La lluvia seguía rociando sobre los edificios de aquel poblado muggle. Las personas pasaban caminando de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. En medio de ellos, inmóvil, una mujer tenía la mirada fija hacia adelante.

Sus rulos se agitaban levemente con el viento. Llevaba sujeto un paraguas. Su vestido rosado ondeaba sobre sus rechonchas piernas.

Luego de examinar los entornos, se volvió en el lugar y se marchó de allí, perdiéndose entre las demás personas.

En un sitio apartado, tras el muro de una casa, un ligero ¡crack! perturbó el susurro de la lluvia.

Dos magos adultos apuraron el paso por las aceras, tratando de protegerse del agua. Anduvieron juntos hasta llegar a una casa grande y apartada.

Entraron juntos, al resguardo de la lluvia.

Hermione se puso a examinar la casa de Harry con curiosidad. Acarició a la perra, que vino corriendo a saludarla, muy contenta, y sonrió cuando se reencontró con su gato.

-Oh, Crookshanks -dijo, llevándose una mano al pecho-. No sabía si aún…

-Sí, aún vive -comentó Harry, amargo, mientras abría una botella de cerveza de manteca y empezaba a tomar del pico. Le ofreció una a Hermione, pero ella le indicó con un ademán que no quería. -Debe tener como 20 años, ya.

El gato saltó a los pies de Hermione y empezó a ronronearle, feliz de la vida. Ella no pudo evitar arrodillarse y acariciarlo.

-Ay, mi amor -dijo, mientras le daba mimos-. Sé que lamentaré esto cuando me brote toda la cara por la alergia esta noche, pero no importa… Mi pequeña…

Harry bebió toda la botella y la dejó vacía en la mesa. Se limpió la boca y se quedó recostado sobre la alacena, con los musculosos brazos cruzados.

-Y, entonces… Vives con tu madre -dijo, sin saber qué decir.

-Sí -dijo ella, incorporándose y sentándose a la mesa de la cocina-. ¿Qué haces tú, normalmente…?

-Oh, verás, tengo todo allí, en el otro cuarto -señaló con una nueva botella de cerveza de manteca cerrada hacia una puerta que era visible en la distancia, saliendo del comedor-. Mapas, fotos, archivos… Luego de que Malfoy me dijera esos nombres, hace unas semanas, estuve cruzando información de varias fuentes. Mañana viajaré a Bulgaria, donde hay una pista que podría llevarme a Macnair.

-Ya veo -dijo ella-. Así que… trabajo. Eso haces.

-Sí, claro.

-¿No tienes… hobbies, o algo? ¿No miras Quidditch, o…?

-No -dijo él, rotundamente. No quería ni oír la palabra "Quidditch". Era el deporte que había compartido con ella, tantos años… Ahora lo evitaba a toda costa. -Solo eso. Me despierto. Alimento a los animales. Luego como. Luego trabajo. Luego me voy a dormir. Esa es mi vida.

-Un tanto… -al ver la cara que le puso él, ella no dijo más nada-. Está bien, supongo que la mía no es muy distinta -añadió rápidamente.

-¿También eres una alcohólica depresiva que no puede seguir con su vida? -dijo él, antes de bajar media botella de un trago. Ella hizo una media sonrisa, más triste que feliz.

-No bebo -dijo-. Depresiva… Sí, quizás un poco. No ha sido fácil… -se quedó pensativa, los ojos en la distancia, brillando-. Pero creo que he seguido adelante.

-Te felicito.

-No… No es lo que piensas -añadió de pronto, alzando la cabeza-. Me refiero a… No salgo con nadie, ni nada así.

Harry se encogió de hombros.

-Yo no dije eso.

-No podría -añadió Hermione-. Sé que pasaron seis años, pero… No sé si algún día pueda… Solo… Creo que he seguido, un poco, adelante, en el sentido que ya no pienso tanto en él. Puedo concentrarme en otras cosas. Además del trabajo…

-¿Vas a volver a tu Departamento? -la interrumpió él.

-¿Por qué lo dices?

-Vamos, Hermione. Puedes ser Ministra de la Magia si quieres. No echarás eso por la borda para ser mi empleada en el Departamento de Aurores, ¿verdad?

Ella se quedó pensativa.

-Ya no me importa el trabajo, Harry. No quiero ser nada. Solo voy allí para ganar un sueldo.

-Já -dijo él, sin pizca de gracia-. Hermione Granger solo quiere ganar un sueldo. Y yo soy el que ha cambiado…

Se apartó el pelo de la cara, aún húmedo. Le sorprendió ver que ella sonreía.

-Supongo que he cambiado un poco también. Creo que pedí el cambio porque… bueno… yo…

Se quedó mirando sus propios dedos.

-Quizás extraño los viejos tiempos. Cuando resolvíamos misterios, los tres…

Harry se la quedó mirando con una expresión terrible, sus ojos caídos, apesadumbrado.

-Cuando estábamos juntos y éramos mejores amigos, y siempre resolvíamos lo que sea que pasaba…

-Pues eso ya no existe, Hermione -susurró él, temblando-. No hay… No hay resoluciones -pestañeó varias veces, y ella vio que ahora él tenía los ojos rojos y le temblaban los labios-. No hay… Respuestas…

-Harry -con seriedad, ella se puso de pie y caminó hasta él.

-No -él negó una y otra vez, porque la conocía demasiado bien para interpretar lo que estaba por venir. Y no se lo iba a permitir. No iba a dejarla…

Pero lo tenía atrapado. Estaba allí, en su casa. Había sido una trampa de ella. Ahora no tenía a donde huir.

-Harry -repitió, tomándole una helada mano, pero él se apartó de ella, y sin dejar de temblar y sacudirse empezó a buscar en los cajones otra botella de cerveza de manteca-. Tienes que aceptarlo.

-No sé de qué hablas -Harry salió de la cocina. Ella fue tras él, lo tomó de la mano otra vez y lo obligó a girar hacia ella. -Suéltame, Hermione. Por favor…

-Ginny murió -dijo ella, en un susurro muy suave. Harry apretó su mano libre con fuerza, respirando con mucha dificultad, y miró hacia otro lado, mordiéndose los labios.

-No…

-Sí.

-Basta, Hermione. No hagas esto.

-Harry, tienes que aceptarlo.

-No hay nada que aceptar -dijo él, en un hilo de voz.

-Ella está muerta, Harry -susurró Hermione. -Pasaron 15 años... No hay forma de que…

-¡GINNY NO ESTÁ MUERTA!

El grito de Harry fue tal que Hermione saltó hacia atrás, con miedo y se abrazó a una silla. Pero él no se había ni movido. Crookshanks saltó sobre Harry con las garras extendidas y bufando, y empezó a arañarlo.

-¡AY! -gritó Harry, con dolor.

-¡Crookshanks! -lo reprendió Hermione. Quitó el gato con cuidado de la cara del hombre y se lo llevó. -Lo siento, Harry…

-Vete, por favor -dijo él, señalando la puerta. Hermione se quedó boquiabierta, y pareció que iba a decir algo, pero no le salieron las palabras. -Por favor… ¿Sí?

Harry lloraba. Hermione no sabía qué decir. Él aún señalaba la puerta, y la miró con urgencia. Ella finalmente asintió.

-De acuerdo…

Se miraron entre sí una última vez. Crookshanks quiso irse con ella, pero la mujer le indicó al gato con una caricia que no lo hiciera, y le dedicó una última caricia a Lila también antes de partir.

-Si necesitas hablar con alguien… -empezó, de espaldas a él, ahora en la puerta.

-Gracias, adiós.

Ella abandonó la casa, pero Harry no se quedó tranquilo hasta que oyó sus pasos alejarse por la acera. Entonces, se limpió las lágrimas rápidamente y se metió en su habitación donde tenía todos los archivos y pistas que seguía en sus largas investigaciones que hacía todos los días allí, en total soledad, en su aislada casa.

Necesitaba una buena cantidad de horas pensando en mortífagos. Solo mortífagos. Que nada más ocupara su mente.


11 de agosto de 2001


-¡Feliz cumpleaños!

Una gran cantidad de magos y brujas aplaudían, reunidos en el jardín de La Madriguera. Había una larga mesa con torta, pasteles y dulces. Ginny estaba radiante, con un vestido de verano bastante corto, y Harry la abrazaba por la cintura, sonriente, feliz de la vida.

-¡Feliz cumpleaños, hermanita! -dijo George, aplaudiendo. Percy, Bill y Fleur también estaban allí. Incluso Luna Lovegood, que vivía cerca, con su cabello rubio ondulado mediante magia y un vestido de verano también.

Harry besó a su novia en los labios, y esta lo abrazó por el cuello mientras le devolvía el beso con mucha efusión, ocasionando que el señor Weasley se escandalizara.

-Bueno, jovencita, creo que ya fue suficiente -se lo escuchó decir, desde una punta de la mesa.

Hermione y Ron estaban tomados de la mano allí, mirando a la pareja sonriendo de oreja a oreja. Se miraron entre sí y compartieron un beso en los labios también.

Cuando terminó la comida, y la mayoría de los invitados partieron, Harry y Ginny se apartaron de los Weasley con disimulo y caminaron entre medio de los altos pastizales del campo tras el jardín, bajo la luz de la luna.

A los besos, riendo, Harry dejó que ella lo arrojara con un suave empujoncito sobre unas plantas. Él cayó boca arriba, y ella se recostó en la hierba, sobre él.

Se besaron cada vez más locamente. Harry respiraba agitado mientras Ginny se apasionaba con él de formas que habrían dejado petrificado al señor Weasley, su vestido de verano ahora a la altura de su ombligo, y el pantalón de Harry duro.

-Te amo -le decía Harry, entre cada beso-. Te amo. Te amo. Te amo.

-También te amo, Harry -dijo ella, acariciándole el rostro. Harry vio ese precioso rostro y la luna llena sobre ellos, en ese lugar, y le pareció que no podía haber nada más hermoso en todo el universo.