Robos

Light Stacy entró en la comisaría de policía a paso rápido, listo para ponerse a trabajar. Nada más entrar, un agente se le acerco, y el unicornio ya sabía para que.

- ¿Alguna novedad?

- No señor, ninguna pista sobre Spider-mare, si no contamos otra de sus apariciones- dijo observando de reojo a una yegua terrestre.

La yegua había acudido allí para declarar sobre un pegaso que fue encontrado envuelto en telarañas. Por lo visto había intentado atracar a la terrestre, robando su bolso, pero Spider-mare llegó antes.

- Cuando me apuntaba con ese cuchillo, pensé que moriría, y entonces apareció una telaraña y se llevó el arma. Después, el tío desapareció, y mi bolso cayó al suelo con esta tarjeta- dijo la yegua mientras enseñaba dicho papel, en el que se podía leer "por cortesía de su amiga y vecina Spider-mare", tarjeta que aparecía en la gran mayoría de sus actos "heroicos".

- Bueno...- comenzó Light, observando al agente.- Pues si no hay ninguna pista relevante, no me interrumpa para eso. Avisame cuando tengas algo más sustancial.

Sin esperar respuesta, Light se dirigió a su despacho, pensando en esa Spider-mare. Al entrar, vio sobre su escritorio la montaña de informes sobre los diversos casos nuevos en los que estaba involucrada esa araña. Hacía un mes completo en el que había dejado de perseguir a un solo tipo de criminal para empezar a detener cualquier delito, cosa que dificultaba su detención. Una semana atrás, por ejemplo, la policía acudió a una joyería que había dado el aviso de que la estaban atracando, y sus ladrones estaban justo enfrente, colgando, dentro de un capullo, de una farola. O cuando recibieron una nota anónima de una venta de drogas en uno de los barrios más conflictivos de Coltlyn, pero al acercarse, vieron a los traficantes, mercancía incluida, enganchados en una telaraña gigante colocada debajo del puente por el que pasaba el tren, en mitad de la calle. Puede que estuviera ayudando, pero se estaba tomando la justicia por su propio casco, saltándose varias leyes de paso, y Light pensaba atraparla.


Spider-mare se columpiaba entre los edificios a gran velocidad, dirigiéndose a su destino lo más rápido posible, pues era lo más importante en ese momento, ir rápido.

- Vamos, no puedo fallar esta vez- dijo en un susurro.

En uno de sus saltos, lanzó sus redes juntas a la punta de una estatua, localizada en una plaza, y al llegar a la cabeza, se dio un impulso gigantesco, ganando aún más velocidad.

- No se si mis poderes podrán ayudarme.

Al girar la esquina, vio su destino, logrando que, debajo de su máscara, una sonrisa surcara su rostro. Justo cuando se poso sobre un cartel que anunciaba una cafetería debajo de ella, la sirena sono, anunciando a todos una sola cosa, las clases habían empezado, y Spider-mare gimio en protesta.

- Por una vez, quisiera llegar a clase a tiempo.

Resignándose a llegar tarde otra vez, cosa común desde que se decidió a ser una heroína y luchar contra el crimen sin restricciones (tanto era así, que se había dormido esa mañana, perdiendo en consecuencia el autobús), se columpio hasta el tejado del edificio. Desde el techo, surco el borde hasta encontrar un sitio aislado en el suelo. Tras encontrarlo, se quito su traje, guardándolo en sus alforjas y saltó al callejón. Momentos después, fue corriendo al interior del edificio, llegando a la puerta de su clase minutos después. Asomando la cabeza ligeramente por la ventana de la primera puerta, vio a su profesor de ciencias escribiendo en la pizarra.

Decidiendo no llamar la atención, se fue a la otra puerta del aula, en la zona trasera de la misma, abriendo lo más sigilosamente posible, al menos para un poni terrestre. Ignorando algunas miradas, se acerco de puntillas a su asiento, escuchando unas pequeñas risitas. Al girarse, vio a Ball Thompson, quien negaba la cabeza divertido, antes de darle un saludo amistoso, saludo que Babs respondió con otro. Era curioso, pero desde la... muerte... de su tío, el gran terrestre se había vuelto un amigo suyo, no al nivel de Autumn o Sun, pero un amigo al fin y al cabo. Cuando llego a su asiento, en medio de sus dos amigos unicornios, quienes la miraron con una ceja alzada, dio un ligero suspiro de alivio, empezando a sacar sus cosas.

- Un placer tenerla con nosotros, señorita Apple- dijo el profesor dándose la vuela, paralizando a Babs en su sitio. Antes de empezar a intentar decir una escusa, fue interrumpida por el casco alzado del pegaso.- No me lo diga, se quedó dormida otra vez.

- Esto...

- Si no fuera por sus excelentes calificaciones, esto le perjudicaría a la nota, aún así, espero que no se repita.

- Si señor.

Cuando el profesor se dio la vuelta, Babs se permitió volver a respirar tranquila, al menos hasta que Sun la observo curiosa.

- ¿Se puede saber qué te pasa? No es propio de ti llegar tarde.

- Me dormí.

- Jamás pensé escuchar eso de ti- dijo Autumn incrédulo.- ¿Segura que no eres un changeling?

Ignorando a sus amigos, Babs se centro en la clase, nada dispuesta a decir la verdad. Ya había decidido que era mucho más seguro de esa forma. Tras terminar su clase, los tres amigos salieron para ir a su próxima clase, pero la terrestre se detuvo al escuchar a alguien detrás.

- Empollona, te recuerdo que llegar tarde es cosa mía, tu quédate con ser la primera de la clase- dijo Ball dándole un golpe amistoso a Babs, quien se encogió de hombros sonriente.

- Lo intentaré.

Ball se marcho de allí, no sin antes dar un saludo a los otros dos, quienes le correspondieron un poco incómodos. Una vez seguro de que estaba fuera del alcance del oído, Autumn se digno a hablar.

- Aún no comprendo como puedes ser su amiga.

- En el fondo es un buen tipo- dijo Babs encogiéndose de hombros.- Y esta cambiando, ¿no crees que se merece una oportunidad?

- Visto así...

Pese a que Autumn creía en su amiga, le costaba creer que Ball dejaría de ser un abusón, aún cuando las pruebas apuntaban a ese cambio. Gracias a su relativa amistad con Babs, había dejado de exigir los apuntes de otros con tanto... entusiasmo, e incluso acepto la ayuda de algunos de los que solía molestar para mejorar en sus propias notas. Cuando llegaron a una división, Sun se marcho por la derecha, despidiéndose de sus amigos, que se dirigían a su clase, geografía, cosa que no se le daba nada bien al unicornio.

- Babs, ¿podrías hacerme un favor?- dijo con tono suplicante mientras se acercaban al aula.

- Para eso están los amigos, ¿no?

- ¿Podrías ayudarme a estudiar para el examen de la semana que viene? Geografía se me da como el culo.

- Sin problemas- respondió la terrestre con una pequeña risa.- ¿Hoy en tu casa a las 5?

- Perfecto, espero que vengas, necesito muchísima ayuda.

- No te preocupes, estaré ahí.


Sobre las cinco menos veinte, un furgón se detuvo frente al banco central de Manehattan, y sus ocupantes, tres unicornios, un pegaso y un terrestre, se prepararon para entrar. El último de estos era el jefe de la operación, de pelaje castaño, crin negra, y una cutie mark consistente en un destornillador junto a unos engranajes, su nombre, Shock Schultz. Tras asegurarse de que todo estaba listo, salieron del vehículo y fueron hacia las puertas, abriéndolas de golpe y disparando a los dos únicos guardias en sus piernas, incapacitándoles, haciendo que todos los presentes se agacharan asustados. Observando a su alrededor, se giro hacia su equipo.

- Vosotros quedaos aquí y vigiladles- dijo a los unicornios, antes de observar al pegaso.- Tú sígueme.

Los dos viajaron por los pasillos, pasando de largo una de las cajas fuertes, para consternación del pegaso, y bajaron a un piso subterráneo, deteniéndose frente a una puerta acorazada con medidas de seguridad mucho más fuertes.

- ¿Por qué no fuimos a las de arriba?

- Las superiores solos tienen dinero común- dijo Shock mientras se agachaba y urgaba en su bolso.- Estas tienen oro y cristal eterno.

- No jodas- dijo el terrestre mirando con los ojos abiertos la gran puerta.

El cristal eterno era, prácticamente, la única piedra preciosa de valor, junto a los diamantes, pues los rubíes, zafiros, entre otras joyas, eran tan comunes en Ecuestria, que sólo tenían un valor decorativo o alimenticio para los dragones. Después de hurgar bastante, Shock pareció encontrar lo que buscaba, un par de botas para sus cascos delanteros, que eran recorridos por anillos, separados por uno o dos centímetros de sus superficies y unidos por cuatro varillas. Antes de que el pegaso pudiera preguntar que eran, el terrestre se los puso y se dirigió al punto de unión entre la puerta y la pared, colocando ambas patas a cada lado de la misma, empezando a escucharse un zumbido. Poco después, para asombro de su compañero, unas grietas empezaron a surcar la pared, debilitando el marco de la puerta, dentro de poco, está caería por su propio peso y tendrían vía libre.

Mientras, Spider-mare se columpiaba de edificio en edificio, dirigiéndose a la casa de su amigo Autumn, pero una emisión de la policía, escuchada por un auricular desarrollado por ella y enganchado a su oreja, empezo a sonar.

- Atraco al banco central de Manehattan de la 31 con Bridleway cinco ponis, tres unicornios, un pegaso y un terrestre, todos armados...

- ¿Por qué siempre deciden robar cuando tengo algo importante que hacer?- se preguntó Spider-mare con fastidio antes de cambiar su dirección.

Deseando acabar pronto para ir con su amigo, se columpio lo más rápido posible hacia su destino. Pronto, vio el banco atracado, el mismo en el que hizo su primera aparición pública oficial como heroína. Aterrizando en el techo, fue a la gran cúpula, observando el interior desde sus cristales, viendo a tres unicornios apuntando a los inocentes, entre estos los dos guardias, que habían detenido su hemorragia de la mejor forma posible con trozos de tela proporcionada por los pocos ponis que vestían algo de ropa. Tras dejar sus alforjas en el suelo, abrió una escotilla, se colo dentro y empezó a avanzar hacia el centro de la estructura. No obstante, uno de los atracadores vio la sombra en el suelo, alzando la vista para ver a Spider-mare pegada en la cúpula.

- ¡Esa Spider-mare esta aquí!- grito antes de disparar, seguido de sus compañeros.

- ¡Vaya, tío! ¡Has arruinado la sorpresa!- grito Spider-mare mientras esquivaba los disparos y aterrizaba en el suelo.- En fin, vamos al asunto, ¿quién quiere ser el primero en recibir una spider-paliza?

Cuando los unicornios estaban por disparar, Spider-mare lanzó una red hacia uno de ellos, impulsándose en su dirección y golpeándolo con gran fuerza, para luego esquivar en el último segundo varios disparos. Los ponis, mientras tanto, consiguieron escapar aprovechando la distracción de sus captores, demasiado ocupados en intentar matar a esa araña, y ayudando a los dos heridos. La terrestre enganchó un florero cercano con sus telarañas para lanzarselo al matón que tenía más cerca, para luego saltar al último de ellos, expulsando dos redes que se engancharon a cada lado del mismo, y golpearlo con sus patas traseras. Una vez todos K.O., la yegua observo a su alrededor, viendo a un pegaso, trabajador del banco, asomarse por uno de los mostradores.

- ¿Esta bien?- dijo Spider-mare mientras se acercaba.

- S... si... g... gracias- dijo el otro saliendo de su escondite poco a poco.- Esto... aún quedan dos, se fueron al interior nada más empezar el robo.

- Salga fuera y póngase a salvo, yo me encargo.

Tras ver al pegaso dirigirse con velocidad a la puerta, Spider-mare entró corriendo en los pasillos. Al ver que las puertas acorazadas del banco seguían cerradas e intactas, se quedó un poco confusa, al menos hasta que pensó que podrían haber más cámaras acorazadas en el edificio. Con ese pensamiento, se adentro aún más en el complejo, encontrando unas puertas abiertas que daban a unas escaleras descendentes. Siguiendo una corazonada, bajo las mismas, llegando a una sala pequeña con una gran puerta, tirada en el suelo, y dos ponis dentro de la cámara metiendo todo el oro y cristal eterno posible en dos bolsas de deporte.

- Sabéis que los préstamos no funcionan así, ¿no?

Los dos ladrones se giraron para observar a Spider-mare, llendo a coger sus armas, colocadas sobre una mesa central, armas que la yegua agarró con sus redes y las dejó fuera de alcance.

- No, no tenéis juguetes hoy, os habéis portado muy mal.

Con rabia, los dos se lanzaron a la batalla, pero Spider-mare los esquivo con facilidad, procediendo a dejarlos fuera de combate lo más rápido posible. Una vez hecho, los colocó sobre su lomo y se fue a la sala donde estaban el resto de sus compañeros. Cuando los dejó en el suelo y se dispuso a atarlos a todos con sus telarañas, escucho las sirenas de la policía fuera del banco, por lo que prefirió marcharse por donde vino. Salió por la misma ventanilla por la que entró, se puso sus alforjas y se dejó caer por la fachada del edificio, lanzando una red y empezando a alejarse, pasando por encima de varios agentes, quienes habían intentado apuntarla con sus pistolas tranquilizantes, desistiendo al verla fuera de alcance.


Babs salió de un callejón, ya con su traje y lanzaredes en un bolsillo oculto de sus alforjas, dirigiéndose a la inmensa torre de apartamentos lujosos, en cuyo ático se encontraba la vivienda de su amigo. Entró en el vestíbulo y se dirigió a la recepción, donde estaba un joven pegaso que miró con una ceja alzada a la terrestre.

- ¿Puedo ayudarla, señorita?

- Vengo a ver a Autumn.

El recepcionista observo a la adolescente frente a él antes de empezar a reír a carcajadas.

- A ver si me aclaro- dijo entre risas-, ¿tú quieres ver a Autumn Osborn? ¿El hijo de Green Osborn?

- Eyup.

- Déjate de tonterías y sal de aquí, por favor- dijo el pegaso, aún sonriendo pero con un tono autoritario.

Babs suspiro, tratando de pensar alguna forma de convencer a ese idiota, pero eso no sería necesario, pues una voz que venía del vestíbulo que llevaba a varias salas comunes se acerco.

- Hola de nuevo, señorita Seed.

Babs observo con una sonrisa al responsable, un unicornio de pelaje gris, crin blanca y un traje que siempre cubría su cutie mark. En cuanto al pegaso, observo con los ojos abiertos a quien era su superior, que le dio una mirada dura.

- ¿Nuestro nuevo recepcionista le está dando problemas?

- Na, sólo que no se cree que soy amiga de Autumn. No se lo tengas en cuenta, es normal si no estás acostumbrado.

- Cierto, pero la educación y las formas no se deben perder bajo ninguna circunstancia- dijo el unicornio con seriedad.

El pegaso trago saliva mientras observaba a House Rich, dueño del edificio. Con nerviosismo, salió de su puesto y se inclino varias veces ante Babs, que no pareció muy cómoda.

- Lo siento muchísimo, señorita, yo...

- No pasa nada, de verdad.

- Déjeme que le ayude con sus alforjas y...

- Señor Key- el aludido se puso rígido y observo a su superior-, debo decirle que la señorita Seed no se siente cómoda con que le llevemos sus cosas a no ser que sea absolutamente necesario. Límitese a darle acceso al hogar de los Osborn, y tenga claro que es amiga personal del joven Autumn, por lo que acostumbrese a verla por aquí a menudo.

El pegaso asintió con nerviosismo y fue al ascensor, sacando una llave y colocándola en su ranura correspondiente, llamando a la cabina privada del hogar de los Osborn. Babs paso al lado de House y le dio una sonrisa antes de entrar en el ascensor y dirigirse a la casa de su amigo. Apenas pasaron unos dos minutos cuando las puertas se abrieron en un gran salón, inmensamente lujoso y con un gran ventanal que daba a un balcón con unas vistas impresionantes de la ciudad. Había un sofá lo suficientemente grande como para albergar a cinco ponis sin problema alguno, con una gran mesa enfrente donde se podía disfrutar de un té, café u otra bebida. En ese momento, sin embargo, estaba llena de libros de Geografía y un Autumn muy preocupado. Al escuchar las puertas metálicas volver a cerrarse, giro su cabeza y dio un gran suspiro de alivio, llendo a saludar a su amiga.

- ¿Se puede saber donde estabas? Ya empezaba a preocuparme.

Babs miró de reojo el reloj y vio que había llegado una media hora tarde, por lo que pensó en una escusa rápida.

- Tráfico, el autobús llegó tarde por el puñetero tráfico. Al contrario que algunos millonarios, una no tiene chófer propio- dijo con una sonrisa, una que su amigo correspondió.

- Por Celestia, tu vida es una miseria.

- Tú sigue así y no te ayudaré en na.

Con una risa conjunta, ambos amigos se dirigieron al sofá y se sentaron a estudiar el apasionante mundo de la Geografía. Durante cerca de dos horas, Babs explicó lo mejor posible los conceptos que saldrían en su examen, cosa que a Autumn le costaba asimilar.

- Vale... ¿Crees qué podrías pasar estos cinco centímetros del mapa a una escala real?

Autumn frunció el ceño mientras observaba el mapa, los centímetros a pasar y las fórmulas para ello. Pero al cabo de unos pocos minutos, soltó un gemido de frustración.

- ¡Esto es imposible!

- No hay nada imposible para un Osborn, deberías saberlo.

Los dos adolescentes se quedaron en silencio antes de girarse y ver, saliendo del ascensor, al multimillonario Green Osborn, miembro fundador de Industrias Osborn y padre de Autumn. Era un unicornio de pelaje verde oscuro y una crin rojiza, igual que su hijo, y una cutie mark consistente en una probeta con una espiral de ADN grabado en la misma, aunque en ese momento estaba oculta por un traje negro. Este bajo la mirada ante su padre, que se acerco lentamente.

- Lo se, padre, lo siento.

- No lo sientas, se mejor- dijo Green con severidad.- Si fallas en algo tan insignificante como la Geografía, no serás un semental de provecho. Yo cumplí mi parte del trato dejándote ir a clases de pintura y arte, cumple tu la tuya y saca buenas notas.

El unicornio miró a su hijo una última vez antes de marcharse, dejando solos a los dos adolescentes. Una vez fuera del alcance del oído, Autumn se derrumbó en el sofá con un suspiro.

- Me odia.

- No digas eso- dijo Babs mientras se sentaba a su lado.

- Babs, la única razón por la que me deja pintar es porque mi madre lo hacía, y aún así, me exige mantener mis notas altas. Si no fuera porque me parezco a ella, ya me habría enviado a un internado.

- Estoy segura de que te quiere, y que te pague clases de arte es un ejemplo de eso. Si te odiara, ¿por qué se molestaría en hacerlo?

Autumn lo pensó un rato antes de sacudir su cabeza y volver a sus estudios.


Shock Schultz era escoltado por dos guardias de seguridad a través de un pasillo, uno localizado en uno de los edificios más lujosos de Manehattan. Había sido sacado de la cárcel en la que le metieron la semana anterior gracias a cierta araña y llevado ante quien le contrato. Sus escoltas se detuvieron frente a unas puertas custodiada por dos seguratas que abrieron las mismas y dejaron dentro al terrestre, cerrando tras el. El semental observo a su alrededor, una sala llena de columnas con ventanales a ambos lados con vistas a la ciudad, varias estatuas y armaduras kirin y jarrones de esta cultura adornaban todo.

En el centro del ventanal izquierdo vio a un gran unicornio, casi llegaba a la altura de la princesa Luna, y observaba la ciudad con una mirada neutral. Era de pelaje blanco y crin negra, su cutie mark, oculta por su traje blanco puro, era una ficha de ajedrez, para ser exactos, el rey. White Fisk, conocido en el mundo criminal como Kingpin, el rey del crimen organizado. Desvío la mirada de la ciudad y observo a Shock, dirigiéndose luego a su escritorio, en el centro de la sala, sentándose tras el e invitando al otro poni a acercarse, cosa que hizo con cautela. Jamás había visto personalmente a su jefe, y si se era sincero, se había imaginado a un semental de negocios típico, con poca fuerza y que lo único destacable sería su inteligencia. Pero allí estaba, un poni que claramente estaba en forma y podía destrozarle si quisiera. Kingpin observo unos cuantos papeles antes de mirar al ladrón que había contratado.

- Veamos, señor Schultz, según usted, es el mejor ladrón de bancos de la historia, ¿me equivoco?

- No señor, de 200 atracos, solo he fallado en uno.

- Ahí está el problema- dijo White Fisk mientras se inclinaba en su silla.- Según usted, es infalible, jamás falla. Y lo ha hecho, precisamente, en el mismo banco que sus predecesores.

- Señor, yo...

- No he terminado- dijo Kingpin con la calma de quien se sabía en control.- Cuando termine, te avisaré y podrás explicarte, y más vale que sea una buena explicación. En fin, tenía un solo trabajo, robar el banco, usted tendría derecho a coger lo que quisiera y yo tendria el contrato que tanto deseo. Simple y efectivo, agobia al dueño y pedirá mis servicios. Ahora si he terminado.

- Señor Fisk...- dijo Shock con cautela-, mis chicos pueden mantener a raya a ponis comunes, pueden mantener lejos a la policía. Puedo robar un banco de forma efectiva sin dar oportunidad a la ley, pero... Spider-mare es otra historia muy diferente.

- Spider-mare... Esa yegua ya me ha jodido dos operaciones... Dígame, señor Schultz, ¿cómo funcionan sus brazaletes?

Shock observo a Kingpin con duda, antes de encogerse de hombros.

- Ondas de sonido. Aplicándolas a un punto en específico puedo desestabilizar cualquier estructura, incluso el acero más fuerte en uno o dos minutos.

- Interesante...

Kingpin observo al terrestre durante un tiempo, recostándose en su asiento.

- Es cierto que no puede enfrentarse a esa Spider-mare tal como está ahora, así que... propongo igualar las fuerzas.

- ¿Cómo?

- Señor Schultz, ¿fue usted quien creó esos brazaletes?

- Si- dijo el terrestre, sin saber a donde quería llegar el corpulento unicornio.

- Si le diera los métodos, ¿podría aumentar la potencia de las ondas sonoras?

- ¿De cuanta potencia estamos hablando?

- Digamos que... la suficiente para romper el acero en segundos y aplastar a cierto insecto con la fuerza de un camión.

Shock observo detenidamente a White Fisk antes de sonreír. La próxima vez que esa Spider-mare se cruzara en su camino, las cosas serían muy distintas.