Harry abrió los ojos. Tras la ventana se divisaba un cielo gris.
Se vistió con pesadez y salió de su enorme y vacía cama. Anduvo unos pocos pasos, se puso una bata y abrió la puerta de su dormitorio. Al instante, su perra vino corriendo a saludarlo, meneando la cola con felicidad.
-Hola, Lila -la saludó, acariciándole la cabeza. El animal lo siguió en todo el camino a la cocina, donde abrió la despensa que se refrigeraba mediante magia para buscar leche. Sobre el mueble, un gato lo miraba con los ojos entrecerrados, sin moverse. -Hola, Crookshanks.
Todavía recordaba cuando Hermione le había regalado a su viejo gato, varios años atrás. Dijo que necesitaba compañía, viviendo solo en aquella casa enorme, y ella no podía seguir teniéndolo porque le habían diagnosticado alergia a los ácaros. Así que ahora era de Harry.
Se sentó a la mesa y se puso a beber leche del cartón. Su lechuza apareció allí momentos después, ingresando por la ventana abierta y dejando caer un par de cartas.
Abrió la primera:
Querido Harry,
Como te conozco, sé que estarás ocupado, descifrando pistas, siguiendo el rastro de algún mortífago. Pero, por favor, recuerda que debes reportar a alguien si vas a ausentarte dos semanas al trabajo. Necesito que al menos designes a alguien más para que se haga cargo de tu departamento durante tus ausencias. No sabía a quién poner, ya que Hermione Granger acaba de ingresar a tu oficina y no está preparada aún; así que puse a Peakes a cargo…
-Oh, no Peakes -protestó Harry-. El imbécil no sabe distinguir un tatuaje con la marca tenebrosa de un escudo de los Chudley Cannons.
Siguió leyendo:
Por favor, espero noticias de ti pronto.
Y, por cierto, felicitaciones por tu rescate de Scorpius Malfoy. Fue magnífico.
Sinceramente,
Kingsley
Harry arrugó la carta y la lanzó por sobre su hombro, al suelo. Siguió bebiendo leche, mientras Lila se acercaba a olfatear el pergamino hecho un bollo. Luego se limpió la boca con el dorso de la mano y se puso de pie. No podía quedarse quieto más de un minuto.
Fue a su habitación, se vistió con una túnica negra y agarró su varita. Antes de salir, les puso comida a los animales y tomó su petaca llena de whiskey de fuego, a la que dio un largo trago antes de guardar en el bolsillo interno de su túnica y salir a la calle.
Una lluvia suave le roció la cara. Avanzó por las calles del pueblo donde vivía, pasando junto a personas muggle que no tenían idea de quién era él. Una de ellas era una señora gorda de rulos y vestido rosa que siempre que se lo cruzaba se lo quedaba mirando. No sabía por qué. Quizás era bruja, pensó. Pero le gustaba el anonimato en general de ese lugar.
Luego de cruzar dos o tres calles, giró sobre sí mismo y se desapareció.
Ahora estaba en la puerta de un cementerio.
Harry ingresó y empezó a caminar entre las lápidas. Mientras lo hacía, sacó su petaca y dio varios tragos a la fuerte bebida, que lo llenó de una muy necesaria energía. Avanzó entre las lápidas y, luego de un rato, llegó a una en particular que conocía muy bien:
Ronald Bilius Weasley
1 de marzo de 1980 – 31 de agosto de 2014
Tu familia te recordará por siempre como un ejemplo a seguir, fiel amigo y eterno campeón de la vida.
Esa última frase había sido idea de George. Dijo que Ron siempre había querido ser campeón de algo, y en verdad había sido siempre un campeón de la vida. La frase de "fiel amigo" la había elegido Harry, y la primera su madre. Hermione no había podido pensar en nada.
Harry se arrodilló ante la lápida del que había sido su mejor amigo en toda esa larga vida.
Cada vez que visitaba ese lugar, se obligaba a sí mismo a no sacar su petaca y ponerse a beber. No allí frente a la lápida, al menos. No creía que fuera respetuoso. Sin embargo, debía admitir que la garganta le picaba en esos momentos.
Una lágrima rodó por su rostro, igual que siempre que iba allí.
-¿Harry?
Se puso de pie de un salto, asustado. Giró en redondo, al tiempo que se limpiaba la cara apresuradamente.
-Coincidimos -dijo Hermione, mirándolo con una sonrisita triste. Harry se la devolvió antes de girar hacia la lápida otra vez.
-Es el aniversario -murmuró, con la voz apagada.
-Lo sé -dijo ella, caminando hasta ponerse a su lado. La mujer miró la lápida también, con los hombros caídos. -Siempre… Siempre me afecta.
Harry oyó claramente en su voz que había empezado a llorar. La miró de reojo, pero no se acercó a ella.
Ella se puso en cuclillas y acarició el borde de la lápida, como si se tratara del rostro de su antiguo novio. Harry vio que se sacudía en silencio.
Entonces, conjuró un arreglo floral con su varita. Harry se apresuró a imitarla, y los dos arreglos quedaron juntos sobre la lápida, ambos con forma circular.
Ella se incorporó, se dio la vuelta y se alejó un par de pasos, de espaldas a la lápida.
-Me voy -anunció entonces, sin mirarlo-. ¿Quieres…?
-Eh… Sí, claro.
Harry no supo qué más decir. Avanzó junto a ella, ya que no había otra cosa que hacer, hasta abandonar el cementerio.
-Lo siento -dijo ella entonces, respirando muy hondo-. No puedo estar ahí demasiado. Me obligo a mí misma… A ir… En esta fecha, pero…
-Lo entiendo -dijo él, asintiendo.
-¿Quieres, quizás… ir a tomar algo?
Él miró alrededor, con el ceño fruncido.
-Si quieres -agregó Hermione en voz baja. Harry asintió brevemente. -Bien. Hace mucho frío. Podríamos ir por un café.
Harry en verdad tenía en mente una botella entera de vodka de fuego puro, pero siendo las diez de la mañana no era algo apropiado para proponerle, así que accedió al café.
Sin embargo, cuando estuvieron sentados en un cálido salón, atendidos por una bruja alta de cabello rubio que le pareció haber visto antes en otro lado; que les llevó dos humeantes tazas de café con una espuma de crema arriba que formaba una varita mágica en el caso de Harry, y un gorro de mago en el caso de Hermione; Harry vertió parte del contenido de su petaca en su taza en un momento en el que Hermione no miraba.
Ninguno de los dos hablaba. Finalmente, fue ella la que rompió el silencio.
-¿Cómo estás?
El se encogió de hombros como toda respuesta.
-¿Sabes hace cuánto tiempo que no estamos sentados, nosotros dos, tomando algo... como ahora?
-No lo sé -dijo él, sin detenerse a pensarlo demasiado, bebiendo su taza con rapidez, pensando que necesitaba más whiskey.
-Cinco años, al menos -dijo ella, clavando sus ojos en los de él-. Hace cinco años que no pasamos ni siquiera un par de horas juntos.
-He estado ocupado -dijo él, simplemente, y bebió el resto de su taza de un solo trago. Ella miró asombrada.
-Eso fue… ¿No te quemaste?
Él se encogió de hombros de nuevo, como toda respuesta.
Ella lo miró unos instantes, preocupada.
-¿A dónde vives?
-En mi casa.
-Harry, no me tomes el pelo.
-En un barrio muggle -contestó él, evasivo-. ¿Y tú?
-En casa de mi madre.
-¿Todavía?
-Bueno, no me gustan los barrios de magos, prefiero un lugar muggle.
-Exacto -coincidió él, asintiendo, mirando alrededor, quizás preguntándose si alguien lo reconocería allí, quizás buscando alcohol en los estantes de ese bar de magos. La bruja rubia que los había atendido miró hacia allí. ¿Por qué se le hacía tan conocida?
-Además, desde que se divorciaron, mamá está bastante sola. Nos hace bien estar juntas. A ambas.
-Lo siento.
-No lo sientas, fue hace ocho años.
-Sí, lo sé.
-¿De verdad?
Harry entonces la miró fijamente.
-¿Qué quieres, Hermione?
-¿Cómo? -ella se puso tensa en la silla.
-¿Me hiciste venir aquí para discutir? ¿Eso es? Recuerdo perfectamente lo de tus padres, sé que fue hace ocho años. No tienes que… Olvídalo.
Ella apretó los labios.
Hubo un instante en que nadie dijo nada, un silencio interponiéndose entre ellos como un muro sólido.
-Te piensas que eres el único con problemas, ¿verdad? -susurró Hermione, negando lentamente con la cabeza-. Eres tan… egoísta.
-¿Yo, egoísta?
-Sí, tú -ella lo apuntó con un dedo-. Ron no era solo tu amigo, ¿está bien? No eres el único que sufre.
Sus ojos se llenaron de lágrimas de súbito. Harry la miró a los ojos fijamente, serio.
-Ron era mi mejor amigo -dijo-. Pero murió. Los dos vimos su cuerpo.
Eso hizo que Hermione se pusiera peor, su rostro palideciendo.
-¿Sabes cuál es la diferencia, Hermione? -dijo él en un susurro, reclinándose sobre la mesa, hacia adelante-. La diferencia es que yo nunca pude ver el de mi prometida. ¿Lo entiendes? No tienes… -apretó un puño sobre la mesa, sus nudillos blancos-. No sabes lo que es eso.
Hermione luchó por tranquilizarse. Sabía que si no trataba de relajarse perdería a Harry otra vez, por otros cinco años, así que valía la pena esforzarse, aunque por dentro quisiera gritarle a la cara.
-Harry... -dijo, tratando de serenarse, aunque no podía reprimir las lágrimas que caían por su cara-. No la busques más. Te lo ruego. Pasaron 15 años.
Harry se puso de pie de un salto.
-¡Espera!
Pero Harry ya había salido del bar. Hermione dejó un par de galleons sobre la mesa y corrió tras él. Logró alcanzarlo afuera, bajo la lluvia, antes de que este pudiera girarse en el lugar para desaparecerse.
-¡Espera, Harry! ¡Por favor!
Él se detuvo, con los ojos cerrados.
-Déjalo, Hermione.
-¡Basta, Harry! ¡Ya no hagas esto! -dijo ella, llorando-. ¡Siempre es lo mismo! ¡Cada vez que quiero hablar contigo, solo te vas! ¡Te desapareces! ¡Me dejas sola, y…!
-No soy egoísta -abrió los ojos y la enfrentó-. No lo soy, Hermione.
-¡Sí que lo eres! -chilló ella, llorando descontroladamente ahora-. ¡Me dejaste completamente sola! ¡Yo estaba destrozada, luego de que Ron murió! ¡Y ni siquiera…! ¡Ni siquiera me hablaste para preguntarme cómo estaba! ¡Jamás apareciste! ¡Nunca te importé, nunca más! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Éramos amigos! ¡Mejores amigos! ¡Se suponía que estaríamos juntos en los momentos difíciles!
Se quebró, temblando desconsolada bajo la lluvia que caía sobre ambos cada vez más fuerte.
-No... -dijo él, con mucha dificultad, abriendo y cerrando la boca, sin conseguir encontrar las palabras-. Necesito un trago…
-¡NO! -ella lo tomó de los hombros-. No dejaré que te vayas de nuevo. ¡RESPÓNDEME!
-¡No tengo nada que responderte!
-¡DI ALGO!
-¡NO TE DIRÉ NADA, HERMIONE, NADA! -gritó él-. ¡YA VETE! ¡DEJA DE MOLESTARME! ¿Crees que no sé lo que haces? ¡Le has pedido a Kingsley que te cambie de Departamento para estar más cerca de mí! ¿Por qué haces eso? ¡Eras la jefa del Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas! ¡Podrías haber tratado de ascender, y quizás llegar a ser Ministra de la Magia! ¿Por qué dejaste todo para pasarte al Departamento de Aurores? ¿Por qué te empeñas en venir detrás de mí?
-¡PORQUE ERES LO ÚNICO QUE TENGO! -gritó ella entonces, totalmente destrozada.
Se miraron fijamente, el agua de la lluvia mezclándose con las lágrimas en el rostro de Hermione.
-Pero te abandoné... Tú misma lo dijiste. Si te abandoné, entonces, ¿por qué…?
Ella no respondió de inmediato. Harry sacó su petaca y la bebió completamente, hasta que ya no quedó una sola gota. Hermione lo miró con el ceño fruncido.
-¿Que por qué creo en ti aun? ¿Esa es tu pregunta?
Harry asintió, su cabello empapado por la lluvia sobre su cara.
-Porque te conozco, Harry -dijo ella, en un susurro-. Porque eres mi amigo. De toda la vida. Desde que teníamos once años. Y sé que estos últimos 15 años fueron terribles, pero… Pero… Pero sé que aún estás ahí, en el fondo.
-El Harry que conociste murió -dijo él, con frialdad, sus ojos verdes tras los anteojos de siempre, pero con una barba larguísima y el cabello negro pegado a un rostro que no podía lucir más diferente-. Murió el 25 de junio del 2005. Lo sabes bien. Ya no existe. Olvídalo.
-Harry…
-No vuelvas a llamarme egoísta -dijo él, acercándose a ella y mirándola de cerca-. Yo no tengo responsabilidad sobre ti. Ni sobre nadie. No tengo que estar ahí para acompañar a nadie. No puedo hacerlo. No puedo cuidarme a mí mismo, ¿no lo ves? -alzó la petaca vacía-. ¿Cómo quieres que esté ahí para ti? ¿Crees que no sé que me necesitabas, cuando murió Ron?
Hermione lloraba otra vez.
-¿Crees que no sé que debí estar allí contigo, en esos momentos? -dijo, llorando él también-. Pero tú no pudiste pensar en una frase para su lápida, ¿lo recuerdas?
Ella se sacudía con el llanto.
-¿Lo recuerdas?
Hermione asintió.
-Hay veces en las que no podemos -dijo él, tartamudeando-. No podemos. Y yo no puedo. No puedo ayudarte. Ni acompañarte. Ni nada. No puedo siquiera… No sé ni qué va a ser de mi vida.
-Solo... -ella se acercó y, con mucho cuidado, puso una mano sobre su hombro-. Solo no huyas… Solo eso… ¿Puedes hacer eso?
Harry se mordió el labio inferior, y asintió lentamente.
-¿Puedes… por mí?
Harry se tapó la cara con ambas manos y luego respiró hondo y asintió.
-Una tarde -dijo ella-. Una tarde, tú y yo. Tratemos de ponernos al día. No tienes que ser mi amigo otra vez. No tienes que ser amigo de nadie. Puedes estar solo el resto de tu vida si quieres, no te molestaré. Pero dame un día. Solo uno. Para pasar un rato juntos. Hazlo por Ron. En su aniversario. El no querría verte así, solo…
Harry entrecerró los ojos, molesto.
-Eso es jugar sucio -dijo-. Me refiero a lo de "hazlo por Ron". No digas eso.
Ella hizo una mueca.
-Bien… -dijo Harry, resoplando-. Ven. Nos estamos empapando.
Extendió una mano, que ella tomó. Entonces, él giró en su lugar y ambos se desaparecieron.
04 de Mayo de 2010
-¿Entonces fue él?
-Eso parece, Ron...
-¡Pues vamos! ¡A buscarlo! ¡Ahora!
-No es tan simple.
-¿Cómo que...? Harry, escucha -Ron se acercó a él, frenético-. Hemos sospechado de él durante todo este tiempo. Y ahora me dices que...
-Sabes que he cruzado la línea más de una vez, y que no me importa volver a hacerlo -dijo Harry, serio, sus ojos resplandeciendo con el mismo violento deseo que su amigo-. Pero esto es muy importante... No puedo cometer errores.
-Entiendo -Ron asintió, rápidamente-. Quieres planificarlo bien. No quieres apresurarte.
Harry asintió una sola vez.
-Me parece bien... -se quedó pensativo-. Tú eres el que sabe.
-Te avisaré si descubro algo, cualquier cosa. Pero, por tu propio bien, no te metas en esto.
-Solo dime si existe una oportunidad para que le rompa la cara a golpes, ¿de acuerdo?
La luna brillaba en lo alto. Unas lechuzas ululaban en los árboles. La oscuridad se cernía en los campos que rodeaban la Mansión Malfoy, tragada por la noche.
El musculoso hombre se movía como una sombra, imperceptible, cubierto por una capa negra. Observaba, desde lejos, las luces de las velas crepitando en el interior de la mansión y las sombras que estas proyectaban. Había gente en casa.
Harry avanzó por la explanada, metió la mano bajo su capa de viaje y sacó su varita.
