Cerrando el ciclo
La noche del 25 de junio de 2005, Ginny Weasley desapareció en circunstancias misteriosas. El auror asignado para resolver el caso era también su prometido, Harry Potter. Sin embargo, ella jamás volvió a ser vista, y él nunca pudo resolverlo. Ahora, 15 años después, se ha transformado en un auror obsesionado con su trabajo, una máquina de matar mortífagos despiadada y un alcohólico que no puede dejar ir a la que iba a ser su esposa, incapaz de enterrar el misterio más grande de su carrera y de su vida, que lo ha consumido por completo.
-¿Cuántos hay en los pisos superiores? -preguntó Harry, su rostro serio como la muerte.
-Veinticinco guardias en el techo -dijo Hermione, sentada frente a él, consultando un dispositivo que llevaba en las manos-. Treinta y tres en el último piso. El niño debería estar en el inmediato inferior a ese.
-¿Cuántos allí? -dijo él, con una mirada inexpresiva clavada en la ventana de aquel auto volador que era invisible desde afuera. El cielo azul oscuro de la noche se extendía allí.
-Cincuenta y cuatro guardias allí -Hermione alzó la mirada hacia él, con una pizca de temor.
-Bien -Harry abrió una botella de cerveza de manteca y lanzó la chapita al suelo. Sus brazos de hombre adulto eran pura fibra y músculos, venosos y tan gigantescos que cada uno de ellos era del tamaño de Neville en sus épocas de Hogwarts. Bajó todo el contenido de la botella de un trago, la estrelló contra el suelo del vehículo y se limpió la boca con el dorso de la mano. -Aquí voy.
Entonces, abrió la puerta del vehículo, sin decir más nada, y saltó de allí con nada excepto su varita en la mano.
Empezó a caer por el cielo azul noche, la parcial neblina ocultándolo mientras caía con los brazos extendidos, siendo solo las espesas nubes visibles en torno a él. Pronto, el paisaje aclaró y el hombre empezó a caer a metros de altura de un edificio gigantesco con un amplio techo.
Harry cayó sobre el techo aplicando rápidamente y de forma muda un encantamiento que lo hizo aterrizar sin sufrir daños, rodó unos metros y se incorporó rápidamente.
Ninguno de los guardias que vigilaban el área se dio cuenta que él estaba allí hasta que los haces de luz verde salieron disparados como chorros.
-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!
Todos empezaron a caer muertos, mientras Harry corría a toda velocidad cruzando el techo de lado a lado y disparando maleficios asesinos por doquier.
-¡ALTO AHÍ! -los guardias sacaron sus varitas y dispararon. Harry tomó a uno de ellos y lo usó como escudo. Los maleficios asesinos que le lanzaron impactaron en él y Harry lo arrojó con sus gigantescos brazos sobre tres hombres, que cayeron con su paso.
Harry rodó por el suelo y lanzó varios hechizos que impactaron en más guardias, que volaban hacia atrás y caían muertos al suelo, en un espectáculo de luces verdes.
-¡AVADA KEDAVRA! -aullaron cinco de ellos, disparando a Harry a la vez. Este dio un giro en el lugar para esquivar un hechizo, repelió tres con su varita, provocando que dos golpearan y mataran a otros guardias que se acercaban corriendo, y agachó la cabeza para esquivar el último al tiempo que se acercaba a otro y le rompía la cara de un puñetazo, haciendo que salpicara sangre por todo el techo del edificio.
-¡AAAHHGG! -Harry lanzó a uno sobre otros dos, que cayeron, y asesinó de forma muda a cinco guardias más, repeliendo hechizos y lanzando otros.
-¡AVADA KEDAVRA! -vociferó, aniquilando a un hombre que se levantaba del suelo. Este recibió el impacto y cayó muerto.
Respiraba agitado. Blandió su varita trescientos sesenta grados a su alrededor, pero todos ya estaban muertos.
Sin perder tiempo, corrió a la puerta más cercana, la abrió de una patada y empezó a descender por las escaleras.
-¡ESTÁ AQUÍ! -gritaron varias voces, en el piso inferior-. ¡RÁPIDO, TODOS A LA ESCALERA OESTE! ¡ES ÉL! ¡ES…!
-¡AVADA KEDAVRA! -el hombre cayó muerto al suelo, sin poder decir nada más, y Harry saltó sobre su cuerpo, enfurecido, blandiendo la varita y matando a los guardias que se le abalanzaban encima.
-¡AVADA KEDAVRA! -gritaban ellos, corriendo hacia él y agitando sus varitas-. ¡AVADA KEDAVRA!
Harry tomó a uno del cuello y se lo apretó con todas sus fuerzas, mientras lo alzaba centímetros del suelo y lo sacudía de un lado a otro para que los maleficios asesinos que le lanzaban impactaran en él. Lo dejó caer al suelo luego y sacudió su varita, matando a tres.
Levantó un caño del suelo y lo lanzó contra un mago que estaba pronunciando un maleficio asesino. El caño le golpeó la cara y lo arrojó al suelo. Luego Harry saltó de cabeza y empezó a rodar tras una mesa, mientras los rayos de luz verde le pasaban por encima.
Se incorporó de súbito, con la mesa sostenida en alto, y la reventó contra la cabeza de cuatro hombres a la vez, que quedaron inconscientes. Saltó sobre sus cuerpos, matando a otros cinco con la varita mientras lo hacía, esquivó ocho maleficios, desvió otros y se lanzó tras una pared para protegerse de los rayos que rebotaban por todos lados.
Vio algo en el suelo: una pluma junto a un tintero vacío.
-¡RÁPIDO! -gritaba un grupo de hombres, corriendo hacia la pared tras la cual se había escondido-. ¡SE FUE POR ALLÍ! ¡RÁPIDO! ¡AAAHAHHHH!
El chillido de dolor del guardia hizo eco por las paredes, y de pronto este se volvió con una pluma clavada en el ojo, que salpicaba sangre a chorros. Entonces un tintero vacío salió disparado como una bala hacia otro de ellos con tanta velocidad que al meterse por su boca abierta se atascó directo en su garganta y la asfixia lo dejó sacudiéndose en el suelo, con ambas manos en su cuello.
Harry apareció corriendo a toda velocidad hacia el centro del grupo de guardias, lanzando maleficios asesinos por toda la habitación, levantando objetos del suelo y lanzándoselos a todos, que fueron estrangulados por cadenas, golpeados en la cabeza, y tres murieron atravesados por los vidrios de una botella rota.
Ahora, Harry respiraba agitado en medio de una pila de cuerpos, mirando alrededor, enloquecido. No había nadie vivo. Estaba lleno de sangre por todos lados, ya que él mismo se había cortado y lastimado por accidente. Ubicó la escalera más cercana y descendió al piso inferior.
-¡ATRÁPENLO!
-¡AAAHHHGG! -Harry aplastó las cabezas de dos hombres entre sí, saltó sobre otros tres, los levantó por los tobillos y los lanzó como un frisbee por la habitación, haciéndolos impactar contra los maleficios asesinos que le lanzaban y contra sus agresores.
Giró de lado justo a tiempo para que un rayo verde no le diera en el pecho, aunque le pasó rozando.
-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!
Gritó todos esos hechizos en un segundo a toda velocidad, como una metralleta, y estos salieron disparados de su varita como cañonazos y derribaron hombres por toda la habitación. Harry arrancó una puerta de sus goznes y se protegió con ella mientras corría, semi agachado, por otra habitación. Oía pasos de guardias corriendo por todo el piso.
Cuando cinco de ellos entraron en la habitación donde estaba, los golpeó fuerte en la cabeza con la puerta. Atrapó la varita de uno de ellos, que había salido despedida por el aire, y la clavó en el medio de la cara de otro, apuñalándolo con ella. Luego le rompió la nariz de una patada a un nuevo agresor, le lanzó un maleficio asesino y este voló hacia atrás, impactando contra una pared.
Miró a través de la ventana más cercana. El edificio tenía un patio interno en el medio, y la ventana daba a él. Harry hizo estallar los vidrios de un codazo, miró rápidamente a ambos lados, oyendo la gran cantidad de pasos que se acercaban corriendo, y pasó del otro lado de la ventana destruida, sujetándose de los marcos con vidrio astillado y colgando del lado exterior.
-¡BOMBARDA!
Su hechizo provocó una gran explosión del lado de adentro, justo en el momento en el que veinte hombres entraban a la habitación a la vez. Se protegió la cara con la mano cuando el fuego y el humo salieron por la ventana y las paredes temblaron, ardiendo como brasas.
Harry saltó, a pesar de que estaba a siete pisos sobre el nivel del suelo. En el aire, apuntó con su varita hacia la habitación que acababa de estallar.
-¡EXPULSO!
El impulso del hechizo lanzó a Harry despedido en dirección opuesta, hacia una ventana de ese mismo piso del edificio, pero del lado opuesto.
Harry atravesó los vidrios y entró como una bala en medio de un cuarto gigantesco donde había al menos setenta hombres de pie. Todos ellos estaban apuntándolo con sus varitas, a la vez.
Hizo un recuento rápido, sus ojos abiertos de par en par, agitado.
-Maldita sea, Hermione… -murmuró, la sangre cayendo por su frente, sobre su rostro con sus anteojos de siempre y una crecida barba negra. -Dijiste que cincuenta… ¡AVADA KEDAVRA!
Los rayos inundaron todo el lugar. Harry corrió a toda velocidad bordeando una pared, los rayos de luz verde estallando tras él, rebotando en las paredes y golpeando contra varios hombres, que caían al suelo muertos por sus propios hechizos.
-¡ALTO EL FUEGO! -gritaba un hombre que parecía ser el líder. Pero los hechizos rebotaban por toda la sala, y Harry los esquivaba saltando, agachándose y colgándose de caños en las paredes, para luego impulsarse con las piernas en ellas, y con ayuda de un encantamiento expulso volar metros de distancia por sobre las cabezas de todos, al tiempo que lanzaba maleficios asesinos sobre sus cabezas, girando en el aire.
Cayó en medio del grupo, extendió su varita y giró trescientos sesenta grados con esta en alto, firme, y una pierna extendida sobre el suelo, aullando:
-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!
Los cadáveres se apilaban en el suelo. Harry saltó y se protegió con varios cuerpos para esquivar los hechizos, y los usó para lanzarlos sobre sus oponentes.
-¡AHHHGGG! -con un rugido de furia, Harry arrancó una tubería de la pared, corrió hacia una fila de cinco hombres y los atravesó a todos con ella, haciendo que esta penetrara con un gran agujero por el torso del primero y saliera llena de sangre por la espalda del último. Quedaron todos allí, clavados a la tubería, y cayendo de lado al suelo. -¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!
Los mató a todos, hasta que solo quedaban dos personas en la habitación. Una de ellas era un hombre canoso. Y la otra un muchacho de catorce años, rubio, que estaba temblando, muerto de miedo, y el hombre canoso sujetaba con fuerza, su varita clavada en su cuello.
-¡NI UN PASO MÁS! -gritó el hombre-. ¡O JURO QUE…!
Pero no pudo completar la frase, porque una maldición lo golpeó en el pecho con brutalidad, lo hizo atravesar la pared que tenía detrás y su cuerpo, que salió despedido por el aire a muchos metros de altura, estalló en pedazos con una explosión similar a una granada.
Harry bajó la varita, respirando con dificultad, y dirigió sus ojos cubiertos de sangre al aterrorizado muchacho, que temblaba de pies a cabeza.
-Sígueme -ordenó. Serio, miró alrededor, con la varita en alto, y condujo al muchacho hacia una de las salidas del enorme cuarto, atestado de cadáveres.
Un automóvil invisible alzó vuelo y se alejó del edificio minutos después, ganando altura y velocidad a la vez.
Adentro, Harry ahora viajaba en el mismo asiento que antes, pero todo su musculoso cuerpo estaba ahora lleno de heridas, algunas que parecían de gravedad, y la sangre caía a chorros por su frente y sobre su cara.
Sin decir una palabra, ni quejarse de ningún dolor, Harry se enrollaba un vendaje en el brazo y lo rompía con los dientes, al tiempo que sacaba de un botiquín de primeros auxilios un frasco con díctamo y se lo aplicaba en varias heridas, que lanzaron un pequeño humo, cicatrizando.
Harry alzó su rostro ensangrentado a Hermione. La mujer estaba frente a él, cruzada de piernas, con un vestido elegante y zapatos de taco. Lo miraba con los ojos muy abiertos, con horror. Él apartó la mirada y la dirigió al muchacho rubio, que iba a su lado y no dejaba de sacudirse, en shock.
-¿Estás bien? -le preguntó, con una voz grave, muy grave y fría, que no sonaba en nada como el Harry Potter de veinte años atrás.
El muchacho giró la cabeza, con mucho temor, y asintió.
El auto tenía dos asientos enfrentados en la parte de atrás, donde iban ellos tres, y un asiento del conductor adelante, donde un mago del Ministerio conducía a través de los cielos, tratando de mantenerse dentro de espesas nubes, para mayor protección.
-Avisaré a su padre que lo tenemos, que está a salvo -dijo Hermione, sacando su teléfono de la cartera.
Sin decir una palabra, Harry se reclinó hacia adelante, extendió una mano y se lo quitó.
-¿Qué haces? -dijo ella, estupefacta.
Pero él no respondió. Guardó el teléfono de la mujer en su bolsillo, sacó su propio teléfono y, luego de mover los dedos por la pantalla, empezó a filmar al muchacho.
-Di tu nombre -dijo, con severidad.
El muchacho dudó, aún temblando, y entonces habló a la cámara.
-Scorpius Malfoy -dijo.
-¿En qué casa estás?
El muchacho no respondía, temeroso.
-¿EN QUÉ CASA ESTÁS? -le gritó Harry, furioso.
-Slytherin -dijo él, tragando saliva. Hermione miraba con horror.
-¿Cómo te apodan los demás niños, para burlarse de ti?
Ahora sí parecía que no iba a responder.
-Si quieres vivir, responde la pregunta -ordenó Harry, con una seriedad mortal, y buscó su varita, que el niño miró muy nervioso.
-"Hijo de Voldemort".
Harry entonces se apuntó a sí mismo con el celular, y su rostro frío y ensangrentado fue visible allí.
-No le hagas daño -dijo una nueva voz, audible a través del teléfono.
-Te daré siete minutos, Malfoy -dijo Harry, hablando al teléfono-. Para que me des los nombres.
-No lo harías…
Harry se quedó mirando la pantalla con una expresión psicótica, sus ojos verdes muy abiertos, inyectados en sangre y con profundas ojeras.
-Me encantará que pongas eso a prueba, Malfoy -dijo, mostrando los dientes llenos de sangre en una fingida sonrisa que fue más una mueca-. Quiero nombres. No cualquier nombre. El de los mortífagos que secuestraron a tu hijo.
-¡No sé quiénes son!
-No me vengas con esa mierda -Harry apuntó su dedo a la pantalla-. Sabes bien quiénes son. Esto fue un ajuste de cuentas. Pero Scorpius no está a salvo aún. No hasta que me digas quién fue el mortífago con quien anduviste jodiendo. Siete minutos. O lanzaré a tu hijo sin varita por la puerta de este auto a cientos de kilómetros del suelo.
Harry colgó el teléfono y se lo guardó en el bolsillo al instante. El mago que manejaba lucía consternado, aunque no tanto como Hermione, a la que le lanzó su teléfono de regreso.
-No puedes hacer esto -dijo el conductor, volteándose hacia él-. Es ilegal. No puedes…
Pero Harry, sin una gota de paciencia, lo apuntó con su varita y el mago se desplomó de lado.
-¡HARRY! -chilló Hermione, sujetándose el pecho con pánico, al tiempo que el auto volador, ahora sin piloto, empezaba a inclinarse lentamente hacia adelante y hacia abajo, saliendo de la nube en la que estaba. -¡¿QUÉ HAS HECHO?!
-Ve adelante y conduce -ordenó Harry, apuntándola ahora a ella con su varita.
-¡¿TE HAS VUELTO LOCO?!
-No te olvides que ahora trabajas para mí -dijo él, su varita clavada en ella y la mirada con una seriedad mortal-. Soy el jefe del departamento de aurores. Y tú eres mi empleada ahora. Esto no es como el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas de donde vienes, ¿de acuerdo? Esto es el mundo real. Si vas a trabajar para mí, ve haciéndote a la idea. No voy a devolverle a su hijo a Malfoy hasta que me diga exactamente por qué tuvimos que venir a rescatarlo, ¿me entiendes?
Hermione no dijo nada. El auto iba cayendo cada vez más en vertical, en picada hacia lo que ahora se veía era un mar con agitadas olas bajo ellos. Con el vértigo en el pecho, Hermione pasó una pierna sobre el respaldo y cruzó al asiento de adelante. Le tomó el pulso al mago que yacía de lado allí: estaba vivo, Harry solo lo había petrificado.
La mujer puso ambas manos en el volante y enderezó el vuelo del auto. Harry miró su reloj.
-Le queda un minuto -dijo para sí mismo, consultando su teléfono-. Aún no me envió nada.
Scorpius abrió los ojos con horror.
-No vas… No vas a lanzarme… ¿O sí?
Harry no respondió. Contó los segundos.
Diez… nueve… ocho…
Impaciente, llamó a Malfoy otra vez, y el hombre apareció en la pantalla del celular, mirando a Harry y a su hijo en el asiento trasero.
-Corta el juego, Potter -dijo Malfoy, aunque se notaba una tonada nerviosa en su voz-. Trabajas para el Ministerio, no puedes…
Pero entonces, Harry le dio una patada a la puerta del auto, del lado de Scorpius, y esta se desprendió y voló hacia afuera, perdiéndose en el frío aire nocturno. Con terror, Malfoy vio por la videollamada cómo Harry tomaba a su hijo y lo arrojaba por el hueco que había quedado en el auto, hacia el exterior, hacia el cielo a cientos de kilómetros de altura, a una muerte segura…
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! -el chillido de horror de Malfoy resonó en el interior del auto. Entonces Harry, que estaba sentado al borde del vacío, asomado hacia afuera, inclinó su teléfono para que Malfoy pudiera ver que su hijo no había caído en verdad, sino que Harry aún lo sostenía por la manga de la túnica. Sin embargo, todo su cuerpo estaba fuera del auto, colgando de allí, su cabello rubio despedido hacia atrás con el viento, el muchacho gritando y llorando.
-¡DIME LOS NOMBRES, MALFOY, O TE JURO QUE LO SUELTO! -bramó Harry, furioso, mirando el rostro de su antiguo compañero de escuela, que lucía aterrado y negaba con la cabeza-. ¡VOY A HACERLO! ¡SABES QUE LO HARÉ! Bien, como tú quieras…
Empezó a levantar los dedos de la túnica, el único contacto que aún tenía con el muchacho que colgaba del auto, los chillidos de horror de Hermione audibles mientras manejaba como podía por el cielo a través de una incipiente tormenta. Los dedos de Harry empezaron a dejar ir la túnica, el muchacho tenía los ojos abiertos de par en par, y en ellos se reflejaba el temor a morir.
-¡ALTO! -aulló Malfoy, desesperado-. ¡DOLOHOV! ¡ÉL ES EL LÍDER! ¡Y BULSTRODE! ¡Y MACNAIR!
Harry aferró la túnica de Scorpius con más fuerza y esperó un segundo, pensativo.
-Dolohov está muerto -dijo entonces, entrecerrando los ojos, sin soltar a Scorpius ni regresarlo al auto.
-No, no… No es Antonin -Malfoy ahora lloraba, su voz ahogada por el llanto-. Es su primo. ¡Te lo juro! Milfeinn. ¡Así se llama! Milfeinn Dolo…
Pero no había terminado de pronunciar el nombre, que Harry cortó la llamada.
De un tirón, metió al muchacho dentro del auto otra vez.
-¡ESTÁS DEMENTE! -le gritó Hermione, como loca, desde adelante, girando el volante de un lado al otro, desesperada.
Sin responderle, Harry quitó el Petrificus Totalus al conductor, se colgó su bolso al hombro, tomó una escoba que estaba metida bajo el asiento, y sin despedirse saltó fuera del auto.
-¡Harry, dime que…! -Hermione miró hacia atrás rápidamente, y luego hacia adelante otra vez, mientras el hombre a su lado despertaba-. ¿Acaso saltó?
-S… s… si, e… eso h… hizo -tartamudeó Scorpius, que no dejaba de sacudirse temblando del miedo.
Hermione estaba tan nerviosa como el adolescente.
No volvió a saber nada de Harry por dos semanas.
