Noche de estreno
Electro se levantó del lugar que había elegido para su descanso la noche anterior, en la cima de uno de los edificios más altos de la ciudad. Había descubierto que en ese estado, dormir no era posible, pero entraba en una especie de coma en el que su cuerpo ahorraba energía. Según le explicó ese científico llamado Otto, cuando estaba activo, gastaba una gran cantidad de energía, y más si usaba sus poderes para atacar, por lo que, al igual que un poni común, necesitaba unas horas de descanso para "recargarse", momento en el que su organismo aprovechaba para alimentarse a sí mismo. Era un estado sin sueños, y para el terrestre, era como hacer un pestañeo, y la verdad, lo prefería así, pues si un día, con sus habilidades, llamaba la atención de ciertas princesas, la señora de la noche no podría rastrearle por medio de su sueño, aunque los echaría de menos. Tras estirarse un poco, se acerco al borde del tejado, dando un vistazo a su espalda para ver la gigantesca y majestuosa estatua hecha de bronce de la cabeza de corcel que dominaba el rascacielos Horse Empire, uno de los símbolos de Manehattan.
Con una sonrisa, se dejo caer, envolviéndose en electricidad y empezando a volar. Era algo que aprendió a controlar el día anterior, aún le faltaba dominar la maniobravilidad y el equilibrio, pero siempre había sido de aprendizaje rápido, sino fuera porque su madre no le había dejado ir a la universidad, habría sido de los mejores estudiantes... o eso esperaba. Junto a él llevaba varias alforjas llenas de dinero, sacados de los bancos recomendados por Kingpin, con la cantidad pedida por Hammerhead, por lo que se dirigió a donde el sabía que estaba su guarida de su época trabajando allí. Llegó poco antes del medio día, aunque no lo parecía por las nubes que estaban cubriendo el sol y dejaban caer una fina capa de nieve que, en pocos días, cubriría la ciudad por completo. Electro aterrizó justo frente a las puertas de un casino, cerrado a esa hora del día, custodiada por dos guardias terrestres que le observaron con cautela, un tanto sorprendidos por su llegada.
- Soy Electro, traigo lo que le debo a Hammerhead.
Los dos terrestres se miraron entre sí antes de que uno de ellos abriera la puerta e indicara al recién llegado que le siguiera mientras el otro se quedaba haciendo guardia. Ambos avanzaron por el casino, lleno de máquinas tragaperras, mesas de poker, un bar al fondo, todo vacío a excepción de los empleados que hacían limpieza, que se detuvieron al ver al extraño poni eléctrico. Se internaron en un pasillo exclusivo para empleados y subieron a las plantas superiores, llegando a las puertas de madera que daban a un gran despacho. El guardia se detuvo, tocando la puerta y entrando al escuchar el adelante, indicando a su compañero que esperara fuera. Unos dos minutos después, la puerta se abrió y se le permito entrar. Electro se introdujo en la sala, con el guardia cerrando tras el, pudiendo notar que había otros dos dentro, que miraron fijamente al recién llegado.
La habitación era bastante grande, estanterías cubriendo las paredes, algunos con libros, unos pocos eran armarios de puertas acristaladas donde se podían ver botellas de vino bien guardadas junto a copas y vasos del cristal más fino, en el centro delante de una ventana, estaba una gran mesa, enfrente de esta dos sillas puestas para los invitados. Sentado tras el escritorio estaba Hammerhead, un terrestre de pelaje plateado, crin negra, ojos castaños, una cutie mark de un guante de boxeo, su frente era enorme, producto de que, bajo la piel, el cráneo se hubiera reforzado con acero, de ahí su nombre. Miró de arriba a abajo a su invitado, dando una pequeña sonrisa.
- Espero que traigas tu parte, y como le prometí a Kingpin, será la mitad de lo que me debes.
- La tengo.
Durante casi dos años, Electro había fantaseado con poder decir esas palabras y librarse de una vez de ese poni, y siempre pensó que las diría con terror o nerviosismo, o las dos cosas. Sin embargo, lo había dicho con decisión y confianza, algo que solo había sido posible gracias a esos poderes. Desprendió las alforjas y se las ofreció al guardia que se acercaba, que luego se las dio a Hammerhead, quien las abrió y observo atentamente el dinero. Después de varios minutos, dedicados a sacar y contar el botín, el terrestre asintió y se recostó en su silla.
- Has cumplido, me sorprende, la verdad.
- Siempre cumplo mi parte del trato.
- ¿De verdad? Porque según tengo entendido, el trato que hiciste con Kingpin incluía a Spider-mare muerta.
- Y lo está.
Hammerhead levantó una ceja antes de rebuscar en su escritorio, sacando un periódico y lanzándosela al suelo frente a Electro. Este, confundido, se sentó y cogió el periódico con ambos cascos, leyendo la portada y sintiendo que su furia se encendía. "Pelea electrizante en Bridleway", decía el titular, y un poco más abajo y en pequeño "Spider-mare salva a varios heridos y civiles". En el artículo se decía que, después de recibir una paliza, la araña había salido de entre los escombros, "escapando para no hacerse cargo de los daños producidos". El terrestre soltó un pequeño gruñido al tiempo que su cuerpo dejaba salir electricidad, chamuscando el papel que agarraba. Con furia, se levantó, observando al mafioso frente a él, con sus guardias nerviosos, aunque el jefe criminal se mantuvo tranquilo.
- ¡¿Cómo diablos sigue viva ese insecto repugnante?!
- Tranquilo, Lantern, tranqui...
- No me llamo Lantern... se lo dije muy claro a tus guardias... Soy Electro...
- Por supuesto...- Hammerhead le miró de arriba a bajo antes de encogerse de hombros.- En fin, no eres el primero al que le pasa. Esa araña es muy escurridiza, créeme... ¿volverás a intentarlo?
Electro frunció el ceño, ¿por qué iba a hacerlo? Ya había pagado su deuda, tenía sus poderes, y dudaba de que Kingpin pudiera arrebatarselos. Antes de poder decidir, Hammerhead habló por el.
- Si puedo motivarte, si la matas, te dare un puesto importante en mi negocio.
- ¿Quieres matarla?
- ¿Crees que Kingpin es el único al que ese bicho le provoca problemas? Desde que apareció, mis negocios corren peligro, los que me venden y compran la droga no se atreven a hacerlo por temor a ella, ha aparecido en seis de cada diez ventas de armas que mis sementales organizan en la calle, y por ende, los ha encarcelado. Spider-mare me está provocando pérdidas, así que si la matas yo...
- No se ofenda, pero no me interesa trabajar para nadie... aunque si voy a matarla.
Era lo mínimo que podía hacer, Kingpin le había dado esos poderes, y lo único que quería a cambio era que eliminara a Spider-mare, y eso es lo que haría. Hammerhead asintio, inclinándose en su silla, y cuando vio que Electro parecía a punto de irse, habló.
- De todas formas, permiteme darte un consejo para eliminarla.
- ¿Y por qué querrías hacerlo sin que yo te de nada a cambio?
- Lo harás, matar a Spider-mare, todos salimos ganando, ¿quieres el consejo o no?
- Te escucho.
- Esta noche, en el centro comercial principal de la ciudad, el Empire Fun, se hará una representación de "el origen de Santa Hooves", estarán una semana y hoy es su estreno.
- ¿Y eso que tiene que ver con matar a Spider-mare?
- Simple, si vas allí y, digamos, tomas como rehenes a los presentes, los guardias de seguridad se contactaran con sus superiores, y estos a su vez, contactaran por radio con la policía. Como ya saben quien eres, mandaran a una buena cantidad de agentes, de todas partes de la ciudad hasta el centro, por lo que es muy probable que Spider-mare lo vea y vaya a investigar, después de todo, quiere hacer el papel de heroína.
Electro lo pensó un rato, dándose la vuelta para irse, girando su cabeza para observar a Hammerhead fijamente con sus ojos poco naturales.
- Lo pensaré.
Eran cerca de las nueve cuando una gran multitud se acercaba al instituto. La noche ya estaba cayendo, creando un hermoso anochecer, como si la princesa Celestia hubiera decidido otorgar un regalo a sus súbditos en esa forma, y su hermana Luna no se quedó atrás al alzar el atro rey de la noche. La nieve hacia poco que había dejado de caer, pues el centro del clima de la ciudad decidió dejar las descargas de este para las mañanas y medias tardes, dejando las verdaderamente fuertes para la temporada del calentamiento del hogar propiamente dicho. Aún así, las calles tenían una ligera capa de nieve en el suelo, y ya se podían ver niños jugando con esta.
Babs, Appleblom y su tía entraron en el vestíbulo del edificio, siguiendo las indicaciones hacia la entrada al escenario donde sería la obra. La sala era enorme, ideada para albergar a estudiantes o padres que estuvieran a la espera de entrar. La tía Sweet vio enseguida a los padres de Sun, junto a su hermano pequeño, despidiéndose de las dos jóvenes antes de acercarse a los Stacy, que saludaron animadamente a las dos terrestres.
- ¿Sun no está con ellos?- pregunto Appleblom mientras dejaba de saludar, pues los aludidos ya estaban hablando con la tía Sweet.
- Estará tras vestidores, preparándose. Yo iré después de saludar a Scootaloo y Sweetie Belle, si las veo.
Tras esto, ambas buscaron con la mirada a las aludidas, pero era difícil entre tantos presentes. Pronto, las dos chicas vieron a las mane six, rodeadas por un buen número de ponis que charlaban animadamente con ellas, siendo la pobre Fluttershy la que peor lo pasaba, aunque nada comparado a su actitud de hacía años. Pinkie era la que más lo pasaba en grande, saltando de aquí para allá y alegrando a los ponis. Applejack, por su parte, detectó a su hermana pequeña, dándole un saludo amistoso a ella y a su prima, para acto seguido acercarse a Twilight y Rainbow Dash, que estaban acompañadas por dos figuras en específico que trataban de estar un poco alejadas de los reflectores. Pronto, estas buscaron con la mirada a las Apple, dirigiéndose hacia ellas de inmediato con una sonrisa cada una. Sweetie Belle fue la primera en acercarse para abrazar a las dos, con Scootaloo conformándose con un saludo.
- Al fin llegáis- dijo Sweetie con una sonrisa.
- ¿Sabéis lo aburrido que es esto?- comento Scootaloo con una mueca.- Llevo horas viendo a mi madre saludar a un montón de ponis y estrechando cascos de desconocidos.
- Exagerada, no pasamos tanto tiempo- contestó la unicornio blanca con una risa, compartida por las dos Apple, haciendo suspirar a Scootaloo.
- Para mí, si, más te vale que la obra sea buena.
- Créeme, lo es, nos hemos esforzado mucho.
- Estoy deseando verte actuar, Appleblom me ha dicho por carta que en tus ensayos estabas estupenda.
- No soy la única que lo hace bien, Sweetie, pero gracias- dijo Babs con una sonrisa.
Un vistazo al reloj le dijo que debía irse, por lo que se despidió de sus amigas antes de marcharse, adentrándose en los pasillos para ir a la zona trasera del escenario, lista para actuar.
Electro aterrizó con fuerza frente al gran centro comercial que dominaba el centro de la ciudad, entrando en el mismo mientras ignoraba a los que huían al verle. Tras caminar unos minutos, llegó a una de las plazas cubiertas que recorrían el edificio. En esta, delante del gran árbol que estaba en el centro y se podía ver desde las tres plantas, había un gran escenario donde, en ese momento, estaban varios ponis, algunos disfrazados como duendes y una yegua como la mítica Santa Hooves, actuando frente a una multitud.
- Y por eso os digo, amigos duendes, que hoy no será el último día donde los potros disfrutarán de un muy feliz calentamie...
- ¡Bravo! ¡Magnífico!- grito Electro desde detrás de la multitud, caminando por el pasillo de sillas.- ¡Me encantaba esta historia de pequeño!
- ¡Quieto! ¡Ponga los cascos donde pueda verlos y rindase!
Electro se giro para ver a uno de los dos guardias que estaban allí, un terrestre, este caminando por la parte Este de la sala y rodeando las sillas para colocarse a su espalda. Había sacado su pistola eléctrica y le apuntaba directamente a él, dispuesto a disparar si notaba un movimiento en falso. El otro era un pegaso, este estaba en el lado Oeste, y se veía a leguas que era mucho más joven e inexperto, pues se mantuvo inmóvil, observando aterrado al criminal.
- ¿Una pistola eléctrica? ¿En serio? Sabes que estoy hecho de electricidad, ¿no?- dijo mientras se señalaba a si mismo.
- ¡No lo repetiré otra vez!
Electro dio una pequeña sonrisa, alzando su casco derecho hacia el terrestre.
- Última oportunidad para marcharte ahora antes de que prohíba a todos moverse de aquí.
Por respuesta, el guardia disparo, acertando el disparo en el pecho de Electro, que apenas se inmutó. Al tiempo que hacía esto, lanzó un rayo que dio al terrestre, lanzándole varios metros hacia atrás y dejándole inconsciente en el acto. El pegaso, que había estado observando, gimio de terror, dando un pequeño paso, pero deteniéndose al ver al criminal eléctrico, que le sonrió enormemente.
- Adelante, llévatelo. Ah, y no te olvides de comunicar esto a la policía, dígales que solo permitiré que entre Spider-mare, si veo un solo poli aquí, mataré a todos los presentes, ¿ha entendido?
El guardia asintió, cogiendo a su compañero antes de irse con este a cuestas. Una vez lejos, Electro observo a todos los rehenes que había hecho, todos mirándole con terror y algunos, en especial potros, empezando a llorar. Ignorándoles, se puso a pasear entre las sillas, decidido a esperar a que su amiga arácnida decidiera honrarle con su presencia.
Cuando Babs llegó a la sala, busco con la mirada a sus amigos unicornios, encontrándolos a un lado un poco apartados. Sun ya estaba vestida con su vestuario, tratando de calmar sus nervios con Autumn, suspirando de alivio al verla.
- Al fin estas aquí.
- Ya te lo dije, Sun, no faltaré a la obra. ¿Estás lista?
- Eso creo...
- Vamos, fuiste tú quien nos convenció de esto- dijo Autumn con una sonrisa.- No me digas que te has arrepentido, ¿no?
- Por supuesto que no, es solo que... no quiero cagarla.
- Tu solo piensa en hacerlo bien, tus padres y tu hermano han venido a verte, no les decepciones.
La aludida sonrió a Babs, respirando profundamente para calmarse. Unos minutos antes de que comenzara la obra, la figura de un unicornio entró en la sala, buscando a alguien con la mirada, acercándose luego a Sun, quien miró extrañada al que se acercaba.
- ¿Papa? ¿Qué haces aquí?
Light suspiro, acercándose para darle un beso a su hija antes de mirarla con tristeza y culpa.
- Cariño, yo... me han llamado de urgencia desde la comisaría. El que se hace llamar como Electro ha vuelto a atacar- eso hizo que Babs lanzara una mirada al reloj de la sala con preocupación e indecisión en sus ojos.- Tengo que irme, solo quería que lo supieras y... si quieres... puedo...
- Ve, me has enseñado que no hay que rehuir tus responsabilidades- dijo Sun con una sonrisa.
Babs miró a su amiga al escuchar esas palabras, bajando la cabeza pensativa, algo que Light no pasó por alto. Aún así, abrazo a su hija antes de irse, dejando a Sun un tanto deprimida.
- ¿Estas bien?
- Si... no te preocupes Autumn...
- ¡Un minuto para comenzar!- grito la voz de su profesora.
Sun respiro ondo una vez más antes de sonreír a sus amigos, con Babs devolviendo la sonrisa con menos fuerza de lo normal, pero en su estado de nerviosismo, la unicornio no noto.
- Muy bien, que sea lo que Celestia quiera.
- ¿Y qué quieres?- dijo Autumn con una sonrisa traviesa.
Sun rodó sus ojos antes de girarse e ir hacia su profesora, esperando su turno de actuar. En cuanto a Babs, gruño un poco, dio un profundo suspiro, y empezó a retroceder, siendo notada por Autumn.
- ¿A dónde vas?
- Yo... olvide mi... pulsera de la suerte... Ahora vuelvo- dijo mientras se daba la vuelta.
- ¡¿Estas loca?!- dijo mientras se colocaba frente a ella.- ¡No puedes irte ahora!
- Yo... yo... tengo que hacerlo... Además, mi parte comienza en una hora y media, me dará tiempo, lo prometo.
Babs paso al lado de Autumn, quien la miro incrédulo.
- ¿Puedes decirme al menos porque? Y como me digas otra vez lo del amuleto...
Babs se detuvo, mirando fijamente a su amigo un buen rato... marchándose sin contestar pocos minutos después. Autumn miro a la terrestre hasta que se fue, gruñendo de incredulidad. "Los amigos se cuentan todo, verdad, ¿Babs?", pensó con sarcasmo.
Light llegó a la entrada del centro, donde ya estaban varios policías, periodistas con sus cámaras de fotos y civiles, unos cuantos evacuados del edificio en cuanto se dio la alarma y otros que se habían acercado para averiguar que pasaba. Por suerte para todos, Electro había permitido a todo aquel que no estuviera en el escenario donde se hacía la obra marcharse sin problema alguno. El capitán Stacy se acerco a uno de los agentes, que había estado hablando con varios policías, acercándose enseguida a su superior.
- ¿Y bien?
- El personal del centro comercial anunció casi de inmediato por megafonía a los civiles que pudieran que salieran de allí antes de llamarnos y evacuar a los trabajadores que pudieran. Aún estamos interrogando a los que organizaron la obra por si encontramos un móvil para que Electro hiciera esto, pero...
- Spider-mare es su objetivo, así que eso es inútil- termino Light, recibiendo un asentimiento del policía.- ¿Qué hay del estanque de...?
- Pista de hielo.
- ¿Qué?
- Por la época, ya lo han convertido en pista de hielo.
- De acuerdo... ¿qué hay de la pista de hielo?
- Ya fue evacuada y todas las carreteras que llevaban allí o al edificio han sido cortadas.
- Perfecto, no quiero civiles cerca cuando Spider-mare y ese monstruo comiencen a pelear- dijo mientras se alejaba un poco y observaba el edificio.
El agente que estaba con el hizo una pequeña mueca, acercándose a su superior.
- Señor, ¿de verdad cree que Spider-mare va a...?
- Ha detenido toda clase de delitos, robos, tráfico de drogas, ha salvado a secuestrados e impedido varios asesinatos callejeros. Cuando ese Shocker apareció, le venció sin problemas, y apareció tan pronto como pudo cuando Electro hizo su primer desastre, vendrá.
- Ya, pero... el comisario nos ha ordenado que, al menor indicio de ver a Spider-mare, la detengamos con nuestros dardos eléctricos y...
- ¿Quieres detener al único poni con superpoderes que parece estar de nuestro lado y que podría ser capaz de detener a este chiflado?- al ver la cara del agente, Light suspiro.- No estoy diciendo que apruebe sus métodos, créeme, me duele tener que recurrir a ella. Pero... Electro no es un vulgar ladrón, ya viste lo que hizo en Bridleway, así que... Spider-mare, por mucho que me duela admitirlo, es la mejor opción que tenemos.
Un revuelo a sus espaldas hizo que se diera la vuelta, viendo a Spider-mare balanceándose hacia allí, varios periodistas sacando fotos sin descanso y policías apuntando con sus armas, haciendo que Light tuviera que actuar rápido.
- ¡No disparen!
Los agentes le miraron con confusión, y a pesar de que no dispararon, siguieron apuntando en su dirección. Con un último impulso, Spider-mare aterrizó frente a las escaleras que llevaban a las puertas acristaladas del centro comercial, levantándose y estando a punto de entrar, deteniéndose al escuchar a alguien detrás suya.
- Spider-mare.
Cuando se giro, vio a Light a unos pocos metros, a sus espaldas, los policías apuntando en su dirección.
- Buenas noches, capitán, ¿quería decirme algo?
- Electro esta aquí, en una de las plazas de la primera planta. Tiene como rehenes a varios civiles que fueron a presenciar una obra de teatro.
"Debes estar jodiéndome", pensó Spider-mare con una mueca tras su máscara, asintiendo luego al padre de su amiga. Tras esto, entró por las grandes puertas, encontrándose con el gran vestíbulo que se partía en tres pasillos diferentes y una escalera que llevaba al segundo piso. Decidiéndose por el centro, empezó un trote rápido, deseando que ese loco no hubiera matado a nadie, lo último que quería era eso. En poco menos de dos minutos, llegó a la plaza indicada, viendo a Electro frente al escenario, dándole la espalda, a ella y a una treintena de sillas, la mayoría con ponis sentados. A un lado, apartado de los asientos había un cartel donde se leía "El origen de Santa Hooves". Con paso decidido, se sentó en uno de los vacíos, al lado de una pareja de ancianos que la miraron incrédulos.
- ¿Ya terminó la obra? Espero que no, era mi favorita.
Electro dio una pequeña sonrisa, antes de darse la vuelta y observar detenidamente a Spider-mare que se había sentado con sus cascos delanteros apollados en el respaldo de su silla.
- Sabía que vendrías, Spider-mare, no puedes evitar querer salvar a los ponis.
- Eso y Santa Hooves, esperaba darle mi carta yo misma. Pero primero los potrillos, ellos se lo merecen más, ¿no crees?
- Claro, pero no será hoy, porque hoy Santa Hooves no recibirá ninguna carta, hoy... lo único que pasará será que vas a morir.
- Maleducado- dijo Spider-mare mientras se alejaba del asiento, enfilando el pasillo, observando a los ponis.- De todas formas, ya estoy aquí, así que... ¿por qué no les dejas ir?
Electro la observo un rato antes de mirar a los demás, entre ellos potros, muchos de ellos lo eran.
- Si, Kingpin te quiere muerta a ti, así que el resto me da igual- dijo con un encogimiento de hombros.
Aún inseguros, los ponis se mantuvieron en sus sitios, pero al ver que ninguno de los disfrazados se movió, empezaron a alejarse. En cuanto todos, los actores incluidos, abandonaron la sala, Electro levantó su casco derecho.
- Bueno, ahora que hemos resuelto ese detalle... ¡Es hora de aplastarte!
Con eso, lanzó un poderoso rayo que Spider-mare esquivo, saltando sobre la cabeza de Electro.
- ¿Por qué tanto empeño en matar...?
Su sentido arácnido vibro, interrumpiéndola. Electro estaba generando un rayo que le daría en cuanto estuviera a la altura justa. Lanzó una red al techo, con la esperanza de que llegara a tiempo de poder impulsarse fuera de su camino, por desgracia, por muchos reflejos sobreponis que tuviera, su telaraña no gozaba de velocidad sonica. El proyectil le dio de lleno, lanzándola sobre el escenario, y por la fuerza del impacto, atravesó la madera, cayendo al suelo boca arriba, gimiendo de dolor. Electro se acerco al hueco creado por Spider-mare, sonriendo ampliamente.
- Esta vez, no cometere el mismo error, me aseguraré de que estés bien muerta.
Spider-mare abrió los ojos bajo su máscara y se dio la vuelta en el suelo segundos antes de ser alcanzada por un rayo, poniéndose en pie y observando a Electro.
- Oye, ¿por qué no hablamos esto?- salto nuevamente para esquivar otro rayo, quedando pegada en el techo.- Vale, no quieres hablar, ¿al menos puedo saber quien es ese Kingpin?
- No te enteras, ¿verdad?- comento Electro mientras se acercaba.- Kingpin es el rey del crimen, el controla todo en esta ciudad, y tú... eres una amenaza para sus negocios.
Lanzó un nuevo rayo que Spider-mare esquivo, saltando al suelo y preparándose para huir en cualquier momento. El proyectil que se estrelló en el techo dejó ir un buen montón de escombros y una pequeña cantidad de humo, humo que activo varios sensores cercanos. Los aspersores del lugar comenzaron a lanzar una lluvia que cayó sobre los dos únicos residentes del centro comercial.
- Me siento alagada, ¿podríamos concretar una cita para verle? Siempre quice conocer a la realeza- dijo mientras veía la reacción del agua en Electro.
Las gotas que caían en su cuerpo expuesto se convertían de inmediato en vapor, y Spider-mare dedujo muy rápidamente cuál sería el efecto si esa agua fuera mucha, pero que mucha más. Lo único que necesitaba resolver era donde encontrar un lugar lleno de... Sus ojos se abrieron al recordar el estanque que ahora era una pista de hielo, no sabía si sería lo bastante profundo como para su plan, pero menos es nada. En cuanto a Electro, dio una carcajada antes de preparar su casco.
- Lo siento, Kingpin aprecia su privacidad.
Lanzó un rayo que Spider-mare esquivo, empezando a correr lejos de el y en dirección a la pista de hielo.
- ¡Prometo portarme bien!- grito mientras corría y esquivaba.
Tardo casi veinte minutos en llegar a las puertas que daban a donde ella quería, saltando cuando sintió otro rayo tras ella. Desgraciadamente, en el mismo momento en el que salto, otro iba en su dirección, y sin nada con lo que poder impulsarse y sin tiempo de lanzar una red para hacerlo, le dio de lleno, cayendo al suelo boca abajo. Gimio de dolor, y cuando quizo levantarse, su sentido arácnido volvió a vibrar, pero no tuvo fuerzas de esquivar el tercer rayo que le dio. Este en particular duro más tiempo, unos dos minutos de auténtica agonía en los que no dejó de gritar antes de que se detuviera, con Electro acercándose con una sonrisa aún mayor.
- Debo recordar agradecerle al señor Fisk todo esto, jamás me he sentido tan vivo. Al fin soy yo el que puede mandar.
- A... así que... Fisk... gra... gracias p... por la in... información- dijo Spider-mare mientras rodaba para mirar al techo y, poco después, alzar la cabeza un poco para observar a Electro.
El criminal se callo unos segundos, sorprendido al ver que, no sólo esa estúpida araña seguía viva, sino que, para colmo, había dicho el nombre de Kingpin. Gruñendo, levantó su casco para otra carga, pero Spider-mare, que estaba recuperándose poco a poco, lanzó una telaraña a su rostro, provocando que Electro retrocediera de la impresión y tratara de quitarse la sustancia pegajosa. En cuanto a la yegua, logró ponerse en pie y caminar con un leve cojeo hacia las puertas, saliendo al aire puro de la noche. Respiro profundamente, estirándose para determinar los daños, por suerte para ella, el dolor era soportable, aunque eso no significaba que no fuera mejor, pues no podría moverse con soltura sin recibir un latigazo de dolor. Su sentido arácnido virbro y ella salto, ignorando las quejas de su cuerpo, girando en el aire para ponerse sobre la barandilla de las escaleras que llevaban a la plaza donde estaba la pista de hielo, mirando directamente a Electro, que parecía furioso.
- Vale, lista para una segunda ronda, ¿estas listo, Chispitas?
- Mi nombre es... ¡Electro!- dijo con un grito a la vez que lanzaba un rayo que Spider-mare esquivo.
Aterrizó justo frente a la pista, dándole una mirada, deseando que bajo ese hielo haya suficiente agua para su plan.
- ¡Es que Chispitas me gusta más! ¡Te hace más amigable!
Electro se asomo por la barandilla y lanzó un rayo que Spider-mare esquivo con una voltereta hacia atrás, cayendo en mitad de la pista de hielo y moviéndose con cuidado hacia atrás, procurando no caer. Su adversario dio un potente salto y aterrizó a varios metros de distancia, creando varias grietas bajo el. Con furia, lanzó varios rayos, que, gracias a la superficie resbaladiza, Spider-mare no pudo esquivar muy bien, recibiendo la mayoría de estos y moviéndose por el hielo a más distancia de su enemigo, que sonrió.
- Te lo admito, ha sido un reto matarte, pero se acabo aquí y ahora- dijo mientras levantaba su casco.
Spider-mare le observo, preparando su casco derecho para lo que iba a hacer.
- ¿No me digas que no te atreves a matarme tu mismo? Con lo decidido que parecías.
Eso fue suficiente como para que Electro bajara su casco.
- ¿Y que crees que estoy haciendo?
- Usar tus rayos, no es la forma más directa, ¿no crees? Eso hiciste la última vez y... sobreviví.
Electro se quedó en silencio un rato antes de gruñir.
- No está vez.
Dio un potente salto, impulsado por sus rayos y se colocó en posición para caer sobre el pecho de Spider-mare con toda la fuerza que podía reunir, llenando sus cascos de energía eléctrica. La araña lo vio venir, no sólo por su sentido arácnido, por lo que pudo lanzar su telaraña en el mismo momento en el que saltaba, saliéndose del camino de Electro cuando ya era demasiado tarde como para retroceder. El impacto fue grande, y los rayos y chispas recorrieron todo el hielo, alcanzando a la yegua, que tuvo que reprimir su dolor para poder impulsarse en la superficie y poder saltar lejos de allí. Cuando se enganchó en una farola fuera de la pista, observo el resultado.
Las grietas surgieron debajo de Electro, y en pocos segundos, los grandes pedazos de hielo empezaron a desquebrajarse y a hundirse en el agua, con el criminal en medio. No tuvo tiempo de poder huir, por lo que se sumergió sin posibilidad de escapar, y en pocos segundos, el humo empezó a surgir. En pocos minutos, todo el hielo restante empezó a romperse y a caer, revelando lo que había debajo. Todo el agua se había evaporado a excepción de unos pocos charcos, el foso que quedó, de unos cinco metros de profundidad, estaba vacío, con el poni eléctrico en el centro, aparentemente inconsciente. Su cuerpo había dejado de soltar chispas y había perdido su brillo, su crin ya no parecía moverse por si misma y ahora caía lacia, mucho más oscura que su pelaje.
Spider-mare suspiro, agradecida de que todo hubiera acabado, preparándose para alejarse, pensando en pasar primero por delante de la policía para que entendieran que había derrotado a Electro. Después de eso, se movería lo más rápido que su maltrecho cuerpo le permitiera, tenía una obra que representar.
