Mala fama

- ¡Babs! Despierta, vas a llegar tarde... ¡Babs!

La aludida abrió sus ojos lentamente, gruñendo un poco y girando su cuerpo para observar el techo.

- Ya voy...

Durante unos segundos no pasó nada, hasta que escucho los pasos de su tía alejarse de su cuarto. Con un bostezo, Babs se levantó, aún tremendamente cansada, viendo su alforja junto a varios libros y libretas, colocados por ella la noche anterior para colocarla por la mañana. De uno de los bolsillos salía parte de su traje, por lo que se acerco y lo saco de allí, llevándoselo al hocico para olerlo, y acto seguido, apartarlo lo más lejos de ella con una mueca de asco.

- Tengo que lavar esta cosa como sea.

Después de guardarlo y colocar sus cosas, se puso las alforjas en su sitio y salió de su cuarto para ir a desayunar. Allí encontró a su tía, bebiendo una taza de café, observando a su sobrina cuando llegó con ojo crítico.

- Deberías comparte otro despertador, no creas que voy a levantarte yo todos los días.

- Lo siento, tía Sweet, prometo que lo compraré en cuanto pueda- dijo la yegua con una sonrisa, dando un beso a su tía antes de sentarse.

Mientras se servía un tazón de avena con leche y comía a gran velocidad, vio de reojo la portada del periódico que su tía había estado ojeando, que tenía un dibujo artístico que representaba a ella misma y a ese poni que había atrapado el pasado viernes. Prestando más atención, leyó el titular, y por poco se atraganta.

"Spider-mare y Shocker roban un banco".

- Pero que diablos...- dijo mientras agarraba el periódico, observada por su tía.

- Aa, si, lo dejo el potro del periódico aquí esta mañana. Por lo visto, esa Spider-mare era una vulgar ladrona que se hacía pasar por heroína.

"Auch" pensó Babs, preferiendo quedarse en silencio. Justo cuando estaba por leer el artículo, se fijo en la hora, viendo que no cogería el autobús a su hora si se quedaba más tiempo.

- Tía Sweet, ¿me puedo llevar el periódico?

- Por supuesto, que tengas un buen día- dijo con una sonrisa.

Babs sonrió y se fue de allí, metiendo el periódico en sus alforjas y dirigiéndose a la parada de autobús. Allí se encontró con Sun, que le dio una sonrisa mientras se acercaba.

- Pero mira a quien tenemos aquí, la señorita tardona viene a coger a tiempo el autobús, es un milagro.

- Oye, no siempre llego tarde- dijo Babs con una sonrisa burlona.

Las dos amigas se saludaron mutuamente y esperaron a su autobús, llegando en poco tiempo. Tanto sus amigos como las clases le impidieron leer el artículo, pero en cuanto llego el recreo, lo saco y se dispuso a leer, algo notado por sus amigos.

- ¿Y ese periódico?- dijo Sun con curiosidad.

- Lo tenía mi tía Sweet esta mañana, me interesó y quise leerlo.

- Yo también lo leí- comento Autumn mientras daba un mordisco a su sándwich de margaritas y queso.- Mi padre dice que esa yegua es una amenaza pública, y jamás ha dicho nada sin estar completamente seguro de lo que dice.

"Es agradable que tus amigos piensen bien de ti".

- Sabes qué ese periódico puede haber exagerado las cosas para atraer atención, ¿verdad?- "gracias, Sun, alguien me apoya".

Babs dejo de escuchar a sus amigos y se centro en el artículo, sintiendo su sangre hervir a cada palabra.

"El banco central de Manehattan fue atracado el pasado viernes por la tarde por un terrestre, que tenía la habilidad de crear ondas sonoras capaces de destrozar el hormigón sin problema alguno, y de la llamada Spider-mare. Este mismo banco había sido asaltado en otras dos ocasiones distintas, y en las dos apareció esta justiciera, y según una teoría, con bases muy sólidas, habría ido para examinar la seguridad y hacerse a una idea del lugar.

El día del atraco, su compañero habría actuado, y en el momento de marcharse, Spider-mare habría decidido traicionarle, acabando en una guerra campal que destrozaría parte del banco.

Tras esto, la araña habría dejado a su compañero a la merced de la policía mientras se marchaba de allí, no se sabe si lo haría con parte del botín o no, pero no sería descabellado pensar que así fue. White Fisk, dueño y presidente de Industrias Fisk, y quien ha pagado los gastos del banco y ofrecido los servicios de su empresa de seguridad privada, dio la siguiente declaración el sábado a las 11:36 de la mañana:

~No se quien será esta Spider-mare, sólo un cobarde se esconde bajo una máscara, pero diré algo, los ponis de esta ciudad no permitirán este comportamiento. Juro ante la divina vista de Solaris que no quedará impune. Dice ayudar a los débiles, y lo que hace es destrozar un banco que guarda los ahorros, no sólo de los más ricos, sino también de los ponis de a pie, se ríe en nuestra cara mientras se hace pasar por una salvadora. ¡No lo toleraremos!~"

Babs dejo de leer en ese punto, dejando el periódico a un lado con un gruñido y centrándose en su manzana, ignorando la mirada extrañada de sus amigos. ¿Arriesgaba su vida, llegaba tarde a clase, a la obra, su tía la veía con desaprobación por verla llegar todos los días a las nueve, nueve y media como muy tarde... y la tachaban de criminal? Respiro ondo varias veces, tratando de calmarse y recordándose de que no todos pensarían igual... ¿verdad? En cuanto a Sun, agarró el periódico y empezó a leer, frunciendo su ceño al hacerlo.

- Esto es una completa tontería, mi padre me ha dicho que Spider-mare no se llevó nada, y que tampoco trabajaba con ese Shocker.

- White Fisk lo piensa, y mi padre lo tiene como un poni respetable y con las ideas claras. ¿Por qué iba a mentir?- dijo Autumn con un encogimiento de hombros.

Babs rodó sus ojos, ignorando esa conversación y recordándose que lo importante era hacer su trabajo, no que la reconocieran. "Aunque un poquito de gratitud sería muy bienvenida".


Varios científicos observaban un orbe brillante que estaba conectado a varios cables, estudiándolo, detrás de una pantalla protectora. Uno de ellos, que estaba dentro de la pequeña sala, metido dentro de un traje protector, tenía cuatro brazos con aspecto de tentáculos, que salen de cuatro aperturas en el traje, en cuya punta había una pinza triangular que se partía en tres, y se acercaron a un panel debajo de su objeto de estudio. Apretaron varias opciones y, pronto, una energía amarilla empezó a circular por los cables hacia lugares desconocidos, a la vez que los brazos se aseguraban de que dichos cables estuvieran bien asegurados. Sus compañeros sonrieron antes de que uno de ellos hablara a un micrófono cercano.

- Las lecturas de energía son estables, doctor Octavius, tal como predijo.

El aludido, Otto Octavius, sonrió debajo de su máscara, contento con esas noticias. Se trataba de un terrestre algo regordete, de pelaje marrón, crin negra, ojos del mismo color que su cuerpo y una cutie mark consistente en un brazo robótico de tres pinzas.

- Bien, son excelentes noticias, de todas formas, motoriza bien todo. Quiero estar informado de cualquier alteración, por mínima que sea.

- Por supuesto señor, haremos un seguimiento de...

Se vio interrumpido por uno de los ponis cercanos, antes de girarse y, con aparente nerviosismo, volver a hablar.

- Doctor Octavius, el señor Fisk está aquí.

Otto se giro hacia la ventana, y si no tuviera su máscara, se habría visto su nerviosismo y algo de miedo, siempre le aterraba tratar con ese unicornio. Dando un último vistazo al orbe, salió de la sala protectora, entrando en una de descontaminación, donde se quito el traje, no así los brazos mecánicos. Estos estaban unidos a su torso, cerca de la cintura, por una placa metálica, muy flexible y cómoda, que le envolvía como si de un cinturón se tratara. A eso se le añadía una lámina delgada que recorría su columna hasta la base de su cuello, y desde la cual, varias agujas de titanio, para evitar fracturas, se unían a su sistema nervioso central (algo que siempre le dolía), dándole la capacidad de poder manejarlos como si partes de su cuerpo se trataran. Como guinda del pastel, tenían una inteligencia artificial súper avanzada con la que podrían ocuparse ellos mismos de tareas importantes mientras su amo se centraba en otras distintas, aunque seguían estando bajo su completo control. Eran de una aleación de acero y titanio, y mientras estuvieran retraídos, tenían una longitud de dos metros, pero eran capaces de extenderse hasta los ocho metros. El terrestre salió de la sala y dio una mirada a sus subordinados.

- Vigilad el orbe, si surge un problema, ya sabéis que hacer.

Tras esto, se acerco a la entrada al laboratorio, donde estaba su principal benefactor, aquel que le permitía trabajar en ese proyecto, su jefe, White Fisk, que estaba acompañado de otro empresario exitoso, Green Osborn, cosa que le resultó extraño a Otto, pero se abstuvo de preguntar.

- Señor Fisk, es un placer verle aquí- dijo con su mejor sonrisa, ocultando como pudo su nerviosismo.

- Lo mismo digo- dijo el unicornio blanco con una sonrisa desinteresada, prestando más atención al orbe tras la ventana protectora que a su científico jefe.- ¿Cómo va el proyecto Solaris?

- De maravilla, señor Fisk. Los niveles de energía son altísimos, los suficientes como para alimentar a toda la ciudad durante un año sin consumir tantos recursos mágicos o eléctricos, además de poder ser una fuente barata para los más po...

- Barato no es algo que busque- comento Fisk mientras se acercaba a la mesa de operaciones, mientras que Osborn se quedó en la entrada, observando todo con un mínimo interés.- Se lo ofreceremos a unas cuantas familias para mantener nuestra imagen solidaria ante la prensa y, sobre todo, ante las princesas. Pero no va a ser barata, esto nos hará ricos, Otto, en especial a usted.

- Ya...- Otto disimulo como pudo su descontento, observando luego a Green Osborn con curiosidad controlada.- Señor Osborn, ¿puedo preguntar a qué debo el honor de su visita?

En cuanto vio la mirada fría del unicornio, se acobardo de inmediato, no así sus brazos, que adquirieron una posición amenazante por unos pocos segundos, antes de volver a relajarse a una orden mental de su amo. Green alzó una ceja curioso ante eso, observando los tentáculos metálicos.

- Objetos interesantes.

- ¿Verdad?- comento White, aún estudiando el orbe.- Los construyó un mes atrás, han resultado ser la mar de útiles.

El unicornio se apartó nuevamente del panel de control, sacando un suspiro aliviado y disimulado de varios científicos, y se acerco a Otto con una sonrisa.

- Dígame, Otto, ¿conoce al doctor Connors?

- Por supuesto- comento el aludido con una expresión de curiosidad.- Estudiamos juntos en la misma universidad.

- Supongo que conocerá en que estuvo trabajando.

- El cruce entre especies, pero no se porque me pregunta sobre...

- Es simple, la verdad- dijo Green Osborn con tranquilidad, siendo observado con nerviosismo por Otto.- El señor Fisk aquí presente estuvo interesado en esa investigación, pues estaba trabajando en un proyecto... similar. Como yo financio al doctor Connors, le ofrecí trabajar para él en su proyecto, pero lo rechazó, así que aquí estamos.

- No comprendo...

- Doctor Octavius- dijo White con una sonrisa peligrosa, poniendo más nervioso al terrestre, que en comparación con el unicornio, era enano-, el doctor Connors rechazo nuestra oferta, como consecuencia, Green Osborn ha cortado toda relación con él, en otras palabras... nadie finanza su proyecto de cruce de especies. Usted ha sido elegido para encabezar esta investigación, piense bien lo que vaya a decir.

- P... pero el... proye... proyecto Sola...

- El proyecto Solaris seguirá aquí, se lo garantizo... siempre y cuando usted haga lo que le pido.

White asintió a su acompañante, que iluminó su cuerno y elevó en el aire un maletin negro que había esperado junto a él todo el tiempo y en el que Otto no había reparado. Se lo alcanzó al científico, que lo agarró con uno de sus brazos y con otro lo abrió, revelando un montón de documentos.

- Como muestra de colaboración y cortesía, le he dado todos los datos de la investigación de Connors, así que, si me disculpan, tengo mucho trabajo.

- Por supuesto, señor Osborn, déjeme que lo acompañe. Doctor Octavius- el aludido levantó la cabeza y observo a White Fisk con duda-, dentro de poco volveré para comentarle los detalles de mi proyecto personal y para saber si estará dispuesto a trabajar en el... piense bien su respuesta.

Con eso, ambos unicornios, uno más grande que el otro, salieron de allí por las puertas mecánicas y entraron en la pequeña sala de descontaminación, dejando solo a Otto Octavius, que observo los papeles con duda... y miedo. Sabía de lo que era capaz su principal benefactor, y sólo rezaba para que no sufrieran muchos inocentes.


Spider-mare se balanceaba hacia el instituto de forma rápida, ya llegaba tarde media hora por ir tras un coche robado, y no pensaba tardar más. Le hervía la sangre, no solo por el artículo que leyó hacía dos días, sino porque la mayoría que lo había leído y se dignaba a darle su opinión le decía lo mismo, "Spider-mare es una ladrona", "es una amenaza que debe ser encarcelada", "una forajido sin ley y sin vergüenza"... Joder, hasta su tía Sweet le había dicho que si alguna vez veía a "esa enmascarada", algo dicho en el tono más despectivo posible, que se alejara de inmediato. Le dolía, pero también le jodia.

Su prima Applejack y sus amigas, cada vez que habían salvado el mundo... ¿lo hicieron sin daños? No, y nadie las culpo, comprendieron que fueron los villanos. Cuando Twilight volvió loco a Ponyville con un peluche, ¿los medios se le echaron encima? Una pequeña mención y listo. Joder, hasta perdonaron rápidamente a Appleblom y las otras después de descubrir que ellas eran Gaby Gum. Pero entonces Spider-mare aparecía, trataba de impedir que un loco robara y destrozara el banco, este loco rompía varias columnas y... ¿que decían los medios? ¡Spider-mare roba un banco!

El sonido de un disparo la sacó de su mundo de maldiciones y palabras que alarmarían a las mentes más inocentes, girando su cabeza en la dirección del mismo. Varios ponis se alejaban de una pequeña tienda, otros la observaban desde lejos como solo un cotilla experimentado haría, y supo que, lo que fuera que pasara, era allí. Cambió su rumbo y se impulso a la azotea de un edificio cercano, dejando sus alforjas allí y dejándose caer nuevamente. Aterrizó frente al local, una joyería, cuya fachada era un gran ventanal que permitía a los que estuvieran fuera ver todo lo que pasaba dentro. Junto a unos cinco civiles inicentes y el dependiente habían tres terrestres armados apuntando con sus armas y un agujero de bala en el techo. Antes de poder pensar una estrategia, uno de los ladrones la vio y empezó a disparar, seguido por los otros, y obligando a Spider-mare a saltar para esquivar las balas. Al aterrizar, lanzó sus redes a través de los cristales rotos antes de que volvieran a disparar, pegándolas en la pared y lanzándose hacia adentro.

- Oye, si queréis alguna joyita para vuestras novias, no hace falta robarlas. Se que son caras, pero tanto como para robar...

- ¡Cayate, estúpida araña!

El que grito trato de golpearla, pues no se arriesgaría a disparar con sus compañeros tan cerca. Spider-mare esquivo el golpe y aterrizó encima de el.

- Ese lenguaje, por favor, que yo no te he insultado.

Usando su fuerza, se echo hacia adelante al tiempo que lanzaba al pobre ladrón hacia la pared, lanzando sus redes rápidamente para dejarlo pegado boca abajo, encima de los civiles. Los otros dos fueron a intentar golpearla, pero Spider-mare salto a tiempo y se colocó detrás de uno de estos. En el momento en que se dio la vuelta, le disparo una telaraña a su rostro y golpeó con la fuerza suficiente como para tirarlo al suelo, donde lanzó más de sus redes para atraparlo. El restante intentó huir, pero la yegua se colocó delante con un salto y le dio un potente golpe que le elevó en el aire, lanzando su telaraña para dejarlo ahí pegado. Satisfecha, se giro al dependiente, sonriendo bajo la máscara.

- Los ladrones ya no son como antes, ¿eh? En fin, esta bi...

Se vio interrumpida por la bolsa que el unicornio, dueño del local, había llenado de bits y joyas para los asaltantes, ser llevada ante su cara.

- ¡Llévese todo pero no me haga daño!

- Espera... espera... Yo no...

- Ladronzuela- dijo una voz susurrante, y al girarse, vio a un anciano entre los civiles, con una yegua que Spider-mare supuso era su hija, mirando con pavor a su padre.

Vio como la yegua se inclino ante ella y empezó a decir una sarta de disculpas, como si fuera una criminal peligrosa, haciendo que Spider-mare soltara un gruñido y se marchaba. Fuera, los ponis se apartaron de ella, haciendo que volviera al humor que tenía antes de ir allí. Salto y subió hasta la azotea donde dejó sus alforjas antes de seguir su camino. Para coronar el comienzo del día, llegaba una hora tarde al instituto...


En una sala bastante grande se habían colocado dos estanques enormes, los dos teniendo anguilas eléctricas, aunque tenían diferencias que no se apreciaban a simple vista. Dos brazos mecánicos sumergieron un gran aparato en uno de los estanques, poniendo nerviosas a las anguilas, empezando a generar chispas, muchísimo más potentes de lo que debería poder generar un miembro común de su especie, pero los artefactos habían sido fabricados para poder soportar cosas peores. Una vez tocó fondo, los brazos apretaron varios botones, activando el generador, y se marcaron al tiempo que otros dos entraban para conectar dos cables a cada lado del aparato.

Una vez listo, Otto, que estaba en una mesa de control observándolo todo, activo el generador eléctrico, que se llenaría solo con la energía dada por las anguilas. Estas empezaron a generar electricidad, en respuesta a la invasión de su hábitat, dando una energía suficiente como para alimentar a un edificio de cinco plantas durante varios meses sin problemas. Aún con el éxito de ese experimento, Otto no estaba tranquilo, pues sabía para que serían usados los resultados. Las puertas detrás de él se abrieron, y White Fisk entró en escena, observando los estanques con muchísimo más interés que el proyecto Solaris.

- Estoy impresionado, doc, un mes y ya ha conseguido replicar el trabajo de varios años de Connors, es usted un genio.

- G... gracias...- dijo Otto mientras saludaba a White con respeto.- Cálculo que en unos dos o tres meses más lograré desarrollar un suero para cambiar el ADN poni y...

- Tiene que ser mañana.

Otto observo a Fisk con los ojos abiertos, incapaz de creer lo que escuchaba.

- Señor Fisk... una cosa es replicar un trabajo ya hecho, pero el suero para lograr dar las capacidades de una especie animal a un poni es... muy distinto, su ADN es muy diferente al nuestro. Su estructura molecular, su tamaño, su biología, su...

- Dígame, doctor, ¿las anguilas tienen veneno o algo?- dijo White, ignorando a Otto, sin apartar su vista de dichos animales.

Otto se mordió la lengua, y por una fracción de segundo, sus brazos se irguieron como una serpiente ante su presa, antes de volver a ser mansas, algo que Fisk no pasó por alto.

- Si... según teorías, podrían pasar su genoma a un poni, Connors lo pensaba con las arañas y ciertas especies de lagartos... Pero... no se ha probado y puede ser muy peligro, lo más sensato es el suero y...

- Ya se ha probado, Spider-mare es un buen ejemplo- al ver que su científico jefe le miraba con asombro, Fisk dio una pequeña sonrisa.- No me diga que no lo ha notado, es muy obvio. Desgraciadamente para mi, Osborn me ha confirmado que Connors no ha hecho pruebas en ponis y que es muy probable que fuera un accidente, y dado que muchos visitantes, universitarios, estudiantes de instituto, otros científicos, hasta los encargados de la limpieza, han pasado por allí... es prácticamente imposible saber quien fue la afortunada.

- P... pero... señor Fisk, aun... aunque fuera cierto, no...

- Necesitamos a un voluntario ya, doctor, de echo, mañana vendrá nuestro elegido.

- ¿Cómo? ¿No me ha ni avisado?

White Fisk se giro para observarle, acercándose con una sonrisa siniestra que trataba de ser amigable, y no lo conseguía.

- ¿Para qué? Yo soy quien finanza este proyecto, este y el suyo personal. Así que, si quiere mantener su empleo... o su vida... va a obedecerme y a quedarse calladito sobre lo que se hace aquí, ¿entendido?

Otto se había encogido un poco al tener a su jefe tan cerca, pero la manera en la que le hablo le hizo hervir la sangre. Uno de sus brazos se movió demasiado rápido como para que White lo viera venir, agarrándolo del cuello y estampándolo contra el cristal del estanque, que se agrieto pero no se rompió. El gran unicornio le miró con miedo, a lo que él terrestre dio una sonrisa perversa, dispuesto a enseñarle a ese palurdo quien era el más inteligente y...

- ¿Me ha escuchado, doctor Octopus?

Otto parpadeo un par de veces y volvió a estar en la misma situación, agachado y aterrorizado por White Fisk. Tratando de reprimir el impulso de hacer lo que acababa de imaginar, trago saliva y observo a su jefe.

- ¿P... puede... re... repetirlo señor?

- Dije que mañana le quiero aquí antes de las diez, vendré con nuestro voluntario, ¿le ha quedado claro?- Otto asintió con la cabeza baja, a lo que White Fisk pareció satisfecho, empezando a marcharse.- Muy bien, hasta mañana, doctor Octopus.

- S... señor... ya le dije que ese nombre era...- las puertas se cerraron, indicando que el unicornio se había ido y dejando a Otto solo, que dio un profundo suspiro- humillante.