Un gran poder

Decir que Babs estaba cansada sería recalcar lo obvio, y su paso lento a través del pasillo que llevaba al despacho de su jefe lo demostraba. Por suerte para ella, había descubierto que esa araña no solo había mejorado su fuerza y sentidos, sino que también lo había hecho con su resistencia, y si tenía que guiarse por el moratón que tuvo una semana atrás y que se curo en solo dos días, cuando lo normal era una semana, también poseía una regeneración acelerada. Entró en el pequeño cuarto y vio al terrestre, como siempre, contando las ganancias del día y dándole una sonrisa.

- Hola, estrella, otro día productivo, ¿eh?

- Si señor- dijo Babs, rezando para que de una vez le pagara lo que le debía, aunque sabía que era una esperanza vaga.

- Y eso merece una recompensa, aquí tienes, campeona.

Babs vio como le extendía un billete de doscientos y seguía contando su dinero. Pero esta vez, la yegua no se movió, siguió observando al terrestre a través de su máscara, algo que pronto fue notado por el otro.

- ¿Querías algo?- dijo en un tono que indicaba que en ese momento quería estar solo, con un toque de superioridad que no gustó nada a Babs.

- Se acabó, llevó un mes aquí y sigo cobrando una miseria. ¡Exigo el dinero que me merezco!

El terrestre alzó una de sus cejas y se inclino en su silla, observando a la yegua enmascarada.

- ¿Y qué te hace pensar que te lo daré?

- ¡A los demás luchadores les pagas mil, dos mil o hasta tres mil por combate!- dijo la yegua con la rabia saliendo cada vez más de su sistema.

- Ya...- dijo el terrestre, sin cambiar su expresión.- ¿Sabes la diferencia? Ellos tienen un contrato, y yo te lo ofrecería encantado, es lo mínimo que mereces, pero hay un pequeño problema, tú máscara.

- ¿Qué...?- dijo Babs con confusión.

- Simple, quieres permanecer en el anonimato, y si lo piensas mantener, no hay contrato, así de simple. Ahora, lárgate de aquí antes de que decida volver a darte solo cien bits.

Babs le miró un momento, pensando en sus palabras, ¿estaba dispuesta a quitarse la máscara? No, no podía, a sus tíos les daría un ataque si supieran que hacía en realidad.

- No puedo quitarme la máscara, tengo... familia a la que no le apasionaría la idea. Por favor, necesito el dinero y...

- Ignoraba que fuera mi problema- dijo el terrestre, aún mirándola, esperando a que se fuera de allí.

Con rabia, Babs cogió el billete de ese día y se fue. En el pasillo se topo con un unicornio de pelaje blanco y crin rubia, que pasó rápidamente a su lado sin mirarla. La yegua llegó al ascensor y pulso el botón, escuchando un golpe a su espalda, y al darse la vuelta, vio, a través de la silueta del cristal del despacho, al unicornio golpeando a su jefe. Instantes después, el ladrón salió corriendo y fue directo a la cabina que se acababa de abrir, seguido por el terrestre.

- ¡Detenlo!

Babs sopeso esa idea por unos segundos antes de hacerse a un lado y observar pasivamente al unicornio entrar en el ascensor, mirando una sola vez a la yegua, y aunque no pudo registrar bien su rostro, si que vio el llamativo tatuaje de luna menguante en el casco derecho, que uso para llamar al ascensor.

- Gracias.

Justo después, las puertas se cerraron y el terrestre choco contra estas, gimiendo de dolor. Una vez se recupero, observo a Babs con rabia.

- ¿Se puede saber por qué has dejado que se largue?

- Ignoraba que fuera mi problema- contestó Babs, poniendo una sonrisa engreida bajo la máscara.

- Tu... ¡Largo de aquí! ¡Estás despedida!

- Me da igual, estoy segura que habrá más empresas de lucha libre dispuestos a contratarme. Que le vaya bien, señor- dijo con una reverencia burlona, sacando un grito de rabia en el otro mientras se alejaba.

Cuando el ascensor llegó nuevamente, Babs entró con sus ánimos renovados. Si, tendría que buscar otro sitio que la aceptara como luchadora, pero se había quedado a gusto. Salió del edificio, cogiendo sus alforjas en el vestuario, y se quito todo en un callejón cercano, guardando la ropa antes de ir a donde estaría esperando su tío. Cuando llego a la calle justo frente a la biblioteca del centro, vio una gran multitud rodeando algo que no pudo ver, eso sin contar a los varios coches patrulla cercanos. Con un mal presentimiento, se acerco, haciéndose paso entre los ponis, y logrando ver que era lo que atraía la atención de tanta gente. Al verlo, sus ojos se abrieron como platos, redoblando sus esfuerzos por pasar, detenida por un agente.

- No puede pasar, quédese atrás...

- ¡Es mi tío!

Tanto el grito como su contenido hicieron que el semental dejara pasar a la yegua, que se agachó junto a su tío, que mantenía sus ojos cerrados mientras trataba de respirar con normalidad.

- ¿Qué ha pasado?- dijo sin apartar su vista de su tío.

- Le robaron el coche y le dispararon, ya hemos llamado a una ambulancia- contestó el agente.

Babs observo a su tío con una punzada en su corazón, apretando su casco izquierdo entre los suyos.

- Tío Juice... Tío Juice...

Su tío abrió sus ojos y la busco con su mirada, dando una pequeña sonrisa.

- B... Babs...

Alzó su caso derecho para acariciar su mejilla, haciendo que la yegua dejara salir más lágrimas. Pocos segundos después, el casco cayó al suelo y su tío cerró sus ojos, para siempre... Babs lloro más fuerte que antes y apoyo su cabeza en el pecho de su tío, lamentándose una y otra vez.


Babs observaba a su tía desde el marco de la cocina, viendo al padre de su amiga Sun, un unicornio de pelaje rojizo y crin dorada con una cutie mark consistente en una estrella, consolarla. Después de cierto tiempo, se levantó y fue hasta la joven yegua, dándole una mirada de comprensión.

- ¿Estas bien, Babs?

- Perfectamente.

- Ya...- Light observo a la yegua sin creerla ni un poco, sacando una hoja de papel de su bolsillo con su magia.- Tu tía dice que no lo reconoce, pero tengo que mostrártelo igualmente.

Babs observo el retrato robot sin reconocer a ese bastado, negando con su cabeza, sacando un suspiro en Light.

- Me lo suponía, pero no te preocupes, lo atraparemos, varios testigos le vieron en el estadio de lucha libre.

Babs miró con los ojos abiertos al unicornio, con un mal presentimiento creciendo en su interior.

- ¿C... cómo...?

- Sabemos que fue allí, el jefe del estadio denunció un robo, y dado que esta relativamente cerca de la biblioteca, no es descabellado pensar que llegó hasta allí caminando.

- S... se t... tiene una... pista...

- Aún tengo que ver si el retrato robot de los que presenciaron el asesinato coinciden con los del estadio, pero lo hará. Después de todo, pocos ponis tienen una luna menguante en su casco derecho. En fin, llámame si necesitas algo.

Babs asintió, desviando la mirada y repasando esa información, y antes de que Light se fuera de su casa, giro su cabeza hacia el.

- ¿Puede dejarme ese retrato?

- Por supuesto.

Light dejó el dibujo sobre el sofá y se dirigió a la puerta, dando una última mirada a la que consideraba otra hija y saliendo de allí. Babs cogió el retrato robot, observando su descripción, deseando que no fuera el mismo, pero sus oraciones no fueron respondidas:

Posible tatuaje de una luna menguante en su casco derecho. Una denuncia en el estadio de lucha libre de los hermanos Fight afirma que este poni robo el dinero de la recaudación de ese día, y según informa el denunciante, una de sus luchadoras le dejó escapar, se busca para interrogatorio.

Babs sintió que se mareaba, dejando el papel en el sofá y observándolo detenidamente. Fue ella, ella le dejó escapar, y su tío... Negó con su cabeza fuertemente, no fue su culpa, fue de ese asesino... entonces... ¿por qué se sentía tan culpable? Observo a su tía y se acerco hacia ella, pasando un casco sobre su espalda para transmitirle que estaba allí. Sweet pronto se acerco a su sobrina y se fundieron en un abrazo, ambas llorando en el pecho de la otra.


Los siguientes días fueron igual de malos que ese, y el funeral fue un infierno, pero la joven al menos tenía a su tía y a sus amigos para apoyarse. El día en el que se presentó a su tío para darle el último adiós antes de enterrarlo apareció la familia Apple de Ponyville, a excepción de la hija de Big Mac y Sugar Belle, por motivos obvios, y Granny Smith, fallecida hacia unos años. Junto a Appleblom estaban Scootaloo y Sweetie Belle, quienes se acercaron al grupo que eran Babs, Sun y Autumn.

- Hola, prima- dijo Appleblom con una sonrisa antes de abrazar a la mencionada, quien sonrió débilmente.

- Me alegra veros aquí.

- Por supuesto que vendríamos- dijo Scootaloo sonriente.- Los crusaders deben reunirse.

- En serio, ¿por qué no os hicisteis mis amigas en esa época?- dijo Autumn con una pequeña sonrisa.- Mi infancia habría sido más divertida.

- Culpa al destino- dijo Sun con una risita.

Babs sonrió levemente, pero se centro nuevamente en el ataúd, cosa que los demás notaron.

- ¿Estas bien?- dijo Appleblom preocupada.

- Si, perfectamente... ¿Dónde están las otras?- dijo observando a Applejack hablando con su tía.

- Rarity estaba en una misión de amsitad con Fluttershy en el Imperio Grifo, Pinkie Pie sabes que no sabría medirse en un funeral, mamá Twi estaba en una reunión de princesas súper importante y mamá Rainbow... odia los funerales, no los aguanta, pero me ha dicho que te diga que lo siente mucho y que no es personal.

- No te preocupes Scoots- dijo Babs con una pequeña sonrisa.- Lo comprendo, no todos aguantan un funeral.

El resto del día fue igual de gris, pero la compañía de su tía, familia y amigos ayudo a apaciguar su tristeza, pero había algo que seguiría ahí... furia.


La vuelta al instituto fue casi un tormento, pues todas las miradas se dirigían a ella, y la compañía de sus amigos no lo impedía. En ese momento, Babs caminaba hacia una de las pocas clases que tenía sin Sun o Autumn, intentando ignorar a todos los que la miraban.

- ¡Empollona!- grito una voz que ya conocía.

Al girar su cabeza, vio a Ball acercarse, pero carecía de la mirada chula de siempre, aunque poco le importó.

- Hoy no, Ball- dijo mientras volvía su vista al frente.

- Sólo quiero hablar.

Cuando se colocó frente a la joven, esta le agarró y lo estampó con la pared, sorprendiendo a todos los que veían la escena. Ball, por otro lado, sólo la miró con compasión.

- ¿T... te sien... sientes mejor? Se por experiencia que... golpear a alguien ayu... ayuda a de... desahogarse.

Babs observo al que había sido un matón durante mucho tiempo, y ahora le estaba dando la oportunidad para que le diera una paliza y así sentirse mejor. Pero no era a él a quien quería pegar, por lo que lo soltó y salió de allí rápidamente, rumbo a su clase.


Babs caminaba sobre los tejados, a altas horas de la noche, por los barrios más conflictivos de la ciudad. Llevaba su traje de lucha libre, con su máscara guardada en uno de los bolsillos. Su visión se centro en un gran grupo de ponis, uno de ellos, un unicornio de crin rubia y pelaje blanco, que estaba arrastrando a un joven semental al oscuro callejón. La yegua se puso su máscara, gafas incluidas, y se acerco al borde del edificio, empezando a descender pegada al mismo. A medida que descendía, podía escuchar la conversación mantenida por los dos debajo de ella.

- Esta ya es la tercera vez que pasas por aquí y no tienes mi dinero.

- P... por f... favor... necesito tiempo...

- Y eso es precisamente lo que no tienes.

En el momento en el que iba a golpear al poni, Babs salto sobre el, tirándolo al suelo. Ignorando al que tenía detrás y había salido huyendo, la joven agarró el casco del unicornio, y vio que no había ningún tatuaje. Soltando una maldición, se alejo de su víctima, notando que en la entrada del callejón estaba el resto del grupo, mirándola con rabia. Decidiendo que era mejor salir de allí lo más rápido posible, se lanzó a correr por el callejón, teniendo muy cerca a los matones. Uno de ellos, un pegaso, por poco la alcanza, pero Babs salto en ese instante y se agarró a las escaleras de incendios que recorrían los laterales del edificio. Sabiendo que los otros estaban detrás, se decidió a pegarse a la pared y empezar a subir a toda velocidad.

Una vez en el tejado, empezo a correr sin pausa, escuchando el sonido de alas detrás suya. Su sentido arácnido se activó y ella actuó haciendo una voltereta hacia atrás, cayendo detrás de un pegaso que se detuvo en el aire y se giro con rabia. Babs esquivo el primer golpe y después propinó el suyo, tirándolo al suelo, por lo que aprovecho para marcharse. Colándose en uno de los callejones, la joven se internó en una de las ventanas de un edificio, colocando su chaqueta del revés y poniéndose su máscara en un bolsillo. "Tengo que pensar una forma más rápida de moverme".

Durante el fin de semana, Babs se dedico a trabajar en su laboratorio personal. La joven estuvo trabajando en una idea para poder transportarse de forma rápida y, quizás, atrapar a los posibles sospechosos. A treves de la química, logró crear un compuesto que, en ciertas condiciones, como las que se daban dentro de un contenedor, era líquido, pero al contacto con el aire se volvía sólido. Había comprobado eficientemente que era pegajoso y muy resistente, además de que podía durar dos horas antes de descomponerse por si solo.

- Y ya tengo mi propia telaraña- dijo Babs con una sonrisa.- Ahora... solo necesito un medio para lanzarla.

Los días siguientes fueron con ella llendo al instituto y encerrándose en el sótano nada más llegar a casa, no sin comer con su tía antes. Había trabajado en un brazalete desde el que poder expulsar la tela recién creada, cosa que resultaba más fácil decirlo que hacerlo. Después de seis días completos, logró crear un modelo funcional, y tras crear otro, se colocó los dos en ambos cascos delanteros. "Veamos si funciona". Observo al techo y se le ocurrió una idea, disparando una carga al mismo, creando una fina cuerda. Manteniéndose agarrada, logró colocarse boca abajo mientras aún colgaba de la telaraña, logrando una gran sonrisa en su rostro. Esa misma noche, Babs se encontraba en un edificio, escuchando la radio de la policía, frecuencia a la que pudo acceder después de varios intentos.

- Tenemos un robo por la calle magic 45, el sospechoso es un unicornio de pelaje blanco y crin rubia.

Babs detuvo la radio y se acerco al borde del edificio, sintiendo pavor al ver el (muy) lejano suelo, pero tras suspirar y calmarse, saltó del mismo y lanzó una de sus redes. Al pegarse, sintió un tirón bastante grande, pero logró mantenerse firme y empezó un balanceo, muy torpe debido a la ropa pues le estaba dando problemas de estabilidad, pero llegando a la calle indicada con velocidad. Logró ver a un unicornio que corría entre los ponis, apartándolos a golpes, por lo que se colocó sobre una farola, logrando mantener el equilibrio por muy poco, y lanzó su telaraña hacia el fugitivo, agarrándolo por las patas traseras. Este cayó al suelo e intentó por todos los medios escapar, pero la joven no se lo permitió.

- ¡Vamos, tío, que no te voy a matar!- dijo Babs burlonamente, ignorando las miradas asombrada de varios presentes.

Cuando el unicornio estuvo colgado boca abajo, disparo un último chorro de telaraña para cubrir su cuerno, asegurándose de que estuviera bien apretado, impidiéndole usar su magia, a menos que fuera un experto, ahí no serviría de nada, pero mejor prevenir que curar. Una vez hecho, se dejo colgar y agarró el casco derecho del poni, maldiciendo al no ver nada. Se dejó caer y empezó a correr, pues era mucho más sencillo que balancearse, dando un salto enorme para pegarse a una pared y, para asombro de los transeúntes, escalar, llegando a la azotea al tiempo que llegaba una patrulla de policía.


- ¿Has escuchado sobre esa poni araña?- dijo la voz de Autumn, sacando a Babs de sus pensamientos.

- ¿Uh? Lo siento, no estaba escuchando, ¿qué dijiste?

- Que si habías oído hablar de esa poni araña.

- ¿No era un mito?

- Eso es lo que desearía mi padre- dijo Sun con su vista pegada a un libro.- Dice que es un vigilante sin respeto por la ley.

- Ya...

Babs perdió el interés de la conversación que había empezado entre Autumn y Sun, centrándose en la de dos chicos en la mesa de al lado.

- Esa yegua araña pierde movilidad con esa ropa.

- Tío, deberias saber que la ropa no afecta a su velocidad, en un balanceo así solo importa el peso.

- Como pegaso que eres, tú mejor que nadie debería saber que lo aerodinámico es lo esencial para la velocidad, ya sea en un balanceo o no. Por no mencionar que esa ropa debe hacerle difícil maniobrar.

"Ropa aerodinámica, ¿eh?". Al llegar a casa, tras almorzar, Babs fue a su habitación y se dispuso a escribir una carta para cierta pegaso en Ponyville.

"Querida Scootaloo,

Dentro de poco, Autumn va a celebrar una fiesta de disfraces, y he pensado en ir de Wonderbolt. Los trajes que suelen vender las tiendas son, ¿cómo decirlo delicadamente?, una mierda. Dado que tu madre Rainbow es una Wonderbolt, me preguntaba si tendría un uniforme de repuesto que me sirva.

Atentamente, tu amiga Babs Seed."

Babs sello la carta en un sobre y salió hacia la oficina de correos más cercana. Después de varios días, un paquete llegó a su casa, y antes de que su tía pudiera ver que era, la joven le dijo que era material para su laboratorio enviadao por Twilight. Una vez en el sótano, abrió la caja, viendo, encima del traje, una nota que la yegua desplegó.

"Querida Babs,

He de decir que la idea de una terrestre como Wonderbolt es original, y mamá Rain estuvo encantada de ayudar. Mamá Twi consiguió que mi tía Rarity le añadiera unas alas falsas muy, pero que muy logradas. Vas a tener el mejor disfraz de la fiesta.

Atentamente, Scootaloo.

Pd: a ver si vienes a visitarnos un día de estos."

Sonriendo, Babs dejo la nota a un lado y sacó el traje, admirando el diseño, casi le dolía tener que cambiarlo drásticamente, pero tenía que hacerlo. Por suerte, poseía el material necesario para cambiar los colores y poner el diseño deseado por ella, ¡alabada sea la ciencia! En lo primero en que se centro fue en la máscara, y tenía tres detalles que no le gustaron tanto. En primer lugar, dejaba la crin al aire, cosa que le dificultaría el moverse con soltura, en segundo, las gafas eran circulares, algo que no encajaba con el diseño en su cabeza, y tercero, el hocico estaba al descubierto, y eso podría ayudar a distinguirla.

Llevándose la máscara a su mesa de trabajo, sacó delicadamente las gafas, y retiro la funda que las mantenía en su lugar. Con muchísimo cuidado, logró cortar, con ayuda de un aparato regalado por Twilight en su décimo sexto cumpleaños, y darle una forma más afilada y triangular. Tras esto, fabricó marcos negros que se adapataran a la nueva forma, y al terminar, pensó en donde colocarlos, hasta que su vista se detuvo en el pasamontañas rojo, doblado sobre la chaqueta y pantalones que habían sido su traje. Con una sonrisa, cogió la misma y logró incrustar las gafas modificadas en la tela, agrandando los agujeros para los ojos y ajustándolas bien para que no cayeran, probándose la nueva máscara una vez termino.

Tras comprobar que se podía ver bien y los cristales no se desprenderían por accidente, se quito la máscara y fue al traje, dispuesta a cambiar el diseño al completo. Lo primero fue quitar las alas falsas que Scootaloo le había añadido y coser los huecos. Tras esto, se puso a trabajar para cambiar el color, decidiendo ir después al diseño. Decidió dejar el color azul en ciertas zonas, pero eliminó los patrones de rayos, empezando a colocar rojo, presisamente, del mismo tono que la máscara recién creada. Al terminar, el traje tenía rojo en el torso, de la mitad de las patas traseras hasta el casco, y en las patas delanteras, incluso hizo una especie de cinturón en la cintura, mientras que el azul predomino de la cintura para abajo hasta las botas, a los costados, en la espalda y en la parte inferior de sus patas delanteras.

Lo que faltaba era el diseño, en opinión de Babs, la mejor parte. Primero estampó la figura negra de una araña, con un cuerpo afilado y unas patas también afiladas, en el pecho, mientras que en la espalda colocó la misma araña, sólo que más grande y en rojo. Después, se decidió a colocar con cuidado el patrón de una telaraña negra en las secciones rojas, máscara incluida. Al terminar, Babs observo su obra orgullosa, dispuesta a usarla esa misma noche. Guardando el recién creado traje en sus alforjas, se dispuso a salir, viendo a su tía prepararse para ir a su club de lectura.

- Voy a salir, tía Sweet.

- Vale, cariño. ¿Podrías ir, antes de volver, a comprar huevos? Temo que yo no tendré tiempo.

- Hecho.

Con una sonrisa, Babs salió de la casa y se alejo rápidamente a la zona centro, y tras media hora de viaje, llegó a calles más transitadas y con edificios más altos. Entrando a uno de estos, subió las escaleras velozmente, llegando a la azotea del bloque de 20 pisos en unos veinte minutos. Ahí, tras asegurarse de cerrar la puerta, se colocó sus lanzaredes y después el traje. Se había asegurado de que en las botas delanteras hubiera un pequeño espacio por el que el aparato podría expulsar su telaraña. Acercándose al borde, Babs miró a la lejana calle, sintiendo a su corazon dar un vuelco. "Vamos, ya lo has hecho antes". La joven se apartó unos metros, colocándose su máscara y suspirando, antes de empezar a correr. Un poco antes de llegar al borde, salto y se lanzó en picado al suelo, sintiendo el viento en su rostro a través de la fina tela de la máscara. Abajo, un potro terrestre que caminaba junto a su padre, otro terrestre, observo hacia arriba, frunciendo el ceño al ver a un poni caer.

- Papi, ¿qué hace ese poni?

Confuso, el terrestre observo la dirección en la que señalaba su hijo, viendo alarmado como alguien se había tirado desde un edificio de 20 plantas.

- ¡Ese poni se va a matar!- grito alarmado.

El resto de transeúntes, observaron confusos al cielo, viendo aterrados al poni suicida. El que había dado la alarma, busco a un pegaso entre la multitud, pero como era de esperar en una ciudad como Manehattan, los pegasos no eran muy comunes. En cuanto a Babs, extendió su casco izquierdo y lanzó una red, pegándose al edificio y dándole un tirón hacia la izquierda, sorprendiendo a los testigos. Cuando estuvo en el punto más alto del balanceo, se soltó, disparando otra telaraña, está vez del casco derecho, y repitiendo el proceso.

- Balenceo... punto alto... ¡suelta!- decía Babs, concentrándose para no pegarse la hostia padre contra el suelo.

Con el paso del tiempo, la tensión y el miedo paso a emoción y adrenalina. "¡Esto es mejor que correr!".

- ¡Woooooo hoooooo!


Babs observo detenidamente a un unicornio, pelaje blanco y crin rubia, vestido con una chaqueta con capucha, acercarse a un coche. Miró alrededor antes de aproximarse a la puerta del vehículo, y, haciendo algo que la chica no pudo ver bien, abrió la misma. Sintiendo que era su momento, la joven salto y se colocó en la ventanilla del asiento del copiloto, viendo al poni debajo del volante tratando de encenderlo sin llave. Sabiendo que estaba ocupado, y que lo que hubiera hecho abrió todas las puertas, abrió una de las traseras y se sentó ahí atrás, cerrando tras de sí, decidiendo que era el momento de hablar.

- Ejem...- el poni pego un brinco y observo a Babs, quien resistió el impulso de hechar a reír.- Si vas a robar coches, no te vistas como un ladrón, das el cante tío.

- ¿Y tú que eres? ¿Un poli?

-...- Babs se quedó observando detenidamente al semental, quien se ponía nervioso por su silencio, pensando si era retrasado.- ¿En serio? ¿Un policía?- el unicornio trato de abrir su puerta pero Babs se lo impidió usando su telaraña para cerrarla nuevamente.- Cuando me hice la máscara obviamente pensé... "Si señor, esto me hará ver como un policía, sin duda"- el poni siguió tratando de abrir la puerta, y la joven no pudo evitar reír un poco.- No, la puerta hoy no funciona, ¿cómo saldrás ahora?- por respuesta, el ladrón empezó a bajar la ventanilla.- Eso, la ventanilla, úsala, bien pensado.

Cuando el unicornio logró sacar todo su cuerpo, observo el asiento, viéndolo vacío. Mirando a su alrededor, se pego un susto de muerte al escuchar algo golpear el coche. Al levantar la mirada, vio esa extraña máscara y escucho la voz burlona de la yegua.

- Aquí estoy, pipiolo, no me he ido muy lejos.

Babs uso su telaraña para enganchar su cabeza y golpearla con el techo, para luego saltar al suelo. No obstante, el poni logró agarrar algo con su magia, deteniendo a la chica.

- Espera... ¿Eso es una navaja?

- Ooooh, si, lo es- dijo el unicornio con rabia.

- Por favor, las navajas no, son mi debilidad- dijo Babs mientras se arrodillaba, y cuando el otro estuvo cerca, lanzo una red que impacto en su pecho y lo lanzo a la pared.- Por Celestia, esto ha sido demasiado fácil- Dos disparos más y apreso las dos patas.

- ¡Sueltame ahora mis...!- el unicornio se vio callado por una telaraña en su boca.

Una vez retenido, Babs se acerco lentamente, agarrando la pata derecha del tío y bajando la manga, chasqueando la lengua la no ver ningún tatuaje.

- ¡Quieta!

Babs se giro para ver a un policía unicornio acercarse lentamente, con una pistola eléctrica preparada en su magia. La joven se apartó del ladron atrapado y se acerco al agente.

- Hey, no te preocupes, el tío ya está atrapado, de nada.

- ¡Cascos sobre la cabeza, ya!

- Estoy de tu parte, lo sabes, ¿no?

Al ver que el agente siguió apuntando con su arma, Babs se decanto por dar un gran salto y lanzar una de sus redes, alejándose de allí rápidamente.