Spider-mare

Casi a las once de la noche, Babs llegó a su casa, entrando lo más sigilosamente posible, dirigiéndose a la cocina. Por desgracia, allí vio a su tía Sweet, mirándola detenidamente. La joven fue a la nevera, buscando un poco de comer, y pensando en que decir.

- No... no tenías que quedarte despierta...

- Por supuesto que tenía, te recuerdo que yo soy quien cuida de ti, y te quiero. No creas que puedo dormirme tranquila sabiendo que tú estás fuera. ¿Dónde has estado?

- En casa de Autumn, estudiando.

- ¿Y no pensaste que deberías volver a una hora razonable?- al ver que Babs no respondía, Sweet suspiro.- ¿Habrás comprado los huevos al menos?

- Esto...

- No contestes... Ya irás a comprarlos mañana.

- Lo siento, tía Sweet, en serio.

- Puedes sentirlo todo lo que quieras, eso no cambia que llegues tan tarde. ¿Qué diablos haces que te quita tanto tiempo?

Babs no respondió, desviando la mirada de su tía, que la observo detenidamente antes de suspirar.

- Babs, los secretos tienen un coste, y si no me dices que pasa, ese coste se hará aún más grande. Llegará un punto en el que será una carga demasiado grande para ti, ¿lo comprendes?

La yegua asintió antes de pasar junto a su tía e ir a su habitación. Sweet observo a su sobrina marcharse antes de suspirar y observar la tranquila cocina.


- A ver... El Káiser Hitor del Imperio Grifo proclamó la superioridad de la raza grifo sobre las demás... teniendo de aliados a los alces y a los... ¿yaks?

- Si, le estás pillando el tranquillo, Autumn- dijo Sun con una sonrisa, siendo apoyada por Babs.

Estaban en la casa de Satcy, estudiando para el examen de historia que tendrían en una semana. Babs ya había establecido una rutina en la que patrullaba por la tarde buscando a los sospechosos de ser el asesino de su tío, suspendiendo sus actividades solo cuando era necesario, como esa cita de estudio. A pesar de haber pasado un mes en la búsqueda de ese asesino, aún no había logrado encontrarle. Sacudiendo su cabeza, la joven trato de centrarse en sus estudios, al menos eso pensaba hacer, hasta que Light entró al comedor donde estaban.

- Pero si esta reunida la tropa- dijo con una sonrisa.

- Hola papa, ¿qué tal el día?

- Regular, dos presos encontrados esta mañana atados en... telaraña. Y ni una prueba aún, pero ten por seguro que la voy a atrapar- dijo mientras se sentaba en un sofá cercano, suspirando de alivio al sentarse tras un largo día de trabajo.

- ¿Pero esa araña no os está ayudando?- dijo Autumn con una ceja alzada.

Babs, por su parte, prefirió mantenerse al margen de todo, observando a Light fruncir el ceño, provocando que Autumn se escondiera detrás de uno de sus libros.

- Es una anarquista que cree poder saltarse las leyes y hacer justicia por su propio casco. Por no mencionar que los que atrapa son todos con patrones similares, como si estuviera en una venganza personal.

- Pero esa venganza te esta trayendo criminales.

- Sun, puede que tengas razón, pero eso no la vuelve un heroína. Toma a esos atracadores que estoy intentando atrapar desde hace un tiempo por ejemplo. Ha habido heridos y hasta muertos, y... ¿dónde estuvo esa yegua araña? Atrapando a un ladrón de poca monta que robo un bolso y coincidía con la descripción de los que busca. Si le interesara ser una heroína en lo más mínimo, atraparía a todos los malos por igual, ¿no crees?

Babs escucho esas palabras atentamente, pensando detenidamente en eso. Era cierto que solo se centraba en los unicornios de crin rubia y pelaje blanco, tal vez debería ampliar su rango de acción.


La mañana siguiente, aprovechando que era un sábado, se decidió a patrullar un poco por la ciudad, aún pensando en lo dicho por el padre de su mejor amiga. Mientras pensaba, a la vez que se balanceaba entre las calles, escucho, a través de la frecuencia de radio que tenía activa, y escuchaba por un pequeño auricular, algo que ya había hecho varias veces y que había ignorado más de una vez, pero no ese día.

- Atraco en el banco mayor de la Avenida del Sol. Van armados, cinco ponis, tres terrestres y dos unicornios.

Babs giro su vista a la dirección en la que estaba el banco, girando bruscamente y dirigiendo su balanceo hacia allí. Demostraría que su búsqueda no era lo único que le importaba. A mitad de camino, vio de reojo una crin rubia, y ya por costumbre, se fijo en que era un unicornio, internándose en un callejón después de mirar a ambos lados, obviamente no planeaba nada bueno. Una parte de ella le dijo que fuera lo que fuera a hacer, no sería tan grave como ese atraco, si se retrasaba, podría haber más muertes, pero otra más grande argumento que llegaría rápido al banco.

Por ello, cambió la dirección y se interno en la callejuela, pegándose a un lateral de un edificio y avanzando lentamente. Llegó a un patio interior, con otra salida, que compartían varios edificios, pero el poni se centro en una en específico, la puerta trasera de una joyería, intentando abrirla. Una vez más, pensó en que lo mejor era ir al atraco al banco, obviamente esos eran más peligrosos, pero Babs no estaba dispuesta a dejar de lado al posible asesino de su tío Juice sin asegurarse de que sea el. Pego un salto y lanzó una telaraña, agarrando la palanca que el unicornio usaba para tratar de abrir la puerta y lanzarla lejos.

- No creo que te hayas olvidado la llave- dijo Babs, aterrizando detras del poni, que se giro rápidamente.

El poni soltó una maldición y empezó a correr hacia otra salida del patio, siendo observado por Babs, quien mentalmente lo llamó estúpido, antes de lanzarse en su búsqueda. El unicornio salió a la calle, empujando a varios transeúntes y tratando de huir de la joven que salió balanceándose. Se acerco rápidamente a un coche parado frente a un semáforo, echando a patadas a su conductor, y piso a fondo, con la araña detrás. Durante varios minutos, la terrestre siguió al semental, antes de darse un último impulso y caer en el tejado del vehículo, que giro a toda velocidad por una calle. Con una voltereta, aterrizó sobre el capo delantero del coche, haciendo que se inclinara precariamente, a lo que la joven expulsó redes de sus dos cascos, pegándolas a dos edificios distintos y frenando el vehículo. Babs se bajo y fue a la puerta del conductor, arrancándola de cuajo y sacando al unicornio a rastras.

- Te doy un 8 en esfuerzo- dijo Babs mientras levantaba el casco, maldiciendo al no encontrar la estúpida luna tatuada.

Lanzando una telaraña a la pata trasera del unicornio, salto a una farola y lo dejó colgado, para después saltar al suelo y apartar el vehículo de la carretera con sus propios cascos, asombrando a los que pasaban por ahí. Una vez se hubo asegurado de que no habría accidentes por el coche, salto y se dispuso a ir al banco ese para evitar el atraco. Después de varios minutos, llegó a su destino y salto hasta el edifico, pegándose a la pared y llendo a la esquina, viendo varias patrullas de policía y algunas ambulancias, el robo había terminado. Babs soltó una pequeña maldición, y cuando se dispuso a irse, un grito desgarrador la detuvo donde estaba.

- ¡¡Spring!!

Babs observo una yegua pegaso pasando el cordón policial, llendo a una camilla, cerca de un terrestre que parecía estar llorando. Sobre la camilla, la joven vio con horror una manta tapando un pequeño cuerpo, lo blanco manchado con sangre. La Apple se quedó observando durante bastante rato, decidiendo marcharse cuando la camilla con la niña se subió a una ambulancia. Trepo hasta la azotea de uno de los edificios más altos de la zona, observado el sol que se estaba acercando al horizonte lentamente. Había pasado de ir a detener ese atraco por ir a por un poni que podría haber sido el asesino de su tío, y por su culpa, una niña había muerto.

- Todo por un asesino... que escapó gracias a mí- dijo en un susurro.

Había estado negando esa verdad desde hacía mucho, pero ya no podía, su tío había muerto por su culpa, por no hacer lo correcto. ¿Y para qué buscaba a su asesino? No es que tuviera avances, no estaba llegando a nada, y esa estúpida venganza le costó la vida a una potra inocente.


Sweet levantó la vista de su café al escuchar la puerta abrirse, viendo a su sobrina entrar, por una vez, a una hora razonable. Fue a darle un saludo cariñoso, pero se detuvo al ver su rostro mirar hacia abajo, sin molestarse en saludarla.

- ¿Estas bien, Babs?

- Si, tía Sweet, solo estoy... cansada. Voy a acostarme- dijo con una pequeña sonrisa.

Sweet podía decir que estaba mintiendo, así que, tras beber los últimos sorbos, subió las escaleras hacia la habitación de su sobrina. Al entrar, la vio colocando sus alforjas en su escritorio, girándose al escucharla. Tal como supuso la vieja yegua, vio algunas lágrimas sueltas correr por su rostro, por lo que se acerco y abrazo a la joven adolescente, quien tardo poco en aceptarlo y empezar a llorar, ahora abiertamente.

- ¿Qué pasa, cariño?

- Yo... he estado pensando en el tío Juice... Murió pensando que le odiaba...

- El sabía que le amabas, Babs, y el también te amaba, como si fueras su hija.

- Yo... quisiera tener a... a e... ese asesino y... y...

- Escuchame, Babs- Sweet se apartó un poco para mirar fijamente a su sobrina.- Tu tío no querría que te pasaras la vida buscando venganza, querría que la vivieras. Y no puedes hacerlo si estás todo el día pensando en vengarte o culpándote, no fue tu culpa. ¿Me has entendido?

- Si... Le hecho de menos, tía Sweet... le hecho mucho de menos...

- Yo también, Babs, yo también...

Ambas se fusionaron en un fuerte abrazo que duro varios minutos, hasta que al fin, su tía se fue para dormir de una vez. Babs, por su parte, se quedó despierta bastante tiempo, hasta que estuvo segura de que su tía estaba dormida. Una vez así, cogió sus alforjas, sacando la máscara de allí y colocándola en su escritorio, sentándose ella para observarla. Su tía tenía razón, no podía seguir así, solo deshonraba la memoria de su tío, ignorando las enseñanzas que le dio. Debía aceptarlo, ella era la culpable de su muerte por no seguir esas lecciones, por no respetar el lema de "un gran poder, conlleva una gran responsabilidad". Y aún después de su muerte, no lo respeto, pues se enfrasco en buscar a su asesino, cierto era que entregaba a los sospechosos que hacían algo ilegal, pero no salía de ahí, y por esa razón, una niña había muerto ese día. Pero se acabó, renunciaría en la búsqueda del asesino, haría honor a su tío, y haría lo que él hubiera querido, que usara sus poderes para algo más que una venganza personal.


Un furgón se detuvo frente a uno de los bancos más grandes de Manehattan, y sus ocupantes se prepararon para salir. En la parte de atrás, cinco ponis, dos unicornios y tres terrestres preparaban sus armas, escopetas recortadas.

- Ojalá ser un unicornio- dijo uno de los terrestres.- Es muy complicado caminar a tres patas.

- Te aguantas- dijo un unicornio antes de girarse a la zona del conductor.- Cariño, en cuanto entremos, ve a la zona de carga del banco y esperanos.

- Recibido- dijo la yegua pegaso que conducía.

- Bien- el mismo unicornio, jefe de la operación, se giro a su equipo.- Esto será como los otros cuatro atracos, entramos, robamos todo y nos largamos. Tenemos dos minutos antes de que llegue la policía, y, por favor, intentemos no matar a civiles esta vez, el jefe nos mataría por eso, solo al personal de seguridad, y mejor si solo les dejamos heridos- dijo observando al otro unicornio, bastante más joven.

- Eh, fue ese idiota que se quiso hacer el héroe, ¿es mi culpa qué la bala diera a la niña?

Rodando los ojos, el jefe se colocó su pasamontañas, y tras asegurarse de que el resto hizo lo mismo, abrió la puerta y salió a la calle. Se dirigió a las puertas del banco y las abrió de un impulso mágico, entrando a la sala circular que era el vestíbulo, con varias columnas de mármol a su alrededor, una gran cúpula del techo, que dejaba pasar la luz del sol, amarillenta por los cristales, y al avanzar hacia la recepción del banco, debajo de los balcones que daban a un segundo piso, uno se colocaba justo debajo de un enorme candelabro que iluminaba las zonas que no recibían la luz directa que venía de los cristales. El ladrón disparo a varios de los guardias, imitado por los otros, centrándose en dejarles incapacitados, pero no muertos. Por suerte para el, su compañero más joven hizo caso de su advertencia y les dejó vivos. Una vez acabaron, observaron al resto de la sala, que los miraban atentamente con terror.

- ¡Al suelo! ¡No se muevan y no saldrán heridos!

Los civiles se lanzaron al suelo entre gritos, cayándose al ver las escopetas apuntándolos. Uno de los recepcionistas apretó disimuladamente el botón de emergencia para llamar a las autoridades con la punta de una de sus plumas. El jefe de la banda se dirigió a este mismo pegaso, apuntándolo con su arma.

- Usted se viene conmigo para abrir la caja fuerte- después se giro a uno de los terrestres.- Tú acompáñame, el resto quedaos aquí y vigilad a todos.

Llevando a rastras al pobre pegaso, los dos desaparecieron por uno de los pasillos, dejando a los otros en la sala. Paseaban de un lado a otro, observando detenidamente a los rehenes, quienes se apretaban entre ellos asustados, mirando a los ponis de seguridad gimiendo de dolor, perdiendo una gran cantidad de sangre. Un potro que se acurrucada junto a su madre, vio algo en el suelo, una sombra que le dio gran confusión, alzando la vista y abriendo los ojos como platos.

Dio un toque a su madre, quien dirigió su atención a donde le indicaba su hijo, quedando sorprendida. Ahí había un poni, a juzgar por el cuerpo, una yegua terrestre, avanzando por el cristal, pegada cuál araña, insecto que estaba dibujado en su espalda. Al llegar al centro, pareció erguirse un poco y soltar una... telaraña, era la única palabra posible para describir la tela por la que empezó a descender, con sus cascos, delanteros y traseros, firmemente agarrados a esta y estando boca abajo. Cuando estuvo en el centro del triángulo que eran los ladrones, todos dándole la espalda, y a dos metros del suelo, se decidió a hablar.

- ¿Quién es el último en la cola?- los ponis dieron un brinco del susto y se dieron la vuelta rápidamente, apuntando a la yegua.- Es que estoy interesada en pillarme una hipoteca, dicen que es muy buena opción este año.

- ¿Quién diablos eres tú?- dijo uno de los terrestres.

- Es esa poni araña- dijo el otro.

- ¿No era un mito?- terminó el unicornio.

- ¿Un mito, en serio? Debo cambiar de representante. Y el nombre es Spider-mare, muchas gracias. En fin, hay dos opciones, la aburrida, os rendis pacíficamente, la divertida, luchais y os doy una paliza, ¿cuál elegís?

Los ladrones se miraron entre sí antes de empezar a disparar, y la nombrada como Spider-mare se dejó caer, saliendo del rango de las balas, y agachándose en el suelo, lanzando una red hacia la escopeta del unicornio para tirarla bien lejos, y acto seguido, impulsarse hacia el. Con un potente golpe, estampó al poni contra la pared, dejándolo ahí atrapado con una carga de telaraña. Su sentido arácnido vibro y ella esquivo una ráfaga de disparos con un ágil salto, disparando una red hacia el rostro de uno de los que disparaban y usando esta misma para ir en su dirección.

Mientras, los dos que habían ido a por el dinero, y estaban guardándolo en bolsas de deporte, escucharon los primeros disparos, y el jefe dio una maldición, seguro de que ese idiota habría matado a alguien. Llevándose consigo al pegaso, fueron al vestíbulo, encontrándose con Spider-mare manteniendo a raya a los otros, y tras mirarse entre sí, ambos decidieron marcharse a la zona de carga y descarga, donde la pegaso ya estaría esperando para irse. En cuanto a la yegua terrestre, acabó con todos unos instantes después, y tras asegurarse de que estaban bien enrollados en la tela, se giro al resto de civiles, observando que estaban a salvo. Al escuchar las sirenas de policía, lanzó dos redes a la cúpula, dándose un impulso para llegar a la misma y salir por una de las ventanillas.

Una vez fuera, se percató de un furgón que salía a toda velocidad por uno de los callejones a la calle principal, alejándose de la zona trasera del banco. "He visto suficientes pelis para saber quien va ahí". Con un impulso, dio un salto hasta llegar al patio trasero del edificio, empezando a balancearse y saliendo a la misma calle y empezar a seguir el vehículo. Pronto, el jefe de la banda vio a la araña por el espejo retrovisor, soltando una maldición antes de ir a la zona trasera, abrir las puertas y empezar a disparar. Spider-mare esquivo las ráfagas una tras otra, algunas veces dejándose caer, otras dándose un impulso en la misma red y saltando hacia arriba. En un momento dado, expulsó dos redes, cayendo una a cada lado del poni, e impulsándose hacia adelante. El unicornio se giro para ver las pegajosas telas caer a cada lado suyo antes de volverse al frente, siendo lo último que vio antes de caer inconsciente las patas traseras de la yegua.

- Toc, toc, palizas a domicilio han llegado- dijo Spider-mare mientras aseguraba al poni recién caído en el suelo con una red.

El otro se dispuso a golpearla, pero ella esquivo con velocidad y lanzó su telaraña para pegarlo a la pared. Un bandazo del furgón la sacó de la zona trasera, haciendo que cayera a la calle. Con una maldición, Spider-mare dio un salto, colocándose nuevamente en pie, y daba un salto para empezar a balancearse nuevamente hacia el vehículo. Este pasaba a gran velocidad por la carretera, esquivando a todo coche que se le pusiera por delante, pasándose incluso un semáforo en rojo.

- ¡Eso es una multa de 200 bits!- grito Spider-mare antes de darse un impulso y caer sobre el capo del furgón.

Al girarse, vio que en el asiento del conductor estaba una yegua pegaso que miró horrorizada a la terrestre.

- ¡Dos opciones, o yo paro esto, o lo paras tú!

La pegaso, viendo todo perdido, se detuvo en un lado de la carretera, fuera del tráfico habitual. Satisfecha, Spider-mare se bajo del coche para ir a la puerta de la pegaso, quien la abrió rápidamente. Una vez hecho eso, lanzó una red que la dejó inmovilizada en el asiento, sin posibilidad de escapar. Sus orejas se movieron en la dirección de la que venían las sirenas de la policía, girándose a los ponis que estaban presentes, mirándola asombrados.

- Decidles que este regalito se los ofrece su amiga y vecina... Spider-mare.

Tras esto, pego un salto y se alejó de allí antes de que llegara ningún agente, completamente satisfecha por lo que había hecho.