Por cierto, he notado que Frank no te hace compañía en esta noche— menciono contrastando la curiosidad de su conocida.
—Oh, Frank. El pobre no ha podido asistir, me parece que estaba indispuesto— se sinceró misteriosa mientras bebía un poco de champán.
Dejando a un lado la conversación vislumbraron con intriga al conjunto de personas conglomeradas en una de las entradas principales muy lejos de su alcance. El mismísimo Khalil acaparaba la atención de sus huéspedes incitando a los invitados a aproximarse, muchos de los ahí citados tenían conocimiento acerca de quienes iba dirigida la celebración.
—Con el más sincero agradecimiento me permitió presentar a los distinguidos invitados de honor, Lucius Ferdinand Magne en compañía de su tan distinguida familia— realmente no esperaban tanto pronunciamiento público, los Magne se adentraron preparados para unirse al festejo realizado por el hotel que los recibió.
Poseedor de un encanto del mismísimo Lucifer, Lucius agradeció a los presentes quienes se tomaron la molestia de acudir a la velada. Lilith secundo el discurso de su amado ofreciendo una cálida bienvenida gentil.
Y detrás de las emblemáticas figuras yacía oculta la silueta de un ángel. Portadora de una belleza no terrenal, el tímido mirar de la chica parecía buscar entre tantas personas un rostro conocido. Alejándose con plena libertad de sus padres buscó el primer rincón disponible, tratando de ocultarse de cada hombre atrevido e insensato. Con la pericia calculadora heredada de ambos progenitores fue como se condujo hasta discernir la finura notoria a la cual se dispuso a acudir; sin embargo percibió que la diseñadora Rosie Edevane se encontraba acompañada de un joven cuyo porte era elegante, atrayente y de cierta manera ocultaba un profundo misticismo.
—¿Señorita Magne? —demasiado tarde para Charlotte.
—Lamento si le interrumpía, ya estaba por retirarme— entonó ella con nerviosismo.
—No tenga reparo en ello, señorita— Rosie le detuvo con gracia para evitar su huida. —. También he notado que algunos bribones no son cautos en su mirar— le susurro cómplice la mayor instándola a hacerle compañía.
Charlie vio un poco insegura a Alastor, la diseñadora río para su interior.
—No tiene de que preocuparse por mi acompañante, créame, el jamás hostigaría a una dama como la mayoría de los aquí presentes— un poco menos incómoda se dejo guiar por la sutileza de Edevane. Era muy evidente que Charlotte Magne tenía cierta confianza dirigida a su modista preferida.
A Alastor Winlock le parecía entretenida la cautela de aquella jovencilla para con su entorno en general, nada más que eso. Él nunca podría permitirse tener una experiencia romántica como lo describirían clásicos de Jane Austen o Charlotte Brontë, simplemente le era imposible sentir algo más allá.
—¿Nueva compañía, Rosie?
Charlie se sintió intimidada por la altiva presencia del egiptólogo.
—Querido no seas tan tosco, permíteme presentarte a la señorita Charlotte Mignonette Magne— la sonrisa refulgida de Winlock no se destiño de su rostro y con la misma delicadeza dedicada a su estimada amiga saludo a primogénita del gran empresario de las cadenas hoteleras.
—Alastor Winlock, es un placer conocer a tan encantadora señorita— por las deidades antiguas de las míticas tierras de Egipto, Charlotte no pudo evitar sentirse aún más cohibida. ¿Acaso este era el primer hombre al que le atemorizaba su trato cortés? No era el hecho de que le atemorizara los modales egregios del presente caballero, sino su envolvente aire que instigaba a poseer ciertos secretos. Encontró por primera ocasión la caja de pandora implorando por ser descubierta.
El halo mágico se alzó entre ambos por unos instantes ocasionando que Rosie tuviese expectación de ver una buena alquimia (6).
—Veo que su familia ha traído consigo importantes negocios— habló su acompañante femenina mientras la mirada de Alastor escudriño con suavidad la misteriosa gargantilla que adornaba el delicado cuello de la Magne.
—Así es, el señor Khalil ha tenido la amabilidad de invitar a mis padres a realizar nuevos negocios en Egipto— su voz se acompañaba de alegres tintes que endulzaban su emoción al visitar un nuevo lugar.
—¿Tan interesante le parece Egipto, querida? — los ojos de Charlie resplandecieron como hermosas joyas del más puro ébano.
—Es la primera vez que visito este país y no ha dejado de sorprenderme— para ella lo desconocido le era sorprendente, aún recordaba ver en los libros de historia universal las imponentes esculturas antiguas.
El Cairo, la cuna de las dinastías más poderosas en el pasado del hombre. Egipto posee un conocimiento rico en avances médicos y desde luego pioneros en las artes, la arquitectura y mucho más. Por desgracia, muchos de los antiguos conocimientos desaparecieron, perdiéndose en el transcurrir inevitable del tiempo. El progreso de la humanidad estaba ocasionando graves cambios la belleza del país, más modernidad y el inicio del intercambio cultural era cada vez notorio ante la apertura del turismo en el medio oriente. Las tierras que alguna vez pisaron los faraones fueron invadidas desde los romanos hasta los persas, adquiriendo una variedad de influencias. Desde luego, los más interesados son las comunidades arqueológicas y demás indagadores científicos que se van abriendo paso para el descubrimiento de la vida en tal territorio.
—Es interesante, señorita Charlotte, sumamente interesante.
Mucho más de lo que idealiza, pensó él.
—Veo que no sería inoportuno el mencionarle el hecho de que mi estimado amigo es todo un profesional...
—¿Charlotte? —Lilith buscaba un poco ansiosa a su amada hija.
Con apremio se dispuso a culminar la charla tan amena que estaba teniendo con ambos.
—Mis disculpas, debo retirarme— algo apremiante fue a donde se hallaba su amada madre sin antes disculparse por la situación. Sintió que estaba siendo un poco grosera al no permitirles despedirse más la expresión preocupada de Lilith le embargaba de pesar.
¿Qué era aquello que Edevane estaba por revelarle a la chiquilla de aquel hombre llamado Lucius? Quizás su profesión como investigador de la cultura egipcia ¡qué sorpresa se habría llevado Charlotte al escuchar eso! ¿cuál sería el rostro que le hubiese dedicado? Definitivamente el haberla conocido le otorgaba una nueva forma de entretenimiento.
—Ella es una de mis clientas preferidas después de todo— expreso Rosie.
...
Tanto Lucius como Lilith buscaban a su retoño entre tantos rostros desconocidos. Por fortuna, su alivio arribó demasiado pronto al verla dirigirse a ellos con un gesto preocupado. El matrimonio se puso alerta al verla con sus mejillas enrojecidas por haber caminado apresuradamente y ceño fruncido denotando su falta de tranquilidad.
—¿Dónde estabas, manzanita? —el preocupado padre ya disponía de un plan para encargarse de aquel que hubiese incomodado a su amada pequeña.
—Discúlpenme por preocuparlos— Charlie bajo el rostro apenada de hacerle pasar a sus padres un momento amargo.
—No debes preocuparte, cariño. Solo trata de avisarnos por dónde estarás y de no alejarte demasiado— declaro Lucius tranquilo al verla bien.
La familia ya reunida se encaminó a la continuación del festejo en los esplendorosos jardines del hotel; habiendo fuegos artificiales, vino y mucha música. El trago amargo acontecido quedo en el olvido dado el excelente ambiente ofrecido por el anfitrión.
Encima de una pista construida especialmente para tales eventos danzaban, reían y disfrutaban de su noche bailarinas entregadas al arte, a la devoción del ritmo. Esta vez invitaban a cada huésped a integrarse a su baile, era gracioso el ver a las personas tratar de seguir los pasos estéticos. Más entretenido era el gozarlo en carne propia, Charlie ya no pudo contenerse y al ver a una de las danzantes extenderle el brazo con una sonrisa se integró al círculo numeroso, no sin antes ver los rostros animosos de sus padres aconsejándole que disfrutara del momento, que viviera.
Horas de diversión transcurrieron con rapidez, el festejo pronto llegaría al final.
En otro sitio, Alastor yacía prudente observando la gloria de las pirámides. Se reconocía así mismo el mérito de haber realizado por fin el logro que tanto hubiese soñado en la niñez cruda que vivió. Jamás faltaría una sonrisa para recordar a la única dama importante en la existencia de su vivir, la amada madre cuyos libros presencio gracias a ella.
La sensación de descubrir el universo de la arqueología y más tarde haber encausado su estudio al ramo de la egiptología jamás le arrepentiría pues era esa pasión lo que le motivo a ser siempre considerado uno de los mejores dicentes lleno de impecables matriculas, agradecía a los profesores que incursionaron en la perfección de la labor a la cual se dedicaría años después. Pero que excitante era el reconocer que los ilícitos cometidos en Norteamérica le dejaron grandes contribuciones y de paso retiraba dos males de este mundo. Y Rosie, que grandes propuestas le hizo. El primero era el cuerpo del viejo Frank pero dado el considerable avance de putrefacción no podría hacer mucho ya, a pesar de que ella se hubiera encargado de mantener el cadáver en un "buen" estado. Honestamente aquel pútrido hombre no tenía mucho para rescatar, así que le propuso a Rosie deshacerse del cadáver entregándolo a las llamas de un fuego que no dejaría rastro alguno. La confesión le tomo de sorpresa al no ser el único con ciertos gustos, más al ser un hombre desahuciado y con una gran fortuna desaprovechada por largos años. En una velada de abril, Rosie Edevane —una mujer considerada por muchos como la insignia de la elegancia británica— asesinaría a Frank Smellie por medio de asfixia, una muerte no muy sucia. A ella le fascina la pulcritud...
Nota de la autora: Primeramente quisiera explicarles que no me aguante a publicarlo. Jeje. Hace tiempo que no escribo así que espero poder completar este capítulo hoy en la tarde.
Espero les agrade y disculpen mi repentina aparición al fandom, está historia ya llevaba en planeación desde el 2020.
